Capítulo XXIX
Salieron hasta el campo. El mago mayor vio el entrenamiento y se dirigió a su acompañante:
–Estos meses han sido una victoria.
–¿Lo dice porque ella ha aumentado fácilmente su destreza?
–Y su control de yõki.
–...
–¿No estás de acuerdo Rubel?
–De cierto modo señor.
Rimt frunció el ceño y agregó:
–A veces creo que te arrepientes de traerla y pensar que es la mejor entre las guerreras.
–Me preocupa su juventud.
Rimt se cruzó de brazos y mencionó:
–Eres el único Inefable que no ve como armas a esas chicas.
–Oh no señor; yo sé que ya no son brujas.
–No te confundas, no lo dije como insultos; si no porque llevo años en esto y sé cómo piensan mis subordinados. Para ellos las Claymore son experimentos, instrumentos para competir entre ellos; por la habilidad que poseen las armas que cada uno crea.
–...
–Ellas dejan de ser brujas, en ese pensamiento no hay error. Pero no son juguetes.
–Eso lo sé, señor.
–Exactamente, lo sabes sin que yo te lo diga. Por eso el dejarle a Dae el desarrollo de Priscilla en vez de seguirlo tú...
–Fue un error.
–Si temes que ella se convierta en un peligro, si, si lo fue. Mi subordinado Dae adora hacer experimentos sin pies ni cabeza, solo con la meta de que sean poderosos. Ni al ver a sus primeros Claymore convertirse en Kakuseishas sofocó su curiosidad.
–¿Isley y Rigardo?
–Si. Aunque en uno de sus ensayos tuvo éxito y no hubo dobles intenciones, solo el de investigación científica.
–...
–Sirius Black. Dae recuperó del velo el cuerpo de este y lo salvó.
–Oh...
–Pero por lo irrelevante que le pareció el hecho es que ya hasta lo olvidó. En fin; solo podemos esperar que Priscila de verdad sea la respuesta a nuestros problemas y no uno más.
Rimt se quedó se silencio. Rubel simplemente no confiaba en el desarrollo tan sospechosamente veloz de aquella guerrera; no con lo que sabía de lo sucedido con ella. Rubel se preguntó si Rimt, supo de ese incidente o si fue borrado del informe que él hizo.
Los Inefables ya se retiraban cuando fueron testigos de cómo Priscila despertó una parte de su poder yõki.
Lo terrorífico de esa fuerza invadió el recinto y la mayoría de las Claymore lo sintieron; algunas de las mayores se removieron incomodas; En una de las habitaciones; Rafaela giró la vista, sin embargo no hubo necesidad de buscar la fuerza, pues esta rodeó el lugar como una capa pesada que subyugaba hasta la respiración.
Rafaela se levantó y caminó buscando la fuente de esa fuerza. Algunas de las otras guerreras –las de más alto rango– la imitaron y fue de ese modo que llegaron hasta uno de los campos de entrenamiento.
Rimt notó la llegada de las guerreras y arqueó una ceja, más comprendió el motivo de ese suceso.
–Rubel...
–¿Señor?
–De ahora en adelante, que el entrenamiento de Priscila sea en las instalaciones del oeste y en privado. Hazlo saber a Dae.
–Sí señor.
–No quiero que la molestia o incomodidad se extienda entre las demás.
Rimt se retiró y dejó que Rubel pasara sus órdenes a Dae.
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Teresa vio en dirección del Norte. Irene se acercó a ella y es que si bien Hogwarts no estaba trabajando más que a la mitad de su capacidad; aun con eso había suficientes estudiantes y las familias de estos; en la plataforma, ese día de inicio de clases.
–¿Qué sucede?
–Algo que sentí...
–A mí me recorrió un escalofrió. – dijo Irene, pero luego cambió de tema– ¿Estarás bien?
Teresa volteó a ver a su mejor amiga y asintió.
–Claro. Eso debería preguntarte a ti. ¿Nos extrañaras?
–Dicen que Hagrid también tiene duendes de Cornualles.
Teresa sonrió de lado.
–Pero no tan simpáticos como las niñas.
–O sea que no te cuentas entre ellas.
–No. Sé, que vendrás en vacaciones, además nos escribiremos. Lo que lamento es que me dejarás sola cuidando de ellas.
Irene se encogió de hombros:
–Eso es tu culpa; déjalas así van a crecer, echando a perder se aprende.
–Supongo que tienes razón.
–Claro que la tengo; para cuidarlas ya tienen a sus padres. Eres... somos unas niñas igualmente, sigamos siéndolo hasta que ya no podamos.
–¡Dementores tienes razón! –aceptó Teresa.
Teresa se rió y acompañó a su amiga hasta donde los adultos esperaban. Esta vez para ir a dejar a Irene; solo iban los Malfoy Potter y los padres de esta.
Draco vio llegar al dúo y se dijo que solo serían tres años más y sus niñas harían ese mismo camino.
Clare se despidió de Irene y le entregó una bolsita.
–Ábrela cuando estés en Hogwarts.
Irene acarició el cabello corto de la gemela menor y después de un gran abrazo de Sirius; ya que él no podía estar en Hogwarts. Irene subió a la máquina.
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Si bien lo pudo sentir por unos segundos y no fue mucho, no descartó la posibilidad de que otro Kakuseisha hubiera nacido, aunque no le pareció similar a cuando Luciela despertó. Riful esperó y sin más pruebas dejó de lado su interés por el tema. Su compañero y pareja Dauf, llegó hasta su guarida y llamó...
–¿Nos moveremos de aquí?
–En un tiempo, pero aun no. Este es un buen lugar para esperar, además no hace mucho que comimos y quiero descansar.
Riful habló tranquilamente y es que si bien su forma humana no cambió con el paso de los años, ella ya era un adulto desde hacía tiempo. Se notaba en sus maneras serenas de moverse y caminar, pero sobre todo en que ya había dejado hacía mucho tiempo atrás su humanidad, prueba de ello era que al decir nos alimentamos, hablaba de devastar toda una ciudad pequeña.
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En cuanto el expreso avanzó. Severus se giró en dirección de su esposo y sus invitados.
–En lo que dura el viaje sería bueno que fuéramos a comer. Luego debo ir a recibir a los estudiantes.
–No es justo que yo no pueda estar ahí. –se quejó Sirius.
–Ninguno de los otros padres va a estar ahí y no los ves quejándose Paddy.
Opinó Harry, aunque de cierto modo comprendía al animago.
–Lo sé cachorro, es por si puedo convencer a Sev.
El mencionado rodó los ojos y mejor avanzó a la salida del andén.
Clare corrió hasta el pocionista y se agarró de su mano, ella se volvió adepta a estar cerca de Severus desde que a este se le notó la gestación.
Draco colocó la mano sobre el hombro de Teresa y así caminaron detrás de los primeros, dejando a Sirius y Harry detrás.
–¿La extrañas ya?
–Si. Es mi bebé. Cuando me la señaló Sev, en la tienda de varitas; no me imaginé que sería tan importante para nosotros.
–Esperemos su carta y celebremos con sus noticias, y recuerda que regresará para vacaciones.
–Ciertamente, aunque no me hago ilusiones; ella es una Slytherin de pies a cabeza y...
–Lo sé, igual Teresa.
–Sip. A lo mejor Clare y el bebé son leones.
–Esperemos... no, estoy seguro de eso. –aclaró Harry.
Sirius sonrió, pues notó como el de ojos verdes miraba como Clare iba conversando y sonriendo con Severus.
Draco y Teresa miraban a la gente a su alrededor sin decir mucho, más todos en el círculo de conocidos, sabían que Teresa no era fría si no simplemente analizaba y estaba al pendiente de todo antes de actuar, como buena líder; una que se tomaba muy en serio el cuidado de su seres queridos, rasgo que compartía con su gemela.
Sirius imitó la sonrisa de Harry, al rememorar que Irene tenía una muy buena amiga en la mayor de las Potter Malfoy, pese a la diferencia de edad.
La llegada al restaurante fue rápida y luego de probar un par de platos de postres Severus tuvo que retirarse.
El Black les recordó a los Potter Malfoy que esa tarde había reunión en Grimmauld Place para esperar la lechuza de Irene.
Teresa y Clare pidieron irse con Sirius en lo que sus padres iban a la mansión por algunas cosas, para reunirse con ellos después.
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La fila de niños entusiasmados de primer año, fue acomodada para que caminaran por el pasillo. En el pasaje de la derecha colgaba un gran cuadro dónde se podía ver un felino atigrado moviendo la cola, sentado sobre un sillón. Los pequeños observaron con curiosidad la pintura y en un segundo el gato saltó del sillón y cambió a una mujer de rostro serio, pero amable, que expresó...
–Bienvenidos a Hogwarts, nuevos estudiantes.
Los sonidos de asombro fueron seguidos por aplausos.
Al pie de la pintura rezaba un letrero: Profesora Minerva MacGonagall.
Algunos murmullos siguieron entre los nuevos estudiantes que iban guiados por Hagrid. Irene se detuvo frente al retrato y saludó cortés.
–Buenas noches profesora MacGonagall. Soy Irene Black Snape, es un placer conocerla.
La mujer del retrato sonrió levemente y asintió.
–Bienvenida señorita Black, espero que disfrute su estancia en este templo del conocimiento.
–Gracias; así lo espero.
La mujer de la pintura vio avanzar a la niña, para formarse de nuevo y sonrió con melancolía, al parecer ella no sería una de sus Gryffindor.
La bienvenida siguió su curso y el momento decisivo llegó. Irene caminó hasta el banco y le fue colocado el sombrero, más este ni bien estuvo en su cabeza, cantó:
–¡Slytherin!
Una ovación vino de la mesa plateada y verde, acompañada de una sonrisa casi imperceptible, pero orgullosa del Director de Hogwarts.
A la repartición de los niños de primer curso; siguió la presentación de los profesores y la rubia abrió la boca asombrada ante uno de los anuncios...
–... Y Remus Lupin, se une este año a la plantilla del profesorado del colegio; como maestro de Defensa.
Irene aplaudió entusiasta y el rubio arena sonrió; habían guardado esa sorpresa para ella y las niñas de casa; y fue un éxito.
La cena concluyó y los prefectos llevaron a los pequeños a sus salas comunes. Ya en la de los Sly, Irene fue colocada en una de las habitaciones y luego de un rato ya instalada, se dispuso a escribir, no sin antes haber abierto la bolsa que le dio Clare, que fueron unos chocolates finos, que comía en lo que escribía...
Papá... soy Slytherin, no te decepciones...
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En Grimmauld Place con los conocidos ya reunidos y comiendo algunos bocadillos dulces y salados, esperaban la carta.
Fred se sentó junto a Dudle y Helen que comían unos emparedados y vio en dirección de Draco.
–¿Y tu padre y Remus?
El rubio sonrió antes de contestar:
–Estaban un poco ocupados.
–¡¿Cómo que ocupados?! Irene es su ahijada, como no quieren saber en...
El reclamo de Sirius fue detenido por la lechuza que entró por el ventanal de la sala y llevaba un pergamino.
El grupo aplaudió –lo que las niñas que volaban fuera, oyeron y se internaron– y Sirius se apresuró a agarrar el mensaje.
Harry le dio algunas golosinas al animal y todos se dispusieron a escuchar la carta.
Papá... soy Slytherin, no te decepciones...
El Black levantó la vista y rió:
–No es como si no lo imagináramos.
La mayoría rieron y el animago prosiguió:
Y no vas a creer esto... ¡Tío Remus es profesor de Defensa!
Los presentes hicieron ruidos de asombro. Draco y Harry rieron divertidos.
–Lo sentimos, era una sorpresa. –dijo Harry.
–Sí. Remus se fue a Hogwarts hoy y papá lo acompañó. Por eso no vinieron. –relató Draco.
El Black sonrió agradecido. Envió una respuesta a su hija felicitándola y pidiéndole que estudiara, más que también se divirtiera.
...
Cinco meses después. Severus dejó su cargo por uno par de meses, pues ya iba a nacer su bebé. Remus sería Director interino y un nuevo maestro se unió para cubrir las clases de Pociones... Draco Malfoy.
Clare estaba un poco inquieta por la separación de su papá, más Harry la tranquilizó asegurándole que Draco pasaría con ellos las tardes y noches, pues solo con esa condición aceptó el puesto.
Además que cuando Raki Black Snape llegó al mundo mágicos... Clare estuvo más que apegada al bebé y pendiente de este.
...
Muchísimas gracias Ana Luisa.
