La espuma, agradablemente perfumada, lo recubría todo como un manto tenue y burbujeante. Adrien cerró los ojos y sumergió la cabeza bajo el agua tibia, evadiéndose por un momento del mundo, de los sonidos, de la luz, tratando de encontrar una calma que llevaba tanto tiempo añorando; y no salió de nuevo hasta que sus pulmones clamaron por aire que respirar.

Sin embargo, resultaba muy difícil dejar de pensar, de temer, de elucubrar. Porque el día de la verdad, tan temido como esperado, había llegado al fin.

Una vez saliera de aquel baño, se vería inmerso en la vorágine que precedía habitualmente a cada desfile de presentación de una nueva colección. Solo que, esta vez, las implicaciones del evento serían mucho mayores: podría ser que su propio padre se revelara durante el mismo como el villano que llevaba tanto tiempo aterrorizando a la ciudad, o quizás, merced al poder de Fionna, quedara exonerado de toda sospecha.

Sacudió la cabeza, provocando una lluvia de finas gotitas, y se permitió fantasear con ello durante un instante. Al final del desfile, Gabriel Agreste subiría al escenario a recibir su ovación, y en algún lugar del público una chica de apariencia desconocida simplemente negaría con la cabeza, tranquilizando así a su acompañante. Entonces, Ladybug y ella se relajarían y disfrutarían del espectáculo ofrecido por Kitty Section, aplaudiendo al grupo tan entusiasmadas como los demás.

Prefirió no pensar, de momento, en la otra alternativa. En qué pasaría si el concierto fuera en realidad la trampa que temían, y tuviera que luchar por salir de ella sabiendo que era su propio padre quien la había tendido.

Había logrado sobrevivir con relativa solvencia desde que habían barajado tal posibilidad hasta entonces. Había seguido sus clases, atendido a sus deberes, ensayado con el grupo y regresado cada día a aquella mansión que le parecía más solitaria y amenazadora que nunca. El aroma a flores secas había rodeado a Gabriel con más frecuencia e intensidad de las habituales; o quizás solo fuera que él estaba más atento ahora. Y Nathalie había seguido interesándose por él, pero Adrien ya no se creía nada. Contestaba con algunas evasivas, a veces decía lo que pensaba que ella querría oír, se comía las fresas, y mantenía puesta la máscara con su eterna sonrisa de niño bueno hasta que le dolían las mejillas, y el corazón, de tanto fingir.

Al menos, había podido apoyarse en sus amigos. Tanto Luka como Marinette estaban cumpliendo su palabra con creces, convirtiéndose en su principal apoyo. Aunque ella no sabía el dilema ante el que estaba, y él no conocía su identidad como Chat noir, ambos lograban confortarlo, a pesar de los secretos que los rodeaban. Contaban con su presencia en todos los planes, se preocupaban por él, reían todos juntos. A pesar del dolor sordo que le provocaba su obligada renuncia al amor de la azabache, su amistad seguía siendo un bálsamo para él. Además, la pareja había limitado concienzudamente sus demostraciones de afecto físico mientras Adrien estaba presente, y eso era algo que, por egoísta que sonara, agradecía de veras.

Y luego estaba Fionna, a la que acudía cuando ya no podía más. Con ella no tenía que ponerse máscaras ni mantener pesados secretos. Aunque lo cierto era que tampoco hablaban mucho: la mayoría de las veces solo se abrazaban durante un rato, sin más. Era extraño, pero agradable, así que era algo a lo que no pensaba darle demasiadas vueltas por el momento.

Esa tarde los vería a todos. Todo estallaría, para bien o para mal. Y, a partir de entonces, nada volvería a ser igual.


Marinette corría de un lado para otro sobre la cubierta del Libertad, asegurándose de que todo estuviera bien colocado y correctamente embalado para que los accesorios que llevaría cada uno de los componentes de Kitty Section llegaran sin contratiempos al escenario.

Luka la observaba comprobarlo todo una y otra vez con una insistencia que rayaba en lo maniático. Estaba nerviosa, y él también; pero el chico lo disimulaba mejor.

Cuando llegaron al inmenso salón donde tendría lugar el desfile, y el público empezó a llegar, las cosas comenzaron a igualarse. Rose daba saltitos por todos lados, repleta de energía; Juleka se concentraba en intentar respirar pausadamente; Iván se colocó los auriculares para tratar de aislarse de todo hasta que diera comienzo el espectáculo. Adrien fue a dar con ellos entre bambalinas, ya preparado para el comienzo del evento, y todos se abrazaron para desearse suerte mutuamente, con cuidado de no arrugar su ropa impoluta.

Como no podía ser de otra manera cuando se trataba de Gabriel Agreste, el evento empezaría casi puntual. Había muchísima gente: periodistas, flashes, luces cegadoras.

Adrien recorrió la pasarela con la mirada, espiando tras las cortinas, tratando de no pensar en que ella, Ladybug, estaría allí, viéndolo desfilar. Se preguntó por enésima vez cuál sería su aspecto sin el antifaz; una oleada de nervios lo recorrió al pensar que sus miradas pudieran cruzarse por azar mientras no estuvieran transformados. Su sonrisa se amplió cuando cedió a la tentación de soñar que la reconocería, recordando su apuesta con Fionna, y rio por lo bajo al pensar en ganarse así su peso en croissants.

Un carraspeo de Nathalie hizo que bajara los pies a tierra. No pudo evitar percatarse de lo seria que lucía la mujer. Un último pensamiento para Marinette y sus amigos, y se colocó en la posición de inicio. Tomó aire, lo expulsó despacio, compuso su mejor sonrisa y empezó a caminar. La suerte estaba echada.

Era difícil ver nada con los focos cegándolo, pero escuchó aplausos y murmullos que le indicaron que a los espectadores les gustaba lo que veían. Serían tres pases antes del último, el cierre del desfile, durante el cual el impresionante escenario giratorio se pondría en marcha para revelar a Kitty Section. La música sonaría, y Adrien se colocaría la máscara confeccionada por Marinette para unirse al grupo y terminar tocando todos juntos.

Concentrado en los cambios de vestuario, los retoques de maquillaje y peluquería, los cruces con los compañeros y el calor del público, su profesionalidad terminó por tomar el mando. Todo lucía tranquilo, y las sensaciones eran familiares, de modo que casi llegó a aislarse del resto de las incógnitas que rodeaban a aquel evento.

Cuando llegó el esperado colofón, y la música de Kitty Section llenó el ambiente de pura energía, se unió a ellos sin dudarlo, intercambiando un choque de puños y una sonrisa cómplice con Luka.

Contagiados por el ritmo frenético que imprimieron, los espectadores se levantaron de sus asientos para moverse al compás, saltar, aplaudir y corear. Los músicos, transportados en volandas por la emoción de vivir su primer baño de multitudes, respondieron ofreciendo un espectáculo acorde al estusiasmo desplegado.

Todos sabían, por las reacciones cosechadas en las redes, que el debut de Kitty Section en un gran espacio había causado expectación; pero, cuando terminaron de tocar y estalló la ovación, empezaron a ser conscientes de que nada les podía haber preparado para unas sensaciones tan intensas, salvo vivirlo.

El corazón de Luka retumbaba en su pecho. ¡Aquello era fantástico! Ver a aquella gente vibrando al unísono, al ritmo de las melodías que ellos habían soñado, compuesto e interpretado, era simplemente increíble. Buscó con la mirada a Marinette, que saltaba, aplaudía y voceaba, entusiasmada, junto a Alya y Anna, que no se quedaban atrás.

Sonrió e hizo una reverencia en su dirección. Tenía la mirada fija en su chica, pero el súbito cambio en la expresión de Anna lo hizo volver la vista hacia el escenario, donde su afamado mentor, Gabriel Agreste en persona, había hecho su aparición.

Vio por el rabillo del ojo como la irlandesa propinaba un codazo mal disimulado a Marinette. Cuando tuvo su atención, le bastó un simple cabeceo para que la chica asumiera de inmediato su rol de heroína, observando con suspicacia a su alrededor en busca de posibles amenazas.


God Talent bramó, iracundo: no podía soportar durante un solo instante más la constatación de su último y más sonado fracaso. Los aplausos del público lo enervaban cada vez más, la radiante sonrisa en el odiado rostro de Lynn Reyes, el inocente entusiasmo de aquellos muchachitos que se habían atrevido a rechazarlo para luego triunfar por su cuenta, y la sonrisa fría de Gabriel Agreste, que se había subido al carro para ganar dinero a espuertas apadrinando a la nueva sensación en redes en una simbiosis tan productiva que le daba dolor de estómago. Porque allí mismo, delante de sus narices, se estaban gestando fama y riquezas, y la certeza de que él no vería un mísero euro de aquel negocio le resultaba simplemente insoportable.

La envidia y la rabia dominaban su corazón cuando aquella voz lisonjera había penetrado en su mente para ofrecerle el poder de destruir todo aquello que tanto le irritaba. Las joyas que portaban los héroes de París le parecieron un pago justo a cambio del placer de hacer saltar aquellas ilusiones en mil pedazos: si él, el dios del mundo del espectáculo, no sacaba tajada, no habría beneficios para nadie.

Lepidóptero le había proporcionado buenas armas para lograrlo. Con un simple ademán, las cosas explotaban a su paso. Todo estallaba en precioso fuegos artificiales, generando un espectáculo tan bello como peligroso, ante el que los espectadores solo podían maravillarse y aplaudir.

Su entrada fue apoteósica, tal y como correspondía a alguien como él. Rodeado de chispas, de colores, de humo, dispuesto a destruir a quienes lo habían ofendido brillando sin su permiso. Los vio correr, ayudándose unos a otros a escapar de las caricias ardientes de sus explosiones; los vio mantener la calma mientras la sala era evacuada, arrebatándole sus ansiados aplausos; y vio a los héroes llegar para volver su labor destructiva cada vez un poco más difícil. Entonces, comenzó la pelea de verdad.

Gruñó de indignación cuando aquella misteriosa heroína de negro lo alcanzó con su poder, y la mariposa corrupta fue expulsada de la cadena que adornaba su cuello para dejarlo convertido simplemente en un frustrado Bob Roth. Gritó, ansioso por recuperar su poder, persiguiendo al akuma para volver a convertirse en el dios del talento. Pero, cuando al fin lo logró, su alegría no tardó en desvanecerse: justo cuando el halo violáceo terminaba de recorrer su cuerpo para convertirlo en su versión akumatizada, se encontró firmemente rodeado por las cadenas que le había proporcionado a Ladybug su Lucky Charm, apretadamente envuelto como una momia presumida que prefiriese lucir brillante y pesado acero en lugar de simples vendas.

Cayó al suelo como un fardo, resignado a que sus andanzas como God talent hubieran llegado a su fin. Sin embargo, recuperó algo de interés al ver que las heroínas tenían que alejarse de él para hacer frente a una nueva amenaza: un monstruo de aspecto gelatinoso que no dejaba de emitir pseudópodos para intentar atraparlas.

El akumatizado se debatió, tratando de aflojar las cadenas, pero estas no cedieron ni un ápice. No podía mover los brazos, así que no tenía forma de lanzar su poder. Así que, poco después, dejó de gastar energías en agitarse como una enorme salchicha repleta de mal humor; emitió un largo suspiro, y se dispuso a disfrutar de su pase de primera fila para aquel peculiar espectáculo.

Continuará...


Estimados pasajeros, abróchense los cinturones porque pasamos por una zona de intensas turbulencias. Intentad no odiarme mucho durante el trayecto...

Estos días atravieso una situación personal complicada. No obstante, trataré de mantener el ritmo de actualización, porque creo que perderme un rato en mi mundo de fantasía me sentará bien.

¡Nos leemos!