Capítulo 48

— ¡Voy! ¡Yo voy!

El sonido de los zapatos de Rachel sobre el suelo de madera se dejaba escuchar en toda la casa mientras recorría los escasos metros que la separaban de la puerta.

Habían sonado dos certeros golpes, no uno, ni tres, sino dos, hecho indiscutible de que era Quinn quien estaba tras ella, esperando a ser recibida en aquella mañana de sábado.

Eran las 10 en punto. El sol ya se imponía en lo alto de todos aquellos rascacielos, permitiendo que el cielo se volviese de un intenso y brillante azul. No debía rondar más de los 11 u 12 grados de temperatura que, comparado con los últimos días de nieve y frío, conseguían resultar casi primaverales.

Un fogonazo. Una potente luz cegaba a Rachel tras abrir la puerta.

— ¡Sonríe! —exclamó Quinn segundos antes de pulsar el capturador de su cámara y plasmar para siempre el rostro sorprendido de Rachel.

—Oh dios—se quejó al tiempo que cubría sus ojos con las manos—Me has dejado ciega.

—Mejor—susurró adentrándose en la casa y tomándola por la cintura—Ahora puedo besarte sin que puedas evitarlo—espetó justo antes de adueñarse de los labios de la morena, que aún con el aturdimiento que el flash había provocado en sus ojos, trataba de asimilar el beso que le estaba regalando Quinn.

Nunca antes la había visto con tanta intensidad. Era un pequeño torbellino que se colaba en su casa sin que apenas fuese consciente, y dejándola completamente paralizada con un beso que sabía a gloria.

Evidentemente, Rachel no iba a permitir que la confusión le evitase disfrutar de aquel gesto y terminó dejándose llevar por el momento. El momento y las manos de Quinn, que al igual que sus labios se acomodaban a los suyos, buscaban su zona preferida para aquella reacción; su cintura.

Si había algo que a Quinn le fascinaba de aquella aventura en la que se había convertido estar con una mujer, era poder disfrutar de aquellos pequeños detalles. Nunca antes había tenido ocasión de rodear con sus brazos las cinturas de sus parejas de aquella forma, de anclar sus manos a las caderas y seguir estando por encima de sus ojos. Era algo nuevo, y le fascinaba.

—Quinn—susurró tras ver como el beso, lejos de terminar, se alargaba—Quinn no estamos solas…

—Ejem—se escuchó procedente del pasillo que llevaba hasta la sala de juegos de Emily—¡estoy a punto de llegar al salón! —anunció en voz alta Kate, como si de un juego se tratase para evitar que aquella tórrida escena que ella ya había descubierto, fuese vista por la pequeña.

No tardaron en acabar con aquel improvisado beso, y separarse rápidamente tratando de recuperar la compostura, aunque sus sonrisas nerviosas las delataran.

—Hola Quinn—saludó Kate con la sonrisa traviesa en su rostro, y de la mano de Emily, que no tardó en soltarse de ella y correr hacia Quinn.

—¡Hola, hormiguita! —Exclamó alzando a la pequeña entre sus brazos—Hola, señorita McAdams ¿Cómo estás? —Bromeó.

—Muy bien, no tanto como vosotras, pero bien.

—Ya veo—respondía aún con la niña entre sus brazos, a quien no dejaba de regalar besos.

—Vamos cielo—interrumpía Rachel—Vamos a terminar de vestirnos nosotras, que ya es la hora de marcharnos.

No quería entrar en aquel juego. A Rachel aún no le convencía demasiado dejarse llevar y tratar a Quinn como su pareja delante de nadie, ni siquiera de Kate. Le resultaba demasiado extraño. Apenas hacía un par de días que le había confesado a la pelirroja que lo suyo con Quinn era cierto, y que ella misma fuese testigo de aquellos pasionales besos a los que no terminaba de acostumbrarse, le hacía sentirse insegura delante de su amiga.

A pesar de la confianza que tenían, a pesar de que Kate fuese probablemente la mejor amiga que había tenido nunca, no conseguía soportar aquel humor del que, al igual que Brody, solía hacer gala. Un humor sátiro y en el que las bromas contra ella eran la nota dominante.

Rachel sabía que después de aquello, Kate no iba a dejar de lanzarle indirectas que llegaban incluso a molestarle en ocasiones. En ese caso, la relación que mantenía con Quinn, no se iban a librar de sus bromas pesadas, y miradas llenas de travesura como la que le regalaba en aquel instante. Pero lo que no sabía Rachel, ni evidentemente Kate, era que Quinn no era una víctima perfecta como la morena. Y estaba a punto de demostrarlo con honores.

—Rachel—volvía a hablar Kate—Pero si ya estás vestida, a Quinn no le ha dado tiempo a desnudarte—bromeó sin dejar de mirarla—Aunque si llego a tardar un poco más lo habría hecho—sonrió al tiempo que se adentraba en la cocina para tomar un poco de agua.

— ¡Kate! —recriminó Rachel.

—Hey ¿Qué pasa? —se interesó Quinn al ver el sarcasmo que utilizaba Kate—¿Algún problema con saludar a mi chica con un beso?

—No, claro—sonreía burlona—De hecho, creo que le haces bien, Rachel está últimamente un tanto obsesionada con esas cosas—guiñó el ojo—En cualquier momento la puedes ver trabajando en su ordenador y de pronto zas, se queda embelesada mirando algo que nada tiene que ver y que le recuerda a ti.

— ¡Kate! —exclamó molesta Rachel. La pelirroja estaba sacando a la luz aquel pequeño desliz que tuvo días atrás, cuando descubrió la película que estaba viendo, cuando se suponía que debía estar trabajando.

—No estoy diciendo nada malo, Rachel—volvía a bromear—Solo digo que te quedas en las nubes pensando en ella—señaló hacia Quinn—No que te pongas a ver, qué se yo, películas de lesbianas para pensar en ella.

— ¿Cómo? —intervino Quinn al ver la palidez en el rostro de Rachel.

—Déjala Quinn, a Kate le gusta sacar de quicio a los demás, es su juego favorito—intervino al tiempo que comenzaba a colocar el abrigo a su hija, tratando de acabar de una vez con aquellos ataques que, en cualquier otra circunstancia, le habrían provocado algunas sonrisas, pero que en aquel instante estaban humillándola. Y Kate no parecía darse cuenta de ese hecho.

—¿Sacar de quicio? —volvía a hablar Quinn al tiempo que se acercaba a la pelirroja—Pues yo juraría que lo que le sucede es que le da envidia, sana por supuesto—aclaró sin perder la sonrisa.

— ¿Envidia? ¿Yo? ¿De vosotras?

—Sí, así es.

—Chicas dejad el juego que al final veo que terminamos todas…

— ¿Por qué iba a teneros envidia yo? —interrumpía Kate, evitando que Rachel siguiese con su intento de destruir la broma—Te recuerdo que yo tengo quien me bese cuando me apetezca—volvía a sonar divertida.

—Ya sé que tienes a quien te bese, pero no es rubia ni tiene ojos claros como los míos.

— ¿¡Qué!?—exclamaron al unísono tanto Rachel como Kate.

Quinn dejaba escapar una sonrisa aún más traviesa.

Había sido testigo de cómo Kate conseguía preocupar a Rachel por culpa de aquellas indirectas que al parecer estaba dejando escapar con sus bromas y que ella no entendía, al menos a qué hacían referencia. Ahora era su turno.

Si algo había aprendido Quinn a lo largo de sus tres años en Londres, era a saber defenderse del humor británico que todos sus compañeros tenían, y que habían terminado vertiendo sobre ella.

Kate era una pequeña paloma indefensa comparada con las sátiras de sus compañeros británicos.

—Vamos Kate, no lo niegues te encantaría estar en el lugar de Rachel. —Soltó logrando que ambas se mirasen confusas. — ¿Acaso no te gusta mi perfume? —cuestionó de modo sugerente—¿O son mis labios los que no te resultan sensuales?

—Oh dios mío—balbuceó Kate apartándose de la rubia.

— ¿Qué está pasando aquí? —preguntó Rachel, que ya había terminado de vestir a Emily y miraba absorta la escena.

Kate había empezado a alejarse o, mejor dicho, a huir de Quinn que seguía mostrándose con cierto aire de seducción.

—Rachel—volvía a hablar la rubia sin apartar la mirada de Kate, que de repente había empezado a sonrojarse a más no poder—¿Sabías que a Kate le gusta mi perfume y considera que mis labios son sensuales? —sonreía.

— ¿Qué? —Rachel buscó la respuesta en la pelirroja, pero ésta se limitó a bajar la mirada y llamar la atención de Emily para que la salvara de aquella situación.

—Así es—seguía Quinn—Aquí la señorita que casi se escandaliza porque tú y yo nos besamos, opina que mis labios y mis manos son sensuales—volvía a sonreír—y que huelo de maravilla y soy muy amable y dulce ¿No es cierto?

No hubo respuesta por parte de Kate, que no sabía cómo salir de aquello.

—No entiendo nada—hablaba Rachel.

— ¿Recuerdas el foro de las chicas del que tanto hemos hablado? —cuestionó Quinn sin dejar de mirar a Kate—pues resulta que Kate forma parte de mi ejército de fans, y no solo eso, sino que además se toma la molestia de publicar ahí bien, la foto que nos hicimos juntas el primer día que nos vimos.

—Ok, se está haciendo tarde—volvía a lamentarse Kate—¿Por qué no nos marchamos ya?

— ¿Ha publicado la foto vuestra? —intervino Rachel curiosa.

—Y no solo eso, también ha respondido a muchas preguntas que le han hecho, ¿verdad? —Quinn miró a Kate esperando una reacción, pero la chica se limitó a esquivarle la mirada en todo momento—Todavía sigo sorprendida por algunos de tus comentarios.

—Oh Dios—murmuró Rachel— ¿Qué tipo de comentarios has dejado?

—Hey basta, lo hice por ti—interrumpía Kate tratando de evitar mostrarse nerviosa.

— ¿Por mí?

—Sí, solo quería que tus fans siguiesen pensando que eres buena chica—espetó—¿Es así como me lo pagas?

—Kate, decirles a mis fans que pudiste comprobar mientras nos hacíamos la foto que mi barriga era tersa y dura, no es necesario para que piensen de mí que soy buena chica.

— ¿Qué? —cuestionó Rachel incrédula—¿Vas diciendo que su barriga es…?

—¡Basta! —volvía a exclamar—Si vais a seguir así, yo me marcho y no voy al parque ¿Entendido? —amenazó al verse acorralada por sus propias artimañas.

—No me lo puedo creer—hablaba Rachel—¿De verdad has dicho esas cosas de Quinn?

— ¿Si vuelves a mencionármelo me marcho? —Insistió—Solo pretendía hacer un bien a Quinn y a esas chicas, que no tienen la oportunidad de conocerla. Nada más.

—Ya, claro—masculló Rachel mirando de reojo a Quinn, que ya ni siquiera se esmeraba en contener la risa.

Lo había logrado.

Por primera vez desde que conocía a Kate había conseguido devolverle sus continuas bromas, con la misma moneda. Y se alegró. Hasta eso había conseguido Quinn desde que estaba en su vida, convertirse en una compañera de juego perfecta con quien poder enfrentarse de igual a igual con el dúo que formaban la pelirroja y Brody.

— ¿Nos vamos o qué? —volvía a hablar Kate, que ya tenía a Emily junto a ella.

La sonrisa de Rachel a Quinn fue la señal perfecta para hacer caso a la pelirroja y abandonar la casa.

Todo había sido idea de ella, de Quinn, que haciendo caso de la información de la chica que se le acercó en el supermercado, consiguió convencerlas para pasar aquella mañana de sábado de una forma divertida, y sobre todo para Emily.

Pasar tiempo al aire libre rodeada de niños y atracciones, era probablemente la mejor de las excusas, y justamente eso fue lo que encontraron cuando llegaron a Great Hill, la enorme pradera que se encontraba al norte del parque, junto a las pistas de hielo.

Una noria, tiovivos, columpios, payasos amenizando a los más pequeños y por supuesto el ansiado castillo de princesas. Una fortaleza que conseguía sacar las sonrisas y las expresiones de admiración a todos los niños que lo descubrían por primera vez. Un castillo que evidentemente tenía a su propia princesa.

Kate enloquecía con Emily, que presa de la emoción por tantas cosas juntas, no sabía a qué lugar o atracción quería acercarse primero. Era la pelirroja la que organizó cada actividad bajo la atenta mirada de Rachel, que al igual que su hija conseguía emocionarse. Pero su emoción era diferente, a ella no le sorprendía todo lo que había en el parque, sino el gesto de su hija, la expresión de Emily al ser partícipe de ello, como una niña más de los cientos que había allí. Por las sonrisas que dejaba escapar cada vez que un payaso se le acercaba y le regalaba un globo convertido en perrito, o la sorpresa al ver que la princesa del castillo le regalaba una corona, exactamente igual que las que coronaban sus adoradas pantuflas de cerditos.

Y si emocionadas estaban madre e hija, pequeño se quedaba aquel adjetivo para describir lo que Quinn sentía al verlas.

A pesar de no estar interactuando directamente con su hija, Quinn observaba como Rachel comenzaba a acercarse más a su pequeña, ignorando el temor a que alguien pudiese relacionarlas. Y lo hacía sin apenas darse cuenta, guiándose por aquel impulso que cada madre tenía para estar cerca de sus hijos.

Una, dos, tres, cuatro, treinta y cinco, treinta y seis. Quinn dejó de contar las fotografías que acertaba a sacar de cada momento, de cada escena en la que Rachel y Emily se unían. Ese iba a ser su cometido en aquella mañana, ser testigo directo de cómo conseguía que su chica se desinhibía por completo del caparazón al que tenía sometida a su hija, y se dejaba llevar por la diversión. Aunque también había otra cosa pendiente para ella en aquel día y que por supuesto, fue la idea principal por la que recordó lo que había en aquel parque.

Un gesto. Rachel estaba esperando que Quinn se redimiese de su desfachatez de dejarla a solas en la cama después de haber pasado la noche juntas, y le exigía algo romántico, o como ella decía, algo muy, muy pero que muy romántico.

Quien la conocía, sabía que no era una persona que colmase de romanticismo sus relaciones, a pesar de lo que podía aparentar. Nunca en su vida tuvo que declararse a nadie. Siempre habían sido los chicos quienes lograban conquistarla de algún modo mientras ella, simplemente se dejaba hacer. Pero en aquella ocasión era especial. Era otra chica, era Rachel Berry quien esperaba un gesto de aquella magnitud para saciar sus divertidas exigencias, y, a pesar de ser consciente que no era más que una broma entre ambas, estaba dispuesta a llevarlo a cabo y sorprenderla.

Le bastó ver como Rachel tomaba la iniciativa para acompañar a Emily de nuevo hacia el castillo, para saber que había llegado el momento perfecto para llevar a cabo la primera parte del plan. Ni siquiera tuvo que excusarse con Kate, a quien simplemente le pidió que la cubriese durante algunos minutos, en el caso de que Rachel se percatara de que había desaparecido.

Algo que por supuesto no iba a tardar en suceder. A la morena le bastó abandonar el castillo por tercera vez, para echarla de menos. Y Kate lo supo nada más ver su gesto al acercarse a ella.

—¿Qué tal? La princesa ya debe conocer a Emily de las veces que la ha visto—bromeó, y Rachel le sonrió—¿Os lo habéis pasado bien?

—Muy bien, si… Eh, ¿dónde está Quinn?

—No lo sé—se excusó—dijo que iba a por algo.

— ¿A por algo? —repitió lanzando una mirada a su alrededor.

—Sí, no te preocupes, ya vendrá y mira, me ha dejado su cámara para que os saque fotos.

—Oh, Ok—susurró sin convicción.

Se había acostumbrado a su presencia, sobre todo cuando estaba en la calle con Emily rodeada de tantos niños. Solo ella le daba esa seguridad que necesitaba para poder seguir allí, disfrutando sin más.

—Relájate, seguro que ha ido a comprar la comida esa de las palomas, estoy segura de que está planeando atacarme de nuevo.

—Merecido lo tienes—respondía al tiempo que tomaban asiento en un banco—¿Cómo se te ocurre decir lo de la película?

— Pero era verdad, estabas viendo una película de lesbianas.

—Estaba viendo una película como cualquier otra. Dio la casualidad que justo viste esa escena, pero el resto de la película no tiene nada que ver, es una pequeña joya del cine francés que…

—Rachel—la interrumpió— Vi esa película cuando la estrenaron en el cine, como el resto del universo, así que no me digas de qué trata esa película, y mucho menos trates de convencerme de que solo tiene esa escena de sexo.

—¿La, la has visto? —balbuceó

—Pues claro.

—¿Y por qué te sorprende que yo la estuviese viendo?

—Primero, porque justamente esa peli tiene los suficientes años como para saber de qué trata. Segundo, porque según tú, estabas trabajando… Y no, estabas en tu habitación, con las ventanas cerradas y metida en la cama.

—¿Y?

—¿Por qué no estabas en el salón viéndola en tu pantalla de 49 pulgadas?

—Pues… Porque, no sé, me apetecía estar tumbada y…

—¿Ves? Te pones a titubear porque no tienes excusas. Admítelo, Rachel, estabas viendo esa película porque es de chicas que se enamoran de chicas, y tienen relaciones con otras chicas. Ya está, no es tan difícil aceptarlo.

—Ok, basta, Kate—la detuvo—Si, la estaba viendo a consciencia, ya está. Me apetecía verla y comprobar algo. ¿Te vale así?

—Me vale—volvía a sonreír sin perder de vista a Emily, que junto a otra niña comenzaba a jugar con los globos—¿Y qué querías comprobar? —Rachel imitaba la postura de Kate y comenzaba a mirar a su pequeña, que apenas estaba a unos metros de ellas dos.

—Nada solo tenía curiosidad.

— ¿Curiosidad?

—Sí Kate, curiosidad te recuerdo que yo nunca he estado con una chica.

— ¿Y? ¿Estabas viendo una película para saber qué hacer con una chica? —se burló—¿Cuántos años tienes, Rachel?

—Déjame en paz, yo solo quería saber si lo que tenía en mente era real o no, ahora ya sé que no tiene nada que ver.

— ¿Cómo? —se sorprendió—¿Cómo que ya lo sabes? Ohhh dios—abrió la boca al máximo—¿Ya os habéis acostado?

—Shhh, Kate, por dios, estás rodeada de niños—le recriminó dándole un pequeño golpe en el brazo—Puedes bajar la voz.

—Ok, ok—susurró—¿Os habéis acostado? —repitió a media voz—¡oh dios mío! pero qué rapidez ¿No?

— ¿Rapidez? ¿Acaso tú no te has acostado con Matt? —fue directa.

—Pero eso es distinto, yo si me he acostado con chicos y Matt no es mi mejor amigo… Pero tú y Quinn habéis sido amigas desde hace muchos años, y de pronto ¡zas! a la cama.

— ¿Quieres bajar la voz? —volvía a recriminarle—No fue así no, no nos hemos acostado el primer día.

— ¿Cuándo fue?

—El lunes—respondía sin perder la vista de lo que hacía su hija.

— ¿El lunes? ¿Este lunes pasado? ¡Oh dios! ¿Y qué tal? ¿Fue bien?

—Kate, no es algo que te importe.

—Sí, sí que me importa, porque eres mi amiga y siempre hemos hablado de esto, así que ahora no tiene por qué ser distinto. Vamos dime ¿Qué tal fue?

—No creo que sea el momento para hablar de eso—volvía a responder sintiendo como el calor y los nervios hacían acto de presencia en su cuerpo.

—Vamos Rachel—susurró—Deja de comportarte como una cría y cuéntamelo, ¿Cómo fue?

—Pues fue… —se detuvo. Y lo hizo porque justamente en ese instante lanzó la vista más allá de su pequeña, y la descubría caminando hacia ellas, con un enorme algodón de azúcar entre sus manos y una sonrisa aún mucho mayor—Fue especial—susurró sin apartar la vista de la rubia.

— ¿Especial?

—Única, Quinn es única y especial—susurró de nuevo—Ha sido una de las noches más especiales de mi vida.

—Te estoy pidiendo que me digas como fue el sexo, no que me la describas a ella—interrumpía.

—Si te estoy diciendo que es única y especial significa que todo lo que la envuelve se convierte en único y especial—Respondía creyéndose completamente sus palabras.

La sonrisa que esbozaba Quinn al acercarse a ellas mientras permitía que varios niños se interpusieran en su camino, y les regalaba algunos divertidos gestos, conseguía enamorar aún más a Rachel, que había dejado de pensar en aquella noche para disfrutar solamente de la luz que irradiaba Quinn en aquel instante.

Fue Emily la primera en reaccionar a su llegada, y no tardó en exigir parte de aquel algodón de azúcar que por supuesto, Quinn había comprado expresamente para ella.

— ¿Alguien quiere? —cuestionó con una enorme sonrisa, mostrando el algodón que Emily ya se apresuraba en tomar.

—Vaya, si está aquí—musitó Kate sin perder de vista a Rachel, que embelesada en Quinn apenas le prestaba atención a ella.

—Claro, no pensarás que me voy a perder el resto del día ¿No?

—No, y menos aun cuando por aquí ya te estaban reclamando.

— Eso es que me echan de menos—le respondió Quinn volviendo a Rachel sonriente—¿Quieres? —le ofreció.

Negó. Rachel simplemente negó y dejó escapar una sonrisa mientras lo hacía, gesto que sorprendió a Quinn.

— Ok, creo que es el momento de que vayamos por cuarta vez al castillo—dijo Kate interrumpiendo el breve cruce de sonrisas que se regalaron, y tomando a Emily de la mano, les permitió aquel momento a solas.

— ¿Quieres? —volvía a ofrecerle Quinn tomando asiento a su lado. Había acertado a quedarse con un trozo de aquel algodón entre sus manos, mientras tras permitir que Emily se llevara el resto.

—No Quinn.

— ¿No te gusta? —cuestionó tomando un poco del mismo.

—Sí, claro que me gusta, pero es demasiado azúcar y no, no me apetece mucho ahora.

—Tú te lo pierdes—espetaba al tiempo que se tomaba el resto que aún permanecía entre sus dedos—Está riquísimo—sonreía divertida. —Espero que no te haya molestado que le de todo eso a Em, pero es que no me he podido resistir a comprarlo.

— ¿De dónde vienes? —preguntó ignorando toda su excusa.

—De comprar el algodón.

—No, mientes. Vienes de algún lugar más, no se tarda tanto en comprar un algodón.

—Había mucha gente—se excusó.

—Quinn, el chico del algodón está allí—señaló hacia la derecha—Y ni Kate ni yo te hemos visto hacer cola como el resto de personas.

—No lo he comprado de ahí—fue rápida—Hay otro cerca de las pistas de patinaje.

— ¿Y por qué has ido hasta allí, en vez de comprarlo en ese, que está más cerca?

—Rachel Berry—masculló buscándola con la mirada—¿A qué se debe este interrogatorio?

—Se debe a que me gustaría saber qué hace mi chica mientras yo subo a ese tiovivo con Emily.

— ¿Cómo? ¿Has subido al tiovivo con ella? —cuestionó sorprendida.

—Así es—sonreía satisfecha—Y hemos vuelto a entrar en el castillo—añadió satisfecha—Deberías estar orgullosa de mí. La princesa me ha reconocido y no he salido corriendo.

—Oh, ¿de veras? Si lo llego a saber, te traigo un algodón de azúcar mas grande como regalo—Le devolvía la sonrisa—Me alegro mucho, Rachel. No sabes cuánto.

—Lo sé, por eso quería que me hubieses visto.

—Lo importante no es que yo te vea, Rachel—lanzó la vista hacia el frente—lo importante es que Emily disfrute de ti y tú disfrutes de ella, nada más.

—Pues lo he hecho y mucho, aunque creo que es momento de parar un poco, empiezo a ser consciente de todo lo que hay aquí y, además, he visto que hay un par de cámaras de televisión por ahí con reporteros. No, no me gustaría tener que enfrentarme a eso aún.

—Ok. Para ser el primer día de tu nueva vida, creo que sí, que es suficiente—respondía Quinn, tratando de demostrarle que estaba con ella.

— ¿He superado la prueba? ¿Estás orgullosa de mí?

—Si pudiera te lo haría saber, sin duda.

— ¿No puedes decirme si estás o no orgullosa de mí?

—Te lo puedo decir con palabras, pero mi idea era decírtelo con hechos, con un gesto que iba a suscitar la atención de aquellas cámaras—sonreía traviesa señalando hacia uno de los laterales—Y no queremos eso ¿No es cierto?

—Cierto, aunque yo ahora mismo sería capaz de cualquier cosa con tal de que me beses.

—No me tientes Rachel—susurró volviendo la mirada al frente—Tengo demasiada azúcar en mi sangre, y dudo que pueda controlarme.

—Ok, seré buena. Además, eres tú la que te tienes que ganar mi admiración, aún me debes tu regalo romántico—se mostró orgullosa. Gesto que consiguió provocar una misteriosa sonrisa en Quinn—¿Qué pasa? ¿Por qué te ríes así? —preguntó curiosa.

—Mira, ahí vienen—ignoró la pregunta, lanzando la mirada hacia Kate y Emily, que ya regresaban a ellas.

—Te he preguntado Quinn ¿Por qué te has reído así? ¿Qué ocultas? Quiero mi regalo, no es una broma.

— Lo sé—susurró abandonando el asiento. —Hey chicas ¿Qué os parece si vamos a ver el árbol de los sueños?

—¡Si!—exclamó Kate provocando la emoción en la pequeña, que aún con el algodón entre sus manos, volvía a entusiasmarse por la llegada de una nueva actividad.

— ¿El árbol de los sueños? —cuestionó Rachel siguiendo sus pasos tras abandonar el banco.

—Sí, vamos—las incitó a que le acompañasen por uno de los senderos que rodeaban la pradera.

— ¿Dónde vamos? —preguntó Rachel al ver como se alejaban un poco del bullicio de aquella pequeña feria y se adentraban en los bosques del norte, como se le llamaba a aquella frondosa arboleda que cubría la zona del parque.

Un nuevo corrillo de gente comenzaba a dejarse oír y tras recorrer algunos metros de por el pequeño bosquecillo, aparecía ante ellas la casa de piedra número 1, la más antigua edificación de aquel parque y que permanecía allí como monumento turístico. Junto a ella, varios chicos vestidos con trajes de boyscouts custodiaban un enorme olmo.

— ¿Qué sucede ahí? —cuestionó Rachel al ver cómo la gente rodeaba el árbol y lo miraban con asombro.

—Es el árbol de los sueños—respondía Quinn sonriente— Dicen que un pequeño duende que proviene de los fríos bosques de Gales se ha instalado en ese árbol durante las navidades—añadió buscando la atención de Emily—y se quedará ahí hasta que llegue la primavera.

—¿Un duende? —susurró Kate mirando sorprendida a la pequeña, que, con sus ojos abiertos como platos, aguardaba curiosa junto a su madre. —¿Es mágico ese duende? —se dirigió a Quinn, entrando de lleno en la historia.

—Por eso estamos aquí. Dicen que si te acercas al árbol y pides un deseo mientras lo tocas, se hará realidad. Pero tiene que ser un deseo de bondad. ¿Lo entendéis?

—Perfectamente—interrumpía Kate.

—Tenemos que acercarnos al árbol y pensar en ese deseo, en ese sueño que queremos que se haga real—les dijo incitándolas a que siguieran sus pasos.—¿Probamos?—lanzó una mirada a Emily, que no había perdido detalle de la historia y que sin dudarlo, asentía—Bien primero las pelirrojas… —susurró regalándole a Kate el privilegio, quien con el consentimiento de uno de los boyscouts, posó su mano sobre el árbol y cerraba sus ojos con fuerzas.

—Vamos Em—le dijo a la pequeña tomándola de la mano—te toca a ti—añadió ayudándola a acercarse lo suficiente al árbol para que lograse tocarlo, mientras se aseguraba de que su madre le permitía hacer aquello.

—Piensa en algo bonito, cielo—le dijo Rachel observando a su hija pedir aquél deseo, olvidándose por completo de las personas, que curiosas, seguían observando el árbol.

—Vamos ahora te toca a ti—le habló Quinn invitándola a que se adelantase.

—No, primero tú—respondía Rachel—Vamos, saluda a ese duende y piensa en algo hermoso—le dijo con dulzura, y Quinn no tardó en reaccionar, posando su mano sobre el áspero tronco, y cerrando los ojos mientras dejaba escapar una de sus increíbles sonrisas.

Rachel la observó durante los escasos segundos en los que estuvo en aquella posición y por primera vez, deseó estar en su mente, saber qué es lo que tanto anhelaba conseguir y lograba hacerla sonreír de aquella forma.

Una mirada, un pequeño gesto de la rubia fue suficiente para hacerla reaccionar, y tomar su relevo.

—Es tu turno—susurró liberando el espacio donde ella había posado su mano, y Rachel hizo lo mismo.

Tocó justamente ese trozo de su árbol, y juraría que incluso llegó a sentir el calor que Quinn había logrado dejar en el mismo. Cerró sus ojos con fuerza, y dejó caer su cabeza hacia adelante, cambiando radicalmente su expresión y logrando que Quinn se estremeciera al verla. Fue un halo de pena lo que vio reflejado en su rostro, que tras un profundo suspiro se convirtió en una sonrisa implacable.

Nadie parecía haberse percatado de aquel rápido cambio excepto Quinn. Quizás porque solo ella sabía que el mayor sueño de su chica, no iba a hacerse realidad con tan solo pedirlo a un mágico duende que había elegido aquel olmo como su hogar durante unos cuantos meses.

Sabía que aquel gesto de pena en su rostro, se debía a una nueva ruptura en su corazón, tras ser consciente de que la magia no podía cambiar su realidad, pero también fue testigo de cómo esa pena se evaporaba y una sonrisa ocupaba su lugar.

Era esa sonrisa la que no conseguía comprender ni descifrar. Era esa sonrisa la que comenzó a provocar curiosidad en Quinn al tiempo que, de nuevo, regresaban por el sendero hasta la pradera.

— ¿Has sentido al duende? —cuestionó con apenas un susurro, cuando Emily y Kate ya se adelantaban. Rachel, a su lado, no pudo evitar sonreír de nuevo.

—Creo que sí.

—Te he visto sonreír mientras pedias ese deseo, supongo que él tendrá algo que ver, ¿No?

—Puede…

— ¿Puede? ¿Hay algo más por lo que tenías que sonreír en ese momento?

—Tú también has sonreído.

—Sí, pero porque sabía que me estabais mirando y me daba vergüenza—se excusó—¿A ti también te daba vergüenza?

—Quinn ¿Quieres saber lo que he deseado? —fue directa.

—Quiero saber qué es lo que te hacía sonreír.

—Ese duende no va a cumplir mi mayor deseo y lo sabes.

—Lo sé… Pero al verte sonreír, no sé… Tal vez haya rondado otra cosa por tu mente.

—Así es… He deseado algo más.

—¿Y eso si lo puede cumplir? Por tu sonrisa, juraría que debe ser algo alucinante lo que deseas.

—Lo es. Es lo más alucinante que me puede pasar en la vida.

—Ok… Pues ojalá ese duende te escuche y lo haga realidad.

—Ojalá, pero no solo depende de él.

—¿Ah no? ¿Y de quien más?

— Tú, Quinn, tú puedes conseguir que ese deseo que acabo de pedir se cumpla.

—¿Yo? —cuestionó sorprendida, justo cuando Rachel se adelantaba y lograba alcanzar a su hija y a Kate. Esperaba esa respuesta o quizás algo que le hiciese saber a qué hacía referencia Rachel cuando le dejó caer aquello, pero a cambio, solo recibía una sonrisa que iba aumentando por segundos y que consiguió ocupar todo el rostro de la morena, acompañando el brillo que ya desprendían sus ojos. — ¿Yo? —Le cuestionó con un simple gesto de sus manos, justo cuando Rachel se giraba hacia ella para buscarla con la mirada. Y su sonrisa la delató.

Rachel tampoco habló, pero Quinn pudo leer sus labios sin problema alguno.

—Si tú.