¡Hola, bonitas! Muchas gracias por ser tan maravillosas. Espero que este capítulos les agrade mucho y me cuenten qué piensan al respecto. Creo que será toda una sorpresa.

El siguiente capítulo es de transición, si ustedes prometen comentar, yo prometo actualizar antes de tiempo.

Las quiero.

Disfruten:


Capítulo 23.

Su pequeño cuerpo estaba recostado sobre el frío suelo, sus manitas amortiguaban la cabeza contra la superficie y mecía el pie tarareando una canción. Su madre no había regresado el día anterior. Cuando la luz del sol iluminó la habitación despertó descubriendo un silencio inusual. Había cubierto sus oídos con tanta fuerza que concilió el sueño, pero su madre no estaba ahí.

No hacía frío y no estaba oscuro. Su madre volvería en cualquier momento, no debía tardar así, como lo hacía todos los días.

Alguien se acercó: el señor que le daba miedo con una cicatriz en el rostro. Dejó un plato en el suelo y la miró con pena.

La niña levantó el rostro y con todo el valor de su corazón murmuró las siguientes palabras:

¿Mami ya viene?

El hombre se apoyó contra el marco de la puerta y suspiró.

Mami no volverá. Agradécele al hijo de puta de tu padre.


El corazón le golpeó con fuerza el pecho. Abrió los ojos descubriendo que se había quedado dormida en el sillón. Tenía lagañas secas, se había dormido llorando y ahora esa horrible pesadilla. Pasó su mano por la frente y se descubrió caliente, como si tuviera temperatura. ¿Sería posible? La noche anterior había bebido y fumado como loca.

Cerró de nuevo los ojos. Le dolía la cabeza y todavía no podía regular su pulso. La pesadilla había sido vívida. De nuevo era una niña pequeña encerrada en una horrible habitación. Las sensaciones eran naturales, la temperatura, la textura del suelo en sus dedos, el peso del uniforme escolar. Le costaba pensar que aquello era un simple sueño. ¿Era acaso posible que su inconsciente hubiera maquilado toda una historia dividida en partes? Había soñado con diferentes escenarios durante semanas.

Debía investigar un poco. Su inconsciente le estaba diciendo algo que ya no podía ignorar más. Tal vez estaba estancado en sus recuerdos. ¿Algo se había perdido con el tiempo? Tenía sentido pues le costaba recordar cualquier evento que haya sucedido antes de sus seis años. Todo lo que estaba en su memoria era después de la muerte de su madre. ¿Podría ser…?

Se levantó del sillón con brusquedad y no le sorprendió ver a Mary, la ama de llaves, recogiendo el desorden que había por la casa. Había intentado limpiar un poco antes de quedarse dormida, pero estaba tan deprimida que no había hecho más que llorar en el sillón.

—Buenos días, señorita Lily —saludó Mary limpiando sus manos con el delantal—. ¿Qué les preparo de desayuno?

Lanzó una mirada hacia el reloj que colgaba en el comedor, eran las once de la mañana. Ya se había perdido algunas clases, y no tenía ningún sentido hacer el esfuerzo de presentarse en la universidad.

—¿Petunia no se ha levantado?

—La escuché en su habitación hace un rato, pero no ha salido —anunció antes de continuar con sus actividades.

—Cualquier cosa está bien —respondió Lily a la primera pregunta.

Subió las escaleras aún con el dolor de cabeza palpitando hasta llegar a la habitación de su hermana. Abrió la puerta con lentitud y descubrió que las cortinas estaban corridas, las luces apagadas, y Petunia estaba acostada boca abajo moviendo con el pulgar el móvil. Al escucharla elevó los ojos rojizos, dejó caer la mano hasta el suelo y sollozó un poco.

—Siento como si me hubieran pasado por encima diez elefantes —murmuró.

Lily casi rio, si la situación hubiera sido graciosa. Entró a la habitación, cerró la puerta detrás de ella y se recostó al lado de Petunia, que rápidamente se giró para verla.

—¿Cómo estás? —preguntó Lily, peinando el cabello rubio alborotado.

—Confundida. Tengo un vago recuerdo de tu novio quitándome los pantalones.

La pelirroja rascó la comisura de sus ojos, donde sintió como las lágrimas comenzaban a formarse.

—Él ya no es mi novio. En realidad nunca lo fue.

Los ojos azules de Petunia parecían preocupados, ahora fue su turno de acariciar las mejillas de Lily y apartar el cabello pelirrojo.

—¿Qué fue lo que pasó?

—¿De verdad no recuerdas nada?

Petunia suspiró.

—Sí recuerdo algunas cosas. Me enrollé con Dominick en el baño y vomité nuestros pies —Llevó su mano libre hasta su barbilla, pensativa—. Creo que eso es lo último que recuerdo.

Lily la contempló sin creerle al cien por ciento.

—¿Recuerdas que James te vendió Molly?

La rubia mordió su labio inferior y desvió la mirada hacia el techo, esta vez acostándose boca arriba.

—¿Cómo supiste? ¿James te dijo?

Las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos por fin fueron liberadas. Se sentía decepcionada en general, no solo con James, sino también con Petunia; ella había tenido toda la intención de ocultárselo.

—Estuviste apunto de terminar en el hospital por no seguir las recomendaciones que te hizo James —la reprendió, en su voz no se notaba el llanto—. Y no, él no me dijo, si así hubiera sido probablemente seguiríamos juntos. No importa cómo supe, lo que quiero saber es por qué, y el motivo por el que me lo ocultaste. ¿Sueles consumir drogas?

—¡No! —exclamó Petunia golpeando el colchón con los puños—. Es la primera vez. Te lo juro. Yo solo… solo quería divertirme. Olvidar la forma en que me siento todo el tiempo, distraerme, bailar, tener sexo. Solo quería ser joven y sentirme joven.

A continuación giró la cabeza hacia su hermana menor y la descubrió con el ceño fruncido, derramando lágrimas silenciosas. Se apoyó en un codo y la abrazó como pudo por la posición.

—Lily, ¿qué ocurre?

La pelirroja se aferró a Petunia, pasando sus brazos por las costillas y presionando con fuerza. Petunia permaneció en silencio, correspondiendo al abrazo y acariciando su cabello para tranquilizarla. El pecho de Lily subía y bajaba con violencia, el llanto silencioso se había convertido en fuertes sollozos.

—¡Tuve tanto miedo de que algo te pasara! ¡Pensé que podría perderte! Si James no hubiera estado ahí yo no habría sabido qué hacer.

Petunia chistó en voz baja, meciéndola y sin detener los movimientos de sus dedos en el cabello pelirrojo.

—¡No me vas a perder, tonta! Yo fui una imbécil por olvidarme de todo en esos momentos. Te prometo que no lo volveré a hacer, ¿de acuerdo? Y si así fuera serías la primera en saberlo.

Lily asintió con la cabeza. Siguieron abrazadas unos minutos más, el llanto de Lily no disminuyó. Sentía los ojos pequeños, había llorado hasta quedarse dormida y ahora volvía a llorar sin descanso. Cada lágrima representaba un ardor, pero de alguna manera calmaba un poco la opresión en el pecho y las hormigas que caminaban por su estómago.

Su hermana mayor parecía desconcertada por el llanto. Nunca dejó de abrazarla, ni de acariciar sus cabellos. Los ojos azules la miraban preocupada e incluso empezaban a formarse lágrimas en la comisura. Pero así era Petunia, la dura, la que aguantaba por las dos. Lily siempre había sido más sensible, y aunque demostraba frialdad por la mayoría de las cosas, cuando eran situaciones delicadas para ella, lo significaban todo. Podría deprimirse a sobre manera, aunque era la primera vez que descubría que podía tener el corazón roto.

—Tú ya no estás así por lo que me ocurrió anoche, estoy bien, pero sigues llorando desconsoladamente —murmuró Petunia con tacto—. ¿Qué pasó con James?

Al escuchar su nombre Lily no pudo evitar que las lágrimas se derramaran con más rapidez. Respiró hondo antes de poder hablar:

—Me rompió el corazón.

—¿Qué hizo el desgraciado?

Negó con la cabeza.

—Él te vendió drogas…

Petunia la interrumpió.

—Lily, él no es responsable de lo que me pasó. Yo fui la estúpida que no siguió sus recomendaciones. Créeme James no quería venderme nada, pero yo insistente.

—Él dijo lo mismo —susurró en voz baja.

—Porque es cierto. Además por lo que dices te ayudó conmigo. ¿Por eso es que lo recuerdo quitándome los pantalones?

Lily asintió con la cabeza.

—Tuvimos que darte un baño para bajar tu temperatura.

—Hablando de temperatura —dijo y posó una mano sobre la frente de la pelirroja—. Parece que tienes fiebre, ¿te sientes mal?

—Sí, pensé que era la resaca —respondió limpiando la humedad de sus mejillas.

Petunia ignoró el detalle y la volvió a envolver en sus brazos.

—Ahora que todo está aclarado puedes arreglar las cosas con James.

—No —suspiró—. Es más complicado que eso.

—¿Sí? Cuéntame.

A continuación Lily se vio envuelta en una narración entre lágrimas y sollozos fuertes provenientes desde el pecho; le contó todo a Petunia. Todo lo que había pasado en los últimos días, desde encontrarlo golpeando en su departamento, averiguar que comercializaba drogas —con lo que su hermana no se notó sorprendida—, la maravillosa cita que habían tenido, los besos en su departamento, la sugerencia de explorar su sexualidad con él, hasta la última discusión cuando le confesó que se había enamorado de él. Petunia escuchó todo sin interrumpirla ni cuestionarla, únicamente observando el semblante de su hermana menor y cada poco estrechándola para recordarle que seguía ahí.

—¿Cuándo le dijiste que lo amabas que hizo? —preguntó Petunia una vez que había terminado.

—No le dije que lo amaba, sino que me había enamorado de él.

—¿No es lo mismo?

Lily sollozó.

—Lo único que sé es que lo que siento por él, no lo había sentido nunca.

Contrario a lo que esperaba esta vez Petunia sonrió, aunque las lágrimas seguían acumuladas en sus ojos.

—No puedes perderlo, Lily, eso que sientes no es fácil de encontrar.

—¿Y cuál es el punto si él no tiene el mínimo interés en mí? Me demostró muchas veces que no pensaba invitarme a su mundo. Cada palabra la tengo que sacar con sacacorchos, él no confía en mí lo suficiente para contarme acerca de su vida. Le dije que quería aprender acerca del sexo con él y me rechazó, ¿qué clase de chico rechaza una invitación como esa?

Petunia levantó la ceja.

—La clase de chico que respeta y atesora a la mujer a su lado.

—¿Por qué lo defiendes? —exclamó perdiendo la paciencia—. Somos tan diferentes. ¿Escuchaste la parte en la que golpeó al chico que estaba con Marggie? Solo lo hizo porque yo le dije que no y no lo pudo soportar. Yo no soy una estúpida para estar detrás de él para su diversión, si quiere estar conmigo también tiene que poner de su parte. Aunque después de lo que pasó anoche no quiero volver a verlo.

—Mentira.

—¿Qué?

—Mientes. Quieres verlo y arreglar todo con él. Lo amas y quieres estar a su lado. Pero tienes razón, es importante que él también ponga de su parte y defina qué tipo de relación tienen. Eso de salimos te pido exclusividad pero no somos novios, no creo que sea algo con lo que te sientas cómoda.

—Quiero una relación de verdad con todo lo que conlleva —murmuró apartando las lágrimas de sus ojos.

Hasta ese momento no se había dado cuenta de cuanto deseó formalizar la relación desde el principio. Supuso que aceptó porque estaba desesperada porque él la perdonara, por la forma en que lo trató las primeras semanas de conocerse. Sin embargo, esa incertidumbre la había hecho sentir insegura, sumado a la falta de apertura de James habían ocasionado un sinfín de sentimientos destructivos.

Quería a James pero bajo sus condiciones. Estaba dispuesta a colaborar en un punto medio, pero no era justo que la balanza lo favoreciera a él. Lily ya no pensaba dejarse llevar por la culpa. Ellos eran adultos, habían hablado al respecto y James no cumplió. Aunque le doliera estaba segura que esa había sido una buena decisión.

La intensidad del llanto había disminuido, los sollozos habían desaparecido y solo derramaba unas pocas lágrimas calientes de vez en cuando. Petunia la seguía sosteniendo mientras reflexionaba, y de repente empezó a sentir mucho sueño. Estaba agotada. Solo había dormido unas pocas horas antes de la horrible pesadilla, había llorado como desgraciada y probablemente sí tendría algo de fiebre por la resaca.

Las pestañas empezaron a aletear y Petunia depositó un beso en la cien.

—Duerme, Lily-dream, te despertaré más tarde.

No alcanzó a responder a su hermana cuando su inconsciente se perdió en el vacío.


Gracias a Dios estás bien —dijo la voz de su padre. Se escuchaba lejana como si estuviera en un sueño. Hacía eco en las paredes contrastando con el sonido de un pitido.

Por primera vez fue consciente de las sensaciones en su cuerpo. Le dolían las piernas, sentía los labios secos y los pellejitos alrededor de las uñas ardían. Sollozó un poco por la sensación.

Quiso moverse pero tenía algo en su brazo que limitaba la movilidad.

Tranquila, cielo, estás bien —dijo de nuevo la voz de su padre. Se escuchaba congestionada como si estuviera llorando—. Ya estás a salvo, Lily. Nada te pasará, te lo prometo.

Un beso húmedo fue plantado en el torso de su mano.

Abrió los ojos. Era una habitación iluminada, solo tenía una cama donde ella estaba recostada y una silla. Su pequeño cuerpo estaba envuelto en sábanas blancas y no sentía el peso de su uniforme sobre el cuerpo, sino algo mucho más ligero.

Su padre estaba a su lado, con el cabello castaño cayendo sobre su regazo, sujetando la pequeña mano con fuerza. Parpadeó varias veces acostumbrándose a la luz, y entonces encontró voz para murmurar:

Papi, ¿dónde está mami?


Esta vez sus ojos no se abrieron de golpe, tampoco su corazón palpitaba con fuerza en su pecho y su cuerpo no vibraba por el miedo vivido. Sentía los ojos húmedos a pesar de la increíble tranquilidad en su cuerpo y los abrió lentamente.

Seguía en la habitación de Petunia aunque ella ya no estaba a su lado, y la poca luz que entraba por la ventana tenía un color naranja, anunciando que el día estaba por terminar. Lo primero que sintió fue hambre, había dormido quien sabe cuántas horas, y de nuevo había tenido un sueño. Pero contrario al resto, esta vez estaba segura de que era un recuerdo. Uno que estuvo enterrado en su memoria por años.

Hasta el momento solo mantenía dos recuerdos antes de la muerte de su madre. El que había revivido en su sueño anterior: ese día que estuvo ingresada en un hospital y su padre sollozaba junto a su cama. Sabía que era el día que su madre había muerto, pero ¿cómo? Después estaba el segundo recuerdo desbloqueado, ese que James le había hecho recordar varias semanas atrás cuando la llamó chica canela por primera vez. En ese recuerdo llevaba el mismo uniforme escolar que en el resto de sus pesadillas, fue un día que su madre fue a recogerla al jardín de niños y ella había sido molestada por sus compañeros.

El vacío en el estómago era poderoso. Debía ser hambre, pero también le provocaba malestar los pensamientos que tenía en esos momentos. ¿Y si todas esas pesadillas eran recuerdos? ¿Sería posible?

Abandonó la cama y se dirigió a su habitación. Petunia debía estar en la planta baja ya que no escuchó ningún ruido ni se la encontró en el camino. Lo primero que hizo fue dar una ducha con agua tibia, la aparente temperatura que tenía más temprano debía ser por el cansancio y el tumulto de emociones, porque ahora ya no sentía ese malestar. Recogió su pelo en una coleta y en pantuflas y ropa de casa bajó a buscar su móvil. Debía investigar con Gabe que se había perdido en las clases de hoy.

Levantaba los cojines de los sillones donde se había quedado dormida cuando Petunia entró por la puerta principal. Llevaba unos grandes lentes oscuros y bolsas de compras en las manos.

—¿Qué haces? —preguntó Petunia dejando los lentes sobre la mesita de entrada.

—Busco mi móvil.

Siguió con su tarea mientras su hermana se dirigía a la cocina a dejar los víveres. La casa ya estaba por completo limpia, Mary había hecho un excelente trabajo como siempre. Mary. De repente se le prendió el foco, tal vez ella lo había encontrado y lo dejó por algún lugar. Regresó los cojines a su lugar original y se dirigió a la cocina.

Petunia le daba la espalda mientras sacaba las compras. Para su suerte su móvil estaba sobre la encimera al lado de un plato con comida cubierto con un plástico transparente, debía ser el desayuno que le preparó Mary pero ella no consumió por quedarse dormida.

Milagrosamente el móvil no estaba descargado y tenía varios mensajes. El último era de Petunia avisándole que iría al supermercado, antes de ese un par de Gabe preguntándole si asistiría a clases, y otro que aceleró su corazón: James había enviado algo en el horario en que debería estar despierta para asistir a clases. Quería no estarse muriendo de ganas de verlo, pero ignoró todo lo demás y se fue directo a leer el mensaje:

De: James

07:14 a.m.

Todo es un malentendido. ¿Podemos hablar después de clases?

Se sintió mal por no haber respondido y tampoco haber asistido a la supuesta reunión que James había organizado, pero debía recordarse que no podía sentir pena. Ellos ya no estaban juntos, él había tenido su oportunidad y la desaprovechó. Bien dicen que "uno nunca sabe lo que tiene hasta que lo pierde".

James estaba en línea y no sintió ningún remordimiento de dejar la marca de leído y no responder nada. Cerró la conversación y se dirigió a la de Gabe para que le actualizara las clases del día. Tenía varios minutos hablando con su amigo cuando recibió un nuevo mensaje de James. Debía ignorarlo pero la tentación era fuerte y se dirigió a la conversación. Era una fotografía, James había colocado la pintura del océano que dibujó el día anterior junto a la pintura verde de su voz.

Los ojos se le llenaron de lágrimas y estuvo por responder. Lo único que la detuvo fue el pensamiento de que no era justo que jugara con sus sentimientos de esa manera. Él lo había hecho adrede para tocar una fibra sensible y que respondiera, pues no iba a conseguir lo que quería de ella. Lily tenía dignidad y ya había tomado una decisión.

Ignoró de nuevo la conversación y regresó a Gabe que había escrito varios textos informándole los detalles: al parecer no había pasado nada relevante en el día, ni siquiera había deberes, solamente le pasó algunos temas que habían visto para que se pusiera al corriente con las lecturas. No pensaba hacerlo, pero fingió con Gabe que le interesaba.

—¡Ven a comer, Lily! —La llamó Petunia desde la cocina.

El olor a estofado hizo que su boca se volviera agua. Se moría de hambre.

Casi corrió hasta la cocina y se sentó en uno de los bancos altos frente a la encimera. Petunia dejó un gran plato con estofado y arroz blanco, casi se olvidó de agradecer antes de devorarlo. Su hermana la miraba con una pequeña sonrisa mientras ella también consumía sus alimentos, aunque mucho más tranquila.

—¿Ya te sientes mejor?

—Ahora que comí, físicamente me siento como nueva —dijo Lily ingiriendo el último bocado—. Sin embargo, hay otra cosa de la que quiero hablarte.

Petunia asintió con la cabeza.

—Cuando mamá murió tu tenías ocho años, ¿cierto? —Su hermana elevó la vista del plato extrañada, y volvió a asentir con la cabeza.— Eso quiere decir que tú tienes un recuerdo más vivido de ese momento. Yo… no sé, de repente recordé que estuve ingresada en el hospital el día que mamá murió. ¿Eso es cierto?

La expresión de Petunia se había vuelto completamente pálida. Los ojos azules la miraban fijamente, incluso su mandíbula había dejado de masticar los alimentos. Tragó con lentitud y dejó el tenedor sobre el plato.

—¿A qué viene esto?

—¿Es cierto, Petunia? ¿Estuve ingresada en el hospital? —preguntó con anhelo. Deseaba reunir todas las piezas faltantes, necesitaba saber si no estaba alucinando y todo había sido producto de su imaginación.

Petunia asintió con lentitud.

—Sí estuviste en el hospital. Creo que estabas con ella cuando todo ocurrió. No estoy segura, estaba muy pequeña. Por favor no me preguntes de estas cosas.

Un sentimiento apareció en su pecho, pero no se iba a dejar vencer. Petunia sabía más de lo que decía, ¿si no entonces por qué evitaría la conversación?

—Cuéntame, Petunia, por favor, ¿qué fue lo que pasó? —preguntó uniendo las manos sobre la encimera en una plegaria—. Necesito saberlo. ¿Por qué estaba con ella?

La mayor negó con la cabeza y volvió a coger el tenedor en sus dedos.

—No sé, Lily, no recuerdo. Ya te lo dije era muy pequeña, y también se convirtió en un trauma para mí perder a nuestra madre.

Petunia no cedería. La conocía y era dura como una roca. Consideró en llamar a su padre y preguntarle, pero de antemano sabía que perdía el tiempo. No importaba que nadie le dijera porque debía encontrar algo en algún lugar de la casa.

La habitación de su padre casi nunca la usaba pero había gran cantidad de recuerdos en ella. El armario de su padre no contenía ropa, sino álbumes de fotos y recuerdos de su madre. Ese era el lugar donde encontraban el querido álbum de viaje, donde estaba la primera fotografía de la pareja. También estaba el despacho de su padre, que prácticamente nadie usaba, era una habitación con documentos importantes que iba dejando cada vez que visitaba la ciudad.

Algo debía haber en esa casa que le diera lo que estaba buscando, era imposible que todo se hubiera consumido por el tiempo.

Tenía esas pesadillas, ahora sabía que eran recuerdos. Tal vez estaban modificados por su inocencia infantil, pero algunas de esas cosas debían ser ciertas. Quizá sí estuvo varios días encerrada en un lugar con su madre, tal vez sí escapó de ese lugar hasta que una pareja la encontró en la carretera y la llevó al hospital. Esas pesadillas ni siquiera estaban en orden cronológico, pero si lo pensaba un poco todo tenía sentido:

Ella y su madre saliendo del jardín de infantes, Lily usaba el uniforme y su madre se había distraído consolando a su pequeña hija. Fueron capturadas y llevadas a algún lugar, donde su madre fue torturada y por eso escuchaba sus gritos por las noches. En su inocencia aprendió que escucharla significaba que ella volvería, hasta ese día que ya no volvió y ese hombre de la cicatriz le dijo que todo era culpa de su padre. ¿Sería cierto? ¿Richard de alguna forma estaría involucrado en la muerte de su madre? Le costaba creerlo, él demostraba amarla profundamente. Conservaba sus cosas con devoción, aquello no tenía el más mínimo sentido. No debía ser cierto.

Después de eso debieron liberarla, pues una niña de cinco años no podría salir sola de ese agujero. Vago por varios días hasta llegar a una carretera, donde una pareja la encontró y la llevaron hasta el hospital. El mismo donde más tarde su padre estaría esperando a que despertara mientras sollozaba. Incluso así, tenía mucha lógica. ¿Sería cierto? ¿Qué tanto podría confiar en que unos sueños le dijeran la realidad sobre su pasado?

Todo daba vueltas en su cabeza sin control. Había abandonado la cocina en silencio y ya se encontraba recostada en la cama de su habitación. Parecía imposible después de las horas que había dormido, pero se sentía agotada. Su mente daba tirones de un lado a otro, pensando en posibles alternativas, ya que se negaba a pensar que esas escenas fueran presentadas de manera literal por su subconsciente.

El móvil vibró a su lado, se había olvidado de él por un segundo. La sensación de vacío en su estómago regresó cuando visualizó el nombre de James en la pantalla. Él la estaba llamando. No respondería. No. No soportaría escuchar su voz. Dejó que se fuera al buzón de voz, e inmediatamente después llegó un mensaje.

De: James

07:22 p.m.

Asómate por tu ventana.

No quería hacerlo pero la tentación era fuerte. Se puso de pie y apoyó las rodillas en el acolchado alfeizar. La todoterreno de James estaba estacionada en la acera, y el susodicho estaba recargado en la puerta del copiloto con el móvil en las manos. Tenía la vista clavada en el móvil, de repente volteó hacia arriba y se encontró con la mirada verde.

Lily sintió un montón de mariposas aleteando en su estómago. El descubrimiento de sus sentimientos la hacían sentir todo con más intensidad, la simple mirada oceánica la estaba atravesando. Él estaba serio y le sostuvo la mirada unos segundos, después lo vio escribir en su móvil, para que el suyo comenzara a vibrar en su mano.

Era otro mensaje:

¿Puedes bajar para que podamos hablar?

Dirigió nuevamente la vista a un James que la miraba con atención. Negó con la cabeza, y el chico de nuevo comenzó a escribir en el móvil.

¿Por qué no? Las personas se entienden dialogando. Recuerdo algunas cosas que me dijiste anoche, honestamente estaba algo ebrio y no creo entender por qué me mandaste a la mierda. Sería genial que pudieras aclarármelo.

Leyó la respuesta un par de veces, incluso tres para poderlo entender mejor. No recordaba que él pareciera ebrio la noche anterior; sí que lo vio consumiendo alcohol, pero no para llegar a ese nivel. Parecía muy consciente mientras ayudaba a Petunia. Tal vez era otro juego de él.

Sostuvo el móvil en sus manos y cuando por fin se sintió segura dirigió la vista a James, que no había apartado sus ojos oceánicos de ella. Estaban a una distancia considerable, él seguía de pie en la acera y eran varios metros de jardín, para comunicarse tendría que gritar, así que adoptó el estilo de James y comenzó a escribir:

No parecías ebrio ayer por la noche. Me parece que fui muy clara en todo y no hay nada de lo que debamos hablar.

Observó a James soltar el aire de sus pulmones. Parecía decepcionado.

Está bien. Te dejaré pensar las cosas mejor, pero no te librarás de mí tan fácilmente. Sé dónde vives y tomamos clases juntos, eventualmente tendrás que hablar conmigo.

Sintió los ojos cristalizarse por las últimas palabras y contempló a James dirigirse hasta la puerta del piloto. La abrió, antes de subir hizo aquella señal de soldado en modo de despedida. Era increíble la marea de sensaciones que eso provocó en ella. Le hizo recordar las primeras semanas conociéndolo cuando James era tan insistente en salir con ella, y cada vez que se despedía hacía el mismo gesto. Le provocaba un poco de nostalgia y la hacía transportarse a esos momentos.

Los papeles nuevamente se invirtieron, pero en esta ocasión no cedería tan fácilmente; había tomado una decisión y estaba dispuesta a cumplirla.