Harry estaba leyendo El Profeta en la mesa, un día entero en la cama era más que suficiente para él. Le dolía la espalda, le dolía la cabeza, y le dolía un puntito por encima de donde debía estar su estómago. Pero ese era otro tema, y que Draco estuviera sentado frente a él leyendo, no ayudaba a ese punto.
—¿Has visto el artículo sobre la posible cura?—le preguntó a Draco.
Este le miró con una extraña mirada, como si no esperaba que le volviera a hablar en el resto de su vida.
No iba a engañarse, ese había sido el plan original, pero le costaba horrores poder estar en ese silencio incómodo.
Solo estaban ellos dos, era absurdo.
—Sí, creen que pronto tendrán una poción más potente que la actual.
—¿Qué es lo primero que harás cuando salgamos?—le preguntó, era algo sobre lo que Harry había pensado, pero debía reconocer que hacía mucho que no se lo cuestionaba.
—Supongo que iré a ver a mi madre—dijo Draco, por algún motivo encontró sus manos más interesantes que mirar directamente a Harry—¿Y tú?
—Supongo que los Weasley se reunirán, y me gustaría verles.
Draco asintió.
—Cuando esto acabe—dijo Draco mirándole directamente, desde su discusión no se habían mirado tan fijo a los ojos—¿pedirás que te cambien de compañero?
Curiosamente Harry ni siquiera planteado esa posibilidad, aunque le había preguntado a Draco sobre sus planes una vez salieran, no se veía fuera, no se veía sin él.
—No, ¿y tú?—Su corazón iba a mil por hora, temía la respuesta de Draco. Aunque había sido obligado en un principio a cohabitar con él, ahora no quería cambiarlo por nadie más.
—Harry, no te entiendo.
Fue dicho de un modo tan sincero que Harry le tuvo que creer, y en el fondo, ¿él se entendía?
—Puede que todo esto se nos haya ido de las manos—confesó Harry.
—Siento lo que pasó en el baño, no tenía derecho—reconoció por su parte Draco.
Y ambos se quedaron en silencio, ¿en qué escenario alguno habría imaginado que se estarían pidiendo perdón mutuamente? Solo en uno apocalíptico, viéndolo bien, estaban en el escenario ideal.
—Dijimos que seriamos amigos, ¿verdad?—sonrió Harry, porque llegados a ese punto, le dolería perder a Draco fuera cual fuera la relación que les uniera.
—Y lo sellamos aquí mismo.—No había arrogancia en su voz, y a Harry le pareció mucho más joven de lo que ahora ellos eran.
—Creo que esto deberíamos sellarlo haciendo un enorme pastel, ¿qué me dices? Algo desproporcionado.—Hizo una mueca que le arrancó una carcajada a Draco.
Ambos se levantaron, sonaba bien, sonaban bien riéndose de nuevo.
Lo que había ocurrido entre ellos iban a tener que olvidarlo, y por propia experiencia era algo que habían acostumbrado a hacer. Iban superando fases, de enemigos a dos personas neutrales, compañeros de habitación, y ahora, amigos.
Harry asintió y ambos fueron a la cocina en tres pasos, la repostería era algo que a Draco se le daba extremadamente bien. Todo precisión y medidas exactas, sería un gran pastelero.
Mano a mano crearon capas y capas, iban a ser incapaces de acabársela en una semana, pero se sentía bien. Uno al lado del otro. Harry se apoyó un poco sobre Draco, y este le miró sonriendo, Draco impoluto, Harry con restos de nata por cara, pelo y ropa.
Tan diferentes.
Draco le retiró un pegotón de nata que tenía sobre la ceja, Harry le miró encogiéndose de hombros.
Amigos, estaba bien.
Solo que ninguno evitó el beso que se dieron, ni ese, ni los siguientes que vinieron.
o0o0o0o0o0o0o0o0o
Después de tantas chispas y fuegos apagados con prisas, uno dulce.
Besitos de nuevo.
Nos leemos.
Shimi.
