EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Hay muchas maneras de perder nuestra identidad, una de ellas es tratar de olvidar quien eres o lo que fuiste, pero para recordar lo que eres tienes que olvidar lo que te dijeron que eras. Nuestra identidad es la suma de nuestros valores".
IDENTIDAD
CAPITULO XXIX
Los trabajadores llegaban al rancho de Anthony para comenzar un nuevo proyecto, las grandes cantidades de madera llegaban seguidas de las personas cargando mil y un materiales, el ruido de los martillos y golpeteos de madera se escuchaba muy temprano provocando que las personas que dormían en aquel recinto se levantaran más temprano de lo normal.
El único que estaba frente a aquella obra era el rubio Anthony Brower, quien quería supervisar personalmente aquella obra que había decidido llevar a cabo de una vez por todas aunque fuera solo temporal.
-¿Qué sucede? - Preguntó el gatito quien se frotaba los ojos en señal de que había sido despertado por aquellos ruidos que se colaban entre las paredes de su habitación.
-Buenos días Archie. – Contestó Anthony con una sonrisa de felicidad.
-¿Buenos días? - Contestó a modo de pregunta Stear al acercarse a ellos por la espalda, junto a la veranda para enfocar sus negros ojos hacia los rayos matutinos que ya comenzaban a resplandecer en las afueras del rancho, sin embargo aún le lastimaban sus bellos ojos.
-Buenos días Stear. – Le dijo con la misma intensidad de su sonrisa.
-¿Qué sucede? –Preguntó ahora Stear frotándose sus negros cabellos en espera de una respuesta.
-Nada, no se preocupen, solo que acaban de comenzar a construir el templete para festejar la boda. – Dijo con su vista puesta en aquel lugar donde estaban construyendo.
-¿¡Cómo!? – Contestaron ambos hermanos al rubio.
-Lo que oyen. – Dijo una cuarta voz que estaba detrás de ellos. Jhon ya se había levantado para ayudar a su hermano a la realización de aquel proyecto. – Tonny va a construir un templete para realizar el baile de su boda con Candy. – Dijo explicando a los Cornwell los planes que tenía el rubio.
-Yo pensé que la boda sería en Lakewood. – Dijo Archie terminado de frotar sus lindos ojos color miel por última vez.
-Yo también. – Dijo Stear.
-Lo que sucede chicos, es que a pesar de que ya he recuperado mi nombre y pronto recuperaré mi posición en el libro de la familia, yo pertenezco a este lugar. – Dijo con un suspiro. – He sido más libre y feliz en los últimos meses que en todos los años que viví al lado de la tía Elroy. – Dijo sin querer ofender a sus primos de que había sido feliz a su lado, sin embargo ellos lo entendían muy bien, vivir con la vieja Elroy no había sido para nada gratificante.
-Te entendemos Anthony. – Dijo Stear palmeando su espalda con cuidado. – Pero aun así eres un Andrew. – Dijo de nueva cuenta.
-Lo sé y siempre lo seré, pero también soy un Brower y soy un Stevens, además la tía abuela no ha tenido la intención de venir a verme, ella sabe que vivo, sabe que pronto me casaré con Candy y la verdad no pienso escuchar algún reproche de su parte, no estoy dispuesto a escuchar una ofensa para Candy. – Decía seguro.
-Tienes razón hermano. – Le dijo Archie con un abrazo. – Ella merece ser feliz al igual que tú, y si la tía Elroy no está de acuerdo ella se lo pierde. – Dijo seguro. – Tú cuentas con nosotros, y por supuesto con el tío Albert. Archie lo entendía perfectamente porque la tía abuela tampoco estaba muy de acuerdo con el compromiso que tenía con Annie.
-Muchas gracias hermanos. – Les dijo a ambos con una sonrisa sincera, él los quería mucho y sabía muy bien que ellos a él, no en vano siempre lo habían seguido en sus travesuras y aventuras. – Sabía que podía contar con ustedes.
Poco a poco el templete comenzaba a ir tomando forma con los días, se había hecho bastante grande para todas las personas que serían invitadas a ese acontecimiento, a pesar de la familia que poco a poco se iba enterando que el reconocido Anthony Brower no había muerto había mucha gente que aún no se enteraba de ello, sin embargo Anthony no estaba muy preocupado por ello, al contrario él solo invitaría a las personas más importantes para él y para su pecosa, a las personas que siempre habían estado ahí para él, sin embargo sabía bien que su tío tendría que invitar a más de una de la crema y nata de la alta alcurnia de Chicago, ya que Candy quisiera o no también pertenecía a ella al ser hasta el momento la única y principal heredera del tío abuelo William.
Candy se emocionaba cuando por medio de George le llegaba hasta el hogar su vestido de novia, venía en una enorme caja envuelta con tela de seda y listones del mismo material, estaba tan entusiasmada que ese día llegara que casi no había tomado en cuenta que sus malestares poco a poco se iban haciendo más intensos.
-¿Qué es eso Candy? – Preguntó la hermana María al ver que se dirigía a su habitación toda entusiasmada.
-¡Ya llegó hermana María! ¡Señorita Ponny! – Decía feliz entre risas y giros.
-¿Qué llegó Candy? – Preguntaba la señorita Ponny quien la veía feliz por la reacción de niña pequeña que ella demostraba.
-¡Es el vestido de novia! – Gritó la hermana María emocionada junto a Candy.
-¡Sí! – Decía la rubia emocionada. - ¡Es el vestido de novia! – Candy llegó a su habitación seguida por sus madres quienes le ayudaban a abrir aquella caja donde se guardaba únicamente ¿La ropa interior? – Se miraron todas extrañadas, cuando en eso tocaron a la puerta, Candy rápidamente cerró de nuevo aquella caja. – Adelante. – dijo con el ánimo más tranquilo.
-Creo que se le ha olvidado lo demás, señorita Andrew. – Dijo George entrando detrás de él varias cajas que contenían todo lo que necesitaría ella para la boda, por último entraron con una caja mucho más grande y cuadrada que solo podían guiar entre George y el chofer que había llevado acompañándolo.
Candy abrió sus ojos emocionada y se dirigió al lugar donde habían colocado aquella caja. George se retiró del lugar junto al chofer y las madres de Candy la ayudaron a ver todo lo que habían llevado, encontrándose con toda clase de ropa, accesorios y zapatos para tan importante evento.
-¡Todo es precioso Candy! – Dijo emocionada la hermana María, sin embargo Candy detuvo su mirada en la esbelta cintura de aquel vestido, entrándole una duda de si realmente le quedaría de ahí hasta el día la boda, sus medidas no habían aumentado en lo absoluto, es decir, su vientre seguía plano, y seguía usando su misma ropa sin ningún problema, pero en un mes sería lo mismo, se preguntaba la rubia para sí misma. La hermana María notó la reacción de Candy. - ¿Sucede algo Candy? – Preguntó intrigada.
-No, solo pensaba que todo esto debió salir muy caro. – Dijo excusando su miedo.
-No te preocupes Candy, si el señor Albert no hubiera podido comprarlo no lo hubiera hecho. – Dijo la señorita Ponny tranquilamente. – Además eres su hija, es lo menos que mereces. - Candy asintió y sonrió de lado rogando porque su miedo no fuera una realidad el día de su boda con el príncipe de su vida.
Los días avanzaban cada vez más rápido y aquella explanada de madera quedaba por fin terminada.
-¿Crees que es necesario que sea tan grande amor? – Preguntó Candy al verla terminada.
-Debe haber un lugar para la ceremonia, para las mesas y por supuesto para el baile. – Le contestó Anthony quien la aferraba a sus brazos, su brazo tenía una mayor movilidad y poco a poco se incorporaba a las actividades que realizaba.
-¿La tía abuela aún no viene a verte? – Preguntó Candy a Anthony. Él negó.
-No, y la verdad no sé si sería correcto ir a verla, pronto será el juicio y tengo que estar presente. – Dijo pensativo, quería volver a ver a su tía abuela, sin embargo no quería que le hablara de su oposición al matrimonio con Candy, y él solo lo que quería que los días pasaran rápidamente para volver a estar entre sus brazos.
-Yo iré contigo. – Le dijo acercándose a sus labios para besarlos con delicadeza. Anthony le sonrió y correspondió a esos besos que lo enviaban directo al paraíso. Sus bocas suplicaban por más concentrándose uno y otro en satisfacer los deseos del contrario, las caricias aumentaban poco a poco y sus cuerpos comenzaban a reclamar su atención, sin embargo el brazo de Anthony no estaba del todo bien y un movimiento brusco podría agravar de nuevo la herida y tardar más tiempo en sanar y era lo que menos necesitaban en ese momento, tomando un poco de cordura, ambos se concentraron solamente en la atención de su labios sobre su boca, en los besos sobre su cuello y las caricias atrevidas sobre la roba, arrancando uno que otro suspiro de los labios de la pecosa la cual se acercaba cada vez más rápido a la agitación de sus hormonas que la hacían prender en su cuerpo el deseo vivo en ella.
-No puedo más pecosa. – Le dijo Anthony agitado, tratando de controlar su respiración y su mente, sin embargo el estar solos y en esa posición en donde ella tenía sus piernas encima de las de él poco ayudaba para poder concentrarse.
-Tenemos que parar, por tu salud. – Decía Candy, sin embargo el continuo movimiento de sus labios sobre los del rubio no era disminuido, siendo ella misma incapaz de parar aquellos ardientes besos que le gustaba sentir sobre ella, Anthony deslizó su mano sobre uno de sus senos y comenzó a acariciarlo sobre la ropa, Candy se alejó de sus labios para emitir aquel tentador suspiro que era atrapado por los labios del rubio para seguir con aquella tarea. No podían entregarse por completo, sin embargo aquella sesión de besos y caricias los estaba llevando al límite de la cordura y la fantasía.
-Te gusta hacerme sufrir. – Dijo en cuanto pudo despegar un poco sus labios de los de ella. Comenzó a deslizar poco a poco su mano sana sobre la pierna de ella, recorriendo poco a poco hasta llegar a su muslo acariciándola suavemente, mientras Candy sentía el calor ardiente de su mano sobre su pierna, le sonrió con coquetería dándole a entender que le gustaba lo que estaba haciendo.
Ambos estaban en el despacho sentados en la silla principal con Candy sentada en las piernas de Anthony, nadie los interrumpía, sus primos y Jhon estaban trabajando y ella se quedaba a cuidarlo una vez más, para que no hiciera ningún movimiento brusco, sin embargo ese día estaba fallando totalmente con su labor al no ser capaz de impedir que sus manos se detuvieran en el recorrido de su cuerpo.
-¡Dios pecosa! ¡Me vas a volver loco! – Le dijo cerrando los ojos para disfrutar plenamente esas caricias. Sin embargo Candy captó a tiempo que no podía continuar o lo lastimaría así que se inclinó hacia el frente para abrazarlo.
-¿Estás bien? – Preguntaba Candy quien de pronto se sentía nuevamente preocupada por el brazo de Anthony. Este asintió con una gran sonrisa, con su frente sudorosa y su apenas perceptible voz, sin embargo su cuerpo aclamaba por más, necesitaba más de ella, así que no la liberó de su cuerpo, la atrajo más a él y continuó besándola con pasión y ternura a la vez, disfrutando del sabor de sus labios así como del calor que comenzaba a sentir su cuerpo por encima de aquella cantidad de ropas.
Mientras tanto en el hospital Tom ayudaba a Elisa a preparar sus cosas para por fin ser dada de alta, por fin dejaría aquella cama en la que había estado los últimos catorce días, después del enfrentamiento que tuvo con su madre del cual no salió bien parada, Tom se dedicaba a encarar la situación ante ella.
-¿Te encuentras bien amor? – Le preguntaba el moreno al ver que sus ojos carecían del brillo natural después de aquella visita. Elisa no respondió, solo volteó a verlo y se centró en él.
-¿Por qué no me puedes decir a que se refería mi madre cuando dijo que tú sabías porque estaban detenidos mi padre y mi hermano? – Tom la miró de nuevo confundido, creía que había comprendido el porqué de sus razones.
En eso tocaron a la puerta para fortuna del vaquero y para desagrado de la pelirroja.
-¿Quién? – Preguntó Elisa un poco molesta por haber sido interrumpidos.
-Soy Albert. – Dijo simplemente el patriarca del Clan.
-Adelante. – Contestó de inmediato Tom para así entre ambos contestar a las preguntas que hacía su novia, Elisa lo vio con cara de interrogación.
-Buenos días. – Dijo con una sonrisa Albert. - ¿Sucede algo? – Preguntó al ver el semblante contrariado de Elisa.
-Buenos días tío William. – Contestó Elisa un poco más amable. – No te preocupes tío, lo que sucede es que estoy preguntando a Tom el por qué mi padre y mi hermano están detenidos. – Dijo mirando de forma acusatoria a Tom.
-Creo que ya es hora que se entere Albert. – Dijo Tom volteando a ver al rubio ante la mirada de asombro de Elisa, quien no se imaginaba que había algo más oscuro de lo que ella pensaba en aquella situación. Albert asintió.
-Tienes razón Tom, ya es justo que Elisa se entere de lo que sucedió hace años. –Ella los miraba confundida comenzando a sentarse lentamente en aquella sala que estaba en la habitación.
Albert comenzó a relatar la historia a Elisa desde aquella conversación que si bien ella sabía que se había dado no tenía idea de cómo se había desarrollado, cada palabra que Albert hacía dejaba sorprendida a Elisa y se aferraba a la mano de Tom cada vez que hablaba de algo nuevo. Ella nunca había sido una blanca paloma, siempre supo que su madre era cruel y dura con las personas, ella misma la había imitado muchas veces e incluso manipulado para que hiciera lo que ella quisiera y poder salirse con la suya, pero nunca imaginó que sus instintos llegaran tan lejos como para asesinar a alguien.
-Yo sabía lo de la herencia de Anthony, pero fue la tía abuela la que me la otorgó, dijo que era porque Anthony iba a ser mi prometido y que me correspondía por derecho. – Dijo Elisa ante el asombro de Tom y Albert, eso era algo que ninguno sabía.
-¿Cómo dices? – Preguntó Albert extrañado.
-Esa fue la explicación que me dijo la tía abuela para que yo aceptara el dinero de Anthony. – Dijo mientras los caballeros esperaban que ella se explicara mejor. – Cuando Anthony murió yo estaba muy mal, no quería aceptarlo, sin embargo me dijeron que como iba a ser la prometida de Anthony tenía todo su derecho de tener todo lo que le pertenecía, la tía abuela repartió los bienes de Anthony entre nosotros, me obsequio sus rosas y a Neal todos sus objetos personales, así como su herencia, la cual nunca supe de cuanto era yo simplemente firmé y me dediqué a lo mío, sin importarme que era lo que había ocurrido realmente con el accidente, siempre culpé a Candy por ello. – Decía sintiéndose mareada por la información que le daban. – Nunca imaginé que mis padres se hubieran encargado de asesinar a Anthony tan solo por la herencia. – Eso hasta para la propia Elisa era impensable. - ¿Neal estaba enterado? – Preguntó de nuevo.
-Neal estaba al tanto de todo, sin embargo no querían decirte nada porque sabían que te afectaría. – Dijo Albert.
-¿Qué va a suceder con mis padres? ¿Mi madre también será juzgada? – Preguntó asustada, sabía que ella había sido la autora intelectual, su padre no tenía ni el valor ni las agallas para planear algo así y su hermano era un cómplice más por haberse mantenido callado.
-Hay algo más que no sabes Elisa. –Dijo Tom dudando de si decir que Anthony seguía con vida, él sabía que ella lo había amado mucho y que le había costado superar su muerte, sin embargo era un riesgo que tenía que correr, debía informarle que Anthony estaba vivo y era el que estaba clamando justicia a su "accidente" no por el dinero, sino que para recuperar su nombre tenía que esclarecer todo el espectáculo macabro en el que lo habían hundido los Leagan.
-¿Qué sucede? –Preguntó Elisa confundida al ver a ambos jóvenes alternando sus miradas uno al otro. Albert asintió dando permiso a Tom para que revelara todo el secreto.
-Anthony nunca murió en el accidente. – Dijo por fin Tom a su novia.
-¿¡QUÉ!? - Gritó sorprendida por la afirmación que le hacía Tom en ese momento. - ¿Entonces? ¿Cuándo murió? – Preguntaba horrorizada de saber que sus padres hubieran hecho algo más al haber fallado con su cometido.
-Anthony está con vida. – Dijo Albert viendo como Elisa se levantó de pronto y comenzó a respirar agitadamente.
-¿Elisa te encuentras bien? – Preguntó Tom al verla batallar para jalar aire. Elisa asintió tratando de contener sus emociones.
-¿Están bromeando verdad? – Preguntó Elisa viendo con ansia a Tom. El vaquero negó con un movimiento triste de cabeza, sabía que ella había tenido sentimientos fuertes por Anthony y temía que lo dejara de querer por el rubio. - ¿Dónde está? ¿Cómo está? – Preguntó apurada, inquieta ansiosa de saber más de aquel rubio que ella había querido en su infancia.
-Anthony está bien Elisa. – Contestó Tom en un tono más amargo del que hubiera deseado, tono que tanto Albert como Elisa pudieron escuchar. – Anthony vivió conmigo todos estos años. – Dijo ante el asombro de Elisa quien lo escuchaba sin poder creerlo. – Mi padre lo adoptó y lo cuidó mientras no pudo caminar, hasta que se volvió hombre, hasta el día de hoy la gente lo conoce como Tonny Stevens. – Dijo Tom mientras Elisa seguía asombrada por lo que su novio le decía.
-¿Tú lo supiste todo este tiempo? – Preguntó Elisa soltándose de las manos de su novio. Tom asintió. - ¿Por qué no me lo dijiste? – Levantó la voz sintiéndose ofendida por la acción de su novio.
-Por miedo a las represalias en contra de Anthony. – Dijo Albert quien se daba cuenta que Tom necesitaría ayuda con aquella joven.
-¿Pero represalias de quién? – Preguntó Elisa pecando de inocente, cuando cayó en cuenta que si su hermano estaba detenido no era precisamente solo por ser cómplice. –Neal. – Dijo respondiéndose ella misma. – Mis padres. – Dijo agachando la cabeza.
-La vida de Anthony acaba de ser de nuevo amenazada gracias a Neal y a Jack. – Dijo Albert observando como Elisa se tensó al escuchar el nombre de su atacante.
-¿Jack? – Preguntó tensa. - ¿Qué tiene que ver ese tipo con Anthony? – Preguntó dudosa.
-Elisa, Jack fue el que de alguna manera alertó a Neal de la existencia de Anthony. – Tom comenzó a relatar ahora esa parte de la historia a Elisa, quien se sentía cada vez más sorprendida de lo que había ocurrido a su alrededor y ella ni en cuenta de nada, el haber vivido siempre con banalidades la habían hecho hasta cierto punto ciega de lo que ocurría a su alrededor.
-¿Cómo se encuentra? – Preguntó de nuevo.
-Él está bien. – Dijo Albert. Tom se sentía tranquilo, la verdad que por haber estado preocupado por Elisa no había preguntado mucho por la salud de su hermano. – Candy lo está cuidando.
-¿Candy? –Preguntó Elisa, hasta cierto punto sintiendo envidia de ella una vez más. -¿Anthony es el prometido de Candy? – Preguntó al atar cabos acerca de lo que había dicho Tom, además Anthony era el único por el que Candy hubiera dejado a Terry, ella sabía bien que Candy había amado mucho a Anthony incluso más que ella misma.
-Así es Elisa, ellos pronto se casarán. – Dijo Albert. – Por cierto Tom, Anthony ya recuperó su nombre ante la Ley, a partir de ahora Anthony Brower ha vuelto a la vida. – Dijo con una sonrisa que fue compartida por Tom, sin embargo se tornó en una sonrisa triste al ver el rostro de Elisa.
-¿Dónde tengo que firmar para regresar su dinero? –Preguntó Elisa, que si bien ella no había trabajado ese dinero, ella era la "dueña" de aquella herencia según le había dicho su tía abuela.
-El dinero no es lo que busca Anthony. – Dijo Albert a su sobrina.
-Lo sé, él nunca fue interesado, sin embargo es un dinero que no me corresponde ni a mí, mucho menos a mi familia. – Dijo Elisa orgullosa, quería regresar aquel dinero aunque sabía que la gran mayoría de aquel se había esfumado en sus caprichos y las apuestas de su hermano.
-Si eso te hace sentir mejor, le diré a George que se encargue de ello. – Dijo Albert, despidiéndose de ambos para que ahora arreglaran su diferencias, era bien sabido que tenían que hablar, las cosas entre ellos parecían haber cambiado, Albert miró a Tom con un rostro como sintiendo que las cosas se hubieran presentado de esa manera. – Bueno yo me despido, el día de mañana es el juicio y aún tengo algunas cosas que arreglar. – Tom lo acompañó a la puerta y se despidió de la mano de él. – Lo siento mucho Tom. – Dijo palmeando su hombro.
-No te preocupes Albert, era algo que sabía podía ocurrir. – Dijo Tom son una sonrisa triste. Albert por fin se retiró y Tom se regresó sobre sus pasos hacia el interior de la habitación del hospital donde una pensativa Elisa seguía sumida en su mente. - ¿A dónde te llevo? – Le preguntó al verla con todo listo para abandonar el lugar. Elisa lo miró confundida.
-Creí que me llevarías contigo. – Dijo Elisa observándolo. -¿Te has arrepentido? – Preguntó nerviosa.
-Yo nunca me arrepiento de lo que digo. – Dijo seguro. - Sin embargo al ver tu actitud por lo de Anthony, me hizo imaginar que tal vez quieres que te lleve a casa de tu madre.
-¡No! – Dijo Elisa rápidamente. – Sabes bien lo que mi madre piensa de nosotros.
-¿Entonces te llevo a casa de tu tía Elroy? – Preguntó de nuevo.
-¿No quieres que me vaya a tu lado? – Preguntó con los ojos arrasados en lágrimas. Tom se acercó a ella con ternura acariciando sus mejillas para secar con mucho cuidado con sus labios las lágrimas que le recorrían su rostro.
-Sabes bien que lo que más quiero es tenerte a mi lado Elisa, sin embargo al ver tu reacción al saber que Tonny está con vida me hace pensar si realmente quieres estar a mi lado.
-¡Por supuesto que sí! –Dijo casi de inmediato. – No voy a negar que me sorprendió saberlo con vida, me alegra mucho y quiero verlo, lo quise mucho, digo, es mi primo y fue importante para mí, pero… - Dijo deteniéndose un poco para ver a los ojos a Tom.
-¿Pero? – Preguntó Tom mientras pasaba saliva con dificultad esperando lo que diría su aún novia.
-Pero él nunca me amó, el rechazo el compromiso ante la tía abuela y mis padres… además hace mucho tiempo de eso, mis sentimientos por él no son los mismos. –Dijo mirando al chico frente a ella. – Yo te amo a ti Tom, a pesar de lo que pienses. –Dijo ocultando su rostro en el pecho de él para buscar ese calor que le hacía falta en su vida, esa ternura de la cual careció en su infancia y ese cuidado que recibía sin pensarla como una niña inútil y desvalida. Tom acaricio sus cabellos con ternura, sintiendo una inmensa felicidad por sus palabras.
-¿Entonces a dónde te llevo? – Preguntó de nueva cuenta levantando su rostro para ver sus ojos, los cuales se iluminaban con aquel brillo tan especial que desprendían desde que se enteraron que estaban enamorados.
-Llévame a tu lado Tom. – Le dijo ofreciendo sus labios para que los tomara de una vez, fundiéndose en un apasionado beso que les robaba el aliento. - Aunque quiero ir al juicio de mi familia. - Dijo triste pero decidida a enfrentar esa situación.
-¿Estas segura hermosa? –Preguntó una vez que la liberó de aquellos apasionados besos. Elisa asintió.
-Mi madre me desconoció al saberme enamorada de ti, mi padre y mi hermano no sé qué tanto tiempo estén en prisión y la tía abuela, creo que ella estará de acuerdo con mi madre en que deshonré a la familia. – Dijo con una sonrisa de lado, y efectivamente la señora Elroy no permitiría que su sobrina se casara con un joven como aquel que estaba bajo su nivel, era lo mismo que pensaba de Candy, sin embargo lo toleraba un poco más porque mal que bien era la heredera de Albert.
-Entonces te llevaré a mi hogar… a nuestro hogar, y tan pronto pase todo esto nos casaremos por todas las leyes que nos faltan. – Le dijo besándola nuevamente para después tomar las maletas y salir de la habitación, dirigiéndola hacia un automóvil que había dispuesto Albert para ellos.
En la mansión de los Andrew en Lakewood una ansiosa Elroy se paseaba por todo el salón, vivía prácticamente sola, ya que Albert se la llevaba de arriba para abajo en los negocios de la familia, yendo y viniendo a Chicago, en el juicio, con lo de Anthony y lo de Elisa, que únicamente llegaba a dormir para salir muy temprano y seguir con sus obligaciones.
-¿Vas a salir nuevamente? – Le dijo a su sobrino cuando lo vio aparecer por las escaleras enfundado en su perfecto traje negro.
-Sabes que es mi obligación estar al tanto de los negocios de la familia. – Dijo Albert sin casi voltear a ver a su tía.
-Lo entiendo William pero por lo menos deberías considerar lo del juicio. – Decía la mujer mortificada.
-¿Quieres que el "accidente" de Anthony quede impune? – Preguntó ofendido.
-Gracias a Dios Anthony está vivo, dices que Elisa regresará la herencia, no es bueno que el honor de los Andrew esté en boca de todos. – Decía preocupada.
-Primero que nada, el honor de los Andrew estará en boca de todos si dejamos pasar algo como esto, cualquiera se sentirá en la libertad de hacer algo en contra nuestra sin temor a ser reprendidos. – Decía impaciente. – Además la herencia de Anthony fue despilfarrada por tú culpa, por haberla otorgado a los Leagan, no tenías derecho a ello.
-¡Son nuestra familia! - Decía ansiosa.
-¡Es tú familia! Para mí la familia no engaña, no roba, no lastima, la familia está unida, se ama, se cuida, se protege y eso, eso es lo que voy a hacer yo con ella. Anthony es mi sobrino, es como un hijo para mí, lo amo y se lo debo a mi hermana, ella me pidió protegerlo y no le voy a volver a fallar como tú lo hiciste. – Le dijo con reproche. Elroy lo veía con miedo, no era el mismo chico que había criado, si bien sabía que tenía razón el miedo al escándalo era algo que no podía dejar de escapar.
-¿Cómo está Anthony? – Preguntó dándose por vencida, sabía que Albert no daría su brazo a torcer, y estaba en todo su derecho, la ley estaba de su lado y ella lo sabía.
-¡Vaya! Hasta que preguntas por él. – Dijo con sarcasmo.
-Sabes que lo quiero mucho. - Se defendió la dama.
-Sé que lo quisiste mucho, sin embargo él tampoco hizo lo que tú querías hacer y eso es algo que aún no le perdonas. – Le dijo con reproche. Elroy bajó la mirada.
-¿Cuándo puedo verlo? –Preguntó tan fría como siempre.
-Sabes donde vive, él no tiene inconveniente de verte, solo sigue teniendo la misma condición… Que no menosprecies a Candy. – Dijo por último y salió de la mansión, Elroy lo miró quedándose pensativa en el interior de aquella enorme mansión.
Anthony se encontraba junto a sus primos en el salón de su rancho, estaban esperando a Candy para ir rumbo a Chicago y poder así presenciar el juicio que se llevaría a cabo en contra de los Leagan. Candy llegó vestida con un hermoso vestido, con su sobrero para cubrirse del sol y los ojos de su príncipe no podían escaparse de quedar prendado de su belleza, no tenía la menor duda que el amor que sentía por ella era inmenso.
-Bueno antes de que Anthony se quede encantado observando a la gatita será mejor que nos vayamos alistando. – Dijo Archie dirigiéndose al automóvil, siguiéndolo de inmediato Stear, mientras Anthony se dirigía hacia los brazos de su prometida, besando con un casto beso sus labios.
-Hola hermosa, ¿Cómo te sientes? –Preguntó Anthony quien había tenido un poco de dificultades con el desayuno de esa mañana, ya que las náuseas que había sentido le habían impedido desayunar como Dios manda.
-Bien. – Dijo Candy quien sabía que ella también era presa de esa nausea matutina. – Nada de qué preocuparse. – Dijo tímida cuidando que no se dieran cuenta sus primos, cuando él tocó su vientre con cariño.
De inmediato los cuatro jóvenes se subieron al automóvil mientras Jhon los veía acomodarse dentro de él.
-Volveremos en unos días Jhon, ¿Seguro que estarás bien? – Preguntó Anthony un poco culpable por dejar a su hermano solo a cargo de todo el movimiento del rancho, estaba seguro que podía y que lo ayudarían los empleados, sin embargo era su hermanito menor y eso lo hacía pensar que era aún pequeño para tanta responsabilidad aunque más de una vez había mostrado ser capaz y responsable.
-No te preocupes Tonny, estaremos bien. – Dijo Jhon con una sonrisa, sintiéndose feliz por ser la primera vez que se le daba la oportunidad de demostrar lo capaz que era.
Los cuatro Andrew emprendieron el camino rumbo a Chicago, Stear como siempre se colocaba al frente del volante y Archie la hacía de copiloto, mientras que Anthony y Candy viajaban en la parte de atrás. Candy se acomodaba en los brazos de su príncipe mientras él la recibía gustoso, le encantaba cuando se acurrucaba en sus brazos, le gustaba sentirla cerca de su corazón, mientras Candy se arrullaba con su latir.
-¿Creen que la tía abuela esté presente? – Preguntó Stear a los chicos.
-No lo creo Stear, según el tío Albert estaba molesta por toda esta situación. – Decía Anthony.
-La tía abuela siempre ha sido así, le preocupa más el buen nombre de los Andrew que el bienestar de los mismos. – Dijo Archie sintiéndose realmente ofendido por la situación que atravesaban y que aun así la tía abuela siguiera preocupándose por el que diría la sociedad.
-Ese fue otro motivo por el que no quería regresar. – Dijo Anthony muy pensativo, sus primos lo escuchaban atentos. – De chico siempre pensé en cambiar a los Andrew, hacer de las nuevas generaciones personas más nobles y preocupadas por los demás, sin embargo sabía que los más antiguos evitarían todas esas nuevas ideas y pensamientos.
-La tía abuela siempre ha sido defensora de las buenas costumbres, bueno de sus buenas costumbres porque no le importó regalar tus pertenencias a los Leagan. – Dijo Stear quien también siempre había estado de acuerdo con el proceder de la anciana.
-Ella siempre ha visto por el bienestar de los Leagan y siempre por encima de los nuestros. – Dijo Archie quien recordaba las más de una vez que la señora Elroy los había obligado a callar si eran capaces de objetar algo, tratándolos aún como niños que no sabían lo que querían.
-Eso es verdad. – Dijo Stear. – Y siempre me he preguntado el porqué de tanta consideración con ellos a pesar de lo mala cabeza que han sido. – Los tres chicos se quedaron pensativos, era verdad la tía abuela siempre les había soportado los berrinches a los Leagan y sobre todo a Sara quien era la que más déspota se comportaba con las personas y nunca había obtenido ninguna objeción por parte de la anciana, al contrario muchas veces la apoyaba en lo que hacía y hasta había actuado igual que ella.
-Tal vez realmente es su hija. – Dijo Archie muy serio, él siembre había pensado que debajo de las canas de la tía abuela el cabello de ella era muy similar al de la tía Sara y su forma de pensar y actuar era muy similar, tal vez el decir que era su hija adoptiva era solo una forma de ocultar algún embarazo no deseado.
-Yo también siempre he pensado eso. – Dijo Stear estando de acuerdo con su hermano.
-Tienen razón. – Dijo Anthony. – Cuando la tía abuela era joven se notaba más el parecido, ahora la verdad no sabría decirlo no he visto a ninguna de las dos en muchos años.
-¿Tú qué opinas Candy? – Preguntó Stear a la rubia quien no respondía a su pregunta, la había notado muy callada y eso era raro en ella.
-Candy está dormida Stear. – Dijo Anthony en respuesta.
-¿Dormida? ¡Vaya! Candy se la ha pasado últimamente más dormida que de costumbre. – Dijo Stear riendo mientras Archie lo acompañaba con su risa. Anthony los veía sonriendo también él sabía bien el motivo de ese repentino sueño que le entraba a su pecosa y lo hacía soñar despierto también, imaginándose cómo sería aquel angelito que crecía en el vientre de su tan amada pecosa.
-Debe seguir cansada por todos los días que me cuidó, les puedo asegurar que no dormía lo suficiente. – Dijo como excusa para sus primos.
Los cuatro muchachos siguieron en silencio todo el camino, pensando cada uno en sus vidas, sobre todo Anthony quien era el que se acercaba otra vez a nuevos cambios, volvería a ver a su tía Elroy, había recuperado su nombre, estaba esperando su primer hijo y pronto sería un hombre casado, la vida no siempre lo había tratado bien, sin embargo los últimos meses había recibido tanta felicidad por parte de su novia que tenía a la vez miedo de que pronto se esfumara como cuando su madre se había marchado. Volteó a ver a la maravillosa imagen que le proporcionaba el cuerpo de su prometida la veía dormir tan plácidamente y tan tranquilamente que no podía evitar sonreír de tan solo verla.
-Te amo hermosa, gracias por hacerme tan, pero tan feliz.
Continuará…
Hola señoras y señoritas bellas y hermosas, aquí me estoy aplicando con otro capítulo más para que se entretengan otro poquito más, espero les guste y sea de su agrado y si no por lo menos se entretengan? jejejee
Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes por tener la paciencia y la disposición de leer y hacer un comentario al respecto, me gusta leer los comentarios que me hacen y las ideas que aportan a mi mente inquieta jajaja, no creo poder complacer a todas, pero les prometo que me esforzaré por exprimir mi cerebro y traer otra historia de mi rubio favorito, o qué dicen? ahí le paro? la dejo en cuatro? las historias eh!? no mal piensen jajajaja bueno les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes, cuídense mucho y sobre todo protéjanse más...
Saludos y bendiciones para cada una de ustedes y sus familias!
