Pov. General

La nieve seguía cayendo en la ciudad de Suna, cubriendo con su manto blanco aquel escondite, donde el escuadrón de Shikamaru se encontraba realizando una estrategia para atrapar a Obito y recopilar información del paradero de Temari.

Ino estaba oculta encima del container, resguardada por un gran sauce que obstaculizaba la visión a los demás.

Colocó el bípode a su arma y ajustó la mira para una mejor precisión.

Las misiones en las cuales fue asignada la joven fueron catalogadas como las más exitosas y con un gran número de bajas gracias a su rifle.

Por otra parte, Konohamaru es el elegido en batallas a media y corta distancia, contando con sólo con su arma reglamentaria y su fuerza descomunal, siendo el mejor de su promoción en luchas cuerpo a cuerpo.

Shikamaru los eligió por sus habilidades y les confió su misión.

El momento había llegado y el tiempo se agotaba.

—¿Estás listo?—preguntó el jefe del grupo.

—Siempre.

—Haremos lo siguiente: Ambos entraremos por esa abertura del costado derecho. Si mis cálculos no fallan, ese camino nos llevará hacia ese depósito donde ocultan sus mercancías de contrabando.

—Hecho...

—Ino nos cubrirá desde ese punto hasta que lleguen los refuerzos. Nuestra misión es de exploración pero... —enfatizó—. Si por algún motivo, nos llegáramos a cruzar con Obito Uchiha o alguno de sus secuaces, no dudes en abrir fuego. Ante todo, nuestras vidas están en juego.

—No te preocupes por eso. Estoy preparado para esta misión y sé el riesgo que conlleva—respondió Konohamaru, atemorizado.

—Saldremos victoriosos, ya verás.

—Respecto a la muchacha...

—¿A Temari?

—Si. ¿Qué debo hacer?—creía que su deber era únicamente el Uchiha pero no olvidó lo que el moreno les comentó cuando viajaban hasta allí.

—Si la encontrás, ocupate de ella y me avisás de inmediato para socorrerlos.

—Está bien...—sonrió.

—Ok. Ya está todo aclarado.

El comunicador volvió a sonar.

—Soy Shizune... estamos a unos 2 kilómetros.

—Gracias por avisar. Comenzaremos el operativo.

—Ok Shikamaru. Nosotros en minutos estaremos allí.

—Bien. Nos vemos.

Al cortar la comunicación, guardó el radio y cubrió su rostro con el casco.

En sus manos llevaba el arma y en su cuerpo albergaba la adrenalina que lo impulsaba a arriesgarlo todo en el campo de batalla.

El sudor recorría sus mejillas y sus corazón latía a una velocidad increíblemente alta.

—Vamos Konohamaru—exclamó con fervor.

Ambos agentes ingresaron de forma sigilosa a la cueva de los lobos.

Pov. Shikamaru

El hedor que emanaba ese lugar era tan espantoso que ni las ratas vivirían allí.

Gracias a la infiltración de Sai, podemos recorrer el galpón con seguridad.

Tal como predije, el camino nos condujo hasta una habitación. La misma tenía la puerta entreabierta y apestaba a heces de perro.

Nos acercamos hasta allí y agudizamos nuestro oído. Al no haber sonidos que nos alertaran sobre alguna presencia en ese lugar, entramos a inspeccionar.

Al parecer, se trataba de una vieja oficina, ya que había un escritorio y un mueble de madera que era utilizado como archivero.

Estaba repleto de carpetas masticadas por las ratas.

La principal característica de ese lugar era que parecía un laberinto.

Una puerta conducía hacia otra habitación y todas estaban conectadas al salón principal.

Su arquitectura estaba pensada para huir rápidamente sin ser visto.

Konohamaru tomó la dirección derecha y se encargó de revisar los papeles.

Mientras tanto, observaba el ambiente. La humedad abarcaba las paredes que, alguna vez, fueron verdes.

—Son balances de hace 10 años. Están a nombre de Fugaku Uchiha.

Claro, pariente de Obito.

—¿Qué dicen?—exclamé.

—Son facturas de impuestos adeudados y otros son cheques en blanco, también hay facturas de envíos de mercadería. Pero no logro ver de qué tipo.

—Dejalas en el mismo lugar donde las encontraste. Seguiremos investigando.

El muchacho asintió y continuamos caminando, de forma sigilosa.

Al salir de esa oficina, decidimos tomar dos caminos distintos. Él se dirigió hacia la derecha.

Los caños de agua que estaban en mal estado, goteaban de tal manera que impedía oír con claridad.

La luz se iba atenuando cada vez más y no tuve otra opción que tomar la linterna.

El silencio y la soledad me envolvieron durante todo el trayecto hasta que un objeto que, al parecer, se había caído, despertó mi curiosidad.

Me dejé guiar por el eco y llegué hasta una habitación. No tenía puerta y ni siquiera estaba iluminada.

Encendí la linterna y mi hallazgo fue inefable.

Una mujer, pero no cualquiera. Era ni más ni menos que Temari.

Corrí tras ella y tomé su pulso. Sólo estaba dormida.

—Temari, mi amor... ¡Qué bueno que estés bien!—murmuraba mientras trataba de desatarle los nudos que amarraban sus muñecas.

La tenían atada a un caño de gas, inconsciente.

—Mi amor...por favor, necesito que me digas que seguís acá. No te das una idea de lo mucho que te extraño—estaba desesperado.

Había olvidado por completo mi secreto. El que mantuve tanto tiempo oculto para protegerla.

—Shika... Shika ¿Sos vos?—musitó.

—Si, mi amor por favor, te necesito a mi lado—al desatarla, tomé su rostro.

Ella abrió sus ojos y su mirada se detuvo en mi abdomen.

—¿Qué significa esto?—señaló mi bolsillo izquierdo.

Dirigí mi mirada hacia lo que ella me mostraba. Allí estaba bordado el escudo.

—Es lo que estás viendo. Trabajo para la policía—respondí, frustrado al pensar lo que vendría luego.

—Eso quiere decir que... —giró su cabeza, comenzó a llorar.

—No... no pienses eso—respondí desesperado, secando sus lágrimas.

—Me utilizaste. Todo lo que me decías eran mentiras. Ahora entiendo todo—el dolor por la revelación mostraba su indiferencia hacia mí.

—No Temari—me arrodillé frente a ella y la abracé—. No te niego que al principio, mi propósito era seducirte y sacarte información.

—Lo sabía... —trata de empujarme.

—Perdí la cabeza por vos... estuve a punto de abandonar mi misión para estar a tu lado. Aunque parezca utópico, deseo arrancarte de sus brazos y mantenerte a salvo.

Ella presionaba sus puños y contenía su ira.

—Yo te amo Temari. He sufrido mucho pensando en lo que ese psicópata era capaz de hacerte—acariciaba su cabello.

Sus maravillosas orbes aguamarinas se posaron en las mías, descargando el dolor que arrastró durante tanto tiempo.

—Yo... —sollozaba—. He implorado que me rescataras. Jamás imaginé que ese deseo se cumpliría.

—Estoy aquí, eso es lo que importa.

—Gracias... aunque no perdono tu mentira.

—Ahora, lo más importante es que te sostengas de mí. En breve llegarán los refuerzos y necesitás atención médica. De ese tema hablaremos con calma.

Asintió y se sujetó de mi brazo. Estaba un poco mareada pero ella no quería demostrar su debilidad.

Ambos salimos de allí y fuimos en busca de Konohamaru.

El camino se hacía demasiado largo y el silencio nos torturaba.

Hasta que un disparo nos paralizó.

Di media vuelta y allí lo vi.

—Vaya, vaya. Miren a quién me encuentro. ¡Qué agradable sorpresa,vecinito!—exclamó irónicamente.

—Temari, quedate detrás de mí.

—Si—se escondió tras una columna de cemento.

—Jamás imaginé que la tendrías secuestrada en este lugar inmundo...

—Es mi sitio favorito. Ah, mirá, te presento a Sai.

Mi gran amigo, estaba tan pálido y tembloroso.

Yo lo conocía y esa actitud jamás la tuvo ante nadie.

No dejaba de apuntarme.

—¡Qué bien! Noto tu cobardía a flor de piel y sos incapaz de enfrentarme.

—Hum... cobarde no soy. Precavido sí.

Simplemente juego una buena carta para asegurarme la victoria.

Con lentitud y seguridad, avanzaba hacia ellos para alborotar el ambiente.

Dirigí mi mano hacia mi revólver y otro disparo hacia el suelo, impidió que lo intentara.

—Sai, si cumplís con el encargo, podrás ser libre—gritó.

Mi amigo bajó su mirada y apuntó directamente a mi pecho.

—Dispará.

Su respiración era muy agitada.

—SAI, ¡¡DISPARÁ AHORA!!

Dudaba. Su identidad sería revelada inmediatamente si no era capaz de seguir sus órdenes.

—Eso no sucederá... —respondí.

Con un rápido movimiento, saqué mi arma y abrí fuego sin mediar palabras.

Sai despertó del shock y respondió de igual manera, evitando herirnos.

Corrí tras Temari y seguí vaciando el cartucho contra él.

Estaba en desventaja. El revólver que portaba Sai era bastante potente y sus balazos generan heridas tan profundas que provocarían un deceso inmediato a corta distancia.

—¿Estás bien?—preguntó Temari, luego de refugiarnos detrás de un gran archivero de metal.

—Si, cuando te diga, correrás hacia esa dirección—señalé la salida-. y huirás. Los refuerzos ya habrán llegado.

—¿Y vos?—su mirada mostraba preocupación.

—No te preocupes. Iré con vos apenas acabe con este asunto—Trataba de brindarle seguridad.

—Está bien.

En un rincón, divisé a Konohamaru que me hacía una seña para enfrentarlo.

Al fin y al cabo, éramos tres contra uno.

Contamos dos segundos y ambos salimos.

Sai quedó nuevamente petrificado.

—¿Qué mierda te pasa?—lo abofeteó.

Él lo miró a los ojos y exclamó:

—Estás arrestado—disparó, impactando en su pierna.

—Agg, maldita escoria—sujetaba su herida.

Cuando nos acercábamos a él, una bomba de gas nos dispersó.

Nuestro campo de visión se redujo notablemente y perdimos la ubicación de Obito.

Sai se acercó a nosotros y dijo:

—Este loco quería que te asesinara.

—Lo supuse. Ahora hay que ir a buscarlo. De la nada no saldrá esto...

Cuando estábamos por cruzar la barrera de humo, Temari sujetó mi mano y dijo:

—Iré con ustedes.

—No, es peligroso—temía por su vida.

—Shikamaru, dormí con él por años... quiero ayudarlos.

—No podés...

—Si puedo—le arrebató la pistola que guardaba Sai—. ¿Acaso dudás de mí?—remató.

—No te adelantes y sólo usala en caso de emergencia—musité.

Ella sonrió triunfante y siguió nuestros pasos.

Su motivación estaba al máximo. Su voz no flaqueaba y mucho menos su actitud.

Estaba orgulloso de ella, sabía que no estaba bien. No obstante, demostraba su fortaleza ante la situación...

Por eso la amo y admiro tanto...

Pov. Temari

Mi cuerpo no se encontraba en buena forma. Temblaba y apenas sentía mi sangre circular.

La droga que me inyectaron por tantos días, arrasó con mi estado físico.

Sin embargo, no quería convertirme en una carga. Alguien inútil que se escondería para siempre.

Estaba consternada. Jamás hubiera imaginado que Shikamaru fuera policía.

Pero él estaba arriesgando su vida para salvarme. Para no acabar igual que Rin, obteniendo mi preciada libertad y que viviera como una persona normal.

Por eso decidí estar a su lado, demostrarle mi valor y que no le tenía miedo a Obito.

Notaba que temía por mi vida pero, a su vez, estaba feliz de tenerme allí.

—Llegaron sus refuerzos—exclamó el muchacho que estaba con Obito.

Bufé. Estaba segura que sería Zetsu y la zorra de Konan.

Sin contar a los pandilleros, que seguro no dudarían en ayudarlo.

—Eso no importa. Estamos entrenados para este momento. Ahora que está acorralado, lo atraparemos—exclamó con seguridad y firmeza.

Se posicionaron ofensivamente y corrimos en busca de Obito.

Para ellos fue sencillo encontrarlo porque siguieron el rastro de su sangre.

—Estén atentos—alertó Shikamaru.

Las manchas nos guiaron hasta la sala principal, rodeados de columnas y enormes cajas de metal, semejantes a las que guardan tesoros.

—Temari, no te expongas—Colocó su antebrazo para que frenara mi paso.

—Sí, Shika.

Ellos desplegaron su posición, abarcando distintos ángulos.

Del lado derecho, Shikamaru y Sai tomaron la delantera.

Detrás, los cubría Konohamaru ante un posible ataque desde su punto ciego.

Parecía que estaba metida en una película de acción.

—Traidor de mierda—gritaba Obito, corriendo adolorido, abriendo fuego buscando su inmediata ejecución.

—¡Sai, cuidado!—exclamó Shikamaru, empujándolo de allí.

El impacto fue evadido exitosamente.

En mi escondite, observaba cada movimiento.

Obito estaba junto a tres hombres que no dejaban de disparar indiscriminadamente.

Shikamaru respondía de igual manera, hiriendo gravemente a varios de ellos.

Todo parecía un maldito empate. Los colegas de Shikamaru se encontraban con algunos impactos de balas en sus chalecos y Sai tenía uno en su brazo derecho.

Los tres se resguardaron tras una pared de cemento, realizando unos torniquetes para que no se desangrara.

Para colmo de males, Obito decidió salir de su escondite junto a sus pocos compañeros, buscando a Shikamaru.

—Dejá de huir. Maldita rata.

—No estoy huyendo—Salió detrás de la pared, apuntando directamente a su cabeza.

—¡Qué bueno que no sea así! Ay, lamento mucho esto, sé que estuviste viendo esta obra de teatro, mi querida Temari, llegó la hora de terminar con todo.

—No les hagas caso amor... quedate donde estas.

—Ay, qué tierno—ironizó.

Shikamaru destilaba rabia por sus poros.

—Yo también quiero terminar con esto.

—Bueno, te daré el gusto—remató.

El tiempo se detuvo por completo.

Veía las balas a velocidad lenta, yendo directamente a su cuerpo. No era ni una ni dos, VARIAS.

—¡¡¡NO!!! —grité con desesperación.

Sus compañeros vaciaron sus cartuchos en esos malditos tipos que lo habían acribillado.

Algunas de ellas, también impactaron en Obito.

Mi cuerpo se paralizó unos segundos.

Tal vez...

SI tal vez no nos hubiéramos conocido...

—¡¡¡SHIKAMARU!!! —corrí a él sin medir las consecuencias.

Él estaba tirado en el suelo, bañado en un mar de sangre que crecía a cada segundo. Rodeado de vidrios rotos de la ventana que se encontraba detrás suyo.

—No, mi amor, por favor—mis manos temblaban, abrí su chaleco y rompí su camisa.

El panorama era deplorable. El antibalas no pudo contener tantos impactos simultáneos y varios de ellos tocaron sus órganos vitales.

—Tem... Temari, por favor, perdoname. No fue mi intención engañarte...—musitaba.

—No tengo que hacerlo... sólo, no me dejes sola—mis ojos pedían llorar pero las lágrimas escaseaban.

Él sonrió y dijo:

—Sos lo mejor que me pasó en la vida. No olvidaré nunca los momentos que vivimos... sólo—se quejaba del dolor.

—Shh, no te esfuerces.

—Temari... te amo. No permitas que nadie diga lo contrario—colocó su mano en mi mejilla.

—Yo también te amo. Me... —la tristeza me impedía hablar con fluidez—. Me hubiera gustado conocerte antes, en otras circunstancias.

—Eso no importa... el destino es cruel—tosía con dificultad.

—Por favor Shika, no me dejes... te necesito—suplicaba y sostenía con fuerza sus manos.

—Estaré siempre... te amo—me acerqué a él y lo besé. Él también lloraba...

La hemorragia me lo arrebataba cada vez más rápido. Su palidez mostraba que el tiempo se acortaba...

Realmente dolía. El corazón sentía duras puntadas y mi rostro sentía el calor de la ira.

Él cerró sus ojos inmediatamente.

La mano que acariciaba mi mejilla, cayó intempestivamente al suelo.

La oscuridad se apoderó de mi ser y la agonía de verlo alejarse, aumentó mi furia.

—¡¡¡¡¡NO!!!!! —me arrojé sobre su pecho. No me importaba llenarme de sangre, no quería apartarme de Shikamaru.

Una risa macabra hizo eco en la escena.

Una de la cual jamás podría olvidar.

—¡Qué pena con el vecinito!—ese bastardo estaba vivo a pesar de los impactos en su cuerpo.

—NI SE TE OCURRA HABLAR OBITO—respiraba agitada, no apartaba la mirada de aquel hombre abatido.

—Temari, aceptalo. Si hubieras seguido a mi lado, él seguiría vivo.

Sus palabras cortaban sin piedad las capas de mi corazón.

Con el dolor a cuestas, me levanté del suelo y caminé hacia el ideólogo de la balacera.

—Ay me alegra tanto que quieras saludarme...

—CALLATE. ME DAS ASCO... —me agaché frente a él y continué—. Jamás hubiera pensado que fueras capaz de dañarme. Por un momento creí amarte, pero no fue así.

Obito se encontraba boca arriba en el suelo. No dejaba de reírse de mi desgracia.

Mi rostro estaba bañado en la sangre de Shikamaru y mi ropa estaba rasgada y manchada también.

Estaba perdida. Sus hombres estaban en pésimo estado y los únicos capaces de hablar éramos Obito y yo.

—AHORA QUE POR FIN SUPE EL SIGNIFICADO DEL AMOR, TUVO QUE SUCEDER ESTO. POR TU CULPA... —apreté mis puños-—. POR TU CULPA SHIKAMARU ESTÁ MUERTO.

—No me importa... —exclamó desinteresado.

—ME DI CUENTA... Y CREO QUE A NADIE LE IMPORTARÁ QUE MUERAS.

—No te atreverías... no sos capaz de... —no pudo continuar su frase.

Entre mis manos guardaba un trozo de la ventana que había estallado previamente.

Lo incrusté en su abdomen una y otra vez, descargándome la bronca sobre él.

—Esto es lo mínimo que puedo hacerte, maldita basura—estaba completamente cubierta de sangre.

Mis manos también sufrieron las consecuencias de portar esa peligrosa arma improvisada.

Pese a que lo apuñalé incontables veces, su sonrisa maquiavélica jamás se borró.

Estaba magullado. Sin embargo, quería asegurarme que no pudiera vivir bajo ninguna circunstancia.

Ya no tenía nada que perder, mis manos estaban sucias de su asquerosa sangre...

Finalmente, los refuerzos llegaron.

—Ya, no sigas. Está muerto—exclamó un oficial mientras me apartaba de Obito.

Quedé shockeada por varios minutos, sin poder emitir palabras.

Todo parecía haber acabado, incluso mi mundo al ver cómo tapaban el cuerpo de Shikamaru con una manta oscura.

La realidad era dura y me había golpeado sin avisar.

Meses después...

El cielo era gris.

O así fueron mis días desde que me abandonaste.

Se cumplían seis meses de tu desaparición física y no podía superarlo.

Estaba frente a tu lápida, en la cual estaba tallada la frase:

Nara, Shikamaru.

Oficial caído en cumplimiento del deber.

Apreciado por sus compañeros y amado por su familia.

Vivirás siempre en sus corazones.

No había un solo día en que no te visitara.

Quería compartir con vos, el motor de mi vida.

—Temari... —una voz conocida hizo que despertara de mis sueños.

Giré mi rostro.

—Sai... ¿Cómo estás? Ya estaba por irme.

—No te preocupes, yo estoy bien. No puedo opinar lo mismo de vos... en tu estado, no deberías frecuentar tanto este lugar.

—No puedo evitarlo. Simplemente... es una devolución mínima que puedo ofrecerle.

—El mejor recuerdo que tendrás de mi amigo está en tu vientre—lo acariciaba—. Por eso me preocupo. Lo conocí tanto que podría decirte qué pensaría él ahora.

—¿Qué sería?—miraba al suelo, cerré mis ojos recordando su rostro y su tono de voz.

—Que te cuides y vivas por él—se arrodilló frente a la tumba.

Me sentía tan contenta de hablar con su mejor amigo. Realmente podía ver la nostalgia en sus ojos aguados.

—Sai, necesito plantearte algo que me carcome la cabeza a diario.

Luego de colocarle las flores en su tumba, fijó su atención en mí.

—¿Qué sucede?

—Es que... quiero terminar con el trabajo que Shikamaru dejó inconcluso.

Tomó su barbilla y dijo:

—Pero Obito está muerto.

—Lo sé. Pero Konan y Zetsu están vivos... bueno, el tonto de Zetsu no lo sé pero la zorra esa sí. No quiero que su muerte haya sido en vano.

Por eso, frente a su tumba, quiero pedirte que hables de mí en la policía, quiero trabajar para ustedes.

—Pero...

—No importa que me lleven años de entrenamiento duro. Haré lo mejor que pueda... sólo quiero justicia.

Bajó su mirada hacia la lápida. Cerró sus ojos y suspiró.

—Temari, no sé si sea buena idea pero haré lo posible por apoyarte.

En ese momento, sentí una calidez que me abrazaba fuertemente. El espíritu del amor de Shikamaru estaba presente entre nosotros.

—Gracias Sai. Prometo no fallar—una lágrima recorría mi mejilla.

—A quien le debés la vida es a tu bebé.

—Si... lo sé.

Me aferraba a mi vientre. El único recuerdo de nuestro amor que no debió ser clandestino.

El trabajo y la pasión se cruzaron, trayendo consigo una vida.

Nuestro hijo se convertiría en el motivo por el cual viviría para recordarte, tu alma renacería en él.

Prometo amarlo con toda mi alma y cuidarlo de la maldad que abunda en este mundo.

Desde donde estés, quiero que lo observes a diario y lo protejas cuando yo no esté a su lado...

Gracias por no abandonarme, Shikamaru.

En algún rincón del cementerio, una mirada colmada de odio y venganza, fijó su objetivo en la mujer que llevaba en su vientre el hijo del oficial Nara.

Tomó su celular y marcó a su contacto de confianza.

—¡Qué bueno es oírte!

—Ya, escucha Nagato. Yo ya cumplí con el encargo. Obito está fuera del negocio.

—¿Cómo lo lograste?

—Está muerto.

—Esas son buenas noticias.

—Si. Hay un problema.

—¿Cuál?

—La que era su mujer. Ella conoce sus negocios. No nos conviene que siga entre los vivos...

—Si creés que esa es la mejor opción, te doy la libertad de actuar por tu cuenta, Konan.

—Así será...

Esbozó una sonrisa cargada de maldad. Sus intenciones eran oscuras y macabras.

Esta historia apenas acababa de comenzar...

Hola mis queridos lectores!!

Finalmente llegamos al último capítulo de esta historia!!

He llorado al escribirla y me ha dolido hacer esta elección. Me gustó la idea de dejar este final abierto.

Amé desarrollar esta obra y espero que la hayan disfrutado.

¡Agradezco todo el apoyo recibido!

¡¡NO SE PIERDAN LA SECUELA QUE SERÁ RESUBIDA MUY PRONTO "SABAKU NO SHIKADAI: EL LEGADO NARA"

Les mando un beso grande!!