Capitulo 46 – Elsa – Desafío peligroso.
Su amiga Weiss era de la clase de persona que siempre estaba preocupada de su figura y de su salud física y mental. Era de la clase de personas que asisten a yoga de vez en cuando y van regularmente a un gimnasio, incluso tenía un terapeuta de cabecera.
Ella por su parte, no solía ir a gimnasios, ya que no tenía tiempo para ir. Y las pocas veces que fue, resultó que una de aquellas, un tipo intentó conseguir una cita con ella, y cierta pelirroja se enfadó y buscó al susodicho con malas intenciones. Intenciones homicidas.
Que Weiss la invitara a un gimnasio un sábado en la mañana era algo realmente extraño, pero no la juzgó en lo absoluto, y en compañía parecía mucho mejor la idea de ir a ejercitarse un poco. Lo que si le pareció extraño es que le pidiese también a la pelirroja que asistiera. Eso si era preocupante. Algo malo le estaba pasando, estaba segura, pero si ella no hablaba, no era mucho lo que podía hacer para ayudar, así que como amiga lo menos que podía hacer era aceptar la invitación sin vacilar.
Se puso calzas deportivas y una camiseta y llevó un bolso con ropa. Realmente se sentía extraña al vestirse así luego de tanto tiempo. La pelirroja hizo lo mismo, poniéndose pantalones de deporte y una camiseta sin mangas. Le gustaba ver como se le notaban las pecas saliendo por sus hombros. También había pasado tiempo desde que veía a la chica con ropa de deporte, aunque fuese mucho más enérgica que ella, no era la clase de persona que iba al gimnasio de manera asidua, por el contrario, a veces decía que iba a ir y terminaba durmiendo hasta medio día.
Le gustaba entrenar, pero no encontraba ganas si es que debía ir sola. Era aburrido según ella.
El gimnasio asignado parecía sospechosamente vacío para la hora que era.
Se sorprendieron al encontrar a la pelinegra en la recepción, la cual tenía unos shorts y una sudadera roja. Tenía una mueca difícil de identificar en su rostro, casi como si les diese una disculpa, pero su rostro cambió drásticamente al saludar a la pelirroja, ocultando su expresión, cambiándola por una más alegre.
"Vengan por aquí."
Las guio por el lugar, y era fácil notar que estaba vacío. ¿Gracias a Weiss?
Había varias máquinas en el sector donde la menor las había guiado. La mayoría apuntaba hacía un vidrio, el cual mostraba un sector abierto y espacioso, sin nada en el. No tenía claro, pero al parecer era en esos lugares donde practicaban tenis a solas, aunque debía ser abrumador el tener la mirada de todos los que entrenaban en el sector de las maquinas.
Dio un salto cuando vio a la peliblanca en aquel espacio.
Tenía su cabello atado tras su cabeza, como aquel día con el disfraz de novia, dejando de lado la coleta asimétrica de siempre. Tenía una ropa similar a las tenistas, con una falda y camiseta. Por su respiración se notaba que había estado calentando.
Sus miradas conectaron por un segundo, y esta salió de aquel cuarto y se dirigió al sector de máquinas.
"Gracias por aceptar."
No supo que decirle apenas escuchó su voz. Algo malo le pasaba, estaba segura, pero no quería preguntarle y hacer que esta se cerrase, así que solo le sonrió. Vio como los ojos celestes fueron hacía su hermana y esta se sorprendió al tener la mirada de la heredera Schnee en ella. Era intimidante.
"Pero te necesito a ti."
Anna dio un salto, así como ella misma. Ambas sorprendidas por la declaracion.
Weiss estaba actuando realmente extraño.
Recogió un bolso del suelo, y empezó a abrirlo. Notó como sacó de ahí una especie de espada de bambú con el mango blanco. No sabía muy bien, pero parecía ser japonés. Sin dudarlo lo lanzó hacía la pelirroja, la cual lo tomó en el aire, aun con confusión en su rostro.
Weiss se quedó con otra igual, e hizo dos movimientos certeros con ella.
Anna aún estaba confundida, y bueno, ella misma también.
"Vas a ser mi contrincante. No te restrinjas en lo absoluto. ¿Oíste?"
"Espera, ¿Qué?"
Anna preguntó, sin recibir respuesta alguna, porque Weiss la tomó del codo, aunque por un segundo parecía que iba a jalarla de una de sus trenzas, pero se arrepintió. No hizo caso a sus réplicas y la llevo a la sala vacía. Podía verlas con claridad desde donde estaban, y aun no podía quitarse la impresión.
Sabía que Weiss había practicado esgrima, así como sabía que Anna había entrenado artes marciales las cuales incluían uso de espadas, lo que había llamado más la atención de la chica al inscribirse. ¿Pero pedirle una pelea tan de la nada? No había visto a Anna entrenar hace mucho, probablemente estaría oxidada, aunque tampoco sabía que tanta practica tenía Weiss.
Escuchó un suspiro a su lado, Ruby seguía ahí, mirándolas, su expresión un enigma, luego desvió la mirada para encontrarse con la suya.
"Nosotras corremos, ¿No?"
La vio levantar los hombros. Conocía a Ruby desde que conocía a Weiss, ya que cuando se empezaron a encontrar en reuniones, la pelinegra ya trabajaba para ella. Era extraño estar a solas con ella.
Le asintió, y se dirigieron a las caminadoras.
Las dos chicas al otro lado del cristal aun no comenzaban su encuentro, de algo estaban hablando, pero no podía saberlo. Le dio un vistazo a Ruby, la cual también miraba a ambas chicas con igual de expectación que ella.
"¿Por qué no entrenaste tú con ella?"
Le preguntó de la nada, a lo que la chica sonrió con algo de vergüenza.
"He tenido entrenamiento con infinidad de armamento, incluso puedo construir un arma por mi misma, convertir lo mas básico y simple en algo letal, pero solo he sostenido una espada en la mano una o dos veces, me mataría en un segundo."
Miró a la peliblanca, la cual se ponía en posición de ataque, su cuerpo mostrando elegancia y control.
Ella quiere un oponente que sea un desafío.
Podía notarlo por su mirada. Volteó a ver a la pelinegra una vez más, y se sorprendió al darse cuenta de que la chica ya la estaba observando. Plateados y azules. Sus ojos mostraban tanta expectación como consternación.
Algo malo pasaba.
"Weiss al parecer tuvo un problema con su padre, no me ha dicho nada. Tal vez esto la libere un poco."
Asintió. Podía notarlo. Estaba encontrando su propia manera de lidiar con toda esa presión, en vez de lanzarla hacía los que quería, tal y como solía hacer una y otra vez. No le gustaba hacer aquello, lo tenía claro, y se notaba que se esforzaba por cambiar. Por actuar diferente. Por ser alguien diferente.
Las voces no se escuchaban, pero el sonido del bambú al chocar entre sí retumbó como un eco, traspasando el cristal.
Habían hecho el primer movimiento, chocando sus armas.
Retrocedieron un centímetro, cambiando de táctica, moviendo la espada hacía otra dirección, pero con el mismo objetivo.
Chocaron entre si una vez más, ahora resonando más fuerte.
Weiss hizo un movimiento propio de la esgrima, a lo que Anna tuvo que lanzarse hacía un lado para no ser tocada por la punta de la espada. Se levantó de un salto, atacando de inmediato, pero nuevamente su ataque fue desviado en el aire, antes de poder impactar con el cuerpo ajeno.
Notó como Anna dijo algo, su ceño estaba fruncido, pero no sabía si estaba enfadada o era aquella expresión de concentración que tenía a menudo. Le gustaría que aquel vidrio desapareciera.
Pudo notar como Weiss puso una expresión de asombro, y su cuerpo parecía debilitarse.
Anna tenía mucha fuerza, mientras que lo de Weiss era técnica, ante todo.
Su defensa flaqueó, y Anna sonrió, dispuesta a atacar con todo.
En ese momento Weiss dio un salto hacia atrás, una voltereta muy rápida y perfecta, como si la hubiese practicado miles de veces para ese único momento. Escuchó un chillido de asombro y miró a Ruby, la cual tenía sus puños apretados frente a su pecho, se veía emocionada, atrapada en la pelea. Incluso había dejado de correr, de hecho, ya ninguna de las dos corría.
Era un encuentro digno de ser visto.
Weiss volvió a ponerse en posición, ahora a varios metros de la pelirroja.
Se notaba por su respiración, y con el subir y bajar de su pecho, que estaba empezando a agotarse. Miró a su hermana, la cual aún parecía tener energías, al menos la suficiente para seguir siendo un desafío para la heredera.
Weiss respiró lentamente, intentando volver a su centro, recuperar su concentración y la perfección de cada uno de sus movimientos. Su rostro se veía serio, pero podía notar la determinación danzar en sus ojos.
Pudo sentir como Anna desvió la mirada hacía donde ellas dos estaban, no entendió bien con qué razón, pero como una reacción en cadena, se vio en la obligación de volver a correr, haciendo que nada ocurría, o que no le estaba poniendo tanta atención, por el simple hecho de que no las quería interrumpir. Le causó gracia que la misma Ruby empezase a correr también.
La peliblanca aprovechó ese leve descuido y se acercó con rapidez, efectuando movimientos frontales, girando levemente su muñeca izquierda, provocando que la espada tuviese vaivenes muy rápidos y cambiantes. Anna se vio forzada a retroceder poco a poco, deteniendo la espada ajena de chocar con su pecho, sin embargo, sus propios movimientos se vieron reducidos y dificultosos ante el avance constante y rápido de la Schnee.
Lo notó en los ojos celestes.
Weiss no se iba a detener, aunque su rostro estuviese rojo, y su respiración se encontrase entrecortada.
Anna al parecer se había dado cuenta, pero al llegar al borde del salón, ya no tenía forma de contraatacar, ya que cuando lo intentó, Weiss logró desarmarla.
La espada de madera cayó a la distancia.
Fue una milésima de segundo, donde parecía que la peliblanca no se detendría en lo absoluto, aunque su contrincante hubiese perdido su arma. Y Anna lo notó justo a tiempo. Weiss realmente quería un desafío, y lo había encontrado. Ninguna se iba a detener, no importaba si tenían forma de atacar o no.
Encontrarían la manera.
La espada volvió a atacar, con un vaivén de arriba abajo. Anna se defendió del ataque con sus antebrazos en forma de cruz, impidiendo que el arma llegase a su cabeza. Su pie ya estaba chocando con la pared. Estaba acorralada. Weiss parecía sorprendida con la decisión de usar los brazos de Anna, en vez de simplemente huir.
Anna no huía, nunca.
Pudo notar aquella sonrisa en el rostro de la pelirroja, y se vio a si misma imitando aquella expresión.
Cambió la posición de sus manos, lo suficientemente rápido para tomar la espada desde la mitad y empezar a empujar, forzando a la peliblanca a retroceder. Llegaron al centro del salón, y se quedaron unos segundos inertes, mirándose.
Weiss estaba agotada, pero aún seguía notando esas ansias de seguir en su mirada.
Hizo un movimiento extraño y muy rápido, forzando a la pelirroja a que soltara el arma, y ya libre del agarre volvió a atacar. Anna apretó los puños, y no dudó de defenderse de los ataques con sus antebrazos. Quiso detenerla, ya que quedaría toda morada, pero no podía entrometerse, no ahora.
Fue cosa de un segundo.
Logró esquivar un zarpazo, y en vez de esperar a que volviese, usó uno de sus puños para golpear el arma. El movimiento desequilibró a Weiss, y solo le tomó un segundo golpe cercano a la empuñadura para que el movimiento brusco la forzara a soltar el arma, y así fue. No pudo mantener el agarre y la espada retumbó al caer al suelo.
¿Por qué Weiss no se rendía?
Seguía con esa expresión en su rostro, y no cambiaba, no importaba que apenas pudiese mantenerse en pie. Ruby ya estaba abajo de la máquina, esperando el momento para correr a socorrer a su novia que parecía fuera de sí.
Nunca había visto esa tenacidad en Weiss.
Algo realmente impactante debía ocurrir para que estuviese así.
La vio tomar posición nuevamente.
Los ojos turquesa la miraron con sorpresa, parecía no creer lo que veía. Parecía que Weiss caería por la simple acción de una brisa, pero no parecía flaquear en lo absoluto.
Weiss no iba a rendirse.
Hey, chicos. Quise subir capitulo porque ya me ponía triste no subir nada, y el pensar que alguien puede animarse al leer un poco me alivia. Espero estén bien y se estén cuidando, que a esta altura, es lo único que podemos hacer.
Sigan cuidándose y cuéntenme como están, que me alegra saber de ustedes.
Capitulo siguiente: Weiss – Contra ataque.
Nos leemos pronto.
