Capítulo 23
El viaje para llegar a las montañas tardaría alrededor de la mitad de un día. La Simbiosis Madre de Naruto se había transformado en una especie de nave flotante y estaba esperándoles fuera de su balcón. Naruto ayudó a subir a Hinata dentro de la nave de oro, luego subió a su lado después de tirar sus bolsas detrás de los asientos.
Hinata le preguntó por qué no podían simplemente cambiar a sus formas de dragón y volar por sí mismos.
Naruto gruñó que todos los varones capaces de cambiar los habrían seguido.
No tuvo que detallarle sus temores, la mirada oscura en su cara contaba más sobre la historia de lo que pasaría si lograban pillarles. Fueron hacia el sur, pero después de un corto período de tiempo Naruto viró hacia el oeste y luego hacia el norte, aumentando la velocidad. Quería asegurarse de que no serían seguidos.
—¿A dónde vamos?— preguntó Hinata mientras miraba con fascinación el paisaje por el que volaban.
—A nuestro refugio familiar en las montañas. Madre vive allí ahora. Nadie sabe dónde está, excepto por nuestra familia más inmediata.— respondió Naruto girando con una pequeña sonrisa. —Sabes una cosa, mi Simbiosis sabe a dónde vamos, mis manos están libres y tú hueles deliciosa. Ven, Elila, siéntate en mi regazo.
Hinata sacudió la cabeza.
—De ninguna manera. Es posible que a ti no te importe, pero a mí sí. ¡No hay manera de que vaya a hacer el amor contigo en esta Simbiosis!
—¿Por qué no?— preguntó Naruto con incredulidad.
— Naruto, está viva.— susurró Hinata.
Naruto se inclinó hacia delante y sonrió maliciosamente.
—Lo sé.— susurró de vuelta.
Hinata dejó escapar un pequeño jadeo cuando de repente aparecieron correas de oro alrededor de sus muñecas y tobillos. Su asiento se movió convirtiéndose en una especie de cama reclinable. Cuando Naruto se movió entre sus piernas, las correas que la sostenían por sus tobillos se movieron más separadas dando a Naruto más espacio y obligando a las piernas de Hinata a separarse más.
—¡Naruto!
Hinata quedó sin aliento cuando sintió las manos de Naruto alcanzar bajo el cambio de seda que llevaba puesto para agarrar las bragas que la costurera creó para ella. Con un gruñido, Naruto rasgó fuera la tela de sus bragas. Luego lanzó el material destruido a un lado mientras agarraba la parte superior de su camisa con ambas manos y la rasgaba por la mitad.
—No deberías usar ropa, especialmente los complementos por debajo de ellas. Se tarda demasiado tiempo en llegar a ti.
Hinata se arqueó cuando las correas que sostenían sus muñecas se movieron hacia arriba, obligándola a estirarse completamente delante de él. Naruto se levantó, pero solo lo suficiente como para tirar de su camisa por la cabeza y liberar el ceñidor que sostenía sus pantalones. Empujando los pantalones abajo para liberar su polla, se levantó sobre Hinata frotándose contra su húmedo clítoris.
Con un gemido, empujó la hinchada cabeza de su polla en la dulce vagina de Hinata viendo como desaparecía dentro de ella. Todo el cuerpo de Naruto se sacudió mientras se esforzaba por mantener cierto control sobre su deseo.
Quería tomar a Hinata fuerte y rápido pero, incluso más que su propio placer egoísta, también quería disfrutar de ella. Su mirada se desplazó hasta la cara de Hinata viendo como ella se sonrojaba y empujaba las restricciones en sus tobillos tratando de abrirlas aún más para él.
—Mírame, Hinata.— susurró Naruto. —Quiero ver tus ojos mientras te tomo.
Los ojos de Hinata se abrieron y quedaron atrapados por el brillo dorado de los de Naruto. Naruto empujó un poco más, viendo como los ojos de Hinata se hicieron más grandes con la fuerza del deseo.
—¡No!— gruñó Naruto cuando los ojos de Hinata comenzaron a cerrarse.
Se echó hacia atrás hasta que estuvo casi fuera de ella, ignorando su gemido.
—Abre tus ojos.
Hinata luchó por mantener los ojos abiertos cuando las olas de fuego comenzaron a construirse en su sangre. Podía sentir el calor de su dragón combinarse con sus propios deseos. Naruto empujó de nuevo, un poco más lejos esta vez.
Él gruñó algo a su Simbiosis y Hinata sintió que las correas en sus muñecas se contraían y se movían un poco más alto, mientras que las que estaban en sus tobillos se extendían, abriéndola aún más.
—Voy a follarte, Hinata. Durante las siguientes dos semanas eso es todo lo que vamos a hacer. De todos los modos y cualquier manera posible. Voy a follar tus pechos, tu boca, tu coño y tu culo. Voy a reclamarte como mía para que ningún otro macho dude jamás de que tú me perteneces.
Hinata gritó cuando Naruto tocó, golpeteó y saboreó cada parte de ella mientras le decía lo que iba a hacer. Cuando su mano se deslizó de vuelta hasta su estómago, descansó allí durante un momento.
—Pero sobre todo, Hinata, voy a sembrar mi semilla en tu vientre. Quiero que veas quien te ha reclamando, quien te adora y quién es el padre de tus hijos cuando eso suceda. ¿Me escuchaste?
Hinata miró a Naruto. Estaba increíblemente caliente y frustrada y todo lo que él estaba haciendo era provocarla y seguir hablando.
—Cierra la boca y fóllame, Naruto. O encontraré otro macho que lo haga.
Naruto gruñó por la amenaza de otro macho; enterrando su polla fuerte y rápidamente, empujó en la medida que podía. Sintió el clímax de Hinata ante la repentina penetración y lanzó un rugido de triunfo por su dominio sobre ella. Haciendo caso omiso de los gritos de Hinata, Naruto la montó, empujando más y más hasta que ya no pudo ir más allá.
Hinata llegó a su clímax una y otra vez, pidiendo a Naruto una y otra vez por más. Naruto sintió que su propia liberación se construía. Esperó hasta que estuvo sobre él antes de cambiar lo suficiente como para alargar los dientes.
Hinata se arqueó como ofreciendo su cuerpo en sacrificio y Naruto la mordió en el lateral de su pecho vertiendo su fuego de dragón dentro de ella.
La combinación del fuego de dragón en su sangre y el calor de su propio dragón causó una ola de deseo tan intensa que Hinata gritó de placer/dolor mientras ésta barría a través de ella encerrándola en un orgasmo alucinante que causó que su visión se desdibujara y le estuviera siendo difícil respirar.
El gemido de placer/dolor de Naruto le siguió mientras el cuerpo de Hinata se bloqueaba alrededor de su polla, de modo que sería imposible que él se retirara de ella, exprimiendo hasta la última gota de su semilla profundamente en su vientre.
Naruto pudo sentir el preciso momento en que su vientre se abrió y aceptó la nueva vida que le estaba ofreciendo. Los estremecimientos fluyeron sobre él mientras tiraba de Hinata más cerca, dando la orden a su Simbiosis de liberarla para que pudiera envolver sus brazos y piernas a su alrededor.
Se quedaron así conectados hasta que llegó el momento de descender.
Hinata se sonrojó de nuevo mientras recogía los desechos de material del suelo de la Simbiosis y los tiraba en la bolsa que Naruto estaba dándole. Él le sonrió en señal de triunfo cuando sacó una de sus camisas y se la lanzó a Hinata. Hinata le fulminó con la mirada, pero se la pasó por la cabeza.
—Si nos encontramos a alguien que me vea con este aspecto, ¡Juro que no voy a hablarte durante las próximas dos semanas!— dijo Hinata ferozmente mientras se ponía la camisa hacia abajo alrededor de sus caderas.
La sonrisa de Naruto se hizo más amplia.
—Mi plan es mantener tu hermosa boca demasiado ocupada como para estar teniendo cualquier conversación. A no ser, que sea hablando sucio para mí.
Hinata simplemente miró por encima del hombro tratando de evitar que Naruto viera su propia sonrisa tonta. ¡Maldita sea, era un amante increíble! Puede que no tuviera ninguna experiencia para comparar con él, pero sinceramente no podía imaginar cualquier hombre, humano o extraterrestre, que pudiera hacerla sentir tanto placer que ella prácticamente desaparecía.
Hinata se pasó los dedos por el pelo tratando de ponerse un poco presentable. Realmente esperaba que no se encontraran con la madre de Naruto antes de que tuviera la oportunidad de bañarse y vestirse adecuadamente. Parecía que había sido bien y verdaderamente amada.
¡Ella también lo sentía!
Tuvo que luchar con la Simbiosis Madre; luego, amenazó a su pequeño descendiente, que apareció alrededor de su cuello y muñecas, para NO tocar nada abajo donde estaba un poco dolorida. Sin embargo, esa maldita cosa no la había escuchado. Tan pronto como el asiento se formó bajo ella, pudo sentirlo moviéndose entre sus piernas.
Hinata gritó y narut tuvo el valor de reírse mientras le golpeaba por reírse de ella. Simplemente le dijo que era responsabilidad de la Simbiosis asegurarse de que estaba lista para lo que planeaba hacer con ella más tarde.
Después de todo, sólo había follado su coño y tenía muchos más lugares para follar antes de que pasaran sus dos semanas. Hinata se estremeció ante aquella idea.
¿En qué Tierra (en este caso, Bijuu) se había metido?
—¡Hinata! ¡Naruto! ¡Qué sorpresa!— exclamó Kushina, mientras caminaban por los escalones del lugar más bello que Hinata había visto nunca. — Hinata, por Bijuu, pero… ¿que llevas puesto? Naruto, ¿no puedes ni siquiera proveer a esta pobre niña con ropa decente?
Hinata le lanzó a Naruto una mirada asesina y tuvo que reprimir una sonrisa al ver sus mejillas volverse de un tono rojo apagado.
—Madre, Hinata tiene ropa decente y ¡no es una niña! Su vestimenta fue dañada de camino hacia aquí.
—Oh, querida, ¿cómo se dañó? Naruto, tú no tuviste nada que ver con eso, ¿verdad?— preguntó Kushina con un brillo en sus ojos.
Las mejillas de Naruto se volvieron aún más rojas ante la mirada de su madre y murmuró en voz baja que iba a llevar sus maletas a la habitación que estarían utilizando mientras estaban allí. Kushina se rió mientras observaba a su hijo mayor escabullirse.
—Venganza por todas las travesuras que hizo cuando era un niño. Juro, que era todo lo que podía hacer para no tirarme del pelo cuando esos muchachos estaban creciendo. Ahora, ¿qué tal una porción de delicioso refrigerio mientras trata de encontrar el valor para venir a rescatarte de mí?
Hinata se limitó a asentir con la cabeza mientras Kushina enroscaba su brazo con el de ella y seguía a la astuta mujer dentro de un gran vestíbulo de mármol.
Hinata metió la larga camisa de Naruto debajo de sus piernas mientras las doblaba debajo de ella. Era muy consciente de su falta de vestido y el hecho de que estaba segura de que parecía que acababa de hacer el amor.
Kushina no pareció notarlo mientras le entregaba a Hinata una humeante taza de té.
Kushina había guiado a Hinata a través de un gran vestíbulo hasta una habitación que daba a un impresionante y hermoso jardín. Ninguna puerta o ventana bloqueaba la vista.
El jardín estaba lleno de colores brillantes y una pequeña cascada caía en el fondo, desembocando en una gran cuenca. Hinata no había visto nunca nada tan hermoso en su vida, ni siquiera en su propia montaña.
—Es muy hermoso.— murmuró Hinata con asombro.
Kushina sonrió mientras se sentaba en su silla y tomó un sorbo de su bebida.
—Lo es. Me gusta estar aquí. Puedo pasar el día en los jardines trabajando con el suelo y nunca me canso de eso. Puedo sentir la vida en él.
Miró por debajo de sus pestañas a Hinata.
—Estás en tu primer celo.
Hinata se sonrojó.
—Así dice Naruto. No entiendo nada de esto.
Kushina se rió.
—Has tenido tu primera transformación.— dijo más como una afirmación que una pregunta. —Esto es algo muy inusual ya que tú no eres de nuestro mundo. Parece que las historias son ciertas.
—¿Historias?— dijo Naruto mientras entraba en la habitación.
Se acercó a donde estaba sentada Hinata y sin decir una palabra, la levantó como si no pesara más que una pequeña muñeca y la sentó sobre su regazo, ignorando su chillido de sorpresa. Envolvió un brazo alrededor de la cintura de Hinata asegurándose de que no podría moverse y utilizó la otra mano para guiar la bebida caliente que tenía en la mano hasta sus labios. Los ojos de Hinata brillaron con humor mientras le observaba tomar un sorbo.
—Eres muy malo.— susurró.
Kushina observó a su hijo mayor con una sonrisa satisfecha antes de responder.
—Sí, historias, leyendas, cuentos, profecía, lo que sea. Se dice que hace mucho tiempo el primer Rey viajó a un mundo lejano. El Rey descubrió un mundo primitivo donde había muchas personas. Durante su tiempo en este planeta fue recibido por un pueblo. Mientras era un invitado de este pueblo, se sintió atraído por una de las hembras, la hija del jefe. Estaba tan enamorado de ella, al igual que su dragón y su Simbiosis, que quería hacerla su Reina y regresó a nuestro mundo con ella. Su gente estaba horrorizada. Temían que la hembra le daría descendencia débil dado que era mucho más pequeña que ellos; y, porque como no era una verdadera Bijuu, nunca podría tener el poder de una verdadera pareja, la capacidad de transformarse y aparearse como un dragón y aceptar el poder de la Simbiosis. Se pensaba que esto debilitaría el linaje del Rey y traería la muerte y la destrucción al pueblo haciendo enfadar a los Dioses y las Diosas. Exigieron al Rey su sacrificio a esos Dioses y Diosas para mostrar su remordimiento. Cuando él se negó, la gente determinada a mostrar al Rey cuan débil era su compañera de fuera del mundo, la secuestró y la llevó a los altos acantilados, sobre donde ahora se encuentra la ciudad, para ofrecerla en sacrificio. El Rey, furioso por haber robado su compañera de él, voló para defenderla.
Hinata estaba agarrando el brazo de Naruto fuertemente, sus uñas clavándose en su carne mientras Kushina contaba su historia. Los ojos de Hinata se abrieron notando cómo esa historia sonaba muy parecida a la de ella y Naruto. Por supuesto, la gente no se ofreció a levantarla como un sacrificio, pero sí había sido secuestrada.
—¿Que le ocurrió a ella? ¿Fue capaz de salvarla el Rey?— preguntó Hinata sin aliento.
Los labios de Kushina se curvaron en una sonrisa.
—Los miembros del Consejo de Ancianos ya habían llevado a la compañera del Rey hasta los acantilados y para el momento en que llegó el Rey ya la habían arrojado al océano. El Rey, fuera de sí por el dolor, juró que nunca tomaría a otra hembra con él, y en su dolor, maldijo al pueblo de Bijuu. Sólo los que eran de sangre real o ya habían encontrado a su verdadera pareja serían capaces de dar el regalo de producir descendientes que fuesen aceptadas por las tres partes de sí mismos.
Una lágrima se deslizó por la mejilla de Hinata como si sintiera la terrible pena de perder a su compañero de verdad.
—¿Qué pasó con el Rey?— susurró Hinata.
Kushina sacudió la cabeza suavemente.
—No llores por el Rey, Abby. La historia no termina ahí. Se dice que el Rey, en su dolor cayó de rodillas pidiendo a los Dioses y Diosas poder unirse a su compañera en la muerte. Los Dioses y Diosas, quedaron tan conmovidos por el gran amor y la pena que el Rey sintió por alguien que ni siquiera era de su mundo, que se apiadaron de él. Se dieron cuenta de que no sólo era su dolor, sino también el dolor de su dragón y su Simbiosis lo que ahora estaba uniéndoles como una sola entidad. También habían sentido el dolor de la mujer cuando se ofreció a cambio de la seguridad de su compañero, rogándoles que le protegieran y perdonasen a su pueblo por su falta de comprensión de su amor por su Rey. Cuando el Rey se arrodilló, un gran dragón blanco apareció desde las olas de más abajo. A medida que aquel gran dragón aterrizó al lado del Rey, se transformó en la compañera del Rey ante el Rey y su pueblo. Los Dioses y las Diosas habían dado nacimiento a la transformación, el don del calor del fuego de un dragón para transformar a una compañera en una verdadera pareja, una aceptada por un guerrero Bijuu, su dragón y su Simbiosis dándole la fuerza y el poder de una verdadera Bijuu.
Hinata se sentó de nuevo en los brazos de Naruto tirando de su brazo más apretado alrededor de ella.
—Es igual que lo que me pasó a mí.— dijo Hinata en voz baja, con su cara suavizándose.
Naruto envolvió su otro brazo alrededor de Hinata para acercarla más. Su mirada se encontró con su madre sobre la cabeza de Hinata y él le dio una pequeña sonrisa en agradecimiento. Podía sentir la total aceptación de Hinata deél y de su mundo como una paz asentándose en torno a él.
Suavemente, Kushina devolvió la sonrisa a su hijo.
Desde que murió su propio compañero, esta fue la primera vez que sintió que había tomado la decisión correcta al no elegir unirse a él en la muerte. Podía sentir la nueva vida creciendo en el vientre de Hinata, incluso tan pequeña como era. Y supo que ahora sería necesaria durante los muchos más años que estaban por venir.
Continuará...
