Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a JAnnMcCole. Yo solo traduzco.
Capítulo diecinueve
"No diré que no llores, porque no todas las lágrimas son un mal." ~J.R.R. Tolkien
EDWARD
PASADO
Me golpeó tan fuerte que di una vuelta antes de tocar el suelo. Aturdido, me quedé allí por un momento antes de levantarme y quitarme el casco de boxeo.
—¡Hiciste trampa!
—Nop, tú solo apestas. —Se rio mi padre, lanzándome una botella de agua. Me quité los guantes rápidamente, desesperado por algo que calmara mi sed.
—Mi profesor dice que no digamos la palabra "apesta" porque ella sabe que somos más educados que eso.
—Ella dice que tú eres más educado, no yo, niño. —Puso los ojos en blanco antes de verter agua sobre su cabeza. Poniéndome de pie, lo seguí, vertiendo el agua helada por mi cuerpo. Temblé mientras el agua goteaba por mi rostro y hacia el suelo.
—Bueno eres más educado que yo —respondí, sacudiendo el agua de mi cabello—. Al menos deberías serlo… eres viejo.
Me frunció el ceño antes lanzar el guante hacia mi cabeza. Esquivándolo, sonreí.
—Regla sesenta y cuatro. Tu padre nunca es viejo y sería inteligente no anunciar que lo es. También recuerda la regla sesenta y siete; solo porque uno es viejo no quiere decir que sea sabio.
—¡No puedes inventar las reglas sobre la marcha! —le grité—. Dijiste que te las dio tu padre y su padre antes de él. Dijiste que era una tradición.
—Edward, tienes dieciocho, no te pegues a todo lo que digo, es molesto. Se supone que te tienes que olvidarte de eso —respondió mientras me ayudaba a bajar del ring.
—¿Por qué lo olvidaría? Te enfureces cuando tienes que repetir las cosas. —Fruncí el ceño y él suspiró, revolviendo mi cabello.
—Eres endemoniadamente serio, Edward. La vida es corta, rebélate un poco. Tienes salud, disfruta de la vida. Lee un comic, come porquerías, está bien hacer eso de vez en cuando —me dijo, presionando el botón del ascensor.
—El abuelo dice…
—El abuelo es un maldito y nadie puede hacerlo feliz. Sé quién eres. ¿Escuché que hay un baile escolar pronto? ¿A quién vas a llevar?
—A nadie. —Fruncí el ceño, inclinándome contra la pared del ascensor.
—¿Nadie?
—Sí, porque no iré. Sigo odiando la escuela, solo voy por ti.
—Vaya, gracias. —Sonrió—. E irás ir al baile.
—¿Por qué? —Gruñí, golpeándome la frente—. Los odio.
—Porque te pone incómodo y necesitas acostumbrarte a hacer cosas que te ponen incómodo.
Murmuré una grosería por lo bajo y él me miró.
—Está bien, iré, pero voy a ser miserable.
—Puedes agradecérmelo luego.
PRESENTE
—Edward, necesitas comer algo —me susurró Bella después de abordar el jet. No podía recordar los eventos que me trajeron hasta aquí. Eché un vistazo alrededor de la cabina, tratando de descifrar el tiempo que estuve afuera cuando vi algo de sopa y rodajas de pan frente a mí.
—No tengo hambre.
—Está bien. ¿Puedes alimentar a Ethan mientras reviso a tu madre? —preguntó con una botella y Ethan en sus brazos.
No quiero lidiar con esta mierda ahora mismo.
—Bella, no. No puedo…
Ella lo colocó en mis brazos y me dio la botella a pesar de mis protestas. Ethan me miró, esperando. Observé sus ojos… aquellos que eran un reflejo de los míos y me tensé.
—Papá —me dijo y tomé aire profundo antes de ajustarlo para su comida. Comenzó a succionar felizmente y lo observé. Lucía tan pacifico, feliz. Relajándome en mi silla, lo mantuve cerca de mi corazón. Tomé una rodaja de pan con una mano y comí con él. Bella volvió del cuarto privado del jet y se sentó frente a mí silenciosamente.
—¿Cómo está ella? —le pregunté, tomando otro bocado de pan. No habíamos hablado mucho y como era un cobarde, tenía miedo de enfrentarla.
—Durmiendo.
Asintiendo, miré por la ventana hacia el mar de nubes. Parte de mí quería creer que él estaba en el vuelo con nosotros, relajándose en una de las alas… pero para hacer eso, significaba que tendría que aceptar el hecho de que ya no estaba y me negaba a hacerlo.
PASADO
Me sentaba en la parte trasera del coche con mi papá mientras viajábamos por las calles oscuras de Chicago. Lo miré y él parecía calmado mientras terminaba su crucigrama. Cada pliegue de su traje era liso, su reloj brillaba en la luz mediocre y su cabello estaba peinado hacia atrás.
—Relájate —me dijo.
Frunciendo el ceño, me incliné en el asiento.
—Estoy relajado.
—Pareces nervioso.
—No estoy nervioso, tú eres el que está asesinando ese rompecabezas —respondí y me echó un vistazo, arqueando una ceja.
—Bueno, discúlpame, Sr. Sabelotodo, ¿por qué no lo arreglas tú? —Me lo tendió.
Tomando el bolígrafo y el periódico, sacudí mi cabeza al ver algunas de sus respuestas.
—Una palabra de diecisiete letras para un asesino silencioso es monóxido de carbono. Torre de ciento ocho pisos de once letras es Torre Willis. La respuesta cuatro es Fuente Buckingham, no Palacio, es por eso que no pudiste llenar el espacio…
—Presumido —murmuró, quitándome el periódico cuando nos detuvimos—. Muévete, ya llegamos.
Saliendo, acomodé mi cabello, tratando de mantenerlo lejos de mis ojos. Él se colocó su sombrero y tendió su maletín al chófer. Su rostro se puso serio de nuevo mientras me fulminaba con la mirada.
—Te prometí para tu cumpleaños número catorce que te mostraría lo que hago. No puedes apartar tu mirada. Te pararás allí y me harás sentir orgulloso o no desperdiciaré más tiempo contigo, ¿está claro?
—Sí —dije y entrecerró sus ojos—. Quiero decir, sí, señor.
Asintió y comenzó a caminar hacia un bar que tenía luces de neón verdes sobre la entrada. El lugar se quedó en silencio y todos se apartaban de su camino mientras avanzaba. Algunos incluso se salían de sus asientos y se movían hacia un rincón lejos del bar mientras nos dirigíamos hacia el fondo. Otros asentían en respeto. Siempre supe que mi padre era respetado y había entendido que las cosas que él hacía no eran siempre buenas. Pero es el negocio familiar. Si demostraba mi valor, dijo que haría cosas increíbles y quería eso. Quería que la gente me respetara, que me temiera, que se pararan cuando entraba a una habitación.
Cuando llegamos al sótano, había un hombre, había un hombre, lleno de sudor y sangre, atado a una silla en el medio del cuarto. Los hombres a su alrededor dieron un paso hacia atrás cuando vieron a mi padre. Él se quitó su sombrero y se lo dio a uno de ellos antes de hacer lo mismo con su chaqueta. Se pasó un tiempo arremangándose la camisa y sabía que le gustaba esto.
—¿Así que eres un policía, O'Neil? —preguntó finalmente—. Usualmente te golpeamos un poco antes de meter una bala en tu cerebro. Realmente odio desperdiciar tiempo con la mugre. Pero hoy es el cumpleaños de mi hijo y antes de ir a cazar mañana, me gustaría darle un probado.
Uno de sus hombres le dio un arco y unas flechas, las cuales mi padre probó las puntas antes de caminar hacia un lado del sótano. O'Neil fue llevado hacia el otro y colocaron una botella de cerveza sobre su cabeza.
—Edward, párate frente a él.
¿Qué?
Mi boca se abrió, pero no discutí. Di un paso frente a él.
—Daté la vuelta y míralo —indicó e hice lo que me dijeron. Ni bien me quedé quieto, una flecha pasó cerca de mi oído y aterrizó en el hombro del hombre. Me quedé tan quieto como me era posible mientras papá lanzaba otra, y otra y otra, golpeando en diferentes lugares del cuerpo.
—La última es tuya, hijo —me dijo y me di vuelta para que me tendiera el arco. Lo tomé lentamente y levanté la mirada hacia él—. Se me acabaron las flechas, así que tendrás que quitarle una, así como lo haces cuando salimos a cazar ciervos.
No quería ni acercarme al hombre que se desangraba, pero no decepcionaría a mi padre. Caminé hacia O'Neil, tomé la flecha que estaba en su brazo y la quité atravesándola por completo. El hombre gritó y chilló, pero lo que me molestó más era el hecho que se estaba moviendo.
—Muévete si quieres, pero solo dolerá más —le dije antes de hacer lo mismo con las demás y volver hacia donde estaba mi padre.
—Baja el codo —me dijo mientras me posicionaba—. Tira hacia atrás suavemente y déjala volar.
Y lo hice, pero le dio en el muslo, la siguiente en el brazo, y la otra en su estómago.
—Detente —dijo papá, tomando el arco y la flecha—. Me estoy cansando de esto, al menos le diste.
Con eso, tomó las tres flechas restantes y lanzó dos en los ojos de O'Neil y la última en su corazón antes de darse vuelta para mirarme.
—Aún necesitas práctica —anunció y se dio vuelta para hablar con sus hombres. Observé mientras ellos sacaban al hombre de la silla y lo dejaban tirado en el suelo. La sangre que salía de él parecía lentamente acercarse a mí.
—Edward.
—¿Sí, padre? —Mi cabeza giró hacia él. Se lavó las manos y acomodó sus mangas antes de colocarse su chaqueta y su sombrero.
—Vamos a casa.
—¿Qué pasa con el policía ahora?
Con sus labios fruncidos, me observó.
—¿Qué quieres decir "qué pasa con él"?
—¿Qué haces con su cuerpo? No puedes lanzarlo a un lago… ¿o sí?
—Eso depende. —Él y sus hombres se rieron y colocó una mano sobre mi hombro, dirigiéndome de vuelta hacia el bar.
Esperé hasta que los dos estuvimos sentados antes de volverme hacia él.
—¿Depende de qué?
—De lo que el equipo de limpieza decida hacer con su cuerpo. Una cosa que siempre necesitarás es una buena limpieza. El gasto monetario no debe ser un problema, inspecciónalos personalmente. Asegúrate que todos los cercanos a ti no se involucren con el producto que provees. ¿Lo entiendes?
Asentí, echándome hacia atrás y recordando algo importante.
—¿Realmente vamos de campamento mañana?
—Síp, quizás podamos conseguir que tu madre no te ahogue en repelente de nuevo. —Rio.
—No estaría muy seguro.
PRESENTE
EDWARD
—¿Edward? ¿Edward? —susurró Bella. Abrí los ojos y la encontré sobre mí, sonriendo. Amaba despertarme escuchando su voz. Estirando una mano, acaricié un costado de su rostro.
—Hola, tú.
Ella me dio una sonrisa triste y tocó mi mejilla.
—Hemos aterrizado, tenemos que irnos.
Hice una pausa y todo volvió a mí. Tuve un momento de alivio, pensé que era una pesadilla, pero era real… y dolió aún más.
—Lo sé —susurró Bella como si pudiera leerme la mente—. Lo sé, pero necesitamos bajar del avión, Edward.
Asintiendo, me levanté antes de tomar mi chaqueta y mi bolso. Noté a Jinx sosteniendo a Ethan y, por alguna razón, me molestó. Quitándole a mi hijo de sus brazos, giré y salí del jet sin articular una palabra. Salí para ver a Jasper y Alice abrazando a mi madre, quien por primera vez en toda mi vida estaba usando una camiseta y un jogging. Lucía como una indigente. Mirarla hacía que mi corazón doliera y que mi sangre hirviera.
Alice ayudó a mi madre subir al coche antes de hacerlo ella, dejando a Jasper, Emmett y a mí solos. Ethan golpeó mi rostro como si recordándome de su presencia, antes que Bella venga y lo tomara. Parte de mí no quería dejarlo ir, pero sabía que era mejor si mis hermanos y yo teníamos esta conversación solos.
Jasper tomó aire profundo al igual que yo mientras observábamos a Jacob, Kain y Jinx retirar a nuestro padre del jet. Mi padre ahora era cargo. No estaba seguro de cómo Bella logró hacerlo, a quién tuvo que sobornar o amenazar, pero su cuerpo ya no estaba en la morgue sino en nuestro jet sin problemas. Pero, de nuevo, no me importaba.
Jasper sacudió su cabeza.
—Esto es una mierda.
—Jasper… —comenzó Emmett.
—No. Esta es la culpa de tu puta esposa. ¡¿Cómo diablos sabes que ella no fue la que le dijo?! Te hemos estado diciendo por años que ella era una porquería y estabas cegado por su jodido coño…
—¡Vete al diablo! ¡No sabes nada! Maldito…
—Suficiente —espeté—. Hay un solo hombre responsable de esto y conseguiremos nuestra venganza. Hasta entonces, no arruinen los últimos momentos de papá antes de enterrarlo actuando como si tuvieran cinco años porque no lo permitiré. Los mataré a los dos antes de permitir que lo arruinen —dije antes de caminar hacia el coche donde estaba mi madre. Iría con Bella, pero necesitaba un momento con mi ma. Cuando entré, ella se encontraba acurrucada y durmiendo de nuevo.
BELLA
Llevé mi atención hacia Jacob mientras lo ponía al tanto y me subía al coche. Sentándome, coloqué a Ethan en su silla y lo tapé con una manta. Jacob se sentó al frente y Jinx tomó el asiento del pasajero.
—Seth está vivo y estoy recibiendo novedades. Tuvieron que amputarle su pierna izquierda —le dije y él asintió—. Te necesito concentrado y aquí, Jacob.
—Por supuesto, señora. ¿Qué necesita? —preguntó.
—¿La familia ha sido notificada?
—Sí, las noticias se difundieron y las familias ya están dejando regalos y flores en el portón —respondió mientras buscaba entre las fotos en su teléfono.
—¿Qué hay de la prensa?
—Todos están concentrados en los nuevos terroristas RSCMSA. De hecho, dicen que el grupo es responsable del tiroteo —respondió Jinx y observé la parte trasera de su cabeza.
—¿Cuántas personas saben sobre RSCMSA? —La única forma de que esto funcionara era si pocas personas sabían lo que realmente ocurría.
—La familia, la agente, Kain, Seth, Jinx y yo —respondió Jacob, frenando en un semáforo.
Rosalie estaba muerta, la agente estaría muerta pronto. La familia estaba detrás nuestro, lo que solo dejaba a ellos cuatro.
—Que se mantenga así. Asegúrate de cubrir todo si alguien comienza a especular. ¿Está claro?
—Sí, señora —respondieron los dos.
—Pedí detalles del funeral, ¿dónde es? —Jinx me tendió una tableta, permitiendo echar un vistazo lo más rápido posible.
—Nada de rosas rojas, a Esme le gusta las blancas con amarillo en el centro, lo que significa que a Carlisle también le gustaban. El memorial no será en la mansión. Lo haremos cerca del río Illinois, creo que se llama LaRue Pine. Podemos hacerlo cerca de los acantilados, lo que les hará recordar a aquellos en Irlanda. Pon mesas, sillas, y un bar para al menos doscientas personas. Quiero una gran protección en los árboles y debajo también. ¿Dónde encontraste esta empresa de catering?
—Alice me la dio cuando pregunté —respondió Jacob.
—Está bien, servirá, pero haz que me envíen una muestra esta noche. Si sabe a mierda, será tu cabeza la que ruede.
—Sí, señora. —Asintió.
Inhalé profundo antes de echarme sobre el asiento, observando a Ethan balbucear y reír mientras intentaba golpear la ventana.
—¿Señora?
—¿Jinx?
—¿Deberíamos preocuparnos por Rosalie? —preguntó, recordándome que nadie sabía lo que había pasado.
—Ella ya no es un problema. —Cuando todos se habían ido a dormir, me encargué de ella. Me llevó cuatro horas cubrir todo el lugar de plástico y otras cuatro cortarla en pedazos antes de ir hacia el criadero de cerdos a dos horas de distancia. Me quedé y miré cómo se la comían. No volveré a comer cerdo en un largo tiempo. Me aseguré que no hubiera nada de ella antes de volver finalmente a casa. Para cuando lo hice, todos estaban levantados, pero nadie pareció querer salir de la cama. Meter a todos en el jet tomó más trabajo que deshacerse de los restos de Rosalie. Afortunadamente, fui capaz de dormir una hora.
EDWARD
PASADO
—Papá, no me quiero casar con ella —le dije, entrando en su oficina.
—Eso es desafortunado, porque lo harás algún día —respondió, sin molestarse en levantar su mirada del escritorio.
Murmurando algo por lo bajo, me dirigí hacia su sillón y me lancé sobre este.
—Baja los pies, no voy a ser gritado por tu madre otra vez por arruinar sus muebles.
Gruñí, golpeándome el rostro.
—Papá, de eso es lo que hablo. Eres tan gobernado.
—¿Gobernado? ¿Estabas escuchando detrás de nuestra puerta de nuevo?
—¡Agh, papá! —Quería vomitar y él solo estaba allí, riéndose de mí—. Esa imagen ahora se quedará en mi cabeza para siempre. ¡Me estás asustando!
—Tú sacaste el tema. ¿Cuándo volverás a la escuela? —Se rio de mí antes de abrochar lo que sea en lo que estaba trabajando.
—¿Intentas deshacerte de mí? —Me estiré para mirarlo.
—Sí, así puedo volver a ser gobernado.
—¡El chiste está muerto! Detente. ¿Podemos concentrarnos en mí por un momento?
—¡Tienes dieciocho, pensé que era cuando debería dejar de concentrarme en ti!
Lo fulminé con la mirada, sentándome y esperando.
—Silencio, al fin. Pensé que jamás descansaríamos contigo de vuelta en la casa. —Sonrió engreídamente.
—No me voy a casar con ella. No necesito una niñera una vez que estires la pata…
—¿Quién dijo algo sobre una maldita pata? —espetó. Odiaba cuando bromeaba con que se volvía viejo. Una vez, señalé sus canas y me lanzó un vaso por la cabeza.
Se tensó antes de darme su atención.
—¿Estás por mandarme a matar, hijo?
Poniendo los ojos en blanco, me puse de pie.
—Sí, claro, viejo, eso es lo que planeo. Pero sabes que vas a morir algún día, ¿cierto? Todos lo hacemos.
—Yo no, hice un trato. —Rio.
—¿Con quién? ¿Con Dios o con el diablo? —Sonreí, dirigiéndome hacia su brandy.
—No te atrevas, tu madre casi me asesinó cuando se enteró de que te dejo tomar.
—Ella salió con la nueva novia de Emmett, Rosalie Hale —le dije, esperando a que lo pensara por un momento antes de asentir. Le serví un trago también.
—¿Qué piensas de ella? —me preguntó.
—Ella es… hermosa. De una forma manufacturada.
Ahora, él puso los ojos en blanco.
—Ve más allá de eso, Edward. ¿Qué piensas realmente de ella?
Solo cenamos unas pocas veces con ella, pero no estaba seguro.
—Ella habla mucho y le gusta la cámara. Creo que tiene potencial para ser dependiente. No es estúpida, pero tampoco muy brillante. Dentro de todo, no puedo confiar en ella hasta que la conozca más. Ella parece hacer feliz a Emmett, pero, de nuevo, ¿acaso eso no lo puede hacer un cachorro?
—Oye. —Me frunció el ceño.
—¿Qué?
—Él es tu hermano mayor, respétalo.
—Es más fácil decirlo que hacerlo.
—De acuerdo, si no quieres casarte con Isabella Swan, entonces puedes casarte con la Srta. Hale.
—¡Eso es como preguntarme si quiero ser arrollado por un tren ahora o luego! No quiero casarme hasta después de asumir mi cargo. No debería ser una clausula para que me convierta en Ceann Na Conairte. —Él tenía todas estas reglas. Me obligaba a aprender todo, pero aun así me trataba como un niño.
—Swan o Hale —anunció como si estuviera aburrido.
—Yo…
—No volveré a preguntártelo. ¿Swan o Hale?
—De acuerdo, Swan. Esperaré al tren. Quizás pueda pensar en una forma de deshacerme de este contrato. Quiero decir, ¿una italiana?
—Al menos tendrás buena comida —respondió.
—Tenemos chefs para eso. ¿Qué miras? —Me acerqué para ver un mapa en su escritorio.
—Oh, ¿puedes aguantarte tu charla de chicas por un momento?
Maldito.
PRESENTE
Estaba de pie en el balcón, observando la luna con una botella de brandy en mis manos. Bebiendo directamente de esta, me estremecí cuando sus brazos me envolvieron. No dije nada, solo disfruté de su calor y su presencia. Me sentía tan frío y nada podía darme calor como ella. Beber ayudaba, las lágrimas ardían, pero ella y Ethan eran la clave.
—Sé que tengo que ser más fuerte, un líder —susurré antes de sacudir mi cabeza—. Pero, yo…
—Lo tengo, Edward. Todo estará arreglado para mañana, solo tienes que asistir.
Sacudiendo mi cabeza, me giré para mirarla.
—Necesito que me des el discurso.
—¿El discurso? —Su rostro se arrugó por un momento mientras pensaba en mi pedido.
Bajando la mirada, tragué e intenté formar las palabras.
—Mañana, necesito ser el líder de esta familia. No puedo llorar, no puedo ser nada más que fuerte y ahora mismo, no puedo ni respirar. Así que necesito que hagas lo que siempre haces y me digas la verdad. Tú arremetes contra las personas y pones todo sobre la mesa. Necesito eso. Necesito saber cómo funcionaste después que Charlie murió. Lloraste por solo una noche y al siguiente lo usaste como carnada. Y te conozco, lo amaste y no eres tan fría como quieres que la gente crea. Sentiste el dolor. Necesito que me hables porque aparentemente no puedo hablar por mí mismo.
Ella secó las esquinas de sus ojos y tomó aire profundo antes de dar un paso hacia atrás.
—Tienes esta noche —dijo estoicamente—. Eso es todo; una noche. Puedes llorar, puedes gritas, puedes maldecir a Dios. Pero cuando el sol salga, necesitas controlarte, Edward, porque ese es el precio de ser el jefe. No puedes llorar con ellos. No podemos quedarnos en la cama todo el día, no podemos preocuparnos por un "quizás" o un "pero". Carlisle está muerto. No volverá, y ni tú ni yo tenemos el poder para cambiar eso. Te despertarás y por un momento olvidarás que él ya no está, y justo cuando estás por sonreír, lo notarás. Escucharás una canción o comerás su comida favorita, beberás su vino preferido, irás a su lugar favorito y el dolor te inundará, pero tendrás que lidiar con ello. Tenemos que hacerlo; vamos a contener a esta familia porque sin nosotros, todos se cae. Todo por lo que él trabajó; por lo que él dio su vida, no tendrá sentido y si eso pasa, entonces Carlisle murió por nada. Esa bala fue su último regalo para ti y no tienes derecho a desperdiciarla. Nos doblamos, pero no nos quebramos, y cuando volvemos a nuestro lugar, alguien sufrirá. Mañana, nos aseguraremos que quede claro que no estamos rotos…
Cuando terminó, la traje hacia mí, permitiendo que la botella caiga y se rompa. Besándola, la tomé de los muslos, permitiéndole que sepa lo mucho que la amaba. Ya había llorado en la morgue y maldije a todas las deidades. Ahora mismo, solo quería hacerla gritar y que yo olvidara por un tiempo.
PASADO
Sostuve su mano, tratando de meterla en mi cuarto mientras ella reía intensamente. Los dos estábamos algo borrachos, pero ¿a quién le importaba? Era mi última noche de libertad, de todas maneras. Justo cuando llegamos a mi cuarto, lo vi acercarse y girar una esquina. Levantó la vista de su libro, observándonos.
—Atrapados. —Rio Tanya.
—Entra. —Le guiñé un ojo y ella sonrió antes de hacer como le dije. Volviendo hacia mi padre, vi cómo seguía su camino hasta detenerse a mi lado.
—¿Cuánto te importa ella? —Su tono monótono llegó a mí mientras pasaba una hoja de su libro.
—Papá…
Él me fulminó con la mirada, interrumpiéndome.
—Mira, es mi última noche antes de conocer a Isabella. Me gustaría divertirme un poco, si no te molesta. No es serio. Lo juro, ni bien firme mi contrato, mi lealtad será hacia ella y esta familia.
—Esta familia ya debería tener tu completa lealtad —contestó.
—Sabes lo que quiero decir. —O al menos, eso esperaba. Sé lo que estaba pasando por su cabeza.
—Será mejor que no quede embarazada o la mataré yo mismo. —Es todo lo que dijo antes de continuar por el pasillo.
Intentaba arruinar mi humor.
BELLA
Envuelta en sus brazos, lo escuché respirar mientras jugaba con mi cabello y mi mano. El sol lentamente comenzaba a aparecer en nuestro cuarto, pero seguíamos quietos, ignorando la evidencia de un nuevo día. Tristemente, no podíamos detener nuestra alarma. Tomó aire profundo y se sentó, pasando sus manos por su cabello antes de estirarse por un momento y girar hacia mí.
—¿Rosalie?
—Muerta. Emmett la mató. Me encargué de ella y cubrí todo.
—¿El funeral?
—Es a las once de la mañana y el memorial va a ser cerca del Río Illinois en LaRue Pine. Todo está arreglado ya.
—Quiero usar una…
—¿Fedora?
Me miró extrañamente, pero asintió.
—Sí.
Sentándome, salí de la cama sin molestarme con una sábana mientras caminaba hacia su armario.
—Hice que Jacob fuera a conseguir algunas, junto con unos trajes a juego.
Había cinco atuendos diferentes que había arreglado para él, todos ellos con un fedora a juego.
Lo sentí acercarse detrás de mí, envolviendo sus brazos a mi alrededor y llevándome hacia su pecho.
—Elije cualquiera que te guste, por supuesto. También hice que traigan algunos para Emmett y Jasper. Tengo vestidos para Esme y Alice también. El desayuno será…
—¿Hiciste todo esto? —susurró, besando mi hombro.
Sonreí, volviéndome hacia él.
—Me gusta hacer planes.
—Eres un robot. —Rio y extrañaba ese sonido—. Una robot sexy y loca, pero un robot.
—Iré a vestirme. —Sonreí, pero él se aferró a mi cintura.
—Gracias, esposa. —Besó mi frente.
—No necesitas agradecerme. Esto es lo que hacen las familias, ¿no?
Él sonrió, y luego rio mientras asentía.
—Sí, esto es lo que hacen las familias.
