Capítulo Veintisiete

La expresión de su padre era dura. Pocas veces en su vida la riñó, incluso de niña sus hermanos se quejaban por lo fácil que caía en sus encantos. Por eso era un poco extraño que se portara con ella tan imponente.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó molesta—Te dije, les dije que lo cuidaran—añadió viendo a su madre—¡Por qué!

—Es por tu bien. Ese hombre es peligroso.

Lindsey la miró aun con lágrimas en los ojos, lo que la hizo dudar.

—¿Te dijo la verdad, no es cierto? —preguntó dolida.

—Sí—confesó su padre—Me lo dijo todo.

Apretó un puño tratando de sostener toda clase de improperios. Cómo fue tan ingenua. Por qué no llamó antes. Claro, estaba embobada con Hao, cómo iba a reparar que su hermano se fugaría en cuanto pudiera. Eso se ganaba, por ingenua.

—¿A dónde lo llevaste?

—Qué importa, ya debe estar lejos, eso fue hace horas.

—Horas—repitió con ironía—¡Dijiste que me avisarías si algo pasaba! ¡Mamá, confíe en ti! ¡Y en ti!—dijo, señalando a su padre—¡Cómo pudieron traicionarme de esta manera!

Podía saberlo, que a su madre le dolía tanto esa acusación. Pero no era mentira. Cómo podría saber que Yoh le jugaría de ese modo.

—Anna…. Cálmate por favor—pidió su madre.

—¡No me voy a calmar! ¡Ustedes no entienden!

—¡No! ¡Tú no entiendes! —dijo su padre—¡Ya olvídalo, no podrás hallarlo nunca en Seven…!

Lo vio sorprendido de su propia labia.

—¿Sevenoaks? —preguntó al verlo dudar.

Por supuesto, era un lugar donde salían muchos trenes, en especial hacia Londres. Corrió hacia su habitación. Notó que todo estaba en su lugar, ni una nota de despedida. Eso sólo la hizo enfurecer. Recogió un pantalón del cesto de ropa y volvió abajo, hecha un mar de furia.

Sus padres seguían hablando en la cocina, cuando notaron que tomaba un abrigo.

—¡Anna, a dónde vas!

—Russet—llamó a uno de sus perros.

Entonces su padre fue detrás de ella hacia el garaje. Iba llamándola, pero nada de eso parecía importarle a la rubia, abriéndole la puerta de copiloto al canino.

—¡Qué haces! —dijo llegando hasta ella—Nena, no hagas esto. No compliques más las cosas.

—Entonces déjame, no te estoy pidiendo que vayas conmigo.

—Es noche—le advirtió—La carretera está mojada. Anna sé razonable.

Ella lo ignoró, cerrando su puerta. Mas eso no le impidió al viejo subir en el asiento trasero.

—Te dije que no era tu asunto.

—¡Tú eres mi asunto, eres mi hija! ¡¿Por qué tanto empeño en este hombre?!

No lo entendería, además no quería pelear más. Acorde al GPS, llegarían en una hora. Pero hizo más con el tráfico en un tramo del recorrido. Su padre seguía insistiéndole en lo inútil de buscarlo. Llegaron a la estación de trenes y lo buscó con la mirada.

—Ya debe haber tomado un tren, Anna.

Pero ella no escuchó, siguió caminando. Cansado, el hombre se sentó en una banca, acariciando al animal. Ella continuaba desesperada. Hasta que llegó a ellos y sacó una prenda de la bolsa.

—Russet, búscalo—se agachó, inclinando la ropa a él.

El labrador pareció entenderla y comenzó a seguir el rastro.

—Buen chico—dijo con orgullo.

Al cabo de unos minutos los condujo fuera del lugar. Su padre tomó las llaves de su mano, si preguntar más. Ella caminaba con el perro sobre la acera. Era media noche, así que las calles lucían vacías. A la rubia no le importó caminar por horas, mientras su padre conducía detrás.

—Anna, son casi las cinco de la mañana—dijo al verla salir de un callejón—Él no puede estar aquí.

Nuevamente lo ignoró, hasta que llegaron al jardín de la iglesia. Entonces Russet pareció percibir algo y corrió hasta brincar una reja. Eso le dio a ella la misma señal de alerta, porque abrió el enrejado y trató de seguirle el paso. El lugar era grande, así que el labrador tardó en detenerse. Cuando vislumbró a un hombre sumido en sus propias rodillas, sentado bajo un árbol, junto a dos perros más a su lado.

El labrador tocó su cabeza.

—¿Russet?

Apretó un puño, tratando de resistirse el encanto de estamparlo contra su mejilla. Pero sabía bien que hacerlo, solo traería mayores complicaciones. Además de un escándalo mayúsculo a esa hora de la madrugada. Yoh acariciaba al perro. Estaba tan en su mundo, que apenas notó que se arrodilló frente a él.

—Párate, nos vamos a casa.

—No.

La poca contención que tuvo se mermó ante una simple palabra. No tuvo contemplaciones para darle una bofetada con la mano izquierda, que tuvo la certeza que de no haber intervenido a tiempo, uno de los perros se le pudo haber ido encima por la agresión tan repentina.

—Vámonos.

—Anna, por favor, no ínsitas—contestó él, acariciando su mejilla—Estoy bien.

—¡Acaso te gusta la vida de vagabundo o que!

—Cálmate …—le pidió él.

Juraría que si escuchaba eso una vez más, no dudaría en darle otra bofetada, con todo y las consecuencias que eso trajera.

—¡Y encima te sales de la casa sin un suéter o una sudadera! ¡¿Acaso estás loco?!

—¡Tú estás loca, de eso no me cabe la menor duda! —dijo ya exasperado.

—¡¿Yo?! —dijo tomándolo bruscamente de la playera—¡Tú tienes anemia, tú maldito sistema inmunológico está comprometido! ¡Tienes treinta, pero parece que tuvieras cinco malditos años!

—¡¿Yo tengo cinco malditos años?! ¡¿Y tú cuantos tienes?! —respondió tomando con brusquedad sus manos—¡Soy un criminal, Anna! Puedo matarte si quiero. ¿Qué parte de soy peligroso, no entiende tu cerebro?

Ambos respiraban agitados, mientras el resto de la jauría delimitó distancia. A esas alturas, ya no sabrían qué sería más peligroso, una pelea entre animales o una pelea física entre ellos.

—Pues adelante, mátame—dijo tomando sus manos para colocarlas en su cuello—Adelante, Yoh, atácame, pégame. Porque si no lo haces, no hay manera en que te deje aquí tirado. ¡Adelante, pégame!

Sus manos comenzaron a cerrarse en aquel perfecto cuello, rodeado por las perlas y su cara fue un poema a la traición, porque no pudo más que aflojar el agarre con frustración. Casi a punto de pegarse a sí mismo.

—¡Eres la chica más necia que he conocido en mi vida!

—¡Y tú eres el imbécil más grande que he conocido en mi vida!

—¡Y ustedes, quiénes son! ¡Por qué están gritando afuera de la iglesia a esta hora!

Un hombre mayor envuelto en bata de dormir los miraba confundido desde la pequeña colina. Aunque no tan apenado como los observaba el padre de la rubia, que de inmediato se acercó a él para explicarle que solo estaban de paso.

Su vista regresó uno frente al otro.

—Vámonos.

—No.

Pudieron lanzarse uno sobre el otro, porque parecía que ambos tenían posturas muy distintas.

—Por favor, déjame aquí—susurró en un tono suave.

—No.

Bien pudo rebatir y volver a la discusión con el mismo argumento. Pero entre esos ojos color miel desafiantes, las miradas de aquel par de hombres ya algo exasperados. Fue demasiado, incluso para él. No había modo en que pudiera quedarse a dormir ahí. Suspiró cansado, tratando de levantarse. Ella le ayudó, luego desabotonó su abrigo y lo puso sobre sus hombros.

—No es necesario...

Jamás se sintió tan inútil. Anna rodeó su cintura con ambos brazos, él se apoyó en ella para caminar mejor.

—Russet—llamó ella al labrador.

El único tono suave era para el perro. Ni siquiera para su padre, que al poco tiempo los siguió. No sin antes disculparse por el alboroto con el hombre.

—Yo manejaré—dijo ella.

—Sí, está bien—respondió su padre con pesar, sentándose atrás.

El labrador volvió al asiento de copiloto. En todo momento, prefirió ver el tapete del auto, sentía demasiada vergüenza por la situación. Más con el señor Kyoyama, que tampoco pronunció palabra alguna en los minutos siguientes.

—Lo siento—dijo el castaño.

Sabía que las palabras no eran para ella, lo que le generaba aún más amargura al momento. Encendió el auto y manejó de regreso a casa. El silencio fue absoluto. Parecía que solo el canino disfrutaba del paseo, que lejos de ser recreativo fue todo lo contrario. Sentía su pecho inflarse constante, agitarse ante el recuerdo de toda esa situación.

Estacionó el auto en el garaje y acarició el rostro de su canino, quien lamió su mano en el acto. Fue el único antídoto que tuvo para no explotar. Su madre seguía despierta, a pesar de ser casi las siete de la mañana. Tenía los ojos rojos y estaba acompañada de sus dos hermanos. Justin y Ethan de inmediato giraron hacia ellos. No necesitaban hablar, lo podía ver en sus semblantes que no tenían palabras gratas para ellos.

Bufó y siguió caminando con rumbo a la escalera, mientras su vista se posó en su madre, que le miraba implorante.

—Mujer, qué haces despierta a esta hora—dijo su padre para romper la tensión—Es temprano, vamos a la cama.

—Ningún vamos a la cama—dijo Justin molesto—Anna, ven acá en este momento.

—No puedo estoy ocupada.

Eso no fue impedimento para que ambos hombres se interpusieran en su camino.

—Si tienes el descaro de largarte a media noche, arrastrar a papá contigo y tener a nuestra madre preocupada, debes tener un minuto para venir y aclararnos toda tu odisea , hermanita—recalcó el mayor.

No los miró impresionada, mas no dejó de sentirse dolida por el asunto.

—¿Para qué? Supongo que madre ya se los explicó.

—Anna… —pronunció el castaño—Yo creo que…

—¡Tú no crees nada y te callas! —le dijo apoyándolo contra el barandal—Yo no tengo nada que aclarar, sólo enmendé el error que otros cometieron. ¡Porqué todo esto es un error!

—¡No te atrevas a subir ese tono de voz, señorita! —demandó Justin, hermano mayor—¡Aquí todos nos preocupamos por ti!

Liberó sus manos del cuerpo de Yoh, esperando que entendiera el mensaje, pero seguia inmóvil.

—¡Pues preocúpense menos por mí! ¡Todo el tiempo ustedes son los de los problemas, yo les pido algo, les pido un maldito favor y qué obtengo a cambio!

Su madre comenzó a llorar de nuevo.

—Anna…

—¡Que subas la maldita escalera, Yoh!

Obedeció, subiendo con esfuerzo.

—¡Él no va a ningún lado! —intervino Ethan—Llamaré a Hao.

—¡Tú llamas a Hao y te juro Ethan que será lo último que escuches de mí!

—¡Anna, escúchate, estás fuera de sí! —volvió a rebatir Justin—¡Por dios, Anna! ¡Qué diablos te pasa! ¡Qué tiene ese hombre que te tiene tan obsesionada! ¡Estás tan mal de la cabeza que ya no sabes ni lo que dices! ¡Estás totalmente trastornada! ¡¿Acaso no te bastó arruinarnos con Lyserg, Anna?!

Esa fue la gota que colmó su paciencia, porque no tuvo la menor contemplación en soltarle una bofetada a su hermano mayor. Todos quedaron impresionados, incluso él, que no daba crédito a su acción. Ni ella misma lo daba.

— Qué decepción…—dijo más calmado Ethan—Tan bonita y tan estúpida.

—Qué decepción la mía—dijo ella con voz trémula—Le digo a todos que la familia es lo más importante y en lo que debes apoyarte y está claro que no es así. A la primera de cambios, te tachan de estúpida, de inmadura… de poco razonable—giró para subir—Hagan lo que quieran.

Terminó por subir a la siguiente planta. Con el corazón desbordado y un millón de emociones negativas. Entró a la habitación, encontrándolo sentado en la cama. Él levantó la mirada y la contempló con un gesto que rápidamente la hizo enfurecer más.

—Necesitamos hablar.

—No, tú necesitas dormir y párate de ahí, estás sucio.

Él se paró de la cama, sacudiendo el lugar en el que antes se encontraba.

—Báñate. Si tienes el descaro de andar cojeando o caminando sin muletas, bien puedes darte un baño sin ayuda—dijo aventándole de la maleta una pijama—Y hazlo rápido, que tienes que dormir un poco antes de comer. No puedes tomarte los medicamentos sin nada en el estómago.

Bien pudo contradecirla, no lo hizo. Jamás había estado en esa situación antes. Consideró por un breve instante que quizá acudir a Hao no fuera tan mala idea, si seguía con ese rumbo, aunque la idea no le gustaba para nada.

Al salir, la encontró recostada en la cama, en dirección contraria a él. Se sentó en su extremo y comenzó a cambiarse. Una vez que estuvo listo, se metió debajo de las cobijas con ella. Anna no giró a verlo, pero sabía por el modo de respirar que no estaba dormida. Intentó conciliar el sueño. Simplemente no podía. Giró su cuerpo y la llamó. Ella no respondió. Volvió a llamarla, nada. Entonces se atrevió a ir más allá y la abrazó por detrás.

—Suéltame, no me toques—dijo brava, luchando por quitarle las manos.

Él no cedió y volvió a abrazarla, mientras ella le pegaba para que dejara de hacerlo. Sin embargo, no se dio por vencido y metió una mano en el espacio de su cuello para pasarla al frente. Tocó a penas por encima de sus senos en el proceso en el que la apegó a su propio pecho. Y rodeó su cintura con la otra mano de modo que su cuerpo se amoldó a su figura.

—Suéltame—le amenazó con ira.

—No—dijo apoyando su mentón en su hombro.

—Suéltame—le dijo una vez más, con la voz quebrada.

—Estás enojada y es natural—murmuró en su oído—Es normal sentirse así.

Sintió sus manos sobre su brazo en su cintura, buscando mayor apego a él.

—De verdad te odio—repitió cada vez más fuerte —Los odio.

—Sí, fui un imbécil—reconoció con pesar—Te preocupé y te causé problemas.

—Eres un gran problema. Desde que te conocí, todo… todo lo quieres ocultar, pero en cuanto me voy, vas y le dices todo a mis padres—dijo clavando sus uñas en él—¡Qué te parece que soy! ¿Tu maldita burla?—dijo golpeando su mano— Soy rubia, pero no estúpida, Yoh

—Lo sé…

Ella emitió un pequeño grito lleno de frustración y luego sintió su mejilla humedecerse por las lágrimas que brotaban de esos dulces ojos.

—Y luego ellos…. Confíe en ellos—dijo quebrada—¿Por qué no valoran mis opiniones? Siempre, siempre soy la chica callada, la que hace todo perfecto, la que se porta bien. Soy una rareza, yo no me iba de fiestas como esos tontos, ni conseguí veinte mil citas como mi hermana—siguió frustrada—No tengo el mejor empleo, nunca me gustó que me mandaran, preferí ser mi propio jefe. ¿y para qué? Aun sigo siendo la que menos gana, la que todos ven como si no pudiera vivir por su cuenta. Critican mis parejas, siempre lo han hecho. Critican que no trabaje de lo que estudié. Critican si compro mucha ropa, si salgo con alguien. Tan no confían en mí que le piden al idiota de Horo Horo que me cuide—siguió desbordada—He hecho todo lo que está en mis manos para ayudar a mis padres. Sólo les pedí un favor y me juzgan como si fuera una idiota... ¿Lo soy?

—No.

Se encogió en sus brazos, antes de girarse y abrazarlo de frente. Sintió que rodeaba su cintura con una de sus piernas y se entrelazaba por completo a él. En días previos eso lo sorprendió, ahora sólo lo veía en forma natural y cediendo a ella. Sólo deseó no despertar su anatomía con esa clase de contactos, pero era difícil porque con esos camisones, casi siempre terminaba rozando la ropa interior.

Besó su frente y calló durante varios minutos, mientras acariciaba su espalda constantemente, hasta que se durmió. Fue lindo para él verla respirar en forma más pausada, mientras buscaba su cuerpo con mayor ahínco. Sonrió al pensar que quizá ella pensaba que abrazaba a su almohada o un peluche. Bastó un par de corazonadas, hasta que su cuerpo encontró el ritmo perfecto para sucumbir al sueño con ella.

Horas después, seguían durmiendo abrazados, hasta que el sol de mediodía se coló por su ventana, molestándolos un poco. Por varios minutos se miraron en silencio, hasta que una pequeña sonrisa se asomó en el rostro de él.

—Soy un desastre—susurró ella, despegándose de él.

—Sí, pero eres un lindo desastre—dijo él, acariciando su mejilla.

Ella le sonrió con tristeza, acariciando su cabeza casi desnuda. De la larga cabellera no quedaba nada. Estaba demasiado corto su cabello, casi al borde de su contorno. Como cualquier otro chico ordinario. Sin embargo, eso hacía que se viera muy diferente de su hermano.

—¿Qué hiciste?

—No quería que me confundieran con Hao—dijo suave—He escuchado que su largo cabello no pasa desapercibido por nadie. ¿Me veo…mal?

—No creo que te preocupe verte mal, si querías regresar a ser un vagabundo—objetó ella, capturando entre sus dedos apenas unos mechones.

—No quería ser un vagabundo, pero… no tenía dónde ir, ni cómo irme—dijo con vergüenza.

—Lo sé.

—¿Pero cómo lo sabías? —dijo confundido.

—Dejé un billete de cincuenta euros ahí, en tu cómoda—señaló atrás—Sé que subiste para cambiarte los zapatos, así que no hay forma de que no lo hayas visto.

Al juzgar por su cara, no se equivocaba.

—No lo tomaste, no tenías dinero—siguió ella—Sabía que estarías vagando, porque no creí que fueras capaz de robarle a mi padre.

—¿De verdad no crees que soy un criminal? —dijo serio.

—Te creo.

Eso solo lo confundía más.

—Sé que sabes cómo escapar, también te creo cuando dices que te puedes aventar del edificio de cinco pisos, si no estuvieras lastimado—dijo con un pequeño suspiro—De hecho, tenía ganas de lastimarte el otro pie para evitar que te fueras.

—¡Anna! —dijo escandalizado.

—No lo digo enserio, tonto—dijo acariciando su pecho—No quiero que nada malo te pase.

—Tampoco quiero que nada malo te pase—respondió besando su frente—Quiero que entiendas eso, porque parece que no lo entiendes.

Claro, él le había dicho que era una necia.

—Por eso se lo dijiste a ellos y no a mí—replicó ella—Pero eso no fue suficiente.

Él le sonrió con amargura, mientras acariciaba su nuca por debajo de sus cabellos rubios.

—Ya que tocas ese tema… —dijo con un pequeño suspiro—Tu padre no me creyó cuando le dije que era un ladrón, pero cuando le enseñé cicatrices y le demostré que puedo robarle su cartera, me creyó. A tu madre le conmovió mucho mi historia, es una mujer muy buena, incluso me regaló un pedazo de su pastel de manzana para que me llevara, porque sabe que me gustó.

Sí, había visto en los ojos de su madre la tristeza. Jamás creyó que Yoh hubiese dañado a uno de sus progenitores. Esa nunca fue su primera idea al verla tan alterada. Pero al recordar eso, solo le causaba un fuerte dolor de estómago.

—Pero mi papá te echó.

—No, tu papá me llevó a la estación del tren, pero nunca me corrió—puntualizó suave—Yo sólo le dije, que no quería afectarlos y que era importante que me fuera. Porque no quiero que nada malo les suceda. A ninguno de ustedes.

Su respiración volvió a agitarse, así que mordió su labio inferior.

—Sé que piensas que es un tema fácil, pero no terminé debajo de una banca por que sí—describió tocando su mejilla con los dedos—Fui tan buen ladrón, que le robé a alguien más grande que yo. Y no sólo eso, no puedo ver a mi hermano, porque estoy seguro, que lo tiene vigilado. Si yo me acerco, querrá devuelta todo lo que le robé.

—¿Por eso me preguntabas si tenía una relación con Hao?

—Sí—admitió con un pequeño sonrojo—Él seguro tiene un ojo en ti, casi lo apostaría. La mujer de mi hermano.

No le gustó nada eso último.

—Aunque con cuatro meses, ya no creo que seas su centro de atención. Luego él salió con otras mujeres, según vi en una revista en el hospital….

—Pero por supuesto que salió con otras—aseguró Anna molesta—Y no soy la mujer de tu hermano. No soy propiedad de nadie.

Comenzó a reír en forma leve.

—Lo siento, no te quise insultar, eso sólo que…—interrumpió más serio—No es seguro para ti que estés cerca de mí, menos estando en la mira de Hao.

—Pero yo no…—alcanzó a decir, antes de que todo embonara con facilidad en su mente.

Entonces lo empujó y se sentó sobre él, no pudiendo creer la manipulación de la que había sido objeto. Golpeó su torso sin la menor restricción, tratando de liberar su frustración.

—No puedo creerlo—dijo incrédula—¡Eres un cínico! ¿Por eso me insististe en que volviera a trabajar para él?

Él sonrió, deteniendo sus golpes y sentándose con ella.

—Soy un ladrón, un cínico, lo peor que te puedas encontrar. No deberías esperar nada bueno de mí.

Ella parpadeó un par de veces, hasta que consiguió zafar sus muñecas de sus manos.

—¿Tan insoportable es estar conmigo? — preguntó decepcionada

Su pecho comenzó a agitarse, mientras veía cada vez más vulnerable su semblante. Odiaba ser tan suave a veces, que no dudó en tomar su rostro entre sus manos.

—Sé que tus intenciones son buenas, pero créeme cuando te digo que yo no valgo la pena. Por otra parte… cierta niña fue algo hostil con sus padres.

—¿Niña…?—repitió con ironía—Yoh no me pongas apodos tontos.

—De apodos hablamos después—contestó el castaño—Ahora, hablemos de eso. Agradezco que me defiendas, que no dejes que nadie se meta conmigo, pero a quienes les gritaste no son extraños.

—Lo sé…

—Yo soy el extraño aquí—dijo con un gran suspiro—Soy el que no vale la pena aquí. En cambio ellos, son tu familia, Anna. Y no hay lazo más fuerte que la familia.

Nuevamente el malestar regresó a ella.

—Sé que estás molesta y tienes razón en estarlo. Nadie debería juzgarte por tus errores, y desacreditar tus opiniones basadas en eso. Nadie—dijo sonriéndole con tristeza—Pero esas personas allá abajo, saben a la perfección que estas tratando con un ladrón. Ellos sólo están preocupados por ti. Tan es así que tu papá te acompañó toda la noche a buscarme…. Te digo, cuando hable con él. Sólo sentí el amor que tiene por ti. Eres el doble de afortunada, porque te juro, que no ve así al resto de tus hermanos. Es un hombre extraordinario—describió enternecido por las pequeñas lágrimas que salían de nuevo por sus ojos color miel—Y de tu madre… … que puedo decir de tu madre. Tú piensas que no te tienen confianza o que creen que deberías ser perfecta. Pero tu madre te tiene tanta confianza, que ni siquiera preguntó más cuando le dijiste que dormiríamos juntos. Anna… ellos saben a la perfección qué clase de chica es su niña. Y saben que tiene errores, como todos, ¿pero sabes qué? Todos esos errores que tienen te hacen el perfecto ser humano que eres—dijo inclinándose a ella—Yo mismo no estaría aquí, si ellos no hubiesen criado a este ser tan hermoso. Se los agradezco, te lo agradezco.

A esas alturas, era imposible portarse fría con él. Sólo besó el interior de su mano, con el que sostenía su rostro. Agradeciendo en silencio sus palabras.

—Tengo hambre—dijo estirandose— Pero antes, ve a bañarte.

—¿Eso es una orden, Asakura? —dijo mirándolo mal.

—Claro que no, es una sugerencia. Además quería saber qué se sentía decirte eso, tú siempre lo haces conmigo— objetó divertido al verla pararse, ofendida—Se nos hará tarde, aun tienes que dejarme lejos de aquí.

Ambos lo sabían, eso solo era inevitable. Eran más de las tres de la tarde cuando bajaron a desayunar. Desde las escaleras escuchó las voces de todos sus hermanos. Suzette ahora estaba en la reunión, mirándolos con curiosidad.

—Buenas tardes—dijo amable Yoh.

Pero nadie respondió.

Anna sintió toda clase de molestias al respecto, pero le bastó una cálida mirada y un ligero apretón en su mano para cruzar el comedor. Todos seguían callados, expectantes. Su madre lucía más tranquila ahora, pero tratando de ignorarla y no la culpaba.

—Mamá…—pronunció, llamando su atención—Lo siento.

— ¿Y crees que con venir a decir lo siento se arregla todo? —cuestionó Ethan.

La reacción no detuvo a Anna de hincarse y tomar la mano de su progenitora.

—Mamá… sé que me equivoqué, no debí gritarte de ese modo—dijo para ella—Entiendo que no quieras hablarme más, de verdad, te fallé y lo entiendo, yo sólo quería decirte que lo siento. Siento haber castigado tu confianza. Porque de verdad lo siento, siento haberte puesto a ti y a papá—añadió viéndolo a él—En esta situación. Lo siento mucho, papá. Sé que dirás que soy una caprichosa y una ingenua por dejarme llevar por mis emociones. Estaba tan desesperada ayer, que ni siquiera reparé en el modo en que te hablé. Y aun después de discutir, no te importó acompañarme. Estuviste conmigo toda la noche. Sé que no has dormido bien aún, pensando en esto, lamento todas las preocupaciones que les di. Lo siento. De verdad.

Luego, dirigió su mirada a su hermano mayor.

—Justin, siento mucho haberte gritado y darte una bofetada. Si alguien me ha protegido de todo, ese has sido tú. Soy una idiota por ponerme a discutir por un completo extraño, frente a alguien que sólo ha sido uno de los pilares más fuertes de mi vida—describió levantándose, llamando la atención de ambos hermanos—Ethan, sabes que eres mi hermano más cercano. Siempre te preocupas por mí. Incluso has hecho las compras por mí, pensando que yo no he podido hacerlas. Sé que piensas que un lo siento no cambia nada, y tienes razón. No puedo cambiar lo que ya hice, sé que esto les va a calar más tiempo del que quizá tenga yo memoria. Pero quiero decirles que a pesar de que me arrepiento de lo estúpida que fi al reñir con ustedes, no…—tomó aire mirando a Yoh—No me arrepiento de ayudarlo, lo volvería a hacer todas las veces necesarias. Aunque me odien y piensen que soy estúpida, porque él…. Es especial para mí.

Calló durante varios segundos, aguardando cualquier clase de reacción. Sólo se miraban los unos a los otros. Aun así era demasiada presión, tomó aire y caminó de regreso a Yoh.

—Anna…— escuchó la voz de su madre cerca.

Lo que sin duda no esperó, fue el abrazo que le dio apenas se giró a verla. Las lágrimas desbordantes de sus ojos pudieron más con ella. Fue peor cuando su padre se sumó al abrazo, detrás de ella. Yoh se sintió abrumado por la calidez en su corazón al ver que incluso sus dos hermanos que parecían herméticos se levantaron para fundirse en ese abrazo que Anna tanto necesitaba.

Russet se acercó a él y recargó su cabeza contra su rodilla, pensó dar media vuelta y apartarse de la escena, cuando sintió el pequeño tirón en su hombro.

—Espera—pidió la hermana de Anna, dándole sorpresivamente un abrazo—Gracias…

Intentó procesar sus palabras, cuando se separó de él, confundiéndolo por su gesto tierno.

—Es la primera vez que Anna se disculpa, que llora frente a nosotros—describió su hermana—Gracias…

—Yo…..—intento decir algo, pero el nudo en su garganta era más fuerte.

—Ella tiene razón, Yoh—escuchó la voz del patriarca de la familia—Antes de que bajaran discutíamos su situación—pronunció mirando a Anna en brazos de su madre—Yo te lo dije desde el principio, no sé qué tienes de especial para ella, pero si representas tanto para Anna, como para buscarte toda la madrugada, entonces para mí también vales la pena—añadió con una cálida sonrisa—Somos familia y como tal, nos cuidamos entre nosotros, tú… ¿quieres ser parte de nuestra familia?

Continuará


Hola, saludos. Me tome un breve tiempo, en parte porque termine de enviar mis proyectos finales. Finales. Finales. Ya no habrá más. Siento que este capitulo me alargue mucho, lo siento a veces no puedo parar cuando ya tengo la idea fija Se me hizo super importante describir la situación de Anna, porque en capítulos atrás, sentía que todo era muy idílico y siento que en parte, Hao también se incomodó por ver un ambiente tan perfecto. Pero bueno pasa lo contrario e Yoh ya también lo vivió, un ambiente plenamente imperfecto de peleas y discusiones. Senti feo por él y por Anna, pero era necesario que ella tuviera esta apertura emocional. Que les parece, que creen que Hao haya hecho en el lugar de Yoh con todo ese pleito familiar de por medio.

Y sin que se me olvide, muchas gracias por todas sus bellas palabras, de verdad chicos, son mi motivación y los quiero, porque sin ustedes, mi imaginación no fluyera tanto. Quiero hacer una agradecimiento especial a Allie, que me felicitó por los 100 review, se me había pasado pero gracias por fijarte, qué detalle. Y gracias a ustedes, la verdad no pensé que llegaría al numero 100 ni a tantos capí gracias.