La historia es una adaptación del libro de Vi Keeland y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


26

POV Rosalie

Domingo por la tarde, acababa de apagar el juego cuando hubo un toque en mi puerta tan ligero que ni siquiera estuve segura que hubieran llamado hasta que el segundo llegó.

―¿Quién es?

―Soy yo. Kate Little del otro lado del pasillo.

Mientras quitaba el doble conjunto de cerrojos, me pareció divertido que se sintiera obligada a decir su apellido. Como si "Kate del otro lado del pasillo" no fuera suficiente para identificarla. O incluso solo "Kate".

―Hola.

―¿Puedo entrar?

Eché un vistazo sobre su cabeza a la puerta cerrada del apartamento detrás de ella.

―Claro. ¿Sabe tu madre que estás aquí?

―Tiene compañía. Me dijo que viniera a ver si estabas en casa.

Eso no sonaba bien.

―¿Es una de tus tías o tíos? ―Ni siquiera sabía si tenía alguno.

―No. Es el tipo cansado.

―¿Qué tipo cansado?

―El que hace que mamá se canse.

El bajón de las drogas te hacía eso. Mi apartamento era bastante soso… además de la televisión, no había mucho más para hacer para una niña de cinco años. Honestamente, ni siquiera estaba segura de lo que hacía una niña de cinco años.

―¿Tienes deberes?

―No.

No tenía una mesa de cocina, solo un simple y solitario taburete que estaba a la altura de la encimera. Levanté a Kate y la senté sobre él.

―¿Quieres un bocadillo?

Lamió sus labios y asintió. Dios, esta niña era tan fácil de complacer. Supuse que apreciábamos las cosas simples de la vida cuando éramos privados de las necesidades básicas. Teniendo por madre a una adicta, esas cosas básicas a menudo incluían comida, cuidado médico y atención de cualquier tipo. Saqué una caja de cereales Reese's Puffs de mantequilla de cacahuete del armario y se la enseñé a Kate.

―¿Los cereales están bien?

Asintió rápido y me dirigió una gran sonrisa. Cada vez que mi madre me dejaba en casa de la abuela, ésta siempre cocinaba un festín. Hasta ese momento, no había pensado en nada de eso. Supongo que solo pensaba que era mi abuela… las abuelas cocinan. Pero al ver a Kate entrar me hizo darme cuenta por primera vez que Maggie probablemente también había sabido que me encontraba hambrienta. Había mucho sobre mi abuela que había dado por hecho.

Después que el estómago de Kate estuvo lleno, lavé su bol y consideré la situación. ¿Qué haría Maggie? Me habría preguntado qué quería hacer.

―¿Qué quieres hacer esta tarde, Kate?

―¿Podemos ir al parque?

―Claro. Pero mejor le decimos a tu mamá y tomamos tu abrigo primero.

El olor familiar del plástico quemado me llegó cuando abrí la puerta de su apartamento.

―¿Jessica?

No respondió. Pero el olor del crack me dijo lo que estaba haciendo.

―Espera aquí un minuto, ¿de acuerdo, Kate?

Dejé a Kate en la cocina y caminé hacia el dormitorio.

―¿Jessica? ―llamé de nuevo.

Nada.

Toqué la puerta, sin darme cuenta que no estaba completamente cerrada.

―¿Jessica? ―El impacto la abrió unos centímetros. Lo bastante para que echara un vistazo adentro. Jessica estaba de rodillas, su cabeza subiendo y bajando mientras el perdedor adicto al crack que había estado viniendo, sostenía un puñado de su cabello en una mano y una pipa de crack en sus labios con la otra.

Me congelé. Y no porque ver a una mujer haciendo una mamada fuera sorprendente. La privacidad y la humildad no habían sido exactamente de uso común en las casas abandonadas en las que había pasado tiempo viviendo con otros yonquis. No, me congelé a causa de la pipa de crack. Quería un chute casi tanto como odiaba la mierda.

El perdedor me atrapó mirando y se burló. Que yo observara estaba llegando a él. Tomó otra larga calada de la pipa, empuñó el cabello de Jessica con más fuerza y embistió sus caderas, por lo que ella no tenía más opción que tomarlo profundamente en su garganta mientras se corría.

Quería vomitar.

Quería una calada de la pipa.

Necesitaba salir como el infierno de aquí.

Agarré la primera chaqueta pequeña que pude encontrar en el armario y apresuré a Kate hacia la puerta. Podría haber sido ella la que viera eso.

―¿Podemos irnos?

Ya estaba abriendo la puerta para salir como el infierno de ese apartamento.

―Tu mamá dijo que está bien.

Kate y yo tomamos el metro al centro de la ciudad. No había manera de que la llevara a un parque en nuestro vecindario infestado de drogadictos. Esa experiencia no sería buena para ninguna de las dos. También necesitaba alejarme de la tentación. Así que la llevé a un pequeño parque por el que pasaba cada día, no muy lejos de donde vivía la abuela.

Pasamos una hora en el parque. Me senté en un banco y miré a Kate jugar con una niña pequeña de más o menos su edad. En cierto punto, corrió hacia mí y me preguntó si podía tomar un zumo de la madre de la niña pequeña. Al menos, era lo bastante inteligente para pedir permiso antes de tomar cosas de extraños… incluso de madres en el parque. Esa era una buena señal, ya que Dios sabía qué podría estar alrededor cuando su madre se drogara.

Empezaba a oscurecer y ninguna de las dos estábamos claramente preparadas para volver a la parte alta de la ciudad. Así que en un antojo, aunque ya había visitado a Maggie hoy, decidí llevar a esta pequeña niña de sonrisa ancha a visitar a mi abuela. Nos dirigimos hacia Broadhollow Manor juntas.

La enfermera me detuvo en el registro.

―No lo está haciendo bien esta noche.

―¿Qué quieres decir? La vi antes y estaba bien.

―No quiero que pierdas los nervios. Podría no ser nada. Pero está un poco letárgica. Más fuera de lo normal.

―¿La vio un médico?

―Sí. Y la estamos vigilando por cualquier señal de cambio. Esto pasa a veces con los pacientes de Alzheimer, deberías saberlo. Tienen buenos días y malos días. Es difícil a veces saber si un mal día es solo un mal día normal o algo de lo que deberíamos preocuparnos.

―¿Puedo verla?

―Por supuesto. No tenía intención de asustarte. Solo quería advertirte. Ha tenido un buen par de semanas, pero a veces tiene malos días. Este podría ser simplemente uno de esos. Hemos llamado a Emmett, pero todavía no hemos contactado con él. Simplemente para informarle.

―Creo que está fuera en un juego. ―Me hirió que llamaran a Emmett para alertar, pero no pensaran en mí. Sin embargo, lo merecía―. ¿Está bien que lleve a Kate? Es hija de mi amiga y estábamos cerca en el parque, así que pensé en venir de nuevo.

―Claro. Maggie estaba durmiendo la última vez que la revisamos. Pero si despierta mientras están ahí, podría estar un poco más confusa de lo normal.

Le expliqué a Kate en el camino por el pasillo que íbamos a visitar a mi abuela, quien a veces estaba confusa, pero no quería asustarla, así que lo dejé en eso. Con cautela, Kate y yo entramos en la habitación de Maggie.

Suspiré de alivio cuando la encontré durmiendo pacíficamente. No se despertó durante la hora que nos sentamos allí, pero las enfermeras entraron cada quince minutos y revisaron sus signos vitales y nos dijeron que todo estaba bien. Con el tiempo, Kate empezó a bostezar. Eran casi las ocho y probablemente cerca de su hora de dormir. Así que di las buenas noches y dejé mi número de teléfono en la estación de enfermería, pidiéndoles que me llamaran si algo cambiaba. Aunque la enfermera dijo que lo harían, no me extrañaría que llamaran a Emmett primero.

Después de volver a nuestro edificio de apartamentos, dejé a Kate en mi casa y le dije que cerrara la puerta, así podía ir a ver qué estaba pasando al lado. La puerta de su apartamento estaba desbloqueada… en este vecindario de mierda. Eso por sí solo fue suficiente para decirme que no había manera de que enviara a Kate allí para dormir esta noche.

Dentro, estuve aliviada de encontrar a Jessica durmiendo sola en su cama. Había parafernalia de drogas por todas partes. Mientras salía, tomé un teléfono que había sobre la encimera de la cocina, esperando encontrarlo sin bloquear y ver si había alguien que pudiera llevarse a Kate hasta que las cosas con su madre cambiaran. Sabía por experiencia que esto no iba a ser cosa de una noche.

Kate me dijo el nombre de su abuela y fui a la otra habitación para llamarla. Definitivamente no era la primera vez que la mujer había recibido una llamada sobre su hija. No hubo sorpresa en su voz en absoluto.

Sophie, la abuela de Kate, solo vivía a unas pocas cuadras, así que cuando aceptó quedarse con Kate, me ofrecí a llevarla. No había razón para que viera cómo vivía su hija.

El aire frío de noviembre se sintió bien cuando regresé a mi apartamento. Sophie vivía en un edificio decente y ella y su marido me habían invitado a café. Me había quedado hasta que vi a Kate cómoda en su casa. No podía dejar de pensar en cuán inafectada parecía Kate por ser trasladada por todas partes. La locura ya se había convertido en su norma. Simplemente no sabía que su vida era una locura… todavía.

A un par de cuadras de mi casa, mi teléfono vibró en mi bolsillo. Un número local destellaba en mi pantalla cuando contesté:

―¿Hola?

―¿Señorita Hale?

―Sí.

―Soy Carmen. Enfermera en Broadhollow Manor.

Me detuve en la calle.

―¿Va todo bien?

―Acabamos de llamar a una ambulancia. Los signos de su abuela están disminuyendo. Todo puede estar bien, pero…

―Voy para allá.