Era real ya, algo palpable, innegable: Era padre. Una mezcla de incredulidad, emoción y miedo fue su estado emocional predominante durante los primeros días. Era como si no pudiera creer que aquella minúscula y frágil personita que cabía en sus brazos era hija suya. Para colmo no ayudaba que todo el tiempo le estuvieran dando advertencias o indicaciones de cómo sostenerla, o de cuidar su cuello y cabeza, porque por primera vez en la vida lo hacían sentir completamente inseguro. Aunque Kohaku estaba en la misma situación que él, y su instinto de sobreprotección maternal se había inaugurado y potenciado simultáneamente, no se despegaba un segundo de su bebé, y sólo le dejaba tenerlo en brazos a aquellos con experiencia en sostenerlos, a los demás sólo los dejaba mirar. Era el vivo reflejo de una leona cuidando a su cachorro, aunque no tuviera nada que temer ni de preocuparse, porque estaba rodeada de amor de toda su familia, amigos y aldeanos que querían conocer a la pequeña Michiko.
Era preciosa, toda chiquita y delicada, su escaso cabello rubio brillaba como el mismo sol, y esos ojos carmín idénticos a los de Senku, daban una visión demasiado perfecta de la cual era difícil correr la mirada. Sólo bastaba unos segundos de observarla para sentir que todo estaba bien en el mundo. Y eso era lo que compensaba la esperada situación de cansancio y falta de sueño con la que tendrían que convivir los padres primerizos por un buen tiempo. Los horarios de comida y de sueño de la pequeña eran totalmente impredecibles, por lo cual especialmente Kohaku tenía que estar en vigilia constantemente. Por suerte ella tenía una energía muy alta y no se cansaba rápidamente, y además estaba acostumbrada a dormir intermitentemente y pocas horas, ventaja de las incontables noches que pasó en el bosque, alerta a animales salvajes. También se había acostumbrado a una vida más segura hacía un par de años, pero los otros hábitos no se habían perdido.
Los generales habían tomado el mando y se habían encargado de todo, así como temporalmente Kokuyo se ofreció a cumplir con las funciones de líder de la aldea, para poder dejarles tiempo y tranquilidad a los jóvenes padres. Françoise, siempre eficiente y solidaria, los ayudaba con la comida, alcanzándoles diariamente los platos de comida caliente más nutritivos y deliciosos. Ella decía que el humor y la energía de las personas se veía favorablemente influenciado por los pequeños gustos y placeres que podían darse en el día, y que una comida que disfrutaran podía restaurarles el ánimo cuando se sintieran agotados. Así que esos primeros días desde que nació su hija, Senku y Kohaku se quedaron en su cómoda e impoluta nueva casa, dedicándose enteramente a cuidar de ella, mientras se turnaban para descansar como podían.
Un día, al poco tiempo del amanecer, Kohaku se despertó con el llanto de su bebé, despertándola súbitamente. Dormían con la niña en la cama grande, en medio de ellos, aunque Senku le había dicho que lo mejor era acostumbrarla en la cuna sola desde un principio, pero la rubia no tuvo el corazón para hacer eso, y él no protestó. Se sentó en la cama, apoyándose contra la pared, para darle el pecho a la pequeña, mientras la miraba con amor. Si alguien le hubiera preguntado si se veía casada y con una hija tan pronto, hubiera dicho que no, ni en sus más locos sueños. Nunca fue muy femenina ni estuvo interesada en el romance o en encontrar pareja, a diferencia de cualquiera de las tres hermanas más famosas de la aldea, o de las otras jóvenes. Y de la misma forma, tampoco había tenido otros pretendientes, más bien era algo así como la joven más temida entre todos los hombres, por su gran fuerza y temperamento, la hija rebelde y desheredada del líder de la aldea.
Quizás fue una buena casualidad que Senku fuera un hombre sin prejuicios y tan lógico, ya que no le importó nada de todo eso, al contrario, reconoció su fuerza y sus habilidades, y confió en ella por eso, lo cual ella apreciaba con todo su corazón. No podía imaginarse ningún otro hombre a su lado, y Senku de la misma forma le hizo entender que él se sentía de la misma forma hacia ella. Y esa niña, esa bendita y preciosa bebé que ahora tenía en sus brazos, era lo que más le importaba en el mundo, el sol de sus ojos.
No entendía bien cómo en apenas unos días, Michiko se había vuelto tan importante para ella, cómo es que la amaba tanto. Ese tipo de amor sólo era comparable con el que tenía para con el científico, y aun así era distinto. ¿Sería porque estuvo dentro de ella tantos meses, y porque era el fruto del profundo amor que compartía con Senku? No pretendía entenderlo o buscarle una explicación, pero sí que le llamaba la atención, y por fin entendía la mirada de amor que había visto en tantas aldeanas al mirar a sus hijos. Mientras pensaba en todo esto, el peliverde se removió a su lado.
Senku se había despertado con el llanto de su pequeña, pero estaba tan adormilado que no pudo evitar seguir intentando conciliar el sueño, lo cual se dio cuenta que era una batalla perdida, minutos después. Una vez que se despertaba, no había forma de volver a dormir, había desarrollado ese hábito desde que despertó en el mundo de piedra, por una cuestión de auto preservación principalmente, y porque al no haber ni relojes ni alarmas, su cuerpo cumplía esa función naturalmente. Se giró de lado, para mirar a Kohaku alimentar a su hija, y estiró una mano para apoyarla en los muslos de la rubia y hacerle una breve caricia a modo de saludo, mientras le sonreía.
- Buen día, leona
- Buen día, Senku
- ¿Cómo está nuestra leoncita? –le preguntó mientras se sentaba junto a Kohaku, y se asomaba para mirar a la bebé.
- Muy bien, saludable y hermosa.
- Si sacó tus genes absurdamente fuertes, podremos estar tranquilos. Pero no te preocupes, aun si se enferma, no dudaré en hacer medicina o lo que haga falta. Aunque debería ponerme inmediatamente a pensar en eso, los bebés son diez billones de veces más sensibles a muchos componentes de la medicina.
- No me preocupo, confío en ti.
Luego de que Michiko pareciera satisfecha de alimentarse, Kohaku la recostó en la cama, entre ambos, y se colocó de costado para contemplarla. Senku dudó si incomodaría a su hija, pero finalmente se decidió a acercar su mano a la suavísima mejilla, y se la acarició con todo el cuidado que pudo. Se sentía hipnotizado, y en paz cada vez que la veía, y sentía un calor brotar de su pecho que pocas veces había percibido antes, era tan nuevo como extraño, pero era una buena sensación. Luego pasó su mano por uno de los bracitos regordetes de ella, por encima de manta que protegía su frágil y tierno cuerpo del frío, y continuó el recorrido hasta acariciarle la pancita. Era imposiblemente suave, y podía detectar con lo cerca que estaba ese particular aroma a bebé, indescriptible, pero así era. Le alucinaba lo pequeña que era, el largo de la mano de él cubría toda la piernita de ella, y cuando tomó uno de sus pies en la mano, sonrió tontamente al encontrarlo absolutamente enternecedor.
Volvió a subir y acariciarle la cabeza, ese pelo suave y finísimo, mientras miraba asombrado cómo esos rubíes que tenía por ojos parecían conectar con los suyos, aunque sabía era demasiado chica para registrarlo conscientemente. Y las manos…no podía dejar de admirar esos diminutos deditos, nunca había visto un ser tan perfecto y bello como era ella, la naturaleza era lo más interesante del mundo, diez billones por ciento seguro. Y en un momento, mientras jugaba con esas mínimas extremidades, Michiko cerró sus dedos alrededor de su pulgar, y el corazón de Senku se detuvo.
Lo había agarrado. Con decisión, con toda la fuerza que un bebé podía tener… su pequeña se estaba aferrando a él. ¿Sabría que él era su padre? No a un nivel consciente, pero quizás "sentía" que era su otro progenitor. Como sea, no le importaba ni un milímetro que ella no lo supiera todavía, ya llegaría el día. Pero lo que sí sabía él, era que desde ese día en adelante dedicaría el resto de su vida al bienestar de su pequeña, de su hija. Claro que Kohaku, la aldea y su propia vida también estaban en la lista, pero la urgencia y la necesidad que sintió en su pecho y en todo su cuerpo de proteger de cualquier mal o dificultad a su hija, no la había sentido nunca antes en su vida con tanta determinación.
- Sí, agárrate fuerte, Michiko, pero yo no te soltaré.
- ¿Qué? –Kohaku preguntó inclinando la cabeza a un costado, confundida por la repentina frase.
- Ah, nada leona, no te preocupes… Aunque, ¿tú también lo sientes?
- ¿El qué? Siento tantas cosas en este momento.
- Esa extraña certeza de que harías y darías todo por ella.
- Claro, es mi hija –se corrigió con una sonrisa, agarrándole la mano a su esposo– Nuestra hija. Pero si ya despierta mis instintos protectores cuando ahora todo es pacífico a su lado, no puedo imaginarme en lo que haría si algo la amenaza de verdad.
- No creo que alcance a pasarle nada por un buen tiempo, a excepción de alguna enfermedad natural pasajera. Esta pequeña nos ha convertido en un ejército de fuerza y ciencia, aunque seamos sólo dos.
- No somos sólo dos ya, y lo sabes.
- Aunque eso también será un arma de doble filo. ¿Te imaginas cuánto van a malcriarla? Tu viejo, Ryusui, el grandulón, creo que ellos serán los primeros que caerán más a sus encantos.
- Chrome le enseñará a hacer su colección de piedras, Gen y sus trucos de magia que la harán estallar en carcajadas, Yuzuriha no se cansará de hacerle vestidos.
- ¿Te das cuenta del absurdo de que estamos pensando lo que harán los próximos años? Mírala, no tiene idea, y nosotros ya sabemos que los tendrá atados a su dedo meñique. Te apuesto que hasta el gran Tsukasa caerá algún día.
- No me sorprendería tanto, es muy dulce con Mirai. Puedo imaginarlo con una bebé en brazos, aunque sería muy divertido él tan gigante y ella que entra en una sola de sus manos.
- Diez billones por ciento seguro que ese es el motivo por el cual no va a sostenerla nunca a menos que sea necesario, le tendrá terror.
- ¿A una inocente bebé?
- No, a él mismo sosteniendo a una inocente bebé. Créeme, sé lo que digo. Y tú, leoncita –dijo agarrándole la manito entre su dedo pulgar e índice– serás la perdición de todos nosotros.
Si había alguien cuyo comportamiento se había vuelto irreconocible en la aldea desde el nacimiento de Michiko, era Kokuyo. El hombre que tan estricto había sido con su hija menor, ahora era un flan con su nieta. Todos los días sin falta pasaba por la casa de Senku y Kohaku, y a veces simplemente se quedaba contemplando durante largos minutos a la bebé, tanto en la cuna como en sus brazos, con la excusa de que él la cuidaría mientras la pareja hacía sus cosas o descansaba. También jugaba con ella, la cambiaba, bañaba, todo… Eso era muy oportuno en especial para Senku, ya que poco a poco podía volver a su ciencia, lo cual era una brisa de aire fresco luego de pasar tantas horas del día pendiente de su hija. Aunque se sentía un poco culpable de que Kohaku todavía no pudiera entrenar, mientras que él ya podía dedicarse a sus investigaciones y re-inventos, pero ella le decía que iba a poder entrenar durante muchos años más, en cambio esa etapa de su bebé iba a ser única y no tendrían otra oportunidad de disfrutarla. A menos que tuvieran otros hijos, claro, pero de todas formas tampoco sería igual.
Ese último comentario de ella con tanta naturalidad sorprendió mucho a Senku. ¿Otros hijos? Michiko había sido una sorpresa, principalmente por lo pronto que la habían tenido, pero él ya había declarado públicamente desde el día de su boda que en un futuro estaba decidido a formar una familia "completa" con la leona. No había considerado la idea de tener más hijos, aunque claro, apenas hacía menos de un mes acababan de tener a la primera. Quizás no lo había considerado porque él era hijo único, y no sabía lo que era tener hermanos o una familia numerosa. Taiju había sido su mejor amigo desde pequeño, así como luego Yuzuriha, y ellos también eran hijos únicos. Y a excepción de Tsukasa, daba la casualidad que la mayoría de los despetrificados del mundo moderno tampoco tenían hermanos. Por lo tanto, para él lo común era tener un solo hijo y ya, esa era la familia completa que había pensado. Incluso Chrome, su primer amigo del mundo de piedra, tampoco tenía hermanos.
Pero Kohaku sí era hermana menor, y en la aldea prácticamente la mayoría tenía hermanos, a menos que hubieran fallecido por la hambruna o enfermedades, por lo cual estaba habituada a familias numerosas. Además, era la hija de la familia "principal", la hija de la anterior sacerdotisa y el jefe de la aldea, por lo cual no dudaba en que si su madre no hubiera fallecido, probablemente también hubiera tenido más hermanos. Ahora tenían las manos llenas con Michiko, y todavía tenían por delante la investigación de la petrificación y revivir a millones de personas en todo el mundo, con lo cual ponerse a pensar en las posibilidades de agrandar la familia en unos años parecía tan inocente como remota. Pero siendo sincero... continuar el legado científico a sus herederos, así como a toda la aldea, era algo a lo que aspiraba.
Pero una cosa era tener un hijo no planeado, y otra era buscar concebirlo voluntariamente. De pronto sintió un extraño calor en el pecho… él sabía lo que era compartir y expresar su amor con Kohaku cuando intimaban, pero ¿cómo se sentiría hacerlo sabiendo que con eso buscaban tener un hijo? ¿Sería un sentimiento aún más pleno y profundo? Seguramente. Senku recordó cuando la certeza y la intuición vinieron a ellos al mirar la luna esa noche en que "supieron" que iban a ser padres, y había sido de lo más reconfortante, les había colmado el corazón de felicidad. Se preguntó si alguna vez, en un futuro, podría recordar esa reflexión que estaba haciendo en ese momento, y si podría vivenciar esa "búsqueda" paternal.
¿A quién engañaba? Si ya lo estaba pensando, era porque lo estaba considerando, diez billones por ciento seguro. Sabía que faltarían varios años para eso seguramente, pero si así se sentía ahora que apenas se había convertido en padre, ese sentimiento no haría más que potenciarse en el futuro. Conque un hermano o hermana para Michiko, ¿eh? Jamás se hubiera imaginado a él mismo pensando, ni deseando, algo así; su yo del pasado hubiera dicho que era absurdo perder el tiempo en romances y complicaciones, y bajo ningún punto de vista hubiera considerado pausar o interrumpir una misión tan importante, para llevar adelante sus propios deseos egoístas de felicidad, o los de su familia. "Familia", tenía su propia familia, una que había formado él, todavía le costaba creerlo… ¿Cómo había cambiado tanto? No, la pregunta era ¿quién lo había cambiado tanto? Tampoco…
No, echarle la "culpa" a otro sería seguir negándose a sí mismo. Si una parte de él no hubiera deseado, aunque sea milimétricamente algo así para su vida, jamás se hubiera dejado llevar. Rió para sus adentros… ¿así que algún rincón de él sí había considerado formar una familia feliz? De seguro eso había sido todo culpa de su viejo, de Byakuya. Aunque más que culpa, tenía que admitir que le había salvado la vida, le había enseñado a ser un buen hombre, un buen amigo, un buen padre. Él no era quién para juzgarse a sí mismo de esa forma, pero al menos era el camino que su padre le había dejado para que él lo siga, y lo hiciese lo mejor que pudiera, y realmente esperaba poder hacerle honor.
El tiempo tenía una curiosa manera de fluir, y la suerte de que Michiko gozara de buena salud generalmente, hizo que de verdad pasaran volando los primeros meses, y tuvieran muy pocos sustos. Cada pequeña acción de la pequeña era un desvelo de emoción para los padres primerizos, cada vez que la preciosa rubia de ojos carmín hacía sus tiernos sonidos incoherentes. Las primeras sonrisas por "reflejo nervioso", como las había llamado Senku, eran igualmente adorables a las pocas semanas de nacer, pero cuando la niña había cumplido los tres meses, ya estallaba a puras carcajadas con todo, era muy risueña. Quedarse boquiabiertos y paralizados de emoción era la reacción más común en Senku y Kohaku, que la felicitaban y la incitaban a que volviera a hacerlo, y la bebé era más que generosa al respecto.
Unos meses más tarde, vinieron las primeras sílabas. La pareja se puso de acuerdo en elegir algunas formas fáciles de designar objetos, y repetirlos seguidamente para que Michiko los imitara, y ellos mismos habían comenzado a llamarse "mamá" y "papá" entre ellos, lo cual al principio les costó mucho, pero todo valdría la pena cuando fuera ella la que los llamara así más adelante. La mañana en que la niña cumplía seis meses, Ryusui apareció en la puerta de su casa con una radiante sonrisa, y su propia idea de cómo iba a pasar ese día la familia Ishigami.
- No pregunten, solamente armen una mochila con las cosas necesarias para pasar un día familiar completo afuera, y los espero en media hora en donde está el automóvil, yo los llevo.
- ¿A dónde? Ryusui, no puedes organizarnos el día así –protestó Senku– tengo cosas que hacer y…
- No, hoy cumple medio año la bella señorita y princesa del reino científico, ninguno de los dos va a trabajar ni va a hacer nada más que descansar y celebrarlo con ella.
- Tampoco es como si ella lo registrara, ¿sabes?
- No es por ella solamente, es también para ustedes. Sus primeros y exitosos seis meses como padres, ¿por qué no habrían de festejarlo? Además, ya preparamos todo, los demás están de acuerdo, y hasta Françoise les preparó la comida para llevar. ¿Van a decirle que no a eso?
- Senku… desde que nació Michiko que casi no salimos de la aldea, y ya es más seguro salir con ella, como dijiste. Es un lindo gesto de parte de todos, y confieso que me gusta la idea de ir.
- De acuerdo, diez billones por ciento seguro que es inútil resistirse, y tampoco es tan mala idea… ¿a dónde vas a llevarnos, Ryusui? Mencionaste el automóvil.
- Eso es un secreto, pero les apostaría todos mis dragos a que les va a encantar –Chasqueó los dedos, con una sonrisa de oreja a oreja.
- Como si el hombre más ambicioso del mundo fuera a defraudarnos. Tú ganas, nos vemos luego entonces.
Mientras el marinero se iba, Senku preparó todo lo necesario y Kohaku fue a buscar a Michiko. Le daba pena interrumpir el sueño de su bebé, así que trató de levantarla con toda la delicadeza que pudo para que no se despierte, o al menos vuelva a dormirse en sus brazos. Cuando volvieron a encontrarse con Ryusui, se encontraron de camino con Chrome, que les dio un sobre, pero les dijo que todavía no lo abrieran. Era liviano, pero parecía tener algo más que papel dentro.
Luego de una hora de viaje, había algo familiar en la ruta que habían tomado, pero no podían descifrar por qué. Cuando bajaron del coche, y Ryusui les dijo que por la tarde volvería a buscarlos, siguieron el único camino posible hacia delante, y una idea comenzaba a formarse en la mente de Senku, seguía encontrándolo familiar, como un déjà vu. Y cuando vio la pequeña choza en lo alto del sendero, finalmente lo supo: Ese era el lugar al que habían ido en su "luna de miel", y esa choza la habían construido sus amigos. Pero el grito ahogado de emoción de Kohaku le dio a entender que había un detalle más que lo hizo todo diez billones de veces más especial. Del otro lado de la colina, exactamente igual que hacía un año, había un mar rosado de pétalos… cientos de árboles de Sakura. Los dos se quedaron en silencio un rato, contemplando la bella imagen, y sin poder creer la "casualidad" de estar allí nuevamente, para disfrutar del famoso "sakura zensen" una vez más.
Kohaku tenía las dos manos ocupadas en sostener a Michiko, por lo que Senku la abrazó por detrás y ella apoyó su cabeza contra él, intentando contener la emoción que la embargaba. Ese sitio era tan especial para ella, había significado tanto… y sin que ni ella ni el científico lo supieran en ese momento, fue en ese mismo lugar que habían concebido a la preciosa hija que ahora tenía en sus brazos. Sí, ese era su lugar secreto en el mundo, su tesoro oculto. Recordó que cuando lo había conocido, había deseado volver con toda su familia y amigos, quería compartir ese paisaje y esa mágica visión con las personas que más quería, y gracias a las que hoy estaba donde estaba en parte. Bajó los ojos hacia su niña, y se encontró con que la estaba mirando con esos grandes ojos carmín, serenos y profundos, y una pequeña sonrisa en los labios. ¿Podría ser que su hija había sentido su emoción? Pero la voz de Senku la sacó de sus pensamientos.
- Leona, ¿vamos? Podemos bajar al lago primero, y luego recorrer el camino hacia los árboles.
- Sí, quiero mostrarle a Michiko todo este lugar, dejemos lo mejor para el final.
Bajaron por la colina, y cuando llegaron a la orilla del lago, se recostaron junto a un árbol a la orilla del lago, bajo la sombra para proteger del sol a la bebé. Era curioso, pero la pequeña parecía realmente estar mirando el lago, mientras balbuceaba suavemente.
- Y pensar que tú querías quedarte en la aldea a trabajar, mira lo que nos hubiéramos perdido.
- No había forma de imaginar que los demás habían ya planeado esto para nosotros… por segunda vez. Ah, el sobre que nos dio Chrome, ¿quieres que lo abramos ahora?
- Sí, está bien.
Senku lo sacó de la mochila que traía consigo, y al abrirlo primero encontró una hoja plegada varias veces. Cuando la estiró por completo, vieron que había un mensaje escrito dentro, y la mitad inferior de la hoja tenía las firmas de todos los aldeanos y los amigos del reino científico. El mensaje decía: "La esperanza del nuevo mundo". Ambos se quedaron un momento en silencio, pensando en el significado de aquella frase.
- Hmm, ahora que lo pienso, no sé si se refiere a Michiko, o a ti –Le dijo Kohaku.
- Me gustaría pensar que querían referirse a la leoncita. Ella es la continuación y la verdadera esperanza del nuevo mundo, el legado que perdurará.
- Sí, puede ser… pero tú fuiste el que convirtió todo esto en un "nuevo mundo", eso pienso al menos. De no ser por ti, no hubiéramos conocido a la ciencia, y ni que hablar que muchos de nuestros amigos quizás todavía estarían convertidos en piedra. Realmente pienso que salvarás la vida de esas millones de personas.
- No lo hice, ni lo podría hacer solo. Entiendo que me consideren el líder, pero todos somos igual de importantes en esto, cada uno contribuyó a que hoy hayamos logrado tantas cosas, y las que vendrán. Pero les agradezco la confianza, no nos detendremos hasta recuperarlos a todos, y si nuestra vida no alcanza para lograrlo, entonces luego sí será el turno de Michiko y de la próxima generación. Ah, hay algo más aquí.
Metió la mano en el sobre, y frunció el ceño al sentir lo que había dentro. Cuando sacó su contenido, se encontró con una larga cadenita, con un dije que contenía una piedra. Kohaku bromeó con que era obvio que eso lo había hecho Chrome, él y sus pedrolos. Pero Senku se dio cuenta rápidamente que no era una piedra cualquiera, por más que no parecía muy especial a primera vista: Era tungsteno. Y fue entonces cuando cobró un sentido más lo que estaba escrito en el mensaje. Si se ponía a pensarlo, ese metal había sido también la esperanza del nuevo mundo, sin ello jamás hubieran podido hacer ni la mitad de sus más importantes "re-inventos". Y no sólo eso. Sonrió con los ojos brillantes.
- Leona… ¿te acuerdas cómo comenzó todo esto?
- ¿Qué sería todo esto?
- Nosotros.
- Hmmm… ¿"nosotros"? Bueno, nos conocimos gracias a que Tsukasa intentó matarme en cierta forma, y tú me salvaste.
- No, me refería más bien a cuando comenzó el "nosotros" no como conocidos o compañeros, sino cuando dimos los primeros pasos en nuestra relación romántica.
- Eh… –Senku le mostró la piedra de cerca, y cuando le dijo que era tungsteno, ella abrió mucho los ojos– Espera… es verdad. Fue tu accidente, cuando me protegiste de esa caída. Estábamos yendo con Chrome a buscar más de esta piedra.
- Diez billones de puntos para ti por recordarlo tan rápido. Así es, se podría decir que gracias a ese accidente en que me rompí las costillas, es que hoy estamos juntos así.
- Parece que fue hace tanto tiempo.
- No llevo esa cuenta con exactitud, pero ya serán unos dos años.
- ¿Crees… que Chrome recordó ese detalle al hacer este regalo? –Kohaku quedó con la boca entreabierta al considerarlo.
- No, fue uno de los últimos en enterarse de que pasaba algo romántico entre nosotros. Aunque también puede ser… –sonrió de costado y luego soltó una suave risa, pasándose una mano por el cabello.
- ¿Qué? ¿Qué recordaste?
- Chrome sí supo de mis planes de proponerte matrimonio, porque el tungsteno que usé para escribir la propuesta lo sacamos de las reservas, y él me ayudó a partirlo. Así que no estaba tan alejado.
- Oooooh… quiero preguntarle cuando lo vea. De todas formas, es un precioso regalo. Lo guardaremos para cuando Michiko crezca, y lo podrá llevar siempre con ella.
- Leona, ven –se apoyó contra el tronco del árbol, y separó las piernas mientras le gesticulaba que ella se recostara contra él, a su vez con Michiko en su pecho, y las abrazó a las dos.
- ¿Estás bien, Senku?
- Estoy más que bien, sí. No sé qué tiene todo este lugar para ser tan especial, pero siempre me hace reflexionar y recordar. Sé que no lo digo mucho, aunque en parte me tranquiliza que seas un poco como yo, pero estoy feliz con cómo se dieron las cosas. Algunas sucedieron absurdamente rápidas e inesperadas, completamente fuera de mi elemento, y no me creería a mí mismo si unos años antes alguien me hubiera dicho que todo esto iba a pasar. Pero lo hicieron, sucedieron… y lo que más me sorprende es que no cambiaría ni una. Quizás hubiera sido más conveniente que se dieran más adelante, cuando hubiéramos restaurado la civilización y demás, pero eso también es mi comodidad y mis preocupaciones hablando. Pero, por otro lado, siento que me hicieron más fuerte, porque ahora tengo a quién proteger, por quiénes vivir y darlo todo, y sobrevivir, ya que ahora lo pensaría dos veces antes de hacer algo temerario. Quiero despertarme todos los días, y ver tu cara, la de Michiko, y quizás la de otros hijos si en el futuro tenemos más. Quiero vivir por eso, por ustedes, y lograrlo todo con la ciencia, y con nuestros amigos y aliados, y los que vengan. Y yo… no quiero que suene trillado decirlo así y ahora, pero te amo, leona. Tú y Michiko son lo más importante que tengo en mi vida, y quiero que siga siendo así.
- Senku… no voy a cansarme nunca de escucharte hablar de esto, ni de ciencia. Creo que mi vida cambió tanto como la tuya al conocernos, y tampoco lo quisiera de otra forma. Perdona, me dejaste sin palabras… pero me llenaste el corazón –giró su cabeza un poco más, y la alzó para darle un largo beso en los labios– Ten por seguro que pienso como tú, y nada me hace más feliz a que nos sintamos igual en eso. Creo que yo me enamoré primero de ti, desde que te vi, y poco a poco no hizo más que crecer ese amor y esa fascinación por ti. Te confío mi vida, y la de nuestra hija…y aunque me sorprendió escuchártelo a ti primero, también me encantaría que tuviéramos otros hijos más adelante. Nunca pensé que yo tendría una familia feliz, ni tan pronto, pero ahora pienso que quizás era porque estaba esperando, sin saber, para conocerte y amarte a ti. Gracias por todo.
Compartieron unos largos y amorosos besos, aunque no era la posición más cómoda, pero no les importaba. Incluso Michiko se quedó tranquila y en silencio, dormitando contra el pecho de su madre. Se quedaron retozando así un rato más, hasta que les dio hambre y comieron las delicias que les había preparado Françoise, y siguieron recorriendo y recordando las zonas más bellas de ese lugar, amparados por la sombra de los árboles. Cuando comenzaba a caer la tarde y el sol había dejado de ser tan fuerte, decidieron ir hacia el mar de árboles de Sakura, y pasar el resto del día ahí. Pero cuando llegaron, se encontraron con una sorpresa mayor: Kokuyo, Ruri, Chrome, Ryusui, Gen, Kinro, Ginro, Yuzuriha, Taiju, Kaseki, Tsukasa, Minami, Mirai, Suika, Ukyo, Nikki, Françoise… todos estaban ahí.
- ¿Qué…? –Kohaku estaba boquiabierta– ¿Cómo llegaron aquí? ¿Cómo sabían que estaríamos en este mismo lugar?
- No lo sabíamos, Kohaku-chan –dijo Gen con su voz cantarina y una sonrisa en el rostro– Pero entre nuestros exploradores y un poco de deducción, acertamos.
- Lamentamos interrumpir su momento privado familiar, pero queríamos sorprenderlos y compartir este momento con ustedes –Ryusui chasqueó los dedos con su típica sonrisa llena de seguridad.
- No, no... al contrario, este era uno de mis mayores deseos, que todos pudieran disfrutar de este lugar y esta vista, gracias por venir. Pero, ¿cómo vinieron? –Dijo mirando a su padre, y a Ruri.
- Ryusui nos trajo en el gorila de vapor, y yo hice hace unos días unas modificaciones para que podamos venir juntos. Una "carreta", si no me equivoco.
- Qué interesante. ¿Hace cuánto estaban planeando esto? No me enteré –Rió Senku, incrédulo.
- Era la idea, aunque nos vino genial que estuvieras tan ocupado y dedicado a tu hija, y lo mismo la gori…. Kohaku –Dijo Chrome.
- Chrome.
La rubia lo llamó, y él tembló pensando que la había oído y le iba a pegar, porque le pasó a Michiko a los brazos de Senku. Pero para su sorpresa, en su lugar lo abrazó con fuerza. Lo que más impactó al castaño, es que pensaba que era la primera vez en la vida que ella lo abrazaba así.
- Gracias, Chrome. Ese colgante… es precioso. Michiko lo amará cuando sea grande, estoy segura.
- Ah… de nada, Kohaku, me alegro que te haya gustado –Torpemente le devolvió el abrazo, aunque en el fondo estaba muy feliz. Parecía que la maternidad había ablandado a la gorila.
- Papá, Ruri… gracias por venir, y por todo. Sé que no fui fácil de llevar muchas veces, les pido perdón, pero yo…
Las palabras de Kohaku fueron interrumpidas, esta vez porque Kokuyo fue el que se acercó y la abrazó con mucha fuerza, y atrajo a su hija mayor también. Podían verse unas brillantes lágrimas en sus ojos, amenazando con caer.
- No pidas perdón por nada, Kohaku. Sé que todo lo que hiciste, fue por tus fuertes convicciones, y por el bien de Ruri y de todos en la aldea, siempre. Eres muy temperamental, sacaste eso de mí… pero soy yo quien tiene que agradecerte por todo, hija. Y la mejor decisión de tu vida, y con la que salvaste a tu hermana y posiblemente a todo el mundo, fue la de traer a Senku a la aldea. Tu madre también estaría orgullosa de ti, de las dos, mis niñas ya son unas mujeres fuertes y hermosas, soy feliz de dejar la aldea en sus manos.
Luego del emocionante momento familiar que presenciaron, todos saludaron oficialmente a la pequeña Michiko en su "cumplemes" y luego se sentaron en el suelo lleno de pétalos rosados a contemplar el mágico lugar. Los ojos de todos brillaban, para los que habían nacido en el mundo de piedra posiblemente era la primera vez que veían algo como eso, aunque no era menos cautivante para los que ya lo conocían, habían pasado años desde la última vez que habían presenciado algo tan bello como esa escena.
Pasaron la tarde juntos, hasta después del atardecer, entre admirar el paisaje, hablar y recordar sus experiencias y anécdotas juntos, jugar con la adorable bebé. Se sentían una gran familia, y así lo eran. Así como Senku sabía que Byakuya era su padre y su familia, aunque no compartieran lazos de sangre, la profundidad de los vínculos de todos los presentes ya se sentía como amigos y hermanos. Todos sabían implícitamente que apoyarían con su vida el bien de los demás, y trabajarían juntos para restaurar la civilización. Aunque más de uno al ver a Senku y Kohaku como pareja, y con una preciosa hija, consideró que quizás podían permitirse ellos también disfrutar de otras facetas de su vida. Todos eran muy jóvenes, pero tampoco era como si tuvieran que terminar una carrera o trabajar, algo que solía ser una prioridad en el mundo moderno. Podían empezar a pensar qué querían para su vida, y con quiénes a su lado.
Cuando estaban por volverse, luego de admirar el mágico paisaje dado por los árboles rosados, y los tonos rojizos y anaranjados del atardecer, Senku y Kohaku se quedaron solos un momento, el peliverde con Michiko durmiendo en sus brazos, suspirando mientras apreciaban y se despedían una vez más de ese mágico lugar que atesoraban, y ahora se había vuelto mucho más especial por haberlo compartido con todos. Kohaku fue la primera en hablar, mientras lo abrazaba y acariciaba a su hija con delicadeza.
- Siento que este fue, y es, el viaje más largo y emocionante de mi vida… de nuestras vidas, un antes y un después, que comenzó hace cinco años, ¿verdad?
- ¿Ahora eres tú la que lleva las cuentas? Me gusta. Sí… y el mejor despertar de la mía desde que volví a abrir los ojos, literalmente "en otro mundo", y a la vez continuándolo.
- ¿Vamos por más, juntos?
- Diez billones por ciento seguro de eso, leona.
FIN
Buenaaas! Hasta aquí llegó esta bella historia, espero que la hayan disfrutado mucho, y haberle dado un buen final como se merece. Esta fue la segunda historia Senhaku que escribí…y sin saberlo continuó buena parte del año. Ahora pueden continuar con "Juntos", o releerlo (que terminó siendo la secuela, sin haberlo planeado en realidad jaja, y también le queda el último capítulo por escribir en una semana más). De corazón les agradezco por todo el continuo apoyo, los comentarios, reviews, y todo el amor que me dieron a mí y a este fanfic. Y agradecimientos especiales a Cherry, Rosmery, Brayan y Minet, mis hermosos y grandes amigos que me bancan en todas. GRACIAS!
