Draco
En cuanto Luna puso un pie en mi departamento el día de mi cumpleaños no dudé en invitarla a Tomorrowland, después de todo esa era mi boleto a la distracción antes de empezar con mi cuarto doctorado. Luna era una buena amiga con derechos, que no se enfureció cuando le dejé claro que el matrimonio y formar familia no estaba dentro de mis planes como ella quería.
Me sorprendí cuando en medio del festival trajo a Granger ante mí, que obviamente estaba junto a su novio falso, sé que su relación es ficticia ya que de estar sola su padre le encontrará marido.
— ¡Señorita Hermione, le presento a mi prometido, Draco Malfoy! — Gritó Luna en el oído de Granger. — ¡¿Recuerda que años atrás se lo quería presentar?!
¿Prometido? Haberla invitado a Bélgica no me hace su novio.
— Ya lo conozco, es mi profesor en Hogwarts — La sonrisa que ella mostró se notaba irónica — Creí que habían terminado en cuanto se marchó a América, Señora Lovegood.
— Sí, pero el amor verdadero siempre vuelve a estar unido. — Luna siempre estaba en su mundo ideal, donde todo era chocolates y rosa.
— En verdad, solo te invité porque recordaste mi cumpleaños — Decidí desmentirla — No hemos vuelto y menos voy a casarme, ahora ni nunca.
Luna sonrió. — Lo sé, me lo dices desde la universidad, pero creo que si sigo intentando muy pronto nos casaremos.
Por primera vez presté atención al rubio que estaba susurrándole algo a Granger, era tan alto como yo, rubio de ojos verdes. Sin duda era mi rival.
— Un gusto pasar a saludar, Sam y yo debemos ir al hotel — se notaba divertida — Hasta luego señora Lovegood, Adiós Profesor.
Y desapareció entre la multitud. Me estaba haciendo la ley del hielo, pero yo sé derretir esa clase de muro.
— Te gusta ella — Luna me miró sorprendida — Te gusta una niña, no me rendiré hasta que me veas así otra vez.
Negué con la cabeza — Luna eres solo mi amiga.
— Con derechos, siempre lo he sido y eso no me impide querer estar a tu lado. — Me dio un guiño y decidió ignorarme para continuar disfrutando del festival.
Hermione Granger estaba actuando de manera racional y en su beneficio, era claro que nunca me haría una escena de celos o me gritaría. No, ella era distinta a mí y no se pararía a atender una "excusa" cuando sus ojos vieron ese estúpido beso. E incluso ahora que estaba con mi "novia" que era mi amiga con derechos, evidenciaba que me sería difícil acercarme a ella otra vez y también sería ignominiosa de confesar.
