CAPÍTULO 24
—Acabo de enamorarme de Edward. —Confesó Renné Swan mientras paseaba con su hija.
Isabella estaba en Cold Spring. Había ido a pasar el fin de semana con sus padres aprovechando que libraba en el trabajo y que Edward estaba junto a Emmet y Jasper disfrutando de la despedida de soltero de su hermano. Le habían organizado un fin de semana de escalada, camping y senderismo, nada de fiestas alocadas y strippers.
—No creo que a papá le guste saberlo. —Apuntó Isabella.
—Tu padre no se pondrá celoso, Edward será mi amor platónico.
Bella les había contado a sus padres por encima, todo lo relacionado con el pasado de Edward, y los últimos acontecimientos con Jacob. Su padre se enfureció al enterarse del comportamiento de Black, pero le sirvió para mirar con otros ojos a Edward. Le tranquilizó saber que cuidaba de su hija.
Renné, por su parte, coronó al novio de su hija como el hombre ideal.
—Es como un héroe de novela romántica: pasado doloroso, guapo, valiente y está pendiente de ti.
—¡Mamá, por favor! ¡No digas tonterías!
—Es en serio. Si yo tuviera unos años menos y no estuviera enamorada hasta los huesos de tu padre, no se me escapaba.
—¡Mamá! —Se quejó entre risas Bella.
Volvió a Nueva York con las pilas cargadas. El fin de semana con sus padres le había servido para relajarse. En realidad, no habían hecho nada especial, solo pasar tiempo juntos paseando, cultivando el huerto de su padre y conversando. Siempre habían adorado esos pequeños momentos, no necesitaban nada más para ser feliz.
Esa misma noche recibió un mensaje de Edward confirmándole que ellos también habían llegado a la ciudad.
Tengo agujetas hasta en el alma y a mi hermano muerto en el sofá.
No sé si seré capaz de moverle.
Te echo de menos.
Te quiero.
Isabella sonrió al leerlo y no tardó en responder.
Descansa y recupera las fuerzas.
Te necesito a pleno rendimiento para cuando nos veamos.
Yo también te quiero.
Con una sonrisa en los labios se fue a dormir pensando en lo feliz que era su vida y rezando porque esa felicidad fuese duradera.
La semana en el trabajo fue bastante movida. Tenían que dejarlo todo a punto puesto que el fin de semana se celebraría la boda de Emmet por lo que la tienda estaría cerrada.
—¡Jasper parecía un abuelo de setenta años, apenas podía caminar! —Se reía Alice mientras revisaba las cuentas en el ordenador.
—A mi Edward me escribió un mensaje, creo que ni siquiera tenía fuerzas para llamarme. No sé si habrá podido despegar a Emmet del sofá. —Bromeó Bella.
—Se piensan que son unos críos, y lo cierto es que ya tienen una edad.
—Cualquiera que te escuche pensaría que son unos viejos y la verdad es que no llegan a los treinta y cinco.
—Pero tampoco tiene veinte, y lo peor es que ellos creen que sí, pero, en fin. ... ¿Tú cómo estás? ¿Nerviosa por la boda? —Preguntó Alice.
—¿Tú qué crees? En vista de cómo fue la fiesta de compromiso no sé qué esperar.
—Todo irá bien, ya lo verás. —Intentó reconfortarla apretando su mano.
—Sólo espero que todos disfruten del día.
Alice arrugó la cara dibujando una mueca de dolor y removiendo se incómoda.
—¿Estás bien? —Preguntó Bella dejando los libros que estaba colocando en la estantería y acercándose hasta ella.
—Sí, es solo que creo que me está bajando el periodo y tengo molestias. Creo que iré al baño. —Habló mientras buscaba algo en su bolso—. ¡Mierda! No tengo compresas. ¿Me dejas una?
—Claro. Iré a buscarlas a mi bolso.
Bella se dirigió a la trastienda y tomó su bolso de la percha, buscó el pequeño neceser donde siempre llevaba algunas toallitas, tampones y compresas para emergencias y sacó un par de ellas para entregárselas a Alice.
Fue en ese mismo momento cuando se dio cuenta de que algo no iba bien. Las veces que habían hablado sobre el tema, siempre había coincidido que el periodo de Alice le venía después que el suyo, sin embargo, este mes el de Bella no había hecho acto de presencia.
Nerviosa intentó recordar cuando fue la última vez que menstruó. El mes anterior, estaba segura, aunque fue diferente, más corto de lo normal, pero sangró… Eso contaba como menstruación, ¿Verdad?
Isabella sintió como un sudor frío empezaba a recorrer su frente: no podía ser cierto, ella no podía estar...
—¿Bella?
La voz de Alice hizo que se girarse sobresaltada haciendo que su bolso y todo el contenido del mismo terminase en el suelo.
—Siento haberte asustado, pero como tardabas, decidí venir a buscarte. —Explicó agachándose para ayudarla a recoger las cosas. ¿Todo va bien?
—Sí, solo me entretuve mirando unas cosas.
—Pues cualquiera lo diría, estás completamente pálida. ¿De verdad te encuentras bien?
—Sí, de verdad. Estaré incubando algo. Toma. —Le ofreció el pequeño neceser Ahí tienes todo lo que necesitas.
—Gracias, eres un cielo. —Sonrió Alice abrazándola cariñosamente. Voy al baño, ahora vuelvo.
—De acuerdo. —Respondió Bella perdida en sus pensamientos. Su cabeza no dejaba de repasar los días en el calendario, las veces que habían hecho el amor, imágenes de ella tomando sus anticonceptivas...
—No puede ser... —Intentó convencerse a sí misma. Ese retraso podía deberse al estrés, al cambio de rutina, pero no a un embarazo. Ella no podía estar embarazada.
ὠὠὠ
Buscó las llaves de casa ansiosa. Estaba deseando entrar para encerrarse en el cuarto de baño y hacerse los tres test de embarazo que había comprado en la farmacia al salir del trabajo. Necesitaba salir de dudas ya.
Los nervios se habían apoderado de su interior haciendo que estuviese toda la tarde ansiosa, pero intentando controlarse para no alarmar a Alice, aunque no estaba segura de haberlo logrado, pues estaba segura de que Alice sospechaba que algo le había ocurrido.
Abrió la puerta dispuesta a ir directa hasta su objetivo, pero una sorpresa inesperada la detuvo.
—¡Edward! —Exclamó a media voz ¿Qué...? ¿Qué haces aquí?
—¡Vaya! Por tu cara diría que no te ha gustado mi sorpresa. —Saludó acercándose hasta ella y besando sus labios.
—¡No!, Quiero decir que sí que me ha gustado verte aquí, es sólo que no te esperaba, creí que irías a cenar con Emmet, para ayudarle con lo de la boda.
—Y así iba a ser, pero Rose ha requerido su presencia y al parecer ella tiene prioridad absoluta sobre mí. —Bromeó
—¿Y.. cómo es que has venido hasta aquí?
La culpa de eso la tengo yo. —Habló Jess saliendo de la habitación junto a Mike—. Nos encontramos de casualidad y al contarme sus cambios de planes me pareció la oportunidad perfecta para cenar los cuatro juntos. Nunca lo hemos hecho y ya es hora. Además, estaba segura de que no te opondrías. —Sonrió.
—No, claro, es... Una magnífica idea. —Alabó Bella maldiciendo interiormente a su amiga. La adoraba, pero había tenido que tener esa idea justamente hoy.
—¡Pues entonces, perfecto! Ya está todo listo, nos hemos encargado de todo. Tú solo tienes que sentarte y disfrutar.
Bella observó cómo se dirigían hacia la mesa mientras ella permanecía allí congelada. Tenía que calmarse y disfrutar de la cena, no podía encerrarse en el baño y mucho menos con Edward allí.
—Nena, ¿Vienes? —Preguntó Edward acariciando su cintura.
Isabella abandonó sus pensamientos y le sonrió.
—Sí, claro.
—¿De verdad que estás bien? Te encuentro extraña, dispersa...
—Sí, de verdad, es solo que ha sido un día duro en el trabajo, pero tenerte aquí es lo único que necesito para que mi día mejore.
—Para eso estoy yo aquí, para arrancarte una sonrisa en esa preciosa boquita.
—¡Eh, tortolitos! ¡Qué la cena se enfría! —Les interrumpió Mike.
Decididos a no hacerlos esperar, se acercaron a la mesa para sentarse.
Desde luego a Bella le sorprendió ese cambio de actitud de Jessica hacia Edward. Desde el inicio de su relación se había mantenido recelosa, aunque nunca interfirió en las decisiones de ella. Sin embargo, al conocer el pasado de Edward pareció entender el comportamiento que él había tenido a hacía su amiga.
Como ella misma le confesó a su vuelta de la fiesta de compromiso de Emmet, lo que frenaba su comportamiento hacia Edward era la sospecha de que pudiese estar ocultando algo, como efectivamente había sido, aunque ella se inclinaba más porque estuviese casado o mantuviese una relación paralela. Teorías de película, según le dijo Bella, pero que a tenor de lo sucedido podían haber sido totalmente compatibles.
Tras esa charla, Jessica cambió su actitud hacia él y se mostró más abierta, hasta tal punto que al final, y por azares del destino terminó invitándole a cenar.
Fue una velada agradable, llena de risas y bromas, donde Jessica y Bella les sorprendieron con algunas de sus locuras de su etapa de estudiante y donde además pudieron conocer un poco más a Mike, el novio de Jess.
Newton además de ser amable y simpático, tenía ese toque de humor ingenioso que le hacía aportar el comentario oportuno en el momento indicado, pero sin llegar a ser pesado.
A Bella le encantó ver la complicidad que se prodiga a la pareja y como los ojos de su amiga brillaban cada vez que le miraban, brillo que era correspondido con igual intensidad.
—¡Tenemos que hacernos un selfie! ¿Dónde tienes el teléfono, Bella? Preguntó —Jessica
—En el bolso —Respondió distraídamente.
—Voy a por él
—¡No! Ya voy yo. —Se apresuró a decir evitando así que su amiga descubrirse la bolsa de la farmacia.
Se hicieron la foto y terminaron de cenar tranquilamente.
—Yo me voy, mañana tengo clase a primer ahora y ya es muy tarde. —Habló Edward levantándose.
—¿No te quedas a dormir? —Preguntó Bella, aunque en el fondo de su ser rogaba porque dijese que no. No podía soportar pasar toda la noche con la intriga.
—Cariño, estás cansada, no hay nada más que ver tú carita. Me encantaría dormir abrazado a ti, pero no tengo ropa y tendría que levantarme demasiado temprano, no quiero molestarte.
—Está bien. —Aceptó besando sus labios.
—Nos vemos mañana.
—Descansa.
Bella se despidió de Edward y ayudó a Jess a quitar las cosas. Mike también se despidió de ellas.
—Me alegro de haber compartido esta cena los cuatro, tenemos que repetir.
—Por supuesto.
—Te dejo, me voy a la cama. Descansa. —Se despidió Jessica abrazando la.
—¡Buenas noches!
Bella esperó a que su compañera de piso se lavase los dientes y se encerrarse en la habitación para encerrarse en el baño.
Sacó dos de las tres cajas de test que había comprado, leyó las instrucciones y suspiró: el momento había llegado.
Prefirió dejar uno de ellos para la mañana siguiente, según lo que ponía en las instrucciones el resultado era más fiable con la primera orina de la mañana, pero no podía aguantar.
Hizo pipí en ambos palitos y esperó los cinco minutos de rigor, cinco minutos que se le hicieron eternos, en los que no paró de mirar el reloj, morderse las uñas, golpear con el pie el suelo... Cuando el momento llegó el corazón estaba a punto de salirse de su pecho.
Tomó los dos palitos y miró el resultado.
—¡Mierda!
Dos rayitas.
Dos rayitas en cada test.
Dos positivos.
Estaba embarazada.
¡Hola! ¿Qué tal todo?
Pues parece que hay una pequeña e inesperada sorpresa. ¿Cómo creéis que lo tomará Edward?
Veremos que pasa en esa boda.
Espero leer vuestros comentarios.
Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.
Nos leemos como cada martes en Élite Fanfictión y el viernes en un nuevo capítulo.
Saludos.
