23º Haciendo justicia

Cuando Lizzy despertó miró a su alrededor, comprobando que se encontraba en su habitación, en un acto reflejo se llevó las manos a su vientre, como hacía cada mañana desde que había descubierto su embarazo, y al notar que no estaba apenas abultado se incorporó asustada. Miró alrededor, y entonces observó a la señora Reynolds, sentada muy cerca de ella, arrullando a su pequeño hijo, que renegaba un poco entre sus brazos.

-No ha sido un sueño- Comentó llevándose las manos a la cabeza- Todo ocurrió de verdad- Y sin poder evitarlo empezó a llorar.

-¿Se encuentra bien, señora?- Preguntó el ama de llaves, acercándose con el niño en sus brazos- ¿Quiere que vaya en busca del señor?- Pero Lizzy no era capaz de responder, los recuerdos de lo sucedido la invadieron- Vuelvo enseguida señora- Le comentó, dejando al niño en la cuna, que de inmediato empezó a llorar y saliendo de la estancia a toda prisa.

Sin ser capaz de dejar el llanto, al escuchar a su hijo llorar, se arrastró en la cama hasta el borde más próximo a la cuna, y entonces se puso en pie, camino los pocos pasos que la separaban del niño y lo tomó en brazos.

-¡Elizabeth!- Escuchó la voz de su esposo unos instantes antes de sentir sus brazos rodeándola- ¿Qué haces levantada?- En respuesta recibió su llanto incontrolable y notó como temblaba- ¿Qué te ocurre?- Con cuidado, la llevó de nuevo a la cama y con delicadeza, la colocó sobre el colchón, colocó las almohadas para que estuviera cómoda y la arropó un poco- Cuéntame que te sucede.

-Ayer... Ayer...- Intentó hablar- Pudimos perderlo ayer...- Dijo al fin, sin poder apartar la mirada de su hijo- Por mi culpa pudimos haberlo perdido...

-Sssshhhh...- Intentó calmarla mientras la abrazaba, miró a su ama de llaves, que esperaba en la puerta, preocupada por su señora- Señora Reynolds, ¿podría traer una tisana para la señora Darcy?

-Por supuesto, de inmediato señor.

-Ya está Elizabeth- Le susurró mientras la mecía levemente- Cálmate, está todo bien.

-Will...- Se aferró a él, soltando todo el llanto que tenía guardado desde el día anterior.

Darcy, con paciencia, la consoló con palabras de cariño, acariciando su espalda y cabellos y besando su frente, hasta que lentamente dejó de llorar. Entonces se separó un poco de ella para poder mirarla a los ojos.

-¿Estás mejor?

-Creo que si- Respondió aun un poco llorosa.

-¿Qué ha sucedido? ¿Por qué llorabas?- Preguntó preocupado.

-Me he despertado, y al verme en esta habitación he pensado que había tenido una terrible pesadilla, pero cuando he puesto mi mano sobre el vientre, como he hecho cada día, y he notado que el bebé no estaba... Al ver la cuna al lado y a la señora Reynolds con William... Me han venido todos los recuerdos a la cabeza- Su voz comenzó a quebrarse.

-Mi amor- Le tomó la mano- Ha sido una situación horrible para todos, pero ya ha pasado todo.

-¿Y si le hubiera pasado algo a nuestro hijo?- Miró a su niño, que seguía renegando- ¿No estás enfadado conmigo por haber ido al encuentro de Collins y de Caroline?

-Enfadado no es la palabra- Le dijo con calma- No sabría definir como me siento, porque es cierto que al ir os ponías en peligro a ti y al niño, pero si no lo hacías podían haber matado a tus hermanas pequeñas- Suspiró con pesar- Hicieras lo que hicieras te habrías culpado igual- Levantó su mano y la llevó a sus labios, besando sus dedos con cariño- A pesar de todo, fuiste muy valiente e inteligente, me dejaste pistas para que os encontrara, escondiste a las niñas de esos dos lunáticos, y después conseguiste mantener la calma frente a Caroline- Le sonrió con admiración- No puedo enfadarme contigo por ser la mujer más maravillosa y extraordinaria del mundo.

-¿De verdad lo piensas?

-Claro que si, soy muy afortunado de tenerte a mi lado- Se colocó junto a ella, rodeándole los hombros con el brazo.

-Yo soy la afortunada, no sé que habría sido de nosotros sin ti- Le comentó, recordando su actuación durante el parto- Si William está aquí ahora es gracias a ti- Él la miró sin comprender a que se refería- Durante todo el embarazo no has hecho más que velar por mi bienestar, y te lo he puesto difícil, lo reconozco- Rio levemente, haciendo que él riera también- Y ayer estuviste increíble.

-¿Increíble?

-Desde luego, si tú no hubieras estado para ayudarme cuando nació William, no sé qué habría sucedido- Lo alabó- No perdiste la calma en ningún momento y me ayudaste a que yo no la perdiera, además me guiaste durante todo el parto- Se apoyó en él.

-Estaba aterrado- Le confesó- No sabía que tenía que hacer y temía cometer algún acto que os dañara- Sonrió relajado- Ahora que ya ha pasado todo, me doy cuenta del miedo que tenía y me siento aliviado de que los dos estéis bien- Bajó su rostro y besó sus labios con calma.

La señora Reynolds se adentró en la estancia, haciendo que ambos separaran rápidamente sus labios, de inmediato dejó la tisana junto a la cama de su señora.

-Señor, sé que el doctor recomendó que la señora no amamantara al niño, pero hasta que llegue la nodriza, creo que deberá hacerlo- Le comentó la mujer- El niño necesita alimento, y la nodriza no llegará hasta esta tarde.

-Pero...

-No deberá preocuparse, será solo por hoy- Le comentó- Estoy segura de que la señora podrá con ello si descansa el resto del tiempo.

-Está bien- Accedió al fin.

Se levantó y se hizo a un lado, dejando que el ama de llaves le explicara como debía colocar al niño para amamantarlo, y una vez el pequeño sintió el pecho de su madre, empezó a succionar con ansiedad, encandilando a su madre. El señor Darcy se volvió a acercar y, desde el borde del lecho, contempló la más bella imagen que jamás habían visto sus ojos.

Lizzy desvió la mirada hacia su marido, observando que sus ojos brillaban de emoción, tanto como los de ella, y los dos sonrieron sintiéndose inmensamente felices. La señora Reynolds, realmente alegre al ver así a sus patrones, se marchó de la estancia, dándoles privacidad.

Mientras el niño succionaba con ansia del seno de su madre permanecieron en silencio, incapaces de romper aquel bello momento con cualquier sonido. Solo cuando el pequeño se soltó del pecho y quedó dormido en su regazo, se atrevió a hablar.

-¿Qué va a ocurrir con Kitty y Lydia?- Preguntó con algo de nerviosismo- ¿Se marcharán al colegio de señoritas al que se dirigían?

-La verdad es que tras lo sucedido me siento incapaz de mandarlas tan lejos- Le confesó- Ellas no quieren ir, tú tampoco... Sigo pensando que debemos proporcionarles un poco de disciplina, pero no voy a enviarlas tan lejos.

-¿Y entonces a donde vas a mandarlas?

-No voy a mandarlas a ninguna parte que tú no quieras- Le aseguró antes de nada- Pero se ha puesto ante nosotros una posibilidad que ni siquiera me había atrevido a imaginar- Ella lo miró expectante- Mi tía Catherine se ha ofrecido a llevárselas a Rosings y proporcionarles en su casa la misma educación que recibió mi prima y ser ella quien lo supervise- El rostro de Lizzy fue de auténtico asombro- ¿Qué opinas?

-Yo... No sé que decir... Yo no conozco mucho a tu tía, ¿estarán bien con ella?

-Mi tía es una buena persona, pero lo esconde detrás de esa coraza de frialdad- Le explicó- Y a mi me sorprendió también cuando me lo dijo ayer, pero la verdad es que ha congeniado muy bien con las niñas, y no creo que puedan tener mejor directriz en ningún colegio.

-Si accedo a que se marchen con ella, ¿podremos ir a visitarlas con frecuencia o ellas venir a vernos?

-Siempre que queramos, te lo prometo- Le aseguró mientras colocaba una de sus manos sobre el regazo de ella, dándole seguridad- No voy a separarte de ellas.

-Gracias- Respondió mucho más tranquila- Siendo así, no veo motivo para que no puedan ir con tu tía.

-Se lo diré, le alegrará que estés conforme con su idea, lleva queriendo compensarte desde lo que ocurrió con tu primo en su casa, y creo que esta es su forma de hacerlo.

El pequeño se movió levemente para después soltar un fuerte eructo, haciendo que sus progenitores olvidaran cualquier otro tema y rieran ante la manifestación del infante. Fitzwilliam se acomodó junto a su esposa, le rodeó los hombros con su brazo y juntos observaron dormir a su hijo.

Esa tarde llegó la nodriza, que de inmediato se hizo cargo de la alimentación del niño, a pesar de que Lizzy quería seguir amamantándolo, pero Darcy se puso firme con respecto a eso, pues no pensaba tomarse a la ligera las recomendaciones del médico.

Poco después hicieron aparición en la casa el matrimonio Bingley acompañados de Georgiana y Mary, lo primero que hicieron fue ver a las dos pequeñas Bennet, sintiendo un gran alivio al verlas sanas y salvas, y jugando tranquilamente en el salón bajo la supervisión de Lady Catherine. Después, sin esperar un instante, subieron al dormitorio principal donde Darcy les dio el paso de inmediato.

-¡Lizzy!- Exclamó Mary, corriendo hasta la cama, abalanzándose sobre su hermana- ¿Estás bien? ¿Te han hecho algo?

-Nada que no tenga solución- Le aseguró con una sonrisa.

-¿De verdad estás bien?- Preguntó su cuñada, acercándose con algo más de cautela debido a su lesión en el brazo, aunque con la ansiedad reflejada en el rostro.

-De verdad, no tenéis que preocuparos.

-¿Cómo no nos vamos a preocupar?- Preguntó Jane, sentándose en la cama junto a ella, con el rostro bañado en lágrimas- ¡No vuelvas a hacer algo así!- La regañó mientras la abrazaba- ¡No quiero que vuelvas a exponerte de esta manera!- Lizzy iba a protestar, argumentando sus motivos, pero Jane continuó, cortando así su respuesta- Se que tenías que hacerlo por Kitty y Lydia, pero se me revuelve todo al pensar en la manera en que te has expuesto, y lo que podría haber pasado...- Se derrumbó sin más.

-Oh Jane, no te angusties, por favor, te prometo no volver a cometer una locura semejante, pero no tenía alternativa- La consoló- Y todo ha terminado bien, así que no nos lamentemos ahora que hoy es un día de celebración.

-¿De celebración?- Preguntó Mary, mirando el rostro de su hermana, y entonces se percató de que el vientre de Lizzy no estaba apenas abultado- ¡El bebé! ¡Ha nacido ya el bebé!

-Si, por supuesto- Miró a su cuñado sorprendida- ¿Es que no se lo has dicho?

-He preferido no contarles nada para que fueras tú quien les diera la noticia- Le aseguró sonriente.

-¿Entonces, ya has tenido al bebé?- Elizabeth asintió a su hermana mayor, que estaba en shock- ¡Enhorabuena! ¿Cuándo? ¿Cómo fue?

-¿Y donde está el bebé?- Preguntó Georgiana impaciente.

-Yo iré en su busca mientras Elizabeth os cuenta lo sucedido.

Darcy salió en busca de la nodriza, que debía estar en la habitación del pequeño cuidando de él y alimentándolo. Mientras Lizzy les contó todo lo sucedido en el momento del alumbramiento, sorprendiéndolas, las tres quedaron realmente impactadas con la templanza y la seguridad de Darcy, y sintieron mucha más admiración por él de la que ya sentían. Minutos después, la puerta se volvió a abrir, dando paso al dueño de la casa con su primogénito entre sus brazos.

-Os presento a William James Darcy- Le dijo, cediéndole a Jane al recién nacido, con las dos jovencitas tras ella, observándolo anonadadas.

-Es precioso- Comentó con lágrimas en los ojos.

-No había visto un bebé tan bonito en mi vida- Comentó Georgiana, extasiada ante la imagen perfecta de su sobrino.

-Me alegro mucho por vosotros- Dijo Mary, mirando a su hermana y después a su cuñado- Es un milagro que ambos estéis bien, y él- Cogió la manita del niño- Él es perfecto.

El nuevo Darcy robó los corazones de todos los habitantes de la casa, al igual que el de toda su familia.

Tal como habían acordado, Kitty y Mary se marcharon a Rosings junto a Lady Catherine, asegurándole que en cuanto hubiera fecha para el juicio de la señorita Bingley acudirían sin falta. Jane y Charles partieron a Green Park con una mezcla de sentimientos, pues ambos estaban alegres por los Darcy, pero por otro lado todo el asunto de Caroline los tenía alterados. Mary y Georgiana se quedaron de nuevo en Pemberley, acompañando a Lizzy, que descansaba por orden de su marido, y cuidando de su pequeño sobrino, al que no podían dejar de hacer carantoñas.

La primera semana tras el nacimiento del próximo heredero de Pemberley fue de júbilo para todos, el personal estaba feliz de ver a sus señores sonrientes y llenos de dicha, y la familia volvía a estar unida después de tanto pesar.

El doctor volvió una semana después, confirmando que la señora Darcy estaba totalmente restablecida, y que por fin podía hacerse cargo de alimentar a su hijo. Aunque si recomendó precaución, pues el parto era reciente y debía moderar sus tareas, además de mantener tranquilidad durante los próximos meses.

Fitzwilliam se esmeraba en proporcionarle a su esposa la calma que necesitaba, por ello, maldijo al magistrado cuando llegó a sus manos un par de días después, una carta dando aviso de que el juicio contra la señorita Bingley tendría lugar esa misma semana.

El día del juicio, Georgiana y Mary, acompañadas y custodiadas por el coronel Fitzwilliam, se quedaron en la casa cuidando del pequeño William mientras el matrimonio Darcy acudía a Derby. Allí se encontraron con Lady Catherine, que llevaba a las dos pequeñas a su lado, y con los Bingley, que tenían el rostro apesadumbrado.

Todos ellos se sentaron en primera fila, esperando que llegaran el juez, y los guardias custodiando a Caroline. Darcy tomó la mano de su esposa, que temblaba por completo al pensar en reencontrarse con aquella arpía.

Minutos después, los guardias se adentraron en la sala, llevando tras ellos a una encadenada Caroline, que los miraba con altanería. En aquel momento no parecía la mujer desquiciada que habían visto, y si no hubieran estado allí, no hubieran podido creer las cosas de las que se la acusaba.

-¡Todos en pie! ¡Preside el honorable juez Sullivan!

Todos se pusieron en pie, dando paso al juez que iba a llevar aquella vista. Una vez se hubo colocado en su lugar y se leyeron los cargos de los que se acusaba a Caroline Bingley, el juez dio paso a que el abogado llamara a los testigos, empezando por las dos pequeñas Bennet.

-Buenos días pequeñas- Las saludó- ¿Conocéis a esa mujer de ahí?- Preguntó el abogado, y ellas asintieron con rotundidad- ¿Quién es?

-Es Caroline Bingley, la hermana de nuestro cuñado, el señor Bingley- Respondió Kitty.

-Si, y además es una señora horrible que solo sabe hacer daño- Añadió Lydia.

-¿A que te refieres?

-A que está loca por completo- Dijo sin tapujos- Primero intentó ocupar el lugar de nuestra hermana como señora de Pemberley mediante mentiras que ella misma se creía, después ayudó a un señor loco a secuestrarnos cuando íbamos camino del colegio de señoritas, y luego intentó hacerle daño a Lizzy- Explicó lo mejor que pudo.

-¿Y a vosotras os ha hecho daño?- Preguntó el juez, sorprendido de que una dama de su clase hiciera tales cosas.

-A mi me pegó muy fuerte por mancharle el vestido cuando se creía que podía ocupar el lugar de Lizzy- Respondió Lydia con seguridad- Es una señora muy mala.

-Si, nos dijo cosas muy feas cuando nos tuvieron retenidas- Añadió Kitty- Dijo que nos iban a mandar a cachitos a Pemberley- Y de inmediato se puso a llorar de recordar aquel momento tan terrorífico.

-No llores pequeña- Le juez le tendió su pañuelo- Por favor, volved a vuestros asientos- Las niñas bajaron del estrado y caminaron hacia Lady Catherine y su hermana Lizzy, miraron un momento a Caroline y le sacaron la lengua en señal de burla. La mujer enfureció al verlo, pero se contuvo- Puede llamar al siguiente testigo.

-Llamo al estrado al señor Fitzwilliam Darcy- De inmediato se acercó al estrado y se sentó, ignorando la mirada intensa y enamoradiza de Caroline- Díganos, señor Darcy, ¿de que conoce y que relación tiene con la señorita Bingley?

-La señorita Bingley es la hermana de mi mejor amigo y cuñado Charles Bingley, la conocía hace años en una de mis muchas visitas a su hogar durante mi época universitaria- Explicó con claridad- Y mi relación con ella no ha sido otra que la de respeto por ser la hermana de mi amigo- Al decir esas palabras, el rostro de Caroline enrojeció.

-¿Nunca ha mostrado interés en ella?- Él negó enérgicamente- ¿Y sabía de los sentimientos que ella tenía hacia usted?

-No los supe hasta que, como han contado mis cuñadas, pensó que tenía derecho a suplantar a mi esposa en nuestro propio hogar, y desde ese instante fue expulsada de mis tierras, por seguridad para mi familia.

-¿Entonces ya sospechaba que ella era capaz de realizar los actos de los que se la acusa?

-No pensé que pudiera llegar tan lejos, pero si temía que pudiera intentar hacer daño a mi esposa- Confesó con seriedad- Solo fui consciente de su delirio cuando mis cuñadas fueron secuestradas y después, al tener que quitarla de encima de mi mujer porque intentaba sacar a nuestro hijo de sus entrañas con un cuchillo- Todo el mundo enmudeció al escucharlo- Sus actos provocaron que el parto se adelantara y pude haberlos perdido a ambos.

-Gracias señor Darcy, puede volver a su asiento- Le indicó el juez.

Darcy se levantó y caminó sin mirar a Caroline hacia su esposa. Al pasar por delante de ella, la mujer no pudo evitarlo, se puso en pie y lo tomó de la manga de la chaqueta con sus manos atadas.

-Todo lo he hecho por ti, por nosotros- Le dijo, intentando justificarse- Lo entiendes, ¿verdad?- Pero él no le respondió, y sin mirarla siquiera, apartó con brusquedad su brazo y continuó su camino, sentándose junto a su esposa, tomándola de las manos. Eso hizo que Caroline enfureciera.

A continuación fue llamado a declarar Charles Bingley, que no era capaz de mirar a su hermana a la cara.

-Señor Bingley, ¿qué puede decirnos de su hermana?

-Pues la verdad es que no sé que decir, siempre ha sido muy exagerada cuando algo le gustaba, y desde el principio vi que se sentía atraída por mi amigo, pero jamás pensé que pudiera llegar a lo que he visto.

-¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes acusarme de esa manera? ¡Soy tu hermana! ¿Cómo puedes creer esas mentiras sobre mí?- Lo acusó la pelirroja.

-¡Te he visto Caroline! ¡He visto con mis propios ojos como intentabas agredir a Elizabeth!- Dijo sin tapujos, notando como los ojos le escocían de las lágrimas que amenazaban con salir- Señoría, no creo que mi testimonio sea esencial para solucionar esto, así que le imploro que me permita volver a mi asiento, aceptaré lo que decida que merece, pues sea el castigo que sea, lo tiene bien merecido.

-Está bien, señor Bingley, puede volver a su asiento- El caballero volvió apesadumbrado, escuchando las blasfemias que soltaba su hermana, que había perdido toda la compostura que tenía al principio- ¿Quiere llamar a alguien más abogado?

-Si, por último, me gustaría llamar a la señora Darcy al estrado- Ella se encaminó hacia allí sin titubear, se sentó y miró a su agresora a los ojos, viendo en ellos un delirio que jamás había visto- Señora Darcy, usted fue al encuentro de esta mujer y del hombre que la acompañaba, el señor Collins, para salvar la vida de sus hermanas pequeñas, ¿es cierto?- Esta asintió con rotundidad- ¿Cómo consiguió sacar a sus hermanas de donde las tenían apresadas?

-No las saqué, las escondí- Confesó con tranquilidad- Tenía muy poco tiempo, así que recordé que mi esposo me había contado de un hueco tras la chimenea en aquella casa- Les explicó- Sin pensarlo, las metí allí y les dije que se mantuvieran en silencio y no salieran hasta que alguien fuera a su encuentro.

-Muy astuto por su parte- La elogió el letrado- Al ver que habían perdido a las niñas la tomaron a usted de rehén.

-Ya tenían previsto llevarme a mí, lo que no pensaban era dejar a las niñas con vida- Le aclaró.

-¿Y que ocurrió entonces?

-Me llevaron a una casa cercana que pertenecía a los Bingley pero que llevaba tiempo abandonada- Les informó- Allí me ataron a la cama y me hicieron conocedora del que esperaban que fuera mi sino- Se puso nerviosa al recordarlo, su voz se quebró y no pudo evitar derramar unas lágrimas- Me aseguraron que no iba a salir de ahí con vida, que tan solo me mantenían viva hasta que naciera mi hijo, pues esa mujer quería quedárselo y hacer creer a todos que ella lo había salvado y que no había podido hacer nada por mí, convencida de que así mi esposo la aceptaría a su lado y juntos podrían criar al bebé- Empezó a llorar, poniendo nervioso a su esposo, que tenso observaba desde su asiento- El señor Collins intentó golpearme en más de una ocasión, pero ella se lo impidió, temerosa de que el niño sufriera algún daño.

-¿Qué sucedió después?

-Se escuchó un sonido desde el exterior y Collins salió a ver que era—Continuó- Minutos después se escucharon disparos, esa mujer se asomó para ver que ocurría y al ver a mi marido y a su hermano y verse descubierta, enloqueció y quiso sacar al niño al instante- El llanto aumentó- Intenté resistirme cuanto pude, pero de no haber sido por la intervención de mi esposo y del señor Bingley no sé que habría sucedido- Terminó de contar- Eso provocó que el parto se adelantara unas semanas.

-Cálmese señora- Le pidió el juez- No es recomendable que se altere así con el alumbramiento tan reciente- Miró en dirección a Darcy- Si hace el favor de venir a por ella.

Darcy no lo pensó ni un segundo, corrió junto a su mujer y con cariño, la abrazó y la condujo a sus asientos, intentando calmar su llanto. Al verlos abrazados, Caroline no pudo más y mostró lo desquiciada que estaba.

-¡Maldita fulana! ¡Quita tus manos de Darcy! ¡Es mío! ¡Mío!- Gritó con los ojos desorbitados- ¡Te mataré! ¡A ti y a ese estúpido crío que has engendrado! ¡Os mataré por quitarme lo que es mío!

-¡Basta! ¡Llévensela!- Ordenó el juez- En vista de lo que acabamos de presencia creo que está claro que la señorita Caroline Bingley está trastornada completamente, y lo mejor sería enviarla a un sanatorio mental.

-Señoría, con el mayor de los respetos, me opongo a que eso ocurra- Le dijo Darcy tajante- El señor Collins, el hombre que junto a la señorita Bingley secuestro a mi esposa y sus hermanas, estaba en uno de esos sanatorios y pudo escapar, y no puedo permitir que eso vuelva a suceder, así que le solicito que por favor, tenga a bien mandarla a otro lugar.

-¿Prefiere verla ahorcar? Por sus delitos bien puede pedirlo.

-Señoría- Habló Lizzy, más calmada tras haber perdido de vista a su agresora- No podría soportar que la colgaran, no siendo la hermana de mi querido cuñado- Dijo con tristeza- Así que le solicito que la internen en alguna prisión lejos de aquí, pero que siga con vida.

-Ya veo- El juez meditó unos segundos antes de continuar- Condeno a la señorita Caroline Bingley a viajar a las américas como reclusa, allí tendrá que trabajar el resto de su vida y no podrá volver nunca a Inglaterra- Golpeó con su mazo la mesa- Se da por concluido este caso.

Tras el veredicto, Charles abrazó con fuerza a su cuñada por tener un corazón tan grande a pesar de todo lo sucedido. Y con esa sentencia, todos volvieron a sus hogares, seguros de que a partir de ese momento, todo iría a mejor.

Hola a todos, aquí os traigo el siguiente capítulo.

Espero que os haya gustado. No sé si haré uno más y después el epílogo y pasaré directamente a concluir la historia. ¿Hay algún tema que se haya quedado abierto y queráis que lo aclare antes de acabar? ¿Alguna cosa que os hubiera gustado que saliera y no ha salido? Por favor, decidme que pensáis.

Sobre el capítulo, ¿qué os parece?

Espero vuestros comentarios con muchas ganas.

Gracias a los que leéis, votáis y sobretodo a los que comentáis. Sois maravillosos.

Nos leemos pronto