A dormir
Deborah y Prince se metieron en la cama. Planificaron juntos la charla con James del día siguiente, con ayuda de las listas que le había pasado Sirius, y después comenzaron a leer la parte de la Magia Roja relativa a la Pareja que les había pasado Paul.
A diferencia de la vez que leyeron el Vínculo como Pareja y la Unión de las Almas, en las que Deborah se había mantenido en absoluto silencio mientras lo hacía, esta vez lo comentaron. Leyeron durante una hora, hasta que a Prince le entró sueño.
-Vamos a dormir, Deborah. Si nos despertamos temprano, quizá nos dé tiempo a hacer algo interesante.
-Prince, no puedes irte tantas veces al día. Hoy has estado con Lily, resérvate para la tarde.
-Deborah, cariño, tengo una buena noticia para ti. No tengo tanta carencia de calcio.
-¿Y eso?
-No tomaba leche pero comía queso casi todos los días. Faltaba mucho al Comedor y me alimentaba de sándwiches de las cocinas.
-Vaya… claro. ¿Cómo fue la fractura del brazo?
-Limpia.
-Si hubieras tenido los huesos muy débiles, seguramente se habrían astillado.
-Vaya… qué bien. Puedo irme cuantas veces quiera, qué ilusión. ¿Quieres ahora?
-Pero, ¿no tenías sueño?
-Se me ha pasado de repente.
Se carcajearon.
-Era broma. Lo dejamos para mañana.
-¿Has probado a rastrear a Lily?
-Pues no. No se me ha ocurrido. Y estoy seguro de que puedo hacerlo aunque esté en casa.
-Prueba.
Lo hizo, pensó intensamente en Lily.
-La tengo, está en su dormitorio de chicas Gryff de quinto. Wooow… puedo localizarla en un lugar en el que no he estado nunca.
-Claro, de eso se trata. Y también podrías Aparecerte allí.
-Qué maravillosa es esta magia.
-Prueba a vincularte con ella.
-¿Desde tan lejos, con muros de por medio?
-Prueba.
Lo intentó, no lo consiguió.
-No, eso no.
-Vaya, qué pena, estaríais todo el tiempo comunicados.
-Pues sí, una pena, estamos muy lejos, a ocho pisos de distancia. Qué harto estoy de la segregación en casas.
-Prueba con Lauren, rastréala.
Lo hizo.
-La tengo, está en su dormitorio, despierta, aquí al lado.
-Prueba a vincularte con ella.
-Vale, me desvinculo de ti.
Se desvinculó de Deborah y lo intentó con Lauren. Lo consiguió.
-Severus, ¿eres tú? – preguntó Lauren, muy sorprendida.
-Sí, Lauren, estoy en mi dormitorio.
-Vaya tela… Podemos vincularnos a través de las paredes, podríamos haber estado haciéndolo desde hace más de una semana.
-Pues sí, qué bobos. Estoy con Deborah, ha sido ella quien me ha dado la idea. A Lily la rastreo pero no la alcanzo vinculado.
-Vaya… qué pena. Dale las gracias a Deborah de mi parte.
-No te pongas triste. Vamos a estar comunicados siempre que estemos en casa los dos, incluso mientras dormimos si quieres, como si durmiéramos juntos, y quizá también nos alcancemos de aquí a la Biblioteca.
-Es estupendo. Ya nunca más estaré sola.
-Y cuando nos vinculemos como Pareja, aunque no charlemos, estaremos sintiendo lo que sentimos el uno por el otro todo el tiempo. Va a ser fantástico.
-Ya te digo.
-¿Estabas estudiando?
-Sí, porque así ya termino ahora con Encantamientos y mañana me dedico a Runas todo el día. Lily me ha puesto un montón de deberes.
-Genial, Lauren. Entonces te dejo, que estoy abandonando a Deborah.
-Claro, Severus, hasta mañana.
-Mañana te doy los buenos días. ¿A qué hora te despiertas?
-Sobre las ocho y veinte, para ser la primera en ducharme.
-Vaya… eso no lo sabía. ¿Qué tal con nuestras compañeras de quinto?
-Desde que hice el Patronus en clase mucho mejor. Antes me rehuían, pero ahora me saludan y charlan un poco conmigo cuando coincidimos.
-Así comencé yo con Anthony. Perdona por no haberme interesado nunca por eso.
-No importa, Severus, ya sabes que sé cuidarme. Bastantes cosas tienes en la cabeza.
-Bueno, te dejo estudiar. Disfruta.
-Lo estoy haciendo, me encanta Encantamientos.
-Nunca mejor dicho. Hasta mañana, preciosa.
-Hasta mañana, mi amor.
Se desvinculó de Lauren y se vinculó con Deborah.
-¡Bingo! A Lauren sí que la alcanzo. Te da las gracias por la idea.
-Ya, ya me he dado cuenta, te he visto la cara de ilusión. Maravilloso, nunca más estará sola. ¿Quieres dormir vinculado con ella en lugar de conmigo?
-No, estaba estudiando, no voy a charlar más con ella. Le daré los buenos días por la mañana si no estamos a la faena. Vamos a probar otra cosa, a vincularnos con Valerie, ya verás qué susto le damos.
Se carcajearon y lo hicieron, se vincularon con Valerie.
-¡Hola, Valerie! ¿Qué pasa? – preguntó Prince.
-¡Buaaah…! Qué susto… Andrew me ha dicho que os habíais ido a dormir – respondió Valerie - No os veo en la Sala Común.
Se carcajeaban.
-Valerie, disimula. Estamos en mi dormitorio.
-¿Qué dices? – muy asombrada.
-Lo que oyes. El Vínculo atraviesa las paredes.
-¡Es fantástico!
-¿Qué estás haciendo?
-Leer la parte del Vínculo como Pareja, para hacerlo mañana contigo y con Deborah.
-¿Y qué te parece? ¿Te apetece?
-Un montón, me muero de ganas.
-No tienes ninguna duda, ¿verdad?
-Todavía no lo he terminado, pero por el momento no.
-Genial, ya nos lo contarás mañana. Le inventé también una melodía, una variación de la tuya, de la del Vínculo como Comunidad.
-Wooow… estupendo. Haremos una canción para el grupo con las melodías y las letras.
-Buf… no creo que le peguen mucho a ese tipo de música.
-Más rompedor todavía. Música muy cañera pero melódica. Una auténtica revolución.
-Qué ganas tengo, Valerie. Mañana en la Sala de Menesteres pasamos a tocar el piano y pruebo a tocarlas.
-Claro, y a buscarles los acordes.
-Buf… eso ya no sé si seré capaz.
-Seguro que sí, de oído, yo te ayudo.
-Genial, Valerie, lo vamos a pasar de muerte. Saluda a Deborah, que no dice nada, ha sido suya la idea de probar a vincularnos.
-¡Hola, guapa! Qué sorpresa me habéis dado.
-¿Qué tal, Valerie? – preguntó Deborah.
-A gusto. Leyendo y recordando lo que hemos hecho hoy, lo bien que lo hemos pasado. Genevre y los Gryff son geniales, ¿verdad?
-Ya te digo que lo son.
-Qué bien lo vamos a pasar en verano.
-Qué bien lo vamos a pasar mañana - Deborah rio.
-Ya me estoy mosqueando – dijo Prince – Valerie, te dejamos, que voy a sonsacarle a Deborah lo que queréis hacerme, no me fio un pelo de vosotras.
-Cariño, no vamos a hacerte nada malo, sólo que disfrutes un montón… – dijo Valerie, apenada.
-Ya, ya. No me fio un pelo. Y no quiero que le contéis una palabra a nadie.
-No hemos contado nada, Prince, están imaginando cualquier cosa – le dijo Deborah, paciente – El capítulo de los juegos sexuales es muy largo y explícito, en el resumen no venía casi nada.
-Bueno, eso me gusta más. Ya decidiremos entre los tres lo que contar y lo que no. En la cueva me contuve de gritar y os pregunté si queríais que se enteraran los demás.
-Claro, cariño – dijo Valerie - Nosotras no hemos soltado prenda.
-Está bien, no intentaré sonsacarle a Deborah. Confiaré en vosotras.
-Así me gusta.
-Preciosa, te dejamos. Vamos a dormir para estar frescos mañana. No te acuestes muy tarde, te quiero fresca también a ti, y recuerda no echarte desodorante.
-No sólo no voy a ponerme desodorante, sino que no voy a ducharme.
-¡Genial! Y por la mañana vas a combatir.
-Eso.
-Qué largo se me va a hacer el día.
-Si no te ibas a dormir todavía podrías haberme esperado para darme un beso de buenas noches.
-Tienes razón, mi amor. ¿Quieres que baje a dártelo?
- No, ya subo yo, así también se lo doy a Deborah, que delante de todo el mundo nos da corte.
-¿Qué estás diciendo? Mira que sois bobas. A partir de mañana vais a besaros delante de todo el mundo. Porque lo digo yo – autoritario.
Deborah rio.
-Deborah se ríe, Valerie. ¿A ti también te hace gracia?
-No puedes mandarle a la gente que se bese.
-¿Cómo que no? ¿Quién manda aquí? ¿Quién es el Jefe de la casa? A partir de mañana vais a besaros. ¿No eras tan revolucionaria? ¿Dónde está la mujer libre?
-¡Aquí! – gritó Valerie de viva voz, entrando al dormitorio.
Se aproximó a su cama, descorrió la cortina y se tiró encima de ellos.
-¡Valerie! Que nos aplastas… – exclamó Prince, también de viva voz.
Los tres se carcajeaban.
-No espero a mañana… – decía Valerie, lastimera – Quiero dormir con vosotros…
-A mí también me gustaría, cariño, pero estas camas son muy pequeñas, no cabemos los tres – dijo Prince, sufriendo.
-Deborah, me has hecho trampa, me lo has robado. Encima que yo he ido a la Biblioteca para ayudar a Anthony…
-Jo, Valerie… No te enfades con Deborah, se lo he pedido yo. Mañana voy a estar todo el tiempo contigo, ella va a pasar gran parte de la tarde sola y no he estado con ella desde el martes, contigo estuve el miércoles. Duerme con Andrew, sólo dormir.
-Pues quizá sí.
-Claro, Valerie, vas a darle una alegría. Te prometo que un día de éstos intento ampliar la cama, ésta o la del dormitorio oculto, así podremos dormir los tres juntos siempre que queramos sin salir de casa.
-Genial…
-Vamos, no estés triste. Danos besos, anda.
Valerie le dio un buen morreo a Deborah. Prince les decía, vinculado:
-Cómo me estoy poniendo de veros, yo que no quería hacer nada ahora por la noche.
-Pues te aguantas las ganas, como voy a aguantármelas yo – le dijo Valerie – Así tienes más para mañana.
-Encima poniéndose chula. Si mañana no le das morreos así a Deborah en cualquier sitio no hago nada contigo por la tarde.
-Vale, si ella quiere se los daré.
-Vale, Valerie, pero no todo el rato, que a Prince no lo dejas en paz y yo no soy tan mimosa – dijo Deborah.
-Si no quieres tú te lo pierdes, ahora tengo dos chicos para darles besos.
-Venga, me toca – dijo Prince.
Valerie le dio un morreo a él y lo tocó por encima de la ropa de la cama.
-¡Valerie, quieta! - exclamó él - ¡Has dicho que querías besos! ¡No me acoses!
Deborah se carcajeaba, Valerie se separó riendo y habló de viva voz:
-¡Es que te pones con nada!
El también.
-¡No te rías de mí! Bésame y no me toques.
-Vale, vale…
Se dieron un morreo de los buenos. Cuando llevaban medio minuto Prince la cortó:
-Ya vale, Valerie, que te vicias y luego va a pagarlas Deborah.
Ella no se separó.
-Lo dicho, yo te pongo caliente y ella se lleva el premio. Todavía no nos lo hemos hecho en condiciones.
-Venga, no te quejes, que el jueves por la mañana te quedaste muy a gusto, no abriste los ojos en cinco minutos y yo me aguanté las ganas.
-Porque quisiste.
-No, porque Deborah me asustó, pero eso se acabó. No voy a aguantarme más. Venga, fuera. Hasta mañana.
Valerie se separó.
-Hasta mañana, chicos.
-Hasta mañana, guapa.
Salió de la cama, les cerró la cortina y se desvinculó. Deborah le preguntó:
-¿Quieres que nos lo hagamos ahora?
-¿Tú quieres?
-A mí me da igual.
-Yo prefiero dormir. Tengo sueño, llevamos veinte minutos dándole vueltas, no ha sido muy buena idea saludar a Valerie.
-Por eso no te lo he propuesto, sabía que iba a ponerse así, es una pesada.
-No, es una mimosa. Y ahora ha decidido no estar con Andrew como estaba hasta ahora y le falta eso.
-Claro.
-Hay que darle mimos. Dale besos cuando te los pida.
-Prefiere dártelos a ti.
-No lo creo, pienso que le da igual. Lo que pasa es que yo me presto más, pero a ti te tiene más a mano en el dormitorio.
-Las dos últimas noches hemos dormido juntas. No hemos hecho nada más que darnos morreos, pero hemos dormido juntas.
-Wow… qué callado os lo teníais.
-Ya sabes, en ese tema hay muchos prejuicios.
-Bueno, ya ves qué problema, me lo hizo en el Comedor delante de Minerva. La gente de casa va a aceptarlo sin problema alguno, y si no les gusta, que no miren.
-Tienes toda la razón.
-Venga, a dormir.
-¿No pones el despertador?
-No, es temprano todavía, vamos a despertarnos con tiempo de sobra. Antes nunca necesitaba despertador para despertarme, aunque durmiera poco me despertaba siempre a la misma hora. Nunca tuve un despertador hasta esta Navidad, que me lo regaló Cecile y no comencé a usarlo hasta que empecé con el Giratiempo, el día del follón. Lo cogí del Fidelius cuando fui por las pociones de sueño. ¿Lo recuerdas?
-Desde luego.
-Y tengo reloj desde después de Semana Santa, me lo regaló Jack. Y aun así siempre sabía qué hora era por el Reloj de la Torre, no fallaba ni en los intervalos. Incluso estando en el Bosque donde ya no se escucha sabía siempre la hora aproximada. Si quería volver a almorzar o a cenar llegaba siempre a tiempo.
-Genial, pues vamos a dormir.
-Lo que voy a hacer es cambiarme el reloj de mano para no tener que sacar el brazo izquierdo mañana en cuanto me despierte.
-Lo que deberías hacer es quitártelo para dormir.
-Entonces no sabremos qué hora es cuando despertemos.
-Pues lo miras en el despertador de la mesilla.
-No, porque si dormimos abrazados, no me apetece dejar de abrazarte para mirar el reloj.
-Vale, pues duerme con reloj.
Se lo cambió de mano.
-A dormir.
Se abrazaron y se durmieron.
