Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.

Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.

Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.


.

CHAPTER XXVII: Nuevo Comienzo

.

Seis Meses después.

El otoño se había instaurado en Japón como uñas desgarrando lo poco que quedaba en las copas de los árboles; las frescas brisas removían las últimas hojas que luchaban por no soltarse de sus ramas, incapaces de afrontar su realidad y su tiempo. Noviembre estaba dando inicio cuando ella desfilaba sus pies envueltos en sus botas cortas sobre la alfombra de hojas rojizas o naranjas que bañaba el sendero. Sus cortos cabellos castaños hondeaban el viento y ella sólo podía resguardarse cada vez más en su abrigo oscuro para escapar un poco del frío.

Sus pies llegaron hasta la famosa pastelería Sadaharu Aoki, una reconocida tienda con estilo parisino gracias a su fundador Sadaharu Aoki, quien después de regresar de Francia, abrió su propia cadena de repostería y pastelería, con sabores internacionales y toques asiáticos.

Ingresó al local, abriendo la puerta que la separaba del ambiente fresco a la gran pastelería de tonos cálidos y pastel; el calor del interior la abrazó casi de inmediato, deshaciéndose de la corriente de frío que se colaba en sus piernas recubiertas con sus medias finas negras. El sonido de la campanilla sobre el dintel de la puerta anunció su llegada apenas ingresó, llamando la atención de las personas ubicadas tras la mesada de exposición de postres.

―¡Uraraka-chan! ―Canturreó emocionada Shiretoko Tomoko al verla acercarse. Su colega la saludaba con euforia, sosteniendo una bandeja de vasos tipo shots con mousse de Fresa y Vainilla.

―Tomoko, vas a estropear los shots ―Dijo en reprimenda Tsuchikawa Ryūko, otra de sus colegas. Cuando Uraraka Ochako llegó hasta ellas, Ryuko le dedicó una sonrisa―. ¿Qué tal para tu primer día como instructora, Uraraka?

―No he pegado un ojo de la emoción ―Dijo la castaña con pena, haciendo reír a sus compañeras―. Sólo espero no arruinarlo.

―¿Arruinarlo tú? ―Chatora Yawara se acercó a ellas colocándose su filipina con cuidado, sonriendo a la más joven del plantel de reposteros que contaba la tienda―. Cada día te perfeccionas más y más; no por nada el dueño quiso que seas la encargada de instruir a los nuevos empleados.

Ochako sonrió a su compañero tras escuchar sus palabras.

―Claro, pocas personas logran lo que tú has conseguido en pocos meses ―Comentó Ryuko―. Ten más confianza en tus habilidades, Uraraka.

―Gracias, de verdad ―Respondió Ochako con las mejillas sonrojadas, asintió a sus colegas para pasar de ellos camino a los vestidores.

La tienda aún no abría sus puertas a los clientes, solía llegar temprano pero ese día en particular, tenía una nueva labor como Instructora de los nuevos empleados contratados el día anterior. Ingresó a los vestidores femeninos y vio a Sosaki Shino terminar de acomodarse la filipina blanca en su cuerpo. Cuando su jefa interina la vio entrando a la habitación, le dedicó una sonrisa cálida. Shino tenía esa facilidad de transmitir confianza a los demás, no por nada era la jefa de Cocina.

―Uraraka, ¿lista para tu gran día?

―Sí, más que lista, ansiosa ―Respondió con una gran sonrisa, siendo correspondida por la mujer de cortos cabellos oscuros―. Tengo entendido que en unos minutos llegarán los nuevos reposteros.

―Así es ―Habló Shino peinándose el cabello frente al espejo que contaba la habitación―. Les pedí que sean puntuales, deberían de estar aquí en un momento. La tienda abre a las diez, así que tienes tiempo para hacerles un recorrido rápido y brindarles lo fundamental para arrancar su primer día.

―De acuerdo. ―Ochako asintió a las palabras de su Jefa, la vio dirigiéndose a la salida, pero al cruzar junto a ella, apoyó su mano sobre el hombro de la castaña, dedicándole de ese modo, una sonrisa tranquila.

―Estoy verdaderamente orgullosa de ti, Uraraka.

Las mejillas de la joven se encendieron al escuchar las palabras de su jefa, Shino dejó los vestidores un momento después. La sensación de calidez y emoción crecía en su pecho con el transcurrir de los segundos, hizo sus manos puños y sonrió para sí misma. Es verdad, en pocos meses, había conseguido hacerse un lugar en la famosa Pastelería en la que trabajaba, ganándose el respeto del dueño y la oportunidad de ser la nueva instructora.

Se dirigió a su propio casillero sin borrar su sonrisa en los labios pero una vez abrió la hoja del mismo, la fotografía de Katsuki, ubicado en el interior de su locker, la recibió. Su sonrisa fue apagándose de a poco al ver la fotografía de su ex novio, sonriendo mientras cocinaba, totalmente ignorante de que ella capturaba su imagen en su teléfono; la noche que tomó la fotografía, ella se había molestado con él por haberle ocultado el final de EndGame, así que para ganarse el perdón de su novia, terminó por prepararle la cena. El recuerdo seguía vivo en ella.

―En serio eres una tonta, Ochako ―Susurró para sí misma. Habían transcurrido seis meses de la última vez que supo algo sobre Bakugo Katsuki pero ella seguía conservando la maldita fotografía, viéndola día tras día. ¿Por qué?

Debía arrancarla y olvidarla, sin embargo, siempre que sus dedos iban a una de las aristas de la fotografía para despegarla, se detenía y se arrepentía. Era un proceso constante, pero nunca terminaba por arrojarlo fuera. Habían pasado seis meses, lo admitía, admitía que los primeros tiempos dolía su ausencia, dolía vivir en el Meraki's Place porque todo le recordaba a él, dolía dormir en su habitación y no poder sentirlo, dolía pensar en que todo terminó tan rápido y sin comprender muy bien el por qué, pero sin importar cuánto transcurriera, una parte de su ser, seguiría guardando un bonito recuerdo de Katsuki

Era esa misma parte la que le impedía que arrancara la fotografía.

Recordó el día que fue despedida de Towers, estuvo como una semana sin empleo, buscando sitios donde poder mandar su currículum sin resultado alguno; sin embargo, la crítica y conocida de Bakugo, Yaoyorozu Momo, la contactó unos días después, con la idea de tomar un café con ella. La invitación la tomó por sorpresa, pues era la primera vez que hablaba con ella, mas no podía negarse. Aún tenía presente la tarde en Limerence que la hermosa mujer de cabello oscuro cual noche, se sentó frente a ella y le tendió un sobre blanco.

Ella miró el sobre delante de ella y luego, levantó su atención a la mujer, recibiendo sólo una sonrisa de su parte.

―¿Qué es esto? ―Preguntó Ochako.

―Una carta de recomendación para una de las mejores Pastelerías de Tokio ―Explicó la mujer. Ochako tardó un momento pero sus dedos se decidieron a abrirlo finalmente, encontrándose con una carta de puño y letra de Bakugo Katsuki―. Patisserie Sadaharu Aoki se ha instaurado hace unas décadas en Tokio tras el regreso a la capital por parte de Sadaharu-san para abrir otra pastelería semejante a la que tiene en París. Bakugo-san sólo ha escrito a Sadaharu-san para que estudie tu perfil, no creas que él ha intervenido en su decisión: sabe que eres muy capaz de conseguir trabajo por tu cuenta. Tu trayectoria en Towers no fue demasiada pero eras una de las mejores chefs pasteleras, casi llegando al nivel de Sato Rikido y no sólo porque él lo dijera, sino porque yo misma puedo dar fe de ello.

Ochako no podía hablar, tenía un nudo gigantesco en su garganta. Sus ojos seguían estudiando la carta entre sus manos, no podía hacerse una idea de lo que tenía delante de ella, una oportunidad como nunca pensó que tendría y todo gracias a Bakugo y a Yaoyorozu. Sus ojos se humedecieron, por un momento, Momo la miró preocupada pero Ochako sólo pudo negar, intentando contenerse.

―Conozco la pastelería de Sadaharu-san… Nunca esperé qué… ―Las palabras no podían salir de ella, la emoción era asfixiante. Momo sonrió ante su reacción.

Días sin saber nada de Katsuki para que éste se hiciera notar con un último regalo de despedida. Su pecho adolecía a cada segundo, ella en verdad quería cambiar las cosas y que todo haya sido diferente pero lo hecho, hecho estaba y ella no podía sino avanzar. A pesar de todo, Bakugo pensó en ella incluso después de terminar.

¿Confías en mí? Había preguntado el hombre el día que renunció a su libertad. El día que renunció a ella.

Sintió la mano cálida de la mujer sobre la suya, se sentía avergonzada, las primeras lágrimas cayeron por sus mejillas, ella terminó por limpiarlas con las mangas de su ligero abrigo. Todo había pasado tan rápido que la ausencia de Katsuki y éste último detalle por su parte, la terminaron por romper por completo.

―¿Por qué él…?

―Él no quería que lo supieras ―Interrumpió Momo, llamando su atención. Vio cómo Yaoyorozu se acomodó un mechón de cabello, quizá no estaba del todo segura en hablarle del tema, sin embargo, la mirada de la mujer, oscura cual noche, expresaba verdadera comprensión―. Él no quería que supieras sobre ésta carta de recomendación, quería que te contactara sólo para hablarte del puesto de trabajo; pero dada la situación del escándalo reciente, tu despido y su renuncia, no podía ocultártelo, Uraraka-san. ―Ella apretó con cariño la mano de Ochako para decir―. Conozco a Bakugo-san desde hace unos años, puedo darte fe de que todo lo que hace, tiene una razón de ser, por más de que a veces peque de ser un poco… Distante. Por eso, quería que esto quede entre nosotras. ―Dijo refiriéndose a la carta―. Por lo que entiendo, él te tiene un respeto indescriptible y no quería sentir que tomaras ésta carta como un acto de compasión.

―Él nunca me tendría compasión ―Susurró Ochako dedicándole una pequeña sonrisa a la mujer―. Gracias, YaoMomo.

―¿YaoMomo? ―La azabache rio por lo bajo―. Pues bien, Ochako-chan, ya sólo te queda aceptar la propuesta laboral en Patisserie Sadaharu Aoki y comenzar de nuevo.

Y así lo hizo. Ella comenzó de nuevo hace seis meses.

La pastelería de Sadaharu Aoki se encontraba en el barrio Chiyoda, vecino a Minato y aunque no había mucha distancia, ella necesitaba cambiar de ambiente. Por ese motivo, Todoroki Shoto la ayudó en encontrar otro departamento cercano a su nuevo puesto de trabajo, era pequeño pero podía tener todo lo indispensable para ella, la renta no era excesiva y con su nuevo salario, no era un problema. Sus amigos la ayudaron con la mudanza y le hicieron una pequeña fiesta de despedida en el departamento Ashido-Kirishima.

Los fines de semana solía dirigirse a Minato para verlos y pasar con ellos el tiempo, salían a bares o abailar; estaba de más decir que todos conocían la historia entre ella y Bakugo Katsuki, por lo que su mención era casi nula o sólo comentarios aislados. Gracias a ello, Ochako supo que la empresa de About Life Coffee subió en ventas y ahora era una gran competidora a nivel internacional. No podía sino estar feliz con lo que Katsuki era capaz de lograr.

Ese día era viernes, último día laboral antes de que el fin de semana diera inicio y para hacerlo de la mejor manera, la habían asignado ser la nueva Instructora para los empleados recientemente contratados. Miró por última vez la fotografía de Katsuki, no podía arrancarla de allí, finalmente él representó algo importante en su vida y aún después de él, su vida siguió teniendo influencia en la suya.

Cerró la hoja de su casillero y se dirigió al espejo de cuerpo completo que contaba el vestidor, alisó la tela de su filipina para apreciar su reflejo y con una sonrisa, dejar el sitio. Tenía un día magnífico esperándola. Ryuko tenía razón, debía tener más confianza. Sonrió a su reflejo con determinación.

Los nuevos empleados llegaron unos minutos diez minutos después de que ella estuvo completamente lista, cada uno de ellos eran jóvenes chefs con una carrera en ascenso con grandes expectativas; comenzó a hablar cuando el último empleado llegó con la respiración desbocada y su camisa desarreglada por el ajetreo, era un joven de cabello azabache, grandes ojos oscuros y una gorra roja en la cabeza.

―¡Kota! ―La voz de Ryuko resonó sobre los presentes al reconocer al joven―. ¿Qué son éstas horas de llegar?

―¡Tuve un inconveniente de camino pero ya llegué, ¿no?! ―Respondió el joven de unos dieciocho años, sonrojado tanto por el ajetreo cargado como por ser el centro de atención en esos momentos.

―Tranquila, Tsuchikawa-san ―Habló Ochako desde su sitio, la atención de los presentes incluso del joven Kota, se volcó a la mujer de castaños cabellos y una dulce sonrisa. Ella dirigió su vista al último en llegar―; aún no hemos empezado. ¿Te gustaría acercarte?

La voz de la mujer era dulce y el modo en el que lo miraba, lo hizo sonrojarse de la pena. Asintió torpemente para incluirse en las filas de los nuevos empleados. Eran un total de cinco nuevos miembros, jóvenes chef que la escuchaban con atención, tanta que por un momento ella se olvidó que había sentido nervios antes de empezar. Le gustaba poder hablar y explicar todo lo que implicaba trabajar allí, el modo de trabajo, los horarios, los clientes y lo que esperan de ellos.

Finalizó la introducción y entonces, el sonido de los aplausos por parte de sus colegas como de los nuevos empleados, la despertó de la burbuja en la que se encontraba. Sonrió con pena, no podía ocultar el sonrojo en sus mejillas.

El día laboral dio inicio a las diez de la mañana de forma puntual, los primeros clientes se dirigieron al mostrador en donde Shiretoko Tomoko y uno de los nuevos contratados se encontraban, la mujer era de carácter entusiasta, eso cautivaba enseguida a los clientes; por parte de los demás, se encontraban en la cocina trabajando para tener listo pedidos solicitados o abastecer los postres que debían ser expuestos en la mesa expositora.

Ochako iba instruyendo a los jóvenes contratados, los guiaba y alentaba a continuar, todos se sentían cómodos con ella y eso la hacía sonreír a sí misma. La mirada azabache del joven que había llegado tarde seguía los movimientos de la mujer como si fuese lo único que realmente existiera en esos momentos.

―Si la sigues observando así, terminarás haciendo un desastre. ―La voz de Chatora Yawara lo hizo pegar un respingo y maldecir por derramarse un poco de crema pastelera en su uniforme, lo escuchó reír―. Niño, ella está fuera de tu alcance.

―¿De qué mierda hablas? No me interesa esa mujer.

―Como sea, límpiate la crema. No querrás pasar vergüenza frente a tu superior. ―Y con una risa, se alejó de él. Izumi Kota maldijo por lo bajo para limpiarse con un trapo su uniforme.

―Los primeros días son aterradores ―Kota se volteó a ver a Ochako, ella le dedicó una sonrisa divertida―. Mi primer día, de hecho, mi primera semana trabajando fue de lo peor. Así que, no bajes los brazos, Izumi-san.

―Sólo es un poco de crema ―Respondió él sonrojado, intentando no mirar a la castaña.

―Por eso, sigue adelante. ―Y con el pulgar en alto, animándolo, se alejó de él.

Izumi miró a su instructora marcharse para supervisar los trabajos de los demás empleados, era una mujer mayor a él, eso estaba claro, pero era muy gentil y no lo trataba de manera despreciativa como muchos al ver a un joven chef sin experiencia alguna. Ochako tenía mucha paciencia, era buena escuchando y explicando, así que todos se sentían a gusto con ella.

Las seis de la tarde llegó casi en un abrir y cerrar de ojos, la tienda iba tornándose vacía para cuando la jornada iba culminando. Los nuevos empleados volvieron a juntarse en la cocina en donde, tanto Uraraka como los demás chefs reposteros y la Jefa de Cocina se encontraban, dieron una última charla sobre todo lo realizado en el día, dieron sus observaciones correspondientes y tras dejar sus uniformes en el casillero, se marcharon.

Uraraka ingresó al vestidor después, abrió su casillero para colgar su filipina dentro de éste y como siempre, volvió a ver la fotografía de Katsuki.

―Siempre me he preguntado si era tu novio. ―Ochako se sobresaltó al escuchar la voz de Tomoko junto a ella. La castaña volteó a verla sonrojada, negó deprisa―. Vaya, creí que lo era porque siempre te quedas mirando su fotografía.

―Supongo que es una costumbre ―Respondió cerrando la hoja de su casillero. Tomoko le dedicó una sonrisa―. Ha sido un gran día para los nuevos chefs.

―Eso sin duda ―Respondió―. Además de que eres una excelente instructora, Uraraka-chan. Todos hablaron de ti con puros halagos.

―Me alegra saberlo. ―Ochako le dedicó un asentimiento de cabeza para dejar el vestidor.

Ajustó la correa de su bolso a su hombro encaminándose hacia la salida, se sorprendió de ver a Yawara fuera de las instalaciones junto a Kota, uno de los nuevos empleados contratados. Ellos la notaron salir y vio cómo el más joven se ruborizó apenas la reconoció, apartando su mirada a otro punto en el suelo. Ochako pasó por alto el detalle, sólo se despidió de ellos con la mano para marcharse de allí.

Sacó su teléfono para ver la hora, eran cerca de las seis y media de la tarde, su trayecto hacia su departamento no era tendido y debía admitir que aunque estaba acostumbrada a Minato, Chiyoda era bastante bella y a un ritmo similar al que tenía en su anterior barrio; además de que su departamento sólo estaba a unas seis cuadras de su trabajo, todo le quedaba a la mano.

Sin embargo, los primeros tiempos viviendo en aquel nuevo sitio, no podía evitar sentirse ofuscada por tantos cambios: de pasar a vivir con alguien a hacerlo sola y en un sitio donde no tenía cerca a sus amigos, eran golpes duros.

―Los cambios son necesarios ―Fueron las palabras que su padre le había dicho el día que se mudó a su nuevo departamento. Ella los había llamado para comentarles los grandes cambios que su vida estaba sufriendo, la mayoría a consecuencia de aquella noticia que la involucraba de cerca. Sus padres nunca la juzgaron, todo lo contrario, le dieron su apoyo y no la dejaron rendirse en ningún momento. Cuando habló con su padre la primera noche en su nuevo sitio, él le dijo lo siguiente―. Al final, todo sale bien y si no es así, entonces aún no es el final.

Sonaba muy cliché pero era lo único que necesitaba en esos momentos para no sucumbir al terror de ver tantas cosas derrumbarse frente a ella. Finalmente, los últimos tiempos, su vida se basaba en esos constantes cambios desde que dejó Nagoya. Ella era fuerte, lo sabía.

Llegó a su departamento, se sacó sus calzados, dejó su bolsón en su pequeño sofá para dirigirse al baño. Se quitó sus prendas del día, los dejó en el suelo a medida que iba buscando una canción adecuada con la cual bañarse; había hecho una selección de baladas para relajarse escuchándolas en su tiempo de ducha, puso a todo volumen Lover is a day de Cuco cuando el agua comenzó a humedecer el suelo del duchero.

El agua tibia fue envolviéndola, mojando su piel, su cabello, cerró los ojos para lavarse el rostro al ritmo lento de la melodía y la voz del vocalista transportándola. No pudo evitar recordar el día que conoció a Katsuki; él, literalmente, había irrumpido a su vida y aunque al principio creyó que era algún tipo de mal karma que estaba pagando, el tiempo fue suficiente para comprender que su tiempo a su lado fue una de las mejores cosas en su vida.

Había dejado de llorar por él hace mucho tiempo, pero ese día, se sentía como el primer día que él se fue. ¿Qué le sucedía?

Salió de la ducha con una toalla envolviendo su desnudez, su teléfono en su mano y su cabello húmedo goteando contra su piel, ingresó a su habitación, buscó ropa qué ponerse con la música aún sonando de fondo. Pink Moon sonó entonces y ella detuvo sus movimientos casi abruptamente al reconocer la melodía que tanto la hacía pensar en su tiempo junto a Bakugo.

―Eres una tonta. ―Se reprendió. Ignoró la música para vestirse, unos pantalones holgados junto a una vieja camiseta de mangas largas, ya que las noches se sentían frías incluso allí.

Se secaba el cabello con su toalla cuando su teléfono detuvo la música para anunciar el ingreso de una llamada. Ella dejó la toalla a un lado para ir a por su teléfono sobre la cama, el nombre de Todoroki Shoto se anunciaba en su pantalla y la duda constante en su pecho resonaba. ¿Por qué la estaba llamando? ¿Quizá quería hablar de Deku o necesitaba algún consejo? Hacía tiempo que no se había puesto en contacto con él, más que para ser su intermediario entre ella y el que le alquilaría un piso en su nuevo departamento, además estaba al tanto de que su relación con el joven mesero pasó a un siguiente nivel.

Tomó el teléfono y lo contestó casi de inmediato.

―¿Todoroki-san? ―Habló ella.

El silencio tras la línea la inquietó, fueron al menos unos segundos sin escuchar nada y entonces, unos movimientos bruscos con el teléfono para escuchar de fondo una maldición por parte de una voz que ella reconocería en cualquier sitio. Su corazón dio un vuelco al escucharlo.

Uraraka-san ―La voz de Shoto sonó tras la línea, trayéndola a la realidad―. Disculpe la llamada.

―Todoroki-san… Aquella voz…

La llamo muy de improviso y me disculpo nuevamente por ello ―Habló el hombre pasando de ella y su inquietud―. Bakugo Shoen acaba de fallecer.

Las palabras de Shoto fueron como un balde de agua fría cayendo sobre ella, helándole el cuerpo, congelándola en su sitio. Por un momento, olvidó cómo se respiraba, estaba quieta intentando recobrar un poco de compostura que la noticia reciente le arrebató por completo. Bakugo Shoen, la poderosa empresaria cafetera y la autoritaria abuela de su ex novio acababa de fallecer. ¿Por eso Katsuki quiso hablar con ella utilizando el móvil de Shoto? ¿Por qué no la llamaba desde su propio número?

¿Uraraka-san? ―La voz de Todoroki la sacó de sus cavilaciones. Sobrepensaba todo demasiado y era agotador.

―Lo siento, me tomó por sorpresa la noticia ―Respondió Ochako―. ¿Cuál fue la causa?

Hace aproximadamente dos semanas ha ingresado al hospital a consecuencia de un cuadro de neumonía. La situación se complicó y un accidente cardiovascular terminó con todo. ―Las palabras de Shoto eran duras, firmes pero aun así podía sentir un atisbo de fragilidad en su voz.

Apretó su teléfono con su mano, conteniendo el aliento por un momento. No tenía una afinidad profunda con la matriarca de los Bakugo, sólo estuvo con ella en dos ocasiones, a pesar de eso, le guardaba cierto cariño; fue una mujer atemorizante, no lo negaba pero a pesar de eso, ella nunca olvidaría la vez que le habló sobre su historia familiar, la emoción que halló en sus ojos cuando relataba la vida de sus antepasados e incluso cuando le leía la fortuna a base de las pozos de café, podía sentir que la intimidante mujer se hacía a un lado para dar paso a una persona solitaria que buscaba llenar aquel vacío.

Se sentó sobre la cama, dejó escapar un suspiro. Los ojos se le humedecieron.

―¿Se realizará un velorio?

Así es ―Habló el hombre tras la línea―. Mañana en el templo Jomyo-In. Sólo la llamaba para informarle la situación, no es necesario que…

―Iré. Mándame los detalles del horario, estaré ahí. ―Dijo ella interrumpiéndolo. Ella cerró los ojos, aspirando profundamente―. Finalmente, sigo guardando un bonito recuerdo de ella.

Escuchó a Shoto afirmar y tras una breve despedida, la llamada finalizó. Ochako mantuvo el teléfono en su diestra, observaba la pantalla encendida frente a sus ojos, repitiendo las palabras de Todoroki e incluso, muy a su pesar, repetía la voz de Bakugo maldiciendo a lo lejos. Él quiso llamarla pero cuando contestó, no escuchó nada, apartó de él el móvil.

Pensar en verlo de vuelta la hacía flaquear las piernas, la hacía sobrepensar tantas cosas pero sabía que, finalmente, Bakugo Shoen merecía una despedida de su parte, por más breve que haya sido su incursión a su vida, ella no podía no ir.

Dejó su teléfono en su mesa de noche, terminó de secarse el cabello y fue a la cama. Su día había sido exhaustivo pero no tenía la misma sensación de satisfacción que cuando regresó de su trabajo. Ese día, se acostó con un pesar en el pecho, la muerte de Shoen la tomó por sorpresa. El sueño costó en llegar pero tras varios minutos, se entregó a él.


Katsuki se recostó contra el muro detrás de él, la brisa nocturna acarició su rostro invitándolo a cerrar los ojos ante la sensación. Metió sus manos en los bolsillos de sus pantalones, tenía una cajetilla de cigarrillos nuevos guardados pero al sentir el cartón del mismo, detuvo sus movimientos. No, no quería fumar por más de que su cuerpo se lo pedía a gritos. Tenía una amalgama de emociones, todas luchando entre sí en su interior y mientras sucedía eso, su mente era un torbellino de pensamientos entremezclados, provocándole un horrendo dolor de cabeza.

Había dejado la habitación del hospital en donde su abuela estuvo internada las anteriores dos semanas, el cuerpo de la mujer había sido retirado cuando se complicó su situación llevándola a una sala de terapia intensiva en donde falleció. La sensación de muerte seguía aguijonando su pecho casi con la misma intensidad que cuando su padre había muerto, salvo que en ésta ocasión, él sí tuvo una oportunidad para despedirse.

Seguía en la habitación de su abuela junto a su madre cuando el médico llegó a ellos con la noticia de que su abuela había fallecido; Mitsuki se abrazó a él para hundir su rostro en su pecho, humedeció su camisa y él sólo la apretó aún más fuerte contra él, la sostuvo el tiempo que necesitó sentir su apoyo; en cuanto a él, miraba a la nada, tenía la mirada perdida con las palabras del médico resonando en su mente una y otra vez, recordaba el rostro de su abuela con la mascarilla de oxígeno, los cables pinchando su piel y su pequeño cuerpo languideciendo en su lecho.

Nunca vio a su abuela tan frágil, tan débil y esas dos semanas de internación, comenzaba a extrañar a la feroz Shoen con la que él había crecido y había aprendido a aborrecer.

Shoto llegó al hospital después de que Mitsuki le había puesto al tanto sobre el fallecimiento de la matriarca, no tardó mucho, el hombre estaba al pendiente de la mujer incluso en los últimos momentos y fue el encargado de suplir al actual presidente de la compañía mientras éste se mantuvo junto a su abuela las últimas dos semanas de internación.

Vio a madre e hijo en el pasillo del hospital, Katsuki firmaba el acta de defunción de su abuela mientras su madre tenía una taza de café entre sus manos; Shoto llegó hasta ellos, vio a Mitsuki con los ojos enrojecidos a consecuencia del llanto, el sonrojo en sus mejillas como en la punta de su nariz y sus hipidos como los de una niña le dejaron en claro que ella necesitaba más de un vaso de café.

Katsuki en cambio, mantenía un semblante de sepulcral tranquilidad, era el actual pilar de la familia y no podía sucumbir ante la pérdida de su abuela. Apenas terminó de firmar los papeles correspondientes al hospital, Katsuki dejó las instalaciones del hospital, dijo que necesitaba respirar aire puro sin el asfixiante aroma a desinfectante que reinaba el sitio. Ninguno de los presentes se opuso, sólo lo vieron marcharse.

―Katsuki no ha dormido nada éstas dos semanas. ―La voz de Mitsuki llamó la atención de Shoto, volteó a verla y la encontró cabizbaja, los ojos puestos sobre su vaso térmico―. Ha cambiado tanto en éstos meses pero éstas dos semanas, ya no lo siento como antes.

―Luce… Diferente ―Respondió Shoto y es que era verdad: Bakugo Katsuki siempre fue de una costitución grande, musculosa, pero esos seis meses había visto cómo cada día, parecía que él fue perdiendo parte de sí, podía notarse que bajó de peso, tenía ojeras notorias, estaba más meditabundo e irascible de un momento para otro.

―Nadie le pidió que dejara a Ochako ―Todoroki asintió a las palabras de la mujer, tenía razón, fue por propia voluntad―. Él no quiso que terminara como yo, supongo. Pero con esa decisión, él parece haber perdido el norte.

Al igual que Mitsuki, Shoto sabía que parte de aquel cambio, era la ausencia de Uraraka Ochako como el abandono de su amor por la cocina. Bakugo amaba tanto a la mujer como amaba liderar un restaurante, eso no había dudas pero para Shoto, comprendía las razones por las que dejó Towers para tomar el mando de la empresa de su familia, mas no comprendía su afán por alejarse de Ochako, por más de que Mitsuki lo dijera: él no quería que Ochako sea otra alma arrastrada por los Bakugo.

Mitsuki había aceptado formar parte de la familia Bakugo y todo lo que ello implicaba, pero Katsuki no había puesto ni a consideración que Ochako hiciera lo mismo. Al parecer, no había excepciones con los Bakugo, todos tomaban decisiones por los demás.

Todoroki Shoto dejó a Mitsuki en el pasillo para dirigirse hacia donde Katsuki se encontraba; no sabía muy bien, pero no debía estar muy lejos, después de todo, su madre aún se encontraba en las instalaciones, no lo imaginaba dejando el sitio sin ella. Se dirigió al patio interior que contaba el hospital para ayudar a la oxigenación de las instalaciones y permitir tanto a pacientes como visitantes, un escape momentáneo y próximo del encierro del sitio.

Vio a Katsuki recostado contra el muro de uno de los bloques del hospital, tenía la mirada perdida en la nada y le pareció ver que metió la mano en uno de sus bolsillos, mas terminó sacándola sin retirar nada de ella, algo extraño ya que la ingesta de cigarrillos por parte de su nuevo jefe, había aumentado de manera preocupante hasta hace dos semanas.

Se dirigió hacia él y una vez cerca, recibió la mirada rubí del hombre.

―Deberías llamarla ―Soltó Todoroki. Su jefe levantó una ceja en respuesta―. A Uraraka-san, me refiero.

―¿Por qué querría hacerlo?

―No deberías de pasar esto solo.

Katsuki lo miró un momento en silencio para esbozar una sonrisa amarga que Shoto no supo muy bien cómo interpretar.

―En serio eres terriblemente malo para leer a las personas, eh Mitad-Mitad ―Soltó Katsuki―. ¿Qué te hace pensar que ella contestaría?

―Llámala de mi número ―Insistió Shoto―. Sabes que Shoen, siendo como era, le tenía un aprecio extraño a Uraraka-san.

―¿Y qué hago con eso, eh? ―Preguntó dejando la comodidad del muro para acercarse a él amenazadoramente. Nuevamente aquella irascibilidad suya haciendo acto de presencia; en más de una ocasión, tanto jefe como abogado, tuvieron encuentros a consecuencia de aquel mal carácter en el primero―. La llamo y ¿qué mierda le digo? Carajo, Todoroki; me alejé de ella por un motivo, no voy a confundirla.

―¿Y piensas ahogarte sólo?

―¡Con una mierda, sí! ―Explotó―. No quiero que esté aquí por…

―¿Pena? ―Katsuki no dijo nada ante la palabra de su abogado.

Shoto se encogió de hombros, parecía rendido a ojos de Katsuki pero entonces, lo vio sacando su teléfono móvil de sus pantalones, parecía buscar algo en particular al deslizar su pulgar contra la pantalla táctil del mismo, lo siguiente fue verlo tenderle el móvil a él con el nombre de Uraraka Ochako y la palabra "llamando" frente a él.

Los dedos de Katsuki quemaban por momentos, quería tomar el teléfono y acercárselo al oído, quería escuchar la voz de Ochako aunque sea un momento. Sus latidos se aceleraron cuando la llamada fue contestada y la escuchó.

¿Todoroki-san? ―Carajo, era su voz. Bakugo no podía dejar de observar el teléfono, escuchar su voz después de seis meses sin saber absolutamente nada de ella, fue como si su sangre volviera a bombear con fuerza, como si toda su vida diese un vuelco con el sólo hecho de escucharla.

No, no podía.

Apartó de un manotazo el teléfono de él.

―¡Maldición! ―Dijo molesto para alejarse de Shoto.

Todoroki tomó el teléfono deprisa antes de que éste cayera al suelo por la intensidad del golpe que Bakugo le había dirigido al alejar el aparato de sí. Lo vio alejarse a zancadas, definitivamente Katsuki aún no estaba listo para ella. Dirigió su teléfono hacia su oreja para responder la llamada que había hecho, sería de mala educación dejar a Ochako así.

Aunque sea él, debía decirle la situación que la familia Bakugo estaba afrontando, aún si la nueva cabeza de la familia estaba en contra.