Los niños la abrazaron y caminaron prendidos de su cintura mientras entraban a la casa. La luz todavía no había regresado y las lámparas de emergencia ya no brillaban tanto como antes, creando un aspecto aún más fantasmagórico. Jud estaba en la sala también, todavía con la linterna en la mano y el piloto puesto.
"Enseguida saldremos de nuevo." Dijo Demelza dirigiéndose al hombre.
"Tu quédate aquí con los niños." Ella se dio vuelta y observó a Ross, su piel parecía verdosa bajo las luces y su pelo estaba mojado.
"No, saldré de nuevo…" se empacó.
"Demelza." Ross se acercó a ella, Julia y Jeremy aún la abrazaban, habló bajo para que ellos no escucharan. "Los niños están asustados y la tormenta está al caer, es peligroso. Quédate con ellos. Jud y yo saldremos a buscar a Garrick."
Ross se arrodilló junto a ellos para hablar a los niños. "No se preocupen, mamá ya esta aquí y yo buscaré a Garrick." Besó sus frentes e hizo señas a Jud para que saliera. Demelza no protestó a pesar de que quería hacerlo. Era perfectamente capaz de encontrar a su mascota ella misma, pero era cierto que era mejor que se quedara con los niños. Al parecer se habían preocupado bastante.
Los hombres salieron, los escucharon planear por donde iría cada uno tras la puerta. El viento se había calmado un poco en ese momento pero la tormenta estaba lejos se terminar. Prudie, Julia, Jeremy y Demelza no tenían otra cosa que hacer más que esperar. Revisaron la casa de nuevo en caso de que hubieran pasado algún rincón por alto, pero Demelza sabía que el cachorro no estaba allí o ya habría salido. Los minutos pasaban lentamente y no había nada que pudieran hacer. Prudie se fue a la cocina a buscar una pava y Demelza se sentó en el sillón, Julia y Jeremy uno a cada lado, abrazándolos y tarareándoles una melodía por lo bajo, asegurándoles que todo estaría bien. Los minutos pasaron. Los despertó un rayo que los hizo saltar del sillón, los niños se habían quedado dormidos. Demelza hizo señas a Prudie, que ya había vuelto con el té, para que se sentara con ellos. Ella se fue a mirar por la ventana. Había empezado a llover y no podía ver nada. Fue hacia la puerta y salió al pórtico. El viento hacía que el agua cayera de costado. Ella se comenzó a preocupar también. Espero allí unos momentos y luego creyó escuchar algo. No podía identificar que era el sonido, pero no era creado por la lluvia ni el viento. Luego lo escuchó de nuevo, más cerca. Un sonido agudo y constante que se acercaba cada vez más. Ross apareció de golpe en la entrada, venía del campo al costado de la casa. Estaba hecho sopa, los cabellos empapados se pegaban a su frente y estaba blanco se frío. La capucha de su campera no se había quedado en su lugar y él no había podido sujetarla pues cargaba algo en los brazos. Garrick aullaba de dolor envuelto en su remera. Demelza miró al perro y luego a él con ojos como lámparas.
"Está lastimado." Dijo Ross sin aliento.
Demelza sostuvo la puerta para que entrara. Los niños corrieron a ellos pero Demelza los detuvo. "Prudie, quédate con los niños aquí." Ordenó y se apresuró a ir a la cocina. Los niños habían obedecido sin chistar al oír los aullidos de su perro. Había solo una lámpara en la cocina que Demelza agarró para buscar en los cajones un mantel que extendió sobre la isla. Ross la había seguido chorreando agua a su paso, esperó a que ella le hiciera una seña para depositar con cuidado al animal sobre la superficie. Garrick aulló más fuerte.
"Lo encontré casi en el límite con Bodrugan. Metió la pata en una trampa para conejos." Explicó Ross mientras ella examinaba al perro con la lámpara.
"Necesito más luz. Ve a secarte y vuelve a sostenerme la lámpara… Oh, y trae mi botiquín." Ross corrió a su habitación. Aún tenía algo de ropa en Nampara. En menos de un minuto tiró la campera mojada al piso y se puso una remera encima sin mirar siquiera cual era, luego entró un segundo al baño de donde tomó una coleta para el pelo de Demelza y bajó las escaleras sujetándose sus rulos mojados. Jud estaba entrando a la casa. "No se preocupen niños." Dijo al pasar tomando otra de las lámparas de LED y del armario tomó el maletín de Demelza en donde ella guardaba todos sus instrumentos médicos, "Garrick estará bien." Y volvió a la cocina.
"Tiene la pata quebrada." Le informo Demelza al entrar. El perrito se había quedado quieto sobre la mesa pero aún lloraba. "Ese maldito Bodrugan. Me tendrá que escuchar… lo denunciaré a Protección de Animales. ¿Cómo se atreve a poner trampas en nuestras tierras?" Dijo entre dientes mientras intentaba quitar la sangre de los pelos de la pata de Garrick. Ross fue a pararse junto a ella y sostuvo la luz iluminando sus manos. Demelza trabajó rápido a pesar que el perro se movió inquieto cuando ella comenzó a desinfectar la herida. "Shhh… lo siento, Garrick. Dijo acariciando su cabeza si miedo. Ross lo sujetó delicadamente del cuello, temía que el perro se diera vuelta y la mordiera mientras ella pasaba un desinfectante sobre el corte que de seguro le hacía doler, pero ella no pareció percatarse del peligro y Garrick, si bien seguía gimoteando, se volvió a quedar quieto. Al cabo de un momento la herida estaba limpia Demelza entablilló la pata y la rodeó con una venda. Sus manos y su remera estaban cubiertas de sangre. Demelza se dio la vuelta y salió del círculo que él iluminaba para lavarse en la pileta, desde la oscuridad dijo "Hay que hacerle una radiografía, creo que tiene el hueso roto en dos lugares. Me voy a fijar qué veterinaria está abierta y lo llevaré."
"¿No pensarás salir con esta tormenta?" Demelza volvió secándose las manos con un repasador.
"Hay que llevarlo, debe tomar algo para el dolor."
"¿No le puedes dar algo tú?" Insistió, otra vez más preocupado por ella que por el perro.
"No. No soy veterinaria." Demelza ya estaba chequeando cuál era la veterinaria de turno más cercana en su celular. – "Además lo tienen que vendar correctamente."
"La venda luce bien para mí." Dijo, pero Demelza no lo escuchó.
"La Veterinaria en Penryn está abierta." El viento aún bramaba afuera, la tormenta recién había comenzado. Cuando ella saliera la alcanzaría a mitad de camino, y con un perro herido que no sabía cómo podía reaccionar si se asustaba…
"No puedes ir." Demelza levantó la vista del brilló de la pantalla de su Smartphone y lo miró cómo si se hubiera olvidado que él estaba allí. En realidad casi no podía verlo, porque Ross estaba apuntando la luz directo a su cara.
"Me iré a cambiar." Dijo ignorándolo y salió de la cocina. El la siguió.
En la sala se encontró con las caritas asustadas de Julia y Jeremy que al verla con la remera toda manchada de rojo la miraron más alarmados aún. "Quédense tranquilos niños, Garrick estará bien. Se lastimó una patita, pero mamá lo llevará a ver a un doctor para que lo cure."
"¿No puedes curarlo tú mamá?" Preguntó Julia.
"Necesita un doctor para perritos." Dijo ella. "Él estará bien, se los prometo." Les aseguró y se dirigió a las escaleras para cambiarse. Ross reaseguró a sus hijos también pero siguió a Demelza al primer piso. Ella buscaba una remera en el cajón iluminando con la pantalla del teléfono. No se veía nada.
"Demelza… no puedes ir, es peligroso. Lo peor de la tormenta aún no ha llegado."
Encontró la remera que buscaba pero cómo Ross estaba allí tuvo que ir al baño a cambiarse, de paso se lavó de nuevo las manos y pasó un peine por su cabello mirándose en el oscurp reflejo que le proporcionaba la luz del teléfono.
Ross aguardó del otro lado de la puerta. Lo golpeó entonces el hecho de que ella se había encerrado en el baño para cambiarse porque no quería que él la viera. Él conocía cada centímetro de su cuerpo, le pareció innecesario.
Cuando salió buscó a ciegas un abrigo en el ropero mientras Ross insistía que era peligroso. "¿Y qué quieres qué haga? ¿Qué lo deje sufriendo toda la noche?"
"Los niños están asustados…"
"Lo están. Tienen miedo de que algo le pase a Garrick. ¿Crees que podrán dormir cuando su perro llore de dolor toda la noche?" le dijo y lo esquivó para volver abajo. Demelza se dirigió directo a la cocina con Ross pisándole los talones. Los niños, y Prudie, los observaron pasar en silencio.
"¡Te estás comportando como una niña caprichosa!" Exclamó Ross cuando entraron en la cocina, lo suficientemente fuerte para que todos en la casa lo escucharan.
"¡¿Caprichosa?!" Exclamó ella también, pero cuando se dio cuenta de que ambos estaban gritando bajó la voz para que los niños no pudieran oírla. "¿Caprichosa? Estoy intentando hacer todo lo que puedo para ayudar a Garrick y para que no sufra. Julia y Jeremy están preocupados por su mascota, una mascota que tú les regalaste. No lo puedo dejar así, no tengo ningún analgésico inyectable en casa, menos para un perro. Lo mejor es llevarlo al veterinario. Los niños se quedarán tranquilos si ven que cuido de él también. Créeme que si Garrick llora toda la noche ellos no podrán dormir y estarán más asustados que ahora. No tardaré mucho. Si quieres puedes quedarte con ellos hasta que yo vuelva."
No le dio tiempo a Ross a responder. Garrick aún estaba muy quieto sobre la isla de la cocina alumbrado por la lámpara LED que Ross había dejado allí. Demelza buscó otro mantel y lo envolvió intentando no tocar su pata, Garrick se contorsionó bruscamente y Ross estuvo a su lado de inmediato, pero el perro se acomodó en los brazos de Demelza y se tranquilizó de nuevo, sus ojitos alertas mirando para todos lados en la oscuridad. Demelza salió a la sala.
"Bien, nos vamos. Julia, Jeremy deséenle buena suerte a Garrick. No se preocupen, volveremos pronto. Los llamaré cuando lleguemos a la veterinaria. Prudie, tira el mantel que está sobre la isla y no hagas nada allí esta noche, debemos limpiarla a fondo." Prudie frunció la nariz y asintió. Los niños, algo asustados todavía, saludaron a Garrick desde una prudente distancia. Cuando se dio vuelta para salir Ross estaba de pie junto a la puerta de entrada, las llaves de la camioneta en una mano y un paraguas en la otra.
"Yo manejo."
