Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS SEXUALES +18
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Capítulo 24:
Un rayo de luz
"Llegará el día en que se vean a los ojos y te des cuenta que valió la pena la espera"
Edward se quitó la mascarilla y el gorro quirúrgico y luego procedió a lavarse las manos. Silbando una canción que le recordaba a Bella, siguió su procedimiento para ir a la sala de recuperación y mantener la orden para el paciente.
Había sido una cirugía exitosa.
—Que tenga una buena tarde, Dr. Cullen. Felicitaciones por el compromiso —dijo la enfermera jefe de pabellón.
Él sonrió en respuesta.
Le encantaba recordar, una y otra vez, que iba a casarse con la mujer de su vida. Estaba tan feliz que se la pasaba brincando en un pie.
Pero luego se acordaba de lo que había pasado con su Ojitos Marrones y la impotencia lo nublaba. Cómo quería hacerle olvidar, enseñarle que las cosas no podían seguir ese rumbo… Y aun así era difícil, porque su mejor herramienta era devolver el tiempo y evitarle a toda costa el sufrimiento de aquellos momentos. Sin embargo, la posibilidad era imposible. Incluso, molerlos a golpes no serviría de nada, solo para saciar su rabia, lo que sin duda era egoísta, porque quien importaba realmente era su amor, no él.
Salió de recuperación luego de dar las indicaciones para su paciente y habló unos minutos con la anestesióloga, la Dra. Leah Clearwater.
—Pronto te veré —aseguró la mujer, dándole una palmada en la espalda.
Él frunció el ceño.
—¿Hay algún evento del que no me he enterado o…?
—Emmett quiere llevarme a casa de tus padres a cenar.
El Dr. Cullen levantó las cejas durante varios segundos.
—¿No te lo había dicho? —inquirió.
Oh. ¿La estaba cagando?
—Definitivamente, no te lo había dicho.
Botó el aire, un poco incómodo.
—Estamos comenzando a salir…
—¿Y ya quiere llevarte a casa? —preguntó de pronto y sin pensarlo.
Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, se tapó los labios.
—Lo siento, es que…
—Da igual —respondió, quitándole importancia—. Sé que llevamos muy poco saliendo y que ni siquiera me ha pedido que sea su novia, pero sé que eso pasará. Emmett me ha gustado desde hacía mucho y no descansaré hasta que me lo pida —aseguró con una sonrisa.
Edward asintió y le sonrió, alejándose lentamente para no decir otra barbaridad.
¿Qué demonios le pasaba a Emmett? ¿Por qué llevar a una mujer que evidentemente no le provocaba lo mismo que Rosalie? ¡Si se moría por ella! Tenía que enviarle un mensaje y darle una buena charla o pronto iba a arrepentirse por semejante estupidez.
Miró su reloj en medio de sus pensamientos de hermano mayor y se sorprendió de la hora. Bella saldría del trabajo en menos de quince minutos, lo que también significaba que debía ir a por sus mellizos. Debía irse rápido.
Mientras se cambiaba de ropa y colgaba la bata en su oficina, pensó que sería bueno animar un poco a su preciosa Ojitos Marrones con una comida especial. A los mellizos también les encantaría ir con ellos. ¿Estaba bien si iban al restaurante familiar de comida italiana que quedaba a las afueras de Forks? Sí, definitivamente estaría más que bien.
—Dr. Cullen —exclamó la voz de una de las secretarias del nivel.
Su voz sonaba desesperada.
Abrió la puerta y se encontró con una expresión que distaba por completo de cualquier emergencia antes vista. Algo muy malo había ocurrido.
—¿Qué ocurre? —inquirió, acomodándose los anteojos.
—Es la señora —respondió con un hilo de voz.
La expresión del doctor fue tal, que la secretaria le pidió que se sentara, pero él no quiso hacerlo.
—¿Bella…? ¿Qué…? ¿Qué pasó con Bella…?
—Ha llegado a urgencias con la policía. Ha tenido un accidente.
Edward dejó de escuchar. De pronto, comenzaron a pitarle los oídos. Se pasó una mano por los cabellos, hizo a la mujer a un lado y se fue corriendo hacia el servicio, sintiendo cómo se le humedecían los ojos ante la desesperación de escuchar que la mujer de su vida había tenido un accidente.
—Bella —murmuraba, haciendo a un lado a las personas para entrar a como diera lugar.
—Dr. Cullen —exclamó una enfermera, esperándolo con el corazón en la mano.
Todos sabían de su compromiso, todos sabían cuán enamorado estaba… Todos sabían que era su futura esposa la que estaba en la camilla.
—Dígame dónde está —suplicó.
Pero no necesitó que se lo dijeran, pues vio a uno de sus colegas junto a otra enfermera, que sostenía la mano de su Ojitos Marrones, misma que llevaba el anillo… su anillo de compromiso.
—¡Bella! —soltó desgarrado.
—Dr. Cullen —le dijo el médico, pero Edward no escuchó, solo fue hasta Bella y le tomó una de las manos, viéndola rodeada de hematomas.
Estaba inconsciente y tenía restos de sangre en su nariz.
—Cariño —gimió, besándole la mano una y otra vez.
¿Qué le había sucedido? ¿Quién carajos le había hecho esto? Su Bella… Su Bella estaba vulnerable en su totalidad, le habían hecho tanto daño que no soportaba más.
—Doctor —insistió su colega, palpándole el hombro.
—Dígame qué ocurrió —suplicó, mirándolo—. ¿Qué fue lo que pasó?
El interpelado suspiró y puso los labios en línea recta.
—La policía está aquí. Necesito que hable con ellos. Fue un ataque.
Pestañeó, a segundos de llorar.
—¿Ella…?
—Necesitamos hacer estudios. Tal parece que cayó por las escaleras.
—¿Por las…?
—¿Señor? —preguntó un policía, asomando la nariz—. ¿Es usted familiar de la señorita?
Edward asintió, muy ido.
—Soy su prometido —respondió en un hilo de voz.
—Soy el oficial Mason, mucho gusto.
En su uniforme pudo ver el logo de la policía de Portland, eso quería decir que Bella había estado allí cuando ocurrió todo.
—La señorita fue encontrada en el sótano de su tienda. Todo podía indicar que cayó por accidente, pero… ella previamente había hecho una llamada a nosotros, indicándonos que alguien había entrado al lugar.
¿Le habían robado?
—Al llegar, nos percatamos de que todo estaba destruido pero que nadie había sustraído algo del sitio. Encontramos a la señorita inconsciente y la trasladamos junto a servicio de emergencias hasta acá debido a que el hospital de Portland se encuentra actualmente con sobresaturación.
Edward seguía con los hombros caídos y una sensación agónica en su pecho. La habían atacado adrede, alguien había querido hacerle daño a la persona más pura y dulce que había conocido en su vida. ¿Quién podía sentir tanto odio para querer hacerle esto?
Solo una…
—Necesito que se comuniquen con el departamento de policía de Forks. Mi suegro, el Sr. Charlie Swan, es el jefe de policía. Él… Él hará lo posible por encontrar a la persona que la atacó.
—¿Tiene alguna sospecha?
Asintió mientras apretaba las manos de un odio intenso.
—Katrina Denali —afirmó.
El policía anotó el nombre y asintió.
—Daremos el aviso y haremos una investigación. Estaremos en contacto.
Edward no dijo más y se devolvió hacia su Ojitos Marrones, queriendo un momento a solas con ella. La enfermera estaba instalando una vía venosa y preparando la infusión de suero mientras su colega se acercaba y le palpaba el hombro.
—Los dejaremos un momento a solas.
Cuando eso sucedió, el doctor simplemente comenzó a llorar, de pronto muy culpable por haber traído a su vida a aquella mujer. Era por él que esa mujer enferma había decidido hacerle daño a Bella, por un capricho y un deseo irrenunciable a tener lo que siempre quería, incluso si se trataba de seres humanos. Primero habían sido sus hijos y ahora… ahora lo era su amor.
Le tomó su mano mientras miraba los hematomas, nervioso por tocarla, tan frágil y pequeña. Besó su piel mientras las lágrimas caían por su rostro, demasiado adolorido para más. Le había prometido que la haría feliz y eso no estaba sucediendo.
—Perdóname —musitó, llevando unos dedos a su rostro, procurando hacerlo con mucho cuidado—. Te prometí que serías feliz y que nadie más iba a dañarte como lo hicieron, pero… —Sollozó, incapaz de seguir.
Lloró cuanto pudo, mirándola sin descanso, minuto tras minuto sin soltarla. No le importaba que alguien más lo escuchara, solo quería llorar de tal angustia, suplicando que abriera sus ojos, que lo hiciera ya, o no iba a poder sostenerse.
—Edward —susurró ella, arrastrando las palabras.
Cuando abrió sus párpados y contempló sus ojos, los que la enamoraron en el primer segundo, soltó otro sollozo. Bella, por su lado, arqueó las cejas al verlo frente a ella, cuidándola. Apenas recordaba lo que había ocurrido, pero tenerlo consigo la tranquilizaba y la llenaba de rotunda paz. Pero lloraba y eso la angustiaba mucho y le dolía más que su propio cuerpo.
—Bella… Dios… Bella —gimió, besándole las manos constantemente.
Ella le acarició la mejilla, ansiosa por poder abrazarlo.
—No te muevas mucho, ¿sí? Deben realizarte imágenes, puedes tener un hueso roto y… y no quiero que pase a mayores —le dijo su doctor—. Te amo, no tienes idea de cuánto.
Bella iba a responder con la misma intensidad, queriendo llorar, pero el médico entró a la habitación con una sonrisa.
—Ha despertado —afirmó.
Traía papeles en sus manos.
—Tuviste un accidente, ¿lo recuerdas?
Ella pestañeó.
—Sí —murmuró.
Había sido Kate.
—No vamos a ahondar en preguntas de ese estilo, ¿bueno? Lo importante es mantener la tranquilidad desde ahora en adelante, en especial por tu estado.
Edward no dejaba de mirarla y de acariciarla.
—Pero pueden estar tranquilos, no hay de qué preocuparse, los dos están bien —añadió.
Ambos pestañearon.
—¿Yo…? —inquirió Edward, confundido.
El médico frunció el ceño.
—Los dos… Bella y… —Suspiró, entendiéndolo todo—. Felicidades. Bella, estás embarazada.
Ella creía que se trataba de una broma o un sueño producido por el accidente. No podía estar hablando en serio.
—Tienes diez semanas. Van a tener un hijo —insistió al verlos paralizados en su posición.
Y es que no podían creerlo. De verdad que no.
—De todas maneras, realizaremos una radiografía con el fin de detectar cualquier…
No siguieron escuchando, simplemente se miraron, recordando una vez más lo que el médico acababa de decirles.
—Estamos esperando un bebé —gimió ella, sin controlar el llanto.
Nunca imaginó que aquello podía pasarle. Jamás le habían dicho eso. Cada vez que se enteraba, estando con Jacob, era con una pérdida que la mantenía en cama por días. Jamás había tenido diez semanas, jamás… había pasado por esto.
Iba a ser mamá de otro pequeño, esta vez, de uno que pudiera albergar en su interior… Aunque, ya lo hacía, ¿no?
—Un bebé —musitó Edward, volviendo en sí—. Un hijo…
Su barbilla tembló y le acompañó con el llanto, ahora de una felicidad llana y dulce como nunca antes. Se abrazaron con cuidado y él le regó besos por todo el rostro, para luego finalizar en sus labios.
Iba a tener otro bebé, por Dios… ¡Tendrían un pequeño juntos!
—Son diez semanas, no puedo creerlo —insistió Bella, poniéndose una mano en el vientre.
Sonrió de intenso amor, uno inmenso y que solo podía asimilarse al que sentía por Edward y sus mellizos.
—Creí que nunca…
Botó el aire.
—Está muy grandecito —afirmó su Dr. Torpe, poniendo su mano sobre el vientre de Bella.
Ella rio mientras se limpiaba las lágrimas.
—Diez semanas a escondidas, ¿eh? Diez semanas… —susurró y le besó los labios—. El destino es inmenso, ¿no crees? Estaba esperándonos.
—Claro que estaba esperándonos. Y tú… Estás cumpliendo la promesa que me hiciste una vez, nunca lo olvides. Me haces feliz cada segundo, minuto, hora y día que estoy contigo, porque contigo he conocido un hombre de verdad… Junto a mi papi, claro. —Rio, sacándole una carcajada sonora a su doctor—. Te amo enormemente, mi Dr. Torpe.
Edward juntó su frente con la suya y luego siguió acariciándola, manteniendo un estado de completa dicha.
A ninguno de los dos le importaba algo más, su nuevo hijo era todo lo que ocupaba sus mentes, las que a pesar de todo el dolor de hace apenas segundos, se mantenían inquebrantables debido al amor y a la felicidad.
Bella lloró como nunca, pero de total satisfacción. Seguía creyendo que se trataba de un sueño. Estaba esperando un bebé, ¡un bebé de Edward y suyo! ¡Por Dios! Iba a poder sentirlo, a tenerlo dentro y amarlo desde el inicio, a disfrutar de cada etapa como tanto soñó. Y aun así, su amor por Ava y Noah seguiría creciendo como llevaba haciéndolo desde que los conoció.
Edward la abrazaba con cuidado, mirándola con su profundo amor. Estaba radiante y feliz. Todo el miedo de hacía un rato se había transformado en esperanza, aun cuando le angustiaba la posibilidad de que su hijo hubiera sufrido algún daño durante aquel ataque.
Kate…
—Bien. Llevaremos a Isabella a rayos, ¿de acuerdo? —dijo el médico tratante.
Edward asintió y tranquilizó a su Ojitos Marrones, asegurándole que estaría en todo momento tras las paredes de la sala. No iba a dejarla a la deriva nunca más.
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Los resultados de los exámenes solo habían arrojado un par de contusiones. Todo lo demás estaba bien en Bella, bueno, ella y su bebé.
Justo en el momento en el que le dieron el alta, Charlie llegó junto a Renée, corriendo entre jadeos mientras imaginaban lo peor de su hija. Desde que habían recibido la llamada de la policía y luego de Edward, ambos dejaron lo que hacían y fueron a por ella.
—¡Bella! ¡Tesorito! —exclamaba el gordito Swan.
Cuando la vieron sentada en la camilla, muy golpeada pero bien dentro de todo, se pusieron a llorar y la abrazaron sin meditarlo. Bella cerró sus ojos y sonrió, sintiéndose enormemente amada. Tan pronto como reaccionaron, la llenaron de besos como cuando era pequeña y finalmente le preguntaron qué había sucedido.
—Me han atacado —susurró en respuesta.
Su doctor tensó la mandíbula, recordando que no solo la había puesto en peligro a ella, sino a su hijo.
—¿Un ataque? —exclamó su madre.
—Fue Kate, una exnovia —musitó Edward, mirando a los padres de Bella con mucho dolor y culpa.
Charlie arqueó las cejas, mirando a su yerno.
—¿Tú también estás bien? —inquirió, aun sin separarse de su hija.
—Sí. Dentro de todo… estoy feliz. Bella está bien y Kate recibirá un castigo, todo está en la cámara de seguridad de la tienda, ¿no es así, cariño? —Miró a Bella y ella de pronto recordó que sí, que la tienda tenía cámaras.
—Sí… Había cámaras… Eso servirá. Aunque… tengo mucho miedo —aseguró, poniéndose una mano en el vientre.
—¿Te duele algo, cielito? —le preguntó su papá.
Ella le sonrió y le dio un beso en la frente. Cuando supiera la nueva noticia, iba a ser el abuelito más feliz del mundo.
—Solo está nerviosa, cariño, esa… demente intentó atacarla. —Su madre le acarició el cabello y luego miró a Edward con una sonrisa—. No tienes nada de qué sentirte culpable, hijo, menos por las locuras de una mujer como ella.
Edward suspiró, queriendo quitarse aquella emoción del cuerpo. Charlie le palpó el hombro, muy de acuerdo con su esposa.
—Imagino que te quedarás con Edward, ¿no? —dijo su padre, asumiendo que no podría mimarla como antes; ella ya tenía su familia.
—Puede venir mañana. Desayunemos juntos —insistió Edward.
Tanto Renée como Charlie sonrieron, encantados con la idea.
—A Ava y a Noah les encantaría verlos en la mañana —añadió Bella.
Aquello los tranquilizó. Estar con los mellizos les hacía sentir mucho más en paz con esa paternidad que no querían dejar volar, sabiendo que su hija ya estaba cerca de formar un hogar por completo y lleno de felicidad.
—Bien, bien, yo aprovecharé de generar mis contactos para podrir a esa mujer en prisión. ¡Y ni hablar del par de imbéciles! —gruñó el hombre.
Edward asintió.
—Estaré pendiente de mi abogado. Es el mejor del estado y uno de los mejores del país, además. No descansaré hasta ver a esa mujer tras las rejas y a esos malditos asquerosos recibiendo lo que se merecen —afirmó el Dr. Torpe, tomando la mano de su futura esposa.
Luego de despedirse de sus padres y de sentir el impulso de contarles de la reciente noticia que habían recibido, Edward la llevó al coche y la cubrió con una manta, cuidándola con suma precaución y multiplicando su ternura al triple. Bella se sentía enormemente mimada y querida. Pero entonces, recordó a los mellizos.
—¡Ava…! ¡Noah…!
—Tranquila. Emmett ha ido a por ellos. Está muy preocupado por ti.
Ella sonrió.
—Gracias al cielo tienen un tío tan bueno.
Edward se sentó a su lado y le acarició la mejilla.
—Pasó algo antes del ataque, ¿no es así?
Bella recordó que ahora estaba sin trabajo, por lo que se sintió muy sensible al respecto. La habían discriminado por su enfermedad, la misma que había ocultado debido a la vergüenza de que le hicieran sentir una loca, tal como había sucedido.
—Me han despedido —dijo sin pelos en la lengua.
El ceño de Edward se frunció de tal forma que Bella temió que quedara aquella marca para siempre en su piel.
—¿Qué? —exclamó al fin.
—Se han enterado de que estoy con el padre de dos de mis alumnos y… que tengo una enfermedad.
Edward vio tal vulnerabilidad en ella, que la molestia y la explotación ante la noticia pasó a segundo plano. La abrazó con tanta fuerza, que Bella pudo botar todo aquello de un solo suspiro.
Los que estaban mal eran ellos, su enfermedad no era impedimento para que pudiera ejercer lo que amaba y menos aún, estar con un hombre tan bueno y querer vivir en total felicidad con él. Amaba a sus mellizos, pero también hacía su labor con profesionalismo. Debía hacer que se arrepintieran de sus decisiones discriminatorias y que indemnizaran por cada sentimiento de desvalorización. Nunca más ni nadie jamás iba a volver a insultarla por ser quién era, amarse era un proceso difícil con su enfermedad, pero que poco a poco lo hacía con total fervor, y amarse era demostrar que nadie volvería a pisotearla de la manera en que lo habían hecho.
—Vamos a hacerles pagar, te lo juro por todo el amor que te tengo —aseguró Edward, acariciándole las mejillas con sus pulgares mientras le sostenía el rostro con dulzura—. Nadie jamás volverá a dañarte como llevan haciéndolo, eres un alma demasiado noble para seguir soportando todo lo que llevas a cuestas.
Bella sonrió, sintiendo ganas de llorar.
—Así será —aseguró—. Nuestro hijo tendrá la madre más fuerte que podrá conocer, al igual que Ava y Noah.
Su doctor sonrió y le besó la frente.
—Con mayor razón. —Rio—. Siento que estoy en un sueño. Tendremos un pequeñito, ¿te das cuenta de eso?
Bella lo abrazó desde el cuello.
—Sigo sintiendo que esta es una ilusión, un viaje que acabará —susurró con temor—. Pero estoy embarazada, realmente lo estoy.
—Diez semanas —le recordó él, aún con la inmensa sonrisa en el rostro.
Ella se acarició la barriga con cariño. Amaba a su nuevo pequeño.
—Diez semanas que lleva engañándonos con una menstruación bastante real —insistió Bella, sacándole una fuerte carcajada a su futuro esposo.
Y era cierto. Bella había estado sangrando durante unos días, como un periodo normal.
—Nos engañó bastante, ¿eh? —dijo Edward, recordando las veces que se había quedado con ella, cuidándola mientras su falso periodo la llevaba a la cama, más cansada que de costumbre.
Pero de periodo no tenía nada. Era su pequeño hijo el que estaba cansando a mamá.
—Soy un pésimo médico al no darme cuenta.
—Y yo una pésima mamá por no leer mis síntomas.
Pero en realidad, ambos sabían que parte de aquello se debía a que Bella creía que jamás iba a ser madre, al menos, no de la forma que tanto soñaba.
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Bella resopló con ternura mientras Edward le preparaba una sopa de pollo para que entrara en calor y se repusiera de los dolores propios de la caída que había tenido por las escaleras. Si ya era un hombre atento y adorable, ahora lo era mucho más. A ratos le besaba el vientre y se acomodaba a su lado, como si aún le costara creer que iba a ser padre nuevamente.
—No necesitas cuidarme tanto —aseguró ella con ternura.
Edward se acomodó a su lado y le acarició los cabellos, protegiéndola del exterior.
—Lo haré siempre. Hoy sentí que moría al verte así, tan vulnerable, sin saber qué te ocurría —le susurró al oído.
Ella se apoyó en su pecho, oliéndolo y disfrutando de su calor.
—Mis hijos y tú son lo que más amo en este mundo, Bells, de verdad… No quiero volver a sentir lo sentí hoy —aseguró con un nudo en la garganta.
—Tengo mucho miedo —afirmó—. Ya no soy solo yo, está nuestro bebé…
—Lo sé. —Él tragó y le besó los cabellos—. Nunca nadie volverá a tocarte, te lo prometo por todo el amor que te tengo. De solo imaginar lo que hubiera ocurrido…
—Pude perderlo —susurró, imaginándose saber que algo así le hubiera ocurrido a su hijo.
Aquella idea la paralizaba de terror y dolor.
—Todas esas personas recibirán el castigo que merecen, te lo prometo… Lo juro. No descansaré hasta que eso suceda.
Bella cerró sus ojos unos segundos y le dio un beso en el pecho.
—Aún no entiendo cómo pudo pasar —murmuró—. Fueron tres abortos, Edward, tres pérdidas que dolieron y fueron suficientes para no soportarlo más, porque lo intentaba, de verdad, pero parecía que mi cuerpo no respondía, como si no quisiera albergar jamás una vida dentro de mí. Y cada vez que pasaba, no pasaba ni una semana hasta saber que lo perdería. Era como si…
—Tu cuerpo no quisiera nada con ese hombre —dijo.
¿Era posible? Jacob nunca quiso examinarse, quien debió evaluarse cada vez era ella, con médicos asegurando que mi problema era mi fertilidad y que todo debía mejorar con tratamientos dolorosos. Cada vez que recordaba aquellas punciones terribles en su útero, dolía más la exposición y la humillación de las miradas de Jacob, afirmándole que no debía seguir sufriendo para tener el hijo que tanto le prometió.
Odiaba a Jacob, de verdad lo odiaba con todo su ser.
—Pronto debemos decírselo a todos —aseguró ella, queriendo olvidar la existencia de aquel abusador asqueroso.
—Estarán tan felices, en especial Ava y Noah.
Tan pronto como dijeron eso, los mellizos hicieron su aparición con Emmett llegando a casa. Sus gritos llamando a mamá y a papá les hizo sonreír.
—Por Dios, creo que no debí comprarles helado —exclamó Emmett.
Edward fue a recibirlos, agradeciéndole a su hermano por lo que había hecho por ellos.
—¿Bella está bien? —preguntó.
—Mejor que nunca —aseguró.
Él sintió alivio. Ya quería a Bella como a una hermana más.
—Le diré a mamá y a papá. Estaban con los pelos de punta ante la incertidumbre.
Los dos hermanos se despidieron rápido, puesto que Emmett debía cubrir guardia en la urgencia.
Ava y Noah corrieron en busca de mamá. La habían extrañado más que nunca, sobre todo desde que se había ido prometiéndoles volver. Cuando la vieron en la cama, ambos se subieron a ella con poca precaución, actuando como lo que eran: pequeños entusiastas.
—Con cuidado —dijo Edward—. Mamá está adolorida.
Bella les sonrió y los abrazó, irremediablemente feliz de tenerlos.
—¿Po qué? —preguntó Noah, muy curioso.
—Porque… me he caído —respondió Bella, acariciándoles el cabello y la frente.
—¿Duele? —Ava tenía los ojos muy grandes; se había preocupado.
—Mucho. Pero ya estaré mejor.
Ava se acomodó en su pecho y Noah bajo su brazo, adormilados y necesitándola tanto como Bella a ellos. Estaban muy cansados, así que se quedaron rápidamente dormidos.
—Cuando sepan que tendrán un hermanito más, ¿crees que se pondrán celosos? —le preguntó Bella, temerosa de que ellos se sintieran desplazados, porque eso nunca iba a suceder, porque aunque ella no los hubiera parido, los amaba con todo su corazón.
Edward suspiró y se acomodó junto a ella.
—No. —Sonrió—. Lo amarán, estoy seguro.
Bella se quedó un buen rato disfrutando de sus rostros, acariciándolos y calmándose con su calor y olor. Edward aprovechó de llamar al abogado y dejar claro un acuerdo para que él los ayudara junto a Charlie, esperanzado en hacer lo posible por hacer pagar a cada maldito ser que le había hecho daño a su Ojitos Marrones, comenzando por el despido; la demanda iba a ser colosal.
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Después de tres días de reposo y mantener en vilo la situación de peligro que habían vivido, Edward llamó a su mejor colega ginecobstetra, la Dra. Jane Vulturi. Como eran amigos de la universidad, ella no tardó en hacerle un espacio en su apretada agenda para verlos.
Bella estaba nerviosa pero extremadamente feliz. Se había puesto un vestido pastel de lana y unas medias negras que le hacían parecer mucho más joven de lo que era. Se calzó unos mocasines rojos y se acomodó un lazo en el cabello, peinándoselo con cuidado mientras Ava y Noah jugueteaban con su maquillaje y perfume.
Maggie estaba preparándole el biberón a los mellizos, pero miraba a Bella con cariño y respeto. Era una gran mujer que había llegado a renovar la vida de un padre solo junto a sus hijos. La admiraba, porque eso no lo hacía cualquiera.
Edward se asomó por la puerta y la contempló, quedándose varios segundos disfrutando de la visual. Cada día que pasaba la encontraba más hermosa.
—Ya debemos irnos —le dijo él, acercándose para besarle el cuello.
Bella suspiró y asintió, juntando el rostro en su pecho por unos segundos.
A ratos, temía que le dijeran que el embarazo era solo un error del médico que la había atendido en la urgencia y eso, francamente, le iba a romper el corazón en miles de pedazos.
Se despidieron de los mellizos y se fueron al coche. Ella se puso el cinturón y botó el aire, tocándose el vientre mientras rezaba en su interior, pidiendo que por favor su hijo estuviera bien, que existiera, que le dijeran que en muchas semanas iba a conocerlo. Edward la vio muy ansiosa y se quedó un buen rato tranquilizándola, aunque también moría por dentro. No quería desilusionarse, pero sobre todo, no quería que ella sintiera algo así, ya no más.
Cuando llegaron a la consulta de la Dra. Vulturi, vieron cientos de carteles de maternidad y otros procesos femeninos, con muchas madres en la sala de espera. Ambos se sentaron juntos, siempre tomados de la mano, y esperaron de forma paciente, mirándose y besándose cada tantos segundos.
—Señora Swan. Pase por favor —dijo la secretaria.
Ambos botaron el aire y se levantaron, dirigiéndose hacia la puerta abierta, donde los esperaba una mujer joven, rubia y de baja estatura. Sonreía de manera tranquilizadora.
—Buenos días —saludó, enseñándoles los asientos.
—Buenos días —dijeron al unísono.
—Están muy nerviosos —aseguró la mujer—. Deben estar tranquilos.
Bella se mordió el labio inferior.
—Es mi primera vez —susurró—, no creí que fuese a…
—Lo entiendo —murmuró la mujer—. Si hay algo que más calma a una madre primeriza, es conocer a su hijo, ¿no es así? Porque según los exámenes que Edward me ha enviado, ya tienes diez semanas… ¡Casi once!
—No tenía idea que estaba embarazada. Solo tenía mucho sueño y me ha comenzado a gustar la comida de sabores mezclados entre sí… ¡Mi periodo siguió como siempre!
—Soy un muy mal médico —murmuró Edward, sacándole una carcajada a la Dra. Jane.
—Edward, por Dios, tú bien sabes que nosotros los médicos somos pésimos tratando a nuestra propia familia. Yo he tenido cientos de anécdotas, incluso con mi propio embarazo —afirmó—. Hay muchos casos en los que el periodo se presenta durante los primeros meses de embarazo, por lo que no debes preocuparte. Tus síntomas son claros. Son once semanas según los estudios de laboratorio, lo que quiere decir que ya podemos conocer a su hijo. —Los miró a ambos—. ¿Lo hacemos primero para que se tranquilicen?
Edward y Bella se miraron y se sonrieron. Lo ansiaban con fervor.
Jane le entregó una bata y se cambió rápidamente. Cuando se puso en la camilla, Edward se acomodó a su lado, casi en un abrazo.
—Haremos una ecografía transvaginal, ¿de acuerdo? Puede molestar un poco pero no dolerá —aseguró la mujer, sacando el aparato y poniéndole un poco de lubricante médico.
—Todo estará bien, te lo prometo —susurró su doctor, besándole los cabellos.
Bella cerró los ojos mientras sentía los cariños de su prometido. Sí, todo iba a estar bien, debía pensar en eso.
Efectivamente, la sensación era incómoda, pero tal como le aconsejaba Edward, se tranquilizó para que sus músculos estuvieran menos tensos. La Dra. Jane encendió la pantalla y verificó que estuviera mostrando la imagen con precisión, mirando detenidamente mientras Edward primero se aseguraba de que su Ojitos Marrones siguiera estando tranquila.
—Bien, esto es tu útero —dijo la profesional—. Y aquí tenemos… Esperen.
Su voz cambió de tono. Bella sintió que algo salía mal, la expresión de la mujer era rotundamente seria. Miró a Edward, que contemplaba la pantalla, sabiendo de qué se trataba e incapaz de decir qué sucedía.
Oh no.
Buenos días, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Ya saben, estamos en recta final y las cosas están poco a poco dirigiéndose en su sitio. ¡Bella está esperando un bebé! ¡Imagínense la sorpresa de esa mujer! El shock, el amor, la alegría... Todo. Pero ¿qué quiere decir la profesional? ¿Qué está pasando en la ecografía? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas
Agradezco los comentarios de Bbluelilas, Adriu, DanitLuna, lalyrobsten, Pam Malfoy, Black, Pameva, ale173, morales13roxy, Belli swan dwyer, Daniela, SeguidoradeChile, Coni, cavendano13, Valevalverde57, Bell Cullen Hall, monze Urie, Santa, saraipineda44, LinaLopez, Angelus285, CCar, fernyyuki, ELLIanna11, alyssag19,Liliana Macias, esme575, Veronica, Twilightsecretlove, Rero96, indii93, freedom2604, sollpz1305, Melany, Blanca Idalia, Salve el atun, Joa Castillo, PielKnela, Lore562, NoeLiia, piligm, Vero Morales, Lys92, Mariana, Fallen Dark Angel 07, Gladys lutz, Elizabeth Marie Cullen, Maribel hernandez Cullen, Andre22 twi, Flor Santana, Toy Princes, Yoliki, Schatzie0713, Tereyasha Mooz, LarissaRG, Beth, jenni317, Elmi, AnabellaCS, Pancardo, Noritha, meli899, A Karina s g, stella mio, Brenda Cullenn, Noa, patymdn, Nancygov, Chiqui Covet, Jenni98isa, BreezeCullenSwan, Kamile Pattz Cullen, Jade HSos, Manu NyN, Liz Vidal, alejandra1987, Bells Cullen8, krisr0405, AstridCP, Marken01, valentina delafuente, Elizabeth, viridianaconticruz, barby95, Madein belen, Ceci Machin, beakis, Luisita, calia19, marieisahale, Saydiss, JMMA, Jeli, Valentina Paez, Veronica, JossBel Masen, Gis Cullen, tulgarita, aliceforever85, Gladys Nilda, twilightter, morenita88, Tina Lightwood, ari Kimi, cris, Diana, Dominic Muoz Leiva, Adrianacarrera, Cris Scuderi, saku112, Jocelyn, KRISS95, Alejandra Va, carlita16, Tata XOXO, Alexa Nash, Claribel Cabrera, MariaL8, Vanina Iliana, ariyasy, Viridiana hernandez 1656, Srita Cullen Brandon, Erika, Simone Ortiz 7393, Angeles MC, Jessica, alicecarolina11, almacullenmasen, GabySS501, sheep0294, Luisa Huiniguir, Gaby Mar Cullen, Lauritacullenswan, Caleeecu, Heart on Winter, Ivette marmolejo, Mayraargo25, joabruno, Jackie rys, keyra100, Esal, LicetSalvatore, miop, Sther Evans, Gaby Huesca Mdz, NarMaVeg, rjnavajas, YessyVL13, Beastyle, rosycanul19, CeCiegarcia, Aidee Bells, M aleCullen, claribel cabrera 585, Mela Masen, Naara Selene, Fernanda javiera, Iza, debynoe12, Desiblack, FlorVillu, Elejandra Solis, Robaddict18, Smedina, Cary, Ilucena928, NaNYs SANZ, Liz Maratzza, Damaris14, isabella Cullens swan, ManitoIzquierdaxd, martuu341, kathlen Ayala, Milacaceres11039, Rosana, terewee, camilitha Cullen, lunadragneel15, Dunnis, Diana Moreno, michi cullen, somas, CelyJoe, Karensiux, katyta94, LoreVab, mikathevampire, Amaya cullen, kaja0507, AndreaSL, jupy, Fernanda21 y Guest, espero volver a leerlas a todas nuevamente, cada gracias que ustedes me dejan es invaluable para mí, no tienen idea de lo hermoso y agradable que es para mí leer su entusiasmo y lo mucho que les gusta lo que hago, de verdad gracias
Recuerden que quienes dejen su review recibirá un adelanto exclusivo del próximo capítulo vía mensaje privado, y si no tienen cuenta, solo deben dejar su correo, palabra por palabra separada, de lo contrario no se verá
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Cariños para todas
Baisers!
