¡YAHOI! ¡LLEGAMOS AL ÚLTIMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! ¡¿Sabéis lo que es para mí cumplir un reto de estas características, que nunca termino nada?! ¡Asfgashdasfgashdasfgashd!
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
¡Espero que os guste!
Prompt de hoy: opción libre del escritor.
Prompt escogido por mí: vampiros.
Mi ama
Sentía la garganta en carne viva. El estómago se le encogía y la saliva se le escurría entre los dientes. Las encías le dolían porque los colmillos luchaban por aparecer. El dolor era insoportable, sentía un vacío en su cuerpo que la hacía desfallecer y enloquecer. Apretó los dientes y se encogió sobre sí misma en el rincón, con las piernas dobladas sobre el pecho y los brazos apretados alrededor de las rodillas con tanta fuerza que sentía como si los huesos fueran a partírsele.
Sabía que había una manera de que el dolor y el hambre cesaran. Había una forma de que pudiera regresar a la normalidad, de que sus ansias fuesen aplacadas.
Pero no lo haría. Ella era mejor que todo eso. Era buena persona. No era un monstruo. Ni una asesina de inocentes. Su padre seguramente la miraría con desprecio y le diría que era débil por tener semejantes pensamientos. Pero ella no era capaz de hacer daño a alguien solo por cubrir una necesidad o satisfacer sus deseos egoístas.
Su fino oído escuchó pasos apresurados al otro lado de la puerta. Se encogió todavía más para que ese alguien no la encontrase. Sabía que si lo hacía la obligaría a hacer algo que odiaba. Y ella no quería. No a él. Por nada del mundo.
Sintió a esa persona acercarse cada vez más a su escondite. Ella tensó todos los músculos de su cuerpo, preparándose para hacer un último esfuerzo para escapar. No lo haría. No cometería una salvajada, o lo que ella consideraba una salvajada. No era justo. Ni para ella ni para él.
La puerta finalmente se abrió y ella se puso tensa, con todos los sentidos en alerta. Sin embargo, un olor delicioso llegó a sus fosas nasales y estas se abrieron, recibiendo con deleite el dulce aroma a humano y a sangre fresca.
Sus colmillos empezaron a salir y ella hizo un esfuerzo monumental para detenerlos. La garganta le ardía. Todos sus instintos le gritaban que se lanzase sobre el incauto que había osado irrumpir su auto aislamiento.
―¿Ama…?―Cerró los ojos y enterró el rostro en sus piernas, negándose a moverse o a dar muestras de que lo había oído. No lo haría. No lo haría. No lo haría. No lo haría. No lo haría…
La persona que había entrado se movía ahora con cautela, seguramente buscándola. Él la conocía como nadie. Y sabía que, si no salía de allí, tarde o temprano la encontraría. Pero si se movía entonces estaría perdida, porque su cuerpo obedecería sus instintos en vez de a la razón, y eso podría conllevar un daño irreparable para su buscador.
Escuchó los pasos cada vez más cerca, oyó su respiración aproximándose, el olor de la sangre cada vez más intenso, el latido de su corazón que indicaba que la vida palpitaba con fuerza en un cuerpo joven y sano…
―¡Ama!―Se clavó las uñas en las palmas de las manos―. ¡Dios mío, ama! ¡¿Por qué se ha escondido aquí?! ¡Mire cómo está! ¡Necesita alimento!―Escuchó el sonido sordo de ropas que se quitaban y caían al suelo. Ella negó con la cabeza. El aroma a sangre era la mar de tentador, pero ella no podía seguir haciéndole eso. No podía. No lo haría.
―N-no. ―Su negativa salió en un susurro ronco apenas audible que hizo a su garganta resentirse.
―¡No diga tonterías! ¡Muerda!―Sintió que él quería cogerle la cabeza para obligarla a levantarla y así alimentarse, pero ella retrocedió hasta la pared.
―N-no―repitió. Apretó los ojos y sacó fuerzas de dónde no las tenía―. ¡No!―exclamó.
El chico se quedó estupefacto ante su reiterada y firme negativa a tomar de su sangre. Gruñó, con molestia. Era una cabezona. Pero para terco, terco, él.
Agarró una de sus manos y dio un tirón. Sabía que si ella decidía revolverse y luchar contra él para liberarse no tendría oportunidad ninguna. Él no era más que un simple humano normal y corriente, mientras que ella era la más bella de todas las criaturas inmortales.
Fuerte, letal y… preciosa. Absolutamente hermosa.
Los ojos femeninos se clavaron en los suyos, brillando con destellos lilas, evidenciando así el estado de hambre en el que se encontraba. Se le encogió el corazón al verla sufrir de esa forma. Suavemente, acercó su muñeca a los labios rosados que estaban apretados en una fina línea.
―Vamos, ama―le susurró, en un tono suave que casi pareció acariciarla. Ella negó―. Lo necesita. ―Ella volvió a negar―. Ama, por favor―le suplicó ahora él, desesperado―. Hágalo por mí'dattebayo. ―Aquel ruego hizo mella en ella.
Su boca se abrió ligeramente y su pecho se hinchó cuando respiró hondo, dejando que el dulce olor de la sangre proveniente del cuerpo masculino la rodeara. Olía tan bien… y sabía que su sabor sería igual de delicioso…
Incapaz de soportar más aquella tortura, separó finalmente los dientes y dejó que dos preciosos colmillos nacarados creciesen hasta rozar la piel bronceada de su acompañante. Cerró los ojos y su cuerpo se movió por sí solo: su rostro se inclinó hasta que las puntas de los caninos rompieron la delicada capa de la epidermis. Su boca se abrió aún más y se pegó a aquella muñeca, empezando a succionar ávidamente, calmando así la insoportable sed que la asediaba desde hacía dos días.
Agarró ansiosa el brazo que tan gustosamente se le ofrecía en sacrificio y aumentó su fuerza al chupar, necesitada de sentir más, de saborear más, de disfrutar más…
La sangre humana calentó su cuerpo e hizo que sus senos se hincharan y sus pezones se erizaran, convirtiéndose en picos que empujaban deseosos contra la tela de su vestido. Asimismo, sintió la respiración de su fuente de alimento agitarse. El calor aumentó en torno a ellos de forma exponencial a medida que ella se saciaba.
Ya no podía detenerlo. Era superior a sus fuerzas.
Abandonó su brazo y levantó la vista. Sus ojos perlas ahora brillaban con ese tono lila que a todos encandilaba, él el primero. Sangre escurría por las comisuras de su boca, pero para él nunca había estado más hermosa.
La cogió de la nuca y bajó la cabeza para besarla, lamiendo con glotonería el líquido carmesí que adornaba la pálida piel de sus mejillas. Aquello aumentó la excitación de ambos. Ella no perdió tiempo y se montó sobre su regazo a horcajadas, subiéndose la falda del vestido hasta la cintura, sus lenguas batallando con frenesí, las manos de ambos moviéndose bruscamente por el cuerpo del otro.
Él bajó los tirantes de su vestido y levantó las copas de su sujetador, deseoso de alcanzar aquellos globos que ya formaban parte de todas sus fantasías más íntimas. Ella peleó con el botón de sus vaqueros hasta que consiguió abrirlos y bajárselos junto con los calzoncillos, lo justo y necesario para hacerse con su miembro y empezar a bombear su mano casi con furia, como si quisiera castigarlo.
Él sonrió mientras deleitaba a su lengua con sus pezones y la piel satinada de sus pechos. Sus dedos vagaron por su cintura hasta rozar el borde de sus bragas.
Hinata gimió ante el incitador roce y se arqueó. Los orbes perlas se clavaron en los azules que ahora desbordaban ardiente pasión y deseo. Ella recorrió su rostro con su mano libre, repasando con las yemas de los dedos las curiosas marcas de las mejillas masculinas, esas marcas que tanto le gustaban.
Todo en él le gustaba, le encantaba: desde su cabello rubio como el sol, pasando por sus ojos azules como el cielo hasta su piel morena y su figura alta, delgada y musculosa. El toque masculino se volvió más atrevido, colándose por dentro de la ropa interior femenina hasta hacerse con el punto más dulce de su cuerpo.
Hinata gimió, hundiendo la cara en el cuello del joven que la estaba llevando al cielo solo con sus cariñosos besos y sus excitantes caricias. Allí notó la vibración interrumpida de una gruesa y tentadora vena. Se le hizo la boca agua nuevamente y no pudo evitar clavar sus colmillos en aquel lugar.
Él se tensó, recibiendo el dolor con sumisión. Era su cometido, al fin y al cabo, su misión en la vida: ser su fuente de energía vital, su guardaespaldas, su asistente, su criado o sencillamente un contenedor para su lujuria. Y era una tarea que realizaba gustoso.
Su miembro se volvió aún más duro y grueso cuando ella empezó a restregarse contra su mano al tiempo que seguía bebiendo de su yugular. Cerró los ojos, disfrutando del dolor que siempre se acababa convirtiendo en dulce placer.
―Na-Naruto-kun…. ―gimió su nombre en su oído, mientras se relamía las traviesas gotas del líquido carmesí que acababa de degustar. Lamió las dos pequeñas heridas para que se curaran cuánto antes para acto seguido seguir la columna de su garganta con su lengua. Naruto se sintió derretir ante la lujuria que encerraba aquel húmedo toque.
Acarició con más ímpetu el punto más caliente del cuerpo de Hinata, hasta introducir un travieso dedo en su interior, moviéndolo para arrancar más suspiros y gemidos de su garganta, golpeando con la punta del dedo aquel lugar dónde se ocultaba la llave para su máximo disfrute.
Hinata empezó a gemir más fuerte. Estaba cerca, podía sentir la tensión acumularse en su bajo vientre. Pero ella no quería la liberación, no así.
Agarró el grueso eje de Naruto y lo acarició arriba y abajo.
―Hinata―gruñó él, cada vez más agitado.
―T-te necesito… l-lo quiero… lo quiero dentro. ―Naruto gimió al escucharla.
Sacó la mano de su intimidad y sin más ceremonia rompió la delicada seda de sus bragas, apartando el jirón de tela a un lado. Luego la cogió de las nalgas y la apretó, lo justo para levantarla y dejarla caer sobre su excitación. Ambos jadearon cuando se vieron todo lo unidos que un hombre y una mujer podían estarlo físicamente.
Naruto empezó a moverse. Necesitaba correrse como nunca antes, necesitaba sentirla suya, aunque solo fuese durante unos minutos. La embistió duro, dando empujes cada vez más profundos. Hinata se impulsaba a su mismo ritmo, queriendo sentirlo tan hondo como fuese posible.
Las manos masculinas se apoderaron nuevamente de sus pechos, jugando con sus pezones, lamiéndolos y chupándolos como si fuesen su comida favorita del mundo. Ella se dejaba, arqueándose y permitiendo que él hiciese lo que quisiese con los sensibles botones.
Ambos notaban que estaban a punto, el placer construyéndose con cada envite y con cada roce.
El orgasmo los golpeó a ambos al fin, dejándolos temblorosos y sin fuerzas, sudorosos y con las respiraciones agitadas. No se separaron aun cuando comenzaron a calmarse y el frío envolvió sus cuerpos poco a poco. Estaban la mar de cómodos, con él aún dentro de ella, ya flácido pero disfrutando del calor íntimo femenino que lo rodeaba, haciéndolo sentirse en casa.
Pero la felicidad le duró poco. Hinata se separó de él y regresó al rincón dónde la había encontrado. Se dio la vuelta y se colocó las ropas con dedos torpes y apresurados. Quería llorar. Había caído una vez más. Había hecho lo que se había jurado no volver a hacer nunca jamás.
Naruto no se lo merecía. Él no, que era la única persona del mundo en quién podía confiar. La única que le había demostrado que ella podía ser más que un monstruo, que una asesina sin corazón.
El único hombre que le había robado el corazón para quedárselo, a pesar de que este no era más que un músculo inútil al que a veces obligaba a trabajar para que los humanos no sospecharan nada raro sobre ella o su familia.
Naruto cerró los ojos y suspiró. Se subió los calzoncillos y los pantalones y luego se acercó gateando hasta la joven. Se sentó tras ella y la abrazó por la espalda, rodeándola con sus piernas y pegándola a su pecho.
―Ama… ―Ella giró la cabeza, con lágrimas desbordando sus orbes perlas.
―N-no me llames así. ―Naruto sonrió y le acarició el rostro con infinita ternura.
―Lo eres. No hay nada malo en eso'dattebayo. Eres mi ama y yo soy tu sirviente.
―¡No, no es así! ¡No eres mi criado ni una herramienta! ¡E-eres… eres más!―Naruto sintió que su corazón quería salir volando ante su confesión.
Bajó la cabeza y la besó, devorando su boca con hambre, pero con cariño a la vez. Hinata se aferró a sus brazos, correspondiendo la caricia en el acto.
―Lo sé, sé que para ti soy más―le susurró cuando se separó de su boca para respirar―. Porque tú para ti también eres más. ―Hinata sintió que quería llorar de nuevo y hundió el rostro en su pecho, sollozando. Naruto la abrazó contra él con fuerza, no queriendo soltarla nunca, pidiéndole a los dioses que les dejasen unos minutos más así. Solo unos minutos.
Porque sí ella era más que su jefa, su dueña o su amante ocasional. Hinata lo era todo.
Su todo. Solo existía para complacerla, para amarla.
Aunque eso era algo que mantenía bien escondido en lo más profundo de su corazón porque, de saberse, su padre, el líder indiscutible del clan Hyūga, se lo zamparía de cena o lo lanzaría al resto de los vampiros de su casa, para que acabaran con su patética existencia de la forma más humillante y dolorosa posible.
―Naruto-kun, yo…
―Lo sé, mi ama―le susurró, sintiendo su corazón doler―. Lo sé.
Porque Hinata también lo amaba, aunque muchos aseguraran que los vampiros no sabían ni podían amar él había comprobado que eso no era cierto.
Él y Hinata eran la prueba viviente de que los vampiros sí podían amar.
Y más intensamente que los humanos.
Por eso estaba seguro de que algún día podrían escapar y establecerse en algún lugar dónde pudieran dar rienda suelta a todo lo que anhelaban.
Porque el amor rompía barreras.
Incluso las que separaban a los simples humanos de las extraordinarias criaturas sobrenaturales.
Fin Mi ama
¡Ay, que ya se terminó el Mes NaruHina! Decidme, ¿qué vais a hacer ahora con vuestra vida? Yo, por mi parte, pienso descansar durante este mes de agosto.
LO QUE SIGNIFICA QUE no voy a subir NADA durante este mes. Me lo voy a tomar como unas vacaciones porque, además, quiero centrarme durante unas semanas en otros aspectos de mi vida que tengo un pelín descuidados, además de dedicar mi tiempo libre a mis otros hobbies, los cuales he tenido que dejar de lado porque las 24h. del día no dan pa todo. Me refiero a los videojuegos y a las series. Tengo que ponerme al día con Lucifer, ¡que pronto se va a estrenar la última temporada y yo sin saber de la misa la media! (?).
¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:
Un review equivale a una sonrisa.
¡Muchísimas gracias a todos los lectores, pero especialmente a aquellos que se tomaron su tiempo en dejarme un bonito comentario! ¡Para ellos todo mi amor! ¡Gracias de todo corazón a:
Marys
Lila
Acceleration-sama
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Akime Maxwell
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Blue-Azul-Acero
¡Sois un amor por regalarme parte de vuestro tiempo! ¡Por dedicarme palabras de aliento, por levantarme el ánimo cuando estaba capa de caída y por hacerme sonreír hasta en los días más grises! ¡Por todo ello, gracias! ¡Os amodoro!
*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
Lectores sí.
Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
