El siguiente recuerdo lo llevó a una habitación apenas grande para contener una cama con sábanas ligeras, un sillón de dos plazas cubierto por mantas, y tras éste, una mesa con dos sillas. Un viejo calefactor, que también hacía las veces de estufa, estaba en la esquina más alejada de la cama. Sobre éste una única repisa, corta, que sostenía un tazón de porcelana blanca. Ni una ventana, sólo la iluminación de velas y de los troncos ardiendo en el calefactor. A la izquierda, un par de puertas sin decoración.
Severus llevaba por la habitación a un Harry con los ojos vendados mostrándole los contornos de cada cosa, diciéndole que contara sus pasos y explicándole qué era qué hasta que llegaron a una de las puertas. Severus la abrió y entraron ambos hombres. Harry se vio forzado a entrar allí mismo, siendo traspasado por las personas del recuerdo en el pequeño espacio.
Cuando ese Harry chocó contra el escusado, Severus lo sujetó por la cintura para que no cayera. Mientras veía la escena, que se le antojó sinceramente íntima, pudo ver el gesto de extrema contrición cruzando por el rostro de Severus.
—Lo siento —dijo ese Harry mirando en la dirección aproximada de Severus.
—Rodee la taza de baño hacia la izquierda —instruyó Severus sin detenerse en la disculpa pero tragando fuerte mientras veía ambos cuerpos en contacto—. Un paso pequeño —siguió mientras peleaba con el espacio para seguir conduciendo al Harry de ojos vendados hasta el final del cuarto de baño—. Esta es la regadera —dijo mientras tomaba una mano de Harry para llevarla hacia las llaves de agua y después hacia la cabeza de la ducha.
Ese Harry comenzó a palpar todo con las manos, claramente midiendo por él mismo las distancias. Severus se apartó un paso y pegó la espalda a la pared más alejada del otro.
—Gracias por el baño —dijo ese Harry con una sonrisa tímida mientras giraba la cara en la dirección aproximada en la que estaba Severus. El movimiento hizo trastabillar al cegado y Severus estuvo allí para estabilizarlo por un hombro.
Ese Harry puso una mano sobre la de Severus que lo sujetaba.
—Va a tener que quitarse esa venda aunque sea aquí —dijo Severus quedamente.
Mientras veía la escena, Harry se sintió incómodo. Apenas comenzaba a entender nada y Severus ya se comportaba de una manera que no tenía prevista. Era como si el hombre se sintiera culpable por algo. Y, sinceramente, no creía que Severus se pudiera sentirse culpable por haber ganado la discusión pasada… porque no había forma en que no encontrara la relación directa entre un recuerdo y otro.
Se sintió agitado también, por el constante toque entre ambos; incluso celoso. Aunque la persona que tocara a Severus fuera él mismo, y en un recuerdo… Era complicado.
—Se me ocurrirá algo —respondió ese Harry negando con la cabeza.
Severus se vio fastidiado por la respuesta, pero no hizo comentario alguno para crear una confrontación.
—Lo dejo solo para que haga uso de las instalaciones —ofreció antes de dar vuelta para marcharse.
Pareciendo desesperado, ese Harry se lanzó hacia el frente para detener a Severus, sin parecer que le importara el golpe que se había dado en la espinilla de nuevo contra la taza de baño. Tanto el Severus en el recuerdo como Harry quién veía aquello, se sorprendieron por la reacción. El Harry vendado de los ojos pareció darse cuenta también de lo que había hecho porque soltó a Severus de inmediato y se alejó el paso que se había acercado para detenerlo.
—Gracias —repitió ese Harry sonando apenado y agachando la cabeza.
—Ya lo dijo.
—Uhm —asintió con el sonido—. Uhm —titubeó de nuevo—, ropa extra sería mucho pedir, ¿verdad? —terminó con una sonrisa avergonzada.
—Me encargaré de ello —asintió Severus formalmente.
Antes de marcharse, de nuevo tomó la mano del Harry que no veía y la llevó hacia la pastilla de jabón. Cuando se apartó del contacto, el Harry que sí veía creyó que Severus no sólo soltaba la mano del otro, sino que la acariciaba con el movimiento.
Siguió de nuevo al dueño de los recuerdos para encontrarse de nuevo en la habitación aledaña. Lo vio sentarse en el filo de la cama y notó de inmediato una devastadora angustia en ese rostro que difícilmente mostraba emociones. Snape veía hacia la mano que había tocado al otro mago, y tras un segundo apretó aquella en un puño. La apartó fuera de la vista con la fuerza de un desdén y volvió a su estoica rigidez.
El sonido de agua corriendo llenó la pequeña habitación, lo que pareció sacar al hombre de sus pensamientos. Severus fue por una de las mantas en el sillón, la sacudió en el aire con un fuerte movimiento y la dejó sobre la cama. En seguida tomó su varita, una orden después y aquella se había convertido en un pantalón y una camisa. Ambas prendas tan sencillas que demostraban su único fin era la practicidad.
Un golpe. Un grito de frustración.
Severus se lanzó hacia el baño. Sin llamar abrió la puerta y entró con la pregunta resonando en las paredes.
Harry vio a su otro "yo" tirado en el piso, sobándose la cabeza y la venda aún bien puesta sobre los ojos pero manchándose de rojo. Severus ya lo ayudaba a ponerse de pie al tiempo que buscaba la herida sangrante.
—Estoy bien —se quejó ese Harry sin apartarse del contacto con Severus.
—Está sangrando, Potter —rebatió Severus secamente.
—Estoy bien —repitió ese Harry mientras a tientas se ubicaba en el espacio para quedar de rodillas en el suelo. Entonces buscó la ropa empapada y buscó después la barra de jabón.
—Terco muchacho —gruñó Severus dando vuelta para marcharse.
Ese Harry no respondió al ataque. En cambio, se concentró en lavar su ropa en la regadera. El Harry que observaba sintió sus entrañas contraerse en un puño recordando algo que había olvidado hacía muchos años. Era una sensación parecida, era una escena parecida; pero con paredes diferentes y sin venda en los ojos.
—¿Snape? —llamó ese Harry.
Aunque Severus volteó a verlo, como si esperara que siguiera, no respondió. Ese Harry suspiró derrotado.
—¿Por qué no puedo dejar de ser un estorbo? —se recriminó en un suspiro de frustración.
El dolor físico que sintió al escuchar a ese recuerdo con su cara, su voz y su cuerpo quejarse así evitó que se diera cuenta del cambio de recuerdo hasta que se encontró fuera de esa habitación y viendo a Severus pelear contra dos mortífagos. Cuando Severus mató a aquellos dos fue que pudo por fin dejar de sentir el impacto de aquellas palabras y sus propios recuerdos de la infancia en casa de los Dursley.
Vio a Severus encargarse de los cuerpos muertos y borrar cualquier marca de la batalla antes de desaparecer. Fue devuelto a la habitación aquella con el recuerdo de Severus.
Severus apenas hizo notar su presencia a un Harry temeroso y este le devolvió el saludo. Severus entró de inmediato al baño, dejando al otro con la palabra en la boca. Prendió las llaves del agua y se quitó la ropa sin parsimonia. Además de las cicatrices que conocía en el cuerpo de su, ahora, amante, Harry vio la piel cetrina de su cuerpo manchada en sangre. Se asustó por ésta hasta que el agua lavó la suciedad del cuerpo revelando golpes y algunas cortadas que sangraban pero no como había temido antes. Mientras Severus enjabonaba su cuerpo, Harry notó la erección que el mago mostraba a las paredes del baño. El golpe en la puerta llamó la atención de ambos.
—¿Está bien? —llamó ese Harry sonando tímido.
Harry se preguntó cual habría sido la "normalidad" entre ellos en esos recuerdos para que el Harry vendado de los ojos hubiera notado algo extraño en el comportamiento de Severus.
—No pasa nada —respondió Severus con tono cortante.
—¿Podríamos… hablar? —pidió el Harry al otro lado de la puerta.
Severus gruñó.
—Deme unos minutos, Potter.
—Pero, ¿usted está bien? —insistió
—Sí —gruñó Severus tras unos segundos.
Harry, que veía cada gesto de Severus supo de inmediato que el hombre mentía. Independientemente de la erección, que su dueño trataba de ignorar, el resto del cuerpo temblaba bajo el vapor del agua caliente. Cuando el hombre dejó de temblar y aclaró el jabón de su cuerpo, miró su erección con desdén. Tronó la boca y se encargó de ello en completo silencio. Mecánicamente.
Con su liberación diluyéndose en el agua corriente, Severus apagó la regadera. Tomó su varita y se encargó de la humedad de su cuerpo con un hechizo para preocuparse de su ropa sucia después. Con otro conjuro limpió las prendas que vistió de nuevo un minuto después.
Apenas dándose un segundo para inhalar profundamente, Severus salió del cuarto de baño. Siguió al hombre del recuerdo a pesar del sentimiento pesado que esa escena le había dejado. Aún no sabía decir si era soledad o desesperación lo que le había hecho sentir.
Severus tomó asiento en el sillón junto a la cama. Ese otro Harry esperaba en silencio a que el otro le diera pie para hablar.
—Querías hablar —comenzó Severus secamente.
Ese Harry asintió una vez y tardó un par de segundos en comenzar.
—He estado pensando en la conversación pasada —comenzó al fin—. Sé lo que me dijo —se defendió de antemano—, pero no puedo hacer mucho más. No me siento preparado para hacer magia de nuevo —soltó pesadamente y siguió sin saber que Severus iba a hablar—. Puedo sentir la magia recorriendo mi cuerpo y… me recuerda tanto a… haber lanzado esas maldiciones —dijo con claro esfuerzo para sacar las palabras de su boca—. Snape, no creo poder volver a hacer magia… nunca más.
—No diga tonterías, Potter —tronó Severus secamente—. Si quiere derrotar al Señor Tenebroso va a tener que hacerlo.
—Pueden hacerlo ustedes —espetó ese Harry con un sentimiento creciendo en la voz.
Severus agitó negativamente su cabeza.
—Una vez hecha una profecía, tiene que cumplirse —amonestó—. Tiene que hacerlo usted, y para eso tiene que superar ese… recuerdo —sentenció.
—No sé cómo —se quejó ese Harry conteniendo a penas un grito. Severus alzó una ceja, pero ese Harry no era capaz de ver la amenaza implícita en el gesto—. ¿Cómo pudo hacerlo usted? —siguió calmándose de nuevo—. ¿Cómo puede seguir haciendo magia después de sentir esas maldiciones recorriendo bajo la piel? ¿O es que no le afecta esa sensación…esa sensación…
—¿Adictiva? —ofreció Severus, sonando la palabra como una caricia—. ¿Placentera? ¿Intoxicante?… ¿sexual?
Ese Harry asintió en silencio, sonrojándose.
—¿Por eso se vuelven… mortífagos? —preguntó Harry en un susurro.
Pero Severus dejó de responder. Harry miró como Severus veía con tristeza al mago cegado por la venda. Pero ese otro Harry, que no podía ver lo que las palabras habían causado en su interlocutor, pareció frustrarse por el silencio y le dio la espalda al mago mayor. Ese Harry se movió por la habitación, a pesar de golpearse varias veces con los muebles, buscando alejarse del otro.
Severus centró su atención en el piso bajo sus pies y suspiró profundamente.
—No es que no me… afecte, señor Potter —comenzó Severus de nuevo y sin dejar de ver el piso—. No puedo decir que usted esté equivocado, pero tampoco que está en lo correcto. El poder de "controlar" a otro ES adictivo, así como lo es la magia que recorre el cuerpo durante estas maldiciones. También es cierto que la… novedad se vuelve normalidad con el uso y la frecuencia. Lo que motiva a algunos a unirse a los mortífagos, sin embargo, no es la novedad o la sensación, sino la permisión de sentir aquello una y otra vez y ser elogiado por ello. Es, en un punto, reafirmar el poder que algún otro alguna vez nos ha robado. Se necesita… fuerza de carácter para manejar la magia oscura y no permitir que ésta te controle.
—No quiero usar magia oscura —rezongó ese Harry desde la puerta de salida de la habitación.
—A lo que tiene miedo, Potter, es a la sensación de poder sobre otro ser; porque nunca antes la ha experimentado.
—No quiero usar magia oscura —repitió.
Severus suspiró pareciendo cansado como nunca lo había visto.
—No tiene que hacerlo, pero deje de torturarse por haberla usado. Use la experiencia para entender más de usted mismo —terminó secamente.
El silencio se extendió entre ellos, el recuerdo pareció detenerse en ese momento salvo por el crepitar del fuego en el calefactor: lo único que le decía a Harry que el tiempo seguía pasando en el recuerdo.
—¿Por qué está siendo tan bueno conmigo, Snape? —preguntó ese otro Harry confundido.
El cambio en el gesto de Severus no le pasó desapercibido al Harry que podía verlo. "Muchacho estúpido" quiso gritarle al él que había hablado, pero sabía que no cambiaría nada. El hombre se encogió ante las palabras y volvió a colocar en su rostro aquella máscara estoica de arrogancia y desdén.
—Es una pérdida de tiempo y energía patear a alguien que ya está derrotado, Potter —respondió con crueldad.
—Ya veo —susurró el Harry del recuerdo, claramente dolido por las palabras recibidas.
El silencio inundó de nuevo la habitación mientras Harry recordaba que así había sido su relación con Snape al principio: con ambos usando palabras que lastimaban al otro sólo para recibir otras tantas y sin darse cuenta siquiera que sus pleitos comenzaban por esas provocaciones de … susceptibilidades.
Siendo espectador en una de sus conversaciones, por más que sólo hubiera pasado dentro de la mente de Severus, así le parecía.
El recuerdo cambió de nuevo. Esta vez Severus llegaba a la habitación con signos de una cruda batalla sobre marcas de pasadas. La vista de eso hizo que Harry hiciera un gesto de dolor. Cuando el hombre dio un paso más, Harry notó que también cojeaba y se preguntó cómo habrían sido las batallas para que el hombre fuera de los recuerdos le hubiera ahorrado verlas. Volteando a la cama, el hombre notó a ese Harry dormido y exhaló casi aliviado.
Severus lo atravesó para llegar a la mesa y dejó sobre esta un paquete. Lo abrió sólo para agrandar el contenido descubriendo que el paquete era un pensadero, a su lado había tres viales con contenido plateado. Con movimientos de varita, Severus preparó el artefacto y dejó caer el contenido de los viales en el interior. Tocando el borde de piedra con su varita, Severus entró a aquellas memorias y Harry lo acompañó.
Las tres memorias contenían reuniones diferentes de la Orden, en cada una preparaban estrategias y comentaban la situación. En todas ellas hablaban a Severus dándole indicaciones o información que requeriría, como si hubieran planeado esas reuniones justo para crear tales memorias. Harry apenas entendió lo que decían de esa guerra que él desconocía, nombres de integrantes de la Orden que a él le decían nada y ataques que —gracias a Merlín—, no habían pasado en la vida real. Lo que supo, sin embargo, era que el mundo fuera de ese pequeño cuarto sin ventanas se había vuelto más oscuro que los últimos días antes de la Batalla de Hogwarts. La Orden temía un ataque hacia los muggles y la abolición del Estatuto Internacional del Secreto Mágico.
La sociedad mágica parecía que dejaría de ser un secreto… y las consecuencias de ello.
En cuanto Severus salió de las memorias desapareció los viales y el pensadero con un movimiento furioso de varita y se apretó el entrecejo con furia.
Un gemido llamó la atención del hombre y de quien lo veía. Severus alzó una ceja inquisitiva cuando descubrió a ese Harry arqueando la espalda sobre el colchón y la diestra trabajando su miembro. El mayor abrió la boca para decir algo y la cerró con una sonrisa curvándose de lado.
Si la memoria había comenzado a incomodar al Harry que veía aquello, la sonrisa de Severus lo mortificó en verdad. Severus miró en silencio a ese Harry terminar con un gemido y alzó la varita en dirección a la puerta.
Sin darle tiempo al joven siquiera para subirse los pantalones de nuevo, el mayor agitó la varita, la puerta se abrió con un suave click mientras Severus se movía hacia ella y se cerró igual de quedamente.
—¿Potter? —preguntó Severus suavemente, como si en verdad acabara de llegar.
El Harry sobre la cama saltó del susto y se cubrió ágilmente con una de las mantas.
—¿Snape? —preguntó horrorizado.
—¿Quién más podría ser? —respondió Severus tronando la boca con suave desdén mientras se acercaba al sillón—. ¿Qué sucede, Potter, se ve extraño?
—Ah… Eh… sólo… una pesadilla —dijo el joven tartamudeando.
—¿Eso es todo? —preguntó Severus sonando confundido.
El Harry en la cama asintió fervientemente mientras se ponía imposiblemente rojo de la cara, lo suficiente como para que el tinte avergonzado se viera incluso bajo la venda puesta.
—¿Tiene fiebre? —preguntó Severus fingiéndose preocupado y acercándose a la cama con una malsana sonrisa—. Su cara está roja —sonó, de nuevo, preocupado.
Harry no podía estar más impresionado por la facilidad con que Severus Snape podía fingir y entonar su voz como si realmente estuviera siendo sincero.
Severus tocó la cara de ese Harry siguiendo su anterior comentario y el joven mago saltó alejándose del toque.
—Sólo voy a tomar su temperatura —dijo el mago suavemente.
Severus tocó entonces la cara de ese Harry y pasó su mano de la frente al cuello y de regreso, sonriendo ante la incomodidad del otro.
—Estoy bien —rezongó ese Harry apartando la mano de Severus y alejándose nerviosamente.
—¿Seguro está bien? —insistió Severus con esa sonrisa pegada a la cara, pero sin dejarla relucir en el tono.
Mientras más veía ese recuerdo más se ofendía con el cretino que mortificaba, completamente a propósito, al él en los recuerdos. Tampoco podía dejar de sorprenderse con lo bueno que era el hombre para pretender, así, no se extrañaba que hubiera sido tan buen espía como para engañar a Voldemort. Aún así… era un cretino por hacerle eso. O hacérselo al él de recuerdos que sólo habían pasado en su mente. Lo que fuera… Snape era un cretino también dentro de su cabeza.
Severus se acercó peligrosamente a ese Harry hasta tener su cara a un palmo del otro.
—Huele a sexo, Potter —susurró Snape.
—¿Me lo estás pidiendo? —retó ese Harry cobrando valor en su mortificación.
Severus se sorprendió con la respuesta de ese Harry, mientras que el que presenciaba los recuerdos sentía un fuerte orgullo al él que no se dejaba intimidar. Si no se hubiera acostado ya tantas veces con Severus, fuera de las memorias, Harry hubiera creído que la tensión en el cuerpo del mago era enojo. Ahora, conociéndolo como lo conocía, sabía que era deseo.
—No diga estupideces, Potter —gruñó Severus alejándose del joven—. Mis amantes son más… refinadas —soltó con arrogancia.
—Me sorprendería que supiera qué hacer con una —rezongó el otro.
Ahora sí, el gesto de Severus mutó a uno de indignación. Entrecerró los ojos, mordió las quijadas y se acercó en un ademán de amenaza que se perdió por la ceguera autoimpuesta del joven. A pesar del rictus de furia, o indignación, del hombre; cuando tocó a ese Harry, lo hizo casi con delicadeza. Pasó el dorso de la mano por la mejilla de ese Harry y bajó la caricia por el cuello hasta llegar al esternón del joven. El jadeo sorprendido de ese Harry le devolvió la sonrisa a los labios y continuó la caricia, con la palma abierta, desde el esternón hasta el vientre del joven en la cama.
Ese Harry se movió —inconscientemente, juraría el Harry que veía aquello con ojos sorprendidos y la boca abierta— para darle mayor acceso a su cuerpo. La fuerza de Severus llevó ese cuerpo dispuesto a recostarse sobre la espalda y llevó su mano más abajo, hasta desaparecerla bajo las mantas. Cuando ese Harry reprimió un jadeo, Severus se acercó a su oído para morderlo tiernamente.
—Te sorprenderías con lo que sé hacer —susurró con su voz aterciopelada y se alejó de ese Harry de inmediato.
Dos pasos alejado de la cama, Severus volteó al joven aún acostado y deseando más.
—Arregle sus asuntos en el baño, Potter —soltó fríamente.
Ese Harry saltó de la cama, furioso, indignado… humillado.
—Eres un cretino —soltó con la voz afectada y abrió la puerta del baño.
El golpe que ese Harry se dio en la cara con la puerta hizo que Harry soltara una maldición como si hubiera sido él quien se diera el golpe. Para su sorpresa, Severus había puesto un gesto de dolor empático ante el golpe y ni siquiera sonrió mientras ese Harry entraba al baño y cerraba la puerta con un golpe. Un momento después la mano con que había tocado al joven bajó hasta la entrepierna interesada y se alejó de esta con un movimiento furioso.
Sin saber si quería matar al hombre o abrazarlo, Harry se encontró con que el recuerdo había cambiado de nuevo. Una vez más, Severus llegaba con un paquete en la mano y heridas en diferentes grados de curación.
—¿Potter? —llamó para hacerse notar.
El silencio siguiente lo obligó a mirar hacia la cama. Sentado al borde de la cama ese Harry rasguñaba sus brazos sobre heridas ya sangrando. Cuando las uñas subieron al cuello, rasguñando con desesperación la piel, Severus dejó caer el paquete que llevaba y se lanzó hacia la cama.
Cuando sujetó con fuerza las muñecas de ese Harry para apartarlas de su cuerpo, el joven se volvió loco. Entre jalado y empujando, agitando la cabeza o pataleando como si estuviera luchando por salvar la vida, ese Harry luchó contra la sujeción, gritó con rabia y desesperación y logró conectar más de tres golpes al hombre que lo ayudaba. Severus aguantó estoicamente tanto insultos como los golpes que no logró contener del todo y sólo gruñó cuando un cabezazo le dio de lleno en la nariz.
El gruñido pareció hacer reaccionar a ese Harry por un segundo, sólo un segundo en el que se detuvo… o tal vez había sido para cobrar fuerza, porque el ataque comenzó de nuevo. Severus perdió la sujeción que tenía sobre la muñeca derecha y esa mano fue directa al cabello despeinado del joven cegado. Allí jaló con fuerza, como si quisiera arrancarse hasta el cuero cabelludo.
—¡Harry! —llamó Severus en un grito sonando preocupado hasta la médula.
El grito de ese Harry se rompió en un llanto y Severus se vio perdido en su siguiente movimiento. Viéndose como si quisiera abrazar al joven pero sin saber si debería hacerlo, el mago adulto se limitó a permanecer al lado del joven.
Cuando ese Harry pareció cansarse de llorar, Severus tuvo oportunidad de revisar con detenimiento las heridas de brazos y cuello.
—¿Qué pasó? —preguntó Severus suavemente.
Ese Harry sollozó y se llevó las manos a la cara. Severus las alcanzó antes que el joven pudiera hacerse más daño y, como si se diera cuenta la fuerza con la que lo sujetaba, aflojó la presión de sus manos. Ese Harry se dejó caer hacia el frente y Severus tuvo que soltar sus muñecas para atrapar su caída. Fue ese Harry quien abrazó al mayor y enterró su cara en el torso ajeno.
—Los recuerdos… —comenzó es Harry desamparado—. La sensación de las maldiciones. Snape, ayúdame con esto —suplicó.
Snape acercó las manos a la venda que cubría los ojos de ese Harry y éste reculó de inmediato para protegerla de ser retirada.
—Quitemos la venda —ofreció Severus con voz amortiguada—. Ya no es necesaria. Solamente está agudizando las sensaciones.
—No, así no —soltó ese Harry casi con miedo—. Sigue siendo necesaria —dijo mientras se abrazaba y temblaba un poco—. No podemos confiar en mí.
—Sabe que no es cierto eso, Potter —reprendió Severus tibiamente.
—Sabes qué significan los gritos que me despiertan, Snape. Él sigue tratando de "ver". Sigue mandando pensamientos y… —se le rompió la voz— las imágenes… Tortura… me llama, dice que soy igual que él.
Ante las palabras, Severus se tensó y apretó la quijada.
—Quítalo de mi cabeza —pidió débilmente.
—¿Que me estás pidiendo? —susurró Severus afectado.
—Haz que pare. Por favor, Snape, haz que pare —suplicó ese Harry buscando al otro con las manos hacia el frente. Cuando las manos tocaron el rostro de Severus, ese Harry se impulsó al frente claramente buscando sus labios.
Las manos de Severus lo separaron de su cara un poco antes que sus labios encontraran aquellos ofrecidos. Ese Harry se sorprendió por el contacto y buscó desesperadamente el rostro ajeno.
—Haz que olvide todo —pidió ese Harry de nuevo.
El beso entre ellos fue desesperado, casi torpe en la premura. Ese Harry buscó febrilmente en la ropa de Severus hasta encontrar botones y dobladillos.
—¿Estás seguro? —preguntó Severus apartándose del contacto y sujetando suavemente las manos de ese Harry con las suyas.
El más joven asintió.
Tras un instante de duda, Severus comenzó a quitarle la ropa a ese Harry de forma mecánica al tiempo que lo guiaba hacia el sillón. Con la ropa a medio camino de abandonar sus cuerpos, Severus volteó al joven mago y lo inclinó suavemente para que sus brazos tocaran el respaldo del sillón y allí se apoyara. Colocándose tras él, liberó sus piernas del pantalón y acarició suavemente la piel expuesta hasta llegar a las nalgas.
—De frente —pidió ese Harry con la voz temblando de miedo.
Severus cerró los ojos y se permitió un gesto de pesar mientras mordía con las quijadas. Se sentó en el sillón mientras liberaba su cadera del propio pantalón y ayudó al mago vendado a quedar sobre ésta con las rodillas apoyadas a cada lado sobre el mueble. Ese Harry comenzó a tocar el cuerpo bajo él como si buscara ubicar cada parte del cuerpo, pero no acariciándolo. Cuando llegó al miembro de Severus se colocó sobre este y comenzó a descender sobre él. Severus detuvo su cadera para evitar que siguiera.
—Aún no estás preparado —explicó secamente.
—¿Preparado? —dijo ese Harry con la voz apagada y viéndose incómodo—. Haz que duela —pidió.
—Detente —dijo Severus tenso.
—Por favor —suplicó ese Harry—. Lo necesito.
—No —soltó secamente—. Si así quiere esto, va a ser a mi forma —advirtió.
Ese Harry se apartó de Severus con un empujón que casi lo hace caer de espaldas por sobre el brazo del sillón. Severus lo atrapó por un brazo y la cintura para evitar que se callera y evitó tocarlo otra vez cuando lo supo equilibrado y fuera de peligro.
—Hiciste lo que tenías que hacer para sobrevivir —dijo sin mirar a ese Harry y acomodándose los pantalones de nuevo—. No te castigues por haber sobrevivido.
Fue entonces Severus quien se levantó del mueble para alejarse. Ese Harry lo detuvo antes que se alejara más.
—Pero…
—Báñese, Potter. Aún hay que curar sus… heridas —gruñó Severus alejando la mirada.
—No es el haberlos matado o la sensación de lanzar las maldiciones, Snape —rezongó débilmente—. Quiero esto —dijo mientras alcanzaba a sujetar la ropa del otro.
Cuando Severus volteó de nuevo, se vio incrédulo y furioso.
A Harry le tomó unos segundos entender la furia en Severus, hasta que recordó cómo había comenzado todo. Las palabras de ese Harry ¿se contradecían? ¿Esa creación de la mente de Severus estaba diciendo lo que fuera sólo para conseguir sexo?
—¿Tanto lo está aburriendo el encierro que perdió la cabeza, señor Potter? —se burló el hombre ácidamente mientras se soltaba del agarre con un fuerte jalón.
Ese Harry apretó la quijada como si estuviera deteniendo una respuesta mordaz. El silencio se extendió por varios segundos, como si uno esperara una respuesta y el otro no tener que darla.
—¿Por qué dices eso? —al fin preguntó ese Harry con voz tensa.
Severus soltó un aspaviento despectivo y se encaminó hacia las puertas, fuera la del baño o la de salida.
—Si no es lastimándome —comenzó ese Harry con voz sorprendida—, ¿cuál es tu forma? —preguntó tragando asustado y temblando ligeramente.
—Claramente no la que me adjudica, Potter —respondió indignado.
—Yo creí que… Dijo que… les gustaba poder… —balbuceaba apenas haciéndose escuchar y rojo hasta el cuello.
—No sé qué se le ha metido en la cabeza, Potter. Jamás realizaría ese tipo de… actividades, con compañía inexperta —soltó con desprecio y los labios apretados en una firme línea.
—Entonces enséñame —espetó el joven.
—Potter —advirtió Severus casi en un gruñido de furia.
—Snape —retó ese Harry alzando la quijada.
Viéndose completamente molesto Severus se acercó a ese Harry.
—Lo primero que se necesita para ello es confianza; y usted nunca ha demostrado tenerme un ápice de esta —soltó fríamente—. Sin confianza, a eso que pide, se le llama tortura.
Ambos Harrys tragaron con fuerza.
Como si quisiera probar su punto Severus se acercó a ese Harry, tocó su cara con el dorso de la mano y buscó sus labios con los propios. Ese Harry jadeó sorprendido pero tercamente se quedó quieto para recibir lo que se le daba. Como si quisiera probar un punto también.
—¿Qué es lo que quiere, Potter? —preguntó Severus con una voz firme y aterciopelada.
—Lo que quieras darme —concedió.
Severus se acercó a besar a ese Harry de nuevo y el joven mago devolvió el gesto. Entonces él sintió el remolino que lo cambiaría de recuerdo mientras se sorprendía abochornado por lo que había visto e inquieto por lo que podía significar.
Aún sintiéndose afectado por el recuerdo anterior, se encontró en un paisaje nevado. Severus esperaba entre los árboles, varita en mano, poniendo atención a cada sonido del bosque. El sonido de un ave nocturna agitó al hombre que de inmediato apuntó con la varita. Una lechuza blanca se acercó volando con una carta y la dejó caer hacia Severus. Él la tomó en el aire y volvió sobre sus pasos usando magia para desaparecer los rastros que dejaba en su andar sobre la nieve. Lo vio entrar por una trampilla de madera que se escondía entre matorrales. Lo siguió por unas escaleras descendientes y cruzar una segunda puerta para llegar a esa habitación sin ventanas.
Allí lo esperaba ese Harry acostado sobre la cama.
—¿Snape? —llamó desde la cama.
—Todo está bien —aseguró Severus dejando la carta sobre la mesa.
—¿Recibiste carta de la Orden? —preguntó incorporándose.
—Así es. La estoy leyendo…
—No me digas —se apresuró a interrumpir—. No quiero que Vol… que "él" se entere de nuevo.
Ese Harry se puso de pie y navegó entre los muebles con cuidado hasta quedar cerca de la estufa. Allí alzó las manos hacia el fuego para calentarse. Severus se acercó en tres pasos y le puso una mano en el hombro.
—Tienes frío —dijo quedamente mientras usaba su varita para avivar las llamas en la madera quemando.
Ese Harry volteó para quedar de frente a Severus y apoyó la cabeza en el torso de él, buscando el contacto. Severus alzó su rostro y se inclinó para pegar su pómulo con el de ese Harry.
—Vamos a la cama —susurró Severus secamente—. Puedo leerla mientras recuperas la temperatura.
Ese Harry asintió parcamente y se dejó llevar hasta la cama que había abandonado segundos antes y se acomodó de nuevo contra el pecho de Severus. Mientras leía aquellas palabras, Severus se tensó notablemente y su gesto se convirtió una vez más en esa máscara de resentimiento. Ese Harry pareció notar la tensión del otro pero no hizo comentario alguno. Con un movimiento de varita, Severus envió la carta a quemarse con la madera del calefactor y fijó su mirada en la puerta cerrada de la habitación.
—¿Snape? —aventuró ese otro Harry tímidamente—. ¿Me contarías más de mi madre?
Severus se reacomodó sobre la cama. Aunque su expresión no se veía calma y el resto de su cuerpo estaba tenso, asintió lentamente sin importarle que su gesto no fuera visto.
—Nos dimos cuenta que ella era buena en pociones desde el primer año —comenzó él.
—¿Estuvieron juntos en clases? —interrumpió ese Harry.
—Pociones doble, Slytherin y Gryffindor —explicó sin sonar molesto.
—Hey, otra casualidad —siguió ese Harry sonando sorprendido sinceramente.
—¿En serio lo crees una casualidad? —respondió Severus con una pequeña sonrisa—. Sólo hasta el final del primer curso nos dimos cuenta que era realmente intuitiva con ellas —siguió—. Tenía un instinto distintivo para las pociones, además de ser… creativa con ellas. Cuando mis… amistades y las suyas comenzaron a... probarse diferentes, hablar de pociones se convirtió en un tema recurrente para terminar las discusiones con tono afable de nuevo —terminó.
—Snape, uhm… —llamó inseguro. Severus acarició el brazo de ese Harry como dándole valor para pregunta—. Tu patronus, ¿es igual al de mi madre porque aún…
—No es el mismo que el de Lily —gruñó Severus, pero no cesó en la caricia sobre el brazo.
—Pero… —comenzó ese Harry volteando el rostro al de Severus, aunque no lo viera— yo creí…
—Creíste que porque el patronus de tu padre también es un ciervo, el de tu madre sería igual al de ustedes ¿pero hembra? —soltó con una fría burla en la voz—. No deja de sorprenderme lo arrogante que eres —terminó con desdén en la voz.
La respuesta de ese Harry fue la misma que el Harry que veía la escena hubiera tenido: se puso tenso de inmediato y se alejó del semi abrazo que lo mantenía pegado al hombre que lo antagonizaba de nuevo.
—Como siempre —dijo Severus alejándose también pero suavizando el tono—, creíste mal.
Ese Harry se encogió en si mismo mientras Severus lo volteaba a ver con el entrecejo fruncido.
—El de tu madre era un águila —siguió Severus para sorpresa de los dos Harrys—: libre, fuerte, orgullosa, digna. Ya deberías saber que el patronus también representa aquello que se mantiene oculto, pero que es necesario para formar la personalidad del mago.
—Sobra explicar porque no quieres que nadie vea el tuyo —dijo ese Harry con saña, para sorpresa del que veía las memorias y del Severus en aquellas.
Severus rigidizó el gesto que se había relajado y se removió sobre la cama.
—¿Un mortífago mostrando lo que oculta su personalidad? —espetó con sarcasmo en un hilo de voz—. Hay una buena razón por la que los mortífagos se definen por no tener patronus —terminó saliendo de la cama.
—¿Snape? —preguntó ese Harry sonando confundido mientras buscaba el otro cuerpo que ya no estaba a su lado.
—Duérmase —cortó Severus acostándose en el sillón mientras ese Harry volteaba a la fuente de sonido.
Ese Harry pareció entender que el momento de cercanía con el hombre había terminado y se acostó de regreso a la cama, golpeando una almohada un par de veces y haciéndose un ovillo.
—Pero tu patronus y el mío se complementan —masculló ese Harry entre dientes.
—Su patronus es un ciervo rojo, Potter; el mío es un corzo —respondió Severus cortante y dio la vuelta sobre el sillón dándole la espalda a ese Harry.
Ese Harry hipó un sonido que cubrió de inmediato con la mano y también se giró para quedar de espaldas al otro mago.
Por un momento, el Harry que veía aquello no sintió el menor remordimiento por ver a una versión más joven de él llorando. Por Merlín, ese Harry se merecía la cortante forma de poner distancia que Severus le había lanzado. ¿Habría sido él igualmente fastidioso? ¿De… ciego?
¿Por eso ese Harry en estos recuerdos permanecía con una venda en los ojos? ¿Era así como Severus lo veía —lo había visto—?
¿Era Severus quien creía que él (ese Harry, el que fue al momento de ese lazo mágico) se cegaba ante lo que estaba frente a sus ojos; o era él mismo quien se proyectaba en las fantasías de Severus como el que no quería mirar nada más allá de lo que creía conocer? Después de todo, reconocía que él mismo se había cegado a tantas cosas en su vida que… pudieron manipularlo.
