Durante toda su vida, Sakura tuvo mala suerte en el amor. Comenzando por el primero, Sasori, quién la engañó al ilusionarla y dejarla después de darle su mayor tesoro, la virginidad.

Luego, Kakashi. Era de público conocimiento para Temari que ese hombre había jugado con ella mientras estaba con alguien más.

Y, por último, Sasuke. Aquel que solía presumir de su amor, prometiendo que la amaría y que deseaba formar una familia a su lado.

Puras falacias.

Temari fue testigo de todos y cada uno de los fracasos amorosos de su mejor amiga. Pero el último de todos, no fue porque ese hombre la dañó, ni la engañó. Fue ella misma quien desquitó aquel coraje acumulado por años.

Sakura estaba devastada, ofuscada después de haber roto la barrera de amistad de Naruto. Ella conoció su mayor secreto.

No era necesario admitirlo, dado que aquel show no era meramente actuado.

Por instinto o por simple despecho, la pelirrosa asaltó los labios del hombre que la amó en silencio, escuchando todas y cada una de las historias de amor de su mejor amiga. Él daba por perdida cualquier mínima de chance de índole romántica con Sakura. Aquella reacción dejó atónito al Uzumaki, quien observaba cómo escapaba Sakura después de tal hecho.

La Haruno recurrió a los brazos de su mejor amiga, su confidente y hermana por elección. Ella era la única que podía comprenderla y regañarla.

Temari se acostó junto a ella, acariciando su sedoso cabello y secando las lágrimas que derramaba al dormir. Suspiraba al recordar todas las noches que veló sus sueños, hasta quedarse tranquila de que podría descansar.

Después de dos cafés fuertes y tres horas de llanto incesante, la pelirrosa finalmente decidió cerrar el día. Temari se acomodó a su lado, esperando que Sakura se durmiera profundamente y, de ese modo, pudiera hacer lo misml.

—Entiendo tu dolor, Saku—susurró y enredó un mechón del cabello de la Haruno en sus dedos—. Es momento que vos también tomes una decisión.

Al día siguiente, la rubia despertó por su alarma.

El celular estaba justo al lado de su oído, así que estaba sobresaltada.

Se sentó en la cama y fregó sus ojos. Debía prepararse para ir a trabajar. Sin embargo, un delicioso aroma la obligó a levantarse.

Descalza y con un saco que cubría apenas sus brazos, la Sabaku No se dirigió hasta la cocina. Allí notó que Sakura estaba preparando un bizcochuelo.

La pelirrosa traía su ropa manchada de harina y la mesada hecha un desorden. Temari rió luego de verla y ella se percató de su presencia.

—Buen día, Tem—exclamó con una amplia sonrisa.

—Buen día, Saku—exclamó la rubia mientras se desperezaba—¿Cómo amaneciste?

Aunque fuera una pregunta obvia, sabía que Sakura llevaba varias horas despierta.

El hecho de que intentara hacer un bizcochuelo era todo un desafío para la Haruno.

—Bueno, preferí hacerte esto en agradecimiento. Un desayuno digno antes que te fueras a trabajar... —Sakura recordó que debía sacar el molde del horno.

Se había cumplido el tiempo estipulado y debía hacerlo antes de arruinarlo.

Al quitarlo del horno, se percató de un detalle.

Se lamentó por ello y comenzó a quejarse.

—¡Lo que menos quería era que se desinflara! —espetó y revoleó el repasador hacia la mesada.

Temari, al notar el gran esfuerzo de su amiga, se acercó a ella y la abrazó.

—Esto es suficiente para mí. Desayunemos juntas —expresó y ayudó a preparar el café mientras Sakura desmoldaba.

Si bien el bizcochuelo estaba bajito, el sabor adquirido era el ideal. Esponjoso y delicioso al degustarlo, Temari agradeció por tal gesto.

Sakura, por su parte, estaba frustrada y feliz, al mismo tiempo.

Ambas tomaron su infusión en silencio, deleitándose con el sublime sabor del bizcochuelo.

No obstante, Temari tenía algo que decirle a Sakura antes que se fuera a trabajar y cometiera más errores.

—Saku—comenzó diciendo, captando la atención de su amiga. Ella apoyó la taza en la mesa y suspiró. Sakura la observaba en silencio—, es momento que tomes una decisión respecto a Sasuke.

Sabía que su sermón lo guardaría para otro momento. Ella sabía lo que Sasuke había hecho, y también lo de Sakura.

—Estuve pensando seriamente en eso y creo que lo mejor es terminar con él. No es sano para mí y no deseo llorar más por hombres que juegan conmigo —afirmó la pelirrosa con seguridad.

Aquellas horas en soledad le sirvieron para reflexionar acerca de la extraña relación que le proponía Sasuke. Ella caía fácilmente ante Kakashi, pero podía poner punto final una vez más.

Sin embargo, el asunto que planteaba Sasuke respecto a Karin, no coincidía con lo que ella decía de él.

Por momentos, pensaba que ella sería un pasatiempos del Uchiha mientras salía con la pelirroja.

Era complejo de comprender, pero la Haruno estaba decidida a continuar sin que nadie más la hiriera.

—Y respecto a Naruto... —este comentario la puso nerviosa. Recordar el hecho que los involucraba, la hacía sentirse aún más miserable —¿Qué harás con él? Creo que merecen una charla seria.

Sakura suspiró y dio un sorbo más a su infusión.

Se aferró a su taza y cerró los ojos. En su mente, la sonrisa de Naruto era la que más se presentaba.

—No sabría qué decirle. Me siento muy mal por eso—se lamentaba.

Temari la miró fijamente y trató de pensar en las posibilidades que cabrían para una charla amena.

La rubia conocía al Uzumaki y que él estaba enamorado de su amiga. También sabía que él esperaría en la sombra, sufriendo en silencio y disfrutando apenas de la amistad que la pelirrosa podía brindarle.

—Si te escondes, será peor para él. Deberías enfrentar la realidad y hablar de lo que ambos sienten... —expresó Temari al notar cuán ruborizada estaba su mejor amiga.

—¿Cómo lo que ambos sentimos...? —exclamó nerviosa.

—Es evidente que algo dentro tuyo se alteró después de saber la verdad a medias de Naruto. Él, mejor que nadie, puede saberlo—Temari acabó su café y se levantó para dirigirse a la habitación. Antes, pasó por la cocina y lavó su taza y la dejó en el escurridor para que se seque.

Miró una vez más a Sakura y suspiró.

Rogaba que pudiera resolver los conflictos amorosos que acarreaba desde hace un buen tiempo.

Pero, a la vez, ella también debía arreglar los suyos.

Durante la jornada laboral, Matsuri se mostraba contenta y más risueña de lo habitual.

Temari la observaba sin que ella lo notara y sentía una gran felicidad al suponer las razones por la cual la castaña estaba feliz.

Al finalizar su día, ambas se encontraban acomodando las sillas y limpiando las mesas.

—Esa sonrisa tiene nombre, ¿No? —comentó de la nada, haciendo que la joven se exaltara—Empieza con G y termina con aara—esbozó una sutil sonrisa mientras Matsuri tapaba su rostro.

—¿Tanto se me nota, Tem? —inquirió de modo infantil. Sobaba sus mejillas y miraba al suelo.

La rubia se acercó a ella y le sonrió. Le quitó el repasador, lo dejó sobre la mesa y tomó sus manos.

—Estoy muy feliz que ambos retomen lo que nunca debieron cortar—expresó y la castaña estaba a punto de llorar.

Matsuri soñó por muchos años que Gaara se le declararía. Pese a que se encontraba mal anímicamente, él supo colorear su mundo en tan sólo pocos segundos.

—Tu hermanito es hermoso y realmente me enamora cada día más... —confesó y le mostró un delicado anillo que portaba en su mano izquierda—Aún creo que es un poco vergonzoso, pero me dijo que quiere hacer las cosas correctamente para hacerme feliz.

Temari sentía una gran alegría al escuchar a su futura cuñada legal. Gaara siempre había sido reservado y le costaba mucho expresar sus sentimientos. Pero cuando se trataba de Matsuri, él lograba romper esos tabúes sobre sí mismo, dejando a la vista al hombre romántico y soñador del que presumía la castaña.

—Realmente les deseo toda la felicidad del mundo. Estoy segura de que Gaara hará las cosas bien y, si no es así, Kanky y yo nos encargaremos de él —bromeó y la chica rió.

En ese instante, recordó algo que su novio le había dicho.

—Tem, Gaara me dijo que mañana le dan el alta a Kanky y quiere organizar una cena familiar—sonrió.

Temari necesitaba reunirse con sus hermanos. Estaba realmente ofuscada de sus propios problemas y deseaba reír con las bromas sin sentido de su hermano.

—Por supuesto que iré. Luego del trabajo, vamos juntas—exclamó y la joven asintió.

Cuando estaban a punto de cerrar el local, la campanilla las alertó.

Una persona que Temari conocía demasiado bien se presentó en la cafetería y su rostro denotaba preocupación.

El hombre se quedó frente a la puerta, con lágrimas en sus ojos y jadeaba. Una mano la tenía en su cabeza y la otra en su pecho.

Temari se acercó a él y posó una mano en su hombro.

—¿Qué sucedió, Naruto? —aquella expresión del Uzumaki era muy preocupante. Él siempre se mostraba alegre y ese rostro no era precisamente feliz.

—Estuve toda la tarde corriendo. Ya no sé dónde más buscarlo... —expresó entre jadeos.

—¿Qué, a quién? —aún no entendía.

—Shikamaru. Desde que se fue, no puedo saber dónde está. Si no fuera porque agoté todas las posibilidades, no acudiría a vos—Naruto trataba de calmarse y regular su respiración.

Por otra parte, Temari debía regresar a su casa y buscar un abrigo para ir al único sitio donde podría encontrarse.

—¿Podrías ayudarme, por favor? —suplicó el rubio.

Temari asintió y se dirigió a Matsuri para despedirse de ella.

Regresó con el Uzumaki y lo siguió hasta el vehículo que esperaba afuera.

Naruto subió del lado del conductor y Temari, del acompañante.

—Primero vamos a la casa de Saku, tengo frío y a donde nos dirigimos es un sitio aún más frío —el rubio asintió y arrancó el vehículo.

La preocupación por Shikamaru hizo que olvidara lo sucedido con Sakura. Su mente estaba ocupada en el Nara y sólo esperaba que se encontrara bien.

—Necesito que me acompañes, Saku. Por favor... —suplicaba a su amiga.

Sakura no se negó ante la petición. Si bien no le explicó a detalle en ese momento, ella decidió estar junto a Temari para ayudarla en lo que fuere.

Ambas salieron rápidamente, dejando asegurada la casa.

Temari se abrigó de inmediato y esperó a Sakura para regresar al vehículo.

Cuando la pelirrosa se percató de quién era el conductor, su expresión se transformó en una vergonzosa.

Se acomodó en el asiento trasero, mientras que la rubia se ubicó al lado de Naruto.

El rubio vio el rostro compungido de Sakura y sólo se limitó a saludarla en voz baja.

—Hola Saku... —su tono apagado fue claramente perceptible para la pelirrosa, quien saludó del mismo modo.

—Hola Naruto—aquel ambiente tenso era bastante notable para Temari, quien no se rendiría para que su amiga hablase con el Uzumaki.

Naruto encendió nuevamente el auto y miró a Temari, esperando indicaciones.

—Vamos hasta la ruta, de allí en más te guiaré—exclamó la rubia y Naruto se puso en marcha.

Luego de tantas noches tormentosas, las estrellas volvían a brillar.

La brisa fresca movía su cabello negro y sus manos sentían la frescura del renacimiento del suelo.

Shikamaru sentía la libertad y la paz. Aquella tarde, Naruto lo llevó a un especialista, mejor dicho, a un psicólogo para que pudiera comenzar su tratamiento para la depresión.

No obstante, él no deseaba estar frente a un profesional al cual no le interesaba sus problemas. Tampoco quería ser medicado ni nada semejante.

Sólo anhelaba estar solo y disfrutar de la paz.

La luna era amplia y más brillante que de costumbre. El pasto aún guardaba rastros de la tormenta de los días anteriores. Pero aquella roca en la que estaba ubicado Shikamaru estaba seca y era bastante cómoda para él.

Desde ese punto, podía apreciar el vasto cielo azul, con estrellas resplandecientes y el relajante sonido de los grillos.

El Nara cerró sus ojos y pensó que esa sería la decisión más estúpida pero la mejor para su mente.

El sonido del pasto húmedo, unas fuertes y rápidas pisadas alertaron a Shikamaru.

Volteó para saber de dónde provenía y lo que vio fue un sueño que podía ser realidad.

Allí estaba, detrás suyo, con una expresión de preocupación mezclada con alegría, la mujer que había perdido por su inmadurez.

—Sabía que te encontraría aquí —expresó Temari y se acercó a él.

Shikamaru no quitaba la vista de ella. Se veía aún más radiante que la misma luna y más cautivante que el cielo estrellado.

—¿Acaso volví a levantar fiebre y estoy delirando? —exclamó entre risas. Realmente no creía que ella estaría allí, en ese momento.

Temari se paró a su lado y lo miraba de un modo distinto a otras veces. Él aún seguía en su corazón y su maldito orgullo no le permitía cruzar aquella barrera de desinterés.

Se sentó a su lado y miró al cielo. Él sonreía,después de tanto tiempo.

—Este lugar fue el primero al que me trajiste cuando nos besamos por primera vez—volteó a verlo—. Dudo que un espectro dijera algo como eso, ¿Cierto?

Con lágrimas corriendo por sus mejillas, el Nara asintió. Sujetó su cabello nuevamente y suspiró.

—¿Por qué viniste, Tem?—inquirió con temor. Realmente no deseaba continuar aquella tortura.

—Estaba preocupada. No soy un monstruo como para desentenderme de una situación como esta... —respondió con firmeza.

A decir verdad, el corazón de la rubia estaba sobresaltado. La escasa distancia con quien había sido su esposo la desconcentraba.

Shikamaru agradecía aquel pequeño momento junto a Temari.

—Por supuesto que lo sé. Yo jamás me enamoraría de un monstruo... —bromeó.

Aunque trataba de disimularlo, aquella confesión la había puesto nerviosa.

—Naruto estaba muy preocupado. Te buscó por todos lados y como no podía encontrarte, acudió a mi ayuda—colocó sus manos detrás de su espalda y se acomodó mejor para visualizar las estrellas—. Por eso lo guié hasta aquí.

Shikamaru suspiró y se levantó. Temari lo miraba de soslayo.

—Vamos con él, entonces... —sugirió y ella se negó. Desconcertado, Shikamaru regresó a su lugar—¿Por qué estás actuando así?

Temari tomó aire y recordó cuán contenta era Matsuri al hablar de Gaara. No existía mayor alegría que ver a una amiga feliz.

—Es momento que tanto él como vos aclaren y hablen de lo que realmente sucede dentro de ustedes—volteó a verlo directamente a los ojos—. Hoy sólo escucharé todo lo que quieras decirme.

Shikamaru estaba obnubilado. Sus orbes aguamarina brillaban bajo la luz de luna y despertaba la nostalgia.

No obstante, prefería estar al lado de Temari que de un psicólogo.

—¿Podrás ser, aunque sea un momento, una mujer que no me conozca y me escuche sin juzgarme? —inquirió con tristeza.

Temari apoyó la mano en su hombro y sonrió.

—Estaré aquí para escucharte. No quiero que esto continúe así. Por favor, Shikamaru.

Después de un caótico último encuentro, aquel parecía un sueño.

A lo mejor, Temari suponía lo que pasaba en el corazón de Shikamaru, pero el suyo guardaba tanto dolor como el de él.

Ese sería el primer paso para superarlo y verificar cuáles eran sus verdaderos sentimientos.

—Bien, creo que toda mi tristeza parte desde el amor hacia una mujer, de cabello rubio corto, ojos hipnóticos semejantes a las aguas de una playa paradisíaca...

Aquellas palabras removieron un sinfín de recuerdos olvidados. Shikamaru quería demostrarle que estaba dispuesto a luchar, pese a que todo estaba perdido.