Capítulo 24: Amor Fraternal y Deseos Pecaminosos

Royal Woods, Michigan, Junio de 2019.

Las siguientes tres horas y media, Lana guió a sus hermanas y al mejor amigo de su difunto hermano por los oscurecidos túneles subterráneos de las cloacas de Royal Woods. Aunque no eran más que un grupo de niños y adolescentes, Clyde y las Loud habían conseguido derrotar al horror que llegaba al pueblo cíclicamente en forma de payaso siniestro a sembrar la destrucción a su paso cada veintisiete años. Ahora, se apresuraban a regresar a sus casas, principalmente porque ameritaba sacar de ese lugar tan frío y húmedo a la pequeña Lily a quien Lori llevaba cargando envuelta en la destrozada camiseta de Lincoln para mantenerla abrigada. También era menester salir de allí antes de que se tropezaran por accidente con Lynn Jr., la otra hermana que había perdido la cordura por culpa de la influencia maligna de Eso y sabían que aun podría estar buscándolos en los túneles.

Así, todos contaban con el buen sentido de la orientación de Lana así como de los conocimientos que esta misma había adquirido respecto a la estructura del alcantarillado para encontrar la salida. No obstante, llegado a cierto punto en el que a Lisa se le agotó el escaso suministro de galletas luminiscentes y las baterías de sus linternas ya no daban para más, tuvo que admitir con más desconcierto que miedo que estaban extraviados en la oscuridad.

–Oigan, no sé como decir esto, pero creo que nos hemos perdido.

–¡¿Qué?! –exclamó aterrada Lola.

–Creí, que habíaz eztudiado a fondo laz alcantarillaz –le replicó Lisa, sin disimular el temor asustado e infantil en su voz.

–Si... –afirmó Lana igual de intranquila–. Pero sabes que es mucho más complicado de lo que parece. Esta es una infraestructura tan antigua, que hay montones de planos de los que no se tiene registro. Quiere decir que nadie sabe para dónde van la mayoría de estas malditas tuberías ni por qué. Pero eso no le importa al departamento de aguas mientras que sigan funcionando.

–¿Y ahora qué hacemos? –se dirigió Luan a Luna.

–No lo sé –admitió esta al no tener la respuesta.

Lori creyó oír un sollozo sofocado en aquella causa y eso la asustó más. Si a Luna, que los había estado liderando bien hasta entonces, tampoco sabía como le harían para salir de ese aprieto, es porque estaban en uno muy grave.

–¡P-p-p-por f-f-favor La-La-La-Lan-na...! –intentó desesperadamente en insistirle. Allí estaba otra vez, su infatigable tartamudeo dando señales de que el pánico se estaba apoderando de ella–. Li-li... Li-litera-ralm-m-m-mente nu-nuest-tras vi-vidas de-dep-pe-penden de t-ti...

–Intenta recordar –le imploró Lisa.

–Eso quisiera –dijo Lana incrementando su intranquilidad–. Pero cuanto más lo intento, mi mente se nubla.

–¡Sabía que esto era una pésima idea! –protestó Luan.

–Vamos hermanas –trató Luna de que conservaran la calma en aquella situación–. No podemos rendirnos ahora.

–¡Tú lo dices por que ya tienes lo que querías! –estalló Lola en lagrimas–. Espero que estés feliz. Ahora todos vamos a acabar sepultados en este basurero.

–¡ASH! ¡¿No les dije antes que no se involucraran en esto?! –dijo Luna en su defensa–. ¡Debí haber venido a hacerme cargo yo sola!

–No íbamos a dejarte hacer eso –replicó Leni, a quien también le preocupaba otra cosa. Un concepto terriblemente abrumador que su mentalidad tan simple apenas podía soportar: se estaban separando.

Eso había estado allí desde mucho antes que los humanos colonizaran lo que ahora era Michigan y su poder maligno había actuado desde siempre sobre toda la ciudad y la forma de ser de sus habitantes; era lo que había entendido decir a Lucy en base a los apuntes de la bisabuela Harriet. Eso era Royal Woods y de algún modo sus habitantes también, incluyendo a los Loud a través de quienes se había manifestado en sus peores momentos como familia: tales como las veces que se armaban guerras violentas entre los once hermanos por decidir a donde irían de vacaciones, o porque dos de las hermanas adolescentes compraban el mismo vestido, o porque una no quisiera que la otra sacara su licencia de conducir por querer sentirse especial por sobre los demás, o por ver quien llevaba el mayor numero de invitados a la casa para gozar de los privilegios.

Eso era el modo en que Luan acostumbraba a perder el control durante el día de los inocentes, o lo vengativa que podía llegar a ser Lola cuando se enojaba con alguien por la más mínima provocación. Eso formaba parte de lo lejos que llegó el infame asunto de la mala suerte, que como consecuencia encaminó a perder la razón a Lynn Jr por ser la más inestable. Porque Eso era la casa Loud, y siempre había estado tratando de separarlos. Porque se alimentaba de las emociones humanas y su plato preferido era el miedo; pero sabía que el amor que siempre los había unido como hermanos era aún más fuerte, algo que los favorecía por mucho, que los hacía especiales y que había servido para contrarrestarlo.

Así había sido siempre y el hecho de que hubieran bajado hasta allí para enfrentarlo tampoco era una casualidad. Era algo que tenía que pasar. Pero ahora ese vinculo que los unía amenazaba con disolverse, y todo por culpa del miedo.

–¡No es justo! –sollozó Lola a todo pulmón–. ¡No quiero morir ahora! ¡Aun tenía tantos concursos que ganar!

Suspiro... –fue lo único que dijo Lucy.

–Lit-t-teralmente... –exclamó Lori perpleja–. ¿S-será este e-el f-fin d-de las herma-manas Loud?

–Chicas, por favor –insistió Luna–. Traten de mantener la calma. Algo se nos ha de ocurrir.

–¡Vamoz, Lana –la presionó Lisa–, pienza!

–¡No me acuerdo! –gimió la otra intimidada e impotente por haberles fallado–. ¡De verdad no me acuerdo!

–¡Quiero a mi mami! –chilló Lola.

–¡Yo también! –igual hizo Lana.

Al instante, las pequeñas –incluyendo a Lily que se había despertado– lloraban, las grandes –salvo Leni que seguía reflexionando– discutían y Clyde sencillamente soltó su bate, cuyo golpe contra el suelo sonó a través de la alcantarilla hueca e hizo que todas se callaran.

–... Lo siento –se disculpó yendo a arrimarse contra una de las paredes curvas para luego dejarse caer al suelo derrotado–. Todo esto es mi culpa.

–¿Q-qué dices? –lo buscó Lori por entre la oscuridad.

–Dije que no puedo evitar pensar que todo esto pasó por mi culpa –volvió a explicarse muy frustrado–. Si tan sólo en primer lugar no hubiera ido a su casa para esconderme de LJ y sus matones, ni puesto en peligro a Lucy, tal vez... Que sé yo; pero lo cierto es que Lincoln era mi mejor amigo, más que eso, era como un hermano para mi. Lo menos que podía hacer era cuidar de ustedes, pero ni eso pude hacer. Le fallé, soy patético, si alguien merece terminar sepultado aquí, ese soy yo.

–¡No Clyde! –lo contradijo Luan–. Oyeme bien: tu no le has fallado a nadie.

–Si, Clyde –la apoyó Luna–. Al contrario, no podríamos estar más agradecidas contigo después de todo lo que hiciste por nosotras...

Pronto, como si ya se hubiesen olvidado del predicamento en el que estaban, las Loud rodearon a Clyde para decirle lo mucho que lo apreciaban, que tenían suerte de que el hubiese estado allí con ellas para ayudarlas a afrontar la muerte de su hermano; que en cierto modo el ayudó a llenar parte del vacío que la ausencia de Lincoln dejó en sus corazones al brindarles todo su apoyo, en especial por lo valiente que fue al haberlas acompañado a luchar contra Eso; que ya lo consideraban parte de la familia y siempre sería bienvenido en la casa Loud.

–Como que creo que tengo una idea –dijo por ultimo en voz baja Leni, quien hasta el momento se mantuvo callada y concentrada en su reflexión.

Clyde oyó que ella se adelantaba a donde estaba el. Luego el susurro leve de algo que no daba miedo y de pronto fue muy fácil de reconocer.

≪¡¿Qué...?! –pensó, al darse cuenta de que, por alguna razón, Leni se estaba desabrochando los botones de su vestido–. ¡Se está desnudando! ¡¿Por qué se está desnudando aquí, justo ahora?!≫.

–¡¿Qué estás haciendo?! –preguntó con una voz de espanto que se quebró en la ultima palabra.

–Clyde, sabes lo mucho que te estamos agradecidas –reiteró pasando de quitarse el vestido a retirarse las horquillas del pelo–. Eres un chico increíble. Hiciste todo lo posible por ayudarnos, aun si Lincoln ya no está con nosotros. Nos ayudaste a seguir adelante, a superar esta horrible tragedia, a alegrar nuestros días nublados, a darnos el consuelo y el confort que nuestros padres, para que negarlo, no nos han sabido dar, y sobre todo a mantenernos unidos como familia en esta temporada tan difícil. Es por eso, que creo que no existe alguien mejor que tú con quien haría lo que estoy a punto de hacer.

–¡¿Qué...?! –volvió a preguntar, aturdido y aterrorizado cuando sintió que una mano suave y de piel delicada le bajaba el zipper del pantalón–. ¡¿De qué estás hablan...?!

–Como que, pienso, que si te damos lo más valioso que tenemos, eso hará que volvamos a estar juntas. Porque si no estamos juntas, no saldremos jamás.

–¿Qué?... ¡No, Leni! –exclamó, comprendiéndolo todo casi de inmediato.

Para su mayor desconcierto, ninguna de las chicas llegó a decir nada para oponerse. Si acaso creyó escuchar a Lisa cuestionarse entre susurros si en la alcantarilla habría vapores tóxicos, pero bien podría habérselo atribuido a su subconsciente que trataba de ahuyentar tan descabellada idea.

En eso, Lily soltó un buen estornudo.

–C-creo que L-Leni ti-tiene r-razón... –concordó con ella Lori, dispuesta a hacer lo necesario para sacarlas a todas de ahí–. S-si esto n-no nos u-une, n-nada lo ha-hará.

Suspiro... Hagámoslo –dijo Lucy, al haberlo entendido todo en base a lo que había leído en algunas de sus novelas de tono más adulto.

–¿A que se refiere? –preguntaron inocentemente las gemelas, a lo que Luan se limitó a guiarlas a un rincón más apartado, siendo seguida por Lisa y Lori que aun llevaba a Lily.

–Rayos –se oyó que decía Luna resignada–. Eh, no te ofendas Clyde, pero es que esperaba tener mi primera vez con Sam.

–Y y-yo con Bobby –aclaró Lori–. P-pero n-neces-sitamos hacer esto.

–Oigan, ¿de verdad piensan que...? –insistió el chico en conservar su inocencia, y sin caber en si de perplejidad. ¡En serio lo estaban considerando!–. ¿Qué hay de...? ¿En serio van a...?

–Esto es en serio Clyde... –escuchó decir a Luan a lo lejos–. Recuerda que tú ya eres parte de la familia, y necesitamos de tu ayuda una vez más.

–Ayúdanos a mantenernos unidas –dijo Leni entregándole en mano una pequeña cajita compacta que acababa de sacar de debajo de su sujetador–. Como que vas a necesitar esto.

Clyde quedó de más boquiabierto al tantear su contenido. Adentro había un tiraje de envoltorios cuadrados que cabían fácilmente en el bolsillo o la billetera. Desde luego, sabía que eran esas cosas, si su maestra les había explicado en una clase especial para que servían.

–Leni, ¿por qué tienes un paquete de...?

–¿Qué? –oyó que respondía como si le hubiese hecho una pregunta muy obvia –. Ya estoy en preparatoria y no está de más ser precavida. Hay más que aire en mi cabeza, ¿sabes?

–¿Y, qué esperas que haga con esto?... –preguntó tan nervioso, que juraría estaba por sufrir el peor ataque de ansiedad de toda su vida. E igual trató de apartarse, pero Leni lo retuvo abrazándolo suavemente en la oscuridad y lo hizo ceder–. No... No creo que pueda hacerlo... No sé como...

–Es fácil –le susurró al oído, mientras le pasaba una mano por la mejilla. En el frío de la alcantarilla Clyde sintió la calidez de su cuerpo desnudo–. Pero tendrás que bajarte los pantalones.

–¡No! ¡No puedo!

–Si, si puedes –aseguró, obligándolo a tenderse en el piso, a sabiendas de que si podía y que además una parte de el quería hacerlo–. Ahora, pon tu cosa adentro de mi.

De ahí, Leni rodeó con sus brazos el cuello de Clyde, que de a poco se fue tranquilizando con el distante tronar del agua, mientras empezaba por tocarle la cintura con timidez, hasta que exhaló un suspiro y pensó:

≪Va por ti hermano, Clincoln McCloud por siempre≫.

–¿Adónde? –preguntó.

–Aquí –lo guió ella con la mano.

–Leni, me voy a caer encima de ti –repuso empezando a jadear.

–Como que más o menos esa es la idea –explicó ella arrimándole los pechos vendados contra la cara.

El la empujó con fuerza y le dolió. Hubo potencia en ese acto; una potencia que corría por la sangre y era capaz de romper cadenas. No experimentaban placer físico, pero si una especie de éxtasis mental.

¡Sssss...!

Momentos después se acercó Luan; después, Luna y el acto se repitió.

Al terminar, Clyde jadeaba entre hiperventilado y exhausto.

–Necesito Descansar... El espíritu está dispuesto, pero la carne está esponjosa y magullada.

–D-debemos da-darnos p-prisa –apuntó a decir Lori al percibir que Lily soltaba otro estornudo.

Entonces, Clyde oyó unos pasitos aproximarse a el.

–Creo que eza ez mi entrada –avisó Lisa arremangándose las mangas y tronándose los dedos para desperezarse antes de asistirlo. Ella, mediante su destreza manual.

–¡Wow! –exclamó el chico de color a los pocos minutos sintiéndose completamente renovado y listo para continuar–. Lisa, ¿cómo le hiciste para...?

–Biología bazica –contestó retirándose de la escena –. Con eze método duraráz un muy buen rato.

Luego vino el sonido de un desgarro. Era Lucy, quien tuvo que romper las costuras de su vestido para poder quitárselo del lado en el que tenía el brazo escayolado.

–Por favor, se gentil –pidió hablándole con su vocecita aguda.

–Está bien –dijo Clyde.

Terminada la labor con ella relativamente rápido, la niña volvió a ponerse su ropa salvo por sus calzoncitos que quedaron todos manchados de sangre.

–Creo que deberíamos parar –sugirió Clyde al darse cuenta que las siguientes en venir eran las gemelas, y venían a tomar su turno al mismo tiempo.

–No Clyde –negó Lana en un tono muy serio, bastante impropio de una infante como ella–. Esto no funcionará si no participamos todas.

Igualmente, ninguna a su alrededor se opuso, quizá porque intuían que para bien o para mal era cierto.

–¡¿Qué?! ¡¿Pero si ustedes apenas son unas...?!

–Nosotras ya dejamos de ser unas niñas, Clyde –explicó Lola con el mismo tono–. Tuvimos que madurar antes de tiempo, desde que todo esto empezó.

Y sin preguntar si estaba o no de acuerdo, Lana se desembarazó de su overol y Lola arrojó sus guantes y su collar de perlas a un lado.

Por ultimo, vino el turno de Lori.

–No puedo hacerlo –dijo Clyde temblando; pero no era el temblor temeroso de hacia unos momentos que inició con Leni. Trataba de sonar razonable, aunque sonaba a cualquier cosa menos eso.

–Si puedes –se aproximó ella tras dejar a Lily en manos de Luna, alentando a continuar sin tartamudear en absoluto–. Siento que puedes.

–¿Estás segura? –acertó a preguntar.

–Si –aseguró Lori entrelazándole las manos tras su cuello, palpándole el pelo sudoroso y apelmazado–. Todo saldrá perfectamente.

Con Lori fue diferente a las demás. Había pasión; estar con ella era la mejor conclusión posible. El soplar de su aliento contra su oreja provocó que se le pusiera la carne de gallina.

Y ella notó que el era bueno, tierno, casi sereno. Sintió su ansiedad, pero atemperada, refrenada por la solicitud de Clyde hacia ella, tal vez porque ellos dos comprendían lo maravilloso de ese acto que jamás deberían mencionarle a nadie, ni siquiera entre sí.

Al final del clímax, Clyde la tomó por sorpresa susurrándole una y otra vez:

–Te amo Lori, te amo y siempre te amaré...

–También te amo Clyde –dijo Lori estrechándolo, quedando ambos apoyados mejilla con mejilla.

Luego ella se retiró y dejó que el se quedara a recoger sus ropas.

Por un momento nadie habló; y cuando alguien lo hizo, para sorpresa de nadie fue Lana.

–¡Ya recordé! Cuando tomamos a la izquierda dos recodos atrás, debimos tomar a la derecha. Y también nos equivocamos en otros lugares, pero si conseguimos volver estoy segura de que no habrá problema.

–Andando –ordenó Luna.

Formaron una sola fila colocando una mano en el hombro del que tuvieran adelante, y volvieron a caminar más aprisa con Lana yendo a la cabeza.

–Volvamos a casa –dijo sin mostrar nervios o preocupación.