[~Selket~]

Era una noche particularmente fría, pues diciembre era uno de los meses más fríos en Grecia, aunque no llegara a bajar la temperatura por debajo de los cero grados centígrados. Estaba sentada con una manta en las piernas, arriba en el techo de Escorpio, con los mapas que me había regalado Milo en mi cumpleaños. Había pasado cada noche desde que me los había dado trepada en el techo cotejando cada mapa con el cielo estrellado. Milo me acompañaba cada vez que podía, pues se reunía varias noches a la semana con Dohko y los demás maestros para decidir el curso del Torneo y los entrenamientos. Hoy era una de esas noches, así que mi compañía eran los mapas y una caja de kourabiedes.

Desde hacía un tiempo llevando una pequeña bitácora a lápiz. Dibujaba lo que veía, los cambios en las estrellas y había intentado poner en dibujos la teoría que encontraba en los libros sobre el Cosmos, mezclándolos con anatomía básica: meridianos, órganos vitales, sistema nervioso, sistema circulatorio… todo lo que pudiera recordar del cuerpo humano. Por supuesto, tenía a la mano los libros del Patriarca para corroborar la información, yo no era Leonardo Da Vinci.

La calma de la noche, yo sola con mis mapas, apuntes y galletas hacían la velada de estudio bastante agradable y productiva. Seguí boceteando un rato más y luego bajé del techo. Todo estaba en calma y las luces bajas le daban al Templo una apariencia cálida y acogedora. Me senté en el diván y puse todo en mis pies, para clasificarlo. La noche era tan clara que había podido cotejar bastante bien mis mapas con el cielo real, un gran logro contando con que en temporada de lluvias, el cielo está casi totalmente nublado.

Estaba tan concentrada organizando mis notas que no me di cuenta que Milo estaba frente a mí observándome con cuidado hasta que sentí el roce de su mano en mi hombro. Levanté la vista y me sorprendió con un beso mientras se sentaba junto a mí.

-Llegaste antes de lo que esperaba, ¿tienes hambre? Ilse nos dejó algo de estofado- le dije, pero me ignoró por completo y en cambio tomó mi cara con ambas manos.

Parpareé un par de veces esperando que dijera algo, pero seguía mirándome y ya. Comenzaba a alarmarme.

-¿No piensas decirme nada?- le dije con risa nerviosa.

Me miró nuevamente y sonrió. Está bien, podía aceptar su lenguaje no verbal como único medio de comunicación para el momento. Estaba feliz, eso podía notarlo de inmediato. Ya me contaría el por qué luego. Estábamos jugando entre besos y caricias cuando tumbamos los libros que tenía en el diván. Milo me apoyó contra sí con un brazo y recogió con el otro lo que había en el piso. Algunas hojas sueltas volaron libremente.

-Estos dibujos son increíblemente detallados, Selket, ¿los hiciste tú?- alcé la vista y asentí, mientras él fruncía el ceño para enfocar en detalle todo el diagrama.

Estaba viendo con minucia el boceto del trazo de la constelación de Aries sobre el cuerpo humano.

-Esto tiene que verlo el Patriarca, Mátia mou- me dijo, sosteniendo el papel con sus manos y mirando minuciosamente cada trazo.

-¿Y tiene que ser ya?- le dediqué una mirada diciente, pero me dio un beso profundo a modo de respuesta y me alzó hasta ponerme de pie totalmente.

Exhalé con desgano y me dispuse a subir la Calzada hasta la Cámara del Patriarca. Eran apenas como las siete y punta de la noche, pero igual me daba flojera cualquier cosa. Quería una cena caliente, acostarme en la cama y olvidarme del resto hasta mañana, pero mi querido Escorpión tenía otros planes que, aparentemente, no podían esperar a la mañana siguiente.

-¿Sabes? Podríamos haber esperado a la mañana…- le susurré mientras esperábamos en el salón.

-Créeme, esto le interesa más de lo que imaginas- me dijo en un intento de darme ánimo.

Yo seguía sin ver lo extraordinario en el asunto, pero lo seguía a donde fuera. El Patriarca nos recibió de inmediato sin objeción. Luego de los saludos pertinentes, Milo le explicó la situación y le enseñó algunos bocetos que tenía en la mano.

-¿Cómo has llegado a ilustrarlos?- preguntó con genuina curiosidad.

-No lo sé, sólo llegan a mi mente y los trazo- el Patriarca sonrió como si supiera algo.

-Bueno, es natural que tengas algún talento oculto, Selket. Y Milo no se equivoca, nos será de mucha utilidad para completar la información que hemos recopilado por siglos.

-Claro, gran Patriarca. Estoy a su disposición- me ofrecí de inmediato.

-Normalmente Mu se encarga de mantener la biblioteca en orden. Puedes pasar dos o tres días a la semana algunas horas con él revisando el material, ¿qué te parece?- me ofreció.

Miré a Milo de reojo en una fracción de segundo y vi que asintió ligeramente, dándome su aval. Asentí y le agradecí al Patriarca por su ofrecimiento y su confianza. Ya tenía mi día bastante ocupado como para perder más de las pocas horas de sueño que lograba tener cada noche como para sumarle más estudio y trabajo. Era el año que literalmente me jugaba todo… Quería hacer esto, pero ¿sería demasiado pedir aplazar esta tarea por unos meses? Aparentemente sí era mucho pedir.

Nada más llegar otra vez al Templo de Escorpio me recosté en la cama sin preocuparme por nada más, mirando el techo fijamente. Milo se acostó a mi lado y comenzó a jugar con mi cabello hasta sacarme de mi ensimismamiento. ¿cómo iba yo a dibujar todos los Puntos Estelares de las 88 constelaciones guardianas? Yo no me sentía lista ni preparada ni nada por el estilo.

-¿Estás preocupada con tu nueva tarea?- me preguntó al notar que no había hablado desde que había entrado en la habitación.

-No puedo evitarlo, menudo lío en el que te ha dado por meterme- le espeté al tiempo que le daba un codazo.

-Oye, esto te ayudará mucho una vez entres en la Orden. Podrías tener un oficio como escribana, si quisieras- me animó.

-Suena fantástico, no me malinterpretes, pero entre el entrenamiento, estudiar, dormir y comer… Bueno, todo ello consume mi día por completo. Sin mencionar un alacrán que no me deja dormir en las noches…- le dije, mirándolo con algo de risa.

-Bueno, puedo ayudarte entrenando un poco más suave en los días que estudies con Mu y- lo interrumpí subiéndome a su regazo y anudándolo con mis brazos rápidamente.

-Con eso basta- le dije, besándolo y recostándonos en su cama.

Al otro día, como había prometido, el entrenamiento no fue tan intenso para no dejarme agotada. Me había duchado y cambiado de ropa, lista para ir a Aries en cuanto comiera algo. Preparé kibbe y hummus, ya que era fáciles y ligeros y me recordaban a Kemet. Milo no tenía problema alguno con probar la gastronomía extranjera, así que entre Ilse con sus delicias alemanas y yo con mis escasas recetas árabes, habíamos internacionalizado la cocina de Escorpio.

-Tusbih ealaa khayr, Sakar Mu- saludé en cuanto entré en el salón de Aries, donde se encontraba Mu revisando unos papeles con minuciosidad.

Pareció no darse por enterado que había llegado o le había hablado, así que me senté en seiza a un lado de la mesa.

-Selket- dio un leve respingo.

-Sí, soy yo… Menos mal, porque con tu nivel de introspección cualquiera habría aprovechado para colarse por tu Templo…

-Lo siento, Keti- dijo, mientras ponía en la mesa el papel que había estado revisando.

Vi que se trataba de mi dibujo-imitación del Hombre de Vitruvio. Obviamente no estaba ni cerca al nivel de Da Vinci, pero las proporciones del cuerpo eran bastante precisas.

-Impresionantes dibujos, por cierto- me dijo al tiempo que me extendía una taza de Masala Chai.

-¿No crees que Milo exagera? No creo que sirvan de mucho, seguro hay mejores dibujantes y anatomistas en el Santuario.

-No, no exagera, Ket. Tienes un don y vamos a aprovecharlo. Yo te daré las bases técnicas de la teoría y juntos crearemos el primer manual de Anatomía del Cosmos.

¿Era en serio? Yo sólo me había estado divirtiendo dibujando las formas que trazaban las estrellas. No esperaba a que escalara tanto para hacer un libro con ello, era ridículo. Yo no sabía nada. Aquelos dibujos eran el resultado de un pasatiempo nada más, mi pequeño tiempo personal para descansar, mirar las estrellas y comer galletas.

-Bueno, la única técnica que se basa esencialmente en los Puntos Estelares es la Aguja Escarlata, así que no tendrás problema en acceder a esa información, linda.

Recordé que tenía un pedido pendiente para Milo desde que había llegado de mi misión trayendo a Yakov. Lo había olvidado por completo. Era una conversación para luego, yo me estaba muriendo de sueño y Mu lo notaba.

-Keti, ve a descansar. Mañana tienes entrenamiento. Nos veremos pasado mañana en la noche aquí mismo. Ve y duerme un poco- me dijo con pesar en su voz.

Me tallé los ojos con la mano y ahogué un bostezo. Me hubiera quedado fácilmente dormida en la fina mesa tibetana de Mu si no me hubiera hablado en ese momento. Me despedí de él y salí como una sonámbula escaleras, infinitas escaleras, arriba. Me quité las botas y me tiré en la cama junto a Milo, abrazando la almohada de inmediato. Mañana me molería en un entrenamiento como nunca.

A pesar de las pocas horas de sueño sí había descansado, así que me levanté con relativamente renovadas energías. Me atavié con los protectores y vendas y me fui a preparar el desayuno mientras Milo se levantaba. No tardó mucho en aparecer también con vendas en sus brazos, lo que significaba que el entrenamiento de hoy sería de fuerza física. Maldije mentalmente y serví los platos.

-¿Cómo te fue ayer con Mu? Llegaste muy tarde- me preguntó.

-Bien… - dije sin muchos ánimos.

-¿Pasa algo? No suenas muy contenta.

-No es eso, es que… Es una tarea importante y con todo lo que hay en juego en este momento, pues… Siento que es demasiado, podría no desempeñarme de la mejor forma en, bueno, en todo.

Él paró de comer y me miró seriamente.

-Selket, si alguien tiene la energía y la determinación para lograr todo al tiempo, esa eres tú- me dijo. -Usa la misma fórmula de tu terquedad cuando no quieres hacer algo…

La sonrisa desapareció con la misma velocidad que había aparecido con el primer comentario. Luego tuve que reír, tenía razón, después de todo. Seguimos desayunando tranquilamente y luego salimos hacia el Coliseo a entrenar.

Luego de hacerme un nudo de polvo, tierra, sangre y sudor regresamos a Escorpio al final de la tarde. Estaba exhausta y magullada. Mis nudillos sangraban y tenía raspones en las piernas, codos y brazos. La cercanía del Torneo había hecho que aumentara la intensidad y rudeza de los entrenamientos y ahora lo estaba notando. Él se metió a darse una rápida ducha mientras yo terminaba de estirar todos los músculos de mi cuerpo. Ya casi lograba un split perfecto, pero no quería forzarme y arriesgarme a un desgarre u otra lesión que me dejara por fuera del Torneo. Regresamos a Escorpio y dimos por terminado el día. Cuando salió vestido con una sudadera y la camisa en la mano, entré yo al cuarto de baño. Desenredé mi cabello lentamente, quitando ramitas de éste, recuerdos de las mil y una caídas que había sufrido. Vertí algunos aceites relajantes de lavanda y bergamota en la terma y dejé que los vapores relajantes hicieran efecto. Me metí en el agua hirviendo con un ligero escalofrío. Los raspones escocían un poco, pero pronto la sensación de relajación me invadió. Mis músculos prácticamente se deshacían como fideos en el agua hirviendo. Lavé mi cabello y estregué todo mi cuerpo con cuidado hasta que mi piel se sintió suave y lisa. Dejé que mis pensamientos divagaran un rato hasta que recordé que había una historia que quería oír desde la noche anterior. Lo llamé desde allí y esperé a que apareciera, aunque se demoró un rato.

Estaba con los ojos cerrados tapada por un relajante baño de burbujas cuando Milo me respondió desde el otro lado de la puerta. Me había sacado de mi estado de latencia, en el que si me hubiera dormido completamente, probablemente me hubiera ahogado sin darme cuenta siquiera. Gracias a todos los dioses por el agua caliente y las sales de baño. Aquel era el único lujo que me podía permitir y pensaba disfrutarlo al máximo, después de todo era mi único momento libre del día. Le indiqué que pasara.

-¿Así inviertes tu tiempo libre?- se burló.

-Si supieras cómo se siente, no te darías duchas rápidas ni estarías con esa cara de mal humor- dije mientras me levantaba lo suficiente para alcanzar algo del mueble.

Tomé una toalla y me envolví el cabello, todavía metida en la tina. Él se sentó en el borde del muro relajadamente.

-Relátame toda tu batalla con Cygnus. Quiero saberlo todo- le pedí.

-Es una historia muy larga… Quedarás como una pasa para cuando acabe.

-Pues entonces es una suerte que tenga esto a la mano- dije pícaramente, mientras me inclinaba a tomar la botella de grappa y dos copas.

Él sonrió y tomó las copas y la botella y las sirvió.

-¿Qué quieres saber?- se acomodó mejor, ofreciéndome una copa.

-Quiero saber, con lujo de detalles, cómo fue la pelea. Creo que entender mejor la Aguja Escarlata podría ser la clave para el trabajo que estoy desarrollando con Mu- le expliqué.

Luego de hora y media, ya el agua estaba poco menos que tibia y mi piel tenía la apariencia de un dátil, así que decidí salir de la tina. Me envolví en una bata y lo conduje al cuarto. Me puse un quitón corto y nos sentamos en la cama a continuar la conversación mientras me desenredaba el cabello con una peineta.

Luego de otra hora conversando, ya todo estaba bastante claro, excepto algunos puntos.

-Entonces, ¿casi lo matas sólo por "saber qué tan lejos llegaría y cómo te enfrentaría"? Casi lo matas- le dije, mirándolo acusadoramente, pero con algo de sorna.

-¿Vas a cuestionar todo lo que te cuente?- me reclamó.

-Sólo digo que a veces ustedes los Dorados tienen unas ideas y métodos muy raros…- le dije, mientras me levantaba. -Vamos, prepararé algo de cenar.

-Finalmente…- exclamó volteando los ojos.

-Perímene, tengo otra- le dije poniéndome seria tratando de imitar el rictus del acuariano lo mejor posible. -"No pueden matar a mi alumno si lo mato yo primero"- dije con voz grave y llevándome el índice a la sien.

Milo me miró primero con sorpresa y luego apretó los labios para intentar no reirse, pero finalmente cedió y terminamos riendo a carcajadas ambos. Amaba el humor del Escorpión, sobre todo su risa fuerte y vibrante.

-Qué graciocilla estás- me dijo, apretándome contra sí y dándome un beso en la coronilla.

-Creo que guardaré éste para cuando esté con Hyoga y Camus- respondí en tono burlón.

-Sí, suena como una excelente idea- exclamó con ironía. -¿Ya podemos ir a cenar?

[~Seline~]

Las cosas habían mejorado muchísimo desde que Selket había resuelto los problemas de perdón que necesitaba solucionar. Habíamos vuelto a andar con Lexie, Leyja se había unido al grupo luego de su larga ausencia, así que ahora estábamos las cuatro amazonas de los Dorados juntas. Ah, y nuestros entrenamientos iban de maravilla, a pesar de que las Marinas y la Diosa Guerrera estábamos en una especie de limbo respecto a nuestras pruebas. La única de nosotras que participaría realmente era Selket, junto a Raido y Hokan. El resto seríamos meros espectadores. Quizás debería pedirle a Afrodita que intentara comunicarse con Sorrento para acelerar las cosas con las Marinas, pero esa idea la descarté de inmediato. Tendríamos que vivir con aquella incertidumbre sabrían los dioses olímpicos hasta cuando. Esta noche habíamos ido a Rodorio por una noche de chicas con sangría. Nuestros maestros nos habían permitido, por fin, una noche libre.

-Ok, chicas,quiero todos los detalles sobre… todo. Ha pasado mucho tiempo desde que estábamos las cuatro juntas bebiendo- dije brindando.

-Bueno, hay algo que Lexie ni Leyja no saben aún: llevo un tiempo saliendo con Aioria de Leo.

-¿Esa es la gran noticia?- me miró Lexie con desdén.

-¿No estás sorprendida?- no sabía que ella sabía, aparentemente.

-Linda, yo he estado con Kanon casi desde que llegué… Aunque, claro, ya nos conocíamos desde mucho antes. No veo cuál es el tremendo alboroto, Selket lleva saliendo unos meses con Milo- dijo totalmente relajada.

Miré a Selket con los ojos desorbitados y la encontré lívida y con la boca ahogando un grito.

-¡Lexie!- gritó Selket, casi atragantándose con su bebida.

-¿MILO?- grité, sin darme cuenta. Me aclaré la garganta y moderé mi tono de voz para disimular la sorpresa. -¿Mi hermano y tú? ¿De verdad?

-No… Sí… Ay, no lo sé- titubeó.

-¿Cuándo pensaban decírmelo?- le recriminé.

-¿Cuándo pensabas decirnos que estabas con Aioria? Yo tuve que sorprenderme en la Casa de Leo una mañana…- me reclamó, aunque tenía razón.

-Touché. Pero… ¿Milo y tú? ¿En serio? Yo pensaba que sólo eran ideas mías. Ustedes actúan bastante normal- dije al tiempo que recordaba aquella vez que la adivina me dijo la fortuna y los miró a ambos al fondo, mientras me esperaban.

-Sólo… no lo sé.

-¿Como que no lo sabes…?

-Sólo no lo sé y ya, ¿acaso tu tienes todo descifrado con Aioria?- me dijo con algo de desespero en su voz.

No sé por qué se había molestado con la pregunta, pero ahora yo me había enfadado un poco también. Si bien pasaba buenos ratos con Aioria, siempre tenía en mente que yo era una Marina y que esto, tarde o temprano, se acabaría quisiéramos o no. Yo jugaba a tener una relación imposible y con cada día que pasara sería más difícil para ambos. Era algo en lo que pensaba cada vez que lo abrazaba.

Traté de despejar mi mente de aquellos pensamientos y pedí una gran jarra de sangría. No tenía todas las respuestas, pero al menos habría grandes cantidades de alcohol de por medio. Seguimos bebiendo y charlando amenamente en aquel bar de Rodorio. Las cuatro, solas como antes. Hablamos del Santuario, los aprendices, los Saints, nuestros maestros, lo que pensábamos de todos ellos… en fin, era una charla de chicas en toda la regla.

-Leyja- intervino Lexie. -Estás muy callada. Vamos, cuéntanos algo. Todas hemos notado cómo el pequeño aprendiz de León se babea por ti…

Leyja enrojeció como un tomate de inmediato. La pobre no sabía dónde esconderse, no la culpaba, era su personalidad tímida y retraída.

-Ummm… no. Raido y yo… sólo somos amigos- respondió con un hilo de voz.

-Sí, por ahora…- respondió con una carcajada Selket.

Poco o nada había tomado, así que su sobriedad era un problema para nuestro propósito. Habría que relajar a Leyja un poco más. Sin embargo, Selket tendría un tema más interesante que discutir.

-Ok, yo tengo una pregunta- dijo la escorpiana terminando de dar un gran sorbo a la sangría que tenía en su mano. -¿Qué toman ustedes para no… ya saben...?

-¿La vestal de Escorpio no te ha dado nada?- preguntó Lexie extrañada.

-Pues sí, ¿qué con eso? Es como que lo supiera todo…

-Las vestales lo saben todo, querida. Si quieres averiguar algo del Santuario o sus Saints, las vestales pueden ser tus mejores aliadas- eso bien lo sabía yo.

-También pueden joderte, si les da la gana…- exclamó Lexie con desgano.

-Woah, esperen. Seline, ¿qué te dio la vestal de Piscis?- preguntó Selket.

-Oh, pues, Olga me dio un té de-

-¿Silphium? Esa mierda es horrible- exclamó asqueada, interrumpiéndome.

Reí ante la imagen del té y el asco que le producía a Selket el solo pensar en él. Yo preparaba mis propios contraceptivos siguiendo los libros y los consejos de Afrodita. Sí, consejo. Sí, de Afrodita. Él era el maestro herbolario del Santuario, era obvio que conociera todas las preparaciones para que el lugar no se convirtiera en una jaula de hamsters. Además, no juzgaba.

[~]

Entraron a la Calzada teniendo mucho cuidado de no hacer ruido, ya que si despertaban a algún Santo Dorado en mitad de la noche estado borrachas, no oirían el fin de la historia jamás. Pasaron sin problemas por Aries y Tauro. Entraron a Géminis y afortunadamente Kanon no había activado el laberinto, así que Seline, Leyja y Selket pudieron pasar sin problemas. Siguieron por Cáncer, Leo y Libra sin detenerse y se encontraron con Milo, quien sí estaba despierto. Seline no se aguantó y por fin le dijo a Selket cómo se sentía, deteniéndose en medio de las escalera de Libra.

-No puedo creer que le contaras a Lexie primero que a mí- se quejó.

-¿De qué carajos estás hablando?- respondió Selket, desconcertada.

-De Milo… y tú.

-No sé cómo lo supo, la verdad. Nadie lo sabe…

-Linda historia...

Las chicas entraron haciendo un ligero alboroto, ya que Seline seguía molestando a Selket con su nuevo secreto. Milo salió del salón al pasillo y las encontró apoyadas en una columna riendo y empujándose. Se habían pasado bastante con la sangría, pero podían caminar sin trastabillar. Seline se despidió, luego de intercambiar incómodas miradas con su hermano y se dirigió a Piscis con Leyja. Una vez estuvieron fuera de la vista del Escorpión, éste increpó a su aprendiza.

-Selket, ¿por qué Seline me está mirando y haciendo caras?- le preguntó Milo, arqueando una ceja.

-No tengo idea- fingió ella.

-Estás decayendo, Selket… Te lo dije- le espetó Camus, pasando por el lado de ella. El acuariano se encontraba bebiendo con Milo en el Octavo Templo -Ahora ni siquiera puedes mentir bien.

Iba a responderle, pero estaba bastante ocupada tratando de mantenerse en pie sin marearse y pensando en cuál era la verdadera reacción de Milo al darse cuenta que su hermana ya sabía que andaba con su aprendiza. Milo miraba a Selket, quien se encontraba algo desorientada, pero no estaba seguro que se tratara del alcohol que invadía su sangre.

-¿Te ocurre algo?- le preguntó a ella.

-¿A mí? Nada.

-Algo te molesta, tu cara es demasiado expresiva y estás borracha- le dijo.

-Al menos yo expreso algo…

-¿Qué? ¿A qué te refieres?

-Por favor, todo el Santuario se ha dado cuenta. La tensión entre ustedes es visible a kilómetros- exclamó Camus con sorna, saliendo detrás de una columna de Escorpio con sigilo por la espalda de Selket, haciéndola dar un respingo.

-Ella sabe- le dijo Selket a Milo.

-Ella… ¿Seline?- preguntó éste algo confundido.

-Y las chicas… Leyja y Lexie también.

-Ok…- respondió sin más.

-¿No estás molesto? Sé que quieres ocultarlo y yo-

-Yo no lo estoy ocultando, ya oíste a Camus. Todos en cierta forma lo saben, pero si quieres que alguien en específico lo sepa, sólo dime quién es- le dijo con una dulce voz cargada de provocación al tiempo que la tomaba por la cintura y la abrazaba.

Selket enrojeció de inmediato y pataleó sin poderse zafar de los brazos del Escorpión Dorado.

Camus subía a su Templo cuando se encontró en el camino a Leyja y Seline, quien se había detenido en la salida de Capricornio, casi frente a Acuario.

-¿No piensan pasar?- les espetó en cuanto las tuvo al lado.

Seline suspiró y lo miró un segundo.

-Sí, en un momento- le dijo, ya sin mirarlo.

Intentó dar otro paso, pero sentía que el mundo se le venía encima. Estaba realmente mareada. Lo suficiente para hacerla trastabillar, pero no vomitar. Mentalmente agradecía eso, pues lo último que quería era devolver la sangría en la Calzada Zodiacal. Leyja permanecía junto a ella en silencio.

-¿Necesitas ayuda? No te ves muy bien- le dijo con suficiencia.

-Sólo necesito aire fresco unos minutos y estaré bien- mintió.

-Leyja, adelántate- le dijo a su aprendiza, quien obedeció de inmediato, dejándolos solos.

Él se acercó a ayudarla y ella se dejó apoyar en su brazo, renuente al principio. Comenzó a subir, pero seguía desequilibrada, por lo que Camus optó por cargarla. Ella se quedó paralizada y respirando muy fuerte. Su corazón comenzó a palpitar a toda velocidad en cuanto se sintió tan cerca del Santo de Acuario. Éste no le dio aparente importancia y después de una intensa mirada que pareció durar una eternidad, subieron por Capricornio y Acuario hasta llegar a Piscis. La depositó con suavidad en la cama y la miró con detenimiento hasta que se oyó el carraspeo de una garganta en la puerta: Afrodita estaba en el marco mirando con interés. Camus con el mayor de los aplomos, se levantó sin decir palabra y se retiró en silencio.

-Creí que estabas saliendo con Aioria- le espetó con burla el pisciano a la chica.

Ella enrojeció violentamente, pero era difícil notarlo por la oscuridad de la habitación, así que sus mejillas sonrosadas no la delataron.

-Camus… Él estaba en Escorpio y me ayudó a llegar aquí, maestro- se justificó.

-Claro- le espetó sin creerle una palabra. -Será mejor que tomes algo de agua y te duermas pronto, mañana entrenaremos temprano.

Salió de la habitación de ella y su cuarto quedó en el más profundo silencio. Ella exhaló pesadamente y se recostó en la cama fría. Inhaló profundamente, recordando el aroma del Santo de Acuario: una mezcla de especias y un toque cítrico. Sonrió para sí misma y cerró los ojos, ignorando aquella extraña sensación en el estómago.

[~]

Tusbih ealaa khayr: buenas noches en árabe.

Sakar: azúcar en árabe. Término cariñoso para referirse a alguien como "sweety"

Perímene: "espera" en griego