Fijó nuevamente sus ojos en el techo oscuro de su habitación. Su reloj marcaba las dos cuarenta y seis de la noche y a pesar de notarse muy agotado no lograba conciliar el sueño. Por su mente pasaban una inmensidad de cosas que no lograba ordenarlas en una lista para saber el número exacto de ellas. Giró en su suave cama encontrándose con Puma Tiger Scorpion durmiendo en su almohada como sí no hubiera mañana, lo envidió tanto por dormir tan relajado que nuevamente tuvo el fuerte deseo de ser un gato. Envidiaba su vida tan tranquila libre de problemas. Después de observar por largos minutos a su amado minino que era ignorante de sus inquietudes, se volvió a girar haciendo sonar sus sabanas sobre el colchón interrumpiendo el silencio de la noche. Respiró profundamente mirando la pared y luego botó el aire cerrando los ojos. Quería dormir ya que su cuerpo estaba consumido, sin embargo su mente no se lo permitía, en esos momentos era como si su cabeza y su cuerpo se tratarán de dos personas distintas con deseos muy disparejos y eso lo frustraba.
—Ah… —soltó en un suspiro. No pudiendo conciliar el sueño se sentó en la cama y miró por la ventana que tenía las cortinas abiertas. La noche estaba tan oscura que la sintió ahogada. Tan silenciosa como un mar muerto. En esta oportunidad tembló por unos segundos al apreciar el exterior.
Se volvió a acostar para sacarse esa sensación del cuerpo y tornó a mirar su techo sin ningún desperfecto. Todo estaba tan oscuro que no podía evitar escuchar sus pensamientos que ya lo tenían sofocado, por eso tomó el móvil de su mesita de noche y después de desenredar sus audífonos los conectó para escuchar algo de música relajante que lo ayudara a ir con el dios del sueño. Su reproducir de forma aleatoria colocó Starlight de Muse. Subiendo el volumen hasta cierto nivel moderado aunque pasando de lo recomendado para sus oídos, se puso a tararear tratando de olvidar todo, no obstante al acompañar la letra todas sus dudas aumentaban en vez de disminuir que tuvo que quitarse los audífonos para volver a escuchar la oscuridad.
Nada le estaba funcionando.
Miró la hora para sorprenderse al ver que eran las tres treinta y seis de la madrugada, no sabía cómo, pero el tiempo que le parecía demasiado lento había corrido tan rápido como un corcel al cual nadie le tenía fe ganando la carrera. Apagó el aparato y lo dejó a un lado. Ya rendido permitió que todos sus pensamientos pasaran la línea de la negación y de apoco los fue analizando aunque no quisiera.
Estaba el descubrimiento sobre Yuuri y el profesor de física. Eso, aunque lo había tomado con cierta madurez, aún no terminaba por tragárselo. Todo había sido tan, pero tan repentino que aunque viera a cada segundo la imagen de ellos dos juntos en ese salón, no se lo creía. ¿Al estúpido de Yuuri le gustaba el idiota de Nikiforov? Y no solo era eso, se le había confesado pero había sido rechazado. Recordó la cara triste de su compañero y después el enfrentamiento que tuvo con su profesor; sinceramente aún seguía sorprendido por la actitud que tomó contra el maestro para defender a Yuuri, pero no se arrepentía, a pesar de que jamás iba a admitir que Katsuki se había vuelto alguien importante para él y que lo seguía tratando de forma pesada, él no iba a dejar que nadie más lo pasará a llevar. Después de todo ya era su amigo.
—Y es gay… —murmuró sin pestañear. Aquella noticia no pudo analizarla mucho ya que con todo lo del profesor y demás cosas no le dio tiempo de pensar, pero ahora en el silencio de su habitación se daba cuenta lo que en verdad pasaba—. Ah… —se giró para ver a Potya con las patitas alzadas al cielo.
¿Qué le estaba pasando al mundo? ¿Acaso quería que toda la gente gay se le acercara? El no discriminaba a nadie, pero realmente le parecía extraño ya haber conocido a tres personas cercanas que lo eran. Leo, Guang y Katsuki… ¿Quién iba a ser el siguiente? Ya no quería ni pensarlo.
Terminando aquel tema entre sus pensamientos, se mordió el labio y pasó a otro. A un tema del cual no quería pensar sin embargo no podía evitar: Mila y Otabek. ¿Era verdad que esa bruja estaba interesada románticamente en Otabek?, ¿por qué se lo había confesado a él tan repentinamente? No le gustaba admitirlo pero la tan sola idea de que ellos dos estuvieran juntos le molestaba en demasía. Además Otabek le había dicho que Mila era como su tipo de chica… ¿A Otabek le gustaba Mila? Con solo pensar en esa posibilidad sentía que su garganta se apretaba.
Se sentó en la cama ya aburrido de todo. Todo lo ocurrido lo había dejado tan mal y lo peor de todo es que sentía que no podía reclamar absolutamente nada. Realmente no tenía derecho alguno. Otabek era su mejor amigo y nada más que eso, era alguien extraordinario que merecía la felicidad, él debía desearle lo mejor. Mila era una compañera algo molesta pero divertida, se notaba a leguas que era una buena chica a pesar de la maldita y odiosa personalidad que tenía. Por donde mirara no había ningún motivo para que ellos dos no estuvieran juntos, de hecho hasta harían una pareja perfecta. Y él… Él saldría con Yuko y estaba muy encantado con ese hecho, Yuko de verdad le gustaba que había estado esperando ansiosamente la llegada de su junta por varios días. Pensando todo eso, ordenando todas las cosas sobre la mesa se daba cuenta que no podía reclamar nada. Todo estaba marchando bien y él debería estar muy contento por todo, pero a pesar de que se repetía eso muchas veces en la mente, no podía evitar el gran vacío que se alojaba en su pecho.
Solo con pensar en Otabek junto a Mila la angustia se apoderaba de su cuerpo.
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—Estás muy pensativo, ¿hay algo de lo que quieras hablar? —Nikolai se sentó a su lado y le ofreció la mermelada. Ya era de mañana. Yuri después de haber dormido muy poco se levantó sin muchas energías para desayunar junto a su abuelo.
Negó con la cabeza, no le gustaba admitirlo pero no creía que su abuelo lo pudiera entender... De hecho ni él mismo se comprendía y por eso se sentía muy frustrado. Los pensamientos de la noche seguían taladrando su cabeza que ya deseaba cortársela.
—No es nada, abuelito, solo tengo algo de sueño. Anoche por alguna razón no logre dormir muy bien… —murmuró tomando la mermelada que le encantaba.
—Hum —el mayor lo miró de manera fija, Yuri se sintió algo intimidado, su abuelo lo conocía como si fuera la palma de su mano que pensó que era inútil mentirle—. Si no lograste dormir anoche, eso significa que algo te está molestando más de lo debido.
Bajó su mirada a su taza caliente, ¿Qué debía decir? Su abuelo no se quedaría tranquilo hasta saber.
—Bueno… —no teniendo fuerzas para fingir seguridad solamente habló—. Hay algo… un poco tonto la verdad… —no pudo seguir, sintió la vergüenza subir a su cabeza.
—¿Qué pasa Yuratchka? Cuéntame lo que pasa, este viejo tiene la suficiente experiencia para poder ayudar a su nieto —alentó Nikolai forjando una sonrisa convincente.
Apretó sus manos en puños y mantuvo la respiración por unos cortos segundos.
—Es por Otabek… —habló sintiendo la garganta apretada. Miró fugazmente a su abuelo tras su flequillo y prosiguió al ver que lo estaba escuchando atentamente—. Hum… es posible que… huh…es posible que empiece una relación con una mujer muy pronto —terminó notando como sus palabras ardían.
Nikolai se quedó unos segundos en silencio llenando de esa forma a Yuri de más vergüenza, pero a los segundos sonrió y le dio unas palmaditas en su espalda sorprendiéndolo.
—Yuratchka, estás celoso —dijo con felicidad su abuelo que Yuri tuvo que elevar su mirada para ver si de verdad estaba riendo.
—¿Eh? Pe… —no logró terminar ya que la vergüenza lo comenzó a acuchillar rápidamente—. ¿A-Abuelo?
—Ah, no pongas esa cara, Yuratchka, estos celos son normales —Nikolai alejó la mano de su espalda y luego suspiró para volver a hablar—. Estas preocupado de que Otabek le ponga más atención a su futura pareja que a ti. Es normal que te preocupes de eso, después de todo es tu buen amigo y hasta ahora solo han estado los dos, pero debes saber que las cosas cambian con el tiempo y depende de ti si te adaptas o no.
Apretó sus labios escuchando al mayor con el corazón en la garganta.
—Es normal que Otabek esté a punto de estar en una relación, después de todo es un chico maravilloso, sí él se encuentra bien con eso tú debes apoyarlo en todo ya que para eso están los amigos, ¿verdad? —su abuelo lo observó felizmente y Yuri aguantándose el dolor de la palabra amigos, asintió dándole la razón a Nikolai.
Otabek lo estaba apoyando a él con su relación con Yuko… él debía hacer lo mismo ya que eran buenos amigos.
—Sí…
—Asimismo que no se te olvide que tú también saldrás con una chica muy pronto, deben apoyarse los dos —agregó su abuelo centrándose nuevamente en el desayuno.
Yuri sin pronunciar más de aquel tema imitó al mayor y comió pensando que solamente había estado siendo un egoísta todo este tiempo.
Otabek también tenía derecho a estar con alguien.
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Después del rico desayuno, Yuri subió a su habitación para comenzar a arreglarse para ya salir de la casa. Debía juntarse con Yuko en una hora en la estación de metro más próxima para los dos; irían a un zoológico con acuario que eligieron los dos navegando por varias páginas por internet. A Yuri no le gustaban en gran medida los zoológicos ya que encontraba que los animales sufrían en el lugar, pero al ver que en el sitio elegido eran muy dedicados a sus animales que eran rescatados en malas condiciones por culpa del hombre se convenció a ir sin dudar. Miró su ropa por unos minutos sin decidirse, quería verse varonil con lo que llevara, como un chico confiable y protector. Después de analizar posibles combinaciones se decidió por banquero negro, una playera completamente blanca y una chaqueta negra con capucha. Se vio al espejo y se colocó un gorro negro quedando conforme con el resultado. No había necesidad de abrigarse más, el clima estaba agradable que se sentía liberado de no tener que colgarse más abrigos.
Colocándose sus zapatillas blancas y tomando todas sus cosas bajó las escaleras teniendo a Potya a su siga. Una vez abajo fue al salón para encontrarse con su abuelo quien veía su programa favorito de televisión.
—¿Ya te vas? —preguntó Nikolai dejando de ver la pantalla.
—Sí —dijo el ruso menor colgándose la mochila en los hombros.
—¿Tienes dinero?
—Sí, abuelito, no te preocupes —respondió Yuri recordando sus ahorros en su billetera. No quería que su abuelo le diera más dinero, sabía que con su pensión hacia lo posible para darle una buena vida.
—Bien, entonces mucha suerte y que te vaya bien en tu cita.
—No es una cita… ya te dije que es solo una salida para conocernos mejor… —murmuró avergonzado.
—Sí, sí, como digas. Cuídate mucho, Yuratchka.
Yuri le dio un abrazo a su abuelo y le dio un besito a Potya que estaba pendiente de todos sus movimientos, al parecer sabía que iba a salir y por eso se veía un poco malhumorado.
Al salir de casa se colocó los audífonos y se fue hasta la estación escuchando a Slayer. Puso el volumen a tope y caminó relajado mirando muy bien todo a su alrededor. Cuando llegó al lugar acordado miró su móvil encontrándose con un mensaje de Yuko que le decía que llegaría muy pronto, Yuri no tuvo problemas en esperar, después de todo él había llegado unos minutos antes por la emoción. Navegó unos instantes en internet viendo todo lo que le interesaba, páginas de sus grupos favoritos, algunas noticias de videojuegos hasta llegar al perfil de Otabek. Su amigo no estaba conectado, lo más seguro es que estuviera durmiendo por su trabajo. Miró las escasas publicaciones del moreno, Otabek era como él, no era muy amigo de las redes sociales. Pasó a algunas fotografías y sonrió al ver al kazajo. Tenía buenas fotografías y en ninguna salía mal, aunque eran muy pocas las que se había sacado él por si mismo, la mayoría se la habían sacado otras personas. Quedándose sin contenido se metió al perfil de Leo y ahí vio fotos de él y su novio, con los chicos del club y con Otabek, en ese instante Yuri se dio cuenta que no se había sacado ninguna foto con Otabek.
—Yuri —la suave voz de Yuko llegó hasta él y de inmediato subió la mirada para encontrarse con los hermosos ojos marrones de ella—, perdón por la tardanza.
Guardando el móvil en su bolsillo del pantalón Yuri se enderezó y se paró frente a ella comenzando a ponerse nervioso. No era lo mismo conversar por chat a estar en persona.
—No hay problema, yo llegue hace poco —dijo él tratando de evitar que sus ojos recorrieran el cuerpo de la muchacha. Yuko vestía un lindo vestido celeste y sus piernas eran decoradas con unas medias trasparentes. El tacón que usaba la hacía ver más alta, aun así Yuri seguía dominando en ese sentido—. Hum… estás muy linda —dijo con algo de dificultad sintiendo como sus mejillas se sonrojaban.
Yuko no quedó atrás, ella igual se sonrojó agradeciendo de forma dulce. Yuri recordaba que ella era bonita, pero hoy especialmente se veía mucho más linda que la primera vez que se vieron.
Hablando un poco más se subieron al tren que los llevaría al lugar donde pasarían la mayor parte del día. Se sentaron uno al lado del otro y de forma mágica comenzaron a conversar como si se conocieran de toda la vida. Aquel hecho lo sorprendió ya que antes de verla estuvo preocupado sobre la conversación, como él era alguien malo con las palabras temía quedarse callado y no saber de qué hablar, pero para su sorpresa y suerte, con Yuko sentía que todo lo que decía estaba bien. Ella lo escuchaba, se reía y le contaba cosas que alargaban la plática. Era una chica realmente interesante y sorprendente.
Llegaron a su estación destinada después de media hora y se bajaron ya sintiendo las mejillas acalambradas de tanto reír. Yuri al ver a Yuko tan cómoda junto a él se sintió muy bien por lo que todos sus nervios se fueron dejando solo la confianza en él. Después de caminar unos minutos llegaron al Zoológico de Leningrado. Hicieron lo pertinente para ingresar y una vez adentro Yuri soltó una exclamación pequeña de sorpresa. El recinto era enorme.
—¿Qué te gustaría ver primero? —preguntó Yuko a su lado mientras veía el mapa del lugar que le habían entregado al ingresar.
Miró para todos lados sin decidirse, no sabía por dónde empezar, pero la duda le duró poco ya que de inmediato, teniendo fuertes ganas de verlos se giró a Yuko para decirle su decisión.
—¡A por los felinos! Vamos —Yuri la tomó del brazo para caminar a su derecha, pero de inmediato Yuko lo detuvo.
—Yuri, los felinos están para el otro lado, mira —le indicó el mapa con una sonrisa por lo que Yuri asintió cambiando de dirección.
Antes de ver a los grandes felinos fueron viendo todo lo que se cruzaba por su camino. Babuinos, los pájaros exóticos, elefantes, osos polares y algunos grandes reptiles hasta llegar a su objetivo. Yuri cuando vio al tigre blanco tras el gran y fuerte vidrio sus ojos brillaron y no evitó acercarse rápidamente al animal.
—¡Waaah! —exclamó encantado por tanta belleza. El tigre se paseaba tranquilamente por el lugar que imitaba perfectamente su habitad—. Quiero abrazarlo.
—De verdad te gustan los felinos —Yuko se ganó a su lado asombrada por tan majestuoso animal—. Tu cara es de absoluta felicidad.
—¡Son hermosos!
—Sí, lo son —afirmó ella sonriendo encantada al ver al ruso tan feliz.
Después de varios minutos en que Yuri admirara todos los felinos del lugar, siguieron recorriendo el zoológico comentando de muchas cosas. Cuando llegaron a los osos pardos Yuri pensó que quizás el animal favorito de Otabek era un oso, pero ante ese pensar se rió ya que no sabía por qué había llegado eso a su mente. A la hora del almuerzo fueron a un sector para almorzar y Yuri quedó anonadado al ver la rica comida que había preparado Yuko. Todo tenía estilo japonés, se veía muy sano pero exquisito. Almorzaron para después seguir con su trayecto llegando a ver a los peces.
—Ah… —Yuri pegó su rostro con sus manos en el vidrio para ver mejor a los peces que pasaban a centímetros de él nadando sin preocupación alguna.
—¿También te gustan los peces? —preguntó ella.
—Comerlos sobre todo —respondió Yuri sin filtrar sus palabras y eso ocasionó una pequeña carcajada en Yuko.
El día para ellos se hizo muy corto, cuando quisieron darse cuenta de la hora vieron que ya era de noche y Yuko debía volver a su casa. Yuri percatándose de que era más tarde de lo que pensaba la fue a dejar a casa para asegurarse de que no le pasara nada.
—La he pasado muy bien contigo, Yuri, fue un día increíble —le dijo Yuko cuando ya estaban en la entrada de la familia Katsuki.
—Yo también, me alegro de que saliéramos —contestó Yuri con las manos en los bolsillos. Estaba siendo sincero, el día con ella había sido muy bueno y entretenido.
—Eh, ¿No quieres pasar? —preguntó ella algo sonrojada—. La tía Hiroko debe tener una rica cena, no hemos comido desde el almuerzo, además Yuuri se alegrará de verte.
Alegre por la invitación pero teniendo en cuenta que ya era tarde, se negó.
—Mi abuelo también debe estar con la cena.
—Bueno, entonces —ambos se quedaron viendo por unos segundos, Yuri se sintió algo tenso, ¿Qué debía hacer ahora? Con sus antiguas parejas se habían besado a la primera cita ya que ellas lo hacían, pero esta vez al ver la inocencia de ella y su timidez no supo que hacer. ¿Debería besarla…? Se preguntó, pero llegó a la conclusión de que no era el momento.
—Nos vemos —dijo Yuri algo sonrojado. Él quería que las cosas con ella marcharan muy bien, no había apuro alguno.
—Nos vemos otro, día. Gracias por esto, Yuri.
—Por supuesto, adiós —Yuri comenzó a caminar mientras Yuko lo despedía con una pequeña reverencia. Al ver eso volvió a pensar que los japoneses eran personas muy extrañas aun así le gustó aquel gesto de ella.
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Al llegar a casa después de haber tomado un autobús, abrió la puerta de entrada y se encontró de inmediato con Potya esperándolo. Feliz por eso lo tomó de inmediato y le dio dos besitos en la cabeza para después empezar a recorrer la casa en busca de su abuelo. Cuando lo encontró en el salón se sentó a su lado y dejó la mochila en el suelo para acomodarse mejor.
—Debes tener hambre, ¿verdad? —preguntó el mayor sacando sus ojos del libro que leía.
—Mucha —contestó Yuri acariciando a Potya el cual le ronroneaba y lo miraba directo a los ojos.
—Bien, entonces vamos a comer y me cuentas que tal estuvo tu día.
Se levantaron del sofá charlando animadamente, Yuri le contó todo sobre los animales y le mostró las fotografías que sacó. Después de comer y de limpiar los platos subió hasta su habitación para descansar junto a Puma Tiger Scorpion y se tiró en la cama dejando descansar todo su cuerpo, se sentía agotado pero feliz, el día había sido satisfactorio que todas sus dudas se habían ido. Ahora estaba seguro de lo que sentía por Yuko y realmente estaba alegre por eso. El querer a una chica lo aliviaba demasiado.
Cerró sus ojos adorando el ronroneó de Potya, sin embargo a los segundos tuvo que abrir los ojos ya que su móvil había comenzado a vibrar notificándole un nuevo mensaje. Lo sacó de su pantalón y vio el emisor del mensaje. Se sorprendió al ver que era Leo y de forma inmediata lo abrió para ver que deseaba, sin embargo no vio ninguna palabra escrita, solamente una fotografía de hace un tiempo relució en su pantalla.
—Esto… —se sentó en la cama para ver mejor la fotografía y se sonrojó de inmediato al recordar aquel momento. En la imagen salía él y Otabek muy juntos en el club de boxeo. Yuri recordó que fue aquella vez donde el kazajo lo ayudaba a levantarse pues él había quedado molido en el suelo por el entrenamiento. Esa vez Leo los había llamado un segundo para que lo miraran y al parecer en ese segundo había sacado la fotografía que nunca había llegado a ver—… Este tipo… —murmuró muriendo de la vergüenza al verse tan tímido en la imagen y a Otabek tan protector.
Iba a responderle a Leo después de admirar por minutos la foto, pero antes de poder escribir, otro mensaje de Leo llegó y esta vez sí eran palabras.
«Creo que esta fotografía fue de tu primer entrenamiento, perdón por haberla sacado pero es que había que retratar el momento. Te la envió ya que mi memoria del móvil está muy llena y estoy borrando cosas, cuídala. Nos vemos el lunes.»
Apretando el móvil entre sus manos, Yuri volvió a ver la foto y terminó por echarse para atrás. No podía creerlo, realmente no podía creerlo… con solo una fotografía sus dudas y sentimientos se habían vuelto a revolver en su interior. ¿Qué era lo que Otabek provocaba en él directa e indirectamente? Ahora por culpa de Leo no podía sacarse al kazajo de la cabeza.
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La siguiente semana llegó rápidamente, Yuri estuvo de lo más normal con Katsuki en la escuela aunque a veces se molestaba cuando su compañero se veía deprimido por culpa de Nikiforov, pero sabiendo que debía ser difícil para él solo lo dejó ser cambiándole de tema o tratando de encontrar algo para despejarlo.
Los días en el club de boxeo fueron normales, el entrenamiento con Otabek cada vez iba más duro pero Yuri ya sentía que su cuerpo se estaba acostumbrando a los duros y agotadores ejercicios. La relación con Otabek y con los demás era la acostumbrada y por eso se sentía relajado, pero había algo que había visto un par de veces y que no le agradaba para nada y eso era: Ver a Otabek junto a Mila. No le importaba si eran solo segundos, un saludo o una conversación larga entre ellos, Yuri no soportaba verlos juntos después de aquella confesión que le hizo Mila.
¿Qué estaba planeando esa bruja? ¿De verdad quería a Otabek para ella? A parecer así era ya que no perdía oportunidad para acercarse al kazajo llamando su atención o pidiendo su ayuda interrumpiendo su entrenamiento. Varias veces la había regañado por entorpecer sus momentos con Otabek, pero ella parecía muy indiferente ante sus regaños que muchas veces lo sacaba de sus casillas. El día viernes de esa semana no fue la excepción, en el momento de entrenar Mila se unió a ellos y Yuri tuvo que aguantarse su presencia ya que Otabek le dijo a ella que estaba bien y ante esas palabras que parecieron heladas para él, tuvo que callar.
—Ah… Otabek, ¿cómo aguantas tanto? Siento mi cuerpo destrozado —dijo ella al final del calentamiento. Yuri viendo lo rendida que estaba la mujer bufó a su lado, pero de inmediato cambio su expresión ya que Mila se le tiró encima y lo abrazó—. Yuuuuuri, estoy agotadísima —soltó con tono cansino.
—¡Hah!, ¿y a mi qué? ¡Quítate de encima, maldita bruja! —escupió Yuri sintiéndose ahogado por ella y sus molestos brazos alrededor de su cuerpo.
—Empecemos el entrenamiento ahora —dijo Otabek frente a ellos mirando el lugar en busca de algunos implementos. Yuri le iba a responder afirmativamente pero la voz de Mila lo interrumpió.
—Ahhh, Beka, descansemos un segundo, me muero… —se lamentó Mila abrazando más a Yuri, pero poco más pudo estar en esa posición ya que el rubio con esas simples palabras perdió toda la poca calma que le quedaba.
—¡¿A quién mierda le dices Beka?! —rugió Yuri teniendo una vena palpitante en su frente.
—Pues —Mila se estabilizó después del empujón que le dio Yuri y miró de forma obvia al kazajo—, a Otabek, ¿A quién más?
Hizo rechinar sus dientes enfurecido, eso sí no se lo perdonaba a nadie. No estaba dispuesto a dejar que nadie más llamará así a Otabek.
—¡No le vuelvas a decir así, maldita bruja! ¡No tienes el derecho! ¡¿Lo entendiste?! —gritó apuntándola con su dedo índice mientras aguantaba las ganas de irse contra ella.
Mila lo quedó viendo sorprendida y Otabek al parecer también pues tenía una extraña expresión en el rostro. Ante ese silencio que se había formado entre los tres Yuri sintió de forma rápida como la rabia se le iba disminuyendo y la inseguridad lo invadía, por eso giró su rostro a Otabek para un apoyo.
—¿Verdad, Beka?, ella no puede, ¿verdad?… —consultó Yuri con la voz más pequeña a su amigo. Otabek pareció trastabillar internamente pero a los segundos se recompuso asintiendo.
—Sí, solo Yura lo puede usar —confirmó el kazajo con tranquilidad. Esas palabras suavizaron por completo su corazón pesado.
La mujer los quedó viendo a ambos de forma pensativa, miraba a Otabek para después ver más detalladamente a Yuri. El ruso ante eso se quedó un poco confundido pero no dijo nada ya que vio que ella iba a adelantarse.
—Buen —Mila se miró las uñas dejando ver una actitud despreocupada—. Es normal que las parejas de enamorados se traten cariñosamente —finalizó con una leve sonrisa, pero sin apartar sus ojos de las uñas a la vez que Leo llegaba junto a ellos y se paraba entre Otabek y Yuri.
El ruso sintió su rostro enrojecer al instante. ¿Qué rayos había dicho Mila? ¿Qué él y Otabek eran pareja? Abochornado como nunca antes, abrió la boca para gritarle, pero se quedó con las palabras en la boca ya que Otabek fue quien habló esta vez.
—Estas equivocada Mila, con Yura solo somos amigos —comentó inmutable, al parecer no le había afectado nada las palabras de Mila.
Al escuchar a Otabek decir eso con tanta seriedad y despreocupación Yuri sintió un fuerte aguijonazo en su corazón. Había dicho la verdad, no podía quejarse, pero aun así le dolía demasiado que tuvo que apretar la mandíbula para no dejar salir su lamento, ¿Qué rayos le estaba pasando nuevamente? Ya debía dejar de sentir aquello.
—¡Por Dios, ustedes no lo son! —gritó Leo subiendo un poco su voz, sorprendiendo a Yuri y sacándolo de sus pensamientos pues nunca lo había escuchado gritar.
—Eh… —no supo que decir ya que no le había entendido nada a Leo, ¿por qué a veces se ponía a hablar en otro idioma? Incomprendido lo observó y no fue el único, ya que los dos restantes también dirigieron sus ojos hacia él.
—¿Qué? —preguntó Otabek elevando una ceja, Leo con esa mirada pareció relajarse.
—Ahhh, nada, Mila, ven conmigo, tengo que hablar contigo —Leo tomó a la nombrada por la mano y se la llevó sin esperar respuesta de la fémina.
—Eh… ¡Nos vemos! —dijo ella siendo llevada por Leo que parecía algo tenso.
—¿Qué le ocurre? —inquirió Yuri refiriéndose a Leo después de que se fueran, la interrupción de él había sido tan sorprendente que ya se le habían pasado todos los nervios.
—No lo sé, quizás anda en sus días —comentó Otabek de forma tan tranquila que ni pareció hablar.
—Pero… Beka, Leo es hombre… —le recordó Yuri mirándolo de forma incrédula. Otabek volviendo sus ojos otoñales a él sonrió levemente y separó sus labios para hablar.
—Ah, eso es verdad —soltó Otabek para después reír un poco y contagiarle la risa a Yuri—. Bueno, sigamos en lo nuestro. Vamos con la pera.
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En el momento de terminar Yuri se fue a cambiar a los vestuarios pensando en que debía comenzar a bañarse ya en las duchas del lugar, pues comenzaba a hacer calor y no quería que el sudor se le pegara mucho en el cuerpo. Además se estaba dando cuenta que estaba gastando mucho gas en la casa al bañarse muy seguido y su abuelo solo por buena persona no le decía nada. Decidido en eso llegó a la decisión de que la siguiente semana iba a comenzar a usar las duchas del club. Se vistió y salió encontrándose con Otabek ordenando las cosas. El kazajo le dijo que se ducharía rápido e iría a dejarlo, Yuri asintió y esta vez en vez de irse afuera se quedó viendo con la mochila en las manos a dos hombres usar el cuadrilátero, la pelea no se parecía a la de Otabek con Emil, pero no podía negar que igualmente se repartían fuertes golpes que lo hacían estremecerse. Estuvo varios minutos mirando y aprendiendo nuevos golpes, y hubiese seguido con sus ojos en el ring, no obstante al ver por el rabillo de su ojo como Otabek salía de los vestuarios ya listo y se detenía a conversar algo con Mila, su vista se desvió de inmediato de los extraños y quedó viendo fijamente a los otros dos.
Con la distancia no logró escuchar nada pero parecía una conversación animada ya que Mila sonreía como una enamorada y le tocaba el brazo a Otabek como si tuviera todo el derecho en hacerlo. Respiró profundamente tratando de espantar las desagradables sensaciones que se acumulaban en su interior, recordó las palabras de su abuelo en apoyar a Otabek si quería estar en una relación, pensó en Yuko y en cómo iba progresando todo con ella, pero nada de eso para calmarse funcionó, pues la sola imagen de Otabek junto a Mila, lo hacía llenar de cólera.
No pudiendo soportarlo más dejó sus cosas en el suelo y caminó a paso rápido y pesado en dirección a ellos. Una vez al lado de Otabek lo tomó por el brazo de forma rápida y lo jaló hasta su cuerpo mientras le dedicaba a Mila una severa mirada de odio. Estaba demasiado molesto que no podía ocultarlo en su rostro.
—¿Yura? —se sorprendió Otabek ante el actuar del menor. Yuri no le hizo caso a eso y siguió mirando a la mujer de la forma más afilada que podía, quería matarla con la mirada—. Oye, Yura, ¿Qué pasa?
La voz más serena de Otabek caló por sus odios tapados y eso lo hizo reaccionar. Se dio cuenta que había dejado su lugar y había jalado a Otabek a su dirección alejándolo de Mila. Miró y se sorprendió al ver que estaba abrazando el brazo derecho del kazajo con mucha posesividad. Sintió la mirada fuerte de Otabek y la curiosa de Mila sobre él. Se avergonzó en el instante.
—Eh… Yo —la rabia se le fue y la vergüenza agarró paso, sin embargo no soltó a Otabek, no quería hacerlo—… Yo… —no sabía que decir, ¿cómo explicar aquel arrebato?, ¿cómo decir que estaba muerto de celos sin morir en el intento? Asustado como un animalito perdido, bajó la mirada al suelo y apretó más el brazo de su amigo—. Quiero ir a casa, Beka —susurró tan bajo que ni él se escuchó, pero al parecer el kazajo lo comprendió ya que de inmediato se movió.
—Está bien, vamos. Mila hablamos después de esto —dijo Otabek moviéndose para la salida. Yuri aún sin soltarlo comenzó a caminar junto a él sintiendo el corazón latiéndole demasiado violento en el pecho.
—Ehh… pero es importante, ¿qué tal si mañana voy a tu casa a hacerlo? Se ahorrará tiempo —preguntó ella a la distancia, apretando más el sentir de Yuri, pero no dijo nada ya que no era capaz de hablar ahora.
—Bueno, quedamos entonces —Otabek le dio luz verde a Mila y eso terminó por derrumbar emocionalmente a Yuri… ¿Acaso ya estaban saliendo? Apretó más su agarre en Otabek quien recogía la mochila del ruso.
—Vamos que te llevaré a casa, Yura —le dijo Otabek suevamente y Yuri solo asintió sin ser capaz de mirarlo.
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El día siguiente Yuri se despertó con dolor en la cabeza, era sábado y sentía que era como un lunes. No tenía ánimos para nada y no quería levantarse de la cama por nada del mundo. Su abuelo cerca del medio día lo fue a ver a la habitación para ver si estaba enfermo pero se dio cuenta que solo era decaimiento emocional, le preguntó que le ocurría pero Yuri se negó a hablar ya que ni él mismo lograba descifrar su sentir. Lo ocurrido el día anterior en el club lo tenía en la mente tan soldado que le era imposible pensar en otra cosa, ¿En el día de hoy Otabek se juntaría con Mila en su departamento? ¿Para qué? ¿Y por qué? Como en ese instante había estado tan extraño por sus repentinos celos no logró entender todo y ahora no recordaba las palabras exactas de ella, pero sí estaba seguro de que Otabek aceptó la visita de ella en su morada.
Se estaba comenzando a desesperar con todo lo que pensaba y además Otabek no le respondía para nada sus mensajes. Lo más lógico era que estuviera descansando pero no se sacaba de la mente que podía estar con Mila.
Dándose cuenta que no podía seguir así, encerrado en cuatro paredes, se vistió y salió de casa después de decirle a su abuelo para no preocuparlo. Vagó por las calles del lugar sin un objetivo claro tratando de serenarse, de ordenar todo dentro de su cerebro. De enlistar las cosas y sentimientos que debía y no debían ser, sin embargo no logró nada aparte de que la ansiedad aumentara, no se pudo concentrar en nada y se odiaba inmensamente por eso, ya quería dejar de preocuparse pero simplemente no podía. Se estaba desesperando...
"Tonto Otabek", pensó mordiéndose las mejillas por dentro.
Deteniéndose fuera de un mercado Yuri volvió a sacar su móvil y pensó en llamar a Otabek, pero se arrepintió de inmediato, estaba tan asustado con todo que sus manos temblaban y no quería ni pensar cómo iba a escucharse su voz al hablar. Después de verificar que eran cerca de las seis de la tarde Yuri pensó en volver a casa, ya había caminado mucho y tenía mucha hambre pues apenas había comido un emparedado que le llevó su abuelo en la mañana. Volviendo sobre sus pasos y sintiéndose más sereno que horas atrás se encontró con Yuko, la cual cargaba unas compras que parecían algo pesadas. Yuri al verla sin dudar se le acercó y tomó sus bolsas para llevarlas, no le fue difícil, él ya había fortalecido más sus brazos que hasta ya se podía todo su cuerpo.
—No pensé verte por aquí —dijo Yuko agradecida de la ayuda.
—Andaba de paseo, ¿y tú?, ¿comprando sola?, ¿el estúpido Katsudon no te ayuda? —preguntó él frunciendo el ceño.
Yuko sonrió y negó con la cabeza.
—Él siempre me ayuda, pero esta vez se lo perdono ya que fue a ver a un amigo que no veía hace tiempo —aclareció ella con su suave tono de voz que parecía una linda melodía.
Yuri se quedó mirando al frente.
—Verdad que me dijo que tenía más amigos, que bueno por él —dijo sin ganas de hacer bromas respecto a eso, no tenía ganas.
—¿Te encuentras bien, Yuri?, te ves demasiado decaído… ¿A-Algo anda mal? —preguntó la chica mostrándose muy preocupada por eso—. ¿Hay algo que puedo hacer por ti? Si te sientes mal por algo está bien hablarlo.
Yuri detuvo su paso al instante y ella lo imitó viéndolo más preocupada. La expresión de Yuri era tan seria que parecía un tempano de hielo.
—Yuko —la llamó viéndola directamente. La nombrada al parecer se tensó con esa voz tan grave.
—¿Sí?
Yuri sintiendo que aquella venda que llevaba apretada en los ojos y que él se esforzaba por apretar cada vez más día tras día, se comenzaba a deshacer como si el fuego la quemara. Tomó airé dejando enfriar sus pulmones y su garganta; sintiendo sus ojos algo húmedos, habló.
—Lo siento tanto, Yuko —dijo él sintiéndose la peor persona del mundo. La chica lo quedó viendo extrañada—. No puedo. Te juro que he tratado pero no puedo.
—¿A qué te refieres, Yuri? —ella le tocó el hombro muy confundida.
—He estado siendo un idiota todo este tiempo y también un egoísta… Yuko —Yuri ya decidido pero aún asustado, continuó—. Eres una chica muy linda, me agradas mucho y eso es increíble ya que yo normalmente odio a todo el mundo, pero tú eres una excepción a eso —prosiguió sin frenarse—. Lo he pasado muy bien contigo y siento que te aprecio mucho…
—¿Pero? —ella lo interrumpió con una sonrisa entristecida. Yuri se enmudeció un segundo para recuperarse y bajó la mirada sintiéndose la peor persona del mundo. Ya debía aclarecer todo… no quería que nadie siguiera sufriendo en la mentira.
—Pero… Pero acabó de darme cuenta que no puedo seguir engañándome más con todo esto… —se mordió el labio y volvió a verla, su corazón se estrujó al ver su mirada triste pero prosiguió—. Lo siento tanto, realmente me hubiera gustado que lo nuestro hubiese funcionado, eres una mujer perfecta… pero… pero me gusta otra persona y acabo de darme cuenta de eso.
Se quedaron en silencio, un silencio tan profundo que Yuri por unos segundos juró sentir todos los ruidos de la ciudad, pero esa sensación poco duró pues Yuko se había remojado los labios para hablar.
—Vaya… no me esperaba esto —dijo con los ojos humedecidos. Yuri sabía que le estaba rompiendo el corazón pero no podía detenerse.
—Lo siento tanto, de verdad me gustabas pero…
—Lo sé, no te preocupes, Yuri —habló ella con una sonrisa—. Ante las palabras del corazón uno no puede hacer nada en contra… Te deseo lo mejor y espero que la otra persona también te corresponda ya que mereces ser feliz, Yuri…
Frente a las palabras tan dulces de ella volvió a sentirse muy mal. Él todo este tiempo se había ilusionado con ella solamente para negar sus verdaderos sentimientos.
—Yuko, yo lo siento por decirte todo esto…
—No te disculpes, Yuri, te agradezco enormemente… a mí también me hubiera gustado que funcionara algo entre nosotros ya que me gustas mucho… pe… pero —ella cerró los ojos moviendo su cabeza—. Estoy muy feliz por ti Yuri, de verdad no te preocupes por mí.
Asintió no pudiendo crear más palabras. No quería hacerle más daño
—Ahora debes decirle a esa persona lo que sientes, no calles nunca.
Volvió a asentir y le devolvió las compras a Yuko. Salió corriendo del lugar y se fue hasta el metro con el teléfono pegado en la oreja. Debía ubicar a Otabek para poder ir donde él. Maldijo los insoportables tonos de espera antes de que Otabek de dignara a tomar la llamada.
—¿Yura?
—Beka, ¿dónde rayos estás? —preguntó mientras subía al metro y rezaba para que no se encontrará con Mila.
—Estoy en el club —dijo Otabek con la voz agitada.
—¿En el club? —preguntó extrañado, pero no quiso esperar respuesta—. No te muevas de ahí, voy para allá.
—Está bien pero…
—Nos vemos —cortó la llamada en el mismo momento en que las puertas del tren se cerraron.
Se acomodó en una pared y comenzó a mover su pie inquietamente contra el suelo. ¿Por qué el transporte público debía demorarse tanto? Miró a su alrededor y no aguantando a la gente cerró los ojos dejándose llevar por sus pensamientos. ¿Cómo había sido tan estúpido?, ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Desde hace tiempo sabía que Otabek había calado en lo más profundo de su ser, que había tocado una parte importante en su corazón que ya no podía bloquearlo más. Solamente con él se sentía realmente vivo, solo con él deseaba pasar todo el tiempo y se frustraba demasiado cuando no podía estar a su lado. Otabek ya no era su amigo, esa palabra ya no le gustaba para su relación. A Yuri le gustaba el kazajo y ya no podía negarlo más. Al fin después de tantas malditas dudas y confusiones se sentía preparado para decirlo… necesitaba hacerlo o creía que explotaría.
Después de veinte minutos se bajó del transporte y subió las escaleras eléctricas saltándose escalones. Tenía el corazón a punto de reventar y sentía que le faltaba aire con cada paso que daba. Corrió por las frescas calles ya algo oscurecidas y avanzó sin pararse en ningún lugar, pensó que quizás era suerte al ver que todos los semáforos le daban el verde cuando él llegaba a ellos. Al recorrer todas las calles que separaba el metro del club, Yuri se plantó frente a la ya familiar fachada del club de boxeo. Las luces que normalmente estaban encendidas llamando atención ahora no estaban y pensó que quizás había poca gente en el lugar. Sintiendo sus manos sudar, su corazón al borde de un ataque y sus mejillas tan encendidas que dolían, entró al lugar con la respiración agitada por haber corrido y lo primero y único que vio fue a Otabek pegándole concentradamente a un gran saco de boxeo. Estaba vestido con su ropa de deporte y unos guantes rojos protegían sus manos mientras golpeaba con fuerza increíble su objetivo.
—¡Beka! —lo llamó Yuri sin pensárselo y se acercó a él. El lugar estaba desierto, solo estaban ellos dos existiendo en ese instante.
Otabek al oírlo detuvo su entrenamiento y fijó sus ojos en el ruso. Aquella mirada tan cargada le quitó el aliento pero no fue suficiente para detenerse.
—Yura, ¿qué pasa?, ¿por qué me llamaste sonando tan apresurado? —preguntó de inmediato Otabek acortando lo que quedaba entre ellos. El ruso vio la preocupación en su rostro y oprimió sus labios—, ¿Yura? —repitió al ver que su contrario no decía nada.
Yuri bajó la mirada tratando de tomar aire para calmar sus niervos, ¿Qué estaba punto de hacer? No lo sabía, tampoco se había parado a pensar en nada después de esto y tampoco quería hacerlo, por eso simplemente dejó que las palabras fluyeran de su apretada garganta y de sus tiesos labios, liberándose de todo miedo.
—Beka, me… me gustas… —confesó con la voz decidida subiendo la mirada para conectar los ojos con el kazajo.
Otabek se quedó enmudecido viéndolo con sorpresa. Yuri estaba con el alma en la garganta, tenía el cuerpo temblando, se sentía tan vulnerable al decir aquello que tenía ganas de llorar. Con esas simples palabras estaba rompiendo toda la amistad que ellos habían forjado, le dolían inmensamente, pero ya no quería seguir con eso. Otabek le gustaba realmente y no podía acallar más aquello.
El kazajo después de unos largos segundos relajó su expresión y soltando un suspiro, sonrió. Aquello lo desconcertó en gran medida.
—Lo sé, Yura —dijo relajadamente el mayor.
Yuri percibió que todo dentro de él se tensaba más.
—¿Qué?, ¿los sabes? —interrogó sin creerlo.
—Sí, ya me lo dijiste antes.
—¿Eh? ¡¿Cu-Cuando?! —preguntó demasiado confundido.
—Cuando te quedaste en mi casa y dormimos juntos, lo dijiste entre sueños —aclaró Otabek comenzando a quitarse sus guantes, se veía tan relajado que pensó que estaba soñando—. También me gustas, Yura, eres un muy buen amigo.
Se quedó congelado por unos segundos.
—¿Qué? —preguntó con el corazón en el puño, Otabek estaba entendiendo todo malditamente mal—. ¡Es-Espera! ¡No, no!... yo no estoy hablando de eso, no es el gustar de amigos —se apresuró a aclarar atropellando sus palabras.
—¿No? ¿Entonces? —Otabek sorprendido por la desesperación de Yuri lo miró más confundido.
—¡MALDITA SEA, OTABEK! ¡¿Tengo que decirlo claramente?! —gruñó ya al borde de todo. Otabek iba a hablar, sin embargo, Yuri no soportando más malos entendidos decidió agarrarlo de la playera y jalarlo hacia su cuerpo para unir así sus labios.
Cerró los ojos al sentir los secos labios de Otabek sobre los suyos. Percibió como el kazajo se tensaba por completo sin reaccionar a nada y él hacia lo posible por transmitir su sincero sentir en aquel torpe beso. Un beso donde solo se tocaban los labios, un beso donde habían chocado sus dientes al juntarse, uno sin mucha experiencia y muerto de miedo por parte del ruso, pero también un beso lleno de sentimiento, tan, pero tan sincero que no se podía expresar de otra manera.
Al separarse Yuri miró con sus mofletes incendiados a un sorprendido Otabek, quien al parecer no se esperaba absolutamente nada de lo que pasaba, su cara era un completo poema que era difícil saber que pensaba.
—Me… Me gustas como hombre…. Tonto —susurró Yuri ya con los ojos humedecidos y con el corazón sonándole en la cabeza. Estaba que explotaba.
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¡Hi, gatitos!
¡Muchas gracias por todo!
Espero les haya gustado el capítulo.
Bye!
