Hola! Primero gracias por sus comentarios a Angélica, AreOvilla, Sabr1 y EugeArg.

Quiero repetir que ya toda la historia y el rumbo está planeado. Lo digo porque en este capitulo puede parecer que resuelvo algunas de sus dudas pero no es así jeje :D solo es coincidencia.

Gracias por leer :)


Los siguientes días Phoebe y Gerald estuvieron inseparables, parecía que querían recuperar el tiempo. Durante los almuerzos se sentaban los cuatro juntos, aunque había ocasiones en las que Helga prefería ir con Tom, harta de ver a sus amigos coquetear frente a ella.

-El sábado inauguran la pista de hielo-comentó Gerald aquel jueves- ¿Vamos?

-Suena bien-respondió Phoebe- ¿Qué dices, Helga?

-¿Yo? ¿Para qué me quieren ahí? -preguntó extrañada.

-Vamos, Pataki, fuiste fundamental para que volviéramos a estar juntos- dijo Gerald- Tú también, Arnold. Yo invito la cena.

-Sabes cómo cerrar un trato, chico- reconoció Helga al escuchar la palabra cena.

Segundos después Denisse pasó frente a ellos ignorándolos de manera obvia. Gerald la miró.

-No hemos vuelto a hablar-le dijo a Phoebe- Pero creí que al menos éramos amigos.

-Apuesto a que eso no buscaba ella- opinó Helga.

Phoebe la fulminó con la mirada.

-No, quizás Pataki tiene razón-admitió su novio- Nunca entendí algunas de sus actitudes.

En ese momento Helga vio a Tom a unos metros y rápidamente le gritó para que la esperara.

-Nos vemos-dijo levantándose. Notó a Arnold volteando los ojos. ¿Qué le pasaba?


Después de clases Phoebe se despidió de Gerald acordando verse por la noche.

-Parece que Geraldo sí quiere mejorar las cosas-opinó Helga.

-Ambos hemos puesto de nuestra parte, la verdad es que soy comprensiva con sus entrenamientos.

-¿Irás a apoyarlo otra vez en los partidos?-preguntó con aburrición.

-Este año ya terminaron, pero cuando reinicien sí. Iré a todos.

-Espera, significa que verás a la porrista.

-Eso parece.

-Quisiera haber visto su cara el lunes-dijo Helga entre risas.

-Puedes ver mi cara en este momento-dijo Denisse caminando hacia ellas.

-No es tan graciosa como debió serlo ese día-dijo Helga sin dejarse intimidar.

-¿Graciosa? No entiendo por qué.

-Creo que quedó claro que Phoebe no es "solo una amiguita" detrás de Gerald. Y que todo lo que cuentas son mentiras.

-¿De verdad creen que me importa?-dijo con evidente molestia- Un niño de primer grado, solo quería darle celos a mi ex novio.

-Felicidades, ojalá lo hayas conseguido-dijo cortésmente Phoebe tomando a su amiga del brazo.

Ambas empezaron a caminar entre risas.


Una hora más tarde, Helga se encontraba en su taller de repostería.

-¿Entonces son simples cupcakes?-le preguntó a su compañero en voz baja.

-Así es-respondió con una sonrisa.

-¿Y qué es lo navideño?-dijo de nuevo evitando que la chef escuchara.

-La decoración.

-Qué estupidez.

Tom rio.

-No lo es. A veces solo por la decoración puedes incrementar el costo-le explicó con paciencia- Puede ser el mismo pan que en mayo o agosto, pero agrega un árbol con luces y el precio aumenta.

-Bueno, al menos yo consumo gratis en tu cafetería- dijo sonriendo.

-Eso te he hecho creer. En realidad, llevas una cuenta bastante extensa a pagar.

Helga le golpeo el brazo amistosamente.

-¿Entonces cuanto colorante agrego?-dijo abriendo una pequeña botella.

-Intenta dos gotas, mézclalo y revisamos el color.

La chica hizo lo que le indicó y el betún empezó a mostrarse color verde.

-Creo que no es suficiente-opinó mientras mezclaba, agregó una gota más.

-¿Qué harás pasado mañana?-le preguntó Tom de repente.

-Nada-respondió alzando los hombros- Protegerme de este frio.

-Mi hermana tiene su presentación de navidad. ¿Vamos?

-¿Presentación?-preguntó extrañada- ¿Qué va a presentar?

-Una canción navideña. No está muy emocionada al respecto, pero le gustará que vayas.

-Tampoco me entusiasma la idea de ver a un montón de niños cantando-Tom rio-Pero Lizzie me cae bien. Iré.

Los pastelillos salieron del horno. Todo el lugar olía a vainilla. Tom se encargó de decorar en forma de árbol de navidad con el betún que Helga había preparado. Después colocaron unas chispas de colores para simular las luces.

-Recuerden que la próxima semana es la última que vendrán a taller antes de las vacaciones- les avisó la Chef Victoria al finalizar la clase- Por lo cual estarán libres para la semana de exámenes.

La clase soltó expresiones de inconformidad al escuchar la última palabra.

Helga se puso su gorro y sus guantes azules al salir del edificio. El frio parecía aumentar día con día. Tom se frotó las manos para calentarlas.

-Haces mucho eso-observó la rubia.

-¿Qué cosa?

-Lo de tus manos-respondió imitándolo.

Tom sonrió.

-No me gusta usar guantes-explicó alzando los hombros- Me siento torpe, además me estorban en la cocina o en un laboratorio. Pero me gustan los tuyos.

-Gracias-respondió sonriente.

Siguieron caminando

-No puedo acompañarte a tu casa hoy-anunció Tom unas cuadras después-estos días la cafetería ha estado llena.

-Oh…- dijo Helga ante el repentino aviso.

-Es el frio-explicó- La gente busca tomar algo caliente.

-Claro…

-¿Todo bien?-preguntó extrañado.

Ni siquiera ella sabía la respuesta. Quería estar más tiempo con Tom ¿Pero por qué? Estaba siendo ridícula, solo se despedirían unas calles antes de lo previsto.

-Todo bien, chico- respondió sonriendo.

-Bueno, ¿te veo el sábado en la escuela de Lizzie?

-Ahí estaré.

Se despidieron con un gesto de mano. Ese era otro detalle, ¿Por qué el beso no se había repetido? ¿Quería que se repitiera? No ¿O sí? Le gustaba la atención de Tom. Eso debía ser. ¿La atención solamente? Pero él todavía le prestaba atención, aunque otro beso podría aclarar cómo se sentía al respecto. Suspiró. ¿Qué estaba pasando con Helga G. Pataki?

Al entrar a su casa quiso olvidarse de todo y llamó a Phoebe, sabía que su amiga hablaría sobre los exámenes un largo rato y eso la distraería.


El sábado se despertó muy tarde, después estuvo postergando todo acompañada de la pereza de querer disfrutar un día sin clases. A las 5:00 se dio cuenta de que iba tarde, solo tuvo tiempo de responder un correo de Olga antes de bañarse y cambiarse para ir a la presentación de Lizzie.

Volvió a tomar sus guantes azules y se los puso mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. Su celular sonó.

-Hola, Phoebs. No tengo tiempo de hablar ahora- tenía que llegar a las 7, faltaba poco más de media hora.

-Solo quería saber si nos veremos allá o pasamos por ti.

-¿Eh? ¿Tú también irás?-dijo deteniéndose en la búsqueda de sus llaves.

-Claro, fue idea de Gerald. ¿estás bien, Helga?

-¿Idea de Geraldo? ¿De qué hablas?

-De la pista de hielo.

-Oh maldición…-murmuró recordándolo todo.

-¿Pasa algo?

-Phoebs, no podré ir. Hice planes con Tom y su hermana-explicó retomando su búsqueda.

-Pero…

-Lo siento. Ve con tu novio y diviértete. Nos vemos el lunes.

Colgó de manera apresurada y salió de su casa.


-¡Al fin!- exclamó Tom al verla-Faltan 5 minutos, ¿Dónde estabas?

-Se me hizo tarde.

Entraron al auditorio y ocuparon sus lugares.

Al tiempo que se sentaban Helga miró a Tom y sonrió. Quería aprovechar todo el tiempo que les quedara juntos.

Las luces se apagaron.


-¡Cielos! Muchos viejos ¿no?-dijo Helga al salir del auditorio.

-Son los papás de los niños-murmuró Tom.

-Como sea. Los míos casi nunca fueron a mis presentaciones.-dijo sin importancia.

-Apuesto a que no se llevan el premio a los mejores padres

-Oh claro que son los mejores padres… de mi hermana.-dijo al tiempo que Lizzie llegaba.

-¡Muero de hambre!- exclamó la niña- Hola, Helga.

-Oye, me gustó tu canto-comentó su hermano al tiempo que la abrazaba.

-¿Cómo sabes que canté? -le cuestionó Lizzie- Pude solo estar parada moviendo los labios.

-Bueno, me gustó lo que hiciste- cedió su hermano- ¿Quieres hamburguesas o pizza?

-Las dos-respondió la niña.

Su hermano volteó los ojos.

-Helga, tú decide- dijo el chico.

-Hamburguesas suena bien.

-Perfecto, hay un lugar aquí cerca.

Helga buscó en el bolsillo de su abrigo.

-Rayos, creo que olvidé mi celular.

-¿Necesitas hacer una llamada? Puedes usar el mío- dijo Tom.

-No, solo quería checar la hora.

-Aún es temprano, no te preocupes.

Caminaron y Lizzie habló todo el tiempo sobre su compañero que no dejaba de llorar por los nervios. Llegaron a un lugar de comida rápida donde ordenaron 3 hamburguesas con papas y gaseosas Yahoo.

Helga y Tom le contaron a Lizzie sobre sus años en la primaria. La rubia les comentó como alguna vez fue encargada de un musical de comida y ambos hermanos rieron al imaginarla con un disfraz de cartón de leche.

-Lamento que no haya evidencia de eso- dijo Tom aun riéndose.

-Muy gracioso-dijo molesta- Debo decir que fue un éxito. Aunque un par de frutas casi lo arruina.


Al terminar la cena, Tom dejó a su hermana en casa y decidió acompañar a Helga a la suya. Iban en el último autobús, siendo las 10 de la noche.

-Pude haber venido en taxi-le dijo ella al llegar a su calle.

-No hubiera estado tranquilo. ¿Sabes? Agradezco que nos hayas acompañado hoy, a mi hermana le agradas.

-Soy un persona bastante agradable-presumió ella alzando el mentón.

-En ocasiones lo eres- rio el chico.

Además del frio el cielo estaba nublado, parecía que llovería ¿O sería nieve? Llegaron a la casa de Helga.

-Bueno, gracias por acompañarme, chico. -dijo sin ánimos de querer despedirse.

-Gracias a ti, 2 horas solo no lo habría soportado.

Rieron y se miraron a los ojos. Esos ojos cafés de Tom ¿Estaba sintiendo de nuevo lo de aquella noche? No estaba segura. Pero sabía que no quería que él se fuera. ¿Por qué no podían seguir hablando?

-Hace frío-dijo ella al fin.

-Sí. ¿Estás bien?-le preguntó con suspicacia.

-¿Qué? S-sí. ¿Por qué no estaría bien?

-Te noto extraña- dijo apartando la vista incómodo.

-Estoy bien-dijo intentando sonreír.

-¿No quieres entrar a tu casa?-preguntó aún con tono de extrañeza.

-No. Digo, sí.

¿Y si tomaba ella la iniciativa y se despedía con un beso?

-Bueno, es tarde y debo volver-dijo él observando su teléfono.

-¿Por qué no esperas a que pase un taxi por aquí?-propuso Helga.

-Es más rápido si voy a la avenida.

-Ah, claro-respondió con evidente decepción.

-Nos vemos después…-se despidió Tom sin ninguna muestra de afecto.

Helga no entró. Se quedó ahí viéndolo irse. ¿Por qué le gustaba tanto estar con él? Qué cobarde había sido al no darle un simple beso en la mejilla. En ese momento vio una sombra cruzar la calle, una sombra que distinguiría a un kilómetro de distancia.

-¿Qué haces aquí, Arnoldo?-le preguntó cuando lo tuvo cerca- Y no digas que caminar por el vecindario.

-No. Estuve esperándote-dijo con evidente enojo.

Helga se sorprendió con aquella honestidad.

-¿Otra vez espiándome?

-Esperaba verte hoy-dijo ignorando la pregunta- La pista de hielo ¿Recuerdas?

-¿Cuál es el problema?-preguntó mientras cruzaba los brazos- Le avisé a Phoebe.

-El problema es que cambiaste a tus amigos por…él-dijo señalando por donde Tom se había ido-Así como lo has hecho en la hora de los almuerzos, que nos has dejado y prefieres ir con él.

-¿Ahora somos amigos?-preguntó comenzándose a enojar- Sí, Phoebs lo es. Geraldo apenas me soporta y tú… Ni siquiera sé que somos. Y no actúes como que te importa.

-Sí me importa. No quiero defenderte de otro imbécil.

-¡No lo hagas!- exclamó- Nadie te lo está pidiendo, cabeza de balón. Ni siquiera sé por qué lo hiciste la última vez.

Arnold suspiró.

-Porque odié lo que dijo, lo que hizo e intentó a hacer y no quiero que alguien más lo haga.

-Tom no sería quien lo hiciera- dijo Helga aún sin entender la situación.

-¡Deja de defenderlo!-exclamó con enojo.

-¡Deja de atacarlo!

-Te intento defender a ti.

-¡Deja de hacerlo! Tom es mi amigo, es divertido y paso buenos ratos con él.-dijo intentando calmar su tono.

-Eso decías de Jason ¿Recuerdas?- dijo Arnold con reproche.

-Es diferente. Con ese zopenco nunca me sentí feliz… Pero con Tom… ¿Qué no es eso lo que a ti te importa? ¿Que tus amigos sean felices?

-Sí, te he visto. Con él ríes, tus ojos brillan, bailas e incluso intentas cosas nuevas.

Helga se sonrojó, ni siquiera ella había notado aquellas cosas.

-¿Y eso es malo?

-¡No! Yo sabía que eras así. Porque te he visto antes. He bailado contigo, nos hemos reído, hacemos buen equipo. Pero algo muy extraordinario debe pasar para que seas así conmigo.

-No entiendo en qué te afecta, cabeza de balón.

Arnold suspiró.

-¡Me molesta que muestres esa Helga que yo siempre supe que existía! La Helga amable y divertida. Yo he tratado de sacar ese lado tuyo porque cuando he podido verlo ha sido… Y llega cualquier imbécil y de la nada te veo riendo y… Tienes razón-admitió con tristeza- ¿Por qué no puedo estar feliz de verte contenta? Yo no soy así. Sí quiero verte feliz y que seas tu mejor versión, pero todo esto está sacando una versión mía que no conocía.

Helga no podía comprender nada de aquello.

-¿De qué hablas, Arnold? Tú lo haces porque quieres tener la razón, hacer lo correcto y cuidar a tu compañera como siempre lo haces. No es ninguna versión. Como siempre, te molesta que no hagamos lo que tú crees correcto.

-¡No!-dijo sin calmarse mientras la tomaba de los brazos- Me molesta que yo siempre conocí a esa Helga… Pero a mí solo me mostrabas ese lado tuyo cuando te dejabas llevar por el momento… y no es justo. No es justo que ahora él llegue y…-hizo una pausa que pareció durar años- Te gusta, ¿verdad?

-¿Qué? Estás demente.

-Te gusta… y yo…-dijo mientras la soltaba-Y tú…

El viento frio les dio en la cara y movió los árboles con fuerza. Definitivamente una tormenta estaba cerca. ¿Cuánto tiempo tenían discutiendo? ¿Minutos? ¿Días?

-¿Y tú… y yo qué?-preguntó Helga confundida como nunca- ¿De qué hablas, cabeza de balón?

-Nada-respondió confundido, como si ni siquiera él entendiera sus palabras-Haz lo que quieras, Helga.

Dicho esto, dio media vuelta y acomodando su abrigo empezó a alejarse.

¿Gustarle Tom? ¿De qué rayos hablaba Arnold? ¿Acaso…? La cabeza le daba vueltas. Entró a su casa y se dirigió a su cuarto, pero no durmió. Ni siquiera se cambió. Se aventó a su cama y siguió pensando.

¿Por eso se sentía tan rara con su amigo? ¿Por eso quería pasar todo el tiempo posible con él? Pero ella siempre había estado enamorada de Arnold. Suspiró. ¿En qué momento pasó de Arnold a Tom? Cuando salía con Jason no era feliz y por eso aun pensaba en el cabeza de balón. Incluso en Chez Pierre tenía la idea de arreglar las cosas. Fue esa noche, se había rendido la noche que Arnold la dejó plantada.

Y a partir de ahí todo giró en torno a Tom. La cafetería, el taller de repostería, Lizzie, Halloween… Como un refugio… Y dejó de añorar a Arnold. Al fin.

En algún momento de la madrugada el frio la despertó, se dio cuenta de que ya llovía, las gotas azotaban la ventana. Se puso su pijama y se enredó entre las cobijas.