Capítulo 24
Tú ganas.
—¿Crees que Miller me dirá algo?
—No creo.
—Me fui sin decirles nada.
—Tranquila, ya le dije que te lo iba a comentar por si querías acompañarme. Estaba preocupado porque viniese sola, y se quedó más tranquilo.
—Entonces, ¿hice bien al venir?
—¿Lo dudas?
—No se…
El camino de regreso hacia el campamento se hacía más duro que la ida hacia la cascada. Sobre todo, por la incomodidad de caminar con la ropa completamente empapada, a pesar del frescor que les otorgaba, y que conseguía sofocar aquella intensa humedad que seguía invadiendo el bosque.
Rachel caminaba en primer lugar, Quinn lo hacía tras ella, sin perder detalle alguno de todos los arbustos que flanqueaban el camino, con la esperanza de encontrar la orquídea que tanto se le resistía.
Una intensa búsqueda que, por momentos, se veía interrumpida por la divertida imagen de la morena, que, tras hacerse con una fina y larga rama del suelo, se entretenía golpeando con gracia toda hoja que se cruzaba en su camino, y que le dificultaba la visión del sendero.
Rachel había desechado ya toda intención de encontrar la maldita flor, y Quinn lo supo al ver como su mirada se perdía entre las copas de los árboles, o sobre el primer arbusto que presentaba algo extraño en sus hojas.
No podía evitarlo, y comenzaba a ser consciente de ello. Rachel atraía toda su atención con cualquier mínimo detalle. Y a pesar de que no era algo nuevo, de que ya en el instituto sentía esa curiosidad por ella, era consciente de que en ese instante empezaba a ser diferente.
—Rachel —espetó tras varios minutos de silencio. Sabía que el campamento estaba cerca, y necesitaba hablar con ella, tratar de solucionar la confusión que había provocado la discusión que las mantuvo alejadas durante toda la noche, y parte de la mañana.
—Dime…
—Gracias por acompañarme.
—No tienes que darme las gracias. A esta aventura me he apuntado yo sola.
—Por eso mismo. Por eso mismo te lo agradezco. Yo…Yo quiero pedirte disculpas.
—¿Disculpas? —se detuvo al notar el tono serio de la rubia.
—Sí, Rachel —se acercó—. Lo que sucedió anoche me dejó bastante mal, y realmente me duele que pienses que lo que dije, lo dije con malas intenciones.
—Ah…—bajó la cabeza— No, no te preocupes, Quinn. No tiene importancia — respondió retomando el camino.
—Si la tiene. No fui clara. No me expliqué bien, y yo quiero que quede claro por qué lo dije.
—No es necesario, Quinn. De verdad, no tiene importancia.
—Rachel —la detuvo sujetándola del brazo—, sí, sí que tiene importancia.
—Quinn, no le des más vueltas.
—Rach… —interrumpió— Si algo bueno me ha traído todo esto, eres tú —soltó, y la morena se estremeció. No solo por las palabras, sino por como lo dijo. Por como la miraba directamente a los ojos, y mostraba una seguridad abrumadora—. Escúchame, cuando dije que todo habían sido consecuencias o daños colaterales, como tú mencionaste, no hablaba de ti. Hablaba de todas las mentiras que hemos dicho, de las venganzas, de ponernos en evidencia la una a la otra o de perjudicar a gente como Mel o Miller, que nada tenían que ver. O mentir a Chelsea —hizo una pausa—. Lo, lo decía por eso, no por ti…
—Pero…
—Rachel —continuó soltando la mano de la chica—. Cuando te vi entrar en la clase de dibujo el primer día, me alegré…Me alegré mucho por verte allí.
—¿Por qué? —interrumpió.
—Porque verte allí fue un alivio. Yo… yo tengo amigos en el instituto, las chicas del grupo de animadoras, Santana y Britt, el Glee, pero cuando todo eso se acaba no, no me queda nadie. ¿Entiendes? Cuando llego a mi casa tengo que hacer cosas, tengo que distraerme con algo, y por eso me apunté a las clases de dibujo. Y aun así me paso el verano a solas. Si no fuera por Dave, mi verano sería ir a dibujo, y tumbarme en mi jardín a tomar el sol. Nada más. Y cuando te vi llegar, no sé… Tener la oportunidad de pasar algo de tiempo contigo, me hizo feliz.
Rachel se mantenía seria, sin apartar la mirada de la rubia y tratando de mantener la compostura, aunque le resultaba difícil. Jamás había escuchado hablar a Quinn de aquella manera, y reconocer algo que ninguna chica como ella reconocería jamás.
—Las clases, las lecciones particulares en mi casa, esto…Venir aquí contigo, y conocerte ha sido lo mejor que podría recibir de toda esta locura, Rachel. Jamás te consideraría un daño colateral, en todo caso serías un premio…
—Quinn —balbuceó.
—Me gustas, Rachel… Quiero decir, como amiga —sonreía ruborizada. Y la morena se contagió de la tímida sonrisa—. Aunque te tengo que confesar que he disfrutado siendo tu chica —añadió divertida
—¿A Fabray le gustan las chicas? —preguntó con humor, tratando de eliminar la seriedad de aquella confesión.
—A Fabray le gustan las personas.
—Bien…Eso está bien, Fabray —sonreía bajando la mirada.
—Lejos de las bromas, Rachel —volvía a ponerse seria—. Solo quiero que sepas lo que realmente pienso de ti. No…no quiero que imagines o te lleves una imagen negativa de todo esto que hemos vivido, porque no es así.
—¿Qué me lleve? Quinn, no pienso irme a ningún lugar.
—Eso significa que… ¿Vamos a seguir igual? ¿Cómo hasta ahora?
—Esas dudas son las típicas de una Berry —le dijo después de dejar escapar un sonoro suspiro, y emprender el regreso—. Soy yo la que ha implorado por tu amistad, Fabray. ¿Piensas que la voy a desaprovechar ahora? —añadió, y Quinn sonrió satisfecha.
Se había desahogado, había abierto su corazón y aclarado lo que sentía, y la respuesta de Rachel fue muchísimo mejor de lo que esperaba. Tanto que, incluso, se permitía el lujo de bromear.
—Así que, a Fabray no le importaría enamorarse de una chica… —espetó divertida.
—Hey…Yo no he dicho eso.
—Has dicho que te gustan las personas, ¿no?
—Sí, pero de gustar a enamorarse hay un gran paso.
—¿Lo harías?
—¿El qué?
—Enamorarte de una chica.
—¿Por qué no?
—No sé, eras la fundadora del club del celibato, no creo que…
—¡Cállate Berry! —exclamó tratando de no recordar esa faceta de su vida.
—Es verdad Quinn, eras la presidenta y según dice Santana, cada vez que tenías pensamientos impuros terminabas rezando —bromeaba.
—Berry, será mejor que te calles o vas a terminar entre uno de esos arbustos que tan poco te gustan —le amenazó acercándose más a ella.
—¿Tiene razón Santana? —cuestionó girándose y burlándose de ella.
—Eres una idiota… ¿Por qué estás tan interesada en saber eso? ¿Acaso sientes curiosidad después de ser "mi chica"? —mustió sin perder la sonrisa, mientras Rachel continuaba mirándola y caminaba de espaldas al sendero, jugando con la vara que aún conservaba entre sus manos.
—Mmm… ¿Quién sabe? Santana dice que me ve muy lesbiana. A lo mejor es que aún no me di cuenta.
—Bueno, nunca es tarde para dar ese paso. Pero te advierto que no debes enamorarte de mí, no eres mi tipo.
—¿Ah no? ¿No fuiste tú quien me dijo que yo era guapa?
—Eso no tiene nada que ver. Serás todo lo guapa que quieras, pero sigues siendo Rachel "frustración" Berry.
—Me acabas de confesar que te gusto —soltó, y Quinn desvió la mirada tratando de contener las carcajadas—. Vamos, admítelo, Fabray. Te gusto y podría ser tu tipo de chica sin duda.
No respondió. Quinn se limitó a sonreír al tiempo que negaba con su cabeza. Un gesto que no hacía más que confirmar cada palabra que Rachel decía entre risas.
Casi habían llegado al campamento. El sendero se acababa, y la gran planicie que pertenecía a la parcela oeste, dónde estaban acampados, aparecía ante ellas con las tiendas al fondo, y el ya inminente ir y venir de sus compañeros, preparando la barbacoa para aquel día.
—Si sigues tentándome, vas a tener que correr mucho. ¿Lo sabes?
—¿Por? —Rachel no abandonaba su actitud divertida, caminado delante de ella, pero sin apartar la vista. De espaldas al campamento.
—Acabo de ver varios saltamontes, que apuesto a que no son de tu agrado.
—¡Já! —exclamó divertida— ¿Te quedas sin argumentos y piensas debatirme lanzándome insectos, como los niños pequeños?
—Rachel, no tientes a tu suerte…Te la estás jugando.
—No me das miedo, Fabray —respondía alejándose varios metros más.
—Ya veo, por eso te alejas.
—Que no me des miedo, no significa que me fie de ti. Eres muy vengativa.
—Así me gusta, que guardes tus espaldas.
—Mmm… ¿Cómo dice Santana? Mmm… Ah sí, "faberry". Suena bien —insistió divertida.
—Oh…Te lo advierto —le dijo mientras lanzaba una mirada hacia el suelo, buscando algo con lo que atacarla—. Como vuelvas a burlarte de mí con algo así, te vas a arrepentir.
—No me estoy burlando. Solo, solo estoy poniéndotelo fácil. ¿Qué te parece Quinn Berry? Mmm sí, me gusta.
—Ok. Se acabó, tú te lo has buscado.
—¡No…no, Quinn! —exclamó tras ver como la rubia parecía coger algo del suelo, y aceleraba el paso hacia ella— ¿Qué diablos has cogido?
—Te estoy avisando que conmigo no se juega…
—No, Quinn, espera —esgrimió retrocediendo con rapidez—. Ni se te ocurra acercarte con lo que quiera que tengas en la mano.
—No me has dejado otra opción —soltó, y fue justo en ese instante, cuando comenzó a correr, y Rachel reaccionó. Pero no lo hizo como debía. De hecho, apenas pudo desplazarse un par de metros, cuando una piedra se interpuso en su camino, e hizo que perdiera el equilibrio.
Quinn se sorprendió al verla caer y no dudó en tratar de socorrerla, ante la curiosa mirada del resto de compañeros, que lógicamente, se habían percatado del hecho.
—Oh dios… ¿Estás bien? —preguntó cambiando el gesto, pero la respuesta de Rachel, que ni siquiera podía contener las risas a pesar de la aparatosa caída, la tranquilizó.
—¡Suelta ese insecto! ¡Vamos, Quinn, suéltalo!
—¿Qué? Vamos, no tengo nada —le dijo ofreciéndole la mano para que se ayudarla a levantarse.
—¿Seguro? Quinn, como me lances un bicho vamos a tener un serio problema tú y yo —le replicó desconfiada, y la rubia rompió a reír.
—No seas idiota, no tengo nada. Solo era una broma.
—¿Una broma? O sea, que tengo razón.
—¿Qué? ¿Razón? —cuestionó sin apartarse de su lado y tomando la mano de la chica.
—Ajam…—se ayudó de Quinn para alzarse— Tengo razón en lo de que te gusto —añadió divertida al quedar frente a ella tras el impulso. Y Quinn no pudo evitar dar un paso hacia atrás para establecer una distancia de seguridad entre ellas. Una distancia que Rachel se iba a encargar de destruir de nuevo acercándose a ella, cuando aún se aferraba a su mano—. Admítelo…—susurró, y el gesto de Quinn cambió. Las risas desaparecieron tras un breve pero intenso silencio en el que simplemente, se miraron cara a cara, como si se estuviesen retando.
—Te recuerdo que ahora no vas a tener más remedio que ducharte, y yo pienso hacerlo también —le respondió Quinn manteniéndole la mirada—. No te conviene tentar a una Fabray.
Rachel se conmovió, pero se mantuvo firme y consiguió aguantar el tipo mientras Quinn soltaba su mano, y comenzaba a caminar hacia los merenderos.
—Créeme, verte desnuda no es algo que pueda suponer un problema para mí — masculló en un último intento por salir vencedora. Aunque no supo muy bien si lo iba a lograr de aquella forma—. De hecho, ojalá todas a las personas que he visto desnuda fuesen como tú.
Quinn se detuvo, y Rachel supo que no, que aquella forma de intentar ganar la divertida batalla, tal vez no había sido la adecuada. Quinn se giró buscándola de nuevo con la mirada, y tratando de comprender el por qué había dicho aquello, pero la llamada de Miller y alguno de los chicos, permitió que Rachel se librase de tener que darle una explicación más certera.
—¿Has encontrado la orquídea? —le preguntó el profesor tras verlas llegar, y Quinn recuperó la compostura.
—Nada, no hay rastro de ella por esa zona. Hemos ido hasta la laguna, y sólo hay arbustos, árboles y mosquitos, muchos mosquitos.
—¿Qué os ha pasado? —fue Melanie quien cuestionaba a Rachel al ver como regresaban completamente empapadas.
—Nos hemos metido en ese lago pequeño de las catataras. Ha sido divertido.
—¿Con la ropa? —intervino Dave, que no dudó en acercarse a ellas.
—Ajam…Es genial, ¿no has ido?
—No. Yo hago cosas más interesantes —espetó lanzando una traviesa sonrisa hacia Melanie, que no dudó en acercarse a Quinn.
—Ok. Muy bien por ti —le respondió con algo de sarcasmo—. Me voy a dar una ducha, otra vez —se excusó Rachel para apartarse del grupo. Y Quinn la siguió con la mirada. Estaba dispuesta a seguir sus pasos, y continuar con la interesante conversación que habían mantenido en el tramo final del trayecto, pero Melanie se interpuso en su camino, y no lo permitió.
—Quinn, necesito comentarte algo. ¿Te importa acompañarme a la tienda?
—¿Ahora? Necesito ducharme, Mel. Luego si quieres…
—Es urgente. No, no voy a retenerte más de cinco minutos, lo prometo.
—Eh… Ok. Está bien —respondió a regañadientes, aceptando la invitación y siguiéndola hacia su carpa.
—¿Qué ocurre?
—Sólo quería preguntarte algo.
—¿Preguntarme sobre qué?
—Esta mañana estuve hablando con Rachel y no la vi bien. Sé que no somos amigas, pero…No sé, si necesitas hablar o pasa algo, solo tienes que decírmelo.
—No, no te entiendo.
—Quinn, ya sé que no somos amigas… Amigas, pero no sé. Puedes contar conmigo. Ya sabes que vuestro secreto está a salvo conmigo, y si tenéis problemas, yo…
—¿Problemas? ¿Rachel y yo?
—Ajam…
—Rachel y yo no tenemos problemas —se mostró firme.
—¿Seguro? Porque anoche Dave me decía que entre vosotras estaban las cosas mal, y después de cómo estaba Rachel esta mañana, juraría que tiene razón.
—¿Dave te dijo que estábamos mal?
—Sí, pero me lo dijo de buenas. No pienses que estaba metiéndose en vuestra vida —añadió tratando de mostrarse prudente—. Si estáis pasando por un mal momento, y necesitas hablar… Yo estoy aquí. Te lo digo de verdad, de corazón…
—Ok, ok, no te preocupes, Mel —la interrumpió—. Yo te agradezco tu interés, pero no tienes de qué preocuparte. Todo está perfecto entre Rachel y yo. De hecho, yo diría que está mejor que…—Quinn lanzó una mirada hacia la cabaña de las duchas, donde Rachel ya se disponía a tomar aquella ducha antes de comenzar la barbacoa— Está mejor que nunca.
—Oh. Ok. Entonces genial. Me alegro, por ti y por ella.
—Gracias.
—Siento haberme metido donde no me llaman.
—No te preocupes. Te agradezco el interés. Se nota que eres una gran persona.
—Bueno, no tanto…—sonrió divertida— Pero me caéis bien, y la verdad… Me hace ilusión veros juntas. Hacéis una pareja muy bonita.
—Gra… Gracias.
—Por cierto —añadió cuando el rubor aún se mostraba en las mejillas de Quinn—. Hay otra cosa que debo decirte, pero esta vez es acerca de Dave.
—A ver… — espetó con algo de prisa.
—Al final yo tenía razón.
—¿Cómo? ¿A qué te refieres?
—Pues que Dave tenía interés por estar con una chica. Demasiado interés…— respondió sonriente, y Quinn lo supo. Melanie hablaba del encuentro que tuvieron ambos la noche anterior. Un encuentro del que ella y Rachel fueron testigos de excepción.
—Lo has conseguido, por lo que veo.
Melanie se limitó a dejarle un guiño de ojos que, más que complicidad, creó molestia en Quinn. Por culpa de aquel encuentro ella había terminado discutiendo con Rachel, y pasando la peor noche desde que estaban allí.
—Al parecer, la noche ha sido perfecta para todos.
Quinn no entendió aquel mensaje hasta varios minutos después, cuando supo que ellos habían sido los primeros en espiarles y descubrirlas en la tienda de campaña, abrazadas, regalándose besos y caricias.
—Mel…— Dave interrumpió la conversación de ambas y Quinn lo agradeció— Miller necesita que le eches una mano.
—Ok…Luego seguimos hablando, ¿vale?
Quinn asintió, pero su mirada estaba focalizada sobre Dave. El rostro del chico había cambiado por completo, y mostraba un halo de seriedad que poco o nada tenía que ver con su personalidad.
—¿Qué tal, primita? —ironizó rodeándola por los hombros.
—¿Qué haces, Dave? —preguntó al ser consciente del sarcasmo que utilizó el chico.
—¿Yo? Nada, hablar con una de mis mejores amigas, por no decir la única.
—Está bien —espetó dejando escapar una sonrisa—. ¿Me dices que te pasa? —cuestionó deshaciéndose del abrazo al que el chico la tenía sometida para enfrentarse a él.
—¿Qué me pasa? Creo que eres tú quien me tiene que dar explicaciones.
—¿Yo? ¿Explicaciones de qué?
—¿Ryan? —cuestionó con sarcasmo y Quinn palideció.
—¿Quién es Ryan?
—No sé, quizás es uno de los tantos amigos gays que tengo en el curso de Kitesurf, y yo ni siquiera me he enterado. El silencio por parte de Quinn terminó delatándola—. ¿A qué juegas, Quinn?
—Está bien. Ya me cansé de todo esto.
—¿Te cansaste? ¿Me mandas un video porno, le dices a Mel que soy gay, que hago Kite solo porque estoy rodeado de gays, y eres tú la que se cansa? ¿No se supone que somos amigos?
—Eso me pregunto yo. ¿Por qué mi amigo tiene que inventar un rumor acerca de mi para ligar con una chica?
—¿Qué?
—Rachel y yo somos pareja, ¿no es cierto?
—No sé de dónde sacas esa estupidez. Ya te dije que no sabía de donde venia eso.
—¿Ah no? Ok, pues vamos a preguntarle a Mel. Quizás ella si sepa de donde sale ese estúpido rumor —masculló buscando con la mirada a la chica, que ya permanecía junto a Miller y un grupo de compañeros.
—No…No espera —la detuvo al ver que avanzaba hacia ella—. Espera Quinn.
—¿Qué? ¿No quieres preguntarle? Porque te aseguro que ella sabe perfectamente de dónde proviene ese rumor.
—Sólo fue una broma —le confesó al fin—. Ella estaba celosa de ti y tenía que buscar una excusa.
—Curioso, a Rachel le dices que soy tu prima, pero a ella le inventas eso. ¿Por qué?
—Porque Rachel te conoce, y sabía que no ibas a ser lesbiana —espetó tratando de sonreír.
—¿Y le dices eso a alguien que está en mi instituto? ¿A alguien que puede ir dejando ese rumor sin más?
—No exageres. Mel no va a decir nada.
—A mí me lo dijo…Y a Rachel. ¿Por qué no se le iba a escapar con otras personas?
—Vamos, Quinn, os lo diría a vosotras para que confiarais en ella. Pero no va a ir diciendo eso por ahí, es buena chica.
—¿Y tú qué sabes cómo es? No hace ni un mes que la conoces, Dave. No seas incrédulo.
—La conozco lo suficiente para saber que no iba a meterte en líos. Pero, además… ¿Cuál es el problema? —se excusó— En primer lugar, tus compañeros idiotas de ese club de canto, y los de tu instituto no iba a creer algo así de ti. Y, en segundo lugar, ¿qué más da? Si ya conseguiste lo que te propusiste. ¿No? Eres tú la que vas por ahí de la mano con ella, sin importarle lo que piensen los chicos del curso.
—¿De qué hablas? No hago nada que no puedan hacer dos amigas.
—Sé que anoche tuviste algo más con ella, y poco o nada te importaban los rumores en ese momento —Quinn volvía a quedarse en silencio, tratando de encontrar las palabras adecuadas para recriminarle, pero le resultaba imposible—. Ahora solo necesito saber si Rachel está enganchada de ti o, simplemente, era otra de tus estratagemas para ganar la apuesta.
—No… No es una estrategia —respondió con apenas un hilo de voz—. Lo que pasó, pasó de verdad.
—Muy bien, pues le preguntaré y lo confirmaré.
—Hey…no, ni hablar… ¿Me oyes? Ella no tiene ni idea de la apuesta, así que te callas.
—Quinn, como comprenderás tengo que saber si ella realmente siente algo.
—¿Quién siente qué? —Rachel interrumpía la conversación sin que ninguno de los dos la hubiese visto llegar. Y los nervios se apoderaron de Quinn.
Conocía a Dave, sabía de lo que era capaz y no tenía inconveniente alguno en preguntar aquello directamente. Algo que podría ser fatídico para su reconciliación con Rachel.
—Ah…Mira, aquí está la clave —espetó sonriente.
—Dave, por favor —le suplicó—. Tú ganas… Es todo mentira —terminó confesando en un último intento por evitar que le hablase de la apuesta.
—¿Qué ocurre, chicos? —preguntaba Rachel confundida— ¿De qué clave hablas?
—Quinn y yo estábamos hablando de algo muy interesante…—se acercó a la morena— ¿Ya te has duchado?
—Sí, ha sido rápido. Tengo hambre —sonreía un tanto extrañada al ver como el chico alzaba su brazo alrededor de sus hombros, y Quinn negaba continuamente con la cabeza.
—Bien, porque me vienes muy bien en éste mismo instante.
—¿Qué ocurre, Dave?
—Dave, por favor —volvía a suplicar Quinn con el gesto serio.
No lo podía evitar. Quinn sintió como sus ojos comenzaban a humedecerse, producto del nerviosismo que estaba invadiéndola. Porque no quería, no deseaba por nada en el mundo que Rachel se enterase de la dichosa apuesta, y porque sabía que no lo iba a entender, mucho menos después de lo que sucedió aquella noche.
—Nada Rachel, nada malo —la tranquilizó—. Quinn y yo hablábamos del amor, de lo extraño y confuso que es…
—¿Confuso?
—Sí…
—No creo que el amor sea confuso. Cuando te enamoras, lo haces y ya.
—¿Tú estás enamorada? —fue directo.
Rachel no pudo evitar lanzar una mirada hacia Quinn, tratando de entender si todo aquello tenía algo que ver con la mentira que ambas seguían sosteniendo, y ver como bajaba la mirada completamente avergonzada, le dio la respuesta.
—Sí…Lo estoy —respondía con total y absoluta certeza— ¿Y tú?
Aquella respuesta sorprendió tanto a Quinn como a Dave, que fue consciente de la mirada que segundos antes le había lanzado a la rubia.
—¿Yo? Para nada.
—¿Y Mel? —preguntó curiosa.
—¿Mel? Una amiga —respondía con una traviesa sonrisa.
—Ah…Pues que bien, supongo. Aunque te recomiendo que te enamores, la sensación es única. Y te pones de mejor humor.
—También sufres cuando te enamoras —la interrumpió—. Te pueden romper el corazón, te pueden provocar celos, peleas, mentiras…
—Bueno, supongo que aun así, merece la pena por disfrutar de lo bueno. Siempre va a merecer la pena.
—No sé yo. Igual yo soy de los que…
—Dave —interrumpió Quinn presa de los nervios por culpa de la conversación que mantenían— Se me ha olvidado entregarle la cámara a Mel —dijo buscando en el interior de su mochila—. ¿Se la puedes entregar mientras yo voy a ducharme?
—¿Ahora? No te preocupes. Mel está entretenida con la barbacoa, y no hay prisas por entregársela. Me dijo que la usaras cuanto quisieras…
—Pues yo si tengo prisas por dejar esta ropa mojada en la tienda —intervino Rachel deshaciéndose de los brazos del chico. Ni siquiera tuvo que mirar a Quinn para saber que procuraba zanjar aquella conversación, y quiso ponérselo fácil—. Es mi primera barbacoa del 4 de Julio en el campamento, y no me quiero perder nada —añadió excusándose, cuando ya comenzaba a alejarse de ellos, y Dave se lamentó al no haber conseguido su cometido.
—¿Estás contento? —fue Quinn quien acabó con el breve silencio una vez que se aseguró de que Rachel ya no podía oírlos.
—¿Qué?
—¿Cómo que qué? ¿Eres idiota?
—No he dicho nada —se excusó Dave—. De hecho, he preguntado si estaba enamorada y me ha dicho que sí, es un gran punto a tu favor. Podría haber sido más directo, pero he tenido compasión.
—Escúchame —lo interrumpió de nuevo desafiándolo con la mirada—. No quiero seguir con esto. ¿Me oyes? Se acabaron las apuestas, las bromas, y cualquier otra estupidez que se te ocurra en esa cabeza retorcida que tienes.
—¿Yo tengo la cabeza retorcida? Primita, me temo que en eso me superas y con creces…
—Dave, basta —esgrimió lanzando de nuevo una mirada hacia la tienda—. No quiero seguir con la apuesta.
—Pues yo sí. Y quiero ganarla y llevarme tu coche a Cleveland.
—No te preocupes por eso. Te dejaré mi coche, te lleno el depósito de gasolina si es necesario, pero Rachel no puede saber nada de esto. La apuesta nunca ha existido, ¿entendido?
—Wow… Quinn —masculló sorprendido— ¿Qué diablos te pasa? ¿Estás dispuesta a perder la apuesta solo para que Rachel no se entere?
—Sí —fue contundente—. No quiero que se entere. ¿Ok? Rachel, Rachel es importante para mí, y no quiero que sepa nada de esto. Porque no lo va a comprender, y ya hemos tenido una discusión absurda por una confusión. No quiero que sepa absolutamente nada de esto. ¿Entendido? —soltó, pero para entonces Dave había dejado de regalarle su típica sonrisa de superioridad, y se mostraba completamente serio, desviando la mirada tras ellas— ¿Qué pasa? ¿No me vas a decir nada?
—¿De que no me tengo que enterar? —no fue Dave quien pronunció aquellas palabras, y Quinn palideció justo en ese instante al ser consciente de ello. Lo hizo por inercia, guiándose de la mirada de Dave, que seguía anclada en un punto fijo tras ella. Quinn se giró, y fue entonces cuando la descubrió allí, en el exterior de la tienda, observándola completamente confundida— ¿De qué estáis hablando? —insistió ante el mutismo de la rubia.
—¿No lo sabes? —reaccionó Dave— O sea, que es verdad.
—¿Qué tengo que saber? —la morena se acercó aún más confundida, y Quinn comenzó a lamentarse negando repetidas veces con la cabeza— ¿Quinn? ¿Qué diablos pasa? ¿Qué es lo que no quieres que sepa?
—Escúchame, Rachel —balbuceó al fin tras aclararse la garganta y alzar la mirada con decisión hacia ella—. No, no te vayas a enfadar, por favor. Solo, solo es una estupidez.
—Ok, si me dices eso, es que me voy a enfadar. Y mucho.
—Eh, chicas…. Lo siento, pero yo me marcho. Será mejor que habéis eso a solas —intervino Dave presenciando el duelo de miradas entre ambas. Y sin darles tiempo a reaccionar. Quinn ni siquiera volvió a mirarlo. Sus ojos seguían fijos en ella, en Rachel, que esperaba impaciente una explicación que, por lo que intuía, no le iba a gustar.
—¿Quinn? —susurró impaciente, y la rubia dejó escapar un sonoro suspiro.
—Rachel yo…
