DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Hola chicas! Ya es tarde para mi horario acostumbrado de publicación, pero justo acabo de terminar y bueno, digamos que no les caerá mal que lo haya publicado a esta hora jejeje También les recuerdo que como hemos vuelto a clases en línea, mi tiempo de traducción se reduce considerablemente, pero créanme, estoy poniendo todo de mi parte para continuar publicando rápido. Me cuentan que les pareció el capítulo! Me cuentan! Que estoy tan ansiosa como ustedes jejeje Y… Nos quedan 5 capítulos, hemos entrado oficialmente a la recta final!

Nota Autora: ¡Olvidé por completo agradecerles a todos el capítulo pasado por llevarme a 1,000 reviews! Qué cosa tan increíble y no puedo agradecerles lo suficiente.

Todavía estoy tratando de ponerme al día con la respuesta a los comentarios, pero también estoy tratando de sacar los capítulos de manera oportuna, así que me disculpo si aún no han recibido una respuesta.

Feliz día de San Valentín tardío para todos ustedes.

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La Forma Correcta de Actuar

Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8

Capítulo 31

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Le contó a Morty sobre el baile esa noche y le preguntó si era posible que la cubriera durante la última hora antes de cerrar para que ella pudiera llegar a casa a arreglarse.

—Absolutamente no. —Él le frunció el ceño—. Saldrás hoy al mediodía, jovencita.

Hermione parpadeó. —¿Disculpa?

—¡El baile de San Valentín es un gran evento! ¡No quiero que andes tonteando por una librería cuando deberías estar arreglándote!

Hermione lo miró boquiabierta. —Yo... Bueno, no necesito tanto tiempo. Odiaría ser una molestia-

—Y no te molestes en venir mañana. —Manoteó al aire y comenzó a subir las escaleras hasta su departamento—. ¡Necesitarás recuperarte!

—¿Qué? No, Morty. ¡Vendré mañana!

—¡Ni se te ocurra! —le gritó.

Ella hizo un puchero. —¡Bien! ¡Pero llegaré para el mediodía!

La puerta del departamento de Morty se cerró de golpe.

Hermione frunció el ceño.

Cuando Morty la obligó a salir de la librería a las doce del día, Hermione llegó a su casa y tomó una ducha, preparándose para que Daphne y Tracey llegaran.

Les había enviado una lechuza a su salida del trabajo el día anterior, preguntándoles si podría contratarlas para que la arreglaran para el baile.

Era extraño, tenerlas a ambas ahí sin Pansy. Ella siempre charlaba y cotilleaba sobre viejos amigos, así que cuando Tracey conjuró algo de música con su varita, Hermione decidió mantenerse en silencio durante la tarde.

—¿Lo queremos recogido o suelto ésta noche? —preguntó Tracey, rompiendo el silencio.

—Hum... —balbució Hermione. El vestido era similar al vestido blanco de la Gala de Año Nuevo. Ginny la había hecho usarlo suelto aquella noche, a pesar de que la bruja estilista había sugerido que fuera un recogido.

—¿Cómo es tu vestido? —Preguntó Daphne, mientras mezclaba algunos menjurjes para que igualaran su tono de piel.

—Es dorado. Y largo hasta el piso.

—¿Podrías probártelo? — preguntó Tracey con los ojos muy abiertos. Daphne parecía querer asegurarse de que los tonos de su maquillaje combinaran, pero Tracey se veía emocionada.

—Hum... sí...

Hermione fue a su habitación y se puso el vestido dorado. Aún no había podido probárselo. La seda se sentía fría contra su piel, y el corte era como el del vestido blanco. Planeaba transfigurar el color de los zapatos que usó Año Nuevo a dorado, para poder usarlos también con éste vestido.

Salió de su habitación. Tracey jadeó. Daphne apareció sobre su hombro y le sonrío de una forma muy Slytherin.

Hermione entró en la sala de estar, donde la iluminación era mejor. —Necesitaré usar un sostén distinto, lo sé, —dijo mientras se giraba. El vestido no tenía espalda, al igual que el blanco, pero el frente era ligeramente distinto.

Justo cuando Tracey estaba a punto retomar el tema del peinado, la chimenea cobró vida y la cabeza de Ginny se asomó entre las llamas. Sus ojos se agrandaron.

—¡¿Qué carajo llevas puesto?! ¿Qué es eso? —Su boca se abrió.

—¡Yo- Ginny! —Hermione saltó—. ¿Qué estás haciendo?

—¿Qué estoy haciendo? ¿Salgo de la ciudad por tres días y te conviertes en la Reina de Inglaterra?

—Iré al baile de San Valentín ésta noche.

Ginny jadeó. —¿Con Malfoy?

Los ojos de Hermione se salieron de sus cuencas. Ginny no podía ver a Daphne y Tracey desde su posición entre las llamas. Hermione tampoco había tenido la oportunidad de hablar con ella de prácticamente nada esa semana.

—Con... Malfoy Consulting, sí, —intentó Hermione. Miró a Daphne y Tracey rápidamente. Tracey estaba sonriendo, calentando algunos instrumentos para el cabello, y Daphne levantó una ceja mientras le devolvía la mirada.

—Por las barbas de Merlín, Hermione. —Ginny la miró de arriba abajo otra vez—. ¿Necesitas que te enseñe el hechizo anticonceptivo antes de que te vayas?

Ginny agitó las cejas. Hermione se petrificó con la boca abierta y escuchó a Tracey resoplar.

—Yo... yo... —tartamudeó Hermione—. Tracey y Daphne están aquí, peinándome y maquillándome.

Tracey se acercó a la chimenea a saludar. Ginny levantó las cejas. —Oh hola. —Como si no le molestara ni un poco.

—Muy bien, ¿necesitabas algo, Ginny? —Hermione sintió que se le enrojecía el rostro y supo que Daphne podría verlo en cuanto comenzara a maquillarla.

—Venía a avisarte que llegaré a casa hoy en la noche. El partido de mañana fue reprogramado debido al clima, —dijo Ginny—. ¡Pero parece que no estarás en casa!

—Oh, está bien. Te veré entonces cuando vuelvas, —dijo Hermione, ansiosa por quitarse el vestido.

—¡Diviértete! No hagas nada que yo no haría. —Ginny le guiñó un ojo y desapareció.

Hermione cerró los ojos. Cuando los abrió, Tracey la estaba mirando, ocultando una sonrisa.

—Entonces, ¿recogido o suelto?

—Hum... ¿Sería mejor recogido? ¿O suelto estaría bien?

Hermione pudo escuchar una voz en su oído, susurrando "Nunca vuelvas a hacer esto" mientras le deshacía la cola de caballo. Miró a Tracey, y fue como si Tracey lo hubiera escuchado también.

Ella sonrió. —Hagamos un poco de ambos.

Hermione se quitó el vestido dorado, regresó en su bata de baño a la silla en la sala de estar y dejó que las chicas continuaran. Daphne comenzó a aplicarle corrector, y Hermione intentó evitar que su cara se sonrojara.

Daphne se echó hacia atrás y la miró.

—Granger, ¿ésto es un chupetón?

Hermione la miró mortificada, mientras Daphne observaba fijamente su cuello.

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Apareció por la chimenea a las siete en punto. La sala de la Mansión del Concejal era tan grande como la Mansión Malfoy, pero en lugar de mármol y copos de nieve, habían cálidos tapices y corazones revoloteando por todas partes.

Se unió a la línea de recepción, que se dirigía hacia una entrada con cortinas descendentes, atadas con enredaderas de vid y coronadas por linternas bajas.

Hermione se dio cuenta que no tenía una invitación. O un acompañante. Para la Gala de Año Nuevo, le habían enviado una invitación e incluso la había llevado consigo, en caso de que Narcissa necesitara verla. Ahora caminaba hacia una abertura iluminada junto a un grupo de personas, sin nada más que el recuerdo de un memo sobre su escritorio.

Cuando estuvo cerca, notó que no había una lista, y nadie revisaba invitaciones, pero tampoco tenía idea de quién era la persona en la entrada, estrechando manos. Era un caballero de barba gris con ojos amables, y su considerablemente más joven esposa colgaba de su brazo como si fuese un bolso.

—¡Srta. Granger! —dijo el hombre. Él le sonrió ampliamente y Hermione decidió devolverle la sonrisa.

Él le estrechó la mano y le presentó a su esposa. La mujer la saludó de mano como le hubiera gustado a Madame Michele, y Hermione correspondió el gesto.

—Me siento honrada de estar aquí ésta noche. Gracias por invitar a Malfoy Consulting Group.

—¡Por supuesto, por supuesto! —El hombre se palmeó el pecho con orgullo—. Estamos muy emocionados de ver lo que el joven Sr. Malfoy y usted han logrado hasta ahora.

Ella asintió cortésmente, notando que él solo los había mencionado a ella y a Draco de todos en Malfoy Consulting.

Él continuó. —Creo que el Sr. Malfoy ya está adentro. Por favor, disfrute la velada, Srta. Granger.

Hermione sonrió y se coló bajo el dosel de cortinas, siguiendo las telas de seda hasta la entrada. Se encontró en el segundo piso de un gran salón de baile, contando doce candelabros que iluminaban la sala. Ante ella, la escalera se partía y rodeaba el salón de baile por ambos lados.

Se preguntaba si el propósito de tener dos escaleras era meramente estético, o si habría una escalera correcta para bajar, cuando Draco apareció en la parte inferior de la escalera a su derecha.

Y se decidió.

Puso una mano en la barandilla, mientras usaba la otra para levantar la tela de seda sobre su cadera y evitar tropezar, y salió del rellano. Ella mantuvo sus ojos en él. Llevaba un traje blanco y una sonrisa.

Él dejó que sus ojos vagaran por su figura una vez antes de regresar a su rostro. Hermione sintió un sonrojo correr por su cuello antes de que un flash destellara a su izquierda, y volteó para encontrar a Skeeter y a su fotógrafo colocados entre las dos escaleras.

—¡Srta. Granger! ¡Se ve impresionante! —chilló Skeeter—. Dígame, ¿tiene en la mira a alguien especial este día de San Valentín?

Hermione se detuvo en la escalera y parpadeó. Abrió la boca, emitió un chilido y volvió a cerrarla.

Volteó a ver a Draco, quien aún la observaba, a cuatro peldaños de distancia.

Qué mortificante. ¿Esto era una cita o no?

¿Y tenía que decidir justo ahora?

Draco miró hacia abajo. Ella lo observó dar un paso hacia atrás, como si estuviera a punto de apartarse de las escaleras. Apartarse de ella, y del incómodo momento.

Hermione se giró hacia Skeeter. —Me negaré a responder una pregunta tan increíblemente invasiva, Rita; pero si quieres fotografiarme alejándome con Draco Malfoy, siéntete libre de hacerlo.

Los ojos de Rita se abrieron y se volvieron codiciosos. Vio a Bozo levantar la cámara rápidamente, y Hermione se giró para encontrar los ojos de Draco destellando hacia ella.

Continuó descendiendo los últimos cuatro escalones, levantando su mano de la barandilla y deslizándola en la mano extendida de Draco.

Los dedos de Draco se sentían cálidos contra su mano, y la cámara destelló. Hermione lo tomó del brazo e hizo que ambos giraran cuando descendió el último peldaño, alejándose de Skeeter, y fue en ese momento que Hermione notó que el traje blanco de Draco estaba adornado con bordados en hilo de oro.

Ella sonrió hacia sus zapatos, y Draco la condujo hasta una bandeja con copas de champaña con fresas al fondo. Le entregó una copa, y justo cuando él se giró para decirle algo, una voz familiar llegó hasta su oído.

—¡Srta. Hermione Granger!

Se dio la vuelta y encontró al profesor Slughorn avanzando hacia ellos, con su copa de brandy derramándose por los bordes y sus mejillas enrojecidas.

—¡Profesor!

Apenas tuvo tiempo de enfocarlo antes de que él ya estuviera besándola en la mejilla. Caramba.

—¡Señorita Granger! ¡Eres una visión, querida! —Volvió los ojos hacia Draco—. Y mi Slytherin favorito –no le digan al Sr. Zabini, —susurró.

—Ni soñarlo. —Draco sonrió y le estrechó la mano.

—Lo sabía, se los dije, —Slughorn hipó—. ¡Sabía que había elegido un excelente grupo para el Club de las Eminencias de aquel año! ¡Una Consultoría tremendamente exitosa que no tiene a uno, sino a tres de mis alumnos!

Hermione apretó los labios, evitando mencionar que Draco había tenido otras cosas en mente aquel año...

—¡Oh! — estalló Slughorn—. Quisiera presentarle a alguien, Srta. Granger. —Comenzó a alejarse de ellos, haciendo un gesto para que lo siguieran—. Ella se graduó antes que usted de Hogwarts, pero sería un excelente contacto.

Ambos lo siguieron, Draco deslizando su brazo bajo el codo de Hermione y colocando la mano contra su espalda baja.

Eso era mucho peor. La seda se sentía fría contra su piel pero se calentó inmediatamente en cuanto él la tocó.

Hermione se mezcló y conversó con la amiga de Slughorn. Treinta minutos después, se sorprendió por la forma en que Slughorn los había conducido por el lugar, presentándolos con cuatro personas que serían excelentes recursos o clientes para Malfoy Consulting. Hermione bebió su champaña y encontró un nuevo nivel de respeto por Horace Slughorn.

A lo largo de todas las presentaciones, Draco mantuvo la mano sobre su espalda. Hermione no podía decir cuándo era peor –al principio cuando su mano estaban tan abajo en la curva de su espalda que podía sentir la electricidad corriendo en todas direcciones cada vez que ella se movía, o cuando él subió un poco la mano al hablar con un vampiro novelista, dejando que su pulgar rozara su piel desnuda de una manera que podría ser puramente accidental, pero que había hecho que cada vello de su cuerpo se erizara.

—¡Ah! ¡Sr. Buckworth! —La voz de Slughorn la sacó de sus pensamientos—. Sr. Buckworth, venga aquí a conocer a mis amigos.

Un hombre ancho de la edad de su abuelo se acercó a ellos, extendiendo una mano hacia Slughorn. Hermione sintió que Draco se removía a su lado, y lo miró rápidamente de reojo para descubrir que estaba absolutamente concentrado en el Sr. Buckworth.

—Sr. Buckworth, conoce a mi amigo Draco Malfoy, ¿cierto? —Slughorn hizo una seña hacia Draco con su copa de brandy. Hermione creyó haber sentido una gota caer sobre su pie.

Buckworth miró a Draco. —El chico de Lucius. Dios mío. ¡Has estado causando un gran revuelo! —Buckworth sonrió y estrechó la mano de Draco.

Ante la mención de Lucius, Hermione revisó Draco, esperando que su ojo temblara o que se alebrestara al ser llamado "el chico de Lucius". Pero él sonrió abiertamente. Y le estrechó la mano con entusiasmo.

—Gracias Buckworth. Mi padre habla de usted con mucho cariño. ¿Y usted, por supuesto, conoce a Hermione Granger?

Sintió un ligero empujón en la espalda y se adelantó para estrechar la mano de un amigo de Lucius Malfoy. Por segundo día consecutivo, el sonido de su nombre en labios de Draco detuvo sus procesos cerebrales.

—¡No sé si he tenido el placer! —La sonrisa del Sr. Buckworth era amable, y ella apreció que los ojos del hombre no rastrillaran su cuerpo como lo habían hecho tantas de las personas que le habían presentado esa noche—. Rhett Buckworth, Srta. Granger.

—Un placer conocerlo, Sr. Buckworth. ¿Conoce a Horace de Hogwarts?

—Hum, sí y no. —El señor Buckworth se rió entre dientes y Slughorn se rió contra su brandy—. A pesar de haber sido un estudiante terrible en Hogwarts, trabajé con Horace después de estudiar allí, con pociones y cosas por el estilo.

—Oh, maravilloso, —dijo Hermione.

—Dígame, Sr, Buckworth, ¿todavía se mantiene en contacto con Geoffrey Townsend?

Hermione miró a Draco. Tenía un brillo en los ojos que ella reconocía, pero era tan débil que estaba segura de que nadie más lo percibiría.

—¿Geoffrey? —El Sr. Buckworth inclinó su torso hacia el frente, como si no hubiera escuchado correctamente—. ¡Dios mío! ¡No he visto a Geoffrey en años! Muy bueno en pociones, ¿no es así, Horace?

Slughorn le murmuró algo a su vaso.

—Granger acaba de reunirse con él la semana pasada, —dijo Draco. Hermione lo miró y parpadeó. ¿No estaba también ahí en la cena? Draco la miró y le dio el más leve asentimiento que no podía soñar con interpretar correctamente.

—¿Y está bien? —Preguntó el Sr. Buckworth—. Siempre le gustó golpearme en el Quidditch cuando estábamos en la escuela. ¿Cómo está el viejo?

Hermione se volvió hacia el señor Buckworth. —Él está de maravilla. Tuve una encantadora reunión con él. —Sintió la mano de Draco en su espalda, presionando ligeramente. Ella le dio un giro a conversación—. Discutimos sobre mi proyecto actual, la Ley de Hombres Lobo. Lo llevaremos ante el Wizengamot el próximo mes; intentaremos conseguir los mismos derechos de empleo y educación para los Hombres Lobo. El Sr. Townsend fue tan generoso que prometió un porcentaje considerable de nuestra meta para la recaudación de fondos.

—¿Ah sí? —Dijo el Sr. Buckworth. Y Hermione observó los labios del hombre torcerse y sus ojos entrecerrarse. ¿Había dicho algo mal? Él continuó. —Entonces Geoffrey sigue derrochando su dinero, ¿cierto?

Draco se rió a su lado. Hermione sintió que se estaba perdiendo de algo. ¿No se suponía que debía mencionar la recaudación de fondos?

—¿Cuánto le prometió? —Preguntó el Sr. Buckworth, entrecerrando los ojos.

Hermione parpadeó.

—Creo que casi la mitad de la meta, —dijo Draco, mirándola como si necesitara una confirmación de su parte. El brillo todavía estaba en sus ojos, y ella lo reconoció. Lo había visto antes en él. Significaba que estaba ganando.

—Pero claro que sí, —murmuró el Sr. Buckworth. Observó un punto sobre el hombro de Hermione, luego volvió a mirarla a los ojos—. En su próxima reunión, cuéntenle que su viejo amigo Rhett igualó su donación. —Miró a Draco—. Y envió una hermosa canasta de frutas el lunes por la mañana.

¿Qué... qué acaba de suceder?

Draco se rió entre dientes, diciendo algo sobre la generosidad del Sr. Buckworth y le estrechó la mano. Hicieron una especie de broma acerca de cómo la fruta favorita de Draco eran esas fresas bañadas en chocolate, y Hermione sintió que el pulgar de Draco acariciaba nuevamente su piel. Como un elogio.

Slughorn atrajo la atención del Sr. Buckworth con una vieja historia sobre gusarajos, y Hermione se giró hacia el hombro de Draco.

—No tengo idea de lo que acaba de suceder, —susurró.

—Acabas de asegurar la recaudación de fondos de tu primer proyecto, Granger. —Su voz bañó la parte superior de su cabeza y descendió por su cuello.

—Aunque yo... yo no hice nada.

—Lo hiciste perfecto.

Le estaba enseñando, como había prometido que haría.

Se sintió eufórica por haber conseguido los fondos para el Proyecto de los Hombres Lobo. Estaba confundida por cómo lo habían conseguido, pero se sentía entusiasmada.

Cuando Slughorn llamó la atención de un caballero que pasaba, Draco se inclinó para susurrarle al oído.

—Necesito hablar con Horace sobre algo, pero éste caballero de aquí es el Concejal más joven de Hogwarts. También es nacido de muggles.

Ella miró sus ojos grises y asintió. Ésta era su oportunidad para discutir el Programa de Integración de Nacidos Muggles con alguien que realmente podría apoyarlo.

Draco estrechó la mano del Concejal y se hizo a un lado con Slughorn -deslizando la mano sobre su espalda mientras se alejaba, con su pulgar rozándole la piel- cuando Hermione se presentó. Observó de reojo cuando Draco preguntó algo a Slughorn, y los ojos del hombre mayor se abrieron mientras asentía erráticamente. Slughorn escoltó a Draco y Hermione volvió a concentrarse en su discusión con el Concejal de Hogwarts.

Veinte minutos después, mientras se despedía del Concejal prometiendo estar en contacto, Draco aún no había regresado. Hermione puso su copa vacía de champaña en una bandeja y se dio la vuelta para descubrir que el baile había comenzado en medio del salón de baile. Se dirigió hacia una columna y buscó en la habitación a alguien con quien hablar.

—Por Merlín, ¡qué espectáculo para la vista!

Se giró para ver a Blaise acercándose a ella, recorriendo su vestido y cabello con los ojos.

—Aquí los ojos, Blaise. —Dijo ella señalando su rostro.

—Una solicitud imposible.

Ella lo observó. Llevaba un traje rosa. Parpadeó, sorprendida por su aplomo.

—Alguien trae a tope el espíritu del día de San Valentín, —dijo.

Blaise se apoyó junto a ella contra el pilar y dijo, —Bueno, supuse que la mayoría de las mujeres solteras estarían vestidas de rojo para el baile. Quería asegurarme de que haríamos juego en las fotos.

Ella sonrió. —¿Y cómo están las prospectos? ¿Alguien ya llamó tu atención?

—¿Te refieres a alguien además de mi compañía actual? —Él le guiñó un ojo—. No hay suficientes solteras aquí, —se quejó, mirando a las parejas en la pista—. Algunas por aquí y otras por allá, pero ni siquiera tengo a mi copiloto de siempre. Incluso Draco vino con alguien.

Hermione sintió que se le helaba la sangre y la sonrisa desapareció de su rostro. Ella lo miró, intentando salvajemente descifrarlo.

—¿Qué?

Blaise mantuvo sus ojos sobre la multitud. —Una hermosa modelo con vestido dorado.

Hermione frunció el ceño, tratando de inhalar. Por eso llevaba acentos dorados. Para combinar con alguna otra chica vestida de dorado. ¿Por qué él...? ¿Por qué estaba con ella entonces?

Volteó para escanear la pista de baile, en busca de dorado.

—Granger. —La voz de Blaise la obligó a mirarlo. Ella apretó los labios, tratando de evitar que temblaran. Blaise levantó una ceja y le sonrió.

—Me refería a ti.

Hermione parpadeó, mientras los labios del chico se dividían en una gran sonrisa. Sus ojos se arrugaron, y resopló.

—Oh... —Ella sintió sus mejillas calientes—. Oh, no. Hum, Draco y yo no estamos...

Blaise se carcajeó. —Oh, estás metida en un gran lío, Granger...

—No, quiero decir... lo que quise decir fue...

Blaise se dobló de risa, con las manos sobre las rodillas. Su carcajada retumbaba a su alrededor.

—Eso no es... hum... —tartamudeó Hermione.

Blaise se enderezó, secándose las lágrimas de los ojos. —Por Merlín, me alegra haberlo aclarado. ¡La primera chica que te toparas vistiendo de dorado habría recibido un Avada en el acto!

Hermione sintió lo caliente que estaba su rostro y sacudió la cabeza. —No era mi intención que...

—Mucha suerte ésta noche, Granger. —Blaise le apretó el hombro—. No hagas nada que yo no haría. —Él le guiñó un ojo y la dejó farfullando.

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Hermione encontró a Draco un poco más tarde, al otro lado de la habitación, hablando con un hombre arrugado y canoso. Estaban frente a frente, teniendo lo que parecía una conversación muy seria. Antes de tener la oportunidad de encaminarse hacia ellos, se encontró con algunas personas que había conocido en la Gala de Año Nuevo. Pasó un tiempo poniéndose al día con ellos.

Estaba volteándose para excusarse de una conversación particularmente aburrida, cuando sus ojos se posaron en Viktor Krum, a tres pasos de ella, esperándola para hablar.

Sus ojos se iluminaron cuando Hermione volteó a verlo. Él sonrió y ella no pudo evitar devolverle la sonrisa.

Herrmouny, —dijo, y ella echó la cabeza hacia atrás y se carcajeó por cómo las cosas nunca cambiaban.

Viktor tomó su mano y se la llevó a los labios. No había envejecido ni un día, al parecer. Su cabello aún era corto, su cuello y hombros aún anchos, y sus ojos aún amables. Llevaba una túnica de color rojo intenso, y cuando apartó los labios de su mano, pudo ver que sus ojos eran de color marrón oscuro, tal y como recordaba.

—Viktor, ¿cómo estás? —Ella sonrió.

—Estoy bien. —Sus ojos bailaron sobre su rostro—. Todavía erres herrmosa.

Ella se sonrojó. —Sigues jugando para Bulgaria, ¿cierto? ¡Ahora sé un poco más sobre Quidditch porque conozco a muchos más jugadores de Quidditch!

—Sí. Jugarré contrra tu Rronald Veasley en dos semanas. —Él alternó la mirada entre sus ojos ante la mención de Ron, luego continuó—. ¿Estás trrabajando con Drraco Malfoy?

—Sí, —contestó—. Estoy a cargo del Departamento de Relaciones con No Magos.

—¿Y eso qué quierre decirr? —Él sonrió.

—Que puedo ayudar a las criaturas mágicas y a los nacidos de muggles. —Ella dio el paso—. Hay un proyecto en el que estoy trabajando ahora que podría ser de tu interés... —lo miró a través de las pestañas y vio que aún tenía su atención—. ¿Sabes algo sobre los Snidgets Dorados?

Diez minutos de conversación ligera y Hermione hizo que Viktor comiera de la palma de su mano. Él asintió a todo lo que ella dijo, y estuvo de acuerdo con cada injusticia contra los pajaritos. Le dijo que estaba pensando en volver a contactarlo, para revisar si podía ayudarla con algo de publicidad, y él estuvo emocionado ante la idea de tener noticias suyas nuevamente.

Estaba a punto de mencionar otro hecho aburrido sobre la población de Snidget Dorados cuando el cuarteto de cuerda a su espalda comenzó una nueva interpretación. Hermione volteó para observarlos, reconociendo la melodía, y cuando miró hacia atrás, Viktor le tendió la mano.

—¿Bailarrías conmigo otrra vez, Herrmouny?

Hermione asintió y colocó su mano sobre la de él. Viktor la condujo a la pista de baile, uniéndose a otras parejas. Se colocaron frente a frente, y Hermione se sintió complacida de haber terminado de repasar este baile con la Srta. Truesdale.

El Vals Francés comenzó a sonar.

Viktor hizo una reverencia, manteniendo sus ojos en ella.

Ella le sonrió e hizo la cortesía una vez que fue el turno de la dama. Pensó que la Srta. Truesdale estaría muy orgullosa de lo profunda que había sido su cortesía.

Hermione se metió entre los brazos de Viktor, una mano sobre su hombro, la otra sobre su mano, y ambos bailaron el vals. Él la apretó contra su cuerpo mientras la levantaba, la seda entibiándose contra su piel, y ella se rió cuando la bajó.

Esto era fácil. Bailar con Viktor Krum era muy fácil, como si el tiempo no hubiese pasado. Como si la guerra no hubiese existido y Cedric Diggory aún estuviera vivo, y Sirius y Remus y Snape y Fred y Dumbledore. Giraron uno alrededor del otro y Hermione se dejó llevar por su memoria, volteando a la derecha para encontrarse con el caballero a dos parejas de distancia.

Y su corazón se detuvo cuando descubrió que era Draco Malfoy. Otra vez. Sonriéndole.

El mismo baile. La misma canción. La misma pareja.

Sus ojos la observaron antes de hacer una reverencia, tal como lo había hecho hacía cinco años. Cuando él se enderezó, ella sonrió, riéndose por lo bajo. Ella hizo la cortesía lo mejor que pudo.

—¿De qué te ríes, Granger?

Ella se levantó y lo miró a los ojos, sonriendo. —Coincidencias.

Draco levantó su mano derecha. Ella acercó la suya, pero no lo tocó, al igual que no lo había hecho hacía cinco años. Sólo que ahora era por muchas razones más.

—No creo en las coincidencias, —dijo. Comenzaron a girar uno alrededor del otro.

—¿Oh enserio? —Hermione le devolvió la sonrisa, pensando en que si sólo él supiera…

—Estoy exactamente donde planeé estar. Al igual que lo había planeado la última vez que bailamos juntos ésta pieza.

Ella se detuvo, de vuelta en donde comenzó. Su pulso zumbando. Él no se refería a...

Hermione lo vio sonreír, con los ojos brillantes, luego se volteó hacia su compañera original.

—¿Herrmouny?

Volteó con los ojos vidriosos y vio a Viktor acercándose a ella. Lo tomó de la mano justo cuando comenzó el siguiente movimiento.

No podía respirar. No podía-

Pisó a Viktor en los dedos del pie y él gruñó. Dejó que él la guiara, girándola, y dejó que sus ojos buscaran a Draco. Tratando de encontrarlo entre las parejas.

Viktor hizo una reverencia. ¿Ya había terminado el baile? Pero si acaba de comenzar. Dobló las rodillas en una cortesía muy inapropiada y le dijo al Búlgaro que necesitaba ir por un trago y que volvería en seguida.

Se giró, ignorando la voz del chico que le preguntaba si prefería que él le trajera algo, con los ojos vagando entre la multitud.

No podía respirar. Se llevó la mano al estómago, sintiendo la seda dorada, y dio la vuelta en un pasillo tranquilo.

Durante años, había soñado con cómo el destino los había unido por un momento en el Baile de Navidad. Había evocado la forma en que él la había visto aquella noche, preguntándose en qué habría estado pensando.

Escuchó el repiqueteo de sus tacones contra el piso. Y después el chasquido de unos zapatos de piel del dragón unos paso atrás.

No estaba lista. No estaba... ¿Qué había querido decir?

Escuchó la piel de dragón más cerca.

—Granger.

Ella se detuvo. Estaba al final del pasillo, y él estaba justo detrás.

—No quería... asustarte o...

Hermione escuchó el sonido de frustración que emitió mientras empujaba su cabello hacia atrás. Ella quería mirarlo, pero no confiaba en sí misma.

—¿Cuándo empezaste a sentir algo tú? Por favor, dime- —susurró ella.

Silencio. Y ella se sintió aterrorizada. Tal vez él no se había referido a eso.

—En cuarto año.

Había pánico en su pecho, y la alegría se arremolinaba a su alrededor. Se dio la vuelta y el rostro de Draco estaba tan aterrorizado como el de ella.

—Te gané. —Ella le sonrió de lado.

Él parpadeó, confundido.

Hermione acortó el espacio entre ambos, y los ojos de Draco se oscurecieron.

—Oh, pequeña cretina. —Él la alcanzó, y ella casi se echó a reír cuando la besó.

Ella deslizó sus manos por las solapas, detrás de su cuello y hacia su cabello, presionando su pecho contra el de él. Sus labios se movieron sobre los de ella y sus manos se deslizaron sobre la seda, hacia abajo y a su alrededor para aferrarse a su cuerpo.

Draco los condujo hacia una puerta, presionándola contra ella cuando la abrió. Hermione se tambaleó al entrar a una pequeña sala de estar. Recuperó el equilibrio cuando la puerta se cerró, y luego él la aprisionó de espaldas a la puerta.

Él jadeaba contra su rostro y ella se escuchó boqueando en busca de aire. Sus ojos grises bailaban sobre ella, y ella sintió una mano recorriendo sus costillas sobre la seda. Sintió su frente apoyándose contra la suya.

Podía ver una chimenea, sillas y sofás.

—¿Sabías que ésta sala de estar estaría aquí? —lo miró sospechosamente.

—Granger, fuiste tu quien me condujo por éste pasillo, no al revés. —Se inclinó y acercó su boca a la suya—. Pero sí, he estado aquí antes. Mi madre y yo tomamos té en esas sillas el mes pasado.

—Extraño a tu madre.

—Hablemos de ella más tarde, ¿quieres?

Hermione sonrió y presionó sus labios contra los de él. Todavía tenía las manos enredadas en su cabello, y aprovechó la oportunidad para acariciarlo. Él jadeó, y sus manos apretaron su trasero, acercándola a su cadera.

—Dime qué quieres de mi. —Su aliento se deslizo entre sus labios, sus manos recorrieron su torso, deslizándose cada vez más cerca de pecho. Una mano rozó uno de sus senos y ella gimió.

—Todo.

Draco dejó caer la cabeza sobre su hombro y jadeó.

Entonces Hermione sintió que la levantaban. Resopló, el brazo de Draco la rodeó por la cintura y la apartó de la puerta, girándolos. Ella lo tomó por los hombros y él los guió a través de la habitación. Ella se detuvo un segundo para echar un vistazo a la chimenea y los sillones, antes de caer, aterrizando en un lujoso diván. El respaldo del mueble se alzaba a su lado derecho, la chimenea a su izquierda.

Recuperó el aliento justo antes de que Draco se sentara y comenzara a quitarse el saco.

Oh Dios, por favor.

Estaba jadeando cuando él se reclinó sobre ella. El candelabro sobre ellos centelleó y le iluminó perfectamente el cabello, como siempre lo había soñado.

—Dime cuándo parar.

Ella casi se rió, pero luego él estaba besándola de nuevo. Draco se arrodilló sobre ella, ambas rodillas a un lado y una mano apoyada en el diván, mientras que la otra se movía otra vez desde su cadera hasta su pecho. Ella jadeó contra sus labios cuando él apretó uno de sus senos, recorriéndolo con el pulgar.

—Oh, Dios, Draco.

Él le mordió los labios, generando un dolor punzante. Él se apartó rápidamente. Ella presionó su lengua contra la herida. —Lo siento, —murmuró, pegándose nuevamente a su cuello mientras continuaba jugando con su cuerpo a través de la seda.

Hermione acercó sus manos a los costados del chico, sintiendo sus músculos temblar. Lo quería encima de ella, presionándose contra su cuerpo. ¿Por qué estaba tan lejos?

—Más. Por favor, Draco.

Él se estremeció y resopló contra su cuello. Ella movió sus piernas, levantando su rodilla izquierda, y sintió la seda deslizarse por su muslo hacia la cintura. Su rodilla rozó su cadera y él comenzó a moverse. Se inclinó sobre ella, presionándose contra su pecho y Hermione suspiró.

—¿Mejor?

—Sí, Dios mío.

Podía sentir sus caderas presionándose contra las suyas, podía sentirlo rígido contra su cuerpo.

Draco la besó, y ella se removió bajo su cuerpo haciéndolo jadear. Y le encantó. Lo hizo de nuevo y él separó sus bocas.

Él deslizó una mano entre sus costillas para tocar nuevamente sus senos. Ella gimió y luego él rodó la cadera y ella gritó, aferrándose a sus hombros.

—Dime cuándo parar, —susurró él contra su boca y volvió a rodar sus caderas.

La tercera vez las caderas de Hermione se conectaron con las suyas y maldijo por lo bajo. Él se deslizó, estremeciéndose y gimiendo. Hermione volvió a levantar sus caderas pero él se quedo quieto.

—No puedo... necesito...

Él comenzaba a apartarse y Hermione se aterrorizó. Draco alzó nuevamente su cadera, y luego se inclinó sobre ella otra vez, y ella pudo sentir su mano apoyandándose contra su muslo, deslizándose debajo de la seda.

Ella suspiró y Draco volvió a besar su cuello. Ella miró fijamente el candelabro y los dedos del chico recorrieron el contorno de sus pantaletas, acercándose cada vez más.

La tocó por encima de la tela y ella giró la cabeza para morderle la oreja. Hermione sintió su aliento en el cuello, mientras volvía a tocarla.

—Oh Dios, por favor, por favor, por favor, —dijo ella entre resuellos.

—Dime, dime cuándo parar.

—¿Por qué quieres-? —ella gimió cuando él la tocó de nuevo—. ¿Por qué quieres parar? ¿Qué pasa?

Él la miró con las mejillas sonrojadas y la frente humedecida. —Si quieres que me detenga... Si tu quieres parar... —Jadeaba, sus ojos destellaban.

—¿Por qué carajos nos detendríamos?

Hermione contuvo el aliento mientras sus ojos recorrían su rostro.

—¿Es porque... porque soy virgen? —Ella se lamió los labios—. ¿Esa es la razón?

—Por eso me detuviste. La última vez.

—¿Yo te detuve? ¡Tú te detuviste! —Ella comenzó a sentarse y él se reclinó sobre sus talones.

—Dijiste que nunca lo habías hecho- ¡Así que me alejé!

—Sí, lo recuerdo. —Le gruñó ella—. ¡Pero nunca te pedí que detuvieras!

Las cejas de Draco se juntaron y su boca se abrió. Se veía tan joven. Entonces sus ojos grises se oscurecieron.

—Si no me pides que pare, entonces voy a tomarte, Granger. Justo aquí, en éste diván.

Ella se estremeció y jadeó.

—Qué estás esperando.

Sintió que sus mejillas se sonrojaban ante su descaro, justo antes de que él la empujara por los hombros, apoyando su espalda en los cojines. Se inclinó sobre ella y la miró a los ojos. Luego acercó las manos a la parte delantera del vestido y lo rasgó por la mitad. Hermione resopló.

—¿Que estás-?

—Te compraré mil vestidos, —dijo mientras sus labios atrapaban los suyos. Y su pulso se disparó ante su promesa.

Empezaba a preguntarse cómo saldría de la mansión del Concejal, cuando Draco deslizó sus labios por su mejilla, succionando un camino a través su clavícula y serpenteando hacia su seno izquierdo. Su sostén se volvió inservible cuando Draco presionó un beso de boca abierta sobre la tela. Ella se aferró a su cabello, presionándolo más cerca, y levantó una pierna para moverse contra su cadera.

Los dedos de Draco comenzaron a remover la tela sobre sus piernas, empujándola hasta su cintura y reclamó el camino que había encontrado antes, rondando cada vez más cerca de su centro. Uno de sus dedos se coló bajo la tela y encontró enseguida un punto delicioso. Ella sacudió la cadera y gimió y Draco pasó los dientes por la parte superior de su seno.

Él comenzó con un ritmo tortuoso contra su centro, girando y frotando y Hermione cerró los ojos y lo sintió todo.

Se enardecía y no se dio cuenta cuando su boca abandonó sus pechos hasta que lo escuchó hablar.

—Mírame.

Hermione abrió los ojos y lo encontró observándola. Apenas tuvo tiempo suficiente para avergonzarse por lo que supuso que había estado haciendo con su rostro antes de que él la volviera a embestirla y retorciera su mano, insertando un dedo dentro de su cuerpo.

Ella se aferró al brazo del diván por detrás de su cabeza antes de desmoronarse de placer.

Deslizó su mirada hacia el candelabro que estaba encima de ellos, observando los numerosos cristales que salían en espiral desde el centro y continuaban danzando en el espacio.

Ella jadeó y se sacudió y contrajo sus muslos, manteniéndolo dentro de ella.

Cuando volvió en si, Draco todavía la estaba observando, con las mejillas encendidas y sudor humedeciendo su cabello. Tenía la boca entreabierta y jadeaba. Podía ver su lengua corriendo sobre sus dientes inferiores.

Él retiró la mano de su cuerpo y ella se mordió el labio para no gemir.

Hermione se sentó. Y él se apartó para darle espacio. Ella deslizó su vestido sobre los hombros y jaló hasta que pudo quitarse el sujetador y arrojarlo a un lado. Cuando sus brazos regresaron, vio a Draco lamiéndose los labios y colocando su mano izquierda en el respaldo del diván para apoyarse. Ella levantó las manos y comenzó a desabotonar su camisa de vestir. Era una tela muy fina.

Draco se quedó quieto, mirándola mientras ella lo desnudaba, y Hermione sentía que sus ojos se la comían viva. Desnuda de la cintura para arriba y desnudándolo a él.

Ella iba a medio camino cuando la encontró; una tenue línea irregular que comenzaba en su clavícula y bajaba por su pecho. Ella apartó el lado derecho de su camisa hacia atrás y descubrió el punto donde la línea zigzagueaba bajo su corazón y descendía por su abdomen.

Sectumsempra.

Draco le apartó las manos de encima suyo y la tomó por las muñecas. Ella lo miró y su mandíbula estaba apretada, apartando la vista. Él tomó un respiro para tranquilizarse y giró su mano derecha, besando el interior de su muñeca.

Ella dejó que la besara en el antebrazo dos veces más antes de arrojársele encima.

Sus dientes chocaron y él gruñó. Ella se echó hacia atrás y se llevó una mano a los labios adoloridos. Él se carcajeó. Y el sonido retumbó por la habitación, entibiándola.

Intentó acercarse otra vez, pero los restos de su vestido se deslizaban cadera abajo. Hermione bufó y apartó las piernas del sillón, se puso en pie y empujó el vestido al piso. Ella estiró los brazos y pasó la tela por debajo de sus talones, y no fue hasta que volteó a verlo que se percató de que estaba frente a él usando solamente pantaletas. Y él todavía estaba completamente vestido.

No era que a él le molestara en lo más mínimo. Lo vio correr su cuerpo con los ojos, y ella sintió la necesidad de cruzar los brazos a la altura de su cuerpo para esconderse. Pero los mantuvo abajo.

—Quítate los pantalones.

Apenas podía creer que las palabras habían salido de sus labios. Tampoco podía él, al parecer. Sus ojos se abrieron y se oscurecieron al mismo tiempo. La miró y respiró hondo.

—Quiero decir... —dijo Hermione, sonando un poco más como ella—. Ahí es a donde nos dirigimos, ¿cierto?

Se paró frente a él en el diván. Draco seguía de rodillas, justo donde había estado antes de que ella se levantara y se quitara el vestido. Él le sonrió maliciosamente, y en un movimiento fluido se puso de pie, justo frente a ella en el reducido espacio entre su cuerpo y el diván.

Hermione contuvo el aliento y sus senos rozaron su camisa. Ella quería retroceder, darle algo de espacio, pero se mantuvo firme. Volteó a verlo, levantando el cuello a pesar de la cercanía.

Sus labios se separaron, y ella lo escuchó respirar mientras sus senos rozaban contra su cuerpo en cada inhalación.

Él movió sus manos a la hebilla de su cinturón, con los nudillos rozándole el vientre. Ella jadeó. Los labios de Draco se arquearon en una sonrisa.

Hermione escuchó los fuertes sonidos del metal y los botones de su pantalón de vestir deslizándose por los ojales. Ella mantuvo los ojos fijos en los suyos, y se encontró respirando más rápido sólo para sentir la caricia en sus senos.

Uno de sus nudillos continuó rozando su vientre mientras él se desabotonaba, cada vez más abajo, con la ligereza de una pluma. Ella se humedeció los labios. Él tragó saliva.

En la periferia de su campo visual, Hermione vio sus manos ascender hacia su cintura, y él lentamente empujó sus pantalones más allá de sus caderas. Ella escuchó cuando cayeron al suelo, y ella lo empujó por el abdomen, deslizándose junto a él hasta hacerlo caer hacia atrás para sentarse en el diván. Colocó sus piernas a cada lado de su cuerpo y se unió a su boca mientras sus dedos se enredaron en el resto de los botones de su camisa.

Él gimió contra sus labios, y ella pudo sentir la tela de sus boxers rozando contra los muslos. Las manos de Draco ascendieron por sus caderas, apretando y acariciándola suavemente mientras la recorría.

Hermione desabrochó el último botón y le abrió la camisa; puso sus manos encima de su abdomen y él gruñó. Empujó la lengua dentro de su boca y él echó la cabeza hacia atrás, y ella jaló la camisa por encima de sus hombros para retirara.

Hermione separó las rodillas, intentando estar más cerca de él, y luego bajó las caderas hacia su cuerpo.

Gimieron juntos, respirando el mismo aire que los separaba. Podía sentir su cuerpo rígido contra su centro, y sabía que estaba húmeda y tibia. Ella cerró los ojos, apretó los labios y rodó las caderas hacia él, sintiéndolo presionarse contra ella. Un fuerte placer recorrió su columna vertebral y él la sujetó por las caderas, dejando escapar un jadeo contenido.

Ella acarició su cabello y volvió a moverse. Sus caderas se acompasaron a su movimiento un momento antes de presionarla con los dedos hasta amoratar su cadera, manteniéndola inmóvil.

—Draco, por favor.

Él se levantó, sosteniéndola contra su cuerpo y los giró hasta que ella estuvo nuevamente de espaldas en el diván.

Él inhaló sobre su rostro y ella lo observó cerrar los ojos.

Entonces los abrió de golpe y la miró fijamente. —¿Estás segura?

—Sí, —boqueó ella con voz áspera—. Sí, sí, sí.

La mano que aún se mantenía sobre su cadera comenzó a retirar sus pantaletas, deslizándolas hacia abajo, y ella elevó la cadera para ayudarlo.

Hermione sabía que estaba gimiendo de forma nada atractiva, aunque a él parecía no importarle. Ella se agachó para ayudarlo a remover su ropa interior, pero él volvió a tocarla. Echó la cabeza hacia atrás y contempló su candelabro favorito en toda la historia de los candelabros.

Él empujó un dedo dentro de su cuerpo y sus cuerdas vocales zumbaron. Maniobró un segundo en su interior y ella cerró los ojos, apretando los labios. Podía sentir su aliento en el cuello y él comenzó a mover la mano.

Sus dedos eran más gruesos que los suyos, y la presión era buena. Demasiado buena.

—Draco, por favor. Por favor, por favor. —abrió los ojos y lo encontró observándola—. No más de esto, por favor.

—Shhh —Musitó él sobre su rostro, haciéndola callar y gemir—. Confía en mi.

Él movió su dedo dentro de ella en un par de embestidas, abriéndose paso y girando, luego presionó un punto en su cuerpo que hizo que su boca se abriera en un gemido.

—Estoy lista, estoy lista. —Balbuceó, y soltó los cojines a los que se había estado aferrando para tomarlo por el cabello, acercando a su rostro. Comenzó a besarlo, rogándole, y él retiró la mano, para quitarse su ropa interior.

Ella pudo sentirlo apoyarse contra su entrada, y abrió los ojos para mirarlo. Draco presionó su frente contra la suya, y ella asintió.

Se abrió paso dentro de ella, y todo se sintió apretado, pero se mordió la lengua para no decirlo. Hermione cerró los ojos con fuerza, sintiendo una presión dolorosa, y ¿por qué la gente hacía esto?

Apretó los dientes y sintió que Draco exhalaba sobre su cara. Ella abrió los ojos, y lo descubrió con los ojos cerrados y la mandíbula apretada. Si también lo estaba lastimando, ¿tal vez deberían detenerse? Y entonces ella vio cómo su mandíbula se destensaba, y reconoció el más puro placer en sus facciones. Y era ella quien se lo daba.

Él abrió los ojos para mirarla, y eran ardientes, y ella se estremeció. —¿Estás bien? —preguntó.

Hermione asintió.

Él se apartó y volvió a entrar en ella, lentamente. La presión punzante todavía estaba allí, pero ahora podía contemplar su rostro, mientras él cerraba los ojos. La tercera vez, él inclinó la cabeza hacia adelante y la besó, dejando que su lengua vagara por su boca y empujara y tirara al mismo tiempo que sus caderas.

Eso estaba mejor. Ella tenía las manos sobre sus hombros y dejó que sus uñas se clavaran en su piel.

Él levantó una de sus manos para acariciarle el pecho.

Eso también estaba mejor. Volvió a sentir algo de aquella electricidad en su interior y eso la relajó un poco.

Draco dejó que su mano recorriera su vientre, rodeara sus caderas y subiera ligeramente una de sus rodillas, y fue como si se deslizara más profundamente. No era tan fanática de la posición, pero podía mirar su rostro y escucharlo gruñir.

Eso estaba mejor.

Ella lo contempló, tenía los ojos cerrados y la respiración agitada, y el sudor oscurecía su cabello. Cada pocas embestidas arrastraba sus labios hacia su boca y volvía a soltarla en la siguiente penetración. A ella le gustaba.

Comenzaba a acostumbrarse al ritmo, y a contar las acometidas cuando los ojos de Draco se abrieron. Ella observó cómo su aliento le movía el cabello.

—¿Puedo ir más rápido?

Su voz era grave y ronca, y era todo lo que ella deseaba. Asintió. Él empujó contra su cadera y contempló su reacción. Hermione apretó los labios y asintió para que él pudiera continuar.

Draco bajó su frente hacia la suya nuevamente y apoyó la parte superior de su cuerpo sobre ella. Tomó la pierna que rodeaba su cadera y la sostuvo allí mientras sus caderas se movían.

Eso estaba... mejor.

Al menos podía sentir su pecho contra el suyo, sus senos frotándose contra su cuerpo.

Entonces la mano que sostenía su pierna se deslizó por ella, y en el poco espacio que había entre sus cuerpos, se coló para volver a tocarla.

Eso estaba mucho mejor. Sí, estaba mucho mejor.

Ella gimió mientras él la embestía. Casi quería que se detuviera, así que contrajo su cuerpo rápidamente alrededor de él, y el ritmo de Draco trastabilló. Él volvió a encontrarlo, justo a tiempo para que ella volviera a contraerse. Él gimió y comenzó a moverse más rápido. Y sus dedos jugueteando contra su piel más sensible cada vez más deprisa.

Hermione sintió sudor entre sus cuerpos y comenzó jadear. Esto era grandioso. Estaba teniendo sexo y era grandioso.

El brazo que mantenía a Draco sobre ella comenzó a enredarse con su cabello. Sintió un leve tirón, y él le acarició el cuello con los labios, su mano entre sus cuerpos y sus dedos enredados en su cabello.

—Mierda... —susurró él.

Y ella gimió. Y él comenzó a trabajar más duro con sus manos y su cuerpo. Se sentía a un paso del clímax, y observó su candelabro, y se mordió el labio, y él le dio un ligero beso en la mejilla.

Y ella gimió, dejando que su mente se cerrara y su cuerpo se abriera.

Ella lo tomó por la espalda y él la embistió con su cadera y ella gimió y lo apretó en su interior. Él disminuyó la velocidad cuando ella se derrumbó, y mientras ella se corría, abrió los ojos para encontrarlo contemplándola.

Hermione tragó saliva y sonrió. Y él la penetró cuatro veces más antes de gruñir y temblar.

Hermione observó su rostro, su mandíbula abierta y sus ojos apretados. Él dejó caer la cabeza sobre su pecho y exhaló, el aire era caliente contra su piel. Una de sus manos todavía estaba aferrando su cabello, y la otra apretándole la cadera. Su cuerpo pesaba contra el suyo, y ella lentamente acarició sus hombros, recorriendo su espalda hasta llegar a su cabello mojado, y repitiendo el movimiento una y otra vez como el vaivén de las olas.

Se preguntó si tal vez dormirían así. Luego sintió que los labios de Draco rozaban la parte superior de su pecho, moviendo la lengua para saborear el sudor en su pecho. Luego se levantó y salió de ella.

Ese fue un sentimiento extraño.

Los brazos de Draco temblaban mientras se incorporaba, arrodillándose encima de ella. Recordó lo desnuda que estaba cuando él la miró por última vez antes de ponerse de pie y ofrecerle las manos para que ella pudiera sentarse.

Se vistieron. Bueno, él se vistió, y luego transfiguró su vestido rasgado en una túnica para ella. Él encontró una olla con polvos Flú en la cornisa, y cuando ella se dio por vencida en la búsqueda de su ropa interior, se unió a él en la chimenea, sosteniendo sus zapatos entre los brazos.

—Si planeas volver allá —dijo ella—. Primero tendrás que mirarte en el espejo.

Su cabello estaba hecho un desastre, su cara estaba sonrojada y tenía lápiz labial por toda su piel.

Él asintió sin quitarle la vista de encima. —Voy a inventar alguna excusa para ti.

Hermione asintió, imaginándose todo tipo de cosas.

"Granger tuvo que irse. Está feliz y le he dado la follada de su vida, así que ahora necesita descansar."

"Por favor disculpen Granger, sigue buscando su ropa interior."

Hermione levantó la vista y él la estaba observando. Draco se acercó y la besó suavemente en los labios. Ella tragó saliva y él arrojó el polvo a la chimenea. Ella entró y murmuró su dirección.

Observó sus ojos apartarse mientras las llamas la rodeaban.

Apareció en su sala de estar. Ya era tarde.

Dejó caer sus zapatos, se volteó y caminó a la habitación de Ginny. Estaba dormida.

Hermione se sentó en la cama de su amiga y la sacudió por el hombro.

Los ojos de Ginny se abrieron lentamente. —Hola. ¿Te divertiste?

Hermione la miró fijamente.

—Necesito que me enseñes el hechizo anticonceptivo.

Ginny de inmediato estuvo completamente despierta.