Los personajes y lugares fueron creados por J.K. Rowling, yo sólo cambio la historia.

¡A leer!


Esto era el fin

Caminaba por el túnel con mis pasos y mi respiración resonando en el ambiente rocoso. Mi mano temblaba haciendo que la pequeña luz que salía de la punta de mi varita se viera inestable.

El mal presentimiento seguía afinando mis sentidos, haciendo que de vez en cuando girara hacia atrás o me detuviera cada que me parecía escuchar un ruido ajeno. ¿Era mi paranoia o el pasadizo es más largo ahora?

Después de un tiempo caminando, que me pareció eterno, logré vislumbrar una tenue luz indicando el fin del túnel y la entrada a la legendaria casa de los gritos.

Al llegar, la imagen me dejó completamente sorprendida.

- Nox – susurré y llevé mi varita al bolsillo de mi túnica completamente perpleja.

El lugar se encontraba totalmente iluminado por velas que indicaban el camino hacia la esquina de la habitación en la cual se ubicaba una mesita decorada con distintos postres, té, velas y rosas negras como la que había recibido el día de hoy. Alrededor de la mesa, varios cojines en el suelo cumplían la función de asiento, creando una atmósfera acogedora.

Pétalos de rosas negras estaban regados por el piso de la habitación y yo no pude evitar sonreír después de descubrir a lo que se refería Malfoy en la nota.

Me acerqué a la mesita y aparté la bufanda de mi rostro. Aprecié la decoración y la variedad de delicias que aguardaban en la mesa. Sintiendo que la temperatura era mucho más agradable que la de afuera, quité la bufanda de mi cuello y la dejé caer en uno de los cojines para después dejar caer mi túnica.

Vi alrededor en busca de Malfoy pero este parecía no estar aquí, cosa que me parecía extraño pues el sauce boxeador estaba inmovilizado.

- Malfoy – dije mientras me dirigía a una habitación a oscuras que se encontraba contigua a la puerta que llevaba hacia el túnel. - ¿Malfoy? – dije dudosa al notar que un rechinido de la madera del suelo salió de esa habitación. – Sé que estás ahí – dije en un tono cansino que intentaba ocultar mi nerviosismo. – Sal de ahí, no eres gracioso –

Una figura comenzó a moverse en la oscuridad hasta acercarse a la puerta, mostrando a la persona que menos esperaba en este momento. Discretamente llevé mi mano al bolsillo de mi túnica inexistente ya que la había dejado a unos metros detrás de mí.

Zabini se recargó en el marco de la entrada a la habitación en la que se había ocultado y con un fuerte empujón cerró la puerta que daba al túnel con un escandaloso portazo, haciendo que varias de las velas perdieran su llama, llenando la habitación de humo y oscuridad.

- Hola Hermione – dijo con una sonrisa que fingía amabilidad. Llevó un pequeño bocado que tenía en su mano de uno de los panecillos que estaban en la mesita y comenzó y chupar sus dedos sin dejar de verme.

Mi respiración se había acelerado más de lo que lo había estado en mi camino por el túnel y mi boca se sentía seca. Sudor comenzaba a aparecer en mi frente y la inquietud de sentirme desarmada y atrapada sólo me hacía querer correr hacia mi túnica, movimiento que podría ser contraproducente.

- Sabes, en mi tiempo en Hogwarts he tenido bastantes "amigas…" – dijo mientras se veía las uñas. – He tenido amigas de Slytherin, amigas de Ravenclaw, de Gryffindor, aunque pueda sonar improbable… incluso de Hufflepuff- se burló. – Amigas morenas, rubias, pelirrojas… o no, no he tenido el placer con la pequeña Weasley- aclaró como si eso pudiera llegar a ser posible.

Esperé a que su mirada regresara a sus uñas y justo en ese momento, me lancé a los cojines en un intento de recuperar mi varita…

- ¡Accio túnica! – mi túnica voló a gran velocidad hasta ser atrapada por las manos de Zabini, el cual me miraba sin sorpresa, cómo si esto fuera algo de todos los días… - Nunca he tenido amigas sangre sucia Hermione… – dijo mi nombre con tono de burla.

Estiró mi túnica y la colocó sobre su brazo para después comenzar a quitar pelusitas pegadas a ella, disfrutando de la situación. Recargó su espalda en la puerta con la cual había bloqueado la única salida y sonrió.

- Sé que es un gran peso el que pondré sobre tus hombros Hermione, pero de ti depende demostrar si las sangres sucias son una compañía agradable o si el nombre no sólo se le atribuye a la sangre que corre por sus venas - aventó mi túnica hacía la habitación contigua y mientras jugaba haciendo movimientos de varita al aire, comenzó a acercarse con lentitud. - ¿De verdad son necesarias en el mundo mágico? – añadió como si tuviera un buen punto y sentí cómo mi estómago se revolvía.

Me arrastré hasta topar con la pared de la esquina, intentando alejarme lo más posible de ese repugnante ser, hasta que mi vista se distrajo con el brillo de la tetera de plata que humeaba al centro de la mesa. Sin pensarlo dos veces la tomé y la aventé con todas mis fuerzas hacia la dirección en la que Zabini se acercaba amenazante.

El agua hirviendo salpicó por todas partes inclusive sobre mí, quemando mi brazo.

- ¡Agh! – gruñó Zabini al lograr esquivar la tetera, pero no lograr evitar el agua hirviente que había caído hasta en su rostro.

Aprovechando la distracción, me puse de pie lo más rápido que me fue posible y corrí hacia la habitación en la cual Zabini había dejado caer mi túnica. Pasé por un lado de Zabini intentando estar fuera de su alcance y al lograr vislumbrar mi túnica, sentí un jalón de cabello tan fuerte que me hizo regresar de donde venía corriendo y caer de espalda en el suelo, sintiendo como algunas velas me quemaban con su cera aún derretida al caer encima de ellas.

- ¡Debes ser amigable Granger! – gruñó Zabini, el cual tenía parte de su cuello y oreja enrojecido. Tomó de mi cabello de nuevo sin ninguna delicadeza y comenzó a arrastrarme hacia los cojines. – Somos amigos, ¿recuerdas? – dijo con una mirada sádica y su respiración entre cortada.

Comencé a lanzar manotazos y patadas intentando librarme y poder escapar. La desesperación y adrenalina en mi cuerpo me hacían ignorar el dolor y sólo pensar en librarme de las garras de este monstruo.

- ¡No! – grité con frustración y Zabini volvió a gruñir al ver que mostraba resistencia.

Dejó caer mi cabeza al suelo cuando soltó de repente mi cabello y con ambas manos, me tomó de mis brazos con fuerza hasta levantarme y dejarme caer en los cojines.

El segundo impacto me dejó sin aire y mi campo de visión comenzaba a verse perjudicado. Zabini pateó hacia un lado la mesa quitándola de su camino y yo comencé a sollozar en cuanto el aire regresó a mis pulmones.

Zabini colocó sus rodillas sobre mis brazos, haciéndome gritar del dolor al presionar mi brazo lesionado. Sin verse afectado por mi escándalo, me tomó del cabello de mi nuca e ignorando mis gritos, me plantó un húmedo y desagradable beso, ahogando mi llanto con sus labios.

Comencé a patear de nuevo e intentar apartar mi rostro, pero el agarre en mi cabello era firme y doloroso.

Logré capturar su labio inferior entre mis dientes y mordí con todas mis fuerzas hasta percibir el sabor a óxido de la sangre.

- ¡Aaaaagh! – me soltó de su agresivo agarre para llevarse las manos a la herida y yo comencé a forcejear. Una potente bofeteada impactó en mi mejilla haciéndome detener mi lucha. – Te dije que fueras amable Granger – dijo entre dientes. – Yo sólo…- tomó mi bufanda que estaba a escasos centímetros de mi cabeza y comenzó a enroscarla. - … quería ser tu amigo… - dijo con un tono de voz que llegaba a sonar enfermiza.

Colocó mi bufanda entre mis dientes y la amarró con fuerza en la parte de atrás de mi cabeza. Liberó mis brazos de debajo de sus rodillas y comenzó a besar mi cuello para crear un camino de sangre y saliva por mi cuerpo.

Yo me sentía derrotada y humillada. El dolor en todo mi cuerpo se comenzaba a manifestar y cerré mis ojos esperando que con esto todo desapareciera, pero sólo me hizo más consciente del dolor punzante y ardiente en mi rostro, el escozor en mi espalda, la palpitación en la parte trasera de mi cabeza y mi brazo que ya consideraba irrecuperable. Zabini continuaba bajando hasta llegar a mis pechos y estrujarlos sin delicadeza.

La combinación del sonido de su respiración y la bufanda en mi boca comenzaban a asquearme hasta que el sonido del cinturón que Zabini llevaba en sus pantalones despertaron mi instinto de sobrevivencia.

Aprovechando la libertad de mis manos y la distracción de Zabini al tratar de abrir su pantalón, lancé un fuerte puñetazo a la cara de Zabini haciéndolo retroceder. Me senté como pude y liberé mis piernas pasándolas por debajo de Zabini y, utilizando ambas, pateé a Zabini haciéndolo caer de espaldas.

Me levanté y comencé a correr hacia la salida, pero Zabini logró agarrarme del tobillo haciéndome caer de bruces de nuevo. Grité en desesperación al ver cómo la puerta hacia la salida se alejaba de mi vista mientras Zabini me jalaba del tobillo hacia el lugar del cual acababa de lograr escapar.

Estiraba mis manos buscando con desesperación algo que pudiera salvarme, pero sólo se llenaban de cera endurecida y pétalos de rosa negra. Esto era el fin…

- Definitivamente has sido la que me ha dado más lucha eh… – el rostro ensangrentado de Zabini había aparecido delante de mí y furia inyectaban sus caídos ojos.

Me levantó tomándome por la parte de atrás del cuello de mi suéter, giró y me lanzó con fuerza hacia los cojines, pero esta vez logré detener un poco la caída interponiendo mis manos, cosa que mi brazo lesionado no logró resistir, haciendo que mi cara impactara con uno de los cojines.

Con mi rostro ahí, comencé a gritar, aunque nadie me escuchara, comencé a gritar, aunque mi bufanda y el cojín ahogaran mis gritos, comencé a gritar a pesar de que mi garganta ya no podía más.

Detrás de mí, los pasos de Zabini se acercaban y yo ya no podía soportar encararlo más. El sonido del cinturón caer al suelo y el de la cremallera abrirse sólo me hacía pensar en que el mundo se acabaría para mí, que prefería morir ahora mismo para evitar lo que venía. Que fui una tonta al terminar en esta situación…

Zabini se detuvo detrás de mí, se hincó y comenzó a manosear mis caderas. Como último recurso comencé a patear, pero mis piernas fueron fáciles de capturar y custodiar bajo las rodillas de Zabini.

- Quieta Granger – gruñó.

Sus manos volvieron a mis caderas, a la tarea de desvestirme y despojarme de lo único que me quedaba como protección de mi dignidad, de mi ser.

- Las cosas hubieran sido distintas si así te hubieras quedado desde el inicio – se burló Zabini al notar que ya no forcejeaba. – Pudimos haber disfrutado de la decoración que Draco hizo con mucho gusto para nosotros – no podía verlo, pero sabía que estaba sonriendo al mencionar a Malfoy mientras sus ojos brillaban al ver que mi pantalón bajaba.

Se detuvo un momento y subió mi suéter para dejar al descubierto mi espalda, en la cual comenzó a dejar húmedos besos mientras sus manos se ocupaban de su propio pantalón para después regresar al mío.

Lágrimas pesadas salían de mis ojos y todo mi rostro ardía. Mis glúteos habían quedado al descubierto y comencé a sollozar.

- ¡OHFFAVOH! – dije como intento de súplica y una risita fue lo que obtuve como respuesta. – ¡OHFFAVOOOOH! – dije con más urgencia y esta vez como respuesta, un manotazo impactó en mi glúteo derecho y un grito desgarró aún más mi garganta.

Zabini reía a carcajadas mientras propinaba un segundo manotazo y yo ya no podía más con esto.

Carcajadas resonaban en la habitación hasta que una explosión logró sonar más fuerte, inundando toda la habitación en polvo y escarcha.

Zabini había caído sobre mí como peso muerto, no de manera intencional. Al notar que él estaba desorientado, le propiné un codazo para alejarlo de mí y me arrastré lo más lejos de él que pude.

Logré subir mis pantalones desesperada y con manos temblorosas conseguí desatar el nudo de la bufanda que se encontraba en mi nuca, arrancando un par de cabellos atrapados.

Malfoy se lanzó como bestia sobre el cuerpo de Zabini y yo miraba la escena escandalizada, sin poder reponerme.

Malfoy estaba fuera de sí, golpeando rostro, costillas y abdomen de un Zabini que sólo intentaba cubrir su rostro con sus manos de manera fallida.

Me puse de pie con escaso equilibrio y como pude, corrí hacia la habitación oscura en la cual se encontraba mi túnica con mi varita en el bolsillo.

Malfoy tomó una vela en la cual aún sobrevivía la llama y dejó caer cera caliente en el miembro descubierto de Zabini, cubriéndolo hasta donde la cera derretida le permitiera y un grito lastimoso acompañado de sangre salió de la garganta de Zabini. Malfoy jadeaba pero no se detenía, una vez de pie, comenzó a patearlo y a escupir en su rostro y Zabini ya ni siquiera podía abrir los ojos, ni siquiera podía intentar moverse.

- ¡Malfoy! – grité con lo que me quedaba de voz, pero a él no pareció importarle. - ¡Draco! – lo jalé del brazo y lo giré hacia mí. Sus ojos oscurecidos me observaron por unos segundos y al ver mi apariencia, lágrimas inundaron sus ojos.

- ¡Granger! – me tomó del rostro con evidente preocupación y me envolvió en un fuerte abrazo, haciéndome sollozar porque, aunque me hubiera salvado, no lograba sentirme segura, no con él.

Coloqué mi varita en su yugular y él apartó sus manos de mí, levantándolas mientras me veía con culpa y confusión.

- Granger… - susurró tembloroso mientras se hincaba delante de mí. – Granger…- volvió a susurrar y esta vez abrazó mis piernas. Mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas y el cansancio cayó sobre mis hombros. Mi mirada pasó de un Malfoy de rodillas a un Zabini inconsciente con el rostro desfigurado del otro lado de la habitación. Quité sus brazos de mis piernas, me alejé un paso y lo apunté directamente a su rostro con mi varita.

- Lo siento tanto – dijo con la voz entrecortada. – Yo quería verte, quería estar contigo, yo… yo… yo te quiero de verdad… - me observaba con evidente dolor en sus ojos, estaba destruido y no físicamente. Su rostro mostraba expresiones que nunca le había visto a su rostro y que a cualquiera le causaría lástima, pero no a mí.

- Tú… - dije, pero me detuve al sentir dolor al hablar. Él se puso de pie lentamente mostrando sus ensangrentadas manos, intentó acercarse, pero mi varita lo amenazaba con firmeza. – Tú jugaste conmigo… - lágrimas comenzaron a salir sin control nublando mi vista. – Tú te aprovechaste de mí… - el negaba con la cabeza con desesperación. – Tú me ofreciste en bandeja de plata a esa serpiente… Tú sólo sabes quererte a ti mismo – él llevó sus manos al rostro y comenzó a temblar en un fallido intento de controlar sus lágrimas.

- Esto era para ti… esto no salió como esperaba – se excusó. Levantó el rostro para encararme y sus facciones estaban volviendo a ser las mismas de siempre. – Tienes razón, sólo sé quererme a mí mismo… - dijo perdiendo un poco la voz al final. – Pero contigo estaba aprendiendo a querer a alguien más que sólo a mí… - pasó saliva y dio un paso adelante. – Sí, todo empezó como un juego, pero no tardé mucho en tomármelo en serio, de encariñarme de él… encariñarme de ti y tu dulzura… –

Llevé mi mano a mis labios intentando reprimir un sollozo. Me costaba mantener la varita alzada, me costaba mantenerme de pie, me costaba respirar y fue en ese momento que Malfoy aprovechó para rodearme de nuevo con sus brazos y yo lo rodeé a él con los míos.

- Encariñarme de tu olor y tu voz… - continúo. – tu forma de ver la vida y de entregar todo por quienes te importan. Tu inocencia… tu sonrisa…- ocultó su rostro en mi cabello y comenzó a llorar en silencio. – Perdón Hermione…- susurró en mi oído.

Después de un momento en silencio se despegó de mí y llevó su mano a mi rostro para verme a los ojos. Acarició mi mejilla y su otra mano alcanzó mi otra mejilla. Apartó mechones de cabello pegados a mi rostro por las lágrimas, sus cejas estaban fruncidas, como si sintiera dolor al verme.

Se acercó lentamente y besó mi frente con delicadeza, como si me pudiera quebrar con cualquier movimiento en falso.

- Lo siento tanto – susurró. – Estos últimos días mi único propósito era mantener a Blaise alejado de ti, mantenerte segura… era aguantar hasta hoy para poder ser feliz contigo… -

- Tú tienes la culpa de todo – dije entre dientes y observé como su rostro se volvía a desencajar. – Tú eres el culpable de que mi vida a partir de hoy será miserable – dije escupiendo odio, odio dirigido a Malfoy, al cual lo utilizaba como un espejo, el cual recibía las palabras que realmente iban dirigidas hacia mí porque, si en esta historia debía haber un culpable, esa debía ser yo.

- Haré lo que sea…- reprochó. – Lo que sea Hermione… - dijo mientras me veía esperanzado.

- Lo que sea…- repitió sin parpadear, cómo si su cerebro estuviera trabajando en automático.

Se alejó de mí, se podría decir que, con paso decidido, pero se tambaleaba al intentar mantenerse erguida. Se acercó a Blaise y se puso en cuclillas cerca de él y la escena me revolvía el estómago. Me enfermaba el saber que estaban juntos en la misma habitación, me enfermaba el imaginar cómo lo encontré sobre Granger y me enfermaba el pensar no poder matarlo con mis propias manos.

- Obliviate – susurré haciendo un ligero movimiento de varita sobre el rostro de Zabini y Malfoy me veía sin entender.

Granger se puso de pie con dificultad y avanzó hacia mí, dejando a Blaise detrás de sí, observándome y haciéndome sentir vulnerable, cosa que últimamente era común en ella… era común en mí…

- Tú y Zabini caminaban por los jardines fuera del horario permitido – dijo de la nada una vez que la distancia entre nosotros se había disminuido notablemente.– Yo fui detrás de ustedes para reprenderlos – no entendía nada, pero a ella no parecía importarle lo que pensaba. Pasó de largo a un lado de mí y entró a una pequeña habitación.

Tomé mi túnica y la coloqué sobre mis hombros, reforzando el nudo en mi pecho y asegurándome de que mi insignia de prefecta seguía en su lugar.

Granger comenzó a tambalearse al ponerse la túnica y yo no resistí más el seguir tomando distancia. Me acerqué apresurado y la tomé en mis brazos para evitar que cayera. Con cuidado, bajé lentamente hasta que ambos estuviéramos a salvo en el suelo, en esa descuidada y oscura habitación.

- Un troll salió de la nada y se fue directo a Zabini, yo intenté intervenir sin éxito… – continúo relatando, mirando a la nada. Yo sólo me limité a escuchar, no quería alterarla, no quería perderla…– Tú lograste ahuyentarlo –

- ¿De qué hablas Granger? – dije sin aguantar más

- Quiero que me hagas lo que yo acabo de hacerle a Zabini – dijo tranquila, pasando su mirada de Zabini a mis ojos, provocándome un escalofrío.– Quiero olvidar lo que pasó hoy, quiero olvidar lo que pasó estas últimas semanas… quiero olvidarte a ti Malfoy– me congelé, mis labios se apretaron y mis ojos se abrieron cómo platos sin mi consentimiento. "Haré lo que sea" había dicho y a pesar de que en el momento lo decía de manera sincera, ahora me arrepentía.

Malfoy agachó la mirada, pero reforzó el agarre del cual no me había soltado, como si no me quisiera dejar ir nunca.

- Quiero que nos lleves con la Sra. Pomfrey diciendo lo que acabo de decir – levantó la mirada y volvió a verme. – Quiero que jamás permitas a ese hijo de perra acercarse con sus malditas intenciones a una mujer – dije mientras veía con repulsión a Zabini. – Quiero que nunca más te me vuelvas a acercar y… - llevó mi rostro a su pecho y recargó su mejilla en mi cabeza, todo él temblaba. – … y quiero que recuerdes por el resto de tu vida lo que me hiciste y lo que sufrí por ti Draco Malfoy – su respiración se entrecortaba y su abrazo se hizo más fuerte.

Dolía, pero dolía más el saber el daño que le había causado. Dolía el pensarla con su mejilla amoratada. Dolía pensarla caminar sin equilibrio y sin la seguridad con la que me encantaba verla caminar. Dolía pensar que sus ojos habían perdido el brillo y que su voz temblaba. Pero lo que más dolía era que todo era mi culpa.

Después de minutos que parecieron horas, llevó su mano al bolsillo de su pantalón y sacó su varita. Se apartó de mí y sus ojos se conectaron con los míos. Pasó saliva y sus ojos comenzaron a humedecerse a pesar de que él intentaba mantener la compostura.

Sus ojos estaban enrojecidos, pero no tanto como sus mejillas y su nariz. Sus labios se veían más gruesos y rojos de lo normal y el pálido rubio de su cabello contrastaba con la paleta de rojos.

- Lo que sea… – repitió tranquilo, pero con el rostro expresando el arrepentimiento de haber prometido algo que ni siquiera había estado completamente seguro de cumplir.

- Yo sí te quise de verdad – dijo y mi pecho se vació de repente.

Me observó por unos segundos y repentinamente se acercó de nuevo a mí para besar mi frente, me observó un momento directamente a los ojos e intentó besarme, pero yo aparté mi rostro. Él recargó su frente en mi mejilla y soltó un suspiro entrecortado.

- Y yo te seguiré queriendo – su voz no pudo ser la misma que siempre pues tenía el peso del dolor recargado en ella. Mi corazón se encogió y el nudo en mi garganta dolía.

Se apartó de mí y con su mano en mi nuca, posicionó su varita a la altura de mi frente. Regresé mi mirada a sus ojos grises, esos ojos que aparecían cada que cerraba los míos. Observé sus labios por última vez y cerré mis ojos. Inhalé profundo hasta percibir su aroma y una lágrima solitaria rodó por mi mejilla.

- Obliviate – dije lentamente, como si eso retrasara el hechizo.

Sus ojos permanecieron cerrados, permitiéndole el descanso que su cuerpo y mente merecían. Yo ya no pude contener el llanto.

Esto era el fin…


Fiuuuf...

No sé cómo explicarlo pero este ha sido el capítulo más fácil de escribir pero el más difícil al mismo tiempo. Quedó casi completo en la misma noche en la que subí el capítulo anterior y estaba un poco sorprendida. Cómo lo había mencionado antes, este capítulo lo tenía presente desde que inicié con la historia pero jamás imaginé lo horrible que llegaría a sentir al escribirlo, tanto así, que al día siguiente tuve pesadillas.

En verdad espero que nunca en la vida alguno de ustedes pase por algo así. En caso contrario, quiero que sepas que no estás sol , muchas personas estamos con lo brazos abiertos para apoyarte, escucharte y ofrecerte lo que sea necesario para que el brillo de tus ojos nunca se llegue a apagar.

Agradezco mucho que sigan mi historia y espero que todos estén bien.

Nos leemos pronto

La ChancludaM