Le gustaba Viktor, le gustaba mucho Viktor.

¿Cómo era posible que le gustara alguien tanto en tan poco tiempo?

¿Superaría ese sentimiento la cuarentena?

No lo habían hablado, las lechuzas dejaron de llegar, pero no quedaban muchos días para el fin de aquel confinamiento.

¿Qué iba a pasar después?

Ninguno lo había sacado, y Hermione tampoco quería precipitarse.

¿Quería una relación con Viktor?

Metió la cabeza en uno de sus libros, sí, sí la quería.

¿Él querría? ¿O solo era una aventura en una situación de emergencia como esa?

Ya sabía ella, por experiencia propia, que cuando la normalidad llegaba a las relaciones, después de momentos muy extremos por circunstancias externas, las cosas no eran tan maravillosas.

Viktor la abrazó sentándola sobre su regazo, no hablaba, no quería atención, estaba bien con que Hermione estuviera estudiando la mayor parte del tiempo.

Pero sobre él, siempre sobre él, para Viktor el contacto parecía ser muy importante, pero también tranquilo.

Contra su pecho había leído la mitad de los tratados sobre hombres lobos desde 1450.

La tranquilidad se iba a la porra cuando Hermione comenzaba a moverse de verdad contra él, entonces no había libro que frenara ningún avance.

Estaba alucinada de que el sexo pudiera ser eso.

Y se sentía una persona horrible por no haberlo sentido con Ron, ¿tenía ella la culpa?

¿Era porque le gustaba más Viktor? ¿Era porque este no le exigía nada? ¿Era porque se sentía libre como jamás había pensado que se pudiera sentir con alguien en ese terreno?

Lo que sabía es que había comprado una caja de preservativos en el momento más vergonzoso de su vida, y se estaban acabando.

Llegó un momento en el que masturbarse mutuamente no era suficiente, y a falta de magia solo les quedaban los métodos muggles.

Tuvieron su primer encontronazo, Viktor quería ir él a comprarlo. Hermione creía que siendo él sangrepura y ella hija de muggles era mucho más seguro que fuera ella.

Además él no tenía ni idea de lo que le estaba hablando.

—Sigo pensando que debo ir yo.—El acento marcado le hacía vibrar cada parte del cuerpo, pero no iba a ceder.

—¿Sabes qué aspecto tiene lo que tienes que comprar?

Viktor no apartó su mirada ni un segundo, tenía que ser un fuerte contrincante en una discusión.

—Hazme un dibujo.

—No, voy yo.

—No puedes salir.

—¿Lo dice el que se escapó en mitad de la noche para colarse en mi casa? ¿Ese mismo?

—Eso es diferente.

—Voy a ir yo—Hermione bufó—. Claro, que también podemos no ir ninguno de los dos.

Viktor la miraba mal, estaba claro que él tenía ganas de que pudieran ir a algo más.

—Tú eres sangrepura, yo no, por estadística yo tengo menos riesgos.—Aquel era el punto principal—Hay una farmacia en esta misma calle, será un salto, estaré aquí en nada.

—¿Te das cuenta de que estamos arriesgándonos para poder hacer el amor?

Viktor la besó, sí, se daba cuenta de que estaban tomando el riesgo por algo que fríamente no era de vida o muerte. Pero cuyas consecuencias en un momento de calentón podían ser mucho peores.

Hermione estaba decidida.

—Yo puedo esperar hasta que acabe la cuarentena—dijo Viktor.

—Yo no.—Hermione se sorprendió de ser ella la que insistía en hacerlo, pero realmente deseaba mucho poder tener más de él. ¿Estaba forzando las cosas? ¿Ella que en los últimos tiempos rechazaba hacerlo?

Mírate, Hermione Jane Granger, se rió de ella misma.

Salió como el que fuera a comprar drogas, y cuando llegó a la farmacia se quedó en blanco, solo lo conocía por sus padres que le habían hablado de ello. Pero la realidad era que no había visto jamás uno.

Tomó valor, se puso roja como un tomate, y se fue de manera furtiva de allí.

La recompensa mereció la pena, mucho, mucho la pena.

Cuando Harry le escribió sobre un problema de protección, Hermione no salía de su asombro.

Desde Ginny, Harry no había tenido novia, le preguntó con quien quería usarlo, pero no recibió respuesta.

Tenía que ir a por más y mandarle a Harry también. Mejor con, que sin, ya se enteraría más adelante.

—¿Estás nerviosa?—Sintió un beso en la sien mientras seguía sobre su regazo apoyada contra su pecho.

—No, solo es que tengo que volver a ir a la farmacia.

—¿Ya puedo ir yo? Sé lo que es, puedo pedirlo yo.

Hermione se giró sobre él, los preservativos no eran su problema. Era que no quería que la cuarentena acabara, quedarse encerrada con Viktor por siempre.

Y ese pensamiento era totalmente absurdo, ella tenía exámenes, trabajo, una vida más que vivir dentro de sus brazos.

Pero era el mejor lugar del mundo.

—¿Qué?—Su cara debía de ser un poema porque Viktor la miró asustado.

—¿Qué pasará cuando se acabe la cuarentena?

—No entiendo, ¿es por los prevesativos?

No pudo evitar sonreír.

—Preservativos—Le corrigió—No, no, entre tú y yo.

Lo había dicho. ¡Qué estúpida! Era demasiado pronto, seguro que era demasiado pronto.

Viktor sonrió, le quitó el libro.

—¿Querrías ser mi novia?—Le pidió.

Hermione no lo pensó, solo se lanzó contra él, no es que hubiera mucho sitio entre ambos pero lo tumbó para echarse encima y besarlo.

Crookshanks maulló, se había ovillado con ellos y le acababan de echar.

—Espera, espera.—Viktor buscó su cara con las manos para mirarla—¿Eso es un sí?

—Sí.

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Seguimos de maratón.

Ais, el amor hetero, va viento en popa.

Viktor es muy perfectito, pero tiene que tener también su buen genio, de eso estoy segura.

Me imaginé a Hermione con gafas de sol y gorra entrando a la farmacia.

Sí, soy muy pesadita con la protección, pero todas sabemos que sí o sí, sea mundo mágico o no, ¿a que sí?

Tres capítulos más y acabamos.

Vamos, vamos que se viene la nueva normalidad y tenemos que dejar resueltas todas estas historias.

Hasta dentro de un rato.