Capítulo 25
-Así, dime que pretendías Candy, seguir viéndome la cara, solo dejar que ese tipo entrara aquí, como si nada, no Candy, no me creas idiota, no volveré a caer en tu juego, así que solo tendrás lo que te mereces mi desprecio…
-Está bien, si así quieres las cosas así van a ser, ya no te pediré mas perdón, porque ya me canse de hacerlo, así que de ahora en adelante seré yo la que no quiera ya nada contigo, así me tenga que quitar este amor que siento por ti, escuchaste…
-Sí, no estoy sordo.
-Pues escúchame bien, no te volveré a rogar nunca más, -saliendo de la recamara para calmarse, salió al jardín para salir de paseo, ya que del enojo que sentía que si se quedaba era capaz de explotar.
-La abuela, fue a ver a la niña así que escucho los gritos que la pareja tenía, esto ya se estaba saliendo de control, así que si tenía que intervenir lo haría.
-Hijo, no crees que estas siendo muy duro con Candy, creo que estas llegando demasiado lejos con esto, mire de seguir así, lo que va a pasar que ella si lo va a dejar de querer y ahí si no la va poder recuperar pero si con nada, así que piénsalo.
-Abuela por favor, solo no se meta.
-Está bien, pero piensa que hay un bebe de por medio, ustedes no pueden seguir discutiendo así, hijo recapacita piensa que no es sano para la niña, ahora está muy chiquita y no se da cuenta pero va a crecer y ahí sí que le vas a decir, ¿Por qué su mama y su papa pelean tanto?
-Abuela…
-¿Qué? ¿Abuela qué? Te digo lo que es, porque me preocupo por ti, por tu felicidad, hijo por favor hazlo por tu hija, no seas rencoroso además ellos sienten cuando algo no está bien, Candy es una excelente madre, pero si las sigues tratando así, las vas a cansar y ahí si quien sabe que pueda hacer.
-Pues que ni se le ocurra, porque ahí sí, ardera Troya créeme abuela no sabes ni de lo que soy capaz, así que dejemos las cosas así como están, dándole un beso a su abuela para salir a montar, cada que tenía una pelea con Candy, era lo que lo calmaba.
En Nueva York, estaba la condesa Oleska, junto con Madeleine sobre las pistas sobre su hija, con el investigador.
-Usted me dijo que mi hija podría estar cerca, que la última pista le daba que la chica estaba al norte de este país, ya pasaron dos años y aún no se nada.
-Señora, hay muchos orfanatos en el país, en cuanto usted me dio esta información me fui de inmediato a Chicago ya casi he visitado todos solo falta un orfanato cerca de Lakewood donde por las referencias que me dio, posiblemente ahí me puedan dar datos, voy a ir a buscar esa información.
-Está bien, nosotras buscaremos una casa en Chicago esta vez quiero estar cerca, así que usted solo adelántese que yo buscare la manera de buscar más información.
-Está bien, señora.
-Tía, en verdad nos mudaremos a Chicago.
-Sí, quiero estar lo más cerca posible de las investigaciones.
-Está bien, sabes que me encanta la idea, pero ya me quitare el luto, creo que es hora de que me busque la manera de ser feliz,
-Sabes hija, tienes razón, te parece si vamos con la modista para renovar nuestros guarda ropas, creo que yo igual hare lo mismo, buscare algo bonito para ella, sé que cuando la encuentre la llenare de regalos.
Las dos mujeres estaban de compras, cuando fueron abordadas por una mujer que las conocía a las dos.
-Condesa ¡Oh por dios! Pero está aquí, dígame de compras.
-Sí, acompañando a mi sobrina.
-Si, por supuesto ¿Dónde está Madeleine?
-Aquí, saliendo de medirse un vestido.
-Pero mujer, te vez radiante si William, te viera se fuera de espaldas, sabes el pobre solo ha tenido sufrimientos con esa mujer.
-Madeleine sintió como la música para sus oídos la ponían alerta. – dime Eliza, porque no vamos a un café y me cuentas todo, sabes puedo ser muy generosa.
-Hay querida, tu si sabes cómo hacer sentir bien a una amiga, claro vamos te lo contare todo.
Así, Eliza, Madeleine y la condesa se fueron a un café, donde Eliza, les contó todo acerca del matrimonio Andrew.
-Jamás pensé que William, fuera soportar tanto.
Bueno querida, yo se lo dije, pero el no escucho, inclusive le dije que tú estabas aquí en Nueva York, pero me comento que tú te casaste y que él quería seguir su vida, ahora esa niña no se sabe, si es de él o del otro.
-Así, que con esas, pensé que era muy feliz, en los periódicos posan como la pareja feliz.
-Pues ya vez que no, solo no lo escuchaste de mí, si saben que te conté todo, son capases de repudiarme.
-Pierde cuidado Eliza, que ni mi sobrina ni yo, diremos nada.
-Bueno queridas las dejo, ya sabes cómo se pone mi esposo cuando no regreso luego.
-¡Eliza!…
-Sí, querida.
-Aun eres bienvenida, en la casa Andrew.
-Bueno, visito a mi tía, aunque en algún tiempo la tipa esa me quiso enlodar con todas sus cosas, diciendo que yo la chantajeaba, cosa que no es verdad, pero mi tía no creyó eso, así que aún me reciben.
-Sí, yo te doy, ya sabes una ayuda para que me mantengas informada, de cómo están las cosas en esa casa, no sé, tal vez, pueda hasta invertir en la empresa de tu esposo.
- Cuenta con que yo te daré lo que necesites, sabes que siempre estuve en favor de que tú y mi primo se casaran, no sé porque tu padre se opuso.
-Solo has lo que te pido, busca la manera de que te den detalles íntimos, sabes a lo que me refiero.
-Claro querida, lo que tú quieres saber es si ellos, duermen juntos, no es así.
-Sí, tu si sabes, lo que quiero saber.
-Está bien, yo veré como te consigo esa información, despidiéndose de las damas.
-Pero hija ¿estas segura?, dime ¿Qué planeas? Digo, por lo que dice aun así, no me convence, si fueran así las cosas, ellos ya se hubieran separado y el jamás le hubiera dado su apellido a esa niña, menos sabiendo que no es de él.
-Hay tía, no conoces a William, pero yo sí, se de su bondad así que yo si le creo, ahora más que nunca me quiero ir a vivir a Chicago.
-Dime ¿te convertirás en su amante?.
-Sí, es necesario si tía, yo nunca lo olvide, jamás podré hacerlo, así que si le tengo que dar pelea a su mujer por él, lo haré, créeme que lo haré.
-Hay Madeleine, sabes lo que tu padre te hará si se entera que eres la amante de Andrew, te llevara de inmediato a Londres para comprometerte con alguien más.
-Jamás regresare con mi padre, ya obtuve mi libertad jamás me volveré a comprometer con nadie que no sea William, él es el hombre al que quiero y con el que estaré.
-Sabes que te apoyare en lo que necesites, si es lo que quieres adelante.
-Hay tía, sabes que por eso te adoro.
- Si tú eres como una hija para mí, te vi sufrir mucho por él, aunque quise interceder por ti tu padre siempre se salió con la suya.
-Sí, lo sé, tía y yo igual te quiero como a una madre.
Así, iniciaron todo para mudarse a Chicago con distintas finalidades, una rencontrarse con el amor de su vida y la otra con su hija perdida.
Las dos mujeres, compraron una bonita propiedad en la ciudad donde sabían que llevarían una vida, donde podrían ir a fiestas, una vez que se supiera que una condesa llegaba a la ciudad, las invitaciones a bailes no faltarían y que ahí es donde se encontraría a William.
Las invitaciones no paraban de llegar a la mansión, la abuela las recibía…
-Hija, acaban de llegar varias invitaciones, tú debes acompañar a William como su esposa que eres.
-Hay abuela, no sé si quiera que lo acompañe cada día se vuelve más frió conmigo, que no se si alguna vez él pueda perdonarme, aún está el hecho, que solo me habla lo necesario.
-Vamos hija dale tiempo, aún es muy pronto, el hecho que ese hombre no esté cerca ayuda, pero tú también pon de tu parte, si él te pide que lo acompañes no te niegues, eso también hará que él y tu convivan de nuevo.
William, era informado que se realizaría una fiesta ya que el alcalde cumplía años y quería dar a conocer que su amiga la condesa Oleska, había llegado para quedarse indefinidamente.
-Hijo, deberían de ir a esa fiesta lleva a tu esposa, creo que la niña ya se puede quedar con la niñera y yo estaré al pendiente.
-Sí, creo que si es hora de iniciar nuestra vida social de nuevo, antes me excusaba con el nacimiento de Katherine pero ya ella, ya tiene casi seis meses.
-Vamos lleva a tu esposa, ella también tiene ganas de divertirse.
-Le preguntare si quiere acompañarme.
William, entraba a la habitación y Candy, estaba en ropa interior ya que acaba de tomar un baño, cof, cof, cof – perdón, no sabía que estabas en ropa interior.
-Candy, solo busco su bata para ponérsela, aunque la verdad es que William, tenía que usar todo su auto control para no ceder hacia los encantos de Candy. – Solo vine a preguntarte si quieres ir al baile del sábado, el alcalde cumple años y hará una fiesta.
-De verdad una fiesta, hay hace tanto que no voy a una si claro que quiero.
-Bien, te recogeré a las ocho deberás estar lista.
-Sí, gracias.
Madeleine, también se preparaba para esa fiesta quería lucir radiante ya que, la condesa le había pedido al alcalde que invitara a William, ya que tenía intenciones de tener algunos negocios con él y quería conocerlo en la fiesta, porque ella no lo conocía en persona solo había escuchado hablar de él y lo que le contaba su sobrina, que estaba perdidamente enamorada de él.
El sábado llego y Candy también se arreglaba para deslumbrar a William, fue a comprarse un vestido en color verde olivo, con café que hacía que sus ojos resaltaran, se puso unas horquillas en la cabeza, que hacía que su peinado luciera.
William, toco a la puerta – ya, estas lista.
-Sí, solo me pondré este collar, me ayudas.
-He si, colocándoselo, aspirando su aroma femenino que hacía que William, solo sintiera ganas de hacerle el amor y no ir a ningún lado, pero aún no estaba listo para olvidar, podría perdonar, pero olvidar no – listo ya quedo, se te ve hermoso.
-Nos vamos, una Candy, muy sonriente.
Bajaron los dos para salir, encontrándose a su hija abajo con la abuela, solo le dieron un beso – te veré después mi niña hermosa, abuela me la cuidan mucho, trataremos de regresar temprano. Candy, estaba dando instrucciones a la niñera, antes de salir, sin saber que esa fiesta les marcaria su vida de una manera determinante.
-Al subir al coche Candy, miraba por la ventana las luces de la ciudad, al llegar a la fiesta William, como todo caballero ayudo a bajar a Candy, entrando al salón la gente estaba en lo suyo, algunas con sus pláticas, otros en reuniones pequeñas en algunos puntos del salón.
William, entro buscando al festejado el cual en cuanto lo vio, acudió a su encuentro…
-Señor Andrew, sea bienvenido.
-Muchas gracias señor Glenn, le presento a mi esposa, Candy Andrew.
-Señora a sus pies, besando su mano el dorso, con el permiso de su esposo déjeme decirle que es usted bellísima.
-Es usted muy amable.
William, depósito a Candy, donde se encontraba su amiga Karen, que está también se encontraba con la esposa del alcalde la señora Glenn.
-Dime querida, me dicen que tienes una hija.
-Sí, apenas de seis meses.
-Hay edad difícil, pero mírate casi la mayoría terminan todas gordas del embarazo, pero tú te vez preciosa, dime tu secreto, ya que yo después de mis hijos, estos kilos nada mas no se van.
-Hay amiga, es que es verdad te vez radiante, el embarazo te asentó muy bien.
-Pues solo trato de no comer tantos pasteles, aunque con la comida de mi cocinera es difícil.
La charla de ellas continuo hablando de trivialidades, en lo que William, era llevado a otro salón adjunto donde se encontraba la condesa muy altiva y con un porte excepcional, una mujer bellísima a sus 40 años, no se le veía la edad, ya que se veía una mujer muy bella. Estaba de espaldas cuando el alcalde se acercó…
-Condesa, le presento a mi invitado especial él es William Albert Andrew.
Ella se giró y lo miro, cuando ella hizo una sonrisa, quedo atónico con el parecido extraordinario con Candy, que casi quedo en shock al verla - condesa a sus pies.
-Señor Andrew, es un placer créeme tenia tantas ganas de conocerlo, tomando su brazo para llevarlo a sentar a un sillón.
-Disculpe no se la razón, porque usted, tenía ganas de conocerme.
-Por mi sobrina Madeleine, ella me ha hablado tanto de usted, que me gano la curiosidad, ha mire ahí está, Madeleine se acercaba con su vestido en color rojo, solo mirándolo sin apartar la vista.
-Madeleine.
-Hola William, sabes tenía muchas ganas de verte.
En lo que William, era abordado por Madeleine, la condesa se alejaba para ir a saludar a otros invitados, de los cuales el alcalde le había hablado, sabiendo que ya había ayudado a su sobrina a conseguir su cometido.
-Tiene tiempo que no te veía, ¿Cómo estás?
-Bien, sabes enviude hace poco, aunque nunca estuve tan feliz de que sucediera, sabes que no me case enamorada y solo fui obligada como tantas que estamos aquí en esta fiesta, incluyendo a mi tía. Dime William ¿tú eres feliz?
-No veo el ¿Por qué? de tu pregunta
-Hay William, a mí no me engañas, hace un año que te vi en aquella fiesta podría jurar que si lo eras, pero ahora te veo tan diferente, vamos dime ¿Qué pasa?
-William, suspirando no es nada simplemente uno a veces pone todo en una canasta pensando que ahí vas a encontrar algo que deseas y no es así.
-Lo sé, pero me tienes a mí, acercándose peligrosamente a William, para besarlo.
-Madeleine no, sabes que no podemos, puede entrar alguien y verte comprometida.
-¿Con quién? Dime quien, no veo a nadie a quien le deba nada, ya no estoy casada, anda vamos a vernos tengo una casa aquí.
-¡Tú! me estas proponiendo que seamos…
-Sí, mi amor, sabes que te sigo amando y sé que tú aun sientes algo por mí.
-Madeleine, estoy casado.
-Con alguien que no te ama, sé que ella no te merece, sé que solo se casó obligada, yo te amo, te amo a ti, no a tu dinero, no lo necesito y lo sabes. Ella no te merece, tuvo un amante, dime ¿acaso te vas a seguir arrastrando ante ella?, si ella no te ama, nunca lo ha hecho, tú crees que yo me atrevería a insinuarme sabiendo que ella te merece, sabes que no.
- Madeleine y tu reputación, sabes que se vería afectada.
-Sabes que no me importa, jamás he sentido esto por nadie y realmente me da lo mismo lo que digan de mí, yo ya cumplí con mi padre, con la sociedad, pero ahora ya es hora de que sea feliz.
William, arrincono a Madeleine, en uno de los pilares para tomar sus labios saboreándolos, nadie podría entrar el salón estaba cerrado, la condesa había hecho todo premeditadamente para que no fueran molestados, ella se aferraba a su cadera abrasándolo con sus piernas y el las sostenía de sus posaderas, para tener mayor acceso a ella.
Madeleine saboreaba los besos que William le daba, poniéndose a su disposición, para que ahí mismo la tomara, pero en un momento de cordura William, reacciono – Made, creo que debemos parar vengo acompañado y sea como sea Candy, es la madre de mi hija, bajándola…
William, se arreglaba su ropa para salir de ahí, solo aquí no entiéndeme.
- Solo dime, que nos veremos después.
William, solo negó con la cabeza para salir de aquel salón, buscando a Candy, pero no la encontraba, al salir algunos socios lo abordaron para saludarlo.
Candy, después de hablar con varias damas comenzó a buscar a William, pero al no encontrarlo se fue a una terraza, donde podía respiraba aire ya que el olor abanó la estaba asfixiando, cuando uno de los invitados los vio era John Hersheis…
-Pero que hace una dama tan hermosa sola.
-Perdón, no es que solo quise tomar aire, pero ya voy a dentro al salón.
-No, ¡espere! solo dígame ¿Cómo se llama? ¿A qué familia pertenece? Me he querido acercar a usted pero solo no la he visto sola, hasta ahora por eso me tome el atrevimiento de abordarla.
-No perdón, es que yo solo debo entrar, pero este la detuvo con una cara de súplica, que quería saber quién era, tomándola del brazo – por favor solo dígame su nombre.
William, andaba buscando a Candy, cuando Karen le informo que Candy estaba en la terraza, al salir la vio con aquel hombre que la había detenido, que al verla solo ardía de celos, solo se acercó…
-Podría soltar a mi esposa, por favor.
El hombre, se le quedo viendo y Candy se soltó de su agarre, solo acercándose a William, tomándolo de la mano – vamos a dentro te estaba buscando.
- Si, ya veo que me buscabas, dime que hacías con ese hombre en la terraza, si la fiesta es acá adentro.
-Nada, solo trataba de regresar al salón, es todo, adentrándose a la gente para dejar de discutir algo que sabía que no iba a ganar, sabía que cuando William se ponía así, nadie lo hacía que dejara su enojo de lado.
- -William, por favor, aquí no vamos a discutir,
-Está bien.
Cuando de repente, entre el bullicio al entrar de nuevo a la fiesta, después de cantarle las mañanitas al alcalde, comenzó el baile, apenas William iba a invitar a Candy a Bailar cuando fue abordado por Madeleine…
-William, ven vamos a bailar, si, anda me debes un baile casi arrancándolo de las manos de Candy.
-No, es que…
-No te molesta linda que me lo prestes un ratito, verdad – pensando – igual me lo llevo para toda la vida.
-No, claro que no me molesta, Candy en shock al ver como arrancaban a William de su lado, casi sin poder hacer nada.
Al estar sola, volvió a ser abordada por John – veo que su acompañante la dejo sola, dígame la puedo invitar a bailar.
-Claro, por que no.
Candy, se fue a bailar igual con aquel extraño, simplemente porque le dolió como William, solo se fue a bailar dejándola ahí sola, le molesto tanto que solo acepto el baile para molestar a su esposo, William estaba muy centrado bailando con Madeleine, que ni siquiera se había dado cuenta que Candy, también estaba bailando.
-Madeleine, no debiste hacer esto.
-Hacer ¿Qué?
-Solo no debes hacerlo en público, entiende soy un hombre comprometido.
-William, a mí eso no me importa y lo sabes.
En eso William, voltea y ve a Candy bailando muy sonriente, que de cuando en cuando la observaba, se sentía molesto de que solo se haya ido a bailar sin ni siquiera tomarlo en cuenta, en cuanto termino el baile solo fue por ella.
-Señora fue un placer soy John Hershey por si se le ofrece algo.
William, solo se acercó tomando a Candy, con posesión de la cintura, solo miro a John y se dirigió a Candy, - Querida creo que ya es tiempo de irnos.
-Candy, al verlo que estaba que explotaba, solo lo miro dijo – claro, voy por mi bolso y a despedirme de Karen, dejando ahí parado a William.
-John solo no dejo de mirarla hasta que desapareció – vaya si yo tuviera una esposa así, no la dejaría sola ni un segundo.
William, lo miro – solo no se vuelva acercar a ella, dejándolo ahí para ir detrás de Candy.
En el trayecto, en el auto reinaba el silencio, ninguno de los dos decía nada, pero la verdad es que los dos sentían celos que si apenas los lograban ocultarlos, al llegar a la mansión Candy iba a subir a su recamara cuando William la detuvo…
-Me puedes decir ¿porque solo te fuiste a bailar con ese tipo?, posando sus manos en su cintura.
-Por la misma razón, que tú te fuiste a bailar con esa tipa o que, pensabas que solo me iba a quedar ahí parada viendo cómo te las dabas de galán. ¿Qué? Piensas que yo no puedo hacer lo mismo.
-No sigas Candy, porque créeme que te vas arrepentir, si haces algo en donde te veas envuelta en un escándalo, voy hacer que te arrepientas de solo buscarlo.
-Claro, yo no puedo y tú sí, no es así, anda vete con la tipa esa, para lo que me importa, solo dejándolo ahí parado para irse a su habitación.
William, al verse ignorado, sube igual a la habitación entra sin tocar para acercarse, la voltea y la mira a los ojos – sí, sé que no te importo en los mas mínimo, no necesitas decirme, también que no me amas y que nunca lo harás.
-Candy, igual al calor de la discusión sumándole lo celosa que estaba, le contesto – si cree lo que quieras, ya me cansé que me juzgues, ya me canse de tus malos tratos, de tu frialdad, si quizás tienes razón ya te deje de amar, como amar a alguien que te trata con desprecio, si te quieres quedar conmigo o no ya no me importa, por mi te puedes ir al infierno si quieres.
- Sabes que Candy, tiene mucho que estoy en el infierno tú me pusiste ahí, por si no te has dado cuenta, pero de ahora en adelante ya no me vas a importas, ya no más, -saliendo de la habitación muy molesto, se fue hasta el coche para volver a salir.
Fue llevado hasta la casa de Madeleine, donde la esperaba en el salón, la cual supo de inmediato que era William, el que la esperaba, acudió de inmediato donde lo recibiría con los brazos abiertos.
Lo beso con pasión y locura, deseosa de ser de él – por favor hazme tuya, solo tuya, William, la subió a la habitación, donde estuvieron desatando las más bajas de las pasiones, Madeleine se entregaba sin medida, amaba a William, no pensó que el fuera a su encuentro tan rápido, así que no iba a desaprovechar esa oportunidad de tenerlo para ella, aunque fuera unas cuantas horas.
Madeleine, pensó que William se quedaría con ella, pero este al término del encuentro solo se cambió para regresar a su casa…
-Querido, pensé que te quedarías conmigo.
-No, perdón es que en la mañana mi hija se despierta temprano y me gusta verla cuando abre sus ojos, era cierto es lo que William adoraba ver despertar a su hija, con sus grandes ojos verdes iguales a los de Candy, que hacía que su vida tuviera algún sentido.
-Está bien, no te exigiré nada, solo estaré para ti, para cuando tú lo desees.
-No, crees que te arrepentirás, no puedo ofrecerte más que esto.
-Solo quiero estar contigo, no me importa nada más.
William, salía de aquella casa, para regresar a la suya, pero no quiso entrar solo fue hasta las caballerizas a tomar a su diablo, para despejar su culpabilidad por un lado, pensaba que había hecho mal, hacer a Madeleine su amante y por otro el saber que Candy, no lo amaba se justificaba.
Más aún que, veía que Candy, no tenía ni un interés sobre de él, ni siquiera había insistido un poco sobre su matrimonio, hace unas horas atrás se lo había confirmado.
Al siguiente día, Madeleine estaba muy contenta cuando bajo a desayunar con su tía la condesa…
-Vaya, despertaste muy contenta hija dime ¿él se quedó?.
-No tía, sabes que no puede, al menos no por ahora, pero sé que si sigo a su lado, haré que el venga a mí, como antes y se lo voy arrebatar a ella a como dé lugar.
-Tiene una hija, sabes que será difícil.
-Sí, pero no imposible, te imaginas si yo me embarazo de él.
-¿Cómo no te cuidaste?
-No y no pienso hacerlo tía, no me vengas ahora con que te vas a escandalizar porque soy su amante.
-No, es solo que una cosa es que seas su amante y otra que tengas un hijo con él, sabes que ese niño podría sufrir mucho, el hecho, que él no lo pueda reconocer.
-Tía, eso nunca va a pasar ya que el tendrá que dejar a su mujer y William, se quedara conmigo aquí la que arrastrara el divorcio es ella y su hija, no mi hijo, eso te lo aseguro.
William, subía a la habitación donde estaba su hija, para verla despertar y ahí estaba Candy, esperando lo mismo…
-Se ve que no has dormido.
-No, no he dormido.
-William, por favor arreglemos las cosas entre nosotros.
-Candy, ya no hay un nosotros, viendo a su hija como despertaba – mi amor, aquí esta papa mírame – Katherine, con una risotada veía a su papa – buenos días cariño, acariciando su mano- Candy, lo único que ahora me une a ti es Katherine, solo eso.
Candy, no entendía lo que William le acababa de decir, realmente sentía que el aún estaba resentido, pero que las cosas se arreglarían entre ellos ya que lo que vio fueron celos de parte de William hacia ella.
Las cosas continuaron, las visitas de William hacia Madeleine fueron más continuas ya había pasado un par de meses, ella estaba feliz, aunque su reputación ya se estaba viendo afectada, los rumores crecían muy fuertes, los rumore llegaron hasta los oídos de Karen.
-Estas segura, señora Wolfor, no se estará equivocando.
-No, de hecho dicen que el la visita muy continuamente.
Karen, no perdió tiempo Candy tenía que saberlo, de inmediato…
-Amiga, que bueno que vienes a visitarme.
-No te alegres, que lo que vengo a decirte no es nada alentador ni bueno.
-¿Qué pasa?
-Pasa que tu esposo, hay Candy como te lo digo, hay bueno como es, William tiene una amante, una tal llamada Madeleine la muy tipeja no le importa que lo sepan, ni que su reputación se vea afectada.
Candy, sintió que su vida se derrumbaba, solo se dejó caer en el pequeño mueble de la sala,- no, eso no es verdad, dime que no Karen, -comenzando a llorar, sus lágrimas fluían sin dejar pararlas.
-Sí, lo es, me lo dijo alguien que está muy cercana a ella, es una arpía, ya los rumores se están extendiendo.
-Karen, ella es, ¡dios no! Ella su amante, Candy supo quién era ella, ya que Paty le contó que alguna vez fue su más grande amor, comenzó a llorar.
-Vamos Candy, tienes que ponerte viva, porque si no te lo ganan, hay amiga, llámalo karma pero te están haciendo lo mismo que alguna vez le hiciste a Annie.
-No, Karen yo jamás fui amante de Archivald.
-Sí, pero alguna vez tuviste las peores intensiones con él, bueno no te juzgo pero creo que estas pagando lo que alguna vez hiciste, amiga debes ver la manera de recuperarlo, no se has algo.
-¿Qué hacer? si tiene mucho, que nuestro matrimonio se rompió precisamente por no ser honesta, por hacer lo que hice, si Karen tiene razón es el karma que me alcanzo lo merezco por haber sido tan mala, tan caprichosa, -seguía llorando
Bueno, me voy ya cumplí, tenía que decírtelo porque no podía callar, perdóname si al hacerlo te lastime.
-Las dos amigas se despedían, no sabía que hacer solo lloraba cuando apareció la abuela…
-¿Qué pasa? hija, ¿la niña está enferma?
-No, es que me acabo de enterar que William, tiene otra mujer.
-La abuela, solo se sentaba teniendo a Candy, en su regazo - ya hija, créeme todas pasamos por lo mismo, solo debes hacer algo para recuperarlo, a traerlo a ti, a que venga a ti, si él, no se ha ido con esa mujer, es que hay esperanza.
-Esperanza, ¡¿cuál esperanza?! Si el no hace más que reprocharme a cada minuto lo que yo hice y que hay de él, en la noche de bodas se fue a dormir con otra, yo no dije nada, ahora hasta tiene una amante ¡también debo callar!, cuando yo no hice nada pero él no se cansa de decirme que le falte.
-Hija, en esta sociedad así es, una mujer es la que nunca debe faltar, sin embargo si ellos son los que faltan se les debe perdonar, así ha sido siempre y así seguirá.
-Pues maldita sociedad, que no para de justificar estas cosas.
-Hija, piensa si él está con ella, pero no la ama, ese sentimiento va más allá de lo carnal, si fuera así William, ya no estuviera aquí, solo depende de ti si lo quieres recuperar o no. Mi nieto esta lastimado, muy lastimado, de eso si eres responsable, tú no sabes cómo lo hiciste sentir con tu rechazo, como se sintió al saber que no lo amas.
-Pero si lo amo abuela, solo que él no me cree.
-Sí y quien es la culpable de que no te crea, ahora solo te queda ver la manera de recuperarlo, si es que realmente lo amas, demuéstrale que si es verdad ese amor que le profesas- suspirando - piénsalo, iré a ver a mi niña.
- Dejando a una Candy muy pensativa, Pero ¿cómo lo haría? Su mente voló con la única persona que podría ayudarla con eso, si tendría que buscar la manera, pero solo había una mujer que la podría instruir para recuperar a su esposo, ya era hora de despertar, si una vez lucho por un amor prohibido, ahora lucharía más por recuperar al hombre que amaba.
Fue al despacho, e hizo que uno de los criados le mandara un mensaje aquella mujer rogando que aceptara su invitación.
Al siguiente día, una mujer llegaba en un carruaje la cual entraba a la mansión, cuando le avisaron a Candy que había llegado. – dígale que en un momento bajo.
-Sí, señora.
Candy, hacia su aparición en la pequeña sala donde la ubicaron…
-Te puedo invitar lo que gustes, te, café, un brandy.
-Cuando vi el mensaje, no podía creerlo, mucho menos que la mismísima señora Andrew me hacia una invitación a su casa, para tomar el te.
-Julieth, muchas gracias por aceptar mi invitación.
-Sí, es un sueño entrar a esta casa, en mi vida me vi como invitada, pero vamos no quiero causarte problemas, es mejor que estemos en otro lado, digo alguien puede llegar y reconocerme, créeme no me ofenderé.
-Julieth, sino fuera por ti, William jamás hubiera podido encontrarme, quien sabe dónde estaría en este momento, así que no te preocupes.
-Dime, en que te puedo servir…
Continuara.
Sé que me van a matar con este capítulo, pero no lo pienso cambiar para la satisfacción de nadie a mí se me vino la idea de esta historia tal cual y me siento satisfecha con la secuencia de la historia, si te sientes ofendida, solo no leas, sé que es difícil ver a los protagonistas con defectos o actitudes imperdonables, pero para llegar al perdón es un proceso y ese proceso apenas se va a dar solo sean pacientes.
Muchas esperaban la llegada de la madre de Candy, pero a esto voy, muchas veces apoyamos cosas que están mal, solo porque son personas muy queridas a nosotros, sin importar a quien vas a lastimar y esa lección se la va llevar la condesa. Se preguntaran como apoya esto tan liberal, antes la aristocracia era como un par de aguas entre el nuevo mundo y el viejo mundo, eso hacía ver que los que venían del viejo mundo fueran mas liberales.
Los personajes no actuaran igual al manga, libro o serie.
Ya saben los espero en el próximo capítulo ya saben por la XEW, Radio.
