Este fic participa en el minirreto de mayo para La Copa de la Casa 19/20 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black

Resumen: Cada que se despierta, espera ver el pie de la cama o los libros que Theo siempre deja en la mesilla de noche. Nunca ocurre.

Personajes: Draco M. / Theodore N.

Beteado por Miss Lefroy Fraser


Luz de luna

Flashes appeared at the corner of my eyes
I saw the stars and I didn't ask why
Heard the voices and caught my breath
So close and yet so far from death

Light Of Love, Florence + The Machine


«Ey… ¡no te pases!»

Forcejeos.

«¿Por qué no? Ellos no tuvieron consideración…»

«¡A él lo exculparon!»

«¡Su padre mató a mi hermana! ¡La torturaron!»

«¡Billy!»

En algún momento pierde la consciencia. Lo último que ve es un rostro que no reconoce, una varita que le apunta a los ojos y luego nada. Despierta y jadea.

Se incorpora y, como siempre, espera ver el pie de la cama, el resto de la habitación, los libros que Theo deja siempre sobre la mesilla de noche después de pasar horas leyéndoselos. Pero no hay nada.

—¿Draco?

Alza las manos y lo busca. Sus gestos son desesperados, pero no importa porque no puede verlos. No se queda tranquilo hasta que las yemas de sus dedos no sienten el rostro de Theodore.

—Aquí estoy —dice Theodore—. Aquí estoy.

—Lo siento.

Su orgullo quedó aplastado de todas las maneras posibles después de la guerra. Cuando lo absolvieron creyó que podría recuperarlo un poco, que algún día podría volver a escucharse el apellido «Malfoy» con la gloria que había tenido antes.

Al final, el apellido fue su desgracia.

Ante la imposibilidad de desquitarse con su padre encerrado en Azkaban, lo habían hecho con él.

—¿Otra pesadilla? —pregunta Theodore.

Draco asiente. No quita las yemas de los dedos del rostro de Theodore. Lo recorre lentamente. Sus mejillas, sus ojos medio hundidos, sus labios carnosos. El otro lo deja, sin decir nada.

Es la manera que tiene Draco de asegurarse de que está allí.

—Siempre es la misma. El mismo rostro. La misma varita. El mismo momento. —No importa qué tanto intente olvidarlo, siempre recuerda lo último que vieron sus ojos. Nunca los atraparon. Draco sólo sabe que uno se llama «Billy».

—Pasará —asegura Theodore.

Lo dice por decir, porque Draco todavía lo siente a veces moverse en la cama cuando lidia con sus propios demonios, intentando no despertarlo.

Cuando Draco termina de recorrer su rostro, Theo le agarra la muñeca. Ahora tiene toda la delicadeza que no había tenido nunca antes.

—¿Puedo acercarme? —pregunta.

Draco vuelve a asentir.

Probablemente Theo adivine lo que está pensando.

«Me lo merezco».

Al fin y al cabo, no se puede tener una marca tenebrosa sin consecuencias. No se puede esperar salir ileso de una guerra en la que estuvo en el bando equivocado.

Las manos de Theodore se acercan a su rostro y él las deja. Se pregunta cómo se verá, desde afuera, desde un espejo.

(Theo dice que tan guapo y estirado como siempre, pero Draco sabe que es un mentiroso).

—Sabes que te quiero, ¿verdad?

Draco asiente. Oye el raspar de las piernas de Theodore contra las sábanas al acercarse un poco más, siente su peso sobre el colchón cuando lo tiene a milímetros.

No puede verlo; se pregunta si sus ojos son tan azules como siempre.

Siente sus labios. Se ahoga en ellos para olvidar las pesadillas; a veces funciona. Pero siempre vuelven. Nunca las mantiene a raya.

¿Cómo se verá Theo bajo la luz de la luna?

Palabras: 500.

1) Bueno, se entiende perfectamente según yo, pero Draco queda ciego después de una vendetta personal (contra su padre) gracias a un hechizo desconocido. Lo plantee así porque no quería meterme con la batalla pero sí con las consecuencias de la guerra. (Y en este caso, las vendettas familiares).

2) Hace mucho que no escribía Draco/Theodore. Sólo pensé que sería buena idea hacerlo.

Andrea Poulain

a 7 de mayo de 2020