—¿Vas a ir hoy a la escuela esa? —Decía una mujer de cabello castaño, estaba sentada delante de un pelinegro que estaba perdido en pensamientos.

—Si, hoy tengo entrenamiento con ellos —Contesto de forma distraída —Luego iré a la oficina —

—¿No vendrás a almorzar? —Ella alzó entre sus manos una taza humeante de café.

—No, creo que comeré algo cerca de la oficina —Dejo la servilleta que antes descansara sobre sus piernas sobre la mesa —Gracias por el café Tessa —Se levanto, camino hasta ella y beso un costado de su cabeza.

—Tan frío como siempre.

—No empieces Tessa —Renego alejándose de ella para dejar la taza en el lavadero.

—Te recuerdo, que debes ayudarme a elegir las cosas de NUESTRA boda, mínimo verlas —Mencionó ella volteando a mirarle, pues ella estaba en una mesa pequeña delante del mesón de la cocina y él detrás de este, lavando su taza.

—Sabes que lo que elijas estará bien —Se quedo mirando la taza con algo de molestia, su ceño se frunció. Tessa bufó.

—Siempre dices lo mismo, parece que no te interesara la boda Perseo —Soltó ella con molestia, él no contestó. Un silencio incómodo se instaló en la habitación. —No te interesa —Murmuro con desaliento.

—Quizá es muy pronto para una boda, un compromiso es algo muy grande —Contestó el dejando la taza en su lugar. Una taza blanca, sin diseños, como cada cosa en el departamento. Todo muerto y sin vida. Ninguno volvió a decir nada por un momento.

—Veré lo de las flores esta tarde, espero te gusten las que elija —Trato de sonar animada, él sabia que era falso.

—¿Aún quieres seguir con esto?

—Es nuestra boda, mi boda, yo te amo y será un día hermoso para ambos, porque también me amas —Aseguro ella en una voz muy baja, con mucha inseguridad.

—Debo irme ya —Salio de la cocina, recogió sus cosas y salió del departamento. Estando en el ascensor se derrumbo contra la pared de este —Tessa, Tessa —Susurro cerrando los ojos con fuerza y golpeando su cabeza contra la pared. Trato de calmarse mientras bajaba.

Una vez afuera camino a su auto como si nada, tratando de fingir que todo estaba bien. Condujo con cuidado hasta estar delante de la escuela, veía a todos los jóvenes que llegaban hasta que notó algo extraño, a alguien que hace rato no veía y que no debía estar ahí.

—¿Luke? —Susurro viendo que el rubio estaba en un auto, de este bajo un azabache con un parche. Perseo se escondió detrás de algunos estudiantes y detrás de unas gradas, para acercarse a ellos.

—... Esto acabará pronto —Decía Luke sobando los hombres del chico —Y entonces podrás dormir bien —Beso su costado de la cabeza.

—Sueltame —Se zafó del agarre del rubio, este solo sonrió con arrogancia, el otro frotaba su ojo descubierto —Dormire bien, cuando dejes de querer cosas en la madrugada —

—Pero si también querías —Intento tomar al otro por la cintura, pero se detuvo. El azabache al parecer le dio una mirada de muerte, o eso entendió Perseo.

—Sólo lárgate —Gruño el azabache de mal humor, el otro sonrió mientras pasaba su mano por su barbilla.

—Dame un beso —Pidió y el otro miro a todas partes, los demás estudiantes fingian no prestar atención. Fue un movimiento rápido, fugaz, pero había besado los labios del rubio, luego desapareció de ahí.

Perseo salió cuando vio a Luke alejarse en el auto ¿Salía con un chico de secundaria? ¿Era de secundaria, o preparatoria? Trato de recordar al chico, sentía que lo vio en una de las clases, eso quería decir que era de preoperatoria. Aunque estaba muy bajito.

Entro a la escuela aún con el ceño fruncido, sabia de Luke por su hermana, pero hasta dónde estaba enterado se había perdido del radar de Hermes hace un par de años ¿Cuándo habían vuelto a saber de él?

Se tropezó con alguien. Un cuerpo impacto contra él desde atrás, alguien distraído seguramente.

—Lo siento —Una voz que reconoció bien se estaba disculpándo.

—Teseo —Soltó suavemente viendo al chico, tenía la nariz metida en un libro —¿Por qué no me sorprende que estés leyendo? —Teseo apenas levanto su vista del libro.

—Porque soy yo, adiós —Volvió a su libro y continuo su camino, sólo que lo vio casi irse contra alguien más.

—Debes tener cuidado —Lo sostenía de la cintura antes de que cayera sobre alguien, Teseo simplemente se dejó —¿Te sientes bien? — pregunto con suavidad. No había obtenido gritos, protestas, nada, estaba quieto entre sus brazos en este instante.

—Si, perfecto —Cerro su libro mirando al frente. Los estudiantes pasaban por sus lados.

—¿Y Percy? Siempre andas con él —Miraba el cabello de Teseo, este estaba de espaldas.

—Por ahí con Jason, no quería... Ellos deben tener su tiempo a solas —Susurro, Perseo sabia que había algo mal con eso, giro despacio a Teseo para tenerlo de frente.

—¿Ocurre algo? —Tomo el rostro de Teseo entre sus manos, sus ojos estaban opacos, tristes.

—¿No lo sabes? —Sin querer, o quizá queriendo, su mejilla derecha busco a tener más contacto con la mano de Perseo —Ellos están comprometidos, se los dijeron la semana pasada —Murmuró con una voz finita.

—¿y? —Lo instó a seguir.

—Van a ser felices, Percy ama a Jason y el rubio idiota estoy seguro amará a mi hermanito —Su voz temblaba, se notaba que no había querido hablar de esto con nadie.

—¿Quieres que hablemos de esto, en otro lugar? —Teseo abrió la boca, Perseo no le dejó decir nada. Lo tomo del brazo y se lo llevo de ahí, caminaron por algunos pasillos hasta el gimnasio de la escuela, estaba vacío, así que estarían bien. —¿Qué pasa con ellos? —El de ojos verdemar se lo quedo mirando mientras se sentaban.

—Que se lo van a llevar, que voy a estar solo —Solo miraba sus pies y jugaba con su libro. Guardaron silencio, Teseo relamio sus labios mirando al frente.

Perseo se lo quedó mirando, aún recordaba aquellos días en su antigua ciudad, como se habían conocido. Teseo le seguía pareciendo el ser más perfecto que existía, siempre sabiendo que decir, riéndose de sus absurdas bromas, de sus estupideces, el como su nariz se arrugaba ligeramente al reír. Solo que ahora no veía esas arrugas, sus ojos estaban cristalizandose, sus mejillas con algo de rubor, pero no era un sonrojo de vergüenza, ni de ira, era uno triste por las lágrimas que antes hubieran bajado por su mejillas irritando la piel.

Se notaba que había estado llorando, su nariz medio rojiza se lo decía también. Su Teseo estaba triste, él lo conocía demasiado bien para saber que esto era de verdad importante, tanto que había olvidado que se suponía que no se llevaban. Paso su mano con delicadeza por su hombro y lo atrajo a su cuerpo, el cuerpo del otro temblaba, estaba por llorar una vez más; se estaba quebrando, delante de sus ojos. Seguro había resistido toda la semana de demostrar como se sentía delante de los demás.

—Hey, está bien, no estarás solo —Susurro a su oído, dejando que Teseo llore en su hombro. Su cabello olía a mar, pero uno muy salino, salobre y triste, un mar que solo te traía tristeza.

—Si lo voy a estar, otra vez, otra vez soy la segunda opción —Murmuró contra su hombro, se aferró a Perseo soltando su libro, este cayo entre las bancas al suelo, no le importaba en ese momento.

Perseo susurro un shhhh mientras deslizaba con delicadeza su mano por la espalda de Teseo, podía sentir los espasmos del llanto silencioso del otro. Teseo era de las personas que sabías que estaba verdaderamente mal para dejarse ver llorando, él era fuerte, él era valiente, él era un héroe, pero seguía siendo un humano.

Se quedaron ahí, uno abrazando al otro, hasta que los espasmos fueron apagándose paulatinamente, Teseo se calmó. Perseo se sorprendía de que no lloviera afuera, siempre llovía cuando los hijos del mar lloraban, en especial con tanto sentimiento.

—¿Mejor? —Pregunto suavemente separándose de él, este asintió pasando sus manos por su rostro. Perseo tomo sus mejillas y limpio los últimos vestigios de las crueles lágrimas que habían atacado el bonito rostro de Teseo.

—Percy debe estarme buscando —Trato de sonreír, pero era falso.

—Teseo, hay algo que —Creyo que era el momento de hablar, no se estaban matando en este momento. Teseo se calló, solo le miraba con fijeza, las manos de Perseo seguían en sus mejillas —Yo no quise dejarte, yo quise ir contigo... yo mande que te avusaran, no quería que me esperaras eternamente —

Silencio

—Lo último que quería era lastimarte, ya se fue lo único que conseguí —Murmuró al ver la mueca que hacia el contrario —Perdón por eso, debi ir en persona, cuando me entere que nadie te avisó, corri ahí y lo único que vi, fue tu cuerpo perdiéndose en el mar. Y luego la gran explosión —

Silencio una vez más.

Perseo se acercó despacio al rostro de Teseo y pegó su frente con la suya, este cerro los ojos poniendo sus manos sobre las de Perseo.

—Yo te a... —Un ruido interrumpió a Perseo.

—Perseo —Y luego la voz de una mujer. Los dos abrieron los ojos, pero ninguno se alejó demasiado —Perseo... —Ella se los quedo mirando.

—Tessa —Murmuró Perseo, sin embargo en vez de soltar a Teseo lo acomodó en sus brazos, o más bien Teseo se acomodó, puso la mano de Perseo alrededor de su cintura y recostó su cabeza contra el hombro de Perseo.

—¿Quién es él? —Frunció el ceño mirando a Teseo.

—Es Teseo, Teseo Jackson —Perseo no sabia que más decir, podía sentir como Teseo enredada su mano con la de él. Ella observó aquello con atención.

—Un alumno, supongo —Miro fijamente a Perseo, este trago saliva, estaba seguro que esperaba que le presente a Teseo ¿Cómo podía hacer eso? Bueno, no lo necesitaba, Teseo sabia quien era ella, le había visto en fotos y escuchado cuando hablaba con Thalia del compromiso. —Soy Tessa Vasileía, la prometida de Perseo —

Perseo sentía que estaba en terreno peligroso, un movimiento en falso y esto estallaría. Lo peor es que sentía más peligro por la reacción de Teseo que la de su prometida.

—¿Ah? ¿Te vas a casar? No me habías dicho nada Per —Teseo lo comento como si nada mientras se acurrucaba más entre los brazos de Perseo. El hijo de Zeus casi suelta una carcajada, Teseo era adorable cuando estaba celoso, en especial cuando le decía Per y sonaba como un "Prrrr" de un gatito.

—No deberías tener esas confianzas con tus alumnos —Ella se acerco más a ellos, como queriendo imponer su presencia y que Teseo se hiciera a un lado, lo que no sucedería. Perseo conocía demasiado bien a Teseo, él no se movería para nada, porque estaba consiguiendo lo que quería.

—Tes, compórtate —Fingió regañarle. Ella se quedó fría, la forma cariñosa en que le había salido el tono a Perseo la había dejado así.

—Yo me sé comportar —Soltó ella fingiendo que hablaba con ella, sabia que no era así. Teseo le dio una mirada despectiva.

—Aclaro que me hablaba a mi, pues así es como él me llama cariñosamente —Teseo sonrío triunfante viendo la pequeña mueca de desprecio de ella, la forma en que apretaba la carpeta que llevaba en sus manos.

—Si, le hablaba a él, así le digo —Aclaro Perseo, si por esto podía romper el compromiso, él lo haría. Ella le vio con los ojos abiertos, la tristeza comenzaba a invadirlos —¿Qué te trajo aquí Tessa? —Ella soltó la carpeta que tenía en las manos y salió corriendo de ahí.

Silencio otra vez.

—Creo que ya no tienes prometida —Mencionó Teseo jugando con la mano de Perseo, este río y beso el costado de la cabeza de Teseo, este también río.

—Lo peor es que creo que aún la tendré —Teseo dejo de jugar y volteo a verlo —Ella es terca, no se rendirá con facilidad —El hijo de Poseidón rodó los ojos.

—Pero ¿Si tuvieras que elegir a uno...?

—A ti, por sobretodo a ti, no lo dudes nunca —Beso su mejilla y lo soltó, recogió la carpeta que había tirado Tessa al suelo —Oh, tengo que presentar esto mañana, debió pensar que era para hoy —Teseo no dijo nada, sus mejillas estaban rojas, pero esta vez no por las lágrimas, sino de vergüenza. —Debes ir a clases, Percy me matará si sigues desaparecido —Se acercó y besó la punta de su nariz, Teseo solo se ruborizo más antes de salir corriendo de ahí.

Belerofonte tenía el presentimiento de que no debió salir de la cama esta mañana, el sobresalto que cargaba desde que despertó no se había ido. Por más que todo habia salido bien en estos días, sentía que algo saldría mal, algo malo iba a pasar.

Trato de calmarse mientras decoraba uno de los pasteles, resultó bueno decorando, su torpeza no afectaba a su pulso, eso le alegraba. Su paso por la cafetería le estaba siendo agradable, no sabía como le iba a hacer para cuando ya no estuvieran ahí, en Atlantis ese no era su trabajo.

No podía decir si quiera que tenia uno, era un príncipe, todo lo que hacían era pura diplomacia y cocinar de vez en cuando. Le agradaba ser útil.

—Vaya, te quedo hermoso el pastel —Albo Mary aplaudiendo mientras daba saltitos, su cabello rebosaba en su espalda, era como una niña pequeña festejando por algo que hizo bien.

—Gracias —Se ruborizo un poco por esto y luego sonrío de forma amable.

—Cada día te quedan más bonitos ¿Estás seguro que no quieres el puesto permanente? —Pregunto su jefe, Belerofonte parpadeo varias veces, sus manos comenzaron a sudar, respiró hondo cuanto más nervioso estaba su torpeza aumentaba.

—Estoy seguro, yo no estaré mucho en la ciudad —Murmuró en voz muy bajita con cada palabra bajaba más el tono. El hombre enfrente suyo río y golpeó su espalda haciendo que se vaya un poco hacia el frente.

—Esta bien, no debes sentirte mal por rechazar el trabajo, me alegrará tenerte todo el tiempo posible —Belerofonte suspiro sabiendo que no lo había molestado —Ahora a atender las mesas chicos —

—¡Si, señor! —Contestaron Mary y Belerofonte al mismo tiempo, luego ella río.

—Yo atendere ahora, a ti te toca después —Ella le guiño un ojo y desapareció por la puerta.

Belerofonte solo le alcanzo a sonreír, se dedico una vez más a decorar los pasteles, los pie, ha hacer el café, los chocolates. Estaba fascinado trabajando en la cocina de momento, se había adaptado a las personas de ahí, sin embargo el sentimiento de que algo iba mal, o saldría mal, se hacía más grande con el pasar del tiempo.

—Te tocan las mesas, estos niños necesitan un descanso, con eso de que somos una de las únicas cafeterías que hab abierto, no paramos —Mary señalaba sus pies con una expresión de cansancio, aunque la sonrisa no abandonaba su rostro.

—Claro —Belerofonte dejo su delantal y guantes en su lugar, también se puso el delantal negro para atender. No le importaba estar cargado de trabajo al extremo, a pesar de que sus hermanos decían que no se excediera, estos días no había dormido bien.

—Hey chico —Lo llamo una de las clientas, era una chica bonita. El se acercó a ella, esta le sonrió de forma coqueta, no era la primera vez que venía a la cafetería.

Belerofonte había notado que habían muchas chicas y chicos, que venían ya con regularidad. Mary decía que venían por él, pero él decía que eso era imposible.

—¿Podrías traerme un chocolate frío con helado?——Ella jugó con su cabello mordiendo su labio inferior ligeramente.

—Si, por supuesto ¿Desea algo más? —Anoto rápido en la libreta, frunció ligeramente el ceño, el exceso de trabajo le estaba dando dolor de cabeza.

—Tu número si pudieras —Belerofonte estaba por anotar eso, cuando se dio cuenta de la pregunta. Ella solo le sonrió esperando su respuesta.

—Enseguida traigo su pedido —Estaba seguro que era un tipo de reto o algo, aún así sus mejillas tomaron color mientras se alejaba de ahí.

—¿Que te pidieron esta vez? —Chris se burló cuando lo vio regresar colorado trayendo el pedido.

—Un chocolate frío con helado —Murmuró desviando la mirada —¿Cuándo terminarán con ese maldito juego? —

—¿Aún crees que es un juego? —Chris se río de la cara apenada del castaño —Oh, vamos, deberías darte crédito. Las traes muertas —Le guiño un ojo, Belerofonte boqueo como un pez fuera del agua, lo que produjo más risas del otro chico.

—Aquí tienes —El jefe le paso el pedido —Ya déja de burlarte de la inocencia de Bel —Regaño y Belerofonte se sintió más cohibido, tomo la bandeja alejándose de ahí.

—Aquí esta su pedido —Dejo la bandeja sobre la mesa de la chica, esta seguia todos sus movimientos con su mirada.

—¿No querrías tomarte tu descanso conmigo? —Le sonrió coqueta, Belerofonte río algo nervioso. Ok, comenzaba a creerse eso de que no era un reto, pensaba que ahora ella había perdido una apuesta seguramente.

—Lo siento, debo rechazar la oferta —Hizo una reverencia y la escucho suspirar, pero antes que decepción en su rostro, cuando la vio de nuevo parecía más encantada. Se dio la vuelta para atender una mesa que estaba más atrás, cuando la puerta sonó y su peor pesadilla se hizo presente.

—Quiero ese té que me gusta, nada más —Belerofonte trago fuerte y se quedo paralizado, reconocería esa voz aunque pasaran mil años más. No sé creía el tener tan mala suerte, su cabeza comenzaba a dar vueltas.

—Oh, vamos, te gustará el pie si lo pruebas. Nunca quieres probar nada, aquí hay una mesa —Y ahí estaba otra voz que no le agradaba, también la reconocía. Belerofonte quiso huir, dio unos dos pasos hacia al frente cuando le oyó de nuevo. —Hey chico ¿Nos puedes tomar la orden? Para hoy —

—Debes ser amable —Belerofonte se sintió peor al oírlo más cerca y entonces todo se convirtió en un borrón por un momento. Pronto un fuerte brazo estaba sosteniendo su cintura antes de que su cuerpo tocara el suelo. —¿Estas bien? —

—Si, gracias —Belerofonte maldijo para sus adentros el haber hablado, ahora si que estaba muerto, muerto, enterrado y como un alma en pena, a punto de ir al purgatorio.

Si había una cosa de la que estaba seguro era que; Aquiles le podía reconocer por su voz, tal como él lo hacía.

Y por supuesto, no estaba equivocado, sintió que el agarre se hizo más firme y que le ayudaron a ponerse bien de pie, de frente al rubio.

—Ya está bien, ya puedes soltarlo —El azabache que iba con Aquiles los separo. Belerofonte casi cayó de nuevo, pero Aquiles no lo dejó, empujó a al chico para evitar su caída, se escuchó un gruñido muy audible.

——Necesitas descansar, debes recostarte ¿Tienen algún lugar dónde se puede acostar? —Se apresuro a preguntar al chico que había corrido hacia ellos.

—Si, yo lo llevaré, ustedes pueden seguir con lo suyo —Chris intento tomar a Belerofonte, pero claramente Aquiles no le dejaría huir.

—Yo lo llevo —Miro de mala manera al muchacho.

—Por aquí, Chris por favor atiende las mesas, yo vendré en un momento —Mary se acercó a ellos, antes de que se pusieran a pelear con el pobre Belerofonte en el centro. Aquiles le ayudó a llegar a la pequeña sala que tenían de empleados —Lo siento, sólo personal autorizado —Dijo ella cerrando la puerta en la cara del azabache acompañante de Aquiles que les había seguido.

—Debes quitarte esto —Aquiles le quito el delantal y abrió los botones de la camiseta.

—Aquí esta el botiquín, creo que debo llamar a tus hermanos Bel —Ella se apresuró a sacar la caja con una cruz roja y se la pasó al rubio —Regreso en un momento —Le guiño un ojo al castaño y salió de ahí, cerrando una vez más la puerta con seguro.

—Me las pagarás Mary —Masculló entre dientes viéndola marchar.

—Ten huele un poco de esto —Aquiles le paso un algodón con alcohol —Aquí hay agua —Destapo una botella que había sobre una de las mesas.

—Gracias —Evito mirarlo a los ojos.

—Pat —Susurro Aquiles, Belerofonte trato de hacer caso omiso a eso, bebió del agua con calma —Se que eres Pat —

—Mi nombre es Belerofonte —Susurro dejando la botella de lado, los dos se quedaron en silencio. La puerta sonó, ninguno de los dos hizo nada para abrirla.

—¿Es tu nuevo nombre?

—Es mi primer nombre

—Así que Patroclo ¿Fue tu segunda vida? —Belerofonte apretó los labios, odiaba que fuera tan listo y uniera los puntos.

—Si —Solto en voz muy baja jugando con sus manos, su cabeza aún daba vueltas por todo.

—Siempre quise verte de nuevo —Belerofonte se estremeció cuando el otro rozo su mejilla con sus dedos, seguía teniendo la piel tan suave como siempre, a pesar del manejo de armas, las manos de Aquiles siempre fueron suaves cuando se trataba de rozar su piel.

—Nunca llegaste a la Atlántida —Lo vio de reojo, noto la mirada entristecida del rubio, las motas de sol en sus ojos estaban apagadas.

—Siempre quise decírtelo, quería encontrarte, verte, ella encontró la forma de separarnos —Susurro acercándose a su rostro, paso con delicadeza la punta de su nariz sobre la mejilla de Belerofonte —Cuando desperté en el Olimpo, supe que todo estaba mal. Sigues oliendo al más hermoso mar del atardecer, con agua muy cálida —

—Pensé que ya no te importaba, que con este tiempo habías encontrado a alguien —Confeso sin poder evitarlo, como cada vez que estaban los dos solos. Como la segunda vez que se vieron en el castillo, el olor a brisa fresca de Aquiles lograba que Belerofonte se relaje, se dejaba llevar por él.

—Nunca podría encontrar a alguien que siquiera llegue a la planta de tus pies borreguito —Aquiles aspiro el aroma de su cuello y se aferró al castaño, sus manos alrededor de su cintura, sentir su piel, su aroma, su calidez, había extrañado todo eso durante años.

—No es cierto tu tienes a Andy —Trato de soltarse, el rubio no lo dejo. No iba a soltarle ahora que le había encontrado, no le importaba que nombre tuviera, como se viera, como fuera siempre seria para él, solo suyo, su mayor amor.

—He intentado terminar con él de mil maneras ¿Has estado celoso? ¿Desde cuándo sabías de mi? —Solto su cintura y tomo con delicadeza sus mejillas para que Belerofonte le mire a los ojos.

—Desde que volví a pisar tierra —Susurro, Aquiles le dio una mirada de molestia solo un momento antes de besar su frente.

—Te has excedido en trabajo ¿verdad? —Decidio no preguntar más sobre eso de que ya sabia de él por tiempo y no le había visitado.

—Un poco, quizá —Evito su mirada acusatoria.

—Bel, tu hermano ya está en camino —Anuncio Mary antes de ser empujada a un lado por el azabache ese.

—Aquiles —Hablo en son de reclamo al rubio, tenia la mirada encendida en furia.

—Puedes irte solo Andy —Contesto con sequedad Aquiles dándole una mirada mortal y no dejando que vea demasiado a su castaño.

—Te he dicho que aquí solo entra personal autorizado —Se quejó Mary tratando de sacar al chico.

—Vamonos Aquiles —Repuso el chico tratando de ver el rostro de Belerofonte, este estaba casi detrás de Aquiles, muy cubierto.

—No me voy a ir —Replico Aquiles

—¡Chris! —Llamo Mary —Este chico ya se va —Señalo a Andy cuando llego el otro chico, el azabache opuso resistencia queriendo replicar pero Chris no lo dejó. —Cuidalo por favor, su hermano pronto vendrá —Les guiño un ojo a los dos y salió de ahí, el rostro del castaño no podía estar más rojo.

—Así que ¿Hermanos? —Miro a Belerofonte, este sonrio y asintió. Tal vez estaba muy equivocado, Aquiles lo seguía amando, seguía siendo suyo, o al menos así lo estaba sintiendo.

—¡Es tan lindo! —Chillaba una castaña sentada a la mesa, haciendo que el rubio se sonroje con fuerza.

—Piper, en voz baja por favor —Pedia en susurros tratando de que medio comedor no se entere de lo que hablaban.

—Yo creo que tiene toda la razón para celebrar, no todos los días un amigo se compromete —Hablo Reyna mientras sostenía una papá frita en su mano y luego la mordía.

—Va a gritar más cuando sea la boda —Reconocio Will tratando de que cierto azabache deje de comer tanta comida chatarra —Te va a hacer daño tanta grasa —

—Solo es una maldita hamburguesa Will —Rodó los ojos Nico mientras Will reemplazaba la hamburguesa por más fruta.

—Tes ¿estás bien? —Pregunto por millonésima vez Percy, perdiéndose la celebración que tenían algunos en la mesa por su compromiso. Su gemelo parpadeo, se había perdido en pensamientos.

—Si, ahora si —Asintió solemne, aunque algo empezaba a incomodarle. Como si una nube negra de tormenta estuviera a punto de arremolinarse y dejar caer sobre él un diluvio, uno que arrasaría con todo lo existente.

—Me alegro y que sepas que no te dejaré nunca —Una corriente fría recorrió la espalda de Teseo mientras Percy lo abrazaba. Un mal augurio, las cosas malas pasarían, La Paz acabaría y su felicidad se esfumaria. —¿Lo sentiste? —

—Si —Asintió despacio, miraron a su alrededor, no había nada de malo, todos comían, molestaban, reían. —Debe ser cosa de nuestra mente nada más —Trato de desestimar el tema. Percy no se lo creyó. —Así que ¿Te has besado al rubio? —Las mejillas de su gemelo se encendieron.

—Sólo fue algo accidental, solo un roce —Acepto por lo bajo viendo de soslayo al rubio, este le sostuvo la mano por lo bajo. Como habían acordado, estaban tratando de conocerse, pasaron más tiempo juntos la semana que pasó, en lo que arreglaban de nuevo la escuela.

Jason se había propuesto hacer actividades con Percy, entrenaban juntos, hacían la tarea juntos, el rubio intentó cocinar medio incendiando la cocina en el proceso, también le había regalado más abrazos. Lo único que había extrañado Percy, era que Teseo duerma con ellos, este había ido a dormir con Tritón y Belerofonte en estos días.

—Un beso, es un beso —Teseo se comenzaba a comportar como Teseo, una vez más. Percy solo río nervioso —Quizá deberían intentar uno no accidental y ver como les va —Le guiño un ojo a su hermano, Percy enrojecio hasta la raíz del cabello, Teseo se deleito de su cara y río con descaro.

Percy terminó de comer en silencio, le gustaba sentir la mano de Jason entre la silla, las cosquillas que le producía en su interior, la calidez en su cuerpo cuando el hablaba, los delfines brincando en su estómago cuando el rubio reía, era algo que experimentaba por primera vez.

Ahora tenían entrenamiento en el gimnasio y por alguna razón, Teseo parecía muy feliz con la presencia de Perseo, así que esta vez no le dio una mirada asesina.

Aún recordaba el hundimiento de la Atlántida, ese había sido uno de los peores ataques que habían sufrido. La devastación de todo, el humo, la gente corriendo de un lado a otro, el como casi le habían atrapado. Casi los tuvieron. Teseo no había regresado en días, Teseo siempre volvía, muy tarde en la noche, o en la madrugada, pero volvía.

Esos días no lo hizo.

Entonces sabia que algo no estaba bien.

Y la guerra estalló.

Tifón se levantó de su lecho marino, rompió las cadenas de su prisión, ayudado por algunos titanes y comenzó a arrasar con todo por el fondo marino. Teseo tuvo un estallido igual que Percy, solo que uno de ellos no estaba cerca de casa.

Percy recordaba que lo habían querido aprisionar, que quisieron llevárselo lejos de los suyos y que por eso termino inconsciente en el fondo del mar, cuando volvió a ser consciente, una nueva prisión le esperaba.

No es que le molestara ser convertido en niño para que su presencia no fuera detectada por nadie, pero por mucho tiempo Teseo no fue visto. Su esencia se perdió en el mar, la guerra y el estallido de dolor, le había devastado al punto de la extinción.

Así que Percy estuvo sólo.

No importaba que estuvieran los demás, él sintió un vacío sin su gemelo ahí, peor que cuando Tifón lo tenía entre sus manos sofocandole, ahogándole y envenenandole, se sentía sin un soporte, deprimido, devastado como el resto de la Atlántida.

—Percy —Jason chasqueó los dedos delante suyo, le había quitado su arma sin que se diera cuenta —Estás distraído ¿Te sientes bien? —

—Si, sólo recordaba algo —Respondió y Jason le miró fijamente con el rostro cerca del suyo —Jason, no me dejes solo —Miro a los ojos azules, que le vieron sorprendidos por esa petición, pero se calmó al ver la sonrisa que tiraba de sus labios.

—Nunca lo haría —Susurro el rubio.

Voces internas de ambos: ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!

Jason colocó su mano en la mejilla de Percy, se acercó mucho más a él. Sus rostros frente a frente, sus alientos se mezclaban, ambos estaban sudando y respirando con dificultad, habían estado ejercitando, era normal. Lo que no era normal era el ritmo de sus corazones, cada uno podía sentir como sus venas parecían tener tambores de lo fuerte que bombeaban.

Pero ninguno se atrevía a terminar de sellar aquel pacto, solo se seguían mirando. Jason con la mano en la nuca de Percy y este con los ojos cerrados, los labios entreabiertos, dispuesto a todo.

—Por un demonio —Susurro Teseo. Toda la clase estaba mirando expectante a esos dos. A algunos les habían cubierto la boca, al entrenador Hedge lo estaban entreteniendo con algo de Chuck Norris —Queremos el beso para hoy —Se acerco despacio tratando de no romper la burbuja de ambos y le dio un ligero empujón a Jason.

Por fin, sus labios estaban juntos. Y todo estalló dentro de ellos. No existía nadie más. Una tormenta azotaba en su interior, un zoológico se paseaba por sus venas, sus corazones latian a mil por hora como una locomotora sin frenos en una colina cuesta abajo y cuando colisionó contra su estación, ellos seguían siendo uno con el otro.

La mano de Jason seguía en la nuca de Percy, no quería soltarlo, su lengua había tenido acceso libre desde el principio y se disponía a descubrir todos los misterios que la boca ajena ofrecía. Ese salado sabor a mar que solo hacia que quisiera más lo estaba embriagando. Quería recorrer cada centímetro del húmedo interior de la boca de Percy.

Era el primer beso de Percy, así que se sentía torpe y asustado, no entendía porque la lengua de Jason estaba en su boca. Ni siquiera porque había permitido que pase, pero ya había pasado. En principio le pareció invasivo, algo asqueroso, pero mientras más seguía ahí, más quería que continúe, la boca de Jason era dulce. La mejor de las golosinas que había saboreado.

Se atrevió a poner sus manos alrededor de su nuca también y seguir con el beso.

¿Aire? ¿Quién lo necesitaba?

El beso sabia mejor que el aire.

—Se van a morir ahogados —Murmuró Perseo a lado de Teseo que observaban como sus hermanos se besaban.

—Si, si, ya fue mucho —Se quejo Teseo y tosio para que se dieran cuenta de dónde estaban, lo que resultó.

Ambos se soltaron sonrojados y muy apenados, por tal espectáculo que habían dado.

—¡Muy bien! ¡A seguir con la clase! —Apresuro Perseo para que dejaran de ver a los dos.

—Ya lo besaste, pero sigue siendo mío —Teseo se aferró a Percy que solo sonreía tontamente. —Eres un rubio pervertido, solo eran besos no descubrir a que sabia su garganta —Jason casi se muere atragantado por su propia saliva en ese momento.

—Yo... yo...

—Te lo dejo un rato más y lo violas —Seguia molestando Teseo.

—¿Qué es violar? —Pregunto Percy saliendo un poco de su ensoñación.

—Eh... pues... —Teseo y el rubio se quedaron mirando, Jason huyó —Cuando comente algún abuso contra ti y rompen algo que no debían, como la ley —Río con nerviosismo —Orión te explicara mejor —

—Tes —Susurro Percy —Amo a Jason —Teseo lo vio con seriedad.

—Lo sé, Percy, créeme que lo sé. Lo malo es que a nosotros nunca nos va bien en el amor —Soltó con amargura, Percy asintió. Él se sabia bien las historias de amor de todos sus hermanos.

Los hijos de Poseidón estaban tan salados como el mar, en lo que respectaba a amor.

—Esta listo mi señor —Decía un hombre con bata a uno de traje negro que miraba con fijeza los papeles en sus manos.

—Excelente ¿Qué has sabido de Espino? Se suponía que tenia que traerme los dientes —Miro con el ceño fruncido al hombre delante suyo y soltó los papeles en el escritorio que tenía en frente suyo.

—No sabemos nada señor, hace días que no aparece en nuestro radar —Informo el hombre de bata. La puerta de la oficina se abrió, dejando ver a un hombre de mirada cruel.

—Caligula —Saludo el hombre de ojos dorados —Vete ya —Demando al hombre de bata, este desapareció sin más por la puerta.

—Nuestro pequeño monstruo ya esta listo Cronos —Sonrió de forma siniestra —Y hemos conseguido una que otra ayudita, mis colegas conversan con ellos en este momento —

—Ya tengo la dirección también —Paso una de las que tenia a Caligula —Ahí es dónde le tienen, en las otras, los planos de la construcción —El hombre tomo las hojas entre sus manos, sus ojos escaneaban todo con deleite —Todo será nuestro pronto —

—Haré que mis hombres preparen todo —El aire se volvió pesado en la habitación, era notorio que nada saldría bien para alguien.

—Que alisten la sala, en tres días será el solsticio de invierno. El día más negro del año y el momento perfecto para el ataque —Caligula asintió abandonando la habitación y Cronos miro por la ventana del lugar —Pronto la humanidad tendrá una nueva era —

—Con cuidado Bel —Decía Aquiles mientras le ayudaba a subirse al auto de Tritón.

—Que ya estoy bien —Se quejaba el castaño.

—Eso lo decidirá Apolo —Gruño Tritón y le dio una mirada a Aquiles, este solo le sonrió con soltura.

—Tranquilo, todo estará bien ¿Aquiles? —Decía el pelirrojo que estaba subido en el auto, el rubio asintió —Nosotros lo cuidaremos —

—Belerofonte quiero tu número —El rubio miro al castaño, este desvío la mirada había esquivado esa pregunta todo el rato.

—Sólo dáselo, para que nos podamos ir —Tritón se subió en el asiento del conductor, Belerofonte hizo lo que dijo, no quería molestar más al azabache, Aquiles sonrió.

—Adiós, borreguito —Se alejo un poco del auto, el castaño se sonrojó furiosamente.

—¿Borreguito? —Murmuró Piritoo comenzando a reír de la pena del otro.

—Al menos un borrego sería más alto que tú —Solto Tritón mientras miraba al frente, el castaño fue quien río ahora.

—Eso se llama buillyn Tritón, no debes tratarme así —Hizo un puchero arrimadose a los asientos delanteros.

—¿Quién conduce?

—Tú

—¿Quién te cocina?

—Tú

—¿Quién es ahora tu superior? —Piritoo gruño, hoy habían ascendido al azabache de puesto por su eficiente trabajo.

—Tú

—Entonces, tu eres un enano —Asintio conforme mientras el otro rodaba los ojos. Mientras ellos discutían Belerofonte se fijó en un libro que estaba sobre el tablero.

—¿Qué es esto? —Tenia un nombre raro —Libro de introducción al... —Frunció el ceño, había unos símbolos Japoneses.

—Ah, es un libro que me presto Piritoo —Tritón hablaba con calma, el pelirrojo estaba tan rojo como su cabello y muy calladito, haciéndose uno con el asiento trasero del auto —Esta interesante —

—Si tu lo dices —El castaño se encogió de hombros, solo miro las primeras páginas y vio unas imágenes de personas con cuerdas. Seguro era un libro de nudos. Volvió a dejar el libro ahí.

—¿Y ya le dijiste todo a Aquiles? —Pregunto el azabache y el castaño solo miro al frente.

—No le dije que posiblemente, nos vayamos pronto —Tritón asintió aún mirando el camino.

—Seguro vendría con nosotros, no me agrada que estés triste —Belerofonte sólo miro sus manos, muy pocas, raras mejor dicho, veces Tritón le decía esas cosas.

—Si, creo que lo haría —Sonrió levemente —Pero su novio, no me agrada —

—Eres más fuerte que él, no habrá problema —Dijo con suavidad deteniéndose en el semáforo y añadió: —Y si intenta algo, lo destruire —

—Eso es algo bastante serio —Susurro Piritoo.

—Que te quede algo claro Piritoo, no me gusta que se metan con mi familia —Lo miro a través del espejo retrovisor, el pelirrojo asintió. Y eran cosas como estas, la que hacían que se derrita como un arma fundida al fuego por él. El semáforo cambió de luz y siguieron su camino.

—Me gustaría ser parte de esa familia —Solto sin querer Piritoo. Belerofonte se volteó a verlo y le sonrió.

—Ya lo eres —Piritoo se lo quedo mirando —Para mamá Anfi eres el novio de Tritón —Y así fue como con eso que casi se terminan estrellando.

—¡Belerofonte! —Tritón le dio una mirada mortal al castaño, mismo que apenas había logrado aferrarse al asiento para no darse contra el tablero del auto debido al frenazo.

—Auch, pensé que conducias bien —Se quejó Piritoo, pero sonreía por lo que había dicho el castaño.

—Yo conduzco bien, mientras mi copiloto cierre la boca. Se supone que moría —Le dio una mirada a su hermano de o te callas, o te mato, este levantó las manos en señal de rendición y se puso un cierre invisible en la boca.

Piritoo se dio cuenta que Tritón se había sonrojado y no creía que fuera de la ira esta vez. Sus esfuerzos estaban valiendo la pena. Había estado hablando con Tritón y el había dicho que leería los libros, que era fascinante eso de los nudos, así que no lo estaba corrompiendo ¿No? Bueno quizá si, en especial cuando le explico a breves rasgos todo.

—Entonces por eso... —Había dicho Tritón cuando por fin había entendido que eran los sonidos de aquella vez cuando le curaba. Esa fue la primera vez que vio a un dios marino sonrojado —Vaya —Le esquivo la mirada, en ese momento Piritoo creyó que todo estaba perdido, lo vio fruncir el ceño.—Pero no volverá a pasar, si quieres fingimos que nada pasó y sólo me alejare —Casi se dio por vencido en ese momento.—Es que hace tiempo no hago esas cosas —Tritón estaba muy rojo, avergonzado por no recordar esos sonidos —No... no he estado con nadie desde... Desde lo de Luna —Su mirada se trono sombría y triste —Lamento esto, yo no soy la mejor opción Piritoo ——Pero a mi me lo pareces.—Yo había prometido no estar en tierra, yo la maté —Susurro con dolor perdido en su mundo, Piritoo puso sus manos en sus mejillas y le hizo mirarle.—Yo creo que ella ya te perdono y querría que fueras feliz —Le sonrió y Tritón suspiro posando su mano en una de las de Piritoo.—Eso dicen todos, pero creo que deberías buscar a alguien más. Alguien que no se haya vuelto loco de celos...—Pero, hey, yo te quiero a ti. Sólo, dame una oportunidad. —Se quedaron en silencio —Lee los libros y te enseñaré lo que se, si al final no te gusta, entonces sólo seremos amigos. No quiero lastimarte ——Y yo no quiero lastimarte a ti —Beso una de sus manos —Leere los libros —El pelirrojo chillo de emoción —Y ahora vamos a almorzar —

Y así era como ese y otros libros habían ido a dar a las manos de Tritón. Resulto ser un buen estudiante, Piritoo se reía cuando este se le quedaba mirando en las explicaciones que le daba, no lo había juzgado, había entendido que eran sus gustos, lo que si le dijo es que se arriesgaba mucho.

—¿Y si se pasan? ¿Y si no respetan el acuerdo?—Pues se acaba el contrato —Había contestado con calma, pero la ira de Tritón sólo crecía.—El bastardo de la otra vez —Piritoo callo mirando al acuario —Piritoo ——El lo rompió y me hizo mucho daño —Susurro, se asustó cuando una lámpara estalló encima de ellos y Tritón lo quitó enseguida.—No quiero que eso te vuelva a pasar —Tritón lo abrazo contra su pecho, la lámpara estaba como si nada —Me da miedo lo que te pueda pasar, conmigo y sin mi —Piritoo sonrió con suavidad y paso las manos por su pecho con calma.—No volverá a pasar, si no funciona entre nosotros, no buscaré a nadie más y te contratare como mi guardián —Los dos rieron ante esto y se quedaron así un momento.

—Piritoo ya estamos aquí ¿Vas a bajar o no? —Demando Tritón y el pelirrojo se dio cuenta que le había abierto la puerta.

—Voy —Se bajo del auto, Tritón ayudó a Belerofonte que aún estaba mareado —Me agradaría ser parte de esto y sin que me maten de preferencia —Río ligeramente siguiendo a los hijos de Poseidón.