Holaaa
Hoy traigo actualización doble! Sii
Aprovechando mi tiempo libre, les dejaré dos capitulos, espero que los disfruten
Solo les diré que están buenisisimos y bueno al final ya me dejaran sus comentarios para saber que les ha parecido :3
Disfrutenlo!
PUNTO MUERTO
-¿Qué crees que sea peor? ¿Nacer sin punto G o que te dejen plantada en el altar?
Pese a sonar lejana, la voz de Aome logra traspasar la distancia y los muros que nos separan. Por un momento detengo mis manos sobre la gasa preguntándome si acaso la rubia habla en serio. O peor, si esa pregunta viene en el test que está leyendo en alguna revista.
-Definitivamente: nacer sin punto G—apunta Ayame con despreocupación. Oigo el pasar de las hojas plastificadas y me doy cuenta que han comenzado a "mejorar" los cuestionarios del librejo de chismes. Por supuesto están pasando por alto que no es el mejor sitio para poner en balanza esas opciones porque seguro se han ganado un par de miradas de reprobación de la dependiente que me espera tras la puerta.
Empero no las culpo, opino como ellas.
Suspiro una vez más sin darle más vueltas y por fin empujo la puerta plegable del vestidor. Me cuesta trabajo caminar bajo ese mar de telas de organza que caen alrededor de mi cintura, me atrevo a patear el fondo para evitar irme de bruces contra la alfombra y luego, me detengo sobre la tarima circular rodeada de espejos.
Hasta este momento he logrado evitar mirarme, dejo que la vendedora (y según ella, diseñadora de modas) afine los detalles y esponje el faldón hasta que parezco una campana blanca de encaje y organza.
Cuando termina corre las cortinas de terciopelo. Me golpea la luz que se cuela a través de los ventanas que hacen las veces de aparadores, y por un momento me deslumbro con el brillante color en el que estoy metida.
Oigo un gritito de euforia de Aome.
-¡Rin!—se pone de pie de un salto dejando caer la revista. Da pequeños aplausos mientras se acerca—Hasta tú puedes verte bien en ese vestido.
Ayame tuerce lo ojos también separándose del sofá negro rodeado de vestidos embolsados y sonríe al detenerse junto a la animada rubia.
-Aome tiene razón, Rin. Te ves hermosa.
-¡Muy bonita!—agrega Tsuyu con una enorme sonrisa que no me contagia.
¿Sí? Quiero preguntar pero me limito a averiguarlo por con mis propios ojos. Mi reflejo me duelve la mirada aunque me veo periféricamente en los enormes espejos que me rodean.
No puedo evitar pensar que el color me hace ver pálida, ahogo una risotada irónica porque no puedo preguntar si es preciso que utilice blanco para la boda…siendo yo la novia. Tal vez si usara un velo con un toque de color que combine con mi cabello…
Tuerzo los labios sin darme cuenta.
-¡No me digas que no te gusta!—advierte Aome—Porque si yo tuviera que casarme y además la tarjeta de crédito de un Taisho me llevaba dos.
La vendedora parece de acuerdo con mi amiga azabache, su gesto es hasta ofendido con mi poco entusiasmo.
-Eso si tuvieras con quién casarte—atina Ayame riéndo. Aome se encoge de hombros-¿Qué es lo que no te convence?—ahora se dirige a mí.
Tardo un momento en decidir porque de hecho el vestido es precioso, desde las mangas de encaje que forran mis brazos, mi pecho cubierto por una media transparente que se convierte en un suave brocado desde el busto hasta la cintura. Estoy segura que mi espalda está prácticamente al descubierto y de ahí la falda en caída de campana que se menea delicadamente si yo lo hago.
Combina muy bien con el juego de joyería que me regalaron mis padres por adelantado y hasta con mi anillo de compromiso.
Sin embargo, no me siento yo dentro de este vestido. Pareciera como si fuera de alguien más y solo estoy viestiéndolo por la fuerza.
La muchacha que me mira en el reflejo no soy yo. Resulta extraño pensarlo aunque quizás es la sensación de todas las novias cuando buscan su vestido con el cual unirán sus vidas al hombre que aman.
Quien, en palabras de Amari, las hace felices. Vuelo los ojos por automático a Tsuyu, quien de pronto se ha ocupado en mirar el muestrario de velos debajo de la recepción.
La garganta se me anuda y tengo que recurrir a morderme los labios para que no me tiemblen, luego paso las manos lentamente por el suave bordado hasta la falda, acaricio la gasa siguiendo la forma cónica y al final suelto un suspiro.
-Queda como opción número uno.
Ayame se encoge de hombros y Aome hace una mueca que de inmediato arregla al acordarse que seguiremos de compras. La vendedora, por otro lado, no está tan satisfecha.
Le pido que me ayude a salir del costoso vestido antes de que lo arruine de alguna manera y tenga que quedarme con él; la mujer ahoga la perorata sobre la oportunidad que me pierdo de no comprarlo ipso facto y me conduce de vuelta al probador.
Una vez fuera del pomposo vestido me siento como si hubiese vuelto a ser yo misma. Paso por alto la expresión adusta de la vendedora cuando me advierte, por enésima vez, que alguna escandalosa y excitada novia se llevaría el vestido que, según ella, está hecho para mí.
Afuera el calor se agarra de mi cuello con un bochorno que comienza a fastidiarme, ni siquiera usando una falta soy capaz de refrescarme; mi mal humor se acentúa cuando veo a Hojo, impasible con su complejo de camello que soporta el sofocante calor del Sahara. Mi primo me echa una mirada que de antemano sé que es aburrida, resopla con los lentes oscuros puestos y abre la portezuela del auto.
-Creo que he visto suficientes por hoy—le aviso consciente de que estoy explotando al máximo la poquísima tolerancia que posee, en realidad, quizás se abstiene de darme un golpe solo porque soy su prima.
Él suspira agradecido porque ya no tendrá que esperar a que un trío de chicas lo use como chofer particular por las principales avenidas de boutiques y tiendas de ropa.
Tsuyu juega con su peso mientras Ayame aparta la mirada de su móvil (y seguro de la conversación incansable con Koga) para enfocarse en mí, Aome hace lo propio solo que no calla su queja.
-¡Rin! Te recuerdo que faltan cuatro semanas y media para tu boda—dice poniendo los brazos en jarras—Necesitas un vestido a menos que pretendas casarte con jeans y camiseta.
Ahogo una risa involuntaria.
-Un vestido se lleva mucho menos tiempo que el banquete—replico como si fuera la excusa perfecta. Las dos me miran como un espanto, seguro que es lo último que esperan oír de la flamante novia, estoy consciente que, en teoría, debería asaltar todas las tiendas del estado hasta hallar el atuendo perfecto… ¡y qué los demás preparativos se fueran al caño!
-No quiero dejarle todo a Mizuki y Nazuna—agrego volviéndome a Hojo-¿Una última parada?
Él se mesa los ensortijados cabellos antes de adentrasre a su auto, lo seguimos de inmediato bajando las ventanillas para evitar sofocarnos más con el inclemente calor.
Mientras Hojo conduce, Aome va leyendo en voz alta la lista de preparativos, de ninguno me he ocupado realmente y eso comienza a estresarme, no obstante la escucho haciendo acopio de toda mi buena voluntad.
Ayame teclea rápidamente respondiendo los textos de Koga.
Hojo conduce y rumia para sus adentros tener que soportarnos. Me siento casi como él.
Dejo que mi mente se pierda cuando Aome menciona "decoración de la recepción", "tienes que llamar a Jakotsu" y "los ramilletes para la iglesia", su humor ha mejorado bastante desde que me planté frente a su casa exigiéndole que cumpliera con sus obligaciones como amiga y me acompañara a buscar vestidos blancos. Supongo que eso sirvió para convencerla que nuestra charla tuvo algún efecto y he dejado "al otro" para enfocarme en vivir mi sueño romántico con Kohaku.
Como si fuese una especie de llamado telepático mi móvil comienza a vibrar dentro del bolso, miro la pantalla, no aparece el contacto registrado pero reconozco el número. Me lo sé de memoria.
Sesshomaru me ha llamado estos últimos tres días desde que prácticamente me amarré con grilletes imaginarios al departamento de mi prometido y me resistí a la tentación de ir al bungaló. Está claro que no obtendré más que complicaciones y penas, por más melodramático que suene.
El patrón es el mismo: dos veces en el día, por la tarde (como ahora) y durante la noche. Desconozco los motivos reales, probablemente se deba a lo ocurrido con Miroku pero ni así parece una razón de peso para que insista tanto. Sesshomaru es tan arrogante que al primer plantón se acordará de lo poco valioso que es esperar de nuevo.
Aunque…podría querer afianzar nuestra coartada pese a que ya no tendría mucho sentido dado mi charla con el hermano de Kohaku.
La situación hace que comience a dolerme la cabeza, un malestar que está empezando a ser conocido y que, desgraciadamente, se mezcla muy bien con el desazón porque un día Miroku decida hablarlo con Kohaku. Porque una cosa es que entre ellos siga la chispa de trifulca y otra que el hermano mayor permita que la prometida de su querido pariente vaya por el mundo recibiendo besos de su familia política.
Retengo el aire porque esa disputa familiar me ha permitido, maquiavélicamente hablando, ganar un poco de tiempo al respecto, dado que Kohaku está demasiado ocupado en que su padre no le dirige la palabra a su hijo favorito (Miroku)…Inclusive está preocupado. Sango no se para por el hospital durante las visitas a Kohaku, permaneciendo casi oculta en la oficina de su novio. Eso me da pena, pero por ahora, es hasta conveniente.
Aprieto los labios notando que el corazón comenzó a latirme más rápido, pero Sesshomaru ha colgado la llamada.
-¡Prueba el de crema de limón!—la alegre voz de Nazuna llega hasta el recibidor de la gran tienda. La escena me hace sonreír conforme nos acercamos hasta Mizuki y su expresión preocupada, abre la boca apenas pero la madre de su novio logra meter la cucharada de pastel en el interior.
No imagino cuántos ha tenido que degustar en mi represetanción.
Hojo nos dejó a la puerta de la empresa Youkai de banquetes y alta cocina y luego aceleró de inmediato para no sufrir otro acceso de nervios cuando se me ocurriera retenerlo más tiempo. Ya bastante tenía con su impacienta y con que, de hecho, sigue sin estar de acuerdo con mi boda.
Nótese que lo he dejado ser porque necesito a alguien que no me culpe por mi poco entusiasmo, una persona que no mire a Kohaku y crea que es todo.
Tsuyu se apresura hasta donde mi amiga para mirar la numerosa gama de rebanadas dulces a su lado, sobre una larga plancha metálica. Nazuna repara entonces en nosotras y me sonríe ampliamente. Me recuerda mucho al gesto agradable de Shippo así que le devuelvo el gesto automáticamente.
-¡Rin!—me aplasta en un abrazo espontáneo que deja impregnado el aroma a flores de su largo cabello. Doy gracias por que el sitio tenga aire acondicionado y también la rodeo.
-Lamento la tardanza…
-Descuida—se separa pero mantiene sus manos sobre mis hombros—Casarse es mucho trabajo aunque cuando comiences tu vida con tu esposo te darás cuenta que lo valió—me guiña un ojo. No puedo evitar imaginármela a ella y Izumo en su boda, una pareja prácticamente perfecta, por supuesto que de ellos tendría que salir alguien tan noble y obstinado como Shippo.
-Di "ah"—me acerca la cuchara repleta de chantillí. Mizuki suelta un suspiro al saberse a salvo de más pruebas empalagosas.
Sé hacia dónde va esto así que procuro detenerlo.
-Cualquiera está bien—apenas noto la estupefacción de prácticamente todos (incluídos los trabajadores de Nazuna) me apresuro a agregar—A Kohaku no le gusta lo dulce así que no tenemos un sabor específico.
La madre de mi mejor amigo parpadea un par de ocasiones, abulta los labios y al final, parece darme la razón.
-Entiendo—se come el pastel que sostenía con la cuchara—Eres solidaria con tu futuro marido—asiente enérgica y me guiña un ojo-¡Entonces pasamos al banquete!
Mizuki gime bajito porque seguro sabe de memoria el recorrido por la enorme cocina de Nazuna Youkai, platillos y un sinfín de posibilidades mientras la animada mujer nos recita con ánimo sus especialidades.
-Shippo me dijo que Kohaku decidió celebrar la boda en un hotel—va diciendo mientras la comitiva de chicas le seguimos—Ya tenía una lista preparada para cuando aparecieras…
Vuelvo a perderme, lanzando una mirada a Ayame y al celular que parece pegado a sus manos. No, ella no.
Aome está descartada así que mis opciones se quedan en Tsuyu y Mizuki (tal vez hasta Sango si estuviera presente), sigo sopesando en la balanza quién de ellas parece más feliz con su relación, si la sonriente castaña que va devorando un cupcake que halló en el camino o mi amiga que aún se sonroja cuando Shippo se le acerca de pronto. Pensándolo bien, Sango está descartada porque Miroku Taisho es un maldito príncipe (ni la situación en la que estoy metida con él hace que cambie de parecer), así que ella sería una completa idiota si lo deja ir.
Como yo con Kohaku. Quizás.
Suelto el aire masajeando mi anillo de compromiso.
-Cordero con especias y wasabi—la voz de Nazuna cobra sentido de nuevo cuando nos detenemos frente a una mesita circular en dónde reposan cuatro platillos. Son tan elegantes que me da pena tener que comerlos.
-No tenía que prepararlos—me disculpo.
-Eres la mejor amiga de mi hijo—se encoge de hombros acercádome hacia la comida—Dime cuál quieres.
Suspiro pensando que quizás no debí almorzar; antes de llevarme el bocado a los labios mis ojos se detienen en una charola alta ataviada con otros soportes más pequeños. Está repleta de panquecitos de colores y entonces me asalta un capricho.
-Quiero una mesa de dulces.
-Creí que a Kohaku no le gustan los dulces—Nazuna frunce los labios.
-Pero a mi sí—respondo imaginando exactamente qué comida chatarra quiero que esté debajo de la fuente de chocolate que estoy decidida a conseguir—Además es mi boda, también tengo que disfrutarla.
El comentario ha sonado bastante mal pero, por algún motivo, no me importa.
-Quiero que haya pizza en ella. De queso.
Los pares de ojos me miran con extrañeza, solo Aome parece contemplarme con algo parecido a la preocupación.
Anaranjado pálido es el tono que mis amigas han decidido para sus vestidos de damas de honor. No me opongo porque a todas les va bien y además combina con los ramilletes que Aome (y su madre) se están encargando de preparar para la decoración en la iglesia.
No me acuerdo de todos los platillos que Nazuna pretende que se sirvan en la boda, ni del sabor del pastel porque lo dejé a votación con las presentes. Lo único que hice mío (además de mi mesa de comida chatarra) fue el diseño de la torta, elegí el que me pareció más llamativo: redondo de cuatro pisos, tapizado de crema blanca con tablillas de chocolate en forma de una pareja que va enamorándose en varias etapas.
En fin.
Aspiro hondo pasando la galería de fotos que Jakotsu me envió para mostrarme cómo iba en la producción de adornos para la recepción. Sin darme cuenta llego hasta la captura de pantalla donde aparecen los datos-que solo es un número telefónico- del posible comprador del departamento.
Las manos me tiemblan de pronto porque, pese a todo, reconozco que no quiero deshacerme del apartamento aunque sea lo más conveniente para mi salud anímica…tanto como debía serlo el cambiar mi número celular…
Me llevo la mano libre al estómago resintiendo un acceso de ansiedad.
El móvil comienza a vibrar, es Sesshomaru de nuevo.
El sonido de la puerta me sobresalta así que mi muy bien ensayado grito de bienvenida se estanca en una expresión de confusión hasta que los ojos negros de Kohaku se fijan en los globos que me amarré a la muñeca.
Shippo abre grande los orbes y sus pupilas verdes vibran.
-Rin—balbucea—No me digas que…
Kohaku afila los ojos y es suficiente para que yo salga de mi pasmo.
-¡No, idiota!—aparto los globos rosas hacia mi espalda con un manotazo—No había de otro color—admito—Además Kohaku y yo no…
-Basta, Rin—me corta mi prometido—No tenemos que darle ninguna explicación a este idiota.
Shippo pone mala cara mientras Kohaku se adentra a su departamento a pasos lentos, todavía convaleciente.
-¡No es mi culpa, Kohaku!—el rubio lo sigue arrastrando la maleta de encéres personales de mi prometido—Rin te recibe con globos rosas y se sostiene el vientre. ¿Qué más podía pensar?
Aprieto los labios apartando la mano de mi estómago, arrepentida profundamente de que el malentendido fuera precisamente ese.
Kohaku no dice nada sobre mi improvisada bienvenida, se deja caer con pesadez sobre el sofá zafándose el tirante que sostiene su brazo enyesado, se le nota mal humorado y adolorido todavía. Me abstengo de recordarle que debió quedarse más tiempo en el hospital en lugar de insistirle incontables veces a Miroku para que le diera el alta.
Reparo en que me he quedado de pie como una tonta así que me apresuro a deshacerme de los globos, o a intentarlo porque los malditos nudos no ceden.
-Oye, Rin—habla Shippo rascándose una mejilla—Pasé todo el día esperando a que Miroku terminara el papeleo y…-no tiene que continuar dado que los gruñidos de su estómago lo interrumpen. Se ruboriza.
Sonrío divertida y Kohaku rueda los ojos.
-Debe haber algo en la cocina—exclamo—No es como lo que prepara tu mamá o Mizuki…-dejo el comentario al vuelo solo porque me complace ver que sus mejillas se encienden más.
-¿Quién te dijo que Mizuki cocina?—balbucea.
-Es mi amiga, tonto—aviso con ironía— ¿Quién crees que fue la primera en darle el visto bueno a las bolas de arroz con tu cara?
-Bueno…-se pasa una palma por la nuca—Mizuki sería una excelente esposa.
Estoy totalmente segura que no era la intención de Shippo pero su comentario me hace sentir miserable.
Cuando mi amigo desaparece (entre un ruidero de trastos), desisto de lograr zafarme del hilo que sostiene los globos y me dirijo hasta mi futuro esposo.
-Hoy elegí el sabor del pastel y el banquete—comunico sentándome a su lado. Él vuelve el rostro a mí con evidente aburrición—Fui con las chicas, incluso la novia de Amari. Nos llevó Hojo.
-¿Sí?
Asiento. Él no pregunta detalles, lo agradezco porque sería incapaz de dárselos.
-Jakotsu me ha enviado estas—me peleo con los hilos para que no se interpongan entre mi celular y yo—Las esculturas le van quedando bien.
Kohaku eleva su mano sana (aunque raspada) y se enfoca en deshacer los diminutos nudos; me dejo hacer asombrada por la facilidad con la que logra su cometido con una sola mano.
Supongo que sí soy torpe después de todo.
Las esferas de helio se desprenden de mi muñeca, flotando hacia un rincón en el techo, los seguí con la mirada así que no me di cuenta cuando Kohaku apoyó la palma de su mano en mi cabeza. Su tacto me toma por sorpresa.
Sus profundos ojos negros están más relajados que durante su estadía en el hospital, me miran fijamente con una resolución curiosa que no le he visto antes, ni siquiera cuando formalizamos el compromiso.
Su mano abandona mi frente para extenderse por mi mejilla, la sujeta y me acerca a él para besarme.
-Gracias—dice, su aliento golpea mis labios.
-¿Por qué?
-Por todo.
Frunzo el ceño al no comprender.
-¡Rin, Kohaku!—la voz de Shippo llena el salón, va comiendo algo que cruje, posiblemente frituras.
Me aparto de golpe con un carraspeo incómodo, Kohaku frunce los labios con desdén.
—Oh, lo siento.
-No pasa nada—digo al ponerme en pie-¿Encontraste algo de comer?
Shippo asiente.
-Quería avisarles que me voy—agita la bolsa de papas fritas.
Me pregunto si Kohaku tiene hambre y deduzco que sí aunque a mí me ha abandonado el apetito.
La mirada que me está lanzando comienza a ponerme nerviosa, y no es porque esté desnudándome con los ojos o porque mi comida luzca especialmente suculeta. Es debido a que Kohaku odia sentirse inútil.
-Tienes un brazo enyesado—le digo por quinta vez, enfocada en terminar de picar las zanahorias.
No digo nada más respecto a que Shippo cumplió su promesa y convirtió la escayola en una especie de lienzo lleno de dibujitos e insultos. Inclusive pintó una caricatura-bastante mala-de un Kohaku gruñón.
Miroku le dejó una frase: "tarado hermano menor". Tierno ¿eh?
Bankotsu pintó una cara feliz. Creo que la seña obscena es obra de Ginta y la firma sobria de Juromaru (el amigo de universidad de Kohaku que lleva el cliché del abogado serio a niveles estratosféricos). Su tío Hakudoshi escribió "JAJAJA" al más estilo Joker mientras que Sota puso un simple punto.
¡Inclusive Kikyo le dibujó corazones!
Kohaku se da cuenta del motivo de mi sonrisa y mira hacia otro lado, irritado. No importa su actitud huraña, estoy segura que una parte de él disfruta de haberse transformado en el óleo de sus amigos. No lo dice ni lo hará, pero así es.
-Rin.
-¿Sí?—inquiero devolviendo mi atención al guisado caliente. Kohaku tarda unos segundos en seguir.
-Hablé con Miroku.
La cuchara se me resbala de los dedos hundiéndose en el brebaje de verduras. De inmediato utilizo eso como distracción para eludir enfrenfrentarme a él y se dé cuenta que he comenzado a respirar agitadamente.
-¿Hicieron las paces?—casi tartamudeo.
-Algo así.
Oigo los latidos de mi pulso detrás de la oreja.
-Es mi hermano después de todo—apunta con un resoplido de resignación.
Sigo demasiado nerviosa como para darme cuenta de su cercanía, sin embargo, él lo pasa por alto, se coloca detrás de mí depositando un beso en mi mejilla derecha mientras su mano sana me rodea el vientre atrayéndome a su cuerpo.
Siento la dureza del yeso contra mi espalda.
Me crispo cuando su aliento se cuela por mi oreja y aferra suavemente el lóbulo con los dientes.
-¿Qué más hiciste hoy?—pregunta con voz grave, ronca. Excitada. Lo sé porque el tono ha sido una invitación subrayada por la dureza que va adquiriendo su hombría.
-Me probé vestidos—carraspeo oprimiendo los bordes de la plancha, enterrándome el anillo de compromiso. Me remuevo ligeramente buscando un hueco donde pueda escabullirme.
-Quiero saber cómo es el vestido que voy a quitarte- se pega más a mí.
Me obligo a hablar.
-El novio no debe verlo antes de la boda, es de mala suerte—aprovecho un pequeño espacio para deslizarme fuera de su agarre. De no tener un brazo enyesado seguro Kohaku me habría detenido con facilidad.
La tensión en mis mejillas me duele. Él tuerce los labios dando unos pasos atrás.
-Tomaré un baño—avisa de pronto, por completo fuera de contexto. Asiento agradecida por el respiro.
-Cenaremos cuando termines—musito mientras él se aleja de la cocina.
Apenas dejo de oír sus pasos me recuesto contra el refrigerador, conforme pasan los minutos logro calmar mi respiración y los temblores en las manos que semejan que estuve a punto de sufrir una violación y no a compartir un besuqueo intenso con mi prometido.
¡Reacciona, Rin! No importa cuántas veces lo repita, sigue saliendo de mi control. No se supone que deba seguir rechazándolo o Kohaku va a explotar nuevamente, además es mi futuro esposo. No hay problema realmente.
El plan es quedarme en su apartamento dado que él sigue convaleciente, así que es mejor irse acostumbrando a la vida como la tendremos a partir de la boda: juntos.
Me espabilo al dirigirme hacia mi maleta que todavía está hecha en el salón, rebusco entre mis cosas las sandalias de baño y cuando las encuentro, me doy cuenta que no me he traído el cepillo de dientes.
Bueno, podría comprar uno en la farmacia y ya está.
Me balanceo sobre mi peso indecisa, al final, el dejo una nota a Kohaku sobre la mesa y apago la estufa antes de salir.
Subo corriendo las escaleras pasando de largo el elevador que no sirve, derrapo al llegar frente a la puerta de mi departamento y abro de inmediato. Dejo que la puerta se cierre sola, aspiro el ambiente caliente que se encierra en el salón al andar hacia el dormitorio para recuperar mi cepillo de dientes.
Si me apresuro probablemente alcance la última corrida del tren de vuelta.
Ignoro la sensación de pertenencia que me envuelve apenas pongo un pie dentro del apartamento, debo mentalizarme que dentro de poco le pertenecerá a alguien más.
Cruzo el umbral de la habitación y suelto un grito. El susto me ha hecho tirar las llaves.
-¿Qué haces aquí?—aunque lo que quiero preguntar es cómo entró dado que me devolvió la llave.
-Inuyasha encontró el repuesto—Sesshomaru, sentado sobre la cama, se encoje de hombros con desdén al llevarse el vaso con licor a los labios. Su otro brazo reposa sin ganas sobre su rodilla flexionada.
Oigo mi respiración agitada, inconscientemente pego la espalda a la pared como si Sesshomaru fuera el predador y yo la presa. La analogía podría hacerme reír si no estuviera a punto de vencerme sobre mis piernas de goma.
No puedo obviar mi necesidad de analizarlo, su presencia altiva pese a la camisa desfajada y la pose desganada, sus largos cabellos plateados cubriendo la mitad de su guapísimo rostro, hundiéndole la expresión dura entre sombras. Aprieto los labios porque es la primera vez que me doy cuenta que Sesshomaru puede llegar a verse…triste. Porque también es humano.
Se me anuda el corazón.
No obstante, me obligo a retroceder un pie para alejarme, tengo que hacerlo. Las manos me vibran levemente al ritmo de mi respiración.
-Escuché que Kohaku salió hoy—dice sin mirarme, terminándose el contenido de la copa. Hay una botella de vodka vacía a los pies de la cama y otra llena junto a Sesshomaru.
Asiento con la cabeza.
Otro momento en silencio, me aprieto contra el muro, luego, sin hacerle caso a las alarmas de mi cabeza, le inquiero.
-¿Por qué me has estado llamado?
La sensación de anhelo me envuelve como cuando estaba enamorada de él, me detesto por eso.
Sesshomaru sonríe de lado, sardónico y arrogante.
-¿Es por Miroku?—insisto. El gesto socarrón se acentúa, comienzo a reconocerme enfadada-¿Qué le dijiste?—exijo saber.
-¿Qué iba a decirle?—replica con dureza logrando que me encoja-¿Qué me acosté con la prometida de su hermanito?—el tono irónico está cargado de amargura.
Sus palabras siguen siendo crueles, me hieren.
-Bien—musito por fin. Ni siquiera me acuerdo del por qué volví al departamento, solo sé que debo salir de ahí.
-¿Lo crees, Rin?—se sigue burlando. Aprieto los puños-¿Crees que está "bien"?
Él se pone de pie rellenando el vaso con el líquido de la botella que acaba de abrir.
-La versión coincide—replico—Nadie sabrá que Sesshomaru Taisho se revolcó con una de sus estudiantes—mi encogimiento de hombros fingido resulta doloroso.
Sesshomaru afila la abisal mirada dejando la botella en su lugar, luego se gira a mí.
-Crees que es mi reputación la que estoy protegiendo—dice mientras se acerca, o más bien, acecha. La entonación se perdió en un resoplido.
Me entierro a la pared ahora que la distancia se va acortando entre nosotros, me obligo a mentalizarme nuestro último encuentro, el beso que supo a despedida.
Se detiene a escasos centímetros, el aroma alcohol golpea mis fosas nasales con más fuerza de la que alguna vez he sido testigo en él.
-Pues sí, eso hago—agrega, siento los labios vibrarme, Sesshomaru se inclina hacia mí pegando los labios fríos a mi sien.
Estoy temblando. También hiperventilo.
-Y aun así no puedo dejar de… pensar en ti.
El aliento se me escapa, mi corazón se me acelera al punto del dolor físico. Sesshomaru suelta el vaso dejando que el licor se derrame, acaricia mi mejilla al tiempo que reposa el otro brazo contra el muro, al costado de mi cabeza.
Automáticamente pego el rostro a su tacto. Siento su aliento golpearme los labios, despertar la urgencia sobre las fibras de piel que los recubre. Pero él apesta a vodka.
Y lastima, me hiere que sea al alcohol y su cama vacía la que hablen por él.
-Estás borracho—musito alejándome de él. La prisión de su brazo baja hasta la altura de mi cintura para evitar que me aparte.
Me ignora, se pega más a mí robándose mi escaso oxígeno, las piernas me tiemblan con fuerza como si pudieran deshacerse en cualquier momento. Sesshomaru roza mi garganta con los dedos, va bajando por la base de mi cuello dejando una estela de calor a su paso.
-Estás borracho—repito, sonó como una súplica. Sigue sin responder, está concentrado en seguir el recorrido por mi costado, deteniéndose en las costillas para apretarme contra su cuerpo.
Me estremesco totalmente percibiendo lo estrecha que se ha vuelto mi ropa.
Cierro los ojos, derrotada.
-Sesshomaru…-suspiro. Él acerca el rostro con intenciones de besarme, y ahí, es donde me acuerdo que se ha acostado con Sara Asano, de su faceta de cretino y de lo mal que huele-¡Estás borracho!—intento empujarlo y aunque no lo muevo ni un ápice, logro mi cometido, él se detiene.
Estoy llorando pero no estoy segura del momento en que cayeron las primeras lágrimas. Y sobre todo, este es un pésimo momento para que me acuerde de las palabras de Amari sobre el amor y la felicidad.
-Estás borracho—repito con un hilo de voz, es una clara acusación empero el tono que se escapó de mi boca fue una súplica. Odio oírme tan patética frente a él, detesto la manera con la que mi entonación se mezcla con el anhelo. La furia bulle dentro de mí de golpe, revolviéndose con mi propia frustración.
-Eres un cobarde—mascullo entre dientes, apretando los puños con fuerza.
-Rin—advierte.
—¡Estás tan borracho que me buscas aquí solamente porque no tienes quien te caliente la cama!
Sesshomaru se tensa ante mis palabras, veo su mandíbula apretada y resiento su agarre contra mi torso hacerse más firme.
Pero no puedo detenerme.
-¿Sara Asano no estuvo disponible hoy?—aprieto los puños contra su pecho tratando de lastimarlo, ya que es toda mi fuerza. Ni siquiera logro empujarlo un milímetro.
-No…
-¡No!—vuelvo a empujar pero es inútil, él es demasiado fuerte. Demasiado grande. Demasiado hombre—¡No eres nada mío! ¡Siempre lo has dicho y lo entendí! Busca a otra para calentar…
-Cállate y escucha, niña—ordena con voz grave, cerrando los dedos contra el muro con un puño tenso.
-No me llames así…no te atrevas, no otra vez…-los temblores se acentúan por mis hombros—te odio…—susurro con un gimoteo.
Él se muerde los labios.
-No entiendes nada—replica con la furia contenida, lo sé por su tono. Sesshomaru hinca los dedos en mi cuerpo, su pecho sube y baja con pesadez.
Aquello me ofusca todavía más porque sigue jugando sucio.
-Sí lo entiendo—replico con ácido en las palabras, pero incapaz de detener el llanto, el ardor en el pecho que revive al acordarme de sus crueles palabras—Tú me lo dijiste: que jamás compartirías tu vida conmi…
Su puño pasa zumbado a diez centímetros de mi cabeza, se estrella contra el muro con un sonido seco que me sobresalta. Pierdo el hilo de mis palabras y él repite el puñetazo con la misma fuerza.
Aprieto los labios porque el corazón me martillea dentro del pecho robándose mis fuerzas con cada latido.
Sus hombros vibran debido a la tensión contenida, apoya entonces las palmas sobre la pared, estrechando la prisión en la que me sostiene.
Me siento pequeña frente a él, sola. Tirito y quiero desaparecer. Huir donde ni siquiera mi consciencia pueda encontrarme, menos las sensaciones que Sesshomaru me inspira con una sola mirada de sus altivos ojos ámbar.
Me estremezco con temor real al darme cuenta que hemos encontrado nuestro punto muerto.
Sesshomaru sujeta mis mejillas de pronto, pasando los pulgares sobre las lágrimas que se volvieron copiosas, incansables.
Gimoteo buscando alejarlo pese a que no cuento con las fuerzas ni siquiera para intentar empujarlo.
Su frente se apoya contra la mía, está respirando agitádamente. Muerde su voluminoso labio inferior antes de hablar.
-No te cases.
Abro los ojos con fuerza ante su petición, trato de identificar si se trata de un sueño o quizás imaginé lo que ha dicho. El aroma a alcohol me recuerda que no, solamente está ebrio.
-Al menos no con él.
El gesto se me descompone otra vez.
-No entiendo—gimo sosteniendo sus manos para tratar de zafarme de él.
Sonríe de lado y resulta sorprendente que siga pareciendo altivo en ese momento, autosuficiente y arrogante.
-¿Quieres que me arrodille?—inquiere con voz ronca, rozando sus labios con los míos.
Me crispo ante sus palabras, por lo sorprendentes y ridículas que suenan para la lejana y diminuta parte de mi raciocinio que de inmediato se molesta porque su voz suene como un deseo compartido.
-¿Qué te lo pida como él lo hizo?—prosigue sin darle tregua a mi corazón; la forma en que se refiere a Kohaku me estremece.
No tengo palabras, se han quedado estancadas en mi garganta anudada, en los temblores que recorren mi cuerpo. Luego, cierro los ojos deseando que Sesshomaru no estuviere perdido en alcohol…Al menos así me habría ahorrado la dolorosa estacada que provoca darme cuenta que, sin importar lo que haga, todavía estoy enamorada de él.
Inhalo hondo resignada, derrotada nuevamente, luego acepto sus labios cuando me besa.
Bueno, acabamos con este cap...peeero no se vayan que hay otro XD No pude resitirme a subirlo hoy mismo jajaja es de mis caps favoritos!
Y bueno si quieren pueden dejarme sus opiniones sobre cada capitulo o al final todo junto :3
¿Les gustó este cap? ¿Sesshomaru al fin admite que ama a Rin o solo está con su orgullo lastimado?
Nos leemos en el proximo
