Los Amamiya
Capítulo 30: La hija del príncipe.
Touya caminó a través de aquel estrecho puente de madera mientras observaba a la pequeña criaturita que intentaba con lentitud introducir su pie en las aguas del estanque mientras sostenía la falda de su vestido.
No debía tener mas de cinco años y a juzgar por lo desierto que estaba todo allí, parecía estar completamente sola. La vio dar un enorme brinco hacía atrás al escucharlo llamándole la atención para que desistiera de aquella peligrosa acción y si no fuera por lo seria que sería la situación si terminaba cayendo al agua tal vez se hubiera reído de la manera tan cómica en que ella agitó sus diminutos brazos intentando mantener el equilibrio ante el repentino sobresalto.
Terminó de recorrer la distancia hacía ella y cuando al fin ella estuvo a salvo, la vio darse la vuelta y mirarlo con una inocencia que no podría describir. Sus ojos eran de un vivas esmeralda y hacían un contraste enorme con los mechones oscuros de pelo que apenas podían notarse bajo el gorro que cubría su cabeza y aquel vestido lleno de vuelos y lazos que la hacían ver ridículamente adorable justo como a una delicada muñeca de exhibición. De hecho pensaría que lo era si no fuera por la manera tan constante en que sus ojos parpadeaban y su pequeña cabeza se movía de un lado a otro como si intentara determinar si él era real y sin razón aparente cierta simpatía hacía ella llenaba su corazón impulsandole a iniciar una conversación.
-¿Por qué estás aquí sola? ¿Dónde están tus padres?- Había probado a preguntarle ante su silencio al comprobar con la mirada que efectivamente no había ningún adulto cerca, y un escueto "están trabajando" había salido de sus labios mientras su pequeña frentesita se arrugaba cómicamente y sus cachetes se inflaban en un adorable puchero, dejándolo ver sin palabras que no le era del todo agradable el hecho de que ambos dedicaran horas a sus actividades laborales, aubqur tanppco era como si conociera a ningún niño que le complaciera la ausencia de sus padres en casa por muy apremiante que fuese conseguir lo necesario para subsistir.
-Entonces si tu padre trabaja y tu mamá también, ¿quién te cuida cuando ellos no están?- Preguntó y un escueto "Shisuka" fue pronunciado por su infantil voz, dejándole sin ninguna respuesta realmente útil.
-¿Y donde está Shisuka?¿Por que dejó que vinieras sola a este lugar?- Preguntó una vez más y por primera vez la niña vaciló en su respuesta, para luego murmurar muy bajito casi entre dientes que no la había dejado ir allí si no que se había escapado a la vez que su pequeño rostro se llenaba de tristeza y sus manos se movían torpemente por sus ojos intentando secar las lágrimas que sin previo aviso comenzaron a deslizarse por sus ojos.
Incapaz de saber que hacrr para levantarle el ánimo y sintiendose profundamemjre culpanle por hacerla llorar, su mano se movió casi sola en dirección a su cabeza intentando acariciarla, pero justo cuando estaba a punto de tocarla una nueva voz se escuchó en el lugar haciendo que la pequeña levantara la mirada en su dirección y sin decir nada para despedirse saliera corriendo hacía la mujer que no tardó en abrazarla mientras la examinaba con cuidado para asegurarse de que no se hubiera hecho daño.
Era una chica alta de pelo corto que por las propias palabras de la niña parecía ser su madre, pero por mucho que quiso ver su rostro la niebla que de repente había cubierto el lugar le hizo imposible ver más que sus siluetas difusas mientras escuchaba claramente la conversación que mantenían sin reparar siquiera en su presencia.
-¿Dónde está Shisuza? ¿Por qué no vino contigo?
-Está en casa con esa mujer mala.
-Ya hemos hablado de esto amor. – La escuchó recalcar mientras se arrodillaba frente a la diminuta niña y tomaba sus pequeñas manitas con dulzura. – La esposa de tu padre no es mala. De hecho es quien te hizo ese hermoso vestido que traes. ¿Ya lo olvidaste?
-Pero se robó a papá. Por eso él no vive con nosotras ¿no es verdad? Papá nos dejó porque la quería a ella más que a nosotras.
La madre se quedó en silencio ante sus afirmaciones mientras la indignación de la pequeña dejaba de ser graciosa para Touya, y una parte de él ansiaba explicarle que aquello no tenía que ser necesariamente cierto. El amor que su padre podía sentir por ella no tenía que estar ligado necesariamente al que sentía por su madre ni tampoco el que viviese con otra persona tenía que significar necesariamente que la amara más que a ella. "Los sentimientos y decisiones de los adultos son complicados" tal vez hubiera dicho para resumir todo lo implicado pero estaba seguro de que aquello no sería suficiente para convencer a una niña tan pequeña de que el que su padre no estuviera presente allí no equivalía a abandono.
Mientras reflexionaba en ello un par de nuevas figuras se unieron al par haciendo que la niña que hasta ese instante le había parecido la criatura más confiada del universo se escondía detrás de su madre mientras esta se ponía de pie y le pedía a una de las recién llegadas, la niñera al parecer, que se adelantara a la casa junto a su hija.
Todo pasó excepcionalmente rápido y la niebla aun seguía impidiéndole ver, pero por la distancia que guardaban el par de mujeres aun después de haber partido el primer par y lo tenso que se volvió el ambiente al quedarse a solas, era obvio que no se llevaban nada bien y que, si no se equivocaba, la recién llegada era la mujer "mala" que la niña había descrito tan convencida. Quiso darse la vuelta e irse por donde había venido para no seguir inmiscuyéndose en conflictos ajenos que no era de su incumbencia, pero el "¿Dónde está Touya?" que soltó la madre de la pequeña, no sólo lo hizo detener sus pasos de golpe sino que provocó que un escalofrío recorriera su espina a la vez que escuchaba a la voz amable y serena de la otra mujer vacilar ante la hosca pregunta, y luego explicar con toda la dulzura que la caracterizaba que aún estaba en el trabajo y que por eso ella misma había decidido pasar a buscar a la pequeña para pasar un rato juntas antes de que él llegara, cosa que según parecía solo provocó que su interlocutora se enojara aún más.
-¡¿Cuándo vas a entender que a Nad no le agradas?! No puedes comprarla con tu dinero ni con tus ridículos vestidos. Así que hazte un favor y dile a ese irresponsable que si no es capaz de siquiera venir por ella, tal vez no debería preocuparse por aparecer nunca más en su vida.
-Espera Yoko, yo…
-Por cierto asegúrate de que si quiera ese niño. Seguro y se va con otra en cuanto tenga la oportunidad.- Fulminó la cada vez más esquiva mujer haciéndolo salir del estupor que lo había mantenido quieto todo ese tiempo dispuesto a enfrentarle por tratarla tan injustamente. Ella no le había alzado la voz ni una vez, ella ni siquiera se estaba defendiendo, ¿Por qué tenía que tratarla tan cruelmente? ¿Por qué tenía que desquitarse su enojo con ella?
Atravesó la densa niebla consiguiendo situarse en el espacio en el que habían estado las dos, pero ya Yoko no estaba allí, de solo aquella pasiva mujer permanecía allí parada mientras por simple reflejo tocaba su vientre permitiendo que por fin pudiese verse la ligera pancita que escondía bajo aquel vestido holgado a la vez que incapaz de contenerse más comenzaba a llorar silenciosamente dejando ver lo mucho que lo dicho por esa mujer le había afectado. Era una situación realmente complicada pero si de algo estaba seguro era de que ella no merecía ese trato, no merecía esos reproches. Intentó decirle que remediaría la situación, que jamás permitiría que volviera a hablarle de esa manera pero ella continuaba llorando cabizbaja como si sus palabras no fuesen suficientes para consolarla, como si supiera que si no era capaz de convencer a su hija de sus sentimientos por ella, ni convencer a la madre de la misma de la falta de malicia en sus decisiones, tampoco podía convencerla de que aquella historia no se repetiría siendo ella y aquella nueva criatura las víctimas de todo aquello.
Intentó rodearla con sus brazos para confortarla sintiéndose abrumado por su propia impotencia, pero tal y como si su existencia fuese simplemente espectral su cuerpo pasó de ella dejándolo profundamente confundido mientras el dulce y armónico sonido de su voz se escuchaba levemente, casi a la distancia.
Abrió los ojos de golpe mientras los rayos de luz solar entraban tenuemente por la ventana y aunque su cabeza no se había asociado a la realidad del todo, descendió de su cama a toda prisa y saliendo de su habitación comenzó a descender las escaleras con paso apresurado, mientras aquella voz se hacía cada vez más cercana y tranquilizante, eclipsando por completo el aroma que cosquilleaba su nariz y que le indicaba que ella estaba en la cocina preparando el desayuno completamente en paz con su alrededor, totalmente ajena a todo lo que se le venía encima.
El sobresalto que le provocó sentirlo abrazarla tan de repente antes de siquiera poder darle los buenos días fue casi tan grande como el de escucharlo disculparse sin razón aparente, sobretodo cuando habían conversado tan amenamente el resto del tiempo en que permanecieron despiertos y un beso y una sonrisa habían terminado siendo el ultimo recuerdo compartido. Él sabía que ella estaba muy confundida por su repentina reacción, pero sinceramente no era capaz de explicarle exactamente lo que le ocurría. Aun se sentía realmente abrumado y cada vez que pensaba en lo real que aquel sueño fue no podía resistirse al impulso de abrazarla con aun más fuerza como si en cualquier momento fuese a escurrirsele entre los dedos. Como si el tiempo juntos estuviese a punto de acabar.
Descendió las escaleras a prisa al escuchar su voz en salón y una mezcla de tranquilidad y alivio llenó todo su cuerpo al verla conversar tan animadamente con las chicas de servicio quienes la habían recibido al llegar.
Su rostro se veía sereno, mucho más sereno que durante los últimos días y una hermosa sonrisa estaba dibujada en sus labios, no como esas sonrisas falsas que ella acostumbraba mantener y que engañaban a todos a su alrededor, no, esta era completamente genuina reflejo de la alegría desbordante que llenaba su ser y que sin duda revelaba que le había ido realmente bien durante su velada nocturna.
Sintió un inmenso nudo en el estómago. Aún no había superado aquella terrible incomodidad que le provocaba la simple idea que pensar que él fuese la razón de su sonrisa y peor aún, que al fin hubiese conseguido aprovecharse de su vulnerabilidad emocional durante aquella noche en que durmieron bajo el mismo techo y que a él le pareció una eternidad.
Escuchó su nombre de boca de una de las chicas preguntándole si ya iba a desayunar y al sentir la mirada de ella sobre él, no pudo evitar desviar la mirada. Sus labios habían abandonado por completo su sonrisa y no hacía falta que se lo dijera para que supiera que su presencia le había arruinado por completo el humor.
Se dio media vuelta y decidió volver a su habitación concluyendo que lo mejor era apartarse y no pudo evitar que aquel desagradable recuerdo volviera a llenar su cabeza con solo mirar aquel largo pasillo.
Aquella noche se había removido mil veces en su cama sin ser capaz de conciliar el sueño pensando en la cara que ella pondría cuando descubriera todo lo que acababa de hacer. Era cierto que estaba celoso, que quería de alguna manera provocar al sujeto que no sólo parecía no tener ningún aprecio por la unidad de aquella familia sino que según lo poco que Tomoyo le había contado estaba jugando algún tipo de juego de dos bandas en las que ella era la víctima, pero lo reconocía, esta vez se había pasado en serio.
Suspiró una vez más. Tal vez lo mejor era que le dijera aquello antes de que despertara, lo descubriera por si misma y lo estrangulara por no tener control de si mismo.
Caminó a través de aquel pasillo que estaba más oscuro que hacía unas horas y notó que debajo de la puerta de la habitación en la que la había dejado dormida se escurría una leve luz que le confirmó que debía estar despierta. Dio un par de toques lo suficientemente débiles para no despertar a los demás miembros de la casa pero al no obtener respuesta alguna decidió empujar la puerta que aún estaba entreabierta y entrar.
La cama estaba vacía y la luz que había visto provenía de el tocador de la habitación en la que se escuchaba una llave destilando agua de manera constante haciendo obvio que era allí donde ella se encontraba. Retrocedió un paso para marcharse y evitar que fuese a verla salir de la ducha y las cosas empeoraran, pero entonces la escuchó soltar un quejido y se detuvo justo antes de salir, al escucharla sollozar subsiguientemente.
Su trabajo como médico le hacía mantenerse expuesto constantemente a múltiples sustancias y medicamentos, de modo que podía reconocer el aroma de muchas de ellas a la distancia, en especial si se trataba de aquel olor metálico tan particular que comenzó a hacerse evidente proviniendo de aquel lugar. Caminó unos pasos hacía aquella dirección intentando ser lo más cuidadoso posible, pero al asomarse a la puerta comprobó que lamentablemente no era su nariz jugándole una broma.
Ella tenía las manos bajo el grifo del lavabo y los ojos cerrados, mientras el agua levemente teñida de rojo se escapaba por el desagüe. Sus ojos violetas le miraron desconcertados por su presencia mientras él sin mediar palabras se acercaba y tomando su muñeca miraba los cortes frescos que ella de inmediato intentó ocultar pero que no había forma de esconder. Sangraba, aun lo hacía y aunque su boca se abrió varias veces para intentar dar alguna explicación, la verdad es que era consciente de que no había ninguna, solo un "no se lo digas a mamá ni al abuelo" salió de su boca dejándolo aun más desconcertado mientras volvía a mirar la herida.
Quiso preguntarle desde cuando o porque lo hacía pero era obvio que no contestaría, jamás lo hacía, jamás decía nada. Ese era su gran problema. Jamás sabías lo que pasaba por su cabeza, ni mucho menos podías predecir o imaginártela haciendo algo similar, por ello nadie podía ayudarla, o protegerla de si misma. Todos incluyéndolo se habían dejado convencer por aquella sempiterna sonrisa y conducta perfecta, por aquella aparente calma y autocontrol cuando era obvio que ella se estaba ahogando en si misma, que en cualquier momento aquello que era una relativamente inofensiva liberación para su dolor terminaría siendo un atentado real contra su vida, y lo peor de todo era que aquello aumentaba aun mas su ira hacia la persona a la que sentía responsable de ello, que creía la había empujado a llenarse de tanta angustia que quisiera dañarse a sí misma.
Aquella noche no se apartó de su lado después de vendar su herida y administrarle una baja dosis del medicamento que usaba Masaki para dormir, pero su mente no dejaba de pensar en ello, en que no podía quedarse con los brazos cruzados ante aquella situación… no la dejaría hacer aquello con su vida. No la dejaría sufrir sola nunca más, no la dejaría sufrir más por él. Si ella no podía soltarlo, él mismo tendría que encargarse de que ese sujeto lo hiciera.
Antes de darse cuenta se hallaba conduciendo a la fábrica y tan pronto lo vio caminar en su dirección su mente se nubló de ira y dolor. Lo que dijo e hizo después lo perseguía cada día, sabía que había sobrepasado sus límites pero no podía detenerse. Estaba tan abrumado, tan aterrado, no podía soportar la idea de que ella muriera por algo como eso, de que ella terminara con su vida por su solo rechazo.
-Un si o un no hubiera sido suficiente para decir que no tenías hambre.- Su voz siempre amable y calmada irrumpiendo en su cuarto le sorprendió bastante pero aun así prefirió ignorarla aun cuando la sintió sentarse en el borde de la cama y mirar a su alrededor curiosa. Casi todo estaba aun en las maletas que había traído, pero aun así aquella habitación que normalmente estaba vacía por no teber demasiadad visotas en la casa había adquirido cierto aire a él, cierta esencia a su persona que estimulaba su memoria.
-¿Recuerdas cuando éramos niños y jamás me dejabas entrar a tu cuarto Kurogane?
-¿Como olvidarlo? Eras una niña bastante intensa, además de que por alguna razón creías que todo el mundo incluyéndome debía cumplir tus absurdos caprichos.
-Es verdad. Fuiste la primera persona que me dijo un no en mí vida o me corrigió severamente por algo. Por eso te adoraba. - Reconoció ella con voz melancólica y por alguna razón se dio cuenta de que su rostro se había transformado. Ahora no se veía tan serena y feliz como al llegar, de hecho parecía realmente apesadumbrada con aquel solo pensamiento.
-¿A que se debe esa repentina nostalgia tuya? Acaso estar con tu noviecito te hizo pensar en tu pasado.
-De hecho si, estar con él me hace pensar en muchas cosas.
-Me alegro por ustedes.- Bufó con fastidio y aunque quiso seguir fingiendo que aquello no le importaba sabía que su cara no era capaz de disimular la mezcla de dolor e impotencia que le provocaba verla tan encantada con el mismo tipo que hace menos de una semana se había estado revolcándo con otra mientras ella sufría con su solo pensamiento. ¿Acaso era ciega? ¿Acaso no se daba cuenta de que aquel sujeto no le convenía?
-Él me habló de aquel incidente que hubo entre ustedes.
-¿Has venido para reprocharme?
-De hecho… más bien creo que te debo una explicación sobre el incidente de ese día.- Aseguró ella y por la forma en la que apretó sus labios se dio cuenta de lo difícil que era hablar de eso para ella.
Kurogane la miró algo inseguro de si acercarse o no, pero al notar que en serio estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por comunicarse decidió tomar asiento a su lado, y después de halar su cabeza para que la posara en su hombro, acarició su mano intentando invitarla a desahogarse, a saciar esa duda que había estado carcomiendo su interior desde esa noche.
Que le dijera porqué si era una chica con una gran fortuna, con mil habilidades, con un gran futuro por delante, por que en ese momento, en esas circunstancias, ella quería morir.
-Te agradezco que me acompañaras a esto Touya. Si estuviera solo, seguro no tendría idea de que buscar.
-No lo hago por ti menso, solo intento que tu mujer no enloquezca a Tomoyo con tantas exigencias. – Bufó con algo de fastidio el trigueño mientras le ayudaba a colocarse la chaqueta de el traje que se estaba probando y de paso le alejaba a la excesivamente amable dependienta que hasta ese instante había estado a punto de ayudarlo a vestirse, ya sea porque el tipo que tenía delante era bastante estúpido o porque quería ver el charco de sangre que sin duda dejaría la desquiciada con la que estaba a punto de casarse si le hallaba a menos de cincuenta centímetros de cualquier otro ser vivo.
-De cualquier modo, ¿Cuál es la necesidad de que sea justo el color de la foto? También es tu boda ¿sabes? Deberías dar tu propia opinión y evitarnos todo este trabajo.
-No es necesario que opine en esto Touya. Si ella es feliz por mi está bien, medirme una veintena de trajes no es nada.
-Ya van treinta y tres, y espero que tengas el coraje de decir lo mismo cuando termines de amarrarte la soga al cuello. No quiero que pidas mi ayuda entonces.
Aunque su tono a decir todo aquello era bastante arisco, la verdad es que estar allí con él había servido para distraer un poco su angustiada cabeza.
Aquella mañana no había sido capaz de explicarle a Tomoyo la razón de su desasosiego y aunque ella tampoco había insistido en saberlo, era consciente de que sólo era cuestión de tiempo para que aquella conversación volviera a surgir. Ahora tenía demasiado en que pensar, que evaluar, llegar a su casa y mirar a su padre a la cara sabiendo que seguía ocultándole cosas no era precisamente lo que necesitaba para mantener la cabeza fría.
Suspiró resignado y ya con su trabajo terminado, se alejó unos pasos de él para permitirle darse la vuelta y mostrarle lo que estaba resuelto a que fuera la ultima prueba del día, sintiéndose extrañamente complacido al notar que en realidad si se veía bastante bien con ese tono de gris en especial.
-Y bien ¿que tal?
-Te ves menos tarado de lo usual. Eso para mi es un avance.- El apacible hombre sonrió sabiendo que en el idioma del trigueño eso era un halago y al comprobar que en serio aquello se acomodaba a lo que quería su prometida pues decidió reservar ese para que así ambos pudiesen ir a casa a descansar.
-Por cierto Touya, casi lo olvido. Nakuru me dijo hace poco que se supone que tenemos que escribir unos votos para la ceremonia, pero no tengo idea de por donde empezar. ¿Qué me sugieres?
-¿Por qué no le preguntas que quiere que digas y punto? Yo no soy bueno para esas cosas. - Indagó a la vez que explicaba a la chica detrás del mostrador el día y la hora en la que pasarían a buscar el traje y recibía en cambio un documento que podía usar quien fuese a retirarlo.
-Es que si lo hago perdería la esencia. Se supone que debe ser algo que salga de mi corazón, algo que en serio quiera decirle a Nakuru y que describa las razones por las que estoy tomando esta decisión.
-A ver ¿y por qué estás metiéndote en este lío si sabes que ella terminará por desquiciarte con sus locuras? Si me lo preguntas para mi eso es suicidio.
-Por que esa parte de ella es lo que me hace sentir tan cómodo a su lado. Me encanta que sea tan alegre y positiva, que no tenga miedo de decir lo que piensa ni de hacer lo que cree correcto. La verdad jamás se que esperar de ella y eso hace que cada día sea más interesante, que cuando abra los ojos en las mañanas y me doy cuenta de que ella, mis hijos, todo esto es real, no pueda pensar en otra cosa que no sea devolverle toda esa alegría que ella me ha regalado sin siquiera pedírsela.- Touya llevó su mirada a él a la vez que la dependienta soltaba un par de suspiros y entonces se dio cuenta dw que sus ojos brillaban mucho más intensamente de lo que lo había hecho desde que lo conocía y eso para ser sincero le alegraba. Sin duda no se parecía a aquel sujeto pálido y desconcertado que no dejaba de disculparse con él por haber faltado a su compromiso, por haber preferido a alguien más a pesar de todo el tiempo que tenían juntos. Ahora lucía totalmente convencido de sus decisiones, en paz con su pasado y eso de alguna manera le hizo darse cuenta de lo desorientado que estaba el mismo en aquellos momentos.
-¿Pasa algo malo?- Escuchar a su amigo preguntar aquello le hizo darse cuenta de lo mucho que se había distraído pensando, pero aun así se limitó a decirle que no sabía que fuese tan cursi mientras salían de la casa de bodas, notando asi que ya casi iba a oscurecer. Aquello le había tomado mucho más tiempo del que tenía planeado en un principio pero aun así ya había llegado el momento de volver a su realidad, a aquella realidad que lo hacía sentir entre la espada y la pared.
-Oye Yuki, ¿tú nunca tuviste dudas de si en serio estabas haciendo lo correcto? ¿Nunca pensaste que esto de Nakuru y los niños terminaría siendo un error?- Preguntó no tardando en arrepentirse de formular tal cuestión. Estaba hablando de Yukito después de todo, era obvio que jamás tendría ese tipo de sentimientos contradictorios que él estaba experimentando en esos momentos, o al menos eso pensó hasta escucharlo admitir en un susurro que lo había pensado muchas más veces de lo que quisiera reconocer a la vex que su expresión eternamente serena cambiaba por completo a una llena de melancolía y pesar mientras aun parados frente a la entrada de aquel establecimiento rememoraba cada pensamiento que lo acompañó durante esos nueve atemorizantes meses que le hicieron replantearse la razón de su existencia, el rumbo de su futuro.
-Pero no lo entiendo, tú siempre quisiste a Nakuru ¿no?, siempre deseaste una familia. ¿Por qué dudabas entonces?
-Por ti. Dudaba por que no quería alejarme de tu lado, no quería que sufrieras por mi culpa. Muchas veces incluso quise poner la lealtad sobre mis sentimientos y deseos y volver a tu lado, pero luego observaba a Nakuru y sentía a mis hijos crecer en su interior, y entendía que aunque ella dijera que estaría bien y que podía tomar mi propio rumbo si eso quería, la verdad es ellos en serio me necesitaban, necesitaban que estuviera allí al menos para tomar su mano cuando su fuerza estuvieran en su límite. Por eso ahora, a pesar de lo mucho que a veces me pesa no haber correspondido a tus sentimientos como merecías, al verla tan llena de vida y ver a mis hijos crecer tan sanamente, se que tomé la decisión correcta.
Era la primera vez en su vida que veía tanta convicción en su mirada, que lo veía tan seguro de sus palabras. Yukito siempre había sido un tipo gentil, tan gentil que tendía a guardarse sus opiniones y deseos si eso implicaba ir en contra de lo que pensara él o su contraparte. Ahora, era un hombre completamente independiente, libre de cualquier atadura física, emocional o mágica salvo las que el mismo había elegido y aun cuando estaba atado perpetuamente a ese trío de individuos que habían irrumpido en su vida de manera repentina y apresurada, la verdad es que se veía más libre de lo había visto serlo jamás. Al menos, era mucho más libre que él que estaba lleno de secretos y ni siquiera era capaz de contarle a alguien acerca de su angustia, de su frustración, de su miedo. Que él que no estaba seguro de siquiera lo que ocurriría en las próximas horas de su vida, que no sabía si era mas inmenso el temor que sentía a decepcionar a la mujer que amaba o el que sentía al pensar en que su hijo creyera que no le quería. Estaba realmente abrumado, realmente confundido. No tenía idea de que hacer o pensar, de que decir o callar. Su cabeza estaba vuelta un lío y lo peor es que no hallaba ninguna salida posible para aquella situación.
Levantó la mirada al sentir a Yukito tocar su hombro para traerlo a la realidad y al ver sus ojos mirarlo con tanta compasión, entendió que ya no podía seguir cargando con ello solo, que ya no tenía caso seguir ocultando una realidad que tarde o temprano saldría a la luz, que en serio, por primera vez en su vida, en serio necesitaba su ayuda.
-¿Para que me trajiste a este lugar?- Indagó el moreno mientras examinaba con algo de fastidio la fachada de aquel comercio en el que Yukito le había animado a parar y que según veía a través del amplio ventanal de cristal se trataba de una tienda de bebés. Para ser sincero había sospechado que terminaría por hacerlo entrar en alguna panadería en busca de algún dulce que levantaran su ánimo, pero realmente no esperaba que al desviarse terminaran frente a aquel colorido recinto.
-Vi este lugar cuando venía de camino y estaba ansioso por entrar.
-Pues yo tengo meses recorriendo esta ruta y apenas la veo.
-Eso es porque jamás necesitaste nada de lo que había aquí, a partir de ahora solo pensarás en pañales y teteras.- Aseguró él haciendo que Touya soltara un "genial" lleno de sarcasmo mientras entornaba los ojos y entrecruzaba los brazos incapaz de disimular su gran incomodidad. Obviamente no le hacía nada de gracia que después del tremendo esfuerzo que significó para él contarle su encrucijada, aquel sujeto le hubiera traído precisamente a un lugar que le recordara el tedioso dilema al que se enfrentaba, pero este sin prestarle demasiada atención a su ceño fruncido o darle oportunidad de quejarse se había adentrado al lugar mientras no le dejaba más opción que seguirlo casi arrastrando los pasos.
No recordaba haber visto tantos objetos infantiles desde que Sakura era una bebé y su madre estaba obsesionada con comprar todo lo rosa que le pasara por el frente, pero de lo que si estaba seguro es que ni en ese tiempo en que ayudaba a su algo descuidada madre a empujar el carrito de su hermana y que le incomodaba estar entre señoras demasiado entusiastas que le picaban las mejillas cada tanto por encontrárselo adorable, se había sentido tan fuera de lugar.
-¿En que puedo ayudarles?- Había preguntado una joven mujer que seguramente era la dueña del lugar mientras les brindaba una amable sonrisa y después de que Yukito le explicara lo que buscaban ella los guio hasta un rincón con un alargado escaparate de cristal y varios percheros llenos de diminutas prendas infantiles que el pasivo hombre no tardó en examinar con entusiasmo mientras él se quedaba a cierta distancia pensando en que definitivamente jamás aceptaría de nuevo ir con él a ningún sitio. Tal vez era mejor idea hablar con su padre en vez de con ese sonso con residencia en la luna.
-¿Por qué te quedas ahí parado? Escoge algo para tu hijo.
-Ni siquiera se que es, retrasado.
-Vamos, no seas gruñón y escoge algo. Te prometo que nos iremos de inmediato en cuanto lo hagas. – Aunque la verdad no tenía ganas de hacerle caso, no tuvo otra opción que mirar a su alrededor con desinterés y fastidio para buscar algo para el niño que ni siquiera sabía si existía. Lo más fácil sería tomar lo primero que se le presentara y sacar al cuatro ojos a rastras de allí, pero sabía que no le saldría tan fácil con el Yukito que tenía al lado y que ahora era una mini versión tóxica de Nakuru. ¿Qué rayos podía escoger entre tantas cosas si ni siquiera sabía porque comenzar?
Posó sus ojos en cada objeto de la sección sin demasiado éxito y ya cuando estaba a punto de tirar la toalla pudo observar en la vitrina de cristal puesta a sus espaldas un pequeño par de zapatos puestos en una caja de algún tipo de plástico traslúcido que destacaba entre los demás por la gran cantidad de destellos plateados que recubrían toda su superficie.
-¿Quiere ver este artículo joven?- Le preguntó la chica que aún no se había apartado de su lado y dado que no tenía nada que perder por mirar se limitó a asentir y esperó a que ella lo pusiera en su mano. Se trataba de unas ballerinas que no podían ser mas grandes que un par de dedos suyos y que eran adornados por un simple listón blanco. Al verlo de cerca no pudo evitar preguntarse si en serio podía existir una criatura que calzara de esa manera o aquel era parte del atuendo de una diminuta muñeca y había terminado colándose entre todos aquellos artículos de infantes.
-Tenemos otros modelos similares si quiere puedo mostrárselos. – Propuso la joven mientras él continuaba viendo el pequeño par de zapatillas pero él estaba tan enfocado en el objeto que antes de poder explicarle que no era necesario, Yukito ya había dicho a la chica que se lo llevaría haciendo que al final este no tuviera más remedio que aceptar que la tendera empacara el artículo. Saliendo a los pocos minutos ambos de la tienda con una diminuta bolsa cada uno y un Yukito más sonriente que al principio.
-¿Cómo sabías que escogería algo cuatro ojos?
-No lo sabía. Solo repetí contigo algo que hicieron conmigo.- Explicó el hombre de ojos avellanas mientras se sentaba en una banca de un parque cercano y miraba directamente a un grupo de niños que corrían de un lado a otro en algún tipo de juego en el que parecían divertirse bastante y pensaba en lo ansioso que estaba porque los suyos ya pudieran correr de esa manera. -Sabes cuando llegué a Inglaterra yo también era un manojo de nervios tal como tu en este momento. Sabía que debía hacerme cargo de Nakuru y los niños pero no tenía ni la menor idea de por donde empezar. Fue entonces cuando notándolo Eriol me recogió en el aeropuerto y me llevó de paseo a una tienda de niños cercana pidiéndome que escogiera algo para ellos. Y allí, entre todos los objetos que vi, escogí un par de chupetes.
-¿Chupetes? ¿No pudiste tomar algo mejor?
-Bueno, es que se trataba de una tetera pequeñísima. ¡Era difícil pensar que alguien pudiese alimentarse con una boca tan diminuta!- Explicó él totalmente convencido de su buena elección mientras sonreía con ingenuidad. La verdad con lo importante que era para ese sujeto estar tragando todo el tiempo pues no le sorprendía del todo que aquello fuese lo que más le preocupara en esos momentos en que iba a convertirse en padre de dos.
-El punto es que mientras regresábamos justo antes de entrar a la casa y encontrarme con Nakuru por primera vez después de lo ocurrido, Eriol me preguntó: "¿Por qué le tienes miedo a algo tan pequeño?", y al verlo nueva vez me di cuenta de que estaba temblando por nada. Se trataba de algo diminuto que necesitaría de mi total cuidado y atención para crecer y convertirse en un adulto fuerte y saludable que a su debido tiempo tendría su propia familia también. Tal vez suene algo abrumador pero no hay nada de tenebroso en eso.
-Lo es si significa decepcionar por segunda ocasión a la persona que amas.- Había protestado con la voz completamente decaída sintiendo como el que comparara su situación con la que él hacían aun mas reales sus temores, despertaba su mente a la realidad de que posiblemente pronto tendría un bebé con una mujer que no amaba, peor aún mientras amaba con locura a quien en ese momento era su novia. Era un desastre, definitivamente lo era. ¿Cómo demonios había podido caer tan bajo en aquella situación? ¿Cómo… como demonios iba a convertirse en padre si Yoko resultaba estar embarazada de verdad?
El ligero golpecito que sintió en la frente mientras se perdía en su angustia le hizo llevar su mirada hacía su compañero a la vez que soltaba una maldición, no tardando en darse cuenta de que Yukito acababa de hacer lo mismo que él acostumbraba a hacer para llamar su atención cuando estaba agitado, aunque este tenía una sonrisa llena de diversión en vez de la expresión desinteresada con la que acostumbraba rematar ese tipo de situaciones.
-¿En serio crees que la señorita Tomoyo es lo único que puedes amar en esta situación? ¡Has amado a tu madre y a tu hermanita como loco! ¡¿Te imaginas lo que amarás a un hijo tuyo?! De hecho si llega a ser una chica mejor procuro que mis hijos no pasen cerca de ella para que no le saques los ojos.
-No es gracioso Yukito.
-Por que estás enfrascado en verle el lado malo Touya. Has un esfuerzo por imaginártela, por dejar de pensar en esto como un error que pondrá tu vida de cabeza. Cuando por fin nazca será tan frágil que no querrás ni tocarla por miedo a lastimarla. Sus manitas serán igual de diminutas que sus piecitos, tal vez ni siquiera serán lo suficientemente extensos para tomar tu dedo. Con lo sobreprotector que eres, con algo así en tu casa seguro no podrás dormir en las noches por miedo a que algo le pase, te sentirás tremendamente inquieto si llora y no puedes saber el porqué. Ni decir que enloquecerás de angustia si sufre alguna caída y se lastima. Y no es que no hayas visto lo mismo en otros niños antes sino que ella será tuya, tu responsabilidad.
-Un buen día despertarás en la mañana y la verás sonreír mientras te mira con sus pequeños ojos. – Continuó explicando a pesar de que la expresión ausente del moreno no desaparecía de su rostro cabizbajo y los mechones de su pelo castaño oscuro cubrían sus ojos cafés que seguramente debían estar reflejando la misma angustia a la vez que sus manos sostenían la pequeña caja traslúcida que representaba su inminente paternidad. - Con el tiempo te reconocerá, te llamará papá, tocará tu rostro con sus manitas. Avanzará hacía ti mientras empiece a gatear, luego dará sus primeros pasos, correrá y saltará, rompiendo todo a su paso. Acudirá a ti cuando esté asustada, tal vez hasta te esperará en la puerta cuando sea la hora de regresar del trabajo y se dormirá entre tus brazos creyendo que no hay lugar más seguro en todo el universo, y tú, en ese momento no desearás estar en otro lugar tampoco, pues esa sería tu alegría, tu añoranza, tu razón de vivir. Será tu hija y te necesitará, te necesitará solo a ti.
-¿Eso también te lo dijo el cuatro ojos pervertido?
-No, es lo que me imagino cada día al ver a los míos crecer.- Explicó mientras se quedaba sorprendido al ver como pequeñas gotas caían sobre el frágil empaque y se deslizaban por su cubierta hasta fusionarse con la hierba bajo sus pies a la vez que los brazos de él se movían torpemente por sus ojos limpiando su ahora húmeda cara. Era la primera vez que lo veía llorar en su presencia pero por el hecho de que no hiciera nada para ocultarlo hacía obvio que últimamente se había hecho casi una costumbre en él, algo que de alguna manera le tranquilizó pues, no era nada bueno que se quedara con todo eso dentro de sí. Sabía que era difícil, más de lo que su mente era capaz de asimilar en ese momento pero también sabía que aunque no lo expresara con sus labios ya lo había entendido y por primera vez no veía aquel posible embarazo como un problema. Al fin y al cabo, ambos sabían que cuando por fin naciera no amaría a nadie en el mundo como a esa criatura y aunque las circunstancias no eran las que hubiera deseado, no era como si su hija tuviera que pagar las consecuencias de sus malas decisiones. Ya no se lamentaba por eso, esa no era ya la razón de su desasosiego. La razón por la que no podía contener sus lágrimas era por lo que implicaría para aquella persona que tendría que cargar con las consecuencias de su estupidez. Por lo que pensaría Tomoyo de todo aquello.
-¿Que voy a hacer con ella? Seguro se va a morir de la angustia cuando se entere, seguro no me dirigirá la palabra nunca más. – Lamentó mientras cubría su rostro con sus manos a la vez que apoyaba sus codos en sus piernas y sentía que aquella impotencia casi no lo dejaba respirar. Le había prometido que no dejaría que nada los separara, que no debía temer porque hubiera estado con otra mujer mientras estaban separados. Obvio que no volvería a creerle otra palabra, que desde ese instante lo odiaría con todo su corazón.
-Es probable que al principio la desconcierte, pero creo que quedarte callado sería un desatino más grande que el que hayas acabado con Yoko en un inicio. Cuando tratas de sostener tu realidad a base de mentiras terminas haciendo de tu vida y la de los demás un infierno.
-Eso temía.- Reconoció Touya mientras volvía a colocarse en aquella posición y miraba a la hierba bajo sus pies. Siempre supo que aquella situación terminaría haciendo daño a alguien, pero jamás pensó que intentar que no fuese él el que sufriera terminaría por hacerlos sufrir a todos al final. No quería herir a Yoko ni a su hijo, tampoco quería hacerle daño a Tomoyo o dañarse el mismo, pero parecía que a aquellas alturas eso era imposible.
-Vamos, no pongas esa cara tan larga. Tomoyo es una chica muy comprensiva y perspicaz, estoy seguro de que si le explicas las cosas con calma y le hablas desde el corazón, no sólo lo entenderá sino que hasta te ayudará a aclarar tus ideas. Solo piénsalo, a pesar de estar asustada por la relación que llevabas con Yoko reunió todo el valor en su corazón y te habló de sus sentimientos, ella ha demostrado que su amor por ti es real y que tiene las suficientes agallas para aceptar tu pasado y convivir con tu presente. Si me lo preguntas yo diría que tiene la entereza necesaria para aceptar esta nueva situación tuya y aun si se le hace difícil o termina por ser demasiado para ella ¿No crees que al menos tiene el derecho de saber que es la mujer por la que te debates en dejar de lado tu paternidad? Creo que siendo alguien que se crió solo con su madre sería la persona mas idónea para darte un punto de vista realista al respecto, para hacerte ver lo que pensaría tu hijo de tus decisiones. Creo que a diferencia de mi ella si sabría valorar todo lo que tienes para darle.
-Yukito… perdóname. En realidad yo no…
-No hay nada que perdonar. Yo también hice cosas estúpidas en su momento y herí tus sentimientos, pero ya todo está bien. Estoy seguro de que también estarás bien. Aunque cuando Nakuru lo sepa seguro que te golpea en serio así que si resulta ser cierto no vayas a la casa un tiempo.
-Lo sé. No soy tan estúpido.- Reconoció mientras sonreía ligeramente algo más tranquilo y veía una vez más el pequeño empaque que ahora más que un simple objeto era más bien un recordatorio, una señal que le decía que no tenía caso seguir dudando. Debía afrontar sus errores, debía asumir las consecuencias de sus actos y aunque lo perdiera todo en el proceso seguiría teniendo una diminuta luz en su vida, seguiría teniendo un propósito. Su hija sería su propósito.
-Cuando te dije que querías que nos viéramos jamás pensé que habría un polizonte presente.- Señaló Touya con el ceño fruncido a la vez que sostenía la mirada del tipo que tenía en frente y a quien estaba a un solo paso de moler a golpes sino fuera porque Tomoyo había sostenido su mano todo el tiempo como un seguro para que no hiciera alguna estupidez.
Había pensado bastante desde el día anterior en que momento y lugar escogería para hablarle a Tomoyo de su asunto, y después de romperse la cabeza al final se había decidido por usar el soplo de valentía que había adquirido y pedir la tarde libre en el trabajo solo para que tuviesen una cita solo los dos. Por eso su enojo cuando al llegar no sólo ella no estaba sola sino que ese tipo se hallaba ocupando su lugar favorito de aquella cafetería.
-Bueno en realidad Kurogane está de paso, solo vino porque tiene algo importante que decirte Touya.
-¿Algo que decirme? Me mata la curiosidad por saber que es.
-Kurogane. Por favor.
-Me disculpo por mi conducta errática y maliciosa. Creo que como adultos no deberíamos prestarnos a ese tipo de conflictos infantiles, sino que debemos resolver nuestros problemas de manera civilizada.- La verdad el trigueña no sabía si reír o llorar por la manera tan hermética y falsa en la que el sujeto le extendió aquella disculpa al mismo tiempo que lo miraba como si fuera a arrancarle la garganta de un mordisco en cualquier momento. De hecho seguro se hubiera reído a carcajadas y hubiera soltado uno de sus comentarios llenos de saña si no fuera porque Tomoyo le estaba pisando el pie para recordarle que debía comportarse como el cuasi treintañero que era.
-Supongo que mi actitud tampoco ayudó mucho, así que acepto tu disculpa y te agradezco haber cuidado de Tomoyo en estas semanas. Aunque sostengo que deberías cuidar a quien andas besuqueando.
-Al menos yo no me ando con rodeos a la hora de expresar y demostrar mis sentimientos.
-Bien, con todo esto zanjado pidamos algo, este postre se ve delicioso ¿no creen?- Intentó intervenir la amatista mientras colocaba la carta entre ellos para que dejaran de fulminarse con la mirada pero era obvio que era inútil. Esos dos definitivamente estaban a nada de destrozar el lugar y ni sus chantajes, ni los deliciosos postres del lugar cambiarían ese hecho inevitable.
Tomoyo levantó la mirada al escuchar a la sonriente camarera decir su nombre emocionada y pisando aun mas fuerte a Touya para que no se moviera intentó tener una conversación más o menos normal con la chica que miraba la escena de por más que curiosa y que resultaba ser una de sus antiguas amigas de la infancia.
-Chiharu, querida ¿Qué haces aquí?
-Bueno, trabajo aquí después de la universidad. Es el restaurante de los padres de Takashi.
-¿Ah si? ¿Y él cómo está?- Indagó mientras golpeaba la cabeza de Kurogane con la carta de pedidos al sentirlo a punto de ponerse de pie, sin quitar ni un segundo su sonrisa mientras un "pequeña bruja" era musitado por el hosco hombre que estaba a nada de sacarle los ojos al trigueño que ahora se burlaba de él por haber sido golpeado, ganándose un carpetazo también de parte de la amatista que ya estaba convencida de que era mejor lidiar con niños y no con ese par de pubertos.
-Bueno… En estos momentos lo tengo atado en la cocina para que no entretenga a los clientes. Ya sabes como son los hombres de irracionales, casi parecen animales en ocasiones. Si vienes conmigo lo puedes saludar. Se alegrará mucho de verte.
-No sé si eso…
-Ve Tomoyo. Tal vez encuentres la mesa limpia cuando regreses.- Aseguró Touya con la sonrisa más falsa que había visto en su vida mientras Kurogane aseguraba con la frialdad que lo caracterizaba que tal vez lo que encontraría sería la cabeza de alguien en una bandeja. Decidido, ni niños ni animales, esos dos definitivamente entraban en una nueva categoría.
-Bien, necesito tomar un respiro.- Suspiró ella resignada mientras se alejaba junto a la chica de pelo castaño oscuro y el ambiente de la cafetería se arruinaba con todas las malas vibras que seguían enviándose el par que aunque estaban en silencio seguían mirándose como si intentarán determinar quien haría el primer movimiento.
-Espero que te quede claro que él que accediera a esto no significa que acepte lo que hay entre ustedes. Aun no creo que seas un sujeto en quien confiar.
-Lo sé, no creo que seas del tipo de persona que saben reconocer una derrota.
-¡Escúchame bien Kinomoto! - Gruñó Kurogane mientras se ponía de pie y golpeaba sus manos contra la mesa, perdiendo el diminuto atisbo de paciencia que le quedaba ante tanto cinismo. -Tu no conoces realmente a Tomoyo, no tienes idea de todo lo que ha pasado. Si no estas seguro de lo que realmente quieres te aconsejo que la dejes de una vez por todas, porque si vuelves a hacerle daño, te lo advierto, no, te lo juro, eso es lo último que harás en tu vida.
-¡Kurogane! ¿Qué estás haciendo?
Escuchar la voz de Tomoyo abrumada por la escena fue lo único que impidió que Touya también se pusiera de pie y lo desafiara a cumplir sus amenazas en ese instante. Aun no olvidaba que por su culpa había terminado desperdiciando todo ese tiempo, que por su malicia había perdido la cabeza. Entendía que Tomoyo no quisiera que fuesen enemigos por el cariño que les tenía a los dos, pero llegar a un punto en el que fuesen algo cercano a amigos estaba muy lejos de la realidad. Eran rivales, enemigos, némesis uno del otro y a menos que apareciera otro que se interpusiera en su camino teniendo más posibilidades que cualquiera de los dos, lo serían hasta que sus huesos se pusieran blancos bajo tierra.
-Me marcho. Me llamas si necesitas que te recoja Tomoyo.- Señaló el hombre de ojos carmesíes mientras caminaba hacía la salida, a la vez que Touya le animaba a no olvidar de lo que habían hablado dejando a Tomoyo llena de curiosidad por ello.
-¿De que hablaron Touya?
-De la noche de frenesí que deseabas, ¿Por qué si no reunirías a dos de tus pretendientes en un mismo lugar? Debo reconocer que no pensé que fuera tan pervertida señorita Daudoji. - Explicó él con la misma calma con la que diria que aquel lugar olía a vainilla y decir que la cara de Tomoyo se puso como un tomate, sería poco para describir lo que pasó con ella al entender su insinuación.
Kurogane continuó con su camino mientras Tomoyo entre la pena y la indignación golpeaba a Touya por ser tan perverso a la vez que él mantenía su mirada puesta en aquel sujeto que aunque no lo reconociera en voz alta le había dado en que pensar.
Apenas habían pasado poco más de dos meses desde que él y Tomoyo se habían acercado, ¿aquel era tiempo suficiente para conocerla realmente?
Y bien. Otro capítulo intenso.
Para los que se lo pregunten a esta historia le queda poquito mas de media docena de capitulos así que estamos en la recta final, algo que me hace sentir muy feliz por que aunque ha sido un largo camino ya casi llega a su feliz culminación.
¿A quien más le sorprendió las razones de Kurogane para ser tan radical? ¿A quien le aterró el secreto de Tomoyo?
A partir de este capítulo vamos a conocer mejor los pensamientos y conductas de nuestra protagonista y al mismo tiempo descubriremos si Touya tendrá o no un hijo.
Por otro lado, ¿Que les pareció la imagen mental de Touya de su hija y la descripción de Yukito de la paternidad? Ambas situaciones estaban burbujeando en mi cabeza hace mucho intentando encontrar el mejor momento para salir, y ahí están. Personalmente las ame ambas.
En fin. Me hacen saber sus opiniones y nos leemos en el próximo capítulo.
