N/A: más vale tarde que nunca.
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Capítulo 24.
Lo que olvidamos
Parte 2
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Todo había pasado demasiado rápido.
En un momento estaba en el techo de un edificio acabando con un enemigo, al segundo siguiente ella era la que sentía que estaba muriendo.
Lo siguiente que pasó fue un constante movimiento, imágenes del cielo y edificios altos que se movían bruscamente delante de ella y todo a causa de aquel hombre que la llevaba en brazos, ese que decía odiar con todo su ser, aunque en ese momento, ya no sabía lo que sentía pues él gritaba como un desquiciado, buscando desesperado ayuda para ella.
De repente, su vista del cielo oscureciendo se opacó por la cabina de un auto. Dentro del vehículo, sintió movimientos menos bruscos, pero lo que sentía que la mataba por dentro se hacía cada vez más fuerte que creía que se partiría.
Luego, lo siguiente que vio fue otro trozo de cielo para luego ser cegada por las luces blancas y brillantes de un lugar que desconocía, los brazos de su aliado cambiaron por una camilla en donde fue recostada y su nueva vista incluyó a varios rostros de personas que desconocía; vestían de azul y otros de blanco; hablaban cosas que no entendía mientras comenzaban a despojarla de sus prendas. No confiaba en ellos, quería marcharse, pero el dolor en todo su cuerpo se lo impedía.
—Calma Astrid, te vamos a ayudar. —escuchó de repente entre todo el ajetreo.
A su vista se le agregó la imagen de otra mujer que vestía una bata blanca y que, en medio de todo el movimiento, ordenó con audacia a los demás a donde llevarla, un cuarto frio y que hasta antes de su llegada estaba completamente solo.
"Tiene hemorragia" — escuchó entre algunos cuchicheos y lo que inmediatamente sintió fue como una de las mujeres que vestía de azul comenzó a bajar su pantalón.
—¿Qué haces? —susurró casi inaudiblemente y trató de impedir que esa mujer siguiera haciendo lo que hacía.
Pero alguien más la recostó en su sitio e impidió que se moviera.
—Tranquila Astrid. —era esa mujer que se sabía su nombre. —Tienes una hemorragia, tenemos que ver qué tan grave es.
¿Hemorragia? Pensó la convaleciente entre todo el ajetreo, si eso era, debía ser por su periodo, qué les importaba a ellas; sin embargo; el dolor no le dio tiempo de replicar cuando se sintió expuesta ante ellas, y no sólo eso, también ante un hombre, uno que llegó apresurado con un gran aparato. En ese momento se sintió ultrajada.
—Tranquila Astrid, tenemos que revisar que esté bien. —volvió a decir esa mujer desconocida.
¿A quién se refería? Pensó aturdida y agobiada por no saber lo que le estaba pasando.
Y como respuesta, sólo sintió como esa mujer le levantaba el suéter y la blusa, luego auxiliada por el otro hombre, le puso un gel helado para después poner un dispositivo que presionó sobre su vientre.
Entonces, en la pantalla del otro aparato algo apareció y llamó su atención en medio del dolor, una imagen en blanco y negro, y en cuyo centro había algo parecido a un pequeño frijol con protuberancias, pero que, a su perspectiva, era algo más que eso.
Dio un grito ahogado al reconocer lo que era y con un shock reflejado en el rostro, no podía creer que "alguien" estuviera dentro de ella y que fuera el causante del dolor que sentía.
—No hay latido, doctora.
Escuchó decir al hombre en medio de su conmoción, luego, la mujer con bata blanca al concordar con él, sólo le retiró el dispositivo del vientre lo que ocasionó que la imagen del aparato desapareciera.
— "Lo siento Astrid, se perdió".—fue lo siguiente que escuchó.
Su mundo, en ese momento, se le derrumbó encima.
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El sol comenzaba a levantarse sobre toda Berk anunciando la llegada de un nuevo día.
En la casa de los Haddock – Hofferson poco a poco todo lo que no estaba cubierto con cortinas comenzó a iluminarse, lo que estaba cubierto apenas y dejaba cavidad para la entrada de la luz. En una de las habitaciones, las cortinas verdes que colgaban de una ventana apenas iluminaban el lugar en donde dos pequeños dormían en su respectiva cama y un adulto dormía en el suelo en medio de estas.
Nadie parecía tener la intensión de despertar; sin embargo, un singular y vibrante sonido comenzó a notarse y este provenían de entre las ropas del jefe de la casa.
Hiccup, al sentir las vibraciones, se levantó de golpe y atolondrado, desconociendo primeramente en donde estaba, para luego recordar lo que se movía insistentemente en el bolsillo de su chaqueta.
Sacó el aparato que no dejaba de vibrar, y en su pantalla leyó que decía "Mala" y venían dos opciones una con color verde y otra en roja. Presionando la opción verde, tal como Dagur se lo había explicado la noche anterior, puso el aparato cerca de su oreja, esperando escuchar a la otra persona que estaba detrás de la otra línea.
—¿Hiccup? ¿Eres tú?
—Sí… sí… quiero decir… hola Mala—respondió confundió y recordando a la vez con tristeza todo lo sucedido.
—¿Estabas dormido? —preguntó esta con cierto tono comprensivo.
—Sí, pe- pero… no importa… ¿hay… hay alguna noticia?
—Sí, ya despertó…hace unos minutos.
Hiccup dio un suspiró de alivio al escuchar aquello y cansado se recargó en la orilla de la cama de su hijo.
—Y… ¿cómo…está?
—Silenciosa. No ha dicho nada, está… no sé, como que ida…
Otro suspiró salió del hechicero, pero ahora cargado con un aire de tristeza.
—¿Por qué no vienes a verla?
—Sí, sí quiero… pero…
—No te preocupes por la señorita Grunion, hablé hace unos momentos con Dagur y ya me puso al tanto sobre lo sucedido.
—¿Sobre lo sucedido?
—Sí, la discusión con tu jefe o exjefe o lo que sea ese maldito bandido.
—Ah… claro. —balbuceó Hiccup sin comprender muy bien del todo.
—En fin, no te quito más tiempo, Dagur me dijo que pasará a tu casa para traerte al hospital, así que te espero aquí.
—ah… sí, gracias.
Con un último adiós, la llamada por ambas partes terminó. Hiccup dejó caer la cabeza en la orilla de la cama y viendo al techo no pudo evitar pensar en su aliada. ¿Cómo estaría? ¿Qué sentiría? ¿Se sentiría tan afligida como lo estaba él? ¿Habría llorado?
Pensar en todas esas cosas hicieron que sus ojos se empañaran por la acumulación de agua; sin embargo, estando a punto de dejar escapar un grito ahogado, unos ojos tan verdes como los de él, aparecieron frente a él.
—¿Hiccup?
—Ahhh… Nuffink. —se levantó sobresaltado y rápidamente limpió las lagrimillas que se le habían salido.
—¡Volviste!
—Claro… ¿A dónde más iría? —dijo con una sonrisa.
—¿No te ibas a ir de viaje? —recordó el niño inocentemente.
El viaje. Hiccup tronó los dientes al recordarlo apenas, ese viaje que el maldito Harald había planeado a detalle para desaparecerlo de ese mundo.
—No… ya no…
—¿Hiccup? —escuchó de repente a su hija en la cama de frente.
Esta apenas escuchando los murmullos en la habitación se levantó sobresaltada al pensar que eran las criaturas que los amenazaban, pero en cuando vio que se trataba de su "falso" padre y hermano, hipeó aliviada de que fueran ellos los que estuvieran con ella.
—¡Hiccup! —chilló ruidosamente y bajó de la cama presurosa para lanzarse a los brazos del hechicero.
Hiccup no puso objeción y la recibió entre sus brazos para consolarla.
—Tranquila, estoy aquí…
—Es que ayer… ayer…—siguió chillando esta. —¡Unos monstruos aparecieron! Casi se llevan a Nuffink…
El corazón del hechicero se sobresaltó al escuchar eso y rápidamente se giró hacia donde estaba su cabizbajo y apenado hijo, quien asintiendo con su cabeza confirmó lo dicho por la pequeña. Como padre, no pudo evitar sentir repudio contra el maldito de Harald y su instinto de protección lo hizo también llevar a su hijo a sus brazos como si así pudiera protegerlo y a su hija de lo que habían experimentado.
—Astrid lo salvó…
Siguió narrando Zephyr más tranquila, aunque luego al recordar lo que pasó después no pudo evitar ponerse nuevamente tensa.
—¡Astrid siguió al monstruo, Hiccup! —alarmó asustada. —¡Ella lo siguió!
—Tranquila, tranquila… —le acarició el cabello. —El malvado ser que los molestaba se fue y ya nunca más volverá.
—¿Nunca más? —repitió Nuffink para confirmar.
—Nunca más.
—Entonces, eso significa que… ¡¿Astrid está bien?! ¡¿Está aquí?! —preguntó la animada Zephyr separándose de él y lista para ir a la otra habitación una vez que le confirmara la respuesta.
Sin embargo, Hiccup, a pesar de querer ser optimista no pudo, y la expresión angustiada y entristecida de su rostro lo delató. Zephyr, siendo una niña muy observadora rápidamente intuyó lo peor y empezó a lagrimear y a hipear otra vez, sentimiento que rápidamente le compartió a Nuffink quien sólo de ver a otro llorar, lo hacían llorar también.
—No, no, no… ella está bien. —aclaró Hiccup rápidamente para prevenir un estallido de llantos.
—¿Está bien?
—Sí, pero…
Se sacudió el cabello sin saber cómo seguir. ¿cómo explicarles lo sucedido?
Su tardanza y silencio provocaron que los niños volvieran a hipear y a llorar, y la imaginación de ambos los llevaron a creer que su "falsa" madre había sido devorada por aquel ser malvado.
—No, no lloren…—pidió Hiccup tratando tampoco de romper en llanto.
—¿Dónde está Astrid? Quiero verla…—pidió Zephyr entristecida.
—Verán…—suspiró. —Siéntense un momento ¿sí?
Los intranquilos niños asintieron y obedientes, se sentaron en la orilla de la cama sin ocultar en ningún momento su rostro lleno de angustia. Hiccup, con toda la paciencia del mundo se puso de cuclillas frente a ellos y tomó las manos de ambos.
—Astrid… está bien, pero no está aquí…—comenzó a explicar con toda la tranquilidad que su ser le permitía.
—Entonces…
—Está en el hospital y… por el momento estará ahí, así que no se preocupen, ahí la están cuidando bien.
—Pero ¿por qué? ¿Se enfermó? —cuestionó Nuffink aún entristecido e inquieto.
—O… ¡¿esos monstruos la lastimaron?! —exclamó Zephyr espantada.
Hiccup negó con su cabeza.
—No, bueno… quien nos atacó si la lastimó, pero…lo que pasa… verán…
Con tanto titubeo estaba haciendo que los niños comenzaran a desesperarse y eso se vio reflejado en sus enrojecidos rostros que amenazaban con estallar en llanto.
—¡Verán! —exclamó para luego dar un largo suspiro. —Astrid está en el hospital… porque…iba a tener… un bebé.
Los rostros de los niños inmediatamente dejaron de estar enrojecidos y su expresión entristecida cambio a uno de desconcierto y confusión.
—¿Un bebé? —repitió Zephyr sin entender muy bien.
Hiccup asintió.
—Sí, iba a tener un bebé, pero…—suspiró. —lamentablemente… ya no lo tendrá. —dijo encogiéndose de hombros. —Ese bebito…—jugó con las manos de ambos. —Se fue al Valhalla. —explicó viendo hacia el techo.
Los niños imitaron aquel gesto y vieron hacia lo alto; sin embargo, más que ver un simple techo su imaginación los hizo ver el cielo y en este, un paraíso entre las nubes que tenía montañas enormes, cascadas con agua cristalina, bosques esplendorosos y, en medio de todo eso, una estructura construida con oro. El lugar donde los valientes vivían para siempre.
—Y Astrid…—continuó Hiccup. —Ella… supongo… estará muy triste, niños. El bebito se fue antes de que pudiera conocerlo, antes de que ¡todos! pudiéramos conocerlo; sin embargo, debemos honrarlo y a Astrid, apoyarla en todo, tenemos que ayudarla a recuperarse… ¿Me ayudarían a hacerlo? —pidió sin soltar las manos de ambos.
Nuffink inmediatamente asintió en silencio, apenas comprendiendo lo que había pasado; en cambio Zephyr se quedó pensativa y reflexionando lo sucedido.
—¿Zephyr?
—Entonces… Astrid ¿iba a ser mamá? —preguntó la pequeña una vez que sacó sus conclusiones.
—Sí. —respondió Hiccup con una leve sonrisa, y sin atreverse aún a decirles a sus hijos que era su verdadero padre, aunque no los recordara.
—Oh…—musitó la niña y balanceó sus pies en la cama. —¿Y tú ibas a ser el papá de ese bebé?
La pregunta sobresaltó a Hiccup e incluso se sonrojó; reflexionó, no tenía caso mentirle a su pequeña, puesto que él sabía que ese bebito perdido era de él y de su antes enemiga, no necesitaba ninguna clase de prueba.
—Sí. —respondió con sinceridad y una leve sonrisa. —Yo iba a ser el papá de ese bebé y… si ustedes hubieran querido… ese bebito podría haber sido un hermano para ustedes. ¿Les… les hubiera gustado?
Ambos niños asintieron rápidamente.
—Es nuestro hermanito. —determinó Zephyr con una leve sonrisa. —¿Verdad, Nuffink?
—¡Un hermanito que vive en el Valhalla! ¡Sí! —aceptó el niño animado.
—Aunque no esté aquí lo vamos a recordar siempre y a Astrid la cuidaremos ¡mucho, mucho!
Hiccup no pudo evitar sonreír ante tanta inocencia; misma que ayudaba a que sus pequeños no se complicaran demasiado las cosas y vieran las cosas desde una diferente perspectiva; deseó poder ser como ellos; sin embargo, como adulto se sentía responsable por muchas cosas, cosas que había hecho mal y lo hacían sentir remordimientos, pero ese era su pesar y sus hijos no tenían porque cargar con él como tal.
La llamada de Mala había sido demasiado temprano, por lo que antes de la llegada de Dagur, Hiccup aprovechó para asearse, asear a sus hijos y darles el almuerzo con la ayuda de Heather que se había levantado a la par de ellos.
Dejando a los pequeños desayunando y más tranquilos, salió al patio trasero para echarle un vistazo al invernadero. Todo estaba muerto. A pesar de los esfuerzos de su aliada nada había sobrevivido y sintió angustia, él, por estar pensando en otras cosas y haciendo tonterías no había podido ver lo que su aliada sufría, pues el invernadero era como ver un reflejo de ella. Esa imagen que recordaba de ella cuando le dijo que se iría de viaje. Triste, deplorable y cansada.
En ese entonces creyó que separarse era lo mejor, pero ahora creía todo lo contrario. Tenía que devolverlos a la vida, reflexionó acariciando las hojas de una maceta, tenía que devolver a la vida al invernadero, así como a su antes enemiga, al menos a ellos, ya no quería cometer los mismos errores del pasado, no quería volver a perder todo.
—¡Hiccup! —llamó Heather desde la casa. —¡Dagur ya está aquí!
Era el momento de empezar de nuevo, reflexionó saliendo con lento caminar del invernadero, para dirigirse a su nuevo destino, en donde ya lo esperaba aquel policía que, aunque no recordara, era su amigo.
—Hola Hiccup…¿cómo amaneciste? —preguntó este comprensivamente.
Como respuesta, se encogió de hombros y sólo le sonrió levemente. No quería responder, puesto que los niños estaban ahí mirando curiosos todo lo que pasaba.
Dagur, comprendiendo su angustia sólo asintió y no preguntó más.
—Hiccup, preparé una ropa para Astrid, en caso de que la dejen salir hoy del hospital. —dijo Heather mostrándole una maleta.
—¿Podrían?
—Sí, ese tipo de cosas suelen ser ambulatorias. —explicó la jardinera no queriendo entrar en tantos detalles. —Pero todo dependerá de lo que diga su médico.
—Entiendo. Gracias, Heather. —agradeció tomando la maleta.
—¿Estás listo, hermano? —preguntó Dagur.
Hiccup suspiró y asintió; sin embargo, antes de moverse vio nuevamente a la hermana de su amigo.
—Heather.
—Eh… ¿sí?
—¿Me podrías apoyar pidiendo o dándome la información de donde puedo conseguir unas cosas para el invernadero?
—¿El invernadero? —repitió esta confundida.
—Si, quiero… volverlo a la vida. —explicó sin más.
Heather sonrió.
—No te preocupes Hiccup, sé exactamente que se necesita, yo lo pediré y si quieres trabajamos juntos en él.
El hechicero asintió nuevamente con agradecimiento, luego se volvió a sus niños.
—Hiccup… ¿no podemos ir contigo? —preguntó Zephyr desde su lugar.
—Lo siento, pero no dejan entrar a los niños.
Los niños se entristecieron.
—Entonces… ¿puedes decirle que esperamos que vuelva pronto? —suplicó Zephyr angustiada. —¿Qué la extrañamos y la queremos mucho?
—Claro… yo le diré por ustedes. —dijo Hiccup sintiendo un horrible nudo en su garganta.
—¿Puedes darle esto? —pidió Nuffink, sacando algo que había dejado escondido debajo de la mesa.
Hiccup tomó lo que su pequeño le daba, un peluche en forma de dragón que de cierta forma le recordó a Stormfly en su verdadera forma, la guía de Astrid, aquella que había alejado con sus tonterías.
—Mi mami me lo hizo hace mucho tiempo. —contó Nuffink. —Y la tengo guardada como un tesoro, ahora quiero dárselo a ella.
—Entiendo, no te preocupes, yo se lo daré. —aseguró Hiccup acercando el peluche a su mejilla con cariño.
No quedando más que decir, Hiccup se despidió con un abrazo de los niños para después salir de la casa junto con Dagur. Estando ya adentro del auto de este último se despidió con la mano de sus pequeños, que lo despidieron junto con Heather con una sonrisa desde el umbral de la puerta.
Después, el auto arrancó en dirección al hospital.
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—Bien Hiccup, practiquemos… esto es lo que dirás si te preguntan. —comentó Dagur mientras conducía. —Astrid y tú fueron atacados por tu jefe, derivado de un plan siniestro que tenía para robarte a tu mujer.
—Suena un poco fantasioso. ¿no crees?
—Ay Hiccup, cabeza blanda…esas cosas pasan con mucha frecuencia. —aseguró el policía. —No tienes idea de lo que se ve en esta profesión.
—Ok, comprendo… entonces… si entiendo bien, tengo que decir que ¿Harald tenía la intención de hacerme daño para luego intentar hacerle daño a Astrid?
—De acuerdo con lo que platicamos ayer, Harald tenía la intención de llevarte de viaje para matarte ¿no?
—Sí.
—Bueno, eso puede quedarse igual, pero luego tú te diste cuenta ¿no es así?
—Así fue.
—Entonces, sólo modificaremos lo siguiente: al darte cuenta de las intenciones de tu jefe, huiste de la concesionaria, fuiste a buscar a los niños y a Astrid ¿de acuerdo?
—Ok.
—Los niños estaban en la casa, pero Astrid no, había salido a comprar algo, así que saliste a buscarla, lo que no tenías esperado es que Harald te estuviera siguiendo, y cuando por fin encontraste a tu mujer, ambos forcejearon, pelearon y Astrid al ver lo que sucedía intervino, pero fue violentada por Harald.
—Muy bien. —susurró Hiccup sintiendo coraje incluso de la imaginación de Dagur.
—Al ver lo que había hecho, Harald huye de la escena y tú corres al hospital; sigue argumentando que no sabías que estaba embarazada.
—Pero y ¿ella?
—En caso de que se lo pregunten a ella, y créeme que lo harán en cuanto se encuentre estable, tendrá que decir que si sabía… lo siento Hiccup.
Hiccup apretó los puños, no consideró que eso fuera a ser justo con la madre de sus hijos, pues eso era como hacerla cargar con toda la responsabilidad.
—¿y al final qué pasa con Harald —preguntó para continuar con la coartada.
—Diremos que huyó, no podemos decir que lo mataste.
Hiccup resopló.
—Amigo, es lo mejor… además, ayer que te fui a dejar a tu casa, me pasé al lugar en donde vivía ese sujeto.
—¡¿Qué cosa?! ¡¿Tú sólo?!
—Sí. —afirmó el que conducía. —Pero, no encontré nada… y sabes ¿por qué?
—¿Por qué?
—¡La maldita casa se incendió! ¡No quedó nada!
—¡¿Qué?! —exclamó Hiccup desconcertado.
—Sí, cuando llegué había bomberos, ambulancias y compañeros de la estación, estos me informaron que la casa había estado ardiendo hasta que no quedó nada, y créeme, así fue, no quedó absolutamente nada. ¿Qué opinas?
—Que ese estúpido planeó muy bien las cosas, probablemente tenía cosas que no quería que descubriéramos en caso de que su plan fracasara o lo descubriera.
—Pero… ¿cómo lo hizo si estaba muerto?
—Un conjuro de enlace, artefactos explosivos y programados como las bombas que tienen ustedes en este mundo, pudieron ser varias cosas.
—¿Y qué crees que trataba de ocultar?
—Era un invocador, probablemente el lugar donde se comunicaba con esa mujer. —susurró el hechicero con odio.
—O sea, ¿Qué hay alguien más merodeando por ahí?
—Me temo que así es, pero sea quien sea… la voy a ¡matar! —dijo con frustración. —No dejaré ningún rastro de ella.
Dagur se asustó por esa forma de hablar de su amigo, pues en lo que llevaba de conocerlo nunca lo había escuchado expresarse así de alguien; sin embargo, ese Hiccup que estaba con él, en definitiva, era más humano al feliz, perfecto y hechizado Hiccup con el que había lidiado en el pasado.
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Al cabo de unos minutos, policía y hechicero llegaron al hospital, este último sintió un peso extra cayendo sobre él con sólo ver el edificio; sin embargo, impulsado por su amigo, bajó del auto y no le quedó de otra más que prepararse mentalmente para lo que se aproximaba.
En cuanto entraron a la edificación, a quien de inmediato vieron fueron a la Srta. Grunion junto con Mala, ambas parecían estarlos esperando en la recepción del hospital. La primera se veía de mal humor, tal como en el día anterior, la segunda muy tranquila.
—Srta Grunion, mi Malabu… buenos días. —saludó Dagur con el desquiciado humor que lo caracterizaba.
—Buenos días, detective Deranged, Sr. Haddock. —saludó la Grunion viendo con su enojado rostro al castaño.
—Buen día. —saludó este por mera cortesía, porque de "buen día" no le encontraba nada.
—Sr. Haddock, el detective Deranged me hizo llegar su informe, lamento lo ocurrido y espero que comprenda también que no se buscaba indisponerlo, sólo nos apegamos a nuestros procesos.
—Entiendo y no se preocupe, lo único que me importa ahora es ver cómo está… mi esposa. —dijo con un poco de dificultad.
—Por supuesto, Hiccup. —Se escuchó decir a un tercero,
El aludido vio que se trataba de la doctora que había atendido a su aliada el día anterior, la que le dio esa horrible noticia.
—Srta. Grunion, supongo que ya no hay ningún impedimento para que el Sr. Haddock acompañe a mi paciente.
—No lo hay Dra. Atali, el Sr. Haddock es libre de ver a su esposa, yo arreglaré lo que falte con el detective Deranged.
—Gracias, señorita. Hiccup, si gustas acompañarme. —invitó Atali a que lo siguiera.
Hiccup asintió, y con una leve inclinación de su cabeza se despidió y agradeció al mismo tiempo tanto a Dagur como a Mala, tomó la maleta y siguió a la doctora.
Cuando se alejaron un poco del área de recepción; Hiccup preguntó:
—¿Cómo está ella?
Atali suspiró, eso le dio un mal indicio.
—No ha querido hablar, tampoco comer… ni si quiera ha podido llorar, pero la tenemos con un suero intravenoso para mantenerla hidratada. Aparte de lo que pasó con el bebé, mi equipo y yo atendimos varias laceraciones que tenía en el cuerpo, incluyendo una luxación en el brazo, va a tener que guardar más reposo de lo que generalmente se indica, por lo que por el momento no la daré de alta, me preocupa su falta de ánimo y también de energía.
El hechicero apretó los puños, pues esa falta de energía no sólo se debía a la falta de alimento o de ánimo, también era por causa del egni.
—Así que espero que tú visita la conforte un poco y acceda un poco más al tratamiento; porque estas cosas suelen ser muy difíciles, en especial para la madre.
Hiccup sintió un nudo en la garganta y sus ojos lagrimearon de sólo pensarlo; sin embargo, se abstuvo de llorar.
—¿Tú cómo estás? —preguntó Atali al verlo aguantándose.
—Yo no importo. —respondió este tragándose su nudo.
Atali asintió levemente, y como profesional sabía que esas cosas tendían a pasar también con los padres, los cuales, en su mayoría, pretendían cargar con todo el peso y el dolor. Algo que era imposible de hacer por uno mismo.
—Dra. Atali…—interrumpió Hiccup sus pensamientos.
—¿sí?
—Tal vez le suene extraña mi pregunta, y tal vez ni siquiera lo recuerde con claridad, pero… ¿cómo fue ese día… cuándo le dijo a ella qué…
Atali sonrió, y se detuvo en medio del pasillo.
—Lo recuerdo muy bien. Astrid venía cada cierto tiempo por unas vitaminas para los niños.
—¿Vitaminas? —repitió Hiccup y rememoró un recuerdo no tan viejo.
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Semanas atrás.
—Oigan ustedes dos, no deben de comer dulces antes de la comida. —dijo cuando vio a los pequeños con un frasco.
—¡No son dulces! Son vitaminas. —aclaró Zephyr dándole una a su hermano. —Y sólo nos tomamos una al día, de acuerdo con la prescripción de la doctora.
—Con lo que me importa. —susurró el mayor viendo entre el refrigerador que podía hacer para comer.
—A final de mes deben ir por más. —dijo la niña mostrándole el frasco al cual le quedaban al menos para un par de semanas.
—Sí, claro, como sea. —respondió este restándole importancia, lo único que quería hacer era hacer de comer e ir otra vez a dormir, para en la noche ir de cacería.
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Hiccup bajó la cabeza apenado. Si no se hubiera comportado como un imbécil, si hubiera hecho caso en atender a los niños desde un principio, probablemente hubiera estado enterado del embarazo desde antes del los ataques.
—Sí, supongo que, para estas fechas, los niños ya no deben de tener vitaminas, si te regresas a tu casa, te daré otro frasco para que les des. —continuó Atali.
El padre sólo asintió cabizbajo.
—En fin, como te decía… Astrid vino ese día a que le preinscribiera más de esas vitaminas; sin embargo, cuando la vi, la noté extraña, estaba un poco pálida, aunque ella me aseguró que se sentía bien, estaba feliz.
¿Feliz? Hiccup se desconcertó, no podía imaginarse cómo era su aliada siendo feliz.
—Pero como médico, no podía dejarla, así como así, por lo que le pedí que me permitiera revisarla. Ella aceptó de mala gana, tú sabes cómo es, y le hice las preguntas de rutina: ¿si había estado comiendo bien? ¿durmiendo? ¿Si le dolía esto o el otro?...
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—Dr. Atali… ya le dije que no es nada. —aseguró Astrid con una sonrisa.
—¿Cuándo fue tu último periodo? —insistió.
Astrid entonces contó mentalmente.
—Mmm… como hace cuatro semanas.
—¿Y no te ha llegado? ¿eso no te dice nada? ¿Cuándo fue la última vez que tuviste relaciones?
—Hace unos días. —respondió esta con vergüenza. —Pero bueno, mi esposo y yo… tenemos relaciones con frecuencia, no digo que todos los días, pero sí… al menos una vez por semana. —admitió con una sonrisita.
—¿Y con qué frecuencia "terminan" o se están cuidando?
Astrid rodó los ojos sonrojada.
—Astrid, te lo advertí. —regañó Atali. —Si te embarazas otra vez puede ser riesgoso para tú salud.
—¿Cree que estoy embarazada? —preguntó esta con una sonrisa e ignorando todo lo demás.
—No está de más hacer una prueba. —resopló la doctora sintiéndose ignorada. —Porque puede ser eso u otra cosa.
—¿Otra cosa? —repitió la rubia cambiando su feliz expresión a una preocupada.
—Si, pero para descartar una cosa o la otra, es necesario hacerte un examen de sangre, así que…—le advirtió mostrando el lugar que debía tomar para hacerle dicha prueba.
—Bueno, si no hay de otra…—dijo esta subiéndose la manga del suéter que llevaba puesto. — Aunque no creo que sea un embarazo, es decir, ¡ay! la verdad ya ni sé qué pensar, con mis dos pequeños los embarazos fueron tan diferentes y los partos tan difíciles.
—Quédate quieta. —ordenó la doctora a la parlanchina chica.
—Ups… perdón. —se silenció de inmediato.
La médico entonces comenzó su labor y clavó la aguja en la piel de la rubia, una vez que extrajo la sangre, la etiquetó debidamente y la colocó junto con otros tubitos que analizaría esa misma tarde.
—¿Cuándo tendrá el resultado? —preguntó Astrid limpiándose la poca sangre que le había quedado del pinchazo.
—En dos días, ¿Te agendo la cita para el sábado?
—Sí, por favor. Que sea en la mañana, no quiero que mi esposo sepa que vendré, luego se preocupa demasiado.
—Bueno, igual se tendrá que enterar de lo que arrojen los resultado ¿no?
—Sí, pero hasta no saber qué es… ¿para qué afligirlo? —dijo Astrid sonriente.
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—Hasta ese día, todo parecía normal; sin embargo, cuando se llegó el día de la cita, ella tenía otro semblante.
—¿Otro semblante?
—Sí, parecía preocupada y un poco apurada.
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—¿viniste tú sola o te trajo tu esposo? —preguntó Atali para hacerle plática.
—No, vine sola… —respondió con una sonrisa tenue. —¿Qué dicen mis resultados? —preguntó para ir directamente al grano.
Atali se extrañó un poco con su actitud; sin embargo, no le encontró caso hacer más larga la consulta, así que, sin más, le pasó la hoja con los resultados a su paciente.
—Felicidades, estás embarazada… otra vez. —dijo con una sonrisita.
Entonces la preocupación se le esfumó a Astrid, quien a pesar de que no entendía muy bien toda la palabrería médica en el papel suspiró feliz al ver la palabra "Positivo" en una de sus líneas.
—Ay dioses. —suspiró y sonrió. —¿Otra vez?
La doctora asintió.
— No puedo creerlo, es decir, sí sabía que había una probabilidad, pero, ay dioses, ya me lo estoy imaginando, lo tengo en la mente…—dijo ensoñada y emocionada. —Será igualito a su papá, con unos ojos verdes como los que le heredó a Nuffink y ese cabello castaño rojizo como el que le dio a Zephyr, y creo que también será muy hablador, y por eso estoy siendo demasiado parlanchina y ese puede ser un síntoma… ¿no lo cree así doctora? —preguntó Astrid con una hermosa sonrisa.
La médico no pudo evitar reír con las ocurrencias de su paciente; sin embargo, pronto su sonrisa se desvaneció pues había algo más que debía decirle.
—Hay algo más que debes de saber Astrid. —dijo con seriedad.
La aludida dejó de soñar despierta y puso rápidamente atención a su doctora.
—Es que lo "otro" que te comenté, también salió positivo en tu examen.
Astrid se asustó y sintió una punzada en el pecho.
—No es muy grave si se tiene cuidado. Lo otro que arrojó el examen es que presentas un cuadro de anemia por deficiencia de vitaminas.
—¿Y eso le puede afectar al bebé? —preguntó llevándose una mano al vientre.
—Si no se tiene el cuidado adecuado hay riesgo de que sea un parto prematuro, que el bebé nazca con bajo peso y en el peor de los casos… un aborto.
Astrid se mordió las uñas de sólo pensarlo.
—Pero no te preocupes, te daré una lista de alimentos con la cual podemos combatir ese nivel bajo de vitaminas. —dijo entregándole otra hoja. —Si te alimentas correctamente, igual para la siguiente revisión el examen puede dar resultados más favorables. Así que dime… ¿cuándo te agendo la cita y también la ecografía?
—Uh… bueno... acerca de eso. —balbuceó Astrid dejando todo lo demás por un lado. —No sé si para la otra venga a este hospital para revisión.
—¿Cómo?
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—¿Cómo? —se desconcertó Hiccup. —¿Por qué le dijo eso?
Atali se encogió de hombros.
—Me dijo que ustedes planeaban mudarse a otro sitio, que te iban a cambiar de puesto en el trabajo o algo así.
—¿En serio? —frunció este el entrecejo.
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—Entiendo, será muy triste no verte, he atendido tus anteriores embarazos y partos previos, será triste no darle seguimiento a este nuevo bebé.
—Sí, lo sé. Espero que mi próxima doctora sea tan buena como tú, en todos los ámbitos.
—Gracias Astrid… por cierto. ¿le vas a decir a tu esposo sobre los resultados?
—Tengo que. —suspiró preocupada. —Sé que se pondrá feliz con lo del nuevo bebé, pero enloquecerá con lo de la anemia. —rio rodando los ojos.
—Así son los hombres y más cuando aman a su esposa. —rio Atali. —Entonces… ¿se lo dirás hoy?
—Sí, es lo más probable… o igual mañana, quiero pensar muy bien cómo se lo diré y no sólo decirle… "Eh Hiccup… ¿adivina qué? Estoy embarazada".
—Bueno, lo importante es que se entere… ya que entre ambos deben de cuidar a ese bebé.
—Lo sé, no se preocupe… yo se lo diré. —prometió esta sonriente.
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—Por eso creí ayer que tú ya lo sabías, y la verdad no comprendo por qué Astrid te lo ocultaría.
Hiccup negó con su cabeza, no concordando con la doctora. Pues algo en su corazón le decía que ella sí se lo había dicho, pero su mente no podía recordarlo.
—Ahm… ¿cree que pueda ir a verla? —dijo limpiándose rápidamente las lagrimillas del rostro.
Atali asintió y le señaló la salida para que prosiguieran; Hiccup sólo tomó la maleta que Heather le había dado y salió presuroso de la oficina.
Nuevamente en los pasillos, Hiccup sintió que estaba próximo a llegar a su destino, pues hacia donde lo dirigía Atali era al área de maternidad en donde destacaban varias mujeres embarazadas, así como los chillidos de muchos recién nacidos. Un lugar un poco contraproducente para alguien que acababa de perder a un hijo; sin embargo, tal vez eso no lo tenía muy claro el hospital, pues Atali lo llevó a un espacio donde había varias camillas, separadas apenas por unos paneles y cortinas.
—Está aquí. —señaló Atali un espacio cubierto con una cortina la cual, sin más, abrió para mostrar a quien estaba adentro.
Hiccup ahogó un grito con su mano al ver a su compañera de batallas en la camilla, tan pálida, tan carente de vida, con su cabeza ladeada hacia un lado y su vista perdida hacia un punto desconocido en el panel. Uno de sus brazos tenía un cabestrillo puesto y en el otro tenía una aguja incrustada conectada a un suero.
—Astrid, Hiccup está aquí…—le avisó Atali con mucha delicadeza, pero esta no respondió, parecía no importarle. —¿Quieres comer algo? —intentó nuevamente.
La convaleciente negó con su cabeza, a lo que Atali ya no insistió y sólo revisó su suero para después volver con el desconcertado Hiccup.
—No quiere comer todavía. —le susurró. — pero ordenaré que más tarde le traigan algo, si puedes ayudarme a confortarla, tal vez lo que necesita es que llore, necesita desahogarse y quien mejor que tú para que lo haga.
"Si supiera" pensó Hiccup para sus adentros, pensando que él era la última persona que su antes enemiga quisiera ver en ese momento; sin embargo, no dijo nada y dejó que Atali se fuera.
Sin saber cómo proceder o que hacer, Hiccup comenzó a acercarse lentamente a ella, cuando de repente:
—¿Qué quieres? —musitó ella tenuemente.
Hiccup tragó saliva.
—Yo sólo…
—¿Viniste… a burlarte de mí? —cuestionó con dolor, aun con su vista perdida en la pared.
—No…—susurró Hiccup casi inaudible.
—Entonces… ¿qué haces aquí?
—Vine porque quise…
—¿Por qué?
—Era también mi hijo…—respondió con otro susurro.
La de la camilla se estremeció y con su mano libre apretó la cobija que la abrigaba.
—¿Cómo lo sabes? —cuestionó tratando de provocarlo como aquella vez en Noche buena.
—Lo sé y es todo lo que me importa. —respondió este despectivamente.
—Ni siquiera sabías que existía. —recriminó Astrid entre dientes.
—Tú tampoco lo sabías.
Con tal osadía, la que estaba en la camilla resopló con notable furia; sin embargo, el hacerlo le causaba dolor en su vientre vacío.
—No lo sabías. —repitió nuevamente Hiccup más sutilmente. —Y no es tú culpa Astrid…
—¿Por qué me llamas por mi nombre? —recriminó esta sintiéndose cada vez más incómoda con su presencia.
—Porque estoy ¡HARTO! —resopló Hiccup sacando su frustración. —¡ESTOY, HARTO, ¡HARTO!... ¿Tú no lo estás? ¡¿no estás cansada de estas estupideces?! ¿De esta estúpida rencilla por causa de nuestras familias?
La de la cama no respondió; sólo se encogió en su sitio y evitó verlo.
—Astrid… ¿no estás cansada?... —repitió nuevamente Hiccup evitando a toda costa llorar en su presencia. —olvídate de todas esas idioteces de los Hofferson, ellos no están aquí… sé tú misma, ¡maldita sea!
—¡Déjame en paz! —vociferó esta enojada. —¡Lárgate!
—No, no lo voy a hacer. —aclaró Hiccup furioso, yendo del lado hacia donde ella miraba.
—¿Qué quieres? —gruñó molesta. —¡¿Qué no ves que no te tolero?!
—¡Pues no me importa!... ¡Quiero que llores, maldita sea! —respondió este acercando su rostro a ella. —¡Que grites, que te desahogues, que muestres por una maldita vez en tu vida tus sentimientos!
—Que fácil decirlo, cuando no sabes siquiera lo que siento…—recriminó esta sintiendo un nudo en la garganta de sólo ver aquellos ojos verdes. —Cuando no sabes lo que me hicieron, lo que vi…—dijo con dolor.
—Entonces ayúdame a comprender—dijo Hiccup más compasivamente. —Quiero comprender lo que sientes no sólo en tu cuerpo, si no también en tu corazón, quiero que me digas todo lo que sientes.
Astrid contuvo el aliento, lo que provocó que su pecho comenzará a contraerse involuntariamente, y sus ojos no pudieron evitar empañarse a costa de su voluntad.
—¿por qué no sólo lloras, Astrid? —ofreció Hiccup derramando unas lagrimillas. —Nadie te juzgará, nadie se burlará…
—No es tan fácil…—susurró esta con dolor, apretando sus labios contra su boca para tratar de retener aquel sentir, ese dolor.
—Claro que es fácil, sólo debes dejarlo salir… piensa en él…
"Pensar en él" tan sólo esa frase bastó para que Astrid dejara escapar un quejido doloroso para después quebrar en llanto ante el padre de sus hijos, mientras que en su cabeza rememoraba nuevamente la imagen de aquel ser diminuto en aquella pantalla, aquel pequeño al que apenas hacía un día había conocido y perdido.
Con dolor cubrió apenada su rostro y tratando de evitar que su antes de enemigo la viera, trató de ocultar su dolor entre su mano y la almohadilla.
Pero era inevitable no verla, Hiccup sintió pesar al verla sufrir, le dolió verla así, y no supo de qué otra manera podía confortarla sin parecer un completo hipócrita; sin embargo, apenas cuando iba intentar algo, sus intenciones se disiparon por una repentina sacudida que sintió como una onda expansiva.
—¿Qué fue eso? —se preguntó asustado, viendo como los utensilios en ese pequeño cuarto comenzaron a vibrar y no sólo eso, de repente el mundo que estaba afuera comenzó a agitarse con pánico por el temblor que se sintió por debajo de sus pies.
Entonces volvió su mirada a su compañera y vio lo que sucedía, en medio de su dolor y de su llanto, Astrid estaba expulsando una gran cantidad de egni que apenas era visible para él y el cual estaba provocando un inesperado terremoto.
Asustado, comprendió porque le tenían prohibido llorar.
Continuará.
Hasta aquí le dejo, por que ya es muy tarde, y la próxima semana quien sabe si podré actualizar.
Para los que tenían curiosidad por saber cómo eran ellos hechizados, espero que les haya gustado ese Flashback por parte de Atali.
Agradecimientos especiales a:
K FanNeutex; 2Sonic1808; Vivi ntvg, Maylu Liya, DlyDragon, Sandy 97; Dark Hime, Amai do. Gracias por sus comentarios, sus teorías y agradecimientos. Espero que les haya gustado.
A los seguidores, anónimos y favoritos, nos seguimos leyendo, muchas gracias. Saludos.
13 abril de 2020
