POV. Christian Grey.

—Eras virgen... —susurro.

¡Maldita sea!

Acabo de quitarle su inocencia, pero, ¿por qué no me dijo nada? ¡Fui una bestia con ella! No, no, no. No puede ser. ¡Joder!

Paso repetidamente las manos por mi cabello, joder, ¿y ahora qué hago? No le puedo decir que se vaya porque ahí si me odiaría. Pero ahora, hasta yo mismo me odio. ¿Cómo puede ser posible que yo le haya hecho eso a ella? Aunque tampoco se resistió.

¡Estaba comprometida! ¿Cómo es posible que ella estaba comprometida y era virgen?

«Tal vez es de las que se guardan para el matrimonio, Grey».

¡Soy un desgraciado! ¿Por qué le tuve que hacer eso a ella? Aunque admito que fue lo mejor que me ha pasado en la vida, ha sido el mejor sexo.

—Christian... —comienza a hablar Ana pero la interrumpo.

—Perdóname, por favor, Ana, esto no debió pasar, lo siento —digo mientras salgo de la cama y comienzo a vestirme.

Ella debe estar odiándome ahora mismo por haberla desvirgado. ¡Joder!

—¿Te arrepientes de haber estado conmigo? —pregunta en un susurro.

¿Qué si me arrepiento? ¡Ja! En lo absoluto. Ella es la que debe estar arrepentida de haberlo hecho conmigo.

—No... Es que... Yo... —comienzo a tartamudear, ¿qué le puedo decir?

Miro sus ojos y puedo ver el dolor reflejado ahí. No, yo no quiero que ella se sienta mal.

—Tranquilo, Grey, que yo también me arrepiento —dice ella con decisión mientras me observa.

Su mirada me da temor, se ve tan firme y seria, ella está molesta, molesta conmigo, porque fui un desgraciado.

Esas palabras son como una daga en mi corazón. ¡Lo sabía! Ella se arrepiente de haber estado conmigo.

—Yo... No quería que te sintieras obligada a hacerlo —murmuro mirando a un punto fijo en la pared.

—Yo no me sentí obligada, lo hice porque quise, porque lo deseaba, pero ahora veo que el que no quería eras tú, me hubieses dicho que no querías antes y nos hubiéramos ahorrado toda esta discusión, y ahora mismo no estaría sintiendo lo mal que estoy —espeta ella enojada—. Esto me pasa por tonta —susurra, pero creo que lo hizo más para ella misma.

—Yo también quería, pero... ¿por qué no me dijiste que eras virgen? —pregunto en un susurro.

—Porque no quería que me rechazaras, pero no pude evitar nada porque ahora mismo lo estás haciendo, y ahora me doy cuenta que era mejor que me rechazaras antes a que lo hicieras ahora.

Tiene razón, no hubiéramos hecho nada si ella me lo hubiera dicho, no soy tan malo como para quitarle su inocencia cuando lo sabía.

—¿Sabes qué, Christian? Estás haciendo un escándalo por algo que ya no se puede arreglar, es mejor que me vaya a la habitación —dice ella mientras empieza a colocarse su albornoz.

No quiero que ella se vaya, yo la quiero acostada en mi cama, abrazada a mí, pero creo que lo mejor sería darle su espacio.

Ana sale de mi habitación sin mirar atrás mientras que yo me vuelvo a acostar en mi cama a reclamarme a mí mismo por ser tan estúpido.

POV. Anastasia Steele.

Salgo de la habitación con el corazón hecho pedacitos, él se arrepiente de haber estado conmigo, sabía que me rechazaría si le decía que era virgen, pero ahora veo que era mejor que me rechazara en ese momento que después de hacer el amor.

Corro hacia la segunda planta y llego a la habitación, me tiro en la cama y dejo salir las lágrimas que tenía retenidas.

—Eso te pasa por estúpida, Ana —me digo a mi misma mientras golpeo la almohada.

¡Estúpida, Ana! ¡Estúpida, estúpida, estúpida!

Ahora todo se volverá incómodo entre nosotros, ¿qué se supone que tengo que hacer?

¿Tengo que irme de aquí?

¡Esto es tan jodido!

¡Eso te pasa por acostarte con él!

Soy una tonta por hacerme ilusiones con él, por soñar como lo hacía desde pequeña.

Yo pensé que por lo menos Christian sentía algo por mí, pensé que él era... era diferente a los demás hombres.

Pensaste mal.

En estos momentos tengo muchos sentimientos encontrados, estoy triste, muy triste. Estoy furiosa conmigo misma, me siento humillada, me siento de todo.

¡Tonta, Ana!

Estoy muy cansada, lo mejor será dormir, no quiero pensar, no por los momentos.

Mis ojos se cierran y me dejo llevar por el sueño, un sueño triste y solitario.

POV. Christian Grey.

Ya hace dos horas que Ana salió de mi habitación, así que me levanto de mi cama y decido subir a la segunda planta para irla a buscar y disculparme con ella. No fue mi intención hacerla sentir mal.

Sé que mi reacción no fue la más bonita, pero estaba así como que en un estado de shock.

Nunca en mi vida hubiera creído que Ana a sus veintiún años era virgen. Bueno, ahora no lo es, porque yo le quite la virginidad, ha sido sólo mía.

¡Joder, que bien se siente ese pensamiento!

El saber que ella no ha estado con otro hombre me encanta, eso sí que es tener suerte.

No, Grey, no puedes perder a Ana.

Es verdad, ella es muy valiosa para mí, sé que ella me gusta demasiado, pero no quiero que ella se avergüence de mí, por ser un stripper.

Mejor deja de pensar, Grey.

Cuando llego a la habitación de Ana toco la puerta dos veces pero ella no me responde, joder, sí que está furiosa.

Decido entrar a la habitación y la encuentro acostada en la cama, con su cabello esparcido por los lados mientras ella duerme plácidamente. Se ve tan jodidamente hermosa así.

Me acerco lentamente hasta situarme a un lado de la cama, y con mis manos acaricio su castaño cabello, sintiendo su suavidad entre mis dedos.

Veo como ella poco a poco va abriendo sus ojos, que están un poco hinchados. Ella ha llorado, ha llorado por mi culpa. No puedo evitar sentirme mal.

—Hola —digo en un susurro apenas audible.

Ella no me responde, sólo se dedica a mirarme detenidamente, su mirada no es como la de antes.

Esta es seria y tiene la tristeza plasmada ahí.

Y me duele saber que es por mí.

—Si vienes a decirme que recoja mi ropa y que me vaya, tranquilo que mañana a primera hora no me verás más —murmura decidida.

No lo puedo creer, ella se quiere ir, bueno, en realidad no lo dijo así.

—¿Qué?

—Ya obtuviste lo que quisiste ¿no? Ahora cogeré la poca dignidad que me queda y me iré, así de sencillo.

Siento como el temor comienza a apoderarse de mí. Ella no se puede ir, yo no la puedo dejar ir, eso sí que no.

—No —digo bruscamente haciéndola sobresaltar—. Tú no puedes ir, Ana, no me puedes dejar otra vez solo.

Ella me mira sorprendida, ¿qué pretendía? ¿Qué me iba a alegrar porque se fuera?

—Christian, ¿qué caso tiene quedarme si te arrepientes de haber estado conmigo? Sólo quiero dejar de humillarme a mí misma —dice ella y sus ojos se comienzan a cristalizar.

No quiero que vuelva a llorar.

—Yo no me arrepiento de haber estado contigo, al contrario, eso fue lo mejor que me ha pasado en toda la puta vida, Ana, lo mejor —murmuro tomándola por los brazos—. Ahora me doy cuenta de que eres mía. Solamente mía.

La beso con furia, transmitiéndole lo tanto que la deseo, lo tanto que la quiero a mi lado.