Los personajes de Twlight no me pertenecen y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.

Disfrútenlo.


Día 27

Estábamos buscando excusas para no levantarnos, eso era más que evidente. Lo miraba e intentaba mantener el rostro sin expresión, pues decidimos jugar a "el primero que ríe, pierde". De pronto, comenzó a ponerse bizco y no aguanté más, terminé carcajeándome.

—¡Así no vale! —hablé con un puchero.

—No establecimos ninguna regla además de que no podríamos reír. Ya fue, Garrapata, perdiste.

—¡Vamos de nuevo! —pedí, con esperanza de ganar por lo menos una vez.

—No, de ninguna manera. Te conozco cuando comienzas a volverte loca obsesiva con algún juego. Acepta que perdiste, Garrapata. Es muy simple, mira: soy el ganador, tú la perdedora —dijo y como respuesta fruncí el rostro—. ¡Oh Dios mío, no necesitas hacer cara de enojada!

—¡Siempre ganas todo!

—Gano nada.

—¡Dime entonces cuándo fue la última vez que gané alguna cosa contigo!

—Ganaste… mi corazón —habló serio, pero de pronto no aguantó y comenzó a reír—. No puedo decir esas cosas sin reír, disculpa, amor.

—Eres muy bobo —respondí, pero tenía una sonrisa en el rostro.

—Relájate, Garrapata, estoy seguro que aún vamos a tener muchas reuniones de familia en las que te unirás a mi padre para derrotarme.

—¡Seguro! —exclamé, recordando cuán bueno era Carlisle en los juegos—. Solo tenemos que buscar un tiempo en la agenda para eso, ¿eh?

—¿Cómo así?

—Con mi trabajo y el tuyo… tenemos que encontrar un día específico en que ambos estemos libres, ¿cierto?

—Encontraremos una manera, vamos a intentar programas las cosas para la semana que no trabajas.

—¿Y cuando estés de gira?

—Eso es solo dentro de seis meses, Garrapata. Vamos a dejar para preocuparnos por eso cuando la fecha llegue, ¿qué tal?

—No logro pensar así, soy una paranoica, ¿olvidaste? Pensé en pedir mis vacaciones cuando estés de gira, porque así puedo viajar contigo por lo menos por un mes.

—Es una buena solución. Si la gira fuera por Europa, puedes sacar tus vacaciones en ese periodo. Mientras esté haciendo shows aquí en Estados unidos, es más fácil vernos. Va a ser muy estresante, pero creo que, si nos empeñamos para hacerlo funcionar, lograremos todo eso.

—Sí, es lo que espero —hablé con un alto suspiro.

—Te preocupas mucho, Garrapata. Mientras tanto, vamos a tener que aprender a lidiar con eso, son las elecciones que hicimos para nuestra vida.

—Lo sé, pero ni por eso es fácil. Parece que estoy viviendo en cuenta regresiva, ¿sabes? Fui mal acostumbrada. Las relaciones no empiezan de la manera que la nuestra comenzó. Estamos todo el tiempo juntos, viviendo bajo el mismo techo… llevamos una vida de casados y estamos juntos hace menos de un mes. Parece que comenzamos desde el final, ¿entiendes? Y tu presencia es tan importante para mí, que no sé cómo voy a hacer cuando esté lejos de ti, en casa de otra persona. Cuando viva con otro artista, va a ser esa vida la que voy a tener que vivir y eso nunca me asustó, pero ahora asusta.

—¿Quieres seguir haciendo ese trabajo?

—Creo que si —respondí—. Me enorgullezco mucho de lo que creé. Exige mucho de mí, toma por completo mi tiempo, pero es mío, ¿sabes?

—Sí, creo que no deberíamos pensar mucho en eso. Entiendo tu lado, pero no es algo que hemos vivido aún, Garrapata; quedarnos cuestionándonos, pensando, imaginando situaciones y sufrir antes de tiempo. Ya dejamos más que claro que, sea lo que sea que pase, estaremos juntos, no tenemos porqué estar presionando siempre esa tecla de "¿Y si no funciona?" ¿Qué tal si lo hacemos diferente? En lugar de pensar por el lado negativo, pensemos de manera optimista. Si todo funciona y si hago mi gira por Europa, ¿a dónde te gustaría ir conmigo?

—¡Italia! —respondí animada—. ¡También París!

—París va a ser bueno, voy a poder entrenar mi francés oxidado.

—Dios mío, ¿hablas de verdad francés? —indagué—. Recuerdo mi primer día aquí, que estábamos viendo una película y comenzaste a cantar una canción en francés, pero creí que solo te sabías esa parte.

—Lo habló super mal —dijo riendo—. Pero creo que lograré darme una gira por la ciudad. La última vez que estuve en París, en la gira del CD pasado, logré hablar algunas tonterías en el show y ser comprendido. Una pena que no tuve tiempo para hacer turismo por la ciudad.

—¿Será que cuando vayamos, podremos hacer eso? —indagué—. Así como andan los paparazzi últimamente.

—Creo que sí. Si nos quieren fotografiar, que nos fotografíen, no quiero dejar de vivir por causa de eso, ¿eh? Si tenemos la oportunidad de ir a Francia, espero poder quedarme ahí por unos días.

—Será increíble —dije con un suspiro de felicidad.

—¿Viste cómo el pensar por el lado optimista es siempre más genial?

—Aham —respondí, ofreciéndole una sonrisa.

Nos quedamos un tiempo conversando e imaginando situaciones futuras que soñábamos un día se volvieran realidad. Babeaba siempre que Edward me contaba sobre los lugares que ha conocido y mi corazón se inflaba cada vez que decía que quería hacer sus viajes conmigo. Era tan significante ver que él me incluía en su futuro, la forma en que se expresaba, la manera que siempre estaba en sus planes me hacía pensar que esos días vividos con James no fueron nada. Absolutamente nada. Había sido una estúpida al pensar que esa relación podría haber tenido algún futuro.

Mirándolo a él, su manera de sonreír, sus dientes blancos, sus ojos verdes que brillaban, el tono ronco de su voz por la mañana… Dios, lo amo tanto que me llega a dar ganas de llorar.

—¿Qué pasó? —cuestionó.

—Nada. ¿Por qué?

—Tus facciones cambiaron. Estábamos riendo, ahora tienes una mirada triste.

—¿La tengo? —indagué y asintió—. No me siento triste, creo que solo estoy melancólica.

—Ven aquí.

Abrió los brazos y me puse encima de su pecho. Besó mi cabeza y levanté el rostro para retribuir el mismo gesto en sus labios. Fue simple y cuidadoso, pero en seguida comencé a distribuir besitos por todo su rostro. Primero en su frente, lugar que solo lograba besar cuando estábamos acostados, debido a su altura; después besé sus parpados, lo que hizo que comenzara a reír, pero continué. Sus mejillas que, al contrario de las mías, raramente estaban rosas. Su nariz masculina y tierna. Calma ahí, ¿acaso acabo de decir que la nariz de mi novio es tierna? Qué bueno que no lee mis pensamientos. Por fin besé un poco más sus labios, porque eso nunca me cansaba de hacerlo.

Cuando el hambre comenzó a hacerse notar, bajamos y fuimos al comedor para desayunar con Zafrina y Carmen, ya que Emmett y Rosalie habían dejado la casa a las seis de la mañana.

Apenas terminamos, Edward sugirió que nos quedáramos en el futón al lado de la piscina, ya que solo hasta más saldríamos para un photoshoot que Edward haría para la revista gay "GLAM".

—Me puse un bikini y me quedé acostada en la cómoda cama, con Edward a mi lado. Me puse los lentes de sol y un poco de protector solar para que los rayos ultravioletas no maltrataran mi piel

—Tu piercing siempre empieza a centellar cuando estamos en el sol —comenzó, molestando la joya con su dedo.

—Y siempre metes el dedo —hablé con una risa.

—Me gusta. Es delicado, hay gente que se pone una argolla en lugar de una bolita como ésta, ahí no es ni un poco sexy.

—Tsc, hace días que no hablo con Angela —comenté al recordar que mi amiga era la razón de tener un piercing—, por lo menos nos dijimos que nos veríamos cuando regrese a casa.

—Debe entender, tu vida es agitada, no es fácil. Estoy completamente seguro que ella sabe que te importa.

—Lo sabe.

—Quisiera ser más cercano a tus amigos —dijo, tomándome por sorpresa.

—¿Cómo así?

—No sé, quisiera conocer a todo el mundo que es importante para ti. Sé que ya conocí a Angela, pero vamos a admitir que ella aún debe pensar en mí como "la celebridad Edward Cullen". Quisiera que me conozca como tu novio. Su marido también me pareció ser una persona genial.

—¿Quieres salir con ellos de nuevo? —cuestioné.

—Quiero. Sé que debemos tener una oportunidad más en el futuro, pero no sé, estaba pensando en llamarlos para cenar aquí en casa o algo así.

—¿De verdad? —pregunté sorprendida.

—Sí. ¿Por qué el espanto?

—No sé. Creí que no te iba a importar mucho mis amigos o que tenías miedo de traer extraños a tu casa.

—Claro que no, Bella —dijo riendo—. Y si son tus amigos, no son extraños para mí.

—Podríamos cuadrar algo con ellos, pero ahora parece que el tiempo está apretado. ¿Mañana en la noche no tienes una grabación en San Francisco?

—Sí.

—Y pasado mañana volaremos a Nueva York —afirmé, recordando muy bien la agenda de Edward.

—Lo sé —dijo suspirando.

—Y el último día…

—En el último día no tengo nada marcado, hablé con Sophie. Pero quiero estar solo contigo y nadie más.

—Pues sí, es lo que también quiero —afirmé.

—Bien, hoy en la noche no tengo nada que hacer.

—¿Hoy?

—¿Por qué no? Puedo hablar con Zaza ahora mismo y decirle que tendremos dos invitados más para la cena.

—No sé si ellos van a poder. Trabajan, pero normalmente están en casa alrededor de las siete.

—Entonces listo, llámalos y ve si pueden visitarnos para la cena alrededor de las ocho, ya que la casa de Angela es más o menos a una hora de distancia de aquí.

—¡Ok! —respondí y me levanté corriendo para agarrar mi celular.

Mi charla con Angela fue rápida, la verdad, la mayoría del tiempo estuvo nerviosa porque no sabía cómo se vestiría para ir a casa de Edward. después de calmarla y decirle que tenía que olvidar que era un cantante famoso y solo mi novio, al cual ya tuvo oportunidad de conocer una vez, mi amiga se tranquilizó y dijo que estaría sin falta aquí a las ocho.

Al regresar al lado de Edward, cargué a Nessie, que estaba ladrando dentro de casa, probablemente nerviosa porque la habían encerrado.

—¡Ella viene! —le dije a mi novio, animada—. ¡Gracias!

—No tienes por qué agradecer. Esto es tanto para mí como para ti —respondió, dándome un beso en los labios—. Trajiste a mi pequeñita.

—Sí, estaba ladrando —dije, poniendo a Nessie entre nosotros y ella rápidamente se acurrucó al lado de Edward—. Voy a extrañarla.

—Solo a ella, ¿eh? —preguntó, fingiendo estar herido.

—Ni te atrevas a decir eso —hablé enojada, aun sabiendo que estaba bromeando—. Cuando llegué aquí era minúscula, ahora ya tiene tres meses, ¡es una señorita!

—Creo que va a extrañar también la convivencia diaria —dijo, observando a Nessie lamer mi dedo.

—Argh, que ganas de ponerlos en mi maleta.

—Difícil. Solo si creas una píldora que me haga encoger, al mayor estilo de "Querida, encogí a los niños" —habló riendo—. O también puedes comprar mi muñeco.

—¿Tienes un muñeco? ¿Cómo nunca supe de eso? —indagué extrañada.

—Porque el muñeco se parece a todo el mundo, menos a mi —dijo riendo—. Realmente es miedoso. Mamá dijo que iba a demandar y todo, alegando que fui muy bien hecho para que me comparen con un "muñeco feo y horroroso", palabras de ella.

—Solo Esme —hablé riendo.

—Sí, mi mamá es todo un personaje —concordó, lleno de humor en la voz—. Por cierto, tengo que llamarla, antes que Zafrina se ponga a chismear todos los acontecimientos de mi vida.

—Es bueno que corras, porque Zaza es rápida —comenté, riendo y recordando que Carmen había dicho hace algunos días que la encontró en el teléfono hablando con Esme sobre Edward.

—Lo sé, siempre fueron así. Creo que mi mamá extraña mucho a Zaza, ¿sabías? Se puso triste cuando le dije que había convencido a mi abuela de vivir conmigo, pero me hace falta mi familia. Si no tuviera a mi abuela viviendo conmigo aquí en casa, creo que las cosas no serían las mismas.

—También imagino que no. Zafrina es especial. Argh, no quiero ni pensar en tener que despedirme de ella; es bueno que estés con un balde a mi lado, porque seguro lo llenaré de lágrimas.

—No quiero ni verlo. Tengo la certeza absoluta que también te extrañará —afirmó—. Nos conquistaste a todos nosotros. Sabes que Alice no te va a dejar en paz, ¿cierto?

—¿Cómo así?

—Va a encontrar la manera de hablar contigo al menos una vez por semana, estando en casa de un famoso o no. Conozco a mi hermana muy bien, Bella… te va a perturbar.

—Desde que no invada la casa de la persona donde voy a vivir para estar revolviendo en mi armario… —dije riendo.

—Ah, no dudes de Alice, es capaz de todo.

—¿Y crees que no me di cuenta de eso? Pero adoro a tu hermana, además, creo que es difícil que exista una persona que no le agrade ella.

—Ya detesté a Alice varias veces. Principalmente cuando era pequeño.

—No es lo mismo, Edward, apuesto que ustedes peleaban, pero no podían estar mucho tiempo sin hablar. Puedes discutir con Alice cuantas veces quieras, pero es muy notable cuánto se aman.

—Lo sé, ya me cuestioné innumerables veces el cómo puedo continuar amando a esa pigmea.

—¡Para de ser malvado y llamarla así! —hablé, pero no logré controlar la risa.

—Se enojaba tanto cuando comenzaba a llamarla así en frente de sus amigos. Ay, buenos tiempos.

—¡También eres molestoso!

—Nunca lo he negado —habló y, para dejar aún más claro cuánto le gustaba irritar a los otros, estaba soplando el rostro de Nessie. La cachorrita se quedaba lamiendo el aire en dirección a él y Edward se divertía a costa del animalito.

—¡Para de estar soplando en su cara!

—¡A ella le gusta! Se queda lamiendo el aire —insistió.

—Nada que le gusta —dije, agarrándola de sus brazos y rascándole la barriguita—. ¿Viste? Mírala todo relajada, ¡es esto lo que le gusta!

—¡Mira en la posición indecente que pones a nuestra hija! —habló, cruzándole las patitas a Nessie y haciéndome reír.

—¡El único Cachorro tarado que hay aquí eres tú! —exclamé, aun riendo y mordió mi abdomen—. ¡Ay, Edward!

—¡También quiero cariñitos!

—Papá es tan celoso, ¿eh, Nessie? —cuestioné retóricamente, mirando a la cachorrita. Ella estaba casi cerrando los ojos, de tanto que le gustaba las caricias en su barriguita. Aproveché mi mano libre y comencé a rascar el cabello de Edward.

—Ahora sí —dijo, poniendo la cabeza encima de mi pierna y cerrando los ojos.

Aunque mis brazos estuviesen dormidos después de diez minutos de distribuir caricias, continué. Los dos estaban quietitos y el sol golpeaba leve en nuestros cuerpos. Quería quedarme así para siempre, pero sabía que no era posible.

Cuando Zaza vino a llamarnos para el almuerzo, casi se derrite al vernos a los tres acostados y pidió una foto —que inicialmente negué, pero terminó convenciéndome.

—Me mandas una copia también —pedí.

—Ok —dijo, enviando la foto a mi celular, que sonó en seguida.

—Es solo para mí, ¿eh? No vayas a estar mandando esa foto a nadie.

—¡Imagina que haría algo del tipo! —habló un poco tensa.

—Ya se la mandaste a Esme, ¿eh?

—¡Mi dedo se resbaló, lo juro! Fui a mandártela a ti, pero cuando estaba digitando, sin querer puse el nombre de Esme y se fue junto —dijo con el mayor descaro.

—¡Ustedes dos no tienen arreglo! —reprendí, balanceando al cabeza de un lado para otro.

—Disculpa, pero va a estar tan feliz de ver eso —comentó Zaza, sentándose en la cama al lado nuestro y observando si Edward realmente estaba dormido—. Esme se preocupa por Edward, ¿sabes? Siempre temía que fuese a vivir de la música y que nunca iba a encontrar un amor de verdad. Apuesto que, si los viera a ustedes dos en uno de estos momentos, le van a salir lágrimas de los ojos. El cuidado que siempre tuvo con este niño; una madre a veces necesita tener la seguridad que su hijo está siendo amado, aún lejos de ella —afirmó y de pronto su celular sonó—. ¿Viste?

Me mostró la pantalla de su celular y ahí estaba un mensaje de Esme diciendo "Creo que me cayeron algunas pestañas dentro de los ojos, porque solo eso explica las lágrimas cayendo. ¡Son preciosos!"

—Es una madre sobreprotectora, ¿eh? no sé cómo le gusto. Normalmente las suegras odian a las nueras.

—Boberías, sabe el bien que le haces a su hijo —concluyó, levantándose—. Despierta a ese dormilón y ven a almorzar. Sophie llamó al teléfono de casa y dijo que estará aquí dentro de hora y media.

—OK —respondí y me moví para que Edward se despertara—. Cachorro, vamos a despertar.

—Aquí está bueno —habló, olisqueando mi pierna.

—El almuerzo está listo, vamos —dije, aun sosteniendo a Nessie con el otro brazo, pero ella ya había despertado.

—Solo cinco minutitos más —pidió.

Después de concederle a Edward unos minutos más, nos fuimos al comedor. Le informó a Zaza que tendríamos invitados para la cena y ella quedó a preparar algo muy apetitoso para nosotros en la noche; alegando que, como su especialidad eran las pastas, haría que los invitados salieran super satisfechos.

Apenas Sophie llegó a casa nos arreglamos y nos encaminamos al lugar donde Edward haría una sesión de fotos para la revista "GLAM". El artículo esta vez tendría el título "No es solo una carita bonita. Es necesario tener talento". La revista había elegido a los diez más guapos y famosos artistas de Hollywood para hacer esa mega producción, y hoy era el turno de Edward de fotografiarse.

—Tuvimos solo una alteración en el photoshoot —habló Sophie, de camino cuando estábamos en el carro—, quieren hacer unas fotos tuyas solo, pero date por enterado que estás programado para sacarte fotos con otro artista. Creyeron que quedaría mejor formar cinco grupos de dos.

—¿Y sabes con quien me voy a fotografiar?

—Jacob Black —dijo Sophie. Edward hizo mala cara. Comencé a reír. Esto promete.

Al llegar al lugar, Jake ya estaba ahí y corrí a sus brazos, apretándolo con tanta fuerza que estoy segura quedó con falta de aire.

—Hermosa, no necesitas agarrarme como si fuese el último hombre vivo del universo. Hazte para allá y para de restregarte en mí que sabes que tengo alergia —cuchicheó en mi oído con humor en la voz—. ¡Te extrañaba!

—¡Yo también, Jake!

—Qué le dijiste, ¿eh? —cuestionó.

—¿Cómo así?

—Tu novio. Está controlándose para no mirar hacia acá, pero no lo logra. Finge estar mirando a otro lado, solo que de pronto sus ojos se detienen en mí. ¡Bella, le tienes que contar la verdad!

—Lo seeee, pero es tan divertido así —dije, girándome y mirando a Edward. Aproveché y lo llamé con la mano. Estuvo un poco reacio, pero vino en nuestra dirección.

—¿Me llamaste? —cuestionó Edward, colocando los brazos a mi alrededor.

—¡Sí! ¡Estoy tan contenta que ustedes dos van a fotografiarse juntos! —exclamé—. Mi novio y mi mejor amigo, seguro voy a querer una copia.

—Tú y todo el público gay —habló Jake y estoy segura que él estaba incluido, porque cómo es, era capaz de agarrar la foto en la que estaba con Edward y mandar a hacer un poster para estar admirándolo.

—Creo que es tan genial que estén saliendo para esta revista. Hay muchos artistas heterosexuales que tienen prejuicios.

—No logro ver la diferencia de posar para una revista de estas y otra revista teen cualquiera —afirmó Edward—; son dos tipos de público que disfrutan de mi trabajo, ¿por qué sería diferente?

—Verdad —concordó Jake y creo que estaba suspirando un poco. Le di una suave patada en la pierna.

—Jacob, tus fotos individuales serán tomadas ahora —habló el asesor de Jake.

—Ya regreso —dijo, caminando hacia el escenario montado.

—¿Sabes lo que estaba pensando? —indagué, mirando a Edward.

—¿Qué?

—Hablaste que querías conocer a mis mejores amigos… Jake es mi mejor amigo.

—¿A dónde quieres llegar con eso?

—Si él tiene el día libre, ¡podemos invitarlo para cenar en casa!

—Garrapata…

—Eres quien dijo que tenía ganas de conocer a todo el mundo que era importante para mí. ¡Jake es importante para mí!

—No sé si me gustará mucho eso. Aún creo que solo es tu amigo y está esperando para coquetearte —dijo, mirando desconfiado en dirección a Jake. Pobre, no sabía que quien corría peligro era yo, de ver a mi novio siendo atacado por mi mejor amigo.

—Créeme, Cachorro, nunca va a pasar nada entre Jake y yo. ¿No confías en mí?

—Claro que confío en ti, Garrapata —habló bufando—. Ok, puedes invitarlo. Si encuentro que se está pasando de los límites contigo no estoy obligado a ser educado, ¿eh?

—¡No se va a pasar de los límites conmigo! —afirmé. Ya con Edward…

Cuando el fotógrafo llamó a mi novio para juntarse a Jacob, sabía que Jake iba a querer hacer algo. Las primeras fotos fueron uno al lado del otro, sentados en una silla cada uno. El hombre responsable por las fotos gritaba, pidiendo que cambiaran de pose y los chicos intentaban dar lo mejor. En el momento que tenían que sacarse fotos de pie, Jacob puso el brazo encima del hombro de Edward, como si le estuviese ofreciendo un medio abrazo. Edward lo miro desconfiado, pero se sacó la foto así.

Jacob estaba probablemente sintiéndose en el paraíso. Mostraba una gran sonrisa blanca y actuaba como si Edward fuese su íntimo amigo, de años. En cierto momento, hasta me guiñó como quien dice: "Mira, hermosa, estoy disfrutando de tu novio". Sí, estaba segura que eso me diría. No tenía vergüenza en la cara.

—¡Jake, tenemos una invitación que hacerte! —hablé, después que ya se habían sacado millones de fotos.

—¿Aquello? —indagó, mirando a mi novio y a mí con ojos brillantes.

—¿Qué? —cuestioné, sin entender de lo que estaba hablando, pero de pronto recordé lo que comentaba y la invitación que tanto le gustaría recibir—. ¡No! Estoy hablando de una cena en casa de Edward, hoy. Vamos a recibir a unos amigos y me gustaría saber si te apetece ir.

—Ah, sí —habló un poco cabizbajo—. El resto de mi día está libre.

—¡Entonces puedes ir con nosotros ahora!

—Pero solo marcamos la cena para las ocho —dijo Edward—. Vamos a salir de aquí máximo a las seis.

—¡Bien, tengo tiempo para ponerme al día en el chisme con Jake! —comenté con una sonrisa y Edward prácticamente me fusiló con la mirada.

—Voy a hablar con Rupert y ya regreso —dijo Jake.

—Para de estar enojado —dije, dándole a mi novio un beso en los labios, respondió con mucho más ánimo del que esperaba, golpeando accidentalmente mis dientes—. ¡Ay!

—¿Te heriste? —preguntó, mirando mi boca.

—Dolió —hablé, sobándome el diente.

—Disculpa —dijo, quitándome la mano y dándome un suave beso en los labios—. Estoy actuando como un idiota, prometí que no iba a molestar a Jacob y aquí estoy, haciendo el papel de estúpido celoso.

—Pues sí, ya me cansé de decirte que no tienes motivo para actuar así. Cuando realmente conozcas a Jake, vas a ver que es una persona genial.

—Hace poco encontré que estaba forzando una amistad. Queriéndome dar abrazos…

—Es porque no lo conoces realmente, si dejas, él va a querer darte mucho más que eso —comenté, intentando controlarme para no reír—. Es una persona buena, amable, alegre… contagia a todos.

—Solo quiero verlo… —dijo Edward, un poco incrédulo.

Después de la pequeña pausa, fue el turno de Edward de sacarse las fotos individuales y Jake se quedó esperando a mi lado para irnos juntos hasta casa de mi novio.

—Mucho atrevimiento si le digo "¿Si voy a tu casa, me vas a dar de comer?" —cuestionó, haciéndome carcajear por el doble sentido de su frase.

—¡Quita tus ojos de lo que es mío! —avisé—. Tienes que comportarte, Jake, no vamos a estar solo nosotros. Una amiga mía también va y es muy fan tuya.

—Lo sé, solo estoy bromeando contigo —dijo él—. ¡Pero tengo que comentar que está muy guapo! ¿Se ejercita?

—No.

—Niña, ¿entonces eso es solo ejercicio en la cama?

—Prefiero no comentar —respondí con una sonrisa en el rostro.

—¡Eres una sucia! Debes estar todo adolorida, ¿eh?

—¡Jake! —dije exasperada, sintiendo mis mejillas comenzar a quemar y mi voz salió tan alta que todos en el estudio pararon para mirarnos. Perfecto, Edward estaba mirando con mala cara, creyendo que Jacob me había hecho algún comentario inapropiado. La verdad, lo hizo, pero él no sabía que estábamos hablando de él.

—Qué, de la manera que estás todo reservada, llena de sonrisitas, algo me dice que están aprovechando estos últimos días mientras están durmiendo en la misma cama todos los días.

—No es así...

—¿Cómo que no es así? ¿Entonces no pasa nada? ¿Cada uno se gira para un lado y duermen?

—Cuando tenemos ganas, claro que pasa… ¡Para de querer saber de mi vida sexual! —comenté.

—Disculpa si quiero vivir indirectamente a través de ti.

—Si quisieras, podrías estar aprovechando eso —comenté, pues Jake además de ser muy bello, era también un amor de persona. Cualquier hombre sería suertudo de tenerte como novio.

—Lo sé, pero no sé —dijo con desanimo—. Creo que quiero encontrar a alguien como tú, ¿sabes?

—¿Alguien como yo? —cuestioné confundida.

—No —dijo como si fuese una locura lo que había dicho—. Sin ofenderte. Quise decir en el sentido que encontraste a alguien que cambió con todo tu vida, de forma positiva. Creo que quisiera enamorarme, tener a alguien importante a mi lado. Supongo que estoy un poco decaído, Bells; todas las líneas de "All by myself" encajan perfectamente en mi vida. Hasta el "I never needed anyone and making love was just for fun...those days are gone"¹

—Jake, para de tonterías —hablé riendo, pero noté que no acompañó mi risa—. ¿Es en serio? ¿Te estás sintiendo solo?

—No lo sé —dijo, encogiéndose de hombros—. No sé si es una carencia momentánea.

—Vas a ver que es el TPM —hablé, bromeando y esta vez rio.

—Quien sabe y un día me pasa, ¿eh? Falta que mi otra mitad de naranja sea tan buena como la tuya —habló una vez más, mirando a mi novio mientras era fotografiado.

—¡Te voy a dar un puño en la cara, Jacobina! —exclamé, fingiendo estar con rabia y él se carcajeo a mi lado. No me controlé y me uní a él. Nuevamente todos los que estaban en el estudio nos miraron.

—¡Mira, cuando él tiene esa expresión de furia, queda más sexy! —Jake comentó y lo pellizqué en el brazo—. ¡Carajo!

—No necesitas gritar, Jake, sé que te gusta, pero ese de ahí es mío — respondí, apuntando a Edward.

—Ihhh, pero estás muy efusiva, ¿eh, chica? No eras así cuando vivías conmigo. Hablo de que el estar usando tanto la florecita, está haciendo que te vuelvas una bestia.

—Envidioso.

—Lo estoy, la única persona con la que he tenido sexo últimamente es conmigo mismo.

—Claro que me fijé en que tu brazo está más delgado —hablé apuntándole.

—¿De verdad? —preguntó, mirándose y con cara de preocupación; casi me hace reír estruendosamente de nuevo.

—Estoy bromeando contigo —admití, soltando una risa baja.

—Mira, Isabella, no me está gustando mucho que seas todo graciosita, burlándote de mí, ¿eh?

—Nada de enojarse —pedí, colocando los brazos a su alrededor.

—No lo sé, si sigues abrazándome, las oportunidades de que a Edward le agrade van a disminuir —habló, pero no lo solté. Extrañaba a mi amigo.

Salimos del estudio, como Edward lo predijo, un poco antes de las seis de la tarde. Félix dejó a Sophie en su apartamento primero y después fuimos a casa.

Mi novio pidió permiso y dijo que iba a tomar un baño, pero no sin antes halarme en frente de Jake y darme un beso de quitar el aliento. Iba a reclamar que estaba siendo celoso de nuevo, pero me besó tan bien que quedé medio tonta después y no sabía bien lo que estaba pasando antes.

—¿Viste? Es eso lo que quiero. Un tipo que me bese porque tiene celos, esos showcitos estúpidos de demostración de afecto.

—Jake, ¿olvidaste que aún sigues en el closet? —indagué—. Quiero decir, lo estás, ¿eh? no creo que me haya perdido uno de esos acontecimientos.

—Claro que lo estoy —habló, rolando los ojos—. Es eso lo que quiero, ¿viste? Alguien que me ame lo suficiente para girarme hacia todo el mundo y decirle que estoy enamorado, así como Edward y tú lo hicieron.

—Un día tu turno va a llegar, amigo —dije, agarrando su mano—. Vas a ver que te pasa como conmigo; jamás esperaba que después de algunos días fuera a salir de aquí completamente enamorada de Edward, pero pasó y no me arrepiento en ningún momento de eso. Puedo decir, con certeza, que estoy en los momentos más felices de mi vida. Algunas cosas toman a la gente por sorpresa, y el amor puede ser una de ellas.

—Cómo estás de ridículamente enamorada, Bells —habló con una risa y le di un golpe en la pierna—. Estoy bromeando contigo, veo como estás… cambiaste, pareces más viva y menos mosca muerta post-James. ¿Cómo será? cuando te vayas. Ya conversaron sobre eso, ¿verdad?

—Ya. Nos dio el mayor problema, pero logramos sentarnos para conversar sobre eso. Voy a continuar con el trabajo y vamos a intentar vernos en los días que tengo libre.

—¿De verdad? —cuestionó con una ceja alzada.

—Sí. Vamos a ver cómo pasan las cosas e intentar hacer todo para que funcione. Estoy tratando, lo máximo que puedo, no pensar en lo que puede salir mal.

—¿Y la despedida?

—No quiero hablar de eso, Jake. Si comenzamos a tocar ese tema, voy a llorar. Sabes cómo soy de blandengue.

—Oh, lo sé. El día que te fuiste de casa estropeaste mi blusa con ese rímel vagabundo que usabas.

—¡Mentiroso! ¿Y crees que no vi que lloraste también? ¡Lo vi, señor Black! ¡Tenías la quijada temblorosa y todo!

—Solo estaba ensayando para la película que iba a hacer —usó de disculpa.

—Jake, trabajé contigo. Después de eso hiciste una comedia.

—Ay, chica, hoy sabes sobre todo, ¿eh? ¡Caramba! Esa, tu convivencia con Edward, no sé si me está gustando.

Continuamos conversando y Jake se irritaba cada vez que le caía con alguna broma. Cuando Edward se juntó a nosotros, intenté incluirlo en nuestra conversación; se comunicaban de manera civilizada y estaba toda boba de felicidad por haber conseguido realizar eso. Jacob hasta se comportó bien y no hizo ninguna broma de doble sentido con mi novio.

Cuando Jake pidió permiso para ir al baño, llené de besos el rostro de Edward.

—¿Puedo saber porque esa repentina demostración de afecto? —indagó con una sonrisa torcida en el rostro.

—Estoy solo dándote un poquito de cariño. ¿Viste como Jake es un amor? Es un genial amigo para mí, Cachorro. Desde el día que nos conocimos, nos llevamos bien, como amigos, hermanos; nunca pasó de eso.

—Lo sé. Noto que no se interesa por ti, aunque a veces tengo la impresión que está haciéndolo solamente para provocarme; pero eso también puede ser considerado una actitud de amigo que está molestando con el novio de su amiga. Es bobería de mi cabeza, pero a veces me siento un poco inseguro a su lado. Se quedan riendo de cosas que no entiendo…, te conoce hace más tiempo, eso es todo…

—¡Boberías! Hay cosas que Jake no conoce y solo tú sabes. Es normal eso, Cachorro. Y tú, además de mi novio, eres mi amigo, entonces no es para que vengas con ese dramita sobre mí —dije, dándole un beso en los labios.

—Es simpático —admitió—. Pero aún me gusta más Angela.

—Ella va a adorar saber eso.

No tardó y el intercomunicador de la casa sonó. Dimitri nos informó que Ben y Angela estaban afuera. Zafrina abrió la puerta para los dos y mientras ambos entraban en la sala y mi mejor amiga se encontraba con los dos chicos de Hollywood por los que más babeaba, vi que sus ojos prácticamente saltaron de su cabeza.

—Hola, Angela —comentó Edward, abrazándola y ella aún estaba un poco estática, sus ojos no se despegaban de Jake. Ah, Dos mío, hoy alguien va a tener que controlar el alcohol de Angela o va a dar un espectáculo vergonzoso.

Mi novio saludó a Ben y Jacob también se presentó para el marido de mi amiga, pero Ang aún estaba un poco congelada.

—Amiga, este es Jacob Black, creo que debes haber escuchado hablar de él —dije con un aire de sarcasmo en la voz, pero Ang solamente parpadeo.

—Un placer —dijo Jacob, agarrando la mano de Angela y ella tartamudeó un poco.

—P-Pla-Placer. Un placer. Enorme placer —dijo, haciendo que todos en la sala quedáramos un poco incómodos, principalmente Ben, que sabía del enamoramiento que su esposa tenía por el actor.

—Bella siempre me habló de ti —comentó Jake, intentando ser simpático. Calma ahí, Jake, capaz que, si le das la mano a Angela, quiere el brazo, o mejor, quiere otra parte de tu anatomía.

—Espero que solo cosas buenas —Ang habló, fusilándome con los ojos—. Hablando de eso, Bella, ¿me puedes mostrar dónde es el baño?

—Claro —respondí, agarrando a mi amiga de la mano y dirigiéndola hasta uno de los baños que quedaba en el primer piso. Fue solamente tiempo para cerrar la puerta y ella comenzó a darle un ataque.

—¡Puta mierda, Isabella! ¡Jacob Black está en el mismo lugar que yo y no me avisaste que venía! —exclamó agitada—. No tuve tiempo de ponerme perfume. ¡Carajo, Bella! Jacob Moreno-Color-Del-Pecado Black está aquí y no tienes consideración de al menos decirme "amiga, ven arreglada, ¿estamos?" no, no la tienes.

—Ang, cálmate, pareces un robot dándole un ataque. Respira profundo.

—¿Mi maquillaje está bien?

—Lo está —hablé, rolando los ojos.

—Huéleme, mira si estoy oliendo mal.

—No te voy a oler, Ang.

—Es solo una olida, ¡por favor! Son años de amistad, ¿alguna vez te negué alguna cosa? Carajo.

—Lo estoy sintiendo desde aquí y no hueles mal, pero busca en ese armario, debe haber algún perfume que su madre usa.

—Buena idea —habló, buscando por los armarios del baño—. Si hubiera sabido, me habría vestido mejor.

—No sé para qué. Eres una mujer casada, Ang. Además, creo que no eres el tipo de Jake.

—¿Por qué? —indagó—. ¿Él tiene un tipo? Es tan liberal que creí que era solo necesario tener una vagina para que se fije.

—No, no, es completamente lo opuesto, diría. Jake tiene gustos más específicos, es que a él no le gusta hablarlo.

—¿De verdad? —preguntó, un poco triste.

—Sí. Y para de ser tan caliente, que estás casada con un hombre que te ama —dije en tono reprobatorio.

—Lo sé, Bells —habló, rolando los ojos—. Solo quería que me deseara, hasta parece que podré ir a la cama con otro tipo que no sea Ben.

—¡Entonces, vamos adentro y para de estar jugando con esos pechos! —reclamé, viendo que se estaba arreglando el escote de su blusa.

—Listo, ahora me siento más preparada —afirmó.

Apenas regresamos al living, Edward pidió que todos lo siguiéramos hacia el comedor, donde Zafrina estaba terminando de poner los platos. Le presenté mis amigos a la abuela y después comentaron cuán tierna era ella.

Zaza había preparado dos tipos de pastas. Unos ñoquis² con salsa de cuatro quesos y espagueti con salsa boloñesa. Era simple, pero increíblemente sabroso. Una botella de vino fue abierta y todos comenzamos a comer y probar la deliciosa bebida. Cuando los platos fueron vaciados, las copas continuaron rellenándose, y tres botellas estaban siendo llenadas solamente por el vacío. Algunos de nosotros ya demostrábamos señales de falta de sobriedad.

—Pero cuéntame, ¿te ejercitas? —cuestionó Ang, pasando la mano por el brazo de Jake, que estaba un poco incómodo. Ben también parecía no gustarle mucho lo que estaba pasando entre su esposa y el actor de Hollywood. Por otro lado, Edward estaba encontrando todo muy divertido.

—Cinco veces a la semana —respondió el moreno a mi lado.

—Se nota —dijo, tomando un trago más de su vino.

—Angela, disculpa desviar tu atención —habló Edward—, pero quería aprovechar el momento para que nos cuentes más alguna historia divertida de Bella.

—¡No te atrevas! —amenacé mirando a mi novio, que me respondió enviándome un beso al aire.

—Una vez fuimos al parque acuático… —empezó a contar y paró para soltar una carcajada.

—No, Ang —dije, desesperada para que alguien hiciera a mi amiga callarse la boca, pero era en vano.

—Y estábamos acostadas, tomando el sol. No lo notamos, pero Victoria Lee, mayor enemiga de la preparatoria de Bella, se acercó a nosotras y quería vengarse de mi amiga, porque la semana anterior Bella le había escrito una carta de amor a un chico muy tosco de tercer año, hablándole como si fuese victoria —Ang contó, saliéndose un poco del tema—. Pero volviendo a la historia de mi querida Bella, se durmió, y para vengarse, Victoria desamarró la parte de abajo de su bikini.

—Ridícula —murmuré, balanceando la cabeza de un lado a otro.

—Cuando Bella se levantó, las bragas de su bikini cayeron y los chicos que estaban con nosotros vieron todo —Ang dijo entre carcajadas y todos estaban encontrándolo gracioso, menos yo—. Pero calma, esa no es la mejor parte. Digamos que, en esa época, teníamos que, ¿Bella? ¿Catorce años? Bella no era muy fan de la cera depilatoria y la situación ahí abajo estaba un poco crítica. Los chicos que miraron la escena estudiaban con nosotros, cada vez que Bella pasaba cantaban "Welcome to the jungle"³

Es totalmente incómodo, estar en una mesa en la que todos están encontrando gracioso algo que pasó años atrás y que infelizmente fue una época en la que no te cuidabas bien.

—Muy graciositos —dije, sin mucho humor en la voz.

—¿Alguna cosa que te gustaría compartir? —preguntó Edward.

—¡No! Basta. Creo que por hoy ya cubrimos una buena parte de mi pasado embarazoso.

—Queda para la próxima —le dijo Ang a Edward—. Nos tenemos que ir, infelizmente trabajamos mañana por la mañana y no quiero imaginar cómo voy a despertar después de estas copas de vino.

—También me debería ir, le dije a mi chofer que me debía buscar a esta hora; dentro de poco aparecerá aquí.

Me despedí de mi amiga —que vergonzosamente preguntó si Jake no quería ir con ellos, y en seguida fue el turno de mi amigo de tomar su destino. La noche de hoy fue divertida— quitando la parte en que me estuvieron avergonzando—, me sentía muy feliz.

Estaba con tanta pereza que solo me cambié de ropa y me metí a la cama. Mi estómago lleno de pasta y alcohol parecía haberme dejado un poco lenta.

—¿Estás borracha, Garrapata?

—No. Tengo sueño.

—Voy a cambiarme de ropa y me uno a ti.

No tardó mucho y ya me estaba abrazando.

—Gracias por hoy —agradecí.

—Nada, gracias a ti. Me divertí bastante con tus amigos.

—¿Incluso con Jake?

—Sí... más o menos. Él está bien.

—Aham —concordé, sintiendo mis ojos pesados.

—¿Garrapata?

—¿Ahn?

—Qué bueno que no dejaste más que tu mata creciera —habló y lo patee. Comenzó a reír. Hijo de su madre, iba a estar molestándome hasta más no poder—. No sabes cuánto me estoy controlando para no comenzar a cantar "Welcome to the jungle".

—Si empiezas, voy a patearte de nuevo y esta vez no va a ser en la pierna.

—¿Estás de mal humor?

—¿Cachorro?

—¿Ahn?

—Quédate quietito que quiero mimir.

—No puedo dormir, el vino me deja un poco prendido.

—Entonces vamos a jugar un juego, quien se quede dormido primero, gana.

—No vale, no tengo sueño.

—Ay, Dios mío —bufé y me giré para mirarlo—. Quédate quietito, amor. Me estoy muriendo del sueño.

—Está bien —concordó.

—Buenas noches, Cachorro.

—Buenas noches, Garrapata.

No tardó mucho tiempo para que me durmiera, pero no sé si fue un sueño o si él realmente hizo eso, pero podría jurar que segundos antes de caer en el sopor, escuche a Edward canturrear "Welcome to the jungle".

Maldita Angela.


(1) Nunca necesité de nadie, y hacer el amor era solo por diversión… esos días terminaron.

(2) Ñoquis: son un tipo de pasta italiana, se elabora con patatas, harina y queso de ricota.

(3) Welcome to the jungle: Bienvenido a la selva.


Sí, chiquillitas, eso es todo por hoy, ¿qué tal esa Angela? Jajaja demasiado lengua suelta :P A ver, ustedes, cuéntenme alguna historia vergonzosa que les haya pasado en el colegio o preparatoria o escuela, lo que sea, en esa época de adolescencia. Yo siempre me caía (hasta ahora lo hago), una vez iba delante de unos amigos, bajando las escaleras y me caí patas arriba. ¡Llevaba falda! Y menos mal no recuerdo si tampoco llevaba short. Hasta ahora me muero de vergüenza jajaja

No olviden que quien me deje rr le llegará de vuelta la escena extra de este capítulo ;) si no, el domingo la publicaré en los extras.

Muchas gracias por su paciencia y por regalarme su tiempo para leer y comentar.

Disfruten de la vida.

Besos.

Merce.