El último capítulo de mi historia previo al epílogo. Ha sido gratificante darme cuenta que desde el capítulo uno muchas de ustedes me han seguido y alentado con sus mensajes. De verdad que es hermoso ver como ustedes lloraron, se emocionaron, se enojaron y vivieron con intensidad cada capítulo. No tengo palabras para agradecer su apoyo.

Este último capítulo antes del epílogo es largo y espero lo disfruten. El epílogo lo subiré casi inmediatamente. Si! la culminación de esta historia el mismo día.


Capítulo 25. Nuevo amanecer

_Terry_

Dorothy nos dijo donde está ubicada Candy antes de retirarse de casa de mis padres.

¡Por breves momentos fui inundado por un optimismo abrumador!.

De estar sumido en el más oscuro de los abismos sin Candy, ahora me siento en la cima de la montaña más alta del mundo al saber que finalmente podré estrecharla entre mis brazos muy pronto.

Me siento tan alegre y lleno de esperanza, que no conté con que mi subconsciente, en un afán de burlarse de mí algarabía, me haría revivir una y otra vez los miedos y temores que toda esta pesadilla ha despertado en mi interior con avasalladora intensidad.

¿Y si Loyd se percata de la traición de Dorothy y se lleva a Candy más lejos?

¿Qué sucederá si no soy capaz de encontrarla?

¿No es demasiada maravilla que esta chica que dice ser amiga de Candy nos ayude tan desinteresadamente como parece?

¿Y si es una trampa?

¡De nuevo esta maldita ansiedad se apodera de mí!

Sin piedad, destruye todo. Y este vacío que presiona mi pecho se torna nuevamente insoportable.

No soy capaz de controlar mis emociones ni mucho menos la lucidez tan gráfica de mis pensamientos.

¡Estoy tan desbordado desde que Candy desapareció, que no encuentro la manera de controlar el caos que amenaza con acabar una y otra vez con mi alma!

Es imposible que pueda sentirme completo sin ella.

Tengo la horrible impresión que de un momento a otro feneceré.

¡Necesito a Candy! Quiero verla, oír su voz, sentir su cuerpo, tocar su piel, respirar el aroma que baña cada centímetro de su ser mientras me pierdo en la profundidad de su mirada.

¡Dios!, cada detalle que la conforma es tan necesario para mí, como cada latido que pronuncia mi corazón.

¡No puedo continuar viviendo sin ella!

Es física y emocionalmente imposible.

"Terry, tranquilo" sentí una de las manos de Albert colocarse suavemente sobre mi espalda.

Estoy tranquilo. En control, pensé, sin embargo, cuando miré a mi alrededor, me di cuenta que estaba de rodillas aun cerca de la puerta de la entrada por donde esa chica llamada Dorothy desapareció.

¿Qué hago aquí en el suelo?

Estoy titiritando como si tuviese frío.

Cada una de mis extremidades tiembla.

Los sonidos, las voces, todo es demasiado intenso, y a la vez, no soy capaz de enfocarme en nada.

¡Quiero gritar, maldecir al mundo, llorar! Todo al mismo tiempo.

Es como si mi cerebro hubiese encendido una alerta de pánico en mi interior, incapacitándome para controlar correctamente las funciones más básicas de mi cuerpo.

"Deberías estar feliz de que mañana Candy estará contigo" precisamente ese es mi miedo, Archie.

Todo parece ser tan convenientemente sencillo que me asusta.

"… es demasiado fácil. ¿¡Quién nos dice que podemos confiar en esa mujer llamada Dorothy?! ¿y si es otra trampa de Loyd?" ¿acaso soy el único que piensa con coherencia aquí?

Recorro con mi mirada a mis amigos y familia en espera de que alguien me secunde, pero nada. Todos me miraban con compasión. Como si hubiese dicho la más absurda de las locuras.

"Entiendo tu sentir y desconfianza Terry, pero por la amistad de tantos años que nos une, y ahora también familiar, te pido que confíes. Si no en Dorothy, en mí. Una persona que sacrifica su propio corazón por el bien de otros, merece toda mi confianza y respeto" Albert tan críptico como siempre, pensé molesto, pero inmediatamente caí en la cuenta que muy probablemente él había visto algo en esa mujer que yo ignoro "Candy estará contigo pronto, así que por favor, hoy descansa. Tu esposa te necesitará fuerte y entero mañana" un lánguido suspiro escapó a través de mi boca.

Curiosamente me sentí un poco más ligero. Quizás la confianza que Albert y Archie reflejaron en cada una de sus palabras cumplieron con su objetivo.

Cansado de luchar contra la corriente, y deseando con todas mis fuerzas ver a Candy mañana, hice lo que me pidieron.

Por primera vez en días, tuve la sensación que el sol disiparía toda la oscuridad que la ausencia de mi esposa sembró en mi corazón.

Me duché, me rasuré, me peiné y poco antes de las nueve de la mañana Albert, Archie y yo partimos hacia Saranac lake.

Elina, Annie y Alisa nos esperarán en Nueva York.

No queremos exponerlas a ninguna clase de peligro.

Aún no sabemos lo que nos espera al llegar a la mansión.

"El Sr. Hammill ha convocado a una gran flota de policías. Están preparados para cualquier clase de contingencia que Loyd y sus hombres puedan suponer en el rescate de Candy. Están partiendo hacia Saranac lake mientras hablamos" a pesar de sus palabras, la expresión de Albert se mantuvo serena. Casi relajada.

¿Acaso sabe algo que yo desconozco o esta sensación es producto de mi imaginación?

"Me gustaría creer que no necesitaremos de la fuerza para someter a Loyd y sus hombres, pero si es necesario usarla para salvar a Candy, que así sea entonces" asentí.

Comparto la opinión de Archie. Estoy dispuesto a lo que sea con tal de tener a Candy a mi lado.

"Les quiero pedir una disculpa a los dos. He sido un completo inútil todos estos días. Ustedes han sufrido tanto como yo y…" atormentado, pasé mi mano por mi frente.

"Has manejado esto como cualquier persona normal. No te martirices, Grandchester. Yo en tu lugar, no sé qué habría hecho. Pensar que algo similar pudiese sucederle a Annie o a mis hijos… me destruye. No existe otro termino que describa mejor lo que sentiría en esos momentos, así que por favor deja de disculparte por estupideces" sonreí y agradecí en silencio sus palabras.

Conforme nos acercábamos a nuestro destino, el ritmo de mi corazón y mi respiración se aceleró.

Quise que este vehículo se desplazara aún más rápido.

¿¡Acaso el chofer está manejando a la más mínima velocidad a propósito!?, pensé cada vez más irritado a sabiendas que esa percepción existe solamente en mi cabeza.

Trituro mis rodillas con mis codos mientras aferro mis manos sobre mi cabello, pero en cuanto escucho a Albert emocionado decir que ve a Candy junto a Dorothy corriendo en la distancia, mi corazón acelera dolorosamente su ritmo dentro de mi pecho.

Bruscamente levanto la mirada. Desesperadamente mis ojos la buscan entre los árboles que nos rodean, pero en cuanto la veo absolutamente todo a mi alrededor deja de existir.

Incapaz de escuchar la voz de mis amigos, salgo precipitadamente del auto aun en movimiento y corro hacia la dueña de mi corazón como si mi vida dependiera de ello.

¡Por fin tengo la dicha de estrecharla entre mis brazos!

Siento que soy capaz de volver a respirar profundamente sin problemas.

En estos breves momentos nadie, ni siquiera Loyd me importan.

Lo único que deseo es cerciorarme que Candy no es un espejismo salido de mis sueños, sino mi dulce realidad.

Creo que grité su nombre y ella el mío.

No estoy seguro. Es tanta mi dicha de tocarla, olerla, besarla, que no soy capaz de pensar con claridad.

Tan feliz me encuentro de ver que ella está en mis brazos sin un solo rasguño, que oculto mi rostro en el hueco que hay entre su cuello y su hombro. Al fin puedo liberar todo el dolor que mantuvo preso a mi corazón todos estos días que sentí fueron una cruel eternidad.

"Te he echado tanto de menos, Terry" Oh, sigue hablando, mi vida. He necesitado tanto oír tu voz, pensé mientras presionaba mis brazos con más fuerza alrededor de sus hombros, permitiéndome llenar mis sentidos de su dulce aroma a rosas

Mi droga.

Mi elixir de vida.

"¡Dios, Candy! Dime que esto no es un sueño más. Que no eres una ilusión creada por mi alma. Dímelo, te lo suplico" imploré desesperado al tiempo que acunaba su rostro entre mis manos.

Necesito tanto sentirla cerca de mí, que no creo ser capaz de alejarme de ella el resto de mi vida.

"Finalmente esta pesadilla terminó, Terry. ¡Te he extrañado tanto!" rodeó mi cuello con sus brazos y gracias a ese contacto, sentí sobre mi torso un golpe suave. Casi podía llamarlo una caricia.

Sorprendido y emocionado, me aparté ligeramente de ella al tiempo que adornaba mi rostro con una estúpida sonrisa que sentí no usaba en siglos.

Coloqué mi mano sobre su abultado vientre, y mi bebé parecía irradiar la misma emoción que experimento ahora. Se mueve con tanta energía que no puedo reprimir una carcajada.

"Él también está feliz de oír de nuevo a papá, ¿verdad, pequeño?" Candy acunó su vientre entre sus manos y sonrió. Ese gesto me devolvió en un instante la vida que su ausencia me quitó.

"¡Pequeña!" Albert corrió hacia nosotros y envolvió a Candy en un fraternal abrazo. Depositó besos sobre su coronilla, y al igual que yo, se cercioraba que no tuviese ni un rasguño. "¿El bebé y tú están bien? ¿Loyd te hizo algo?" por primera vez desde que Candy desapareció, vi el rostro de mi amigo distorsionado por la angustia mientras unas lágrimas solitarias resbalaban por sus mejillas.

Jamás había visto en su mirada tanta desesperación como ahora.

Mientras veía a mi esposa recibir muestras de cariño de parte de mis dos amigos, me pregunté cuántas veces a lo largo de este infierno, tuvieron que reprimir sus propios miedos para ofrecerme una palabra de aliento y evitar que fuera presa una vez más de la desesperación.

No merezco amigos como ellos, sin embargo, agradezco haber pasado este trago tan amargo a su lado. Sin Albert, Archie y mi familia, estoy seguro que no estaríamos aquí sonriendo, ni mucho menos, deleitándonos con la maravillosa melodía de oír a Candy reír.

"No lo habría logrado sin Dorothy. Ella estuvo cuidando de mi todo el tiempo" los 4 volteamos a nuestra izquierda al unísono esperando verla, pero nada.

No está. ¿En qué momento desapareció que no nos dimos cuenta?.

Temiendo lo peor, Candy giró violentamente su rostro hacia la enorme mansión que hasta hace unos segundos había sido su prisión.

"¿¡Dorothy regresó a la mansión!? ¡es una locura!" inquirió angustiada.

"Espéranos dentro del auto mientras nosotros nos encargamos del resto. Necesitas descansar" no había terminado de hablar Archie, cuando mi obstinada, terca y necia esposa ya se encaminaba junto conmigo hacia la puerta de entrada.

No oía razones. Su meta estaba fija en la edificación que yacía a unos pasos de nosotros.

En cuanto estuvimos cerca de la entrada principal, constatamos que los guardias de Loyd no representaban un peligro para nosotros, mientras que la servidumbre, llorosa y asustada en su mayoría, se había agrupado en torno a unos policías, los cuales, justo ahora les tomaban su declaración.

"Es posible que tenga un rehén" alcancé a escuchar al detective susurrarle a uno de sus compañeros antes que entraran precipitados hacia la amplia estancia de esta casa que, en otras circunstancias, me habría detenido a admirar.

Giré mi rostro hacia mi esposa. No la pondría en peligro, pero antes que el Sr. Hammill le dijera a Loyd que estaba detenido por el secuestro de Candy, entramos justo detrás de Albert y Archie.

Esperaba ver a Loyd enloquecido, sometido, incluso rabioso mientras los policías le colocaban las esposas en sus muñecas, pero la escena que empezó a desarrollarse frente a nuestros ojos, me tomó por sorpresa.

Verlo tranquilo, sonriéndole a Dorothy y observándola como sólo se ve a alguien amado fue completamente inesperado.

El Sr. Hammill a un lado nuestro, empezaba a perder la paciencia al ver que Loyd hacía oídos sordos a sus amenazas. Comenzó a exigirle a punta de pistola que se entregara o se atuviera a las consecuencias, pero gracias a la oportuna intervención de Albert, el hombre guardó silencio.

"Dele unos minutos con la Srta. Davis. Le aseguro que él no huirá, Sr. Hammill. ¿No lo percibe? Loyd ya no es un peligro para nadie" el hombre carraspeó molesto.

No le gustó que le dijeran lo que tenía que hacer frente a sus hombres, pero sabiamente guardó silencio, aunque no se movió un sólo milímetro de su lugar.

"Les daré 3 minutos solamente" resopló cruzando sus brazos contra su pecho.

Que irónico y cruel es el destino.

¿Acaso pretende obligarme a reflejarme en el espejo de Loyd con el único objetivo de hacerme entender que muy probablemente, él y yo no somos tan diferentes después de todo?

¡Aun cuando fuera cierto, eso no cambia en nada mi sentir por él!

No está en mi naturaleza perdonar a alguien que ha dañado tanto a mi esposa y de paso, a mi hijo.

No me importa que tan válidas puedan parecer las razones que lo orillaron a cometer una atrocidad tras otra.

Loyd pagará cada lágrima derramada, cada pesadilla que noche tras noche me atormentaba, cada momento que creí moriría sin ver a Candy una vez más.

¡Llegué a pensar que no tendría la oportunidad de conocer a mi hijo!

Lo refundiré en la cárcel por el resto de su vida aunque en el proceso, termine por darle el golpe de gracia a esa mujer que justo ahora llora desconsoladamente en los brazos de mi mejor amigo.

Un temblor proveniente de la espalda de Candy me hizo bajar la mirada hacia ella.

Su piel está tan pálida, que el color rosado de sus mejillas ha desaparecido.

Sus labios siempre carmín, ahora se pierden con el blanco mortecino de su cara.

"¿Mi amor? ¿¡estás bien!?" no terminé de formular las preguntas cuando en cámara lenta vi cómo se desvanecía entre mis brazos.

Entré en pánico al ver a mi esposa sin sentido en mi regazo.

"¡CANDY!" grité sacudiéndola ligeramente de los hombros.

"¡Recuéstela en el sillón! Iré por alcohol" como un autómata hice lo que Dorothy indicaba al tiempo que buscaba con mi mirada algún indicio que me indicara el motivo que pudiese haberle provocado el desmayo, pero nada.

"¡Respóndeme mi amor, te lo suplico!" clamé, pero ella continuaba sumida en una profunda inconsciencia.

Albert y Archie estuvieron a mi lado en un instante.

Como yo, veían impotentes y angustiados a Candy, pero cuando llegó Dorothy y acercó al rostro de mi esposa un algodón bañado en alcohol, el alma me regresó al cuerpo al ver que empezaba a despertar.

Instintivamente colocó sus manos frente a su rostro. En cuanto abrió sus ojos, Albert, Archie y yo dejamos escapar un suspiro de alivio.

"Candy, ¿te sientes bien?" silencio.

Mi esposa recorrió a cada uno de nosotros con la mirada, pero cuando sus ojos se toparon con los de Dorothy, la expresión serena de su rostro fue sustituida gradualmente por una profunda angustia que no alcancé a comprender.

"Dorothy… yo no sabía… tú…" empezó a balbucear, pero Dorothy comprendiendo el rumbo de sus palabras, se sentó a su lado, tomó una de sus manos y la silenció negando con la cabeza.

"Shh. No hables. A tu bebé no le hace bien que llores y te estreses innecesariamente. Recuerda lo que te dije, él depende de ti. Así que tranquila." una sonrisa sincera se dibujó en su cara.

Como si de una madre se tratase, sacó un pañuelo de entre sus ropas y limpió pacientemente las lágrimas que bañaban las blancas mejillas de mi esposa.

¿Cómo es posible que esta persona pueda sonreír después del momento tan devastador que acaba de vivir? No puedo entenderlo, pensé.

En su lugar, yo habría sucumbido al dolor, y muy probablemente, jamás habría tenido el valor ni la fuerza de delatar a la persona que amo por muy desquiciada o nociva que esta fuera.

"Yo no sabía que… que por culpa mía, él y tú…" balbuceó incontrolablemente.

Su llanto era tan violento que no podía hilar ni una frase completa.

"Loyd tomó sus decisiones solo. Él mismo eligió seguir ese camino y como tal, recibirá el castigo que nuestra sociedad dictamina por el crimen que cometió. Ahora eres tú la que debe dejar de torturarse por el pasado" Candy abrió la boca seguramente para protestar, pero esta vez su amiga endureció su mirada y levantó la mano en su dirección zanjando el tema de tajo "No me tomes por rencorosa ni mucho menos resentida, pero no quiero oír tus disculpas. No cambiará absolutamente nada"

Sin decir nada más, Dorothy se puso en pie al tiempo que volvía a adornar su rostro con aquella franca sonrisa que inexplicablemente me inspiró una profunda tristeza.

"Disculpen la interrupción. Soy uno de los abogados que representan al Sr. Ainsworth. Mi nombre no es de importancia, pero puede dirigirse a mi como MacQuoid. Presumo que usted es la Srta. Davis" confundida, asintió ante el hombre cuyos rasgos y gesto, me recordaron a un temperamental profesor de piano que tuve en mi infancia.

"Si, soy yo. ¿Pasó algo con el Sr. Ainsworth?" a pesar del gesto de esta persona, negó con la cabeza al tiempo que una diminuta sonrisa se formaba en su boca.

No supe si sentir alivio o miedo.

Hay personas que mientras más sonríen, más temor inspiran.

Este hombre frente a nosotros entra en esa categoría.

"En absoluto, Srta. Davis. El mensaje que vengo a transmitirle es simple. El Sr. Ainsworth ha puesto a su nombre todos sus bienes; incluyendo su fortuna, propiedades, negocios. Todo" los ojos de Dorothy se abrieron tanto que parecían a punto de salirse de sus órbitas.

Pude apreciar en su rostro sorpresa, pero también, desconcierto, enojo, duda.

Tal parece que la noticia resultó tan increíble para ella como lo era para nosotros.

"Yo no quiero nada. Esa jamás ha sido mi intención" sin borrar aquella extraña expresión que simulaba una sonrisa, el hombre asintió.

"Por ese mismo motivo el Sr. Ainsworth dejó esa indicación, además, a palabras textuales de él, usted es la persona en quien confía ciegamente. Permítame que me explique mejor" Dorothy dio un largo suspiro y asintió mientras le ofrecía asiento al abogado en uno de los tantos sillones que decoran la estancia.

"Creo que nosotros estamos de más. Lo prudente será retirarnos" el abogado giró lentamente su rostro hacia Albert, y con una socarrona expresión, negó con la cabeza.

"No es necesario, Sr. Andley. Lo que compartiré con la Srta. Davis puede escucharlo usted y su familia sin problema" con el ceño fruncido y bastante incómodo, Albert tomó asiento.

No supe como sentirme al respecto.

Es la primera vez que veo a mi amigo tan desencajado, pero admito que aunque pude tomar a Candy entre mis brazos e irme de aquí, fui presa de la curiosidad.

Cuando menos lo esperaba, ya me encontraba sentado a un lado de mi esposa acariciando su mano, escuchando atentamente lo que Loyd junto con sus abogados habían planeado.

"La prioridad del Sr. Ainsworth en estos momentos es salvaguardar el trabajo de las miles de personas que dependen de él en sus empresas y en sus numerosas propiedades. Esta mañana nos anunció que iba a entregarse a la policía por el secuestro de la Sra. Grandchester, pero veo que gracias a su ayuda, por primera y única vez se anticiparon a nuestros movimientos" su provocación no pasó desapercibida por ninguno de nosotros, pero fue Archie el que respondió.

"¡Loyd es falso y mentiroso! ¡Usted y su bufete de abogados son unos corruptos que se dedicaron a limpiar las huellas de todo el trabajo sucio que él hizo! Estoy seguro que cuando la policía recabe todas las pruebas que lo incriminan, dudo mucho que usted pueda hacer algo para reducir su condena" el gesto del hombre no cambió en absoluto.

Se mantuvo impasible y sereno en todo momento.

Si no supiera que escucha perfectamente bien, diría por su expresión apática y un tanto altanera, que el Sr. MacQuoid no escuchó el arranque de furia de mi amigo.

"Siéntate, Archibald" reticente, hizo lo que Albert le indicó después de soltar un áspero resoplido.

"Sr. Cornwell, su ímpetu e ingenuidad son enternecedores, pero completamente inservibles. En efecto, el Sr. Ainsworth cometió un secuestro y pagará el tiempo justo por ello. En cuanto a otros delitos que deban sumarse en contra de mi defendido, no existen" ¿¡Qué dice?! Tiene que estar mintiendo, pensé furioso, pero una mirada de Albert me impidió externar mi queja.

Es evidente que mi amigo no quiere que discutamos innecesariamente con esta persona.

Respiré profundamente, besé uno a uno los dedos de la mano de mi esposa y callé.

"Regresando al tema que nos atañe, Srta. Davis, le aseguro que lo que menos desea el Sr. Ainsworth es dañarla, pero no existe nadie en quien pueda confiar esta labor más que en usted. Cuando el proceso legal termine y sea seguro para nuestro cliente, absolutamente todo regresará a nombre de él. Usted no tendrá que involucrarse en los negocios. Todo se manejará como hasta ahora. Este es simplemente un método precautorio para evitar que las autoridades dispongan de los bienes de mi cliente a voluntad" se puso de pie y Dorothy junto con él.

Por primera vez en la expresión de esta persona se dibujó una emoción parecida a la simpatía cuando sus ojos pequeños y arrugados se fijaron sobre ella.

"La intención del Sr. Ainsworth era que se enterara de una manera más sutil acerca de sus planes, pero dadas las circunstancias disculpará mi rudeza y poco tacto, Srta. Davis" ella lo observó unos momentos, para después, asentir gentilmente a modo de respuesta.

El hombre dio la media vuelta para salir de la mansión, pero Dorothy lo detuvo.

"Perdone, pero me gustaría saber que tan complicado será el caso de Loyd. ¿Qué tan larga será su condena? ¿puede hacer algo para ayudarlo?" el hombre se giró y se tomó unos segundos para contestar.

Levantó su rostro hacia nosotros. Pareciera que estaba decidiendo que palabras debería usar para responder algo que por supuesto a mí me interesaba bastante saber.

"Es muy pronto para darle datos concretos. Los padres de mi defendido están enterándose en este preciso momento lo acaecido este día, además, mi bufete está trabajando mientras hablamos en la defensa del Sr. Ainsworth. Si sumamos que sus padres usarán sus influencias para evitar que su único hijo pase muchos años en la cárcel, así como la solidez de nuestra defensa, no le auguro más de 3 años en prisión" con toda intención pronunció lentamente esas palabras viendo fijamente en mi dirección.

Anticipó que reaccionaría como fuego cerca de la pólvora, y por supuesto que exploté.

¿¡Acaso este es otro juego de ese maldito!?

"¡TIENE QUE ESTAR BROMEANDO! ¡3 AÑOS EN LA CÁRCEL POR EL SECUESTRO DE MI ESPOSA ES UNA BURLA! ESO SIN CONTAR TODAS Y CADA UNA DE LAS CANALLADAS QUE HIZO EN COMPLICIDAD CON MARGOT MARLOWE!" una mano prensándose de mi brazo me impidió acercarme a ese hombre, el cual, ahora me veía como si hubiese proferido una historia risible y por demás cómica. "¡¿ES TAN COBARDE QUE SE ESCUDARÁ EN LOS RECURSOS DE SUS PADRES PARA REDUCIR UNA SENTENCIA QUE DEBERÍA DE SER DE MÁS DE 15 AÑOS?!" le escupí en la cara cada una de mis palabras.

Estoy tan furioso que si no estuvieran conteniéndome, estamparía mi puño en su rostro con el único objetivo de borrar por unos instantes esa sonrisa burlona de su cara.

"No tendría por qué darle explicaciones Sr. Grandchester, pero hoy me siento generoso. Número uno, mi cliente no dio la orden de disuadir a sus padres para solicitar su ayuda, la di yo. Número dos, el Sr. Ainsworth está dispuesto a declarar todos y cada uno de sus crímenes para recibir la pena máxima por una razón que lo atañe personalmente. No quiere ser tratado con privilegios ni mucho menos con contemplaciones por ser quien es, pero no está en él tomar esa decisión sino en mí que soy su abogado." brevemente dirigió la mirada hacia Dorothy, la cual, colocó sus manos sobre su pecho y suspiró aliviada.

Está claro que oír al abogado la tranquilizó bastante.

Yo en cambio, estoy cada vez más furioso.

"¿¡Y espera que crea en la falsa redención de ese sujeto que hizo pasar un infierno a mi esposa!?" espeté dando un paso hacia él.

Albert, Archie y la misma Candy flanquearon mis costados y mi espalda, pero una vez más, el hombre frente a mí no se inmutó en absoluto por la aspereza de mi voz, al contrario, mi reacción le hacía cada vez más gracia.

"Lo que usted crea me tiene completamente sin cuidado. Nuestro trabajo es encontrar la mejor defensa para el Sr. Ainsworth aun en contra de sus propias instrucciones. No permitiré que se pudra en la cárcel como seguramente es el deseo de muchos de ustedes. En cuanto a los crímenes que dice que mi cliente cometió junto con la Sra. Marlowe, le puedo asegurar que no proceden por dos razones muy simples; primero, no existe una sola prueba que incrimine al Sr. Ainsworth en ninguno de esos delitos. Segundo, ¿de verdad cree usted que la declaración de una enferma mental como lo es Margot Marlowe será tomada en cuenta por el juez?" apreté con tanta fuerza mis dedos contra las palmas de mis manos, que me enterré las uñas sobre mi piel.

Al instante sentí el ardor de la herida recién abierta.

"¡Loyd sabe lo que hizo! Si es un hombre de verdad confesará" MacQuoid se encaminaba hacia la puerta, pero en cuanto escuchó a Archie se detuvo en seco.

Giró su rostro hacia nosotros y mientras nos observaba con esa cínica expresión, metió una de sus manos a los bolsillos de sus pantalones deteniendo brevemente su mirada sobre mi esposa.

"El Sr. Ainsworth puede hacerlo y lo hará aun en contra de mis consejos, pero sin pruebas que lo incriminen directamente, dudo mucho que su mera confesión aumente demasiado su condena. Además tengo la certeza que contaré con una ayuda inesperada" dijo sin despegar sus ojos de Candy.

¿Insinúa acaso que ella ayudará a reducir la condena de Loyd?

¡Por supuesto que no! ¡imposible!

"Ha sido un verdadero placer charlar con ustedes, pero antes de retirarme me atreveré a darle un consejo Sr. Grandchester; elija que pelea puede ganar antes de dejarse llevar por sus arrebatos. Usted, su familia, o sus amigos, no son oponentes para mí. Con su permiso Srta. Davis, estoy a sus órdenes para lo que necesite" Dorothy continuó platicando con ese abogado mientras lo acompañaba a la salida.

No fue difícil imaginar lo que hablaban, pero poco podía importarme.

Lo único que deseo es salir de este maldito lugar lo antes posible.

¡Al demonio con ese abogado! pensé furioso

Tomé en brazos a mi esposa, me encaminé hacia el automóvil seguido de cerca por mis amigos, y ya dentro de la privacidad del auto en camino a Nueva York, empezamos a hablar de lo sucedido.

"¿¡Quien demonios se cree ese sujeto?! ¿será verdad todo lo que dijo o es una nueva mentira de Loyd?. No me trago esa escena de amor que representó frente a nosotros. Estoy seguro que está usando a Dorothy para uno de sus estúpidos planes de venganza" el puño de Archie golpeando el metal que recubre los interiores del auto, creó un suave eco que se perdió inmediatamente entre los fuertes alaridos de su voz.

"No comparto tu opinión, Archie. Yo creo en la sinceridad que mostró Loyd al final. Por primera vez en dos años vi al amigo que algún día quise entrañablemente. Él de verdad está enamorado de Dorothy, y es por ese amor que desea redimir sus errores aumentando su condena, pero MacQuoid no es cualquier abogado, como pudieron notarlo" Albert frunció el ceño y bajó la mirada hacia sus rodillas.

"¿Lo conoces?" al oír la pregunta de Candy, Albert levantó su rostro y le sonrió.

Acto seguido, rodeé los hombros de mi esposa con uno de mis brazos y deposité un beso sobre una de sus sienes.

"Es la primera vez que lo veo en persona, pero he oído hablar mucho de él. Es una eminencia en el ramo de la abogacía. Es temido y admirado por muchos. Jamás pierde un caso. Si MacQuoid dijo que reducirá la sentencia de Loyd a 3 años, es porque cuenta con los medios y las pruebas suficientes para hacerlo." dijo.

"¿Entonces nos rendimos, así como así? ¿vamos a permitir que Loyd salga tan pronto de la cárcel? ¿¡Acaso pasaremos por alto el infierno que le hizo vivir a Terry y Candy desde que ella terminó su relación con él, Albert?!" Archie estaba indignado y nadie mejor que yo lo comprendía, sin embargo estoy preocupado.

Candy apenas ha pronunciado palabra desde que salimos de la mansión de Loyd.

Coloqué mi mano sobre su mentón y la obligué a verme a la cara mientras Albert y Archie se enfrascaban en una acalorada discusión.

Los ojos de mi esposa me evitaban, pero en cuanto capté su atención vi la tristeza que por todos los medios intentaba ocultarme.

"¿Qué sucede, mi amor?" susurré para que sólo ella pudiese escucharme.

Entrelazó su mano con la mía y sin responder mi pregunta, colocó la mano que tenía libre sobre mi mejilla, me sonrió y casi al instante devoró con una apasionada delicadeza mis labios.

¿Qué es lo que quieres decirme con este beso, Candy?, me pregunté sintiendo el remolino de emociones que ahora mismo se dan cita en su pecho caótico y adolorido.

Extrañé tanto el licor embriagante de sus labios, que por un momento me permití olvidarme del mundo y mis problemas.

Candy es mi fuerza y mi debilidad más absoluta.

A su lado me siento invencible. Capaz de lidiar con las vicisitudes de la vida, pero en cuanto rompimos el contacto, pegué mi frente contra la suya y nuevamente aquella pregunta silenciosa llegó a mi mente.

"Por favor, Albert, Archie, dejen de discutir" ambos giraron sus rostros hacia nosotros sorprendidos.

Tal parecía que tan enfrascados estaban en su discusión de cómo evitar que el abogado reduzca la sentencia de Loyd, que se olvidaron por completo de nuestra presencia.

"Les voy a pedir que no hagan nada que le impida a ese abogado reducir la sentencia de Loyd" todos observamos a Candy como si hubiese hablado en un idioma desconocido.

"¿Eres consciente de lo que estás diciendo, pequeña?" mi esposa al lado mío, asintió.

Frustrado, suspiré profundamente mientras apretaba el puente de mi nariz en un inútil afán de controlar la ira que justo ahora crece como espuma en mi interior.

No son celos lo que siento, sino una profunda rabia.

Así que esta es la ayuda inesperada a la que se refería ese abogado.

"Se perfectamente lo que estoy diciendo. Quiero que así termine esta pesadilla que yo inicié. Lo que Loyd le dijo a Dorothy es cierto y tú lo sabes perfectamente Albert. Yo lo usé para enterrar de una vez por todas mi amor por Terry. Creí que la atracción que sentía sería suficiente para sostener la relación y que más adelante lo amaría, pero me equivoqué. Jugué con sus sentimientos todo ese tiempo. Jamás me atreví a confesarle la verdad… y por culpa de mi egoísmo, Dorothy resultó también herida."

¡Demonios! desesperado, pasé las manos por mi cabello.

¡Tiene que ser una broma! Razones válidas o no ese tipo merece morirse en la cárcel.

"Terry…" respiré profundamente y giré mi rostro hacia ella.

"No me pidas simpatía por ese sujeto. No lo merece" musité cada vez más resignado a la idea de que esta situación se haría tal cual ella deseaba.

"No pido simpatía, pero mis actos no fueron mejores que los suyos. La única diferencia es que no tengo que pagar con la cárcel mis errores. Por favor, Terry. Pido mucho pero quiero contar con tu apoyo" derrotado, bajé la mirada y asentí.

"Está bien… no estoy de acuerdo, pero yo también quiero que termine esta pesadilla" una sonrisa se dibujó en su boca al tiempo que entrelazaba sus dedos con los míos.

"Tampoco estoy de acuerdo, pero si así quieres actuar, no seré yo quien te lleve la contraria. Eres más terca que una mula. Siempre has sido así. Desde niña haces tú voluntad" dijo Archie molesto, pero en cuanto dirigió una mirada hacia Candy, no pudo reprimir una sonrisa de alegría "no sé cómo lo haces, pero siempre consigues lo que quieres. Eres mala influencia para mis hijos" todos sonreímos cada vez más animados.

"Completamente de acuerdo contigo Archie. Le diré a Elina que cuando nazca nuestro bebé, restrinja las visitas de su tía Candy. No quiero que se le peguen sus malas mañas" impactados por sus palabras, clavamos nuestras miradas azoradas en un sonrojado Albert.

¿¡Qué acaba de decir?! ¿¡Bebé?!

Con la pregunta dibujada en nuestras caras, Albert, apenado, nos regaló una risa nerviosa antes de confirmarnos la buena nueva.

No es así como quería cerrar este capítulo de mi vida.

Quiero venganza. Es injusto que el castigo de ese sujeto sea tan corto, pero quizás es mejor así.

No pido una vida sin problemas. Ahora sé que eso no existe, pero tengo la certeza que enfrentaré cada uno de los obstáculos que la vida me presente, siempre de la mano de Candy.

La quiero conmigo hasta que ambos pronunciemos juntos nuestro último respiro.

No imagino mi vida de otra manera.

_Loyd_

Diez días han pasado desde mi arresto.

No hubo juicio.

No fue necesario.

Me declaré culpable por el cargo de secuestro.

Fin del caso.

Me dictaron una sentencia de 3 años de cárcel.

Esperaba una condena más larga. Quizás 10, 15 ó 20 años.

Soy consciente que ni viviendo dos vidas consecutivas resarciré a las personas el daño ocasionado.

Confesé ayudar a Margot en cada uno de sus crímenes para aumentar mi condena. Era lo justo, pero no sirvió de mucho. La policía no encontró pruebas contundentes que sustentaran mi confesión, así que en contra de mi voluntad y la suya, tuvieron que desestimar los cargos por completo.

El juez fue demasiado indulgente conmigo. Estoy seguro que mis abogados e incluso mis padres tuvieron que ver para que este fortuito resultado se diera.

No tenían derecho a quitarme la oportunidad de pagar con mi libertad el daño que he causado.

Al menos eso pensaba hasta hace 2 días, cuando Dorothy sorpresivamente vino a visitarme.

Esperaba su enojo, reclamos, incluso su rechazo. Para eso estaba mentalmente preparado, después de todo, poner mis bienes a su nombre sin ponerlo a consideración suya fue poco caballeroso de mi parte. No importa que tan válida sea mi excusa.

Aunque a decir verdad, agradezco haber sido previsor. De no haber actuado de ese modo tan apresurado, ahora también cargaría sobre mi consciencia a los miles de empleados que por culpa de mis malas decisiones, se quedarían sin su medio de sustento.

Afortunadamente Dorothy comparte mi punto de vista, y por segunda vez puedo respirar tranquilo.

Ella es una mujer excepcional. Quiero ser digno de ella, pero antes que me permita cortejarla formalmente, debo liberarme de mis demonios, miedos e inseguridades y por último y no menos importante, salir de este lugar como un hombre nuevo.

Necesito aprender de mi pasado para no volver a repetirlo.

No está en consideración mía tropezar con la misma piedra.

Conforme me platicaba acerca de su nuevo trabajo como mucama en la mansión que los Andley tienen en Nueva York, su lenguaje corporal fue cambiando gradualmente.

La notaba cada vez más nerviosa, incómoda, casi podría decir que asustada.

Es como si estuviera dándole vueltas a un tema en su cabeza que no se atrevía a confesarme.

¿Le habrán hecho algo mis padres? ¿los medios la acosan por culpa mía ahora que se ha filtrado la noticia de lo que le hice a Candice? ¿ya no vendrá a verme?

El miedo empezó a apoderarse de mí, incapacitándome para externar cada una de mis interrogantes.

Después de lo que sentí fue un prolongado silencio, levantó su mirada color miel hacia mí, entrelazó nerviosamente sus manos sobre la mesa de metal, y pronunció dos palabras que pusieron de cabeza todo mi mundo.

Estoy embarazada.

Ahora fue mi turno de guardar silencio.

¿Qué dijo?, más tardé en formularme esa absurda pregunta que en caer en la cuenta que por primera vez en mucho tiempo estaba perdiendo la cabeza, pero ahora por la felicidad que me embargaba.

Quise ponerme de pie, abrazarla, darle vueltas en el aire, besarla una y otra vez, pero se me tenía prohibido moverme de mi silla.

¿Así que por eso estaba tan nerviosa? ¿de verdad creía que la rechazaría a ella y mi hijo?

¡Jamás!

Ansío tanto cumplir mi condena y salir de este lugar para poder escribir juntos nuestra propia historia que quise que estos tres años pasaran volando.

Viendo el lado positivo de las cosas, cuando salga de este lugar, mi hijo será un pequeño de dos años. La edad perfecta para empezar a crear recuerdos juntos.

Quise llorar por los momentos de su vida que me perderé, pero también, por las muchas memorias que crearé al lado de él y Dorothy.

¡Voy a ser padre!, grité a mis adentros cada vez más emocionado.

"¡Hey tú, tienes visita!" la estridente voz de uno de los guardias me sacó de mis entusiastas cavilaciones.

Que extraño. No es día de visita, pensé mientras seguía a este guardia a través de los malolientes pasillos de este inmundo lugar.

Imaginé que serían mis abogados que venían a tratar algún tema relacionado con mis empresas.

Al terminar de acomodarme las esposas en las manos y los pies, el guardia abrió la pesada puerta de metal, la cual, por el rechinante sonido, reclamaba una engrasada urgente.

No tardé en poner un pie en el interior de esta sala apenas iluminada por dos focos que no tardan en fundirse, que en reconocer a la mujer que me esperaba sentada frente a una sencilla mesa de metal.

"… Candice…" susurré.

Al instante capté su atención.

Ella es la última persona que esperaba ver, especialmente aquí.

"Hola Loyd" repuso tranquila.

Me sonreía como en el pasado que desesperadamente quiero dejar atrás.

Después de lo que sentí fueron varios minutos, me encaminé hacia ella y me senté en el extremo opuesto de la mesa incapaz de adivinar que es lo que hace en este lugar.

¿Viene a burlarse de mí destino? ¿A gritarme que es injustamente corta mi sentencia? ¿Qué debería permanecer aquí de por vida? Haría lo correcto. No esperaría menos de ella.

"¿Qué haces aquí?" finalmente me atreví a preguntar.

El tono de mi voz fue más áspero de lo que deseaba, pero no tenía ánimos ni motivos para fingir una amabilidad que no me inspira. Aun así no bajaré la mirada. Soportaré cada uno de sus reproches, de sus gritos.

Si quiero avanzar hacia adelante, necesito pasar este trago tan amargo en pro de mi recuperación mental y emocional.

"Quiero hablar contigo" fruncí el ceño confundido.

Definitivamente no es así como esperaba diera inicio su dialogo.

"¿Tu marido te dejó venir así de fácil a ver al que te mantuvo cautiva en contra de tu voluntad?" con una críptica expresión adornando sus ojos, bajó su mirada hacia la mesa.

Sonrió.

Me pareció que recordaba una escena pasada en la que yo no estaba involucrado físicamente, pero verbalmente fui el tema de conversación.

"Digamos que no fue la plática más civilizada que he mantenido con él desde que nos casamos." volvió a levantar su mirada hacia mí. En cuanto clavó sus ojos verdes en los míos sentí un pinchazo de dolor en mi pecho. "Quiero pedirte disculpas por todo el daño que te hice" de no haber estado sentado, habría caído al suelo.

Vaya giro de eventos.

¿Qué se supone que debo decirle ahora? ¿Que no se preocupe? ¿Qué todo ha quedado atrás como si nada hubiese pasado?

Sobre mis muslos descansaban mis puños fuertemente cerrados.

¿Qué esperas de mi Candice? me pregunté al tiempo que este calor agobiante dentro de mi pecho volvía a quemar con dolorosa intensidad mi corazón.

¿De verdad cree que estoy preparado para perdonarla? o ¿para perdonarme por nuestro pasado?

"No acepto tus disculpas" pronuncié lentamente procurando en todo momento mantenerme sereno. En calma. Pero su mera presencia me altera. Me lastima tanto que me cuesta mucho trabajo mantenerme sentado en este incómodo asiento.

No esperaba mi respuesta.

La sorpresa que se dibujó en su rostro delató su sentir aunque intentó por todos los medios posibles ocultármelo.

He de admitir que yo mismo estaba impactado por mis palabras, pero por primera vez en meses sentí que tenía derecho de decir lo que verdaderamente siento.

La amé tanto. La odio tanto que soy incapaz de verla sin volver a experimentar este resentimiento, esta amargura, esta desesperación y rencor que me carcomerán vivo si no los expulso de mi pecho.

Ella fue mi primer amor.

Despertó en mí emociones que jamás había experimentado.

Incluso le fui fiel, yo, el hombre cuyo lema era vivir para trabajar y divertirse frívolamente, le regaló su corazón a esta persona que creía era mi paraíso terrenal.

Que irónico es el destino, porque también fue gracias a ella que conocí el más espantoso de los infiernos.

"¿Te das cuenta lo que me pides?" contuvo la respiración mientras me escuchaba hablar "Fuiste mi todo, Candice. Te amé más que a mí mismo. Eras el motivo por el que respiraba. Iniciaba y terminaba mis días pensando en ti. Te di todo; mi corazón, mi alma, incluso creí que nuestra relación estaba sustentada en la confianza mutua. ¡Por Dios! Tú sabías todo de mí. Jamás te oculté ningún episodio de mi vida o ningún sentimiento por muy vergonzoso que este fuera. Yo estaba para ti. Te habría escuchado aunque fuera doloroso hacerlo. Así de intenso y profundo era el amor que te profesaba. Pero a pesar de todo, jamás tuviste la decencia de decirme que mi amor no era recíproco" derrotada, evitó mi mirada y la clavó sobre la mesa de metal que nos separaba.

No hubo necesidad de que hiciera audible sus pensamientos.

En este momento, ella era tan transparente como un libro abierto.

"Ahora comprendo que no es completamente culpa tuya. Yo debí haberlo sospechado. ¡Era tan obvio que no me amabas!. Estaba ciego de amor por ti, pero al mismo tiempo me decía que tú, la que decía tener como lema enfrentar la verdad a costa de todo, no podía ser tan vil como para mentir tan descaradamente" coloqué mi mano sobre mi frente y en consecuencia subió la otra también.

El ruido de las cadenas de las esposas es molesto.

Tuve la impresión que Candy se pondría a llorar. No por mis palabras, sino por verme aquí encerrado cumpliendo mi condena.

"¡Me destrozaste! ¿ahora te das cuenta que lo que pides es egoísta?" espeté cada vez más furioso. "Te odio Candice. Con todo mi ser. ¿Acaso crees posible que todo este rencor que te profeso desaparecerá de la noche a la mañana, sólo porque el día de hoy despertaste con la necesidad de limpiar tu alma?" soy incapaz de moderar el tono osco de mi voz.

Estoy gritando. Quiero calmarme, pero necesito deshacerme de toda esta oscuridad que me está consumiendo por dentro.

Quizás en el fondo le agradeceré algún día a Candice por darme esta oportunidad de externar lo que tanto daño me ha hecho desde que me dejó.

"… lo sé Loyd. Es demasiado tarde para pedirte perdón, pero quise que supieras que siento en el alma haberte causado tanto daño" sé que es sincera, pero de nada me sirve ese sentimiento ahora.

Tiene razón. Es demasiado tarde para los dos.

"Ansío que llegue el día en que piense en ti, te vea por la calle o vea tu foto en el periódico en la sección de sociales y no me inspires nada en absoluto. Esa es la meta a la que ansío llegar. Amarte como te amé fue un error que no pienso repetir. Te agradezco todo lo que vivimos, me enseñaste a ver la clase de hombre que no quiero ser. Te voy a pedir un favor, no regreses nunca. No quiero volver a verte" me puse de pie sin esperar una respuesta suya y me encaminé hacia la oxidada puerta de metal sin mirar atrás.

Debí haber hecho esto hace mucho tiempo.

Me liberaré de ti, Candice. No volveré a depositar el peso de mi alma sobre el de otra persona.

No es justo. No es un método sano para vivir ni mucho menos para amar.

Seré capaz de dar vuelta a la página y de escribir otro capítulo más en mi historia donde figurarás como un amargo e inexistente recuerdo.

Seré mejor hombre por mí.

Este es mi primer acto de amor propio, y confío que no será el único.

Sé que él hubiera no existe, pero si el ahora.

Mi objetivo es perdonarme para después poder amar con total libertad a Dorothy.

Ahora más que nunca quiero convertirme en la mejor versión de mí mismo.

Lo hago principalmente por mí, y en consecuencia por los que me rodean.

Adiós, Candice, pensé mientras me encaminaba junto al guardia hacia mi celda.

Este es el principio de una larga despedida, pero confío que mi tenacidad y deseo de liberarme de ti, me ayudará a que algún día ese "Adiós" sea definitivo.

_Terry_

7 de Mayo de 1925

Hace dos meses y una semana me convertí oficialmente en padre de gemelos, a los cuales bautizamos como Connor y Darrell Grandchester-Andley.

¡Gemelos! Estoy vuelto loco de felicidad.

Me asusté cuando mi esposa entró en labor de parto un mes antes de lo planeado, pero aunque el médico me aseguró después del nacimiento de mis hijos que era normal en partos gemelares, eso no amainó mi angustia.

Por un momento creí que existiría la posibilidad de perderlos a los 3, pero cuando vi el rostro de mis hijos por primera vez y ellos se prensaron con fuerza de uno de los dedos de mi mano, mis miedos y mis angustias se convirtieron en la más pura de las alegrías.

Mis padres y Alisa estaban completamente eufóricos.

No salían de nuestra casa con el pretexto de redecorar la habitación que mis hijos usarían cuando estuviesen un poco más grandes, sin embargo, ese es el último de sus pensamientos en cuanto ponen un pie dentro de la casa.

Inmediatamente corren a la habitación donde descansan mis bebés junto con Candy y conmigo, los toman en brazos y así empieza una pequeña discusión con Alisa, la cual, exige su turno para consentir y besar a sus sobrinos.

Es muy pronto para encontrarles parecido cuando son tan pequeños, según dicen algunos, pero mis padres aseguran que mis hijos son idénticos a mi cuando tenía esa edad, excepto por el color de los ojos, al parecer heredaron el azul cobalto de mi padre.

Ni la familia de Candy ni los miembros de la casa hogar de Pony pudieron asistir al parto por lo precipitado de la fecha, pero ahora con el pretexto de festejar el cumpleaños número 27 de mi esposa, el número 9 de mi hermana y mi primer aniversario de bodas, todos vinieron a Nueva York e inmediatamente acapararon a mis hijos.

Meses después, en septiembre del mismo año para ser más exactos, nació mi primer sobrino.

Elina dio a luz a un varón al cual llamaron Dereck Alexander Andley-Grandchester, el cual años después, sería el vivo retrato de la fallecida hermana de Albert.

Jamás creí que la felicidad pudiese tener tantos matices.

Siempre tengo en mente que el día de hoy soy extremadamente feliz y que no podré amar a Candy más de lo que ahora la amo, pero conforme los días, los meses y los años pasan, me doy cuenta que no es así.

Cada día que conforma mi existencia la amo más y más. Mi felicidad crece exponencialmente y a veces creo estar viviendo dentro de un hermoso sueño del que absolutamente no quiero despertar.

Después de tanto insistir, mi esposa me convenció de publicar mi primer libro usando mi nombre verdadero, el cual, titulé como Nuevo Amanecer.

La historia narra la vida de un hombre cuyos altibajos emocionales, lo llevan a conocer en uno de sus tantos viajes, a la mujer que será la dueña de su corazón. El destino los separa, pero tras reencontrarse con ella años después, no la deja ir jamás.

Un final feliz para variar. Eso no significa que dejaré el drama de mis escritos, después de todo, el dolor y la melancolía son parte fundamental de mi esencia.

Dos años después del nacimiento de Connor y Darrell, nació mi tercer hijo a principios del frío mes de octubre, al cual bautizamos como Evan.

Como los gemelos, físicamente es parecido a mí, excepto esta vez por las pecas que bañan su piel y los rizos que se forman en su cabello. Esos detalles son definitivamente herencia de su madre, pero Marianne, que llegó a nuestras vidas dos años más tarde, era idéntica a Candy en todos los aspectos.

Es como si mi esposa hubiese vuelto a nacer en mi hija.

Candy abandonó temporalmente su profesión después del nacimiento de los gemelos y desde entonces se dedica a ser ama de casa, o bien a acompañarme junto con nuestros hijos a mis viajes de trabajo.

Disfruto compartir cada momento de mi vida con ellos.

La prensa a lo largo de estos años, no ha perdido el tiempo como es su costumbre.

Siempre quiere obtener nota de mi vida privada, sobre todo desde la llegada de mis hijos.

"¿Algún día darás una entrevista en forma a esa pobre gente a la que ignoras con tanta rudeza?" me giré sobre mi mismo en la cama hasta quedar encima de ella.

"En nuestras bodas de plata te prometo que daré una entrevista a un reportero de tu elección, ¿qué dices?" sonreí con cierta malicia.

Conozco tan bien a mi esposa que anticipé su respuesta antes que la dijera en voz alta.

"¡Perfecto! No lo olvidaré" me carcajeé al tiempo que escuchábamos pasos apresurados acercarse a nuestra habitación.

Me coloqué nuevamente en mi lado de la cama, y casi al instante entraron corriendo nuestros hijos con esa sonrisa en sus rostros que tanto amo.

"¡Papi, vamos a jugar!" exigió Connor, el cual como Darrell, ahora tienen 8 años de edad.

De la mano de mi esposa, nos encaminamos al jardín y nos convertimos en dos niños más junto a nuestros hijos.

Mi vida no es perfecta, pero si feliz.

Tengo lo que nunca creí necesitaría y sin lo cual no podría vivir.

Continuará...


Notas de la autora

Espero que este pre-final haya sido de su agrado. No se olviden de leer el epílogo y dejarme sus reviews.

Les dejo muchos besos