Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.
CAPÍTULO 37:
REFUGIO
No paraba de llover y yo te convertí en refugio.
(David Sant)
Eren, sentado en el alfombrado piso del cuarto de Levi mientras este le secaba el humedecido cabello tras el baño, se llevó la taza de chocolate caliente a los labios para darle un nuevo sorbo y pensó en lo increíble que era el hecho de que, a pesar de haberse sentido muy mal emocionalmente solo hacía una hora atrás, hasta el punto de temer romperse, ahora se encontrara tan tranquilo. No era que todo lo ocurrido con su padre no le siguiese afectando, porque sí lo hacía, pero estar con su novio siempre parecía surtir un efecto calmante sobre él, como si todo lo horrible de su vida pudiese ser más llevadero solo con la presencia de aquel hombre en ella.
—Oi, mocoso, quédate quieto, joder —lo regañó Levi una vez más, enterrando los dedos entre sus cabellos para así obligarlo a no moverse—. Si no me dejas acabar con esto de una puta vez, en verdad te cortaré el cabello.
—No lo harías —lo provocó él, ladeando y alzando ligeramente el rostro para verlo al tiempo que le sonreía, ante lo que el otro solo arqueó una de sus oscuras cejas y le dio un ligero tirón que lo hizo soltar un quedo gemido de protesta.
—No me pongas a prueba, Jaeger. Te sorprendería saber de todo lo que soy capaz.
Morgana, que se hallaba echada en un rincón del cuarto mordisqueando entretenida su ratilla de trapo, tan solo los observó con ojillos cautelosos y atentos, sin atreverse a acercárseles a pesar de ser evidente de que se moría de ganas por hacerlo. La cachorra detestaba la secadora de cabello, por lo que seguramente temía ser víctima de esta una vez más. Eren la llamó un par de veces, intentando engatusarla con palabras amorosas, pero ni siquiera así esta se atrevió a ir, solo cediendo en el instante en que Levi acabó con el secado y apagó el aparato para desconectarlo.
Tras su intempestiva llegada a la casa de este esa noche —chorreando agua y angustia—, Levi lo había consolado en silencio durante el tiempo que Eren tardó en tranquilizarse y dejar de llorar, abrazándolo mientras temblaba como una hoja y besándolo cuando creyó que ya se encontraba mejor. A trompicones, debido a lo mal que se encontraba, él había sido capaz de explicarle algunas cuantas cosas de lo sucedido con su padre, las suficientes para que su novio comprendiera por qué se encontraba allí esa noche y el lamentable estado de sus emociones.
Luego de eso, Levi simplemente lo había enviado a quitarse la ropa húmeda y darse una ducha caliente mientras le preparaba una muda nueva, algo que Eren acabó obedeciendo sin protesta alguna, alegrándose en secreto de que alguien se preocupase por él y le dijera que hacer a continuación, por lo menos hasta que su cabeza y su corazón se calmasen lo suficiente para poder pensar con claridad.
Acariciando a la cachorra —que parecía feliz de estar echada sobre su regazo—, terminó lo que quedaba de su chocolate y dejó que sus ojos vagaran hacia la acristalada pared del cuarto que daba hacia la playa. Fuera, la lluvia caía como una fina cortina que distorsionaba la noche, creando una melodía constante y apacible que amortiguaba el mar de fondo, llenándolo todo de una suave cadencia serena que aligeraba el corazón.
Apoyando el peso de su espalda contra el borde de la cama, Eren dejó escapar un suspiro quedo, sonriendo satisfecho en cuanto sintió los brazos de Levi rodear su cuello unos segundos antes de que este se inclinase para dejar un beso sobre su mejilla izquierda, el cual él correspondió con otro sobre sus pálidos labios cuando ambos se miraron.
—No sabes cuánto lamento no tener mi cámara a mano ahora mismo. Luce realmente muy guapo esta noche, señor Ackerman. Podría haber sido la ocasión perfecta para que posaras para mí —le dijo coquetamente y con cierto deje de broma, a pesar de que en el fondo lo decía muy en serio.
Debido a que lo había dejado perdido de agua cuando se abrazaron a su llegada, su novio también se había visto en la obligación de cambiarse de ropa, por lo que ahora llevaba negros pantalones de chándal en vez de vaqueros y una camiseta gris de manga larga bajo el cárdigan unos tonos más oscuros; prendas no demasiado diferentes a las que este había dejado para él después del baño —sin tener en cuenta la desgastada sudadera gris que casi siempre utilizaba cuando se quedaba allí—, y que le hicieron pensar a Eren si aquella elección por parte de Levi habría sido tan solo coincidencia o algo más premeditado, aunque le gustaba más creer lo último.
—Tch, posar para ti y una mierda, mocoso —le dijo su novio, con una ligera sonrisa completamente maliciosa dibujada en sus delgados labios—. Ya sabes cuál es mi respuesta, y esta no va a cambiar.
Eren, divertido, se rio en respuesta a su habitual negativa.
—Ya encontraré el modo de convencerte.
—Oh, ¿de verdad lo crees? Pues buena suerte con eso.
Complacido, él volvió a besarlo, beso que Levi correspondió entusiastamente; no obstante, cuando al fin se separaron, tras la emoción inicial que siempre experimentaban, la forma en que este lo observó en ese momento estaba lejos de ser cálida y apasionada como otras veces, sino que más bien resultaba una suavidad analítica y llena de preocupación que hizo doler un poco su corazón.
—¿Quieres hablar, Eren?
Quizá porque desde un principio presentía que aquella situación llegaría tarde o temprano esa noche, la pregunta de Levi no lo angustió tanto como él temía en un comienzo. Lo cierto era que a pesar de que una parte dentro de sí solo deseaba dejar de pensar en lo sucedido con su padre, olvidándose de este y lo mucho que todavía le dolía lo ocurrido entre ellos, otra —tal vez mucho más valiente—, parecía en verdad necesitada de sacar todo ese veneno de su interior.
Tras dejar un nuevo corto y casto beso sobre los labios de Levi, Eren se puso de pie con cuidado para no incomodar a la dormida Morgana, depositándola a los pies de la cama antes de sentarse él mismo al lado de su novio, cuyos ojos grises lo contemplaban tan expectantes y atentos como tantas otras veces.
Sorprendentemente —y a pesar de sus temores—, contar aquella historia le resultó mucho más fácil de lo que esperaba, tal vez porque Levi no lo interrumpió en ningún momento de su relato o, quizá tan solo, porque su mano siempre estuvo entrelazada con la suya, como si fuese el ancla que él necesitaba para no naufragar por completo. Eren le habló de su padre y lo muy cerrado que este seguía respecto a sus decisiones —todas ellas—, y de lo que él finalmente tuvo el valor de decirle, a pesar de saber que, de cierta forma, ese paso sería un quiebre definitivo entre ambos; uno que ahora le dolía muchísimo.
En el pasado, todas las veces que Eren decidió hablar con sus amigos respecto a su situación con Grisha, las reacciones de estos siempre fueron diversas. Armin, por ejemplo, tan cauto y poco dado a los conflictos, le había aconsejado en cada ocasión que le diese a su padre algo de tiempo para acostumbrarse, convencido de que este recapacitaría algún día y lo aceptaría tal cual era; mientras que Annie, en cambio, habituada a vivir una relación difícil y conflictiva con su propio progenitor, le había dicho en más de una oportunidad que mandase a su padre al demonio, ya que si este no era capaz de aceptar sus decisiones, entonces él no tenía por qué considerarlo tampoco; pero, ¿cómo no hacerlo?, se había preguntado Eren una y otra vez. Su vida parecía haber girado siempre en torno a Grisha y lo que este esperaba de él, junto a todo los objetivos que debía cumplir para ser considerado digno y amado; entonces, cuando finalmente se cansó y decidió vivir su vida a su propia manera, todo lo que conocía hasta ese momento se fragmentó en miles de pedazos; pequeños trozos que acabaron por hacerse añicos esa misma noche tras su última conversación.
—Realmente tengo que ser muy idiota por estar triste debido a algo que de todas formas ya sabía que sucedería —reconoció, observando una vez más a Levi. En algún punto de la plática ambos habían acabado tumbados sobre la cama, observando los intricados diseños plateados del blanco techo y oyendo el incesante caer de la lluvia fuera de la casa. Entrelazando con mayor fuerza los dedos de sus manos unidas, preguntó a este—: Y bueno, ¿qué piensas de todo lo ocurrido? ¿Qué habrías hecho tú en mi lugar?
Poniéndose de lado para observarlo mejor, este acodó un brazo sobre la negra colcha y apoyó allí su oscura cabeza, haciendo que algunos negros mechones de su liso cabello cayeran por su pálida frente.
—Seguramente lo habría mandado a la mierda. Y sin remordimiento alguno —le dijo su novio con total sinceridad tras un silencio largo y meditativo.
Al oírlo, él no pudo más que sonreír, haciendo que los labios de este hiciesen lo mismo.
—No me esperaría otra cosa de ti, Levi. Y creo que hubiese sido lo más correcto.
—Lo hubiese sido —aseveró su novio. Posando su mano libre sobre su mejilla derecha, este la acunó con suavidad, permitiendo que su pulgar la recorriese en una caricia ligera que estremeció su corazón—; pero no para ti, ¿verdad, Eren? Tú nunca podrías hacer eso, por mucho que lo deseases o supieras que es lo más fácil. No lo harías porque eres mucho mejor persona que yo.
Sintiéndose algo cohibido y avergonzado por su afirmación, él bajó los ojos unos instantes, odiándose un poco al sentir su rostro repentinamente caliente y tener la certeza de que se estaba sonrojando.
—No soy alguien tan bueno como al parecer crees, Levi. Lo cierto es que sí me sentí un poco tentado de hacerlo cuando estábamos discutiendo, ¿sabes? —reconoció, alzando una vez más los ojos para mirarle—. Mi padre tiene la capacidad de hacer perder la paciencia a cualquiera.
—Ya lo creo que sí —masculló su novio con desgana—. Si no hubiese sido por tu madre, probablemente le habría partido la cara al bueno del doctor la vez que hablamos.
—¿Y no por mí? —le preguntó Eren juguetonamente a modo de broma.
Levi sonrió de medio lado y se encogió de hombros.
—Me hubieses acabado perdonando de todas formas, mocoso; además, me habría medido para que no fuese un daño irreparable —añadió su novio con solemnidad—. Sin embargo con Carla, no lo tenía tan seguro.
—Probablemente mamá también te hubiera perdonado después de unos cuantos días, pero no antes de darte una charla muy, muy larga, tras la cual de seguro hubieses deseado que no te perdonara en absoluto, créeme.
Ambos se rieron una vez más debido a aquella tontería, aligerando de aquel modo la tristeza que parecía haberse instaurado en el ambiente luego de su relato. Sintiéndose necesitado de muchas cosas, Eren se acercó a Levi para abrazarlo, acabando así los dos nuevamente tumbados sobre la cama, con él reposando su cabeza sobre el pecho de su novio y dejándose arrastrar por los latidos fuertes y pausados de su corazón, una constante que nunca pensó necesitar en su vida hasta que lo conoció.
—Levi, ¿alguna vez has estado tan furioso con alguien, tan dolido, que hayas deseado borrar por completo su presencia de tu vida?
—Sí —le dijo este, acariciando con suavidad sus largos cabellos para desenredarlos—. A mí mismo.
Sorprendido por su respuesta, Eren alzó la cabeza para verle. Levi, todo calma y mesura como siempre, lo observó de aquella manera pausada y detenida que tenía a veces, y la cual en un principio —tras apenas conocerse—, él asoció en algunas ocasiones con frialdad y desinterés, algo que luego supo estaba muy lejos de la realidad. De entre las muchas cosas que ese hombre podía ser, frío y despreocupado no eran unas de ellas. Levi, ciertamente, era una de las personas más amables y cálidas que él había conocido en su vida.
—¿Por qué esa cara de sorpresa, mocoso? —le pregunto este, pellizcando suavemente su mejilla—. No es como si no supieses ya sobre lo mucho que me detesté tras la muerte de Farlan, ¿verdad? A veces, Eren, nosotros mismos acabamos por convertirnos en a quienes más odiamos.
A pesar de que él sí tenía claro lo muy difícil que había sido para Levi salir de aquel círculo de culpa y remordimientos continuos, lo mucho que le había costado, aun así no dejaba de ser doloroso el oírlo de sus propios labios, porque podía comprenderlo a la perfección. De cierta manera, y aunque fuese por algo completamente diferente, Eren también se había visto sumergido en ese tipo de rechazo hacia quien él era, y solo tras la llegada de este a su vida pudo ir aceptándose y perdonándose poco a poco, aunque todavía existían muchos días en los que aquello resultaba complicado.
—No es que odie realmente a mi padre, de verdad no lo hago, pero… a veces siento que todo sería mucho más fácil si su opinión tan solo no me importase, si esperar su aprobación y cariño no me importase. —Suspirando, se dejó caer sobre el pecho de este una vez más, viéndose reflejado en la plateada pátina de aquellos claros ojos que lo observaban atentos—. No sé qué hacer para que esto duela menos, Levi. Para que él ya no me importe.
Con cuidado, los pálidos dedos de su novio apartaron unos cuantos mechones de cabello de su rostro, acomodándolos detrás de una de sus orejas mientras meditaba sobre sus palabras.
—Tal vez… solo debas dejar que pase, Eren —comenzó Levi, y a pesar de que su voz estaba teñida con un ínfimo deje de duda, la determinación de su mirada solo dejaba clara su sinceridad—: que duela si tiene que hacerlo, y enfadarte, maldecir y desear que las cosas sean diferentes cuando sientas que es injusto. No creo que exista una fórmula mágica para superar la tristeza y el dolor, lo que es una verdadera mierda en mi opinión, mocoso; pero aun así pienso que algunas cosas ayudan en el proceso de sanación.
—¿Cómo cuáles?
—Para mí fuiste tú, sobre todo lo demás —le dijo este y, a pesar de todo lo malo que había ocurrido aquella noche, Eren se sintió inmensamente feliz al oírlo—. Soy consciente de que el dolor que siento por lo ocurrido con Farlan no mejorará de un día para otro; habrá momentos mejores y peores, o días en los que simplemente me detestaré por las cosas que no hice o las decisiones que no tomé en aquel entonces; sin embargo, también sé que ahora te tengo a ti y eso me basta, mocoso. Eres lo mejor que me ha ocurrido en mucho tiempo, probablemente en la vida, y ni te imaginas cuan agradecido estoy por ello; y por eso mismo estoy seguro de que por muy mal que las cosas se pongan de vez en cuando, por muy mierda que sea la vida en algunas ocasiones, seguirás a mi lado. Tú eres mi puerto tras las tormentas. Mi sitio seguro.
«Un sitio seguro», se repitió Eren tras oír las palabras de Levi. Un puerto al cual llegar, un refugio, lo mismo que él pensaba y sentía cuando la vida volvía a ponerse demasiado cuesta arriba y este lo sostenía en su abrazo, calmando su desazón.
Durante mucho tiempo, Eren había sido diversas cosas para el resto de quienes lo conocían, pero jamás se había considerado la seguridad o el respaldo de alguien. Levi, luciendo siempre tan fuerte e intimidante contra el mundo, parecía no necesitar que nadie le cuidara y protegiera, y sin embargo allí estaba en ese momento, diciéndole que él era todo aquello que necesitaba para estar bien y mejor, para saber que por muy oscura que fuese la noche, al día siguiente acabaría por salir nuevamente el sol para brillar con todas sus fuerzas.
—Sé que luego me odiaré por decirte esto, porque en verdad detesto a tu viejo, pero… que mierda, todavía así no creo que debas forzarte a distanciarte de él si en verdad no lo deseas del todo, Eren. Por muy jodidas que las cosas sean ahora entre ambos, eso no significa que vayan a ser así para siempre; quizás en algún momento algo de sentido común le entre en esa dura cabeza que al parecer tiene y… no sé, comience a comprender lo idiota que es. Date el tiempo que necesites para sanarte, mocoso, y si algún día decides que deseas volver a intentarlo con él, está bien.
Observando como los pálidos dedos de la mano de Levi se entrelazaban con los suyos, tan diferentes entre sí y al mismo tiempo tan perfectos para estar juntos, Eren le dijo tras un quedo suspiro:
—Sé que lo que acabas de decirme es una idea sensata, la correcta, pero temo que todo acabe del mismo modo que ahora —reconoció, sintiendo su corazón doler y su estómago encogerse ante aquella posibilidad—. No creo que mi padre vaya a ceder solo porque pasemos un tiempo alejados, ¿sabes?
—Entonces, seguiré aquí para ti, Eren. Todas las veces que haga falta —fue la respuesta de este, una que se reflejó en su mirada de invierno donde no anidaba ninguna duda ni subterfugio, haciéndole comprender que así como Levi le había asegurado que su amor por él sería eterno, pasara lo que pasase, este también se convertiría en su apoyo incondicional durante todas las tormentas que debiese afrontar en el futuro.
Sí, Levi para él también era su refugio, y tal vez por ello Eren sintió que a pesar del dolor y la tristeza, a pesar de sus miedos sobre lo que le depararía la vida más adelante, las cosas le irían bien. Tenía a Levi y este lo tenía a él, no necesitaban nada más.
Una vez acabaron de cenar y pusieron todo nuevamente en orden, ambos decidieron que sería una buena idea el distraerse con una película, por lo que tras subir a la segunda planta y elegir que verían, se recostaron en el sofá junto a Morgana, quien de inmediato se hizo un espacio entre los pies de ellos muy contenta, quedándose allí totalmente quietecita para evitar que la mandasen a dormir a su propia cama.
Levi, a pesar de tener la mirada fija en la pantalla y oír reír a Eren de vez en cuando, no estaba prestando real atención a lo que pasaba en esta, concentrándose tan solo en acariciar el largo cabello del chico —quien tenía la cabeza recostada sobre su pecho— y observar de tanto en tanto como la cachorra movía las negras orejillas y abría alguno de sus redondos ojillos, llena de curiosidad cada vez que algo llamaba su atención, a pesar de que minutos antes fingía dormir profundamente.
Luego de la llegada de Eren a su casa, por completo devastado debido a la discusión que había tenido con su padre, tras su preocupación inicial por este, Levi se había sentido inmensamente furioso con el condenado médico, aunque intentó tragarse lo mejor posible su rabia para no demostrarlo frente a su novio, quien ya tenía problemas suficientes.
Todo lo que le había dicho al chico horas atrás era por completo sincero, por su puesto, porque sabía bien que, por mucho que lo desease, para Eren el mal nacido de Grisha Jaeger seguía siendo alguien importante en su vida; aun así, no podía negar que se moría de ganas por ajustar cuentas con este de una buena vez, para así dejarle las cosas claras en nombre de su hijo; sin embargo, ¿aquello serviría de algo?, se preguntó. Probablemente no, tuvo que reconocer con pesar. A parte de generar más animadversión entre ambos de la que ya existía —y la cual no era poca—, dudada mucho de que el bueno del doctor diese su brazo a torcer con tanta facilidad solo porque él se lo dijera.
Aun así, a sus ojos al menos, lo que había hecho Eren esa noche era en verdad muy valiente. El chico no solo confrontó a su padre para dejarle claras sus decisiones, sino que también así mismo y a sus enormes miedos; toda aquella angustia y dolor que había cargado desde muy joven, ansioso por la atención y el amor de aquel progenitor que a lo largo de los años solo depositó expectativas sobre sus hombros.
—Puedo oírte pensar —le dijo este de repente, volviéndolo a la realidad. Alzando ligeramente el rostro para verle, con una de sus castañas cejas arqueadas y los verdes ojos brillando oscurecidos a la luz de la chimenea, Eren parecía realmente muy divertido por haberle devuelto las palabras que él le había dicho en una ocasión bastante similar a esa—. Y bueno, Levi, ¿me dirás o no lo que pasa por tu cabeza?
Sintiéndose pillado —y un poco sorprendido por el hecho de que el mocoso se hubiese percatado de su malhumor a pesar de lo muy cuidadoso que había intentado ser—, pensó en cómo abordar aquel asunto sin lastimarlo debido a su poco tacto, temeroso de que este acabara generando más dolor innecesario.
Inspirando profundo para luego dejar escapar un suspiro, enredó entre sus dedos unos cuantos cabellos de su novio y reconoció con franqueza:
—Joder, Eren, es que… odio que te hagan daño, sobre todo tu padre, así que estoy enfadado. Si por mí fuese, jamás permitiría que sufrieras, porque no lo mereces, pero igualmente sé que no puede evitarse. Hay cosas que necesitas resolver por ti mismo, y lo comprendo, pero eso no hace que me resulte menos doloroso.
—¿Pero no has dicho acaso que vas a ser mi refugio cada vez que lo necesite? —le preguntó este, dejando un ligero beso sobre sus labios—. Lo cierto es que a mí tampoco me gustaría tener que volver a pasar por ello, Levi, pero como has dicho, lamentablemente es inevitable. Aun así, significa mucho para mí el hecho de que me permitas enfrentar los problemas por mí mismo, porque sabes que seré capaz de sobrellevarlos. Que confíes tanto en mí.
Él besó aquellos sonrientes labios en respuesta, pero al ver como una emoción diferente afloraba a los ojos de Eren, casi como si este necesitase decirle algo y no supiera como comenzar a hacerlo, inquirió:
—Y ahora, mocoso, ¿debo ser yo quien pregunte qué es lo que pasa por esa jodida cabeza tuya?
Entreabriendo los labios y los verdeazulados ojos con sorpresa, Eren dejó escapar una exclamación muda, la cual rápidamente mutó a una expresión contrita y solemne.
—Jean vendrá a Shiganshina el viernes de la próxima semana. Y me encontraré con él.
A pesar de las muchas cosas que Levi supuso este podía decirle, lo cierto era que jamás pensó que aquella información sería una de estas, y no sabía bien como sentirse al respecto.
Luego de la conversación que Eren y él habían mantenido el día que fue a su casa para pasar la tarde, el chico no había vuelto a hablarle de aquel otro bastardo y Levi tampoco había deseado preguntar más. Que ahora el mocoso le dijese que este no solo se aparecería por la ciudad en una semana más, sino que también ambos se encontrarían, no le gustaba ni un poco, para nada. Un malestar que debió notarse en su rostro, pues su novio posó su pulgar derecho sobre su entrecejo y comenzó a alisarlo con suavidad.
—Deja de poner esa cara tan terrorífica, ¿quieres? Sé que estás molesto con la situación, y entiendo el porqué, pero es necesario.
—¿Qué quieres decir exactamente con ese «es necesario», mocoso? —le preguntó afilando la mirada, teniendo la certeza de que luego se arrepentiría—. Necesario y una mierda.
—Quiere decir que necesito hablar con Jean para poder aclarar de una vez todo lo sucedido entre nosotros —respondió Eren sin vacilación alguna—. De hecho, fui yo quien lo llamó y le pidió que viniese.
Durante unos instantes ambos se quedaron en un silencio solo roto por la película que seguía reproduciéndose sin que ninguno de ellos le prestase ninguna atención, observándose mutuamente mientras Morgana hacía lo mismo, moviendo su cabecilla de uno al otro como si estuviese expectante a la conversación que se avecinaba.
Levi tenía mil protestas dándole vueltas en la cabeza y a punto de escapar de sus labios a la menor oportunidad, pero su parte más racional le recordaba que aquel súbito enojo no era más que aquellos condenados celos que estaban produciendo estragos en su sentido común y lo azuzaban para que impidiese aquel sin sentido; pero, ¿realmente tenía derecho a hacerlo? Solo con mirar a Eren podía darse cuenta de que este, a pesar de intentar aparentar seguridad, se moría de miedo, y que seguramente aquel encuentro con su ex… amigo o lo que fuera, no lo entusiasmaba demasiado.
Joder, como deseaba hacer desaparecer a aquel maldito bastardo de una buena vez.
—Oi, mocoso, ¿esto tiene algo que ver con lo ocurrido el otro día en tu casa? —le preguntó finalmente, ante lo que Eren asintió, apoyando sus brazos cruzados sobre su pecho y dejando descansar su barbilla sobre ellos.
—Lo tiene. Después de que te marchaste esa noche, pensé mucho en todo lo que hablamos, sobre todo en las decisiones, buenas y malas, que había tomado en mi vida. Al final, llegué a la conclusión de que el no enfrentar a Jean en aquel entonces fue un gran error de mi parte que solo me acarreó mucho dolor e inseguridad, pero igual comprendo que en ese momento no estaba emocionalmente preparado para hacerlo y por eso me quedé callado.
—Pero ahora sí lo estás —afirmó él, ante lo que el chico asintió una vez más.
—Te tengo a ti, Levi, y sé que sin importar lo mal que lo pase, te voy a seguir teniendo, lo que me da la confianza que me faltaba antes. —Una sonrisa asomó a sus labios llenos, la cual se amplió todavía más cuando sus nudillos acariciaron su mejilla derecha—. No quiero ver a Jean, pero sé que debo hacerlo si deseo ponerle un punto final a esto, por mí, pero sobre todo por nosotros. Creo que te mereces algo mejor que un chico por completo fragmentado y con un montón de heridas sangrantes a cuesta.
A pesar de la forma desenfadada en que Eren le dijo aquello, Levi vislumbró lo muy difícil que era para este el verse de aquella manera, como alguien demasiado roto e insuficiente para la persona a quien quería, porque se sabía terriblemente dañado.
En un principio, nada más conocer al chico y comenzar a comprender que su relación era algo más que una simple amistad, él se había sentido de la misma forma, por lo que durante mucho tiempo se debatió en si era o no correcto el que estuviesen juntos; y aunque ahora aquella ansiedad había acabado por diluirse en la seguridad de que Eren era todo cuanto necesitaba para ser feliz, todavía existían días en los que Levi despertaba y sentía que no era digno de tenerlo a su lado, de que este lo quisiera, pero aun así lo seguía intentando.
—Tch, no es que yo haya sido mucho mejor. ¿Acaso ya no recuerdas que era un desastre de mierda cuando me conociste, mocoso?
—Lo eras, totalmente; pero también recuerdo que me dijiste que querías ser alguien mejor para mí, porque me amas, y yo siento lo mismo, Levi, así que igualmente quiero intentarlo; de allí mi necesidad de aclarar todo con Jean. ¿Te importa?
—Lo hace —reconoció él con absoluta honestidad—, pero lo comprendo. Y lo acepto.
Eren sonrió.
—Gracias por eso.
—No me lo agradezcas antes de tiempo, mocoso confiado —lo regañó, apretando entre sus dedos la mejilla que minutos antes acariciaba—. Tal vez podría presentarme ante este sin que te enterases, acabando lo que Annie comenzó hace dos años atrás.
—¿Lo harías? —le preguntó Eren, tan divertido como curioso—. No digo que sea una buena idea, para nada, pero me intriga saber si en verdad serías capaz de romperle el brazo a Jean.
—En tres movimientos. Y sería una fractura muy limpia —le aseguró él—. ¿Quieres que te lo demuestre? Lo haría encantado.
Nada más oír su oferta, el chico rompió a reír.
—¡Ni se te ocurra! Y no me tientes, sobre todo porque ganas no me faltan y el muy idiota se lo merece; pero sé que eso no solucionaría nada en realidad. —Reacomodándose en el estrecho espacio del sofá que ambos ocupaban, el rostro de Eren quedó a la par del suyo, lo suficiente para que pudiera besarlo con suavidad—. Levi, gracias por confiar y aceptar mis decisiones. Es más de lo que incluso yo mismo he hecho por mí.
—¿No lo dijiste antes, mocoso? Soy tu sitio seguro, y tú eres el mío; por eso, aunque todo en este mundo de mierda se tuerza, voy a confiar en ti, siempre en ti, Eren. Pase lo que pase.
Como casi siempre que las emociones lo superaban, los ojos de Eren se llenaron de lágrimas, las mismas que acabaron empapando sus propias mejillas cuando se besaron, pero en esa oportunidad no le importó en absoluto. Levi y él estaban juntos y lo tenía a su lado, por lo que superarían aquello una vez más como lo habían hecho otras tantas veces. Por mucho que diluviara, tenían un lugar donde guarecerse.
Tras preparar un desayuno ligero a base de té, tostadas y algo de fruta picada para ambos, Levi subió a la segunda planta cargando la bandeja con este, sintiendo extraño el hecho de que Morgana no lo siguiese a todas partes como solía ser su costumbre por las mañanas una vez que se levantaban; sin embargo, con la presencia del mocoso en la casa, la cachorra no parecía muy dispuesta a despegarse de su lado, y él no podía culparla.
Una vez ingresó al cuarto, encontró al chico recostado contra las blancas sábanas junto a la perrilla que estaba echada a su lado y lo contemplaba embobada. Este tenía los ojos cerrados, como si durmiera, pero, nada más oírlo entrar, estos se abrieron, reflejando en el verde de sus iris la ligera claridad diurna del débil sol de invierno que se colaba por el ventanal, el cual había arrastrado la lluvia nocturna y ahora teñía con una pátina dorada la mirada de su novio.
—Creo que la medicina ya está haciendo efecto y la fiebre ha bajado un poco —le dijo este con voz terriblemente rasposa y enronquecida, señalándole el termómetro que descansaba sobre la mesilla de noche.
Una vez hubo dejado la bandeja con cuidado sobre la cama y bajado a Morgana para que comiera su propio desayuno en el sitio que le correspondía, Levi volvió a apoyar su mano sobre la frente del chico y revisó el instrumento, frunciendo el ceño al verlo.
—Tch, ¡ha bajado y una mierda! Si sigues teniendo más de treinta y ocho grados, mocoso. Joder, anoche sospeché que esto podría ocurrir, pero aun así… —masculló con desánimo al contemplar el rostro ligeramente enrojecido de Eren, donde sus ojos verdes lucían ridículamente brillantes debido a la fiebre—. ¿Crees que puedas comer algo?
Los labios de este se torcieron con desgana al ver el contenido de la bandeja, sobre todo las tostadas que podrían ser un suplicio para su garganta irritada, pero de todos modos asintió.
—Tal vez un poco de fruta. Y necesito urgentemente beber-
—Si me dices café, me enfadaré, mocoso. Me importará una mierda tu enfermedad y me enfadaré —lo amenazó muy serio, no dispuesto a ceder en aquello—. Además, ya he decidido por ti y te he traído té con miel, limón y jengibre. Te ayudará a sentirte mejor.
Eren volvió a sonreírle, aunque desganada y quedamente; pero aquello bastó para aligerar por lo menos un poco su acongojado y preocupado corazón.
—Iba a decir té de todas maneras, ¿sabes? —Cogiendo el tenedor, este pinchó sin muchos ánimos un trozo de manzana—. No soy tan irresponsable con mi salud. A veces.
Al ver que Eren sonreía de forma disimulada tras sus palabras, evidentemente ansioso de provocarlo, él rodó los ojos y tiró de un mechón de su enredado cabello antes de tomar su propia taza de té negro y darle un sorbo; no obstante, al percatarse de que el chico masticaba el trozo de fruta sin verdaderas ganas —algo que era por completo antinatural en este—, Levi no pudo evitar sentirse preocupado como pocas veces lo había estado.
Lo cierto era que luego de todo lo acontecido la noche anterior, él sí había pensado —remotamente al menos— en la posibilidad de que aquella condenada lluvia pudiese acabar enfermando al chico, pero debido al hecho de que este había crecido en aquella ciudad y estaba acostumbrado al clima de mierda de Shiganshina, descartó la posibilidad e intentó mostrarse positivo. Aun así, Levi había preferido ser precavido, tomando algunos resguardos, como el obligarlo a darse una ducha para que entrase en calor y el que cambiara su ropa empapada por una muda seca; incluso había preparado chocolate para que Eren bebiese algo caliente que lo reconfortase tanto física como emocionalmente, pero todavía así parecía no haber sido suficiente, se dijo al ver al muchacho enfermo que descansaba en su cama; y ahora estaba pagando las consecuencias de sus errores.
Tras dar un par de sorbos a su taza de té tibio, los ojos de su novio —pensativos hasta hacía un par de segundos atrás— se abrieron con auténtico horror. Gimiendo quedamente, este dejó caer su despeinada cabeza sobre su hombro derecho, oportunidad que él aprovechó para acariciarla mientras se preguntaba cuál sería el nuevo problema a enfrentar.
—¡Dios, Levi, acabo de recordar que hoy tengo que entregar un informe en la universidad! —le dijo con desapasionada desesperación y una voz tan rota a causa de la enfermedad que hasta él sintió dolor.
—Bien por ti, mocoso, pero dudo mucho que puedas poner un pie fuera de la cama en al menos un par de días —señaló—. Vaya forma que has tenido de pasar tu primer fin de semana conmigo, Jaeger.
La mirada cargada de enojo que este le dedicó lo divirtió más que otra cosa, pero de todos modos sintió un ramalazo de preocupación cuando se inclinó para besarlo en la frente y notó lo caliente que todavía estaba.
—Aun no son las nueve, así que tal vez le pueda pedir a Armin que lo lleve por mí, ya que él no tiene clases hasta las once —dijo este esperanzado, cogiendo su móvil de la mesilla de noche para, seguramente, llamar a su amigo. No obstante, cuando volvió a mirarlo, su expresión se llenó de pánico—. Hoy en la tarde debía reunirme con Moblit por el asunto del trabajo que estoy haciendo para la exposición, así que también tendré que comunicarle que no podré ir. Y Rico… ¡Demonios, debo llamar a Rico e Ian por las sesiones de fotos que tenía previstas para el fin de semana! Levi, necesito…
—… tranquilizarte y descansar —le dijo él, rotundo, obligándolo con manos firmes y gentiles a volver a recostarse sobre las almohadas—. Una vez acabes de desayunar te pondré una compresa fría para ayudar a que la fiebre baje; luego, si te sientes mejor, ya harás todas esas llamadas que tienes que hacer.
—Pero Armin…
—Yo hablaré con Armin. Estoy seguro de que tu amigo tendrá perfectamente claro que es lo que tiene que llevar y a quien entregárselo.
A pesar de ser evidente lo mal que se sentía, Eren sonrió al escucharlo, haciéndole pensar a Levi lo muy injusto que era el hecho de que incluso estando tan jodidamente enfermo, este luciese tan guapo.
—Supongo que tienes razón —reconoció su novio, dejando caer la cabeza contra la almohada, resignado—. Entonces, ¿lo dejo en tus manos?
—Por supuesto. —Inclinándose un poco, dejó un nuevo beso sobre la frente del chico, momento que este aprovechó para sujetar su mano, entrelazando los dedos de ambos.
—Levi…
—¿Qué pasa? —Al ver como Eren de repente parecía bastante angustiado, un terror frío lo embargó por dentro, haciéndole temerse lo peor—. Oi, mocoso, si en verdad te sientes peor de lo que me has dicho, podemos ir al…
—No me siento mal. Bueno, sí, pero no peor que otras veces. Tan solo… lamento mucho todo esto —lo interrumpió su novio, volviendo a mirarlo con profundo pesar—. No solo llegué de improviso a tu casa anoche, modificando todos tus planes, sino que además terminé enfermando debido a mi estupidez, haciendo con ello que te preocupases y tuvieras que quedarte para cuidarme, ¡y justo hoy, que tenías que reunirte con Nifa por el asunto de la decoración de la tienda! Dios, a veces siento que no puedo hacer nada bien.
Comprendiendo que el notorio desánimo en Eren se debiera probablemente a la enfermedad y lo mal que esta lo hacía sentir, él tan solo sujetó con mayor fuerza su mano entre la suya y se sumergió por completo en el verde febril de aquellos ojos que lo contemplaban con fijeza, sin apartarle la mirada ni un segundo.
Durante el tiempo que llevaban de conocerse, Levi había visto muchas facetas del chico, algunas que le encantaban —como cuando fotografiaba o bromeaba con él sobre un montón de tonterías— y otras que le habían resultado tan dolorosas que rogaba por no tener que volver a repetirlas; sin embargo, aquella era la primera vez que Levi le veía así de enfermo y vulnerable, lleno una vez más de aquel cúmulo de emociones negativas que parecían absorberlo en algunas ocasiones como una espesa nube negra sobre su cabeza. Además, curiosamente, aquella también estaba resultando ser la primera vez que —aparte de Isabel— él se sentía tan responsable por el bienestar de alguien más, descubriendo que a pesar de la enorme preocupación que experimentaba en esos momentos, no era un sentimiento del todo desagradable.
Acallando las advertencias de su TOC —que le decía a gritos que aquella sería una pésima idea por todos los riesgos que conllevaba—, unió sus labios con los de Eren en un beso que de inmediato hizo que el ya de por sí enrojecido rostro del muchacho pareciese a punto de estallar.
Apartándose un poco, aunque al estar recostado realmente no tenía donde ir, este apoyó las manos sobre sus hombros para mantenerlo apartado, arrugando bajo sus dedos la suave tela de la blanca camiseta que él llevaba.
—¡Levi, no! —lloriqueó Eren con clara dificultad—, ¡Vas a enfermarte también!
—Tch, claro que no voy a enfermarme, mocoso debilucho. Hace años que no lo hago.
—¡No digas eso! Estás tentando la suerte, ¿sabes? —replicó este, frunciendo sus castañas cejas y plantándole una mano sobre el pecho cuando él volvió a hacer intento de inclinarse en su dirección para besarle otra vez.
—Entonces, si me enfermo, te tocará cuidar de mí y estaremos a mano —le dijo Levi con solemnidad—. ¿Te sentirías conforme con eso?
Al comprender cuál era el punto al que él deseaba llegar con aquello, la expresión de Eren cambió por completo, pasando de su abatimiento inicial a algo mucho más complejo y emocional; aquel cúmulo de enormes sentimientos que parecían embargarlo todo el tiempo.
A pesar de todos los peros que le había puesto solo segundos antes cuando Levi intentó acercársele, fue el mismo chico quien terminó por echarle los brazos al cuello, enterrando el caliente rostro en la curvatura de este y ya sin protestar en absoluto cuando sus propios brazos le estrecharon la espalda en respuesta.
—Por supuesto que no me sentiría conforme, no seas tonto, Levi; sin embargo, comprendo cuál es tu punto —le dijo, dejando un suave beso en la base de su cuello y sonriendo quedamente después, haciendo que su tibio aliento cosquilleara sobre su piel—. Sé que me comporto como un estúpido algunas veces, pero es que no estoy demasiado acostumbrado a ser cuidado por nadie con tanto esmero; aparte de mamá, por supuesto.
—Joder, mocoso, ¿así que ahora te recuerdo a tu madre? —inquirió él, alzando una de sus renegridas cejas—. No creo que esa comparación te parezca tan graciosa como ahora cuando nos estemos enrollando.
—¡Levi! —protestó Eren con voz rasposa, alzando el rostro y haciendo un gesto de dolor al tragar.
—Tú fuiste el que comenzó con esta mierda, así que te aguantas —lo regañó socarrón, pero todavía así dejó un beso sobre la punta de su respingada nariz antes de rozarla con la suya—. Si te sirve de consuelo, lo cierto es que yo tampoco sé bien como es el cuidar a otras personas o que te cuiden en una situación como esta. Ya te lo dije antes, no suelo enfermarme, y aunque cuidé a mi madre un par de veces en el pasado, todavía era demasiado joven por aquel entonces. Isabel también enfermó alguna que otra vez durante sus visitas cuando era más pequeña, pero siempre solía ser Farlan quien se encargaba de ella.
—¿Y a él? ¿Nunca te tocó cuidarlo a él? —le preguntó su novio con voz ronca y moderada, pero en la que aun así podía notarse el mismo deje de ansiedad que se distinguía en sus ojos claros.
—No —admitió Levi con sinceridad—. Farlan solía enfermar muy poco en realidad, una vez cada tantos años; y nunca nada demasiado preocupante. Además, todas las veces que eso ocurrió yo estaba fuera. Ya sabes, por mi trabajo.
Al pensar en aquel entonces, en cómo habían ocurrido aquellos episodios y sus propias decisiones al respecto, Levi no pudo más que sentirse un completo bastardo.
Todo lo que acababa de decirle a Eren era cierto, por supuesto, pero él también sabía que había tenido la posibilidad de elegir en cada una de esas oportunidades. Cada vez que se enteró de que Farlan se encontraba mal, Levi tan solo decidió priorizar su trabajo y no regresar a casa, dejándose convencer una y otra vez por este para que no lo hiciese, bajo la excusa de que no había necesidad de preocuparse porque se repondría. Por supuesto, había sido así en cada una de esas ocasiones, pero, ¿habría cambiado en algo la deteriorada relación que tenían si él hubiese dejado de lado su egoísmo al menos una sola vez, preocupándose más por el bienestar del otro que por sí mismo? Habría sido tan fácil hacerlo, pero aun así…
La sorpresa lo golpeó de lleno en cuanto sintió los brazos de Eren rodeándolo, casi como si fuese este quien desease protegerlo. Levi podía sentir su cuerpo antinaturalmente caliente contra el suyo y la ligera sudoración que se impregnaba en su piel debido a la fiebre, pero aun así aquello no le importó en absoluto, porque era Eren y tenerlo junto a él siempre era reconfortante; porque a pesar de todo lo malo, entre las mil posibilidades de fallo existentes y lo enorme que era el universo, lo había acabado encontrando.
—Prometo cuidar de ti cada vez que estés enfermo, Levi; y también si no lo estás. Te lo juro. Siempre, siempre —le dijo este; una emoción tan profunda tiñendo su voz que él no pudo más que emocionarse a su vez.
—Oi, mocoso, ¿acaso estás intentando decirme que quieres estar conmigo en la salud y la enfermedad? —bromeó—. Ten cuidado, o podría creer que estás insinuando otro tipo de compromiso entre nosotros.
Al no oír reír a Eren como esperaba, buscó su rostro para verlo; este, no obstante, solo lo abrazó con más fuerza aun, como si se negase a dejarlo ir.
—Tal vez —comenzó el chico con voz ligeramente dubitativa y amortiguada contra su oído— eso es lo que en verdad quise decir. ¿Sería tan malo?
Al comprender lo que este acababa de decirle, el verdadero significado tras sus palabras, Levi respondió devolviéndole el abrazo del mismo modo, porque si de algo estaba absolutamente seguro, era de que no quería dejar ir nunca a Eren de su vida
—No lo es para nada, mocoso. Ese suena como un excelente plan para mí.
La ligera risa de Eren, cálida como el sol de verano, fue toda la respuesta que él necesitó y quiso. Nada de aquello se concretaría en un futuro cercano, Levi lo sabía bien, pero aun así tuvo la certeza de que algún día avanzarían hasta ese punto y, sería. Poco a poco y paso a paso, como siempre había sido todo entre ambos, se recordó, pero no había prisa. Eren no era solo el refugio que había hallado tras incontables tempestades, sino que también el hogar al que finalmente ansiaba llegar.
Lo primero, como siempre, es agradecer a todos quienes han llegado hasta aquí. En verdad espero que el capítulo resultase de su agrado y valiera la pena el tiempo invertido en él.
Lo segundo, es agradecer el precioso fanart de Eren que encabeza el capítulo en Wattpad y AO3. Este ha sido un obsequio de mi querida Nat, ReinadeTormentas, quien, a pesar de estar muy nerviosa e insegura, porque esta es su primera vez dibujando en digital y haciendo fanarts, me permitió enseñárselos, así que espero igualmente les parezca tan hermoso como a mí. ¡Muchas gracias, mi reina, por tan maravilloso regalo!
Lamentablemente para mis lectores de y Amor Yaoi, no puedo subir el dibujo como en las otras plataformas, pero, si aun así desean verlo, los invito a que se den una vuelta por cualquiera de las otras dos, en este mismo capítulo. Creo, de corazón, que no tiene desperdicio alguno.
Por lo demás, lamento la tardanza en actualizar, pero tras mi periodo de exámenes para finalizar el semestre en la universidad, quedé con muchos pendientes y necesité de unos días para poder ponerme al día con ellos. Además, aunque deseaba sacar este capítulo a comienzos de esta semana, he caído enferma una vez más (ya ni siquiera recuerdo cuantas veces van este año, jaja), así que solo he funcionado a medias estos días; aun así, espero irme ya recuperando bien para poder ir retomando todo con normalidad.
Sobre el capítulo en sí, solo espero que les gustase en todo lo infinitamente fluff que fue. Tras todo lo malo y difícil que había pasado en los anteriores, creo que se necesitaba un respiro un poquito más tranquilo y dulce, así que solo confío en que lo disfrutasen como yo al escribirlo. Y para quienes se preguntan, ¿y cuando Jean? Bueno, ya la siguiente actualización él estará haciendo su tan esperada aparición por aquí, jaja.
Por otro lado, como llevo ya un tiempo diciendo, In Focus está encaminándose hacia lo que será su final, por lo que cada capítulo es un pasito más para acabarla; igualmente, les había dicho que en cuanto tuviese el número exacto de capítulos faltantes, se los informaría, por lo que en estos días he ido acomodando ideas, apuntes y bosquejando todo lo restante, por lo que ya tengo una cantidad definida. In Focus acabará exactamente en el capítulo 55, el cual será su epílogo, por lo que tan solo quedan 18 capítulos para terminar la historia.
Honestamente, tenía la esperanza de que fuesen menos, pero no, aún me quedan algunas cositas que ajustar por aquí antes de bajar el telón. En esta ocasión el número de capítulos sí es exacto, ya que estos están bosquejados al completo y titulados, por lo que no hay más historia que contar aparte de lo que ya está relatado en ellos; aun así, como siempre he dicho, escribir un capítulo para mí siempre es 50% planificación y 50% magia, por lo que a veces me alargo más de lo previsto porque algo ocurre, así que dejaré tres capítulos de margen por si la extensión de alguno es más de lo que tenía planeado antes, aunque de corazón espero no tener que llegar a utilizarlos.
Así que, una vez más les pido un poquito de paciencia y espero me puedan acompañar lo que resta del viaje. En verdad deseaba acabar esta historia este año, pero sacando cuentas, lo más probable es que termine en marzo del 2021, ya que no siento justo sacrificar todo el resto de los fanfictions que llevo de momento solo para priorizar In Focus, aunque sí me lo pensé, jaja.
Para quienes leen el resto de mis historias, aviso que el capítulo de Zodiaco de este mes quedará para mañana en vez de hoy, como debía ser. Como ya expliqué, sigo enferma, así que las fuerzas me alcanzaron solo para sacar uno de los dos; pero mañana sí vendrá la actualización de este sin falta. Luego de eso, y confiando en que vaya mejor de salud en la semana, para el siguiente domingo debería poder actualizar ya La Joya de la Corona, de allí regreso a In Focus.
Una vez más muchas gracias a todos los que leen, comentan, envían mp's, votan y añaden a sus listas, marcadores, favoritos y alertas; siempre son la llamita que mantiene encendida la hoguera.
Un abrazo a la distancia y mis mejores deseos para ustedes en estos tiempos complicados.
Tessa.
levidarkangel: Lo primero, me alegra enormemente saber que te encuentras bien y de verdad espero siga siendo así, como igualmente para tus cercanos. Por lo demás, y como siempre, muchas gracias por seguir al pendiente de la historia; en verdad me alegra que esta siga siendo de tu agrado a pesar de todo.
Y sobre mis ritmos, pues me llena de alegría que estos no te parezcan un poco extraños. A veces es complicado pasar todo lo que uno tiene en la cabeza, y cree que tiene sentido, a una plana, así que en algunas ocasiones temo que lo que para mí pareciese estar bien y claro (porque conozco todo el transcurso de la historia), no lo sea tanto para quienes leen y a veces ven interrumpido algo que esperan o desean por lo que yo tengo previsto. Aun así, prometo que todo, todo tiene un motivo y su propio tiempo dentro de la historia, jaja.
Y sí, In Focus ya finalmente tiene una cantidad de capítulos establecida para su final, 18 más antes de terminar y completar un total de 55, así que quedan unos cuantos meses más antes de despedirnos por aquí, jaja. Espero que igualmente puedas acompañarme en lo que resta y lo disfrutes, sobre todo eso. Que todo el tiempo invertido hasta ahora valga la pena.
Una vez más muchas gracias por tu apoyo. Un enorme abrazo a la distancia y mis mejores deseos para ti.
