Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


Junto a Ti

CAPITULO XXV

La venganza del señor Steel

Días después que el señor Steel se marchó de la mansión Andrew, Luisa fue dada de alta y Albert le pidió que se fuera a la mansión, ya que era mejor que no volviera con su padre a Boston por su seguridad. Luisa aceptó, aunque sabía que solo sería poco tiempo, ella no podía quedarse en la mansión para siempre, menos si él que fue su prometido se iba casar con otra mujer. Eso no dejaba de dolerle, ella tenía mucha ilusión de convertirse en la señora Andrew, pero que podía hacer si William ya no la amaba, él estaba muy enamorado de Candy e iba ser todo para ser feliz junto a su pequeña, como él la llamaba. Ella les deseaba toda la felicidad del mundo, una felicidad que ella también desea tener junto a un buen chico que le entregue su corazón.

Ese día que llegó del hospital Tom fue a visitarla, ya que Candy le contó que Luisa estaba en la mansión Andrew.

—Luisa, me alegra mucho que hayas salido del hospital -le dijo el joven con un ramo de rosas en sus manos.

—Gracias, Tom.

—Gracias a Dios, no te sucedió nada malo.

—Si…estoy bien. Por eso me quede aquí en el jardín tomando un poco de sol.

—Mira te traje estas flores -se las pasó.

—¡Oh están preciosas!

—Mas preciosa eres tú.

Ella le sonrió sonrojada.

—Gracias, no te debiste molestar.

Él se sentó al lado de ella.

—Luisa, Candy me contó que tu padre regresó a Boston.

—Si, William lo hecho de aquí -le confirmó - Yo le conté que por su culpa me caí de la escalera.

—Que malvado es tu padre. ¿Como pudo hacerte algo así?

—Por su ambición.

—Luisa y que va pasar contigo. No sería prudente que te regreses con él a Boston, te puede hacer daño nuevamente.

—Eso lo tengo claro, Tom. No voy a regresar con mi padre, pero tampoco me puedo quedar aquí en la mansión Andrew, sé que pronto Candy y William se van a casar y yo no quiero interrumpir en sus vidas.

—Comprendo -le tomó una mano – Luisa, tú sabes que yo te amo de verdad y que, si tú me aceptaras, yo te haría muy feliz.

Ella le sonrió.

—Lo se…Tom, eres un gran chico que me has demostrado lo mucho que me amas, pero mi corazón sigue herido por lo que ocurrió con William y todavía no está preparado para volverse a enamorar.

—Te entiendo -dijo desilusionado -No tengo ninguna posibilidad de conquistar tu corazón.

—Tom, yo no he dicho eso, solo te estoy diciendo que tienes que darme tiempo para poder enamorarme de ti.

El la miró con sus ojos iluminados.

—Me quieres decir que…

—Tom, te voy a dar la oportunidad de poder conquistarme.

—Que no te cabe duda que lo voy hacer -le dijo Tom dándole un beso en una de sus manos -Me vas a terminar amando, tanto como yo te amo a ti.

En ese momento Albert y Candy iban saliendo al jardín cuando vieron a Luisa y Tom que estaban juntos.

—¿Candy que hace Tom con Luisa? -le preguntó el rubio confundido.

—Mi amor, lo que pasa que Tom está enamorado de Luisa.

—¿En serio?

—Si, se enamoró de ella cuando Luisa estuvo viviendo en el hogar de pony.

—Me alegro mucho saber eso -expresó Albert - Tom es un buen muchacho haría muy feliz a Luisa.

—Espero que ella le dé una oportunidad. Ellos merecen ser felices como lo seremos nosotros, ¿verdad? -lo abrazo Candy.

—Si, pequeña, seremos muy felices.

Albert tengo algo que pedirte.

—¿Qué, mi princesa?

—Deseo que nuestra boda sea en Lakewood, así podrán asistir mis madres y los niños.

—Pequeña, estaba pensando en lo mismo, que mejor lugar es Lakewood para casarnos. Es un lugar muy importante para los dos.

—Si tenemos recuerdos muy bellos en ese lugar -comentó Candy con melancolía.

—Si. Además, muero por ir al hogar de Pony y rencontrarme con Puppet.

— Puppet te debe extrañar mucho.

—Ahora tengo que hablar con tía Elroy de nuestra boda.

Candy preocupada se apartó de Albert.

—No lo va tomar nada de bien, ella jamás va aceptar que yo sea tu esposa.

—Tendrá que aceptarlo.

—Yo voy hablar con Joseph, tengo que darle una explicación de lo que ocurrió con nuestro compromiso.

—Te acompaño, pequeña.

—No Albert, es mejor que esto lo haga sola con él.

—¿Estas segura?

—Si, no te preocupes, voy a estar bien. Joseph no es una bruja como la tía abuela -dijo Candy en tono de broma.

—Jajajaja, eso es verdad, pequeña.

—Bueno, ya me voy.

—No te tardes mucho, mi amor.

—Volveré pronto. ¡Te amo Albert!

—Y yo a ti pequeña, nunca lo olvides -le dijo dándole un beso en los labios.

Candy se fue a la residencia de los Drummond, mientras que Albert entro a la mansión y se dirigió al cuarto de su tía Elroy.

—Tía, puedo pasar -le preguntó abriendo la puerta.

—Si, pasa -respondió la mujer.

El entro completamente a la lujosa recamara y caminó hasta la cama donde estaba la anciana.

—¿Que necesitas, William? -le preguntó ella.

—Tía, vengo a comunicarte que me voy a casar con Candy el próximo mes.

—¡Que te vas a casar con esa chiquilla! -exclamó la anciana horrorizada.

—Si, me voy a casar con ella, ya te lo había dicho la otra vez.

—¡Estas completamente loco! Comprende que Candice no te conviene, además es tu hija adoptiva.

—Hable con un abogado que se está encargando de anular esa adopción.

—William por favor, recapacita…

—No tengo nada que recapacitar. Amo a mi pequeña y solo con ella quiero formar una familia.

Elroy con brusquedad se levantó de la cama.

—¡Jamás voy aceptar esa unión!

—Lo se tía, pero no me importa si la aceptas o no.

—William, ¿cómo puedes hablarme de esa manera? -se puedo a llorar -A mí que he sido como una madre para ti.

—Tía, tú sabes lo mucho que te quiero y que he valorado todo lo que has hecho por mí, pero no te voy a permitir que te metas en mi vida. Me voy a casar con Candy y tu no lo vas a poder impedir.

—¡No asistiré a tu boda!

—¿Como quieras, tía? Voy a respetar tu decisión -dijo Albert saliendo del cuarto de Elroy.

—¡William, te vas a repentir de lo que estás haciendo! -le gritó Elroy frustrada por no poder hacer nada para impedir la locura de su sobrino.

Candy se fue caminando a la residencia de los Drummond, ya que quedaba cerca de la mansión Andrew. Al llegar se encontró con Joseph que iba saliendo en su automóvil.

—¡Joseph! -lo nombró ella para que se detuviera.

—¡Candy! -la nombro él deteniéndose -¿Qué haces aquí?

—Joseph, vengo a darte una explicación de lo que pasó el día de nuestro compromiso.

—Ya me dijiste que estas enamorada de otro hombre.

—Si, pero tienes que saber quién es.

—No es necesario que me lo digas, estás hablando del señor Andrew, ¿verdad?

Candy lo miró asombrada con sus ojos muy abiertos.

—¿Como lo supiste?

—Me estuve acordando del día que tu padre adoptivo te vino a buscar aquí, la actitud de él y la tuya fue muy extraña, así que supuse que él es el hombre del que estas enamorada.

—Así es Joseph, amo a Albert, aunque pienses que es una locura porque es mi padre adoptivo, pero cuando me enamoré de él no sabía que era William Andrew.

—¿No comprendo?

—Joseph, si me permitieras te contaría lo que realmente sucedió.

—Está bien, Candy sube al carro y me cuentas.

En la tarde, Albert mandó a preparar una cena especial para anunciarles a todos su boda con Candy.

En el salón se encontraban reunidos Stear, Archie junto a Annie y Patty, Luisa con Tom y George. La tía abuela por supuesto no iba a participar de aquella cena, ya que no se resignaba que su sobrino el patriarca de los Andrew se casara con una huérfana sin modales.

Luciendo un elegante traje color azulado Albert bajo al salón, para reunirse con sus invitados y con Candy, sin embargo, ella no había llegado de su visita con Joseph.

—¿Como que Candy no ha llegado? -preguntó desconcertado.

—No ha llegado la gatita -dijo Archie

—¿Y a donde fue, Candy? -preguntó Stear.

—Fue a ver a Joseph Drummond. Es extraño que no haya llegado, ya es tarde.

—William, porque no llamas a la casa de los Drummond -le sugirió George.

—Si, es lo que voy hacer -dijo Albert dirigiéndose a la biblioteca.

Al llegar de inmediato tomó el teléfono y llamó a los Drummond donde una sirvienta le contestó.

—Buenas tarde, soy William Andrew.

—¿Que necesita, señor Andrew?

—Quiero saber si la señorita Candice se encuentra ahí.

—No, ella no ha venido.

—¿Esta segura?

—Si…

—¿Y se encuentra, Joseph?

—Si…

—Dígale que deseo hablar con él.

—En seguida, señor Andrew.

Minutos después, llego Joseph al teléfono.

—¿Busca a Candy, señor Andrew?

—Si, ella fue a verte, ¿verdad?

—Si, estuvo conmigo, salimos a dar un paseo para platicar, pero yo la pase a dejar a su mansión.

—Ella no ha llegado.

—Yo la deje en las afuera de la mansión hace como dos horas.

Albert se quedó pálido, presintiendo que algo malo le había pasado a su pequeña.

De inmediato Albert regreso al salón para contarles a todo lo que estaba sucediendo con Candy.

—¡Santo cielo! ¿dónde puede estar Candy? -exclamó Patty asustada.

—Hay que salir a buscarla -sugirió Tom.

—Si, vamos a buscarla -dijo Albert muy angustiado.

—Espera, William -lo detuvo Luisa.

—¿Qué pasa, Luisa?

—Presiento que mi padre debe estar de tras de todo esto.

—¿Qué quieres decir?

—Que el la pudo haber secuestrado.

Todos se miraron.

—Tú crees que tu padre sería capaz de algo así.

—Si, William su ambición lo tiene enceguecido -admitió Luisa -Es capaz de cometer cualquier locura.

—¿Y dónde se la pudo haber llevado? -le preguntó Tom.

—No lo sé…

—Luisa, si tu padre le hace daño a mi pequeña, lo mato.

—William, cálmate -George le tomó un hombro -Hay que darle el parte a la policía para que la salgan a buscar.

—Hagámoslo de inmediato.

—Nosotros te acompañamos a hablar con la policía -le dijeron Stear y Archie al mismo tiempo.

En eso llego una sirvienta.

—Señor Andrew, llego esto para usted -le dijo pasándole un papel.

Albert lo abrió y leyó en voz alta.

William Andrew.

Yo tengo a tu noviecita, si quieres volver haberla, tendrás que darme una buena cantidad de dinero.

No te atrevas a decirle a la policía o Candy va pagar las consecuencias.

Señor Steel.

—¡Desgraciado! -exclamó Albert apretando el papel.

En una vieja casa abandonada en las afueras de Chicago, se encontraba Candy sentada en el suelo con sus manos y pies amarrados y la boca tapada. El señor Steel la había llevado aquel lugar, para vengarse de Albert y sacarle una buena cantidad de dinero.

—Ya le envié un papel a William, pendiéndole mucho dinero por tu rescate -le dijo acercándose a la rubia con un arma en sus manos -Estoy seguro que me va traer ese dinero y cuando lo haga lo voy a matar.

Candy lo miró asustada, sintiendo mucho temor por el hombre que amaba.

Continuará…


Hola mis lindas chicas.

Espero que se encuentres muy bien y esten pasando de buena manera esta pandemia. Aquí les dejo otro capitulo de este fic, espero que lo difruten.

Saludos y agradecimientos a las chicas que comentaron el capitulo anterior.

Guest, Balderas, Coqui Andrew, elbroche, KT1947, elenharket2, Bunny, Evelyn, Sandra Carreo, Maribel, Guest, LovlyArdley, Guest, Carol, Loreley Ardlay, Hellenb.

Les mando un cariñoso abrazo a cada una de ustedes y agradecerles sus lindos comentario.