Capítulo 52
Adrenalina
—Has tardado mucho en acercarte a mí—Rachel hablaba tratando de mostrar naturalidad.
—He esperado a que todos lo hicieran antes para no resultar sospechosa—respondía Quinn sin apartar la mirada de sus ojos—No sé si se me permite decirle a mi jefa que está preciosa— Susurró lanzando una mirada a su alrededor para comprobar que nadie les prestaba atención.
—¿Yo estoy preciosa? —sonreía con timidez
—Sí, y mucho. Voy a tener que hacer un esfuerzo titánico para resistirme.
—Mas o menos igual que yo estoy haciendo.
—¿Estás resistiéndote? ¿Por qué? O, mejor dicho, ¿a quién?
—¿Tú que crees? ¿Te has visto, Quinn? Estás, estás…
—Shhh—la interrumpió—Procura no mirarme así si queremos hacerles creer que hablamos de trabajo—volvía a sonreír.
—Eres increíble—susurró—Aún no me creo que lo hayas conseguido.
—Te dije que confiaras en mí, que íbamos a salir a cenar y a bailar, y aquí estamos. —Musitó—Aunque nos hayan acompañado 15 personas más—sonrió lanzando una nueva mirada a su alrededor.
Lo hizo. Por supuesto que Quinn Fabray iba a conseguir llevar a cabo el propósito de pasar una noche de cena y baile con su chica, aunque para ello tuviesen que tener la compañía del equipo al completo del musical.
Una idea.
Una genial y perfecta idea de Quinn que le sirvió para organizar la que iba a ser la primera cena oficial de todo el elenco de la obra de teatro, inclusive los que estaban tras el telón, como el director, el escritor, algunos técnicos, bailarines y por supuesto, Rachel.
Para Rachel fue la idea perfecta. Las dudas y la curiosidad tras la propuesta de Quinn en el encuentro furtivo que mantuvieron en la cafetería, no tardaron en rondar por su mente. Una curiosidad que, por supuesto la llevó a cuestionarla en contadas ocasiones, y que Quinn mantuvo en secreto hasta el último día, cuando se había asegurado la presencia de al menos diez de sus compañeros, y parte del equipo de dirección.
Rachel no tuvo más opción que aceptar la propuesta una vez le confesó cual era el plan maestro, y lo hizo incluso teniendo en su haber una poderosa excusa para poder darle el sí. Ya había tenido que rechazar la invitación en más de una ocasión, la última vez justo antes de las vacaciones de Navidad, cuando Broke trató de convencerla para que las acompañase. Negar una vez más un plan como aquel, podría incluso ser perjudicial para el buen ambiente que se había creado en el grupo, así que Rachel realmente estaba en la obligación de aceptar, y acudir a la cita.
Quizás no había sido una cena romántica en un restaurante de coqueto, como harían la mayoría de las parejas que empezaban su relación, pero Quinn estuvo en todo momento a su lado, junto a ella, aunque evitaba sacar cualquier tema de conversación que pudiese provocar la curiosidad de sus compañeros. Sus palabras se traducían en miradas, en sonrisas discretas que solo ellas conseguían percibir mientras compartían una enorme mesa en aquel restaurante.
Casi dos horas después, era Quinn quien por fin daba el paso y se acercaba a Rachel, aprovechando que la morena utilizaba uno de los pequeños descansos que ofrecía la discoteca a la que habían acudido antes de dar por finalizada la reunión.
—Ha sido una idea genial—Le confesaba Rachel—Estoy muy sorprendida. Pensé que no iba a ser tan sencillo, pero veo que todos os lleváis muy bien fuera del teatro.
—La verdad es que está saliendo muy bien, y tienes razón, el ambiente entre nosotros es muy bueno. No tiene nada que ver con lo que pude vivir en la primera cena que tuvimos juntos. Hemos logrado formar una pequeña familia—Le dijo sabiendo que aquello lograría tranquilizarla—Y como ves, a nadie le importa lo de los demás, o al menos eso parece—sonreía—Están más concentrados en sus propios mundos.
—Eso parece—susurraba Rachel sin poder evitar dejar de mirar a su chica. Empezaba a ser consciente de cómo Quinn se implicaba en su vida, de cómo trataba de no hacer nada que pudiese poner en peligro aquel secreto que las mantenía unidas. Lo había hecho perfectamente desde que tuvieron la pequeña discusión en su propia habitación, justo cuando Santana la llamó y Quinn no dudó en decirle que estaba con ella en la cama. Desde entonces, la rubia se había mostrado con realmente cuidadosa durante aquella semana, en la que solo pudieron verse por momentos entre los ensayos.
Hasta que llegó aquella noche del viernes. Un viernes más que vivían juntas y que, aunque en ese preciso instante tenían que fingir una cordial relación entre productora y actriz, no podían evitar mirarse como solo lo hacían dos personas enamoradas. Gesto que nadie parecía percibir, excepto Gio y Matt, los dos únicos chicos de todo el grupo que sabían que algo había entre ellas. En el caso de Matt, mucho más.
—¿Te lo estás pasando bien? —cuestionó Quinn tras un nuevo trago de su copa.
—Sí, aunque Gio y Joseph no paran de hablar de los actores nuevos y me están agobiando un poco.
—¿No te interesa?
—Si, claro que me interesa, pero no ahora. No aquí, en este lugar—murmuró—. No quiero pensar en eso ahora, la verdad—Añadió desviando la mirada hacia su copa.
Quinn lo supo. Evidentemente sabía que aquella expresión solo podía ser provocada por una persona.
—Estás deseando marcharte—susurró.
—No, no es eso Quinn, realmente me lo estoy pasando bien y… Bueno, todo es gracias a ti y yo quiero agradecerte que…
—Estás como loca por volver a tu casa y asegurarte de que todo bien—la interrumpió y Rachel resopló regresando la mirada a ella.
—Lo siento, pero no estoy acostumbrada a salir sin ella y… No sé por qué, pero tengo la sensación de que no estoy haciéndolo bien.
—Rachel—se acercó—Em estará dormida. No estás haciendo nada malo, solo te estás tomando una copa con tu equipo después de casi tres meses de duro trabajo. Un poco de diversión, nada más.
—Lo sé, sé que no estoy haciendo nada malo, pero es como me siento. Y también sé que está dormida—confesó con una pequeña sonrisa—. Kate me ha enviado una foto por teléfono para que me quede tranquila, pero no puedo evitarlo. Es superior a mí.
—Te entiendo.
—¿Me entiendes? —preguntó curiosa—Me acabas de decir que no es nada malo estar divirtiéndome mientras Em duerme.
—Y no lo es, pero eso no significa que no entienda como te sientes, por eso sé que tienes ganas de marcharte ya. Te tengo que admitir que me ha sorprendido que aceptaras venir aquí después de la cena.
—Tú querías que estuviese, y lo has organizado tan bien que no podía negártelo, Quinn.
—Esto no solo lo he hecho por mí, Rachel, lo hice por ti, aunque no lo creas o ahora no lo asimiles. Es algo bueno y también por ellos—miró a su alrededor—Han pasado casi cuatro meses desde que empezó todo esto y merecen saber cómo eres realmente. Estoy segura de que va a ser beneficioso para lo obra que ellos conozcan a la verdadera Rachel Berry.
—¿Y la verdadera Rachel Berry es la que está aquí, lejos de la pista de baile y deseando acabarse esta copa para marcharse a ver a su hija? —susurró.
—No, la verdadera Rachel Berry es…—sonrió traviesa—Es la chica que organizaba el juego de la botella en su casa y terminaba besando al novio de su mejor amigo, y también es la chica que plantó cara a Casandra Jully en su primer año en NYADA, o la misma chica que me escribió un, me enamoré de ti, entre los trazos de un dibujo que hizo su hija. Esa es la verdadera Rachel Berry.
—Y justamente esas son las cosas que ellos no deberían saber de mí.
—Lo sé—dejó escapar con apenas un susurro—Y es una pena, todo el mundo debería de conocer a la señorita Berry.
—¿Sabes? —reaccionó tras varios segundos pensativa—Tendrías que haber jugado a aquel juego de la botella—le dijo recordando aquellos momentos—Habría sido divertido besarte en aquella época, cuando me odiabas tanto.
—No te odiaba.
—No te excuses, no quiero ni imaginar la cara que habrías puesto si te hubiera tenido que besar.
—Pues… Habría aceptado sin más, al fin y al cabo, es un juego.
—Y después habrías hecho de mi vida un completo infierno—bromeó— Admítelo.
—Rachel—volvía a interrumpirla— No te odiaba—insistió—Solo cumplía con mi rol, y, aun así, te aseguro que en aquella época estaba más obsesionada con Santana que contigo.
—¿Cómo? ¿Con Santana?
—Estaba con Sam—respondía sonriente—Tss… Ahora que lo pienso ¿Cómo no iba a ser odiosa? Siempre terminabais quitándome a los chicos, primero tú con Finn y luego esa maldita idiota con Sam, y eso que ni siquiera le gustaban los chicos—Añadía volviendo a mirar a su alrededor y dibujando una sonrisa en su rostro—Mi vida amorosa ha sido un desastre. ¿Sabes? Santana está convencida de que he sido lesbiana toda mi vida. Otra más que se sube al carro de mi ejército.
—¿De veras?
—Sí. Cuando estuvo en casa me soltó tal sermón, que logró desarmar toda mi heterosexualidad de una sola vez.
—¿Me estás hablando en serio?
—Te lo juro.
—¿Y es verdad? ¿Has sido homosexual toda tu vida?
—No… O sí, la verdad es que no tengo ni idea.
—¿Qué? —la miró curiosa—Me estás afirmando que…
—No tengo ni idea, Rachel—insistió—Yo nunca me he sentido atraída por ninguna chica, solo… Bueno, ya sabes—murmuró volviendo a mirar a su alrededor—Y la verdad, después de las conclusiones a las que llegó Santana, empiezo a sospechar que tampoco me he sentido realmente atraída por ningún chico.
—Entonces eres asexual…
—No, lo que creo es que he sido una estúpida, y simplemente he hecho lo que se suponía que debía hacer, en vez de lo que realmente quería.
—Y ahora haces lo que quieres.
—Exacto.
—Y estás conmigo—susurró divertida.
—Así es.
—Lo que te convierte en…
—La mayor lesbiana del reino—bromeó—Llámalo como quieras.
—¿Estarías con otra chica?
—Pues… No lo sé, tal vez.
—Ok. Eso no me tranquiliza, pero al menos me demuestra que eres sincera y honesta conmigo. Y también me confirma que tú tampoco eres la misma Quinn Fabray de entonces, así que las dos estamos en un punto nuevo.
—Cierto, y eso hace que sienta curiosidad por algo.
—¿Por qué?
—¿Qué Quinn te gusta más? —fue directa—¿La de la universidad o ésta que está aquí ahora? Voy a omitir mi etapa en el instituto, porque sería como cavar mi propia tumba contigo.
—Si, esa etapa mejor la dejamos allí—bromeó—¿Puedo responder que las dos?
—¿Las dos? —Cuestionó confusa—¿Cómo es posible?
—Me gustabas entonces como amiga, lo cierto es que ya estaba obsesionada con ser tu amiga en el instituto, y con poder compartir cosas contigo, y cuando venias a visitarme a Nueva York, era la persona más afortunada del mundo.
—Estás exagerando.
—No, te lo prometo. Siempre he tenido debilidad por ti, Quinn.
—La verdad es que nunca entendí por qué a pesar de todo lo que te hacia o decía, siempre me regalabas tu mejor versión. Incluso me votaste para ser la reina de la promoción.
—Por supuesto. Lo merecías más que nadie, y yo quería ser igual de guapa que tú—Se ruborizó—No sé, me gustabas de muchas maneras, a pesar de nuestra tensión. Y ahora, ahora me gustas por cómo eres, por cómo me tratas y lo sencilla que es la vida junto a ti—tragó saliva—Todo, todo lo haces de forma que parezca natural, da igual lo que sea, contigo es normal, es… Es bueno, todo es bueno.
—Vaya entonces me quedo como estoy ¿No?
—Por favor —susurró a modo de súplica, provocando una pequeña sonrisa en Quinn, que seguía prendada de su mirada.
Una mirada que las mantenía completamente embelesadas, ajenas a lo que sucedía a su alrededor a pesar de los continuos movimientos de sus cabezas para asegurarse de que estaban lejos de provocar cualquier sospecha.
Pero la situación, las circunstancias que rodean a un hecho concreto, nunca se ven de igual manera según la perspectiva desde donde lo mires y, evidentemente, ni Quinn ni Rachel eran conscientes de ese detalle.
Para ellas todo estaba controlado. Estaban a salvo de la multitud que bailaban en aquella pista central de la discoteca, estaban a salvo de las escuchas de sus compañeros, que ajenos al encuentro de ambas, seguían disfrutando de la reunión entre bailes y copas, pero no estaban a salvo de su fama.
Podrían pasar perfectamente desapercibidas entre tanta gente, pero no eran las únicas en aquel local que ostentaban algún tipo de popularidad. También estaba Broke, y Broke Williams era como Brody Weston, el chico de moda en Hollywood.
Aquella chica de apenas 24 años de edad era toda una estrella en pleno apogeo en el mundo del cine, y ahora estaba probando en Broadway, hecho más que importante como para tener siempre a sus espaldas a varios paparazis infiltrados que sacaban imágenes de la chica sin cesar.
Unos fotógrafos que en aquel instante parecían unos chicos más de los tantos que allí había. Unos chicos que no dudaban en aprovechar aquella situación que se comenzaba a dar entre Quinn y Rachel. Quizás Quinn no era tan conocida, pero ver a Rachel Berry en una discoteca, tras varios años de absoluto mutismo, junto a una chica a quien no dejaba de agasajar con traviesas sonrisas, era más que suficiente para dejar de lado por unos instantes a Broke, y centrarse en ellas.
—Ok, me quedo como estoy—respondía Quinn divertida—. Eso sí, quedarme así traerá consecuencias para ti.
—¿Consecuencias? ¿Qué tipo de consecuencias?
—Ésta Quinn Fabray que ahora tienes delante, va a permitir que te marches en cuanto termines esa copa, pero antes, va a bailar contigo.
—¿Qué? ¿Bailar? —lanzó una incrédula mirada a su alrededor—No Quinn, eso es demasiado, quiero decir podemos bailar, pero no juntas.
—Yo quiero bailar contigo—sonreía traviesa—Quiero pedirle al dj que ponga la canción más antigua que tenga y bailarla contigo.
—No, ni hablar, Quinn—se mostró seria—Serán buenos chicos, —miró a sus compañeros—pero te recuerdo que les gusta curiosear y no quiero que…
—Shhh—se acercó con sutileza—. Te dije que íbamos a cenar juntas y lo hemos hecho, te dije que íbamos a salir a una discoteca y aquí estamos, ahora te digo que voy a pedirle a ese dj la canción más antigua que tenga y la vamos a bailar—sonreía—¿Confías en mí?
Rachel tragaba saliva al tiempo que volvía a mirar a su alrededor y descubría como nadie parecía prestarles atención.
Si había algo que aquella Quinn Fabray que tanto le gustaba tenía, era capacidad para lograr llevar a cabo sus planes sin que resultasen catastróficos. Al menos a priori.
—Ok—resopló indefensa—. Pero dime que…
—Shh—volvía a interrumpirla—Tú relájate, y si alguien te pide bailar acéptalo—le guiñó el ojo al tiempo que comenzaba a alejarse de ella para perderse entre la gente.
Aquella última orden no fue muy bien recibida por la morena. Bailar con el primero que la invitase no era algo que entrase en sus planes, mucho menos cuando era Quinn con la única que quería bailar.
No, no iba a relajarse y menos aun cuando Gio ya ocupaba el lugar que Quinn había dejado a su lado, y volvía a llenar su cabeza de planes, de escenas y actos, de ensayos y actores.
Fueron los minutos más largos que tuvo que soportar durante toda la noche. Minutos en los que trataba de mantener la conversación con el director, pero sin dejar de lado la petición de Quinn. Una petición que pronto iba a hacerse realidad, justo cuando Matt, con una traviesa sonrisa, se acercaba a la pareja y exigía a Rachel acompañarlo en la pista de baile.
Dudó durante varios segundos, pero fue consciente de que, si aquel chico era el elegido para llevar a cabo la orden de Quinn, sin duda era el acertado.
—Vamos a bailar—insistió Matt tomando de la mano a Rachel, que lanzando una última mirada a Gio se disculpaba por tener que abandonarlo en aquel lugar.
Una vez más, Quinn lo había logrado. Había logrado el plan perfecto para disfrutar de un baile sin temor a ser juzgada.
—Oh dios ¿De verdad me vas a hacer bailar esto? —cuestionó incrédula—Hace años que no escucho esta canción.
—Pues muy mal hecho, Madonna es atemporal, es un mito, una leyenda. Debe sonar siempre—le respondió el chico divertido tomándola de la mano, e invitándola a que simplemente se dejase llevar por el ritmo.
—No sabía que fueses fan de Madonna.
—Hay muchas cosas de mí que no sabes, señorita Berry—le sonrió.
—Sé que eres un buen chico, con eso me basta.
—Soy buen chico, y buen soldado.
—¿Buen soldado?
—Me gusta cumplir bien mi cometido—le respondió desviando la mirada sobre sus hombros—Y si tu sargento es bueno boxeando, cumplo las órdenes sin rechistar—añadió justo cuando Rachel sentía que una mano rozaba su cintura por la espalda. —¡Vamos Rachel! hay que divertirse. —Le dijo, y fue entonces cuando supo que Quinn estaba allí, justo detrás de ella, bailando.
Podía sentir su cuerpo, podía percibir su perfume e incluso su calor sin tener que girarse y confirmarlo. Sabía que estaba allí, cumpliendo su promesa. Procurando dejarle algunos roces casi imperceptibles que no hacían más que estremecerla, y llenarla de confianza.
Matt bailaba frente a ella, pero con quien realmente estaba compartiendo aquel baile era con ella, a sus espaldas.
Pero lo mejor estaba al llegar. Fue casi instantáneo. Quinn no permitió que terminase girándose para mirarla por primera vez, fue ella quien, merodeando a su alrededor, dejándose llevar por la música, terminó plantándose frente a ella, con Matt haciendo literalmente de pantalla entre la dos.
Una pantalla translucida, por supuesto, porque en el momento en el que sus miradas conectaron, ya no hubo nada que se interpusiera entre ellas.
Quinn bailaba. Bailaba como si no hubiese nadie a su alrededor, como si aquella antigua canción fuese el último éxito del momento. Bailaba sin apartar la mirada de ella, y eso conseguía que todo su cuerpo se estremeciera.
Lo volvía a hacer, Quinn volvía a conseguir llevar a cabo su plan perfecto y ahora, a pesar de no estar frente a frente, estaban bailando juntas, en mitad de una discoteca y sin temor a que nadie pudiese descubrir su romance.
And i feel, like i just got home.
And I feel
Fue Matt el que dio el siguiente paso tras asegurarse que Quinn ya estaba tras él, tal y como la rubia le había indicado, y comenzó a apartarse, permitiendo que ambas pudiesen verse sin obstáculos, sin impedimentos de su parte y sobre todo entregándoles una privacidad que parecía imposible de conseguir en aquel lugar.
Había tanta gente bailando al ritmo de aquella canción, que nadie se detenía para mirar a quien lo hacía a su lado. Y tanto Rachel como Quinn fueron conscientes de ello.
Una vez más, y al igual que sucedió la noche de fin de año en Central Park, sentían que estaban más seguras cuando más gente había a su alrededor, que cuando estaban a solas. Y cuando quisieron darse cuenta, el resto del mundo dejó de existir. Fue Rachel quien acortó distancias rompiendo las normas, y bailó directamente con ella sin apartar la mirada de sus ojos, sin eliminar la sonrisa de sus labios, que a su vez tarareaban cada estrofa de aquella canción haciéndola suya.
Faster than the speeding light, she´s flying
Trying to remember, where it all began..
She´s got herself a little piece of heaven
Waiting for the time when Earth shall be as one.
No pudo soportarlo más. No podía quedarse allí sin más, mientras Quinn conseguía lo que nadie había logrado con ella: llenarla de valor.
Sentía como una descarga de electricidad recorría toda su espalda. Pudo sentir como el ritmo cardiaco de su corazón comenzaba a descontrolarse, como sus vasos sanguíneos se contraían y los conductos del aire se dilataban, o quizás no pudo sentirlo de esa forma tan técnica, pero si sabía lo que le estaba sucediendo y por eso podía conocer cada uno de los efectos secundarios que se llevaban a cabo en su cuerpo.
Adrenalina.
Era una descarga de adrenalina pura tras imaginar por un solo instante lo que estaba dispuesta a hacer en aquel momento.
Rachel se detenía en mitad de la pista y paralizaba también a Quinn. Un par de pasos adelante, y dejando un leve roce en la rubia con su propio hombro, se apartó de ella caminando entre la multitud.
No estaba molesta, no estaba enfadada ni arrepentida, pensó Quinn tras ver su mirada. Todo lo contrario, Rachel había dejado su huella para que pudiese seguirla allá donde quisiera que fuese, y eso es lo que hizo.
Perseguirla entre el barullo, dejándose guiar por apenas unos centímetros de su pelo que conseguía ver entre la gente, y su perfume, que, aunque era imposible de distinguir allí, lograba percibirlo. Iba lo suficientemente deprisa como para que nadie se percatase de su huida, pero también lo suficientemente despacio como para que la rubia no le perdiese la pista.
Y logró hallarla. Justo al fondo de aquella discoteca, donde la mesa de mezclas del dj se imponía sobre el resto de ocupantes de la zona de baile. A su derecha, uno de aquellos recovecos les entregaba una oscuridad a medias, solo destruida por los focos que parecían seguir el ritmo de la música. Uno de aquellos rincones que nadie parecía observar, que a nadie parecía importarle excepto para quienes lo utilizaban con el mismo fin con el que Rachel pretendía utilizarlos.
—¿Qué te ocurre, Rachel? —cuestionó Quinn al llegar frente a ella, pero no obtuvo respuesta. Como si la hubieran hechizado, como si estuviese completamente hipnotizada, Rachel se aferró decidida su blusa, y tiró de ella hasta obligarla a quedar a escasos centímetros de su rostro. —Rachel —susurró Quinn al ver la mirada de deseo que desprendía y como humedecía sus labios—Estamos en…
Imposible. Absolutamente imposible para Quinn detener aquel apasionado beso mientras entrelazaba sus manos alrededor de su cuello.
Quizás era producto de aquella copa que había bebido, tal vez eran las luces que conseguían hipnotizarla, o puede que la voz de Madonna cantándole a los rayos de luz y su velocidad vertiginosa. No lo sabía. Quinn no tenía ni idea de por qué Rachel estaba llevando a cabo aquella acción, en aquel lugar abarrotado de gente y no parecía importarle en absoluto. Y temía. A pesar de dejarse llevar por la situación, a pesar de involucrarse de lleno en aquel cautivador beso, temía por lo que estaba sucediendo y las consecuencias que aquello podría traerle a Rachel, y su desorbitada obsesión por mantener su vida alejada de los ojos del mundo.
—Rachel —volvía a susurrar en mitad de una pequeña tregua del beso—No deberíamos…
—Te necesito, Quinn—le replicó sin permitirle que pudiera seguir excusándose—Vente a casa conmigo, por favor—suplicó—Quiero pasar la noche a tu lado, necesito pasar la noche contigo. —Le dijo, y Quinn sintió como su saliva quemaba por la garganta.
Tuvo que cerrar los ojos y respirar profundamente para contenerse y no cumplir con los deseos de Rachel en ese preciso instante, delante de todas aquellas personas que parecían ciegas a su alrededor, pero que inevitablemente y para desgracia para ambas, no lo eran.
Fue Matt el primero en percatarse de la situación, y tras descubrir que no solo él estaba siendo testigo de aquel tórrido encuentro de las dos, acudió para intentar salvar la situación cortando radicalmente la escena, y evitando así que ambas fuesen presas de más miradas indiscretas.
—Hey, hey—era Quinn quien se sorprendía al sentir los brazos del chico alrededor de su cintura, y como tiraba de ella hasta llevarla de nuevo al centro de la pista ante la incrédula mirada de Rachel, que, en ese instante, justo cuando sentía como la rubia se evaporaba de entre sus brazos, volvía a la realidad y era consciente de lo que había sucedido—¿Qué haces? —increpó.
—Quinn—respondía Matt sin dejar de sonreír, tratando de no provocar una situación comprometida—No creo que sea adecuado que beses a tu jefa en mitad de la discoteca, sobre todo si tu jefa es Rachel.
—¿Qué? No, no estábamos…
—Quinn, os he visto.
—Pero, estábamos en un lugar escondido, justo… ¿Dónde está? —Cuestionó tras lanzar la mirada hacia el rincón donde Rachel ya había desaparecido.
—Acabo de verla rodear la pista por la izquierda, supongo que pretenderá marcharse
—Déjame Matt —espetó tratando soltarse de los fuertes brazos del chico. — Me voy con ella.
—Ok, ve con ella, pero espera a que se marche antes. No querrás que Broke y compañía os vean salir juntas ¿No?
—¿Nos han visto? —preguntó asustada.
—Creo que no, porque están en la otra zona, pero te aseguro que el dj y varios chicos que hay a su alrededor sí os han visto—espetó—¿No se supone que lo vuestro era secreto?
—Y lo es—se lamentó—No he podido evitarlo, y Rachel tampoco. No sé qué nos ha pasado.
—¿Qué os va a pasar? Lo normal en una pareja que se desea. Pero se supone que vosotras debéis mantenerlo discretamente, ¿no?
—¡Oh dios! Ok. Tengo que marcharme.
—Como quieras, pero déjame que te acompañe, así al menos que creen que vienes conmigo, no con ella ¿Ok?
—Gracias Matt—respondía al tiempo que comenzaban el trayecto hacia la salida, donde supuestamente había dirigido sus pasos Rachel—Eh oye—se giró de nuevo para llamar la atención del chico—No le digas nada a ella ¿Ok? No le digas que esos chicos han podido vernos porque se va a poner histérica.
—Lo que tu digas—respondía cómplice—. Pero deberíais cuidaros más con esas cosas o si no, dejaros de secretos y disfrutad.
—Ya me gustaría—murmuraba retomando el trayecto hasta la puerta de salida.
No se habían equivocado. Rachel permanecía en el exterior, colocándose su abrigo y esperando pacientemente a que Quinn apareciese.
La recibió con una sonrisa, gesto que volvía a confundir a la rubia.
—Gracias Matt—habló al ver aparecer al chico junto a la rubia—Te debo una.
—No he hecho nada—balbuceó confuso.
—Rachel ¿Eres consciente de lo que ha pasado ahí dentro? —cuestionó Quinn incrédula.
—Quinn, puede que sea por culpa de esa copa que me estaba tomando, pero ahora mismo solo quiero irme a casa—sonó tranquila—No quiero pensar en nada que no sea mi casa, Em, tú y yo, así que ¿Me acompañas o te espero en casa?
No sabía que decir. Aquella actitud de Rachel la estaba sorprendiendo tanto que no sabía si era todo real, o era cierto que la copa que Rachel había bebido estaba provocando estragos en la chica. Ni siquiera le importó admitir que solo le importaba ella y su hija delante de Matt, al que aún no había confesado el verdadero parentesco de Emily con ella.
—¿Qué dices? —habló de nuevo tratando de hacerla reaccionar—¿Vienes o te espero en casa?
—Eh, voy, claro que voy—respondía con apenas un hilo de voz.
—Ok ¡Taxi!—Gritó mirando hacia la avenida que cruzaba ante ellas—¡Taxi!
—¿Está bien? —susurró Matt sorprendido por la reacción.
—Sí, supongo que sí—respondía Quinn—. Gracias por todo. Y disculpas si te he fastidiado la noche pidiéndote que…
—Ha sido un placer—le dijo evitando que pudiera seguir disculpándose— Si necesitas algo, llámame ¿Ok? —Añadió cuando Rachel ya lograba detener a un taxi, y le indicaba que no tardase demasiado en acudir junto a ella.
—Lo haré—le replicó Quinn despidiéndose de él con un beso en su mejilla. Gesto que sorprendió al chico, y del que ni siquiera se percató Rachel.
Ni una sola palabra le regaló en el interior del coche. Quinn solo observaba como Rachel, con algo de nerviosismo movía su cabeza como siguiendo un ritmo imaginario, como si la música aún siguiese sonando alrededor de ellas y los suspiros se adueñaban de su respiración.
No lo comprendía, pero entendía que aquel lugar no era el adecuado para preguntarle por su actitud. No hasta que aquel taxi se detuviera en el 15 de Central Park West, algo que hizo apenas diez minutos después.
—¡Rachel! —la detuvo tras adentrarse en el edificio—¿Qué te sucede? —cuestionó confusa.
—Nada, Quinn—respondía aún con la respiración agitada—. Nada.
—¿Nada? Me has besado en mitad de la discoteca y luego me has esperado en la puerta con Matt de testigo, eso no es normal en ti. Y ahora estás así, pareces nerviosa o… No, no sabría explicarlo.
—Quinn—susurró tomando su mano y acercándosela al pecho—¿Qué sientes? ¿Puedes notarlo?
Claro que podía notarlo.
Su corazón palpitaba tan bruscamente que podía sentir como su pecho se movía descontrolado.
—Eres tú—le dijo tras no recibir respuesta alguna por su parte—. Esto lo provocas tú. Es… Es como si fueras adrenalina.
—Pero Rachel ¿Eres consciente de lo que has hecho? De lo que hemos hecho.
—Claro que soy consciente—respondía sin permitir que la mano de Quinn se alejara de su pecho—. Por eso mi corazón está a punto de salirse. Tenía que hacerlo, Quinn.
—¿Tenías que hacerlo?
—Si, y quiero seguir haciéndolo. Necesito besarte Quinn, necesito que subas conmigo y me demuestres que besarnos en una discoteca no es malo.
—No, no es malo Rachel, es maravilloso. Pero tú no querías que…
—Shhh—la interrumpió—. No hagas que me arrepienta ahora. Te juro que tengo más adrenalina en mi cuerpo que sangre en mis venas, y ahora lo único que me importa es subir a casa contigo de la mano, comprobar que Em está perfecta y no dejarte salir de mi habitación hasta que el sol aparezca—hizo una pausa—Ha sido una locura, nada más y soy consciente—sonreía—. Necesitaba hacerlo y lo he hecho, así que no te preocupes o te sientas culpable por ello. Recuerda, como tú dices, todo va a ir bien.
Resopló.
Quinn soltó una gran bocanada de aire al tiempo que dejaba caer su frente contra la de la morena.
—Me vas a volver loca—susurró cerrando los ojos.
—No —respondía tirando de ella para acercarla hasta el ascensor que ya se abría a sus espaldas.
—Te aseguro que sí, Rachel—volvía a susurrar siguiendo sus pasos—. Te aseguro que voy a perder la cabeza por tu culpa.
—Mi intención es que pierdas algo más que la cabeza esta noche—musitó con apenas un hilo de voz—. Mínimo la ropa.
