Cambio de escena: —

Cambio de narrador: /

Flashback

Pensamiento: "..."

Sueño: [...]


¿Por qué debía ser tan duro? ¿Por qué tenía que dejarla marchar?

Yo no quería eso, deseaba estar con ella a toda costa. ¿Por qué se tuvo que complicar tanto?
Oh, cierto. Todo empezó cuando encontré ese anillo.

Fue extraño, mi cuerpo se había visto atraído por una fuerza sobrenatural, guiándome por los pasillos de aquella casa que conocía desde que era un mero infante.
Las pisadas, recuerdo como a cada segundo, eran mucho más rápidas.

El peso en mi pecho me hizo sentir abrumado, hasta que llegué a una habitación, allí donde parecía haber algo… poderoso.

Tras encontrarlo, todo pareció cambiar, mi vida dio un giro de ciento ochenta grados, todo lo que creía saber, la realidad que tenía planteada. Se derrumbó.
La oscuridad me llamó a su lado, los peligros a medida que el tiempo avanzaba se volvían más riesgosos. Y cuando se descubrió mi punto débil, solo me había quedado una opción.

Ella, mi dulce Marinette, la única que había aceptado mi fría personalidad, la que me había querido sin condición. Aún recuerdo como lloró aquel día, recuerdo como mi corazón se rompía de verla con las lágrimas empañando sus ojos.

Lo cierto era que no había sido la mejor excusa. Pero, ¿qué podía hacer?

Si le decía, el riesgo que podía correr iba a ser mucho mayor. No quería que conociese ese mundo, no quería que ese mundo manchase su pureza como lo hizo conmigo.
En cambio, todo lo que hice por ella, fue en vano.

Había conocido ese oscuro lugar, ese que podía absorberte la energía hasta llegar a drenarla por completo, sin dejar una mísera gota de aquello que te mantenía con vida. Tuve miedo aquel día que la vi, miedo de ver como aquel demonio la tomaba de la muñeca y se la llevaba, miedo, porque todos los esfuerzos que había hecho, y que habían sido destrozados.

No pude salvarla de conocer ese desdichado mundo.

Pero sabía que podía intentar alejarla de aquel… monstruo que tan cariñoso se comportaba con ella.
Como si un ser como él pudiese tener corazón.

El pensar en la idea de esos asquerosos labios posarse sobre la piel de mi dulce Marinette me sacaba de quicio, me volvía loco de rabia.
Y cuando eso pasaba, las voces de mi cabeza volvían a resonar con fuerza. Exigiéndome cosas que jamás se me habrían ocurrido.

Destruye al demonio y apodérate del corazón de nuestro ángel.
Acaba con la miseria de nuestra pobre Marinette.
Secuéstrala, hazla nuestra…

Nada más recordar ese tipo de pensamientos, hacía que cada ápice de mi piel se estremeciese, aunque eso no podía ser lo peor, lo peor, era cuando yo mismo me veía pensando y recapacitando opciones.
Cuando me imaginaba ensartando un arma en el cuello de ese demonio, torturándolo y sosteniendo a mi dulce princesa entre mis brazos.

Era esquizofrénico, era odioso, era horrible, todo aquello que pasaba por mi cabeza.

Pero era imposible evitarlo. Le amo con cada molécula que hay en mi ser, su esencia, su sonrisa, su personalidad, su esbelto y delicado cuerpo. Ella fue mía.
Y solo quise protegerla.

El destino fue cruel conmigo, por una simple equivocación, me la arrebató, y la llevó a los brazos de otro.
Algunas noches, acababa utilizando ese anillo que cada vez, parecía tener más intención de apoderarse de mi ser, -y quizás si seguía por este camino, algún día lo conseguiría-, la veía a ella, con aquel gato arrabalero, pegándose a su preciosa piel de porcelana. Con una maliciosa sonrisa que decantaba su picardía.

Las venas sobresalían de mi cuerpo, la rabia que sentía en esos momentos conseguía que mi sangre hirviese, los dolores de cabeza eran constantes, y a veces llegaba a nublarse mi vista.
Pero cuando hablaba con ella, cuando le advertía que tuviese cuidado. Todo se esfumaba, solo estábamos nosotros.

Mi musa, con esos preciosos, grandes y brillantes ojos llenos de esperanza.
Esa dulce, meliflua y encantadora voz que me embelesaba. Simplemente me hacía caer una vez más por ella.

Pero no me hacía caso. Ese demonio seguía con ella, y cada vez el sonido de las voces en mi cabeza eran peores.
Aunque, parecían estar advirtiéndome de algo, pero no llegaba a entender bien que querían decirme, pues cada vez que hablaban, las voces se superponían y resonaban con más fuerza, haciendo que los dolores de cabeza aumentasen.

En cambio, ese día se detuvieron. El sonido de mi teléfono me despertó de la ensoñación, y cuando vi de quien se trataba, solo pude sonreír.
Respiré profundamente, nervioso por hablar, tragué y esperé unos instantes, hasta que respondí a la llamada.

Ella no me dio tiempo a hablar―. Félix, ¿recuerdas la pequeña "charla" que tuvimos? ―me preguntó con calma y ciertos nervios, tan adorable―. Tú, ¿qué es lo que puedes contarme sobre Chat Noir?

¿Podría ser? ¿Mis plegarias estaban siendo respondidas y ahora ella estaba a punto de alejarse de ese malévolo ser que solo le traería pesadillas?

Estas semanas han sido complicadas con él y… creo que el único que puede ayudarme eres tú ―dijo con voz relajada y cierta dulzura. Como echaba de menos ese tono que ella usaba para hablarme―. Nos hemos distanciado. Y bueno, también iremos mañana al cementerio por… lo de mi padre, así que, querría saber si… ―comenzó a decir mientras yo sonreía cada vez más ampliamente, solo debía acabar esa frase para que mi corazón se pusiese a bailar de felicidad―. No. Yo, perdón, no debería haberte llamado ―sentenció y tras aquello, simplemente colgó.

El silencio inundó la sala en la que me encontraba, las voces, paulatinamente comenzaban a resonar de nuevo, mientras las sombras comenzaban a rodear lentamente mi figura. Mi mano apretó con fuerza el teléfono, dejando que parte de la pantalla se quebrase y mi piel comenzase a arder por la sangre hirviendo en mis venas.
No estaba enfadado con ella, ni mucho menos, pues solo Marinette podía relajarme.

Era el hecho de que ella no podía olvidarse de ese maldito lunático. No podía permitirlo, sabía sus verdaderas intenciones, estaba jugando con mi precioso ángel, para profanarlo y arrancarle el alma.
Estaba con los nervios a flor de piel, y en ese momento quería arrancarle la máscara de ternura a aquel demonio de un maldito golpe.

Desóyalo vivo.
Acaba con ese infeliz de una vez.
No se merece tener a nuestro precioso tesoro.
Mátalo…

Tantas voces, tantos pensamientos negativos que cruzaban por mi cabeza en leves fracciones de segundos. Simplemente me hacían replantearme el hacer lo que me decían. Pues llegado un punto, ellas decían lo que ansiaba hacer.

Mis más oscuros deseos.

Ante eso, tuve que ir corriendo a la ducha, con ropa puesta y dejar que el agua congelada aclarase todas mis ideas, si seguía dejando que aquel anillo me consumiese, podría acabar transformándome en algo como ese demonio, o incluso peor.
Imaginar que hacía algo que pudiese hacer llorar a mi tierna y dulce Marinette como hice aquel día, simplemente hacía que mis tripas rugiesen en incomodidad.

No podía volver a hacerle algo así.

Tenía que protegerla, lo máximo que pudiese y con los pocos recursos que tenía.
Pero de nuevo, esas voces volvieron a llamar mi atención, el oscuro anillo volvió a brillar sutilmente, y mi sonrisa se ensanchó.
Quizás no tendría tan pocos recursos como me imaginaba.


Estuve investigando más a fondo, llegué a descubrir una vía que me permitía ir directamente al otro lado de nuestra realidad sin llegar a perder el control.
Pues los pocos recuerdos que tenía de aquellas veces, hacían que mi piel se pusiese de gallina, con una gran incomodidad en mi pecho.

Las voces parecían estar más tranquila desde que había empezado a visitar aquel oscuro sitio, ese donde las pecadoras almas se quedaban atrapadas en cuerpos oscuros, volviéndose masas con un simple propósito.

Devorar cualquier pureza existente para conseguir el perdón divino.

Por ello, muchas veces, cuando llegaba allí, observaba cualquier indicio de movimiento entre sombras. Y siempre, siempre se lanzaban sobre aquel rubio que se encontraba tan cerca de mi tierna Marinette.
Siempre supe que ella era especial, que su encanto y pureza no eran algo perteneciente a este mundo. Y cuanto más investigaba, más preocupación tenía por mi dulce ángel.

Un día traté de entrar en aquel aterrador castillo, custodiado por fuertes y variados demonios.
Sabía que sería allí donde encontraría respuestas. Sabía que escabullirme no sería complicado, pero no podía arriesgarme a que pudiesen atraparme, por ello, conseguí atrapar a uno de los más débiles de todo el lugar.

Obtuve respuestas, y no pocas, y lo que llegué a saber, no me pudo gustar menos.
Ese diablillo obtuvo por mi toda la información que necesité, libros, papeles antiguos en lenguas muertas -que gracias al anillo que llevaba podía entender perfectamente-.
Todo comenzaba a tener sentido en mi cabeza, aunque solo fuese una mera suposición.

Pero el miedo se apoderó de mi al saber que el destino había puesto su juego en marcha, las manecillas del reloj ya no podían ser detenidas. Las cartas lentamente parecían empezar a mostrarse, y el peligro era inminente.

Debía avisarle. Ella debía saber que podría llegar a ocurrir.

Y como siempre, iba a ser imposible.

Una mañana, me levanté, pálido -más de lo que ya era-, con un dolor insufrible en mi estómago y en mi garganta, era insoportable, mi cuerpo parecía estar ardiendo y la cabeza parecía querer explotarme.
Fui a duras penas hacia el baño de mi habitación. Desde hacía tiempo los criados preferían no intervenir en mis asuntos por orden mía. Y aquella mañana no iba a ser distinto.
Aunque al ver la sangre manchar la taza de váter nada más vomitar, con mi vista borrosa observé el dedo donde portaba el anillo.
Este parecía haberse adherido a mi piel, formando una oscura capa que estaba carcomiendo y ennegreciendo el dedo.

¿Cuándo había sucedido? ¿Por qué el dolor acababa de llegar, y no había mostrado ningún indicio antes?

Era extraño, ni que decir de la horrible sensación de mis entrañas apretarse y acuchillarme. Era lo peor. Y por fin, las voces hablaron.

Este es el precio a pagar por el poder.
Nos darás tu esencia de vida, a cambio del control de la oscuridad.
Así podrás protegerle. Y si no eres cauteloso… No podrás hacer nada para ayudarla~

Allí mis pupilas se contrajeron, y pronto, con la poca fuerza que tenía, apreté el inodoro de porcelana y volví a escupir aquel espeso, oscuro y rojo líquido. Haciendo que mi vista por un momento se oscureciese.
Pero no perdí mi voluntad. Como pude, conseguí ponerme en pie, tiré de la cadena y a trompicones me apoyé en el lavabo para verme al espejo.
No sabía como no había podido darme cuenta del horrible estado en el que me encontraba.
Las sombras a mi alrededor parecían destacar más, sus malévolas sonrisas y esos blancos ojos me miraban, cómo diciéndome: "No te queda mucho tiempo".

Ante la rabia, mi puño se estrelló con fuerza contra el espejo, acabando con las maquiavélicas risas y dejando mi reflejo cuarteado en aquel reflejante cristal.
Sabía que tenían razón, en mi estado era posible que quizás ni un año aguantase con vida.

Pero debía hacerlo por ella.

Esas noches no utilicé para nada aquel anillo, las marcas negras que rodeaban mi dedo se disipaban lentamente, y mi estado había mejorado -no demasiado-, pero al menos no estaba en la mierda.

Necesitaba la energía que tuviese para ir a ver a Marinette, tenía que explicarle todo, el anillo, la oscuridad que se avecinaba por el horizonte, el peligro de que continuase al lado de aquel demonio que solo le traería pesar.

Sabía que debía hacerlo, pero mi cuerpo temblaba cuando miraba aquella horrible marca en mi dedo. Saber que si seguía utilizándolo mi vida se consumiría como si de una cerilla se tratase me dejaba tiritando del terror.
En ese instante, unos ojos azules como el cielo en un precioso día de verano llegaron a mi cabeza. La sonrisa de perlados dientes que hizo mi pecho palpitar con fuerza -esta vez en un buen sentido-.

Fruncí mi ceño, los nervios desaparecieron en aquel instante y así me transformé en algo que no era muy distinto a los monstruos que se encontraban en la oscura dimensión de la que el anillo venía.
Al momento de transformarme, noté con dolor como mi dedo palpitó de nuevo y negué para abrir las ventanas de aquella oscura noche y fui corriendo a verle.

Pero una vez más, el destino era tan cruel conmigo como yo lo había sido con ella. La vi, descansando tan plácidamente entre los brazos de otro hombre…
Mi corazón se estrujó, y el dolor de nuevo creció, pero fue un dolor emocional, uno en el que las heridas no se muestran, pero se sienten.
Y con aquel sentimiento, uno más fuerte vino. La ira, una rabia desenfrenada de saber que aquel hombre que le sostenía no era yo. Que perdí mi oportunidad, y ella ya había pasado página.

No podía aceptarlo, no quería aceptarlo.

Y cuando iba a saltar para arrancarle la cabeza a ese desgraciado, unos ojos verdes se interpusieron, siendo acompañados de una zorruna sonrisa en la que, a primera vista, sabías que era imposible confiar.

Sus ojos titilaron juguetones, me miró fijamente, como si comprendiese lo que sentía.

―Tú y yo somos muy parecidos ―dijo y antes de dejarme intervenir, me puso un dedo en los labios para callarme―. Ambos queremos que ellos se separen.

Allí mis ojos se abrieron sorprendidos y mis puños se apretaron. Quería que ella fuese feliz y que viviese una vida plena… Conmigo a su lado.
Por eso mismo, las palabras que me dijo a continuación, hicieron que en mi interior una sensación escalofriante

― ¿Qué te parece… si hacemos un trato? ―allí su sonrisa se extendió y ese peligroso brillo destacó de sobremanera, haciendo que yo pusiese la misma sonrisa.

―Está bien… Veamos que me propones.

Y desde allí yo no lo sabía, pero iba a arrepentirme de aquella decisión.


Y aquí acaba por hoy el capítulo que tanto tiempo me ha costado hacer. Ni que decir que con lo de la pandemia, las clases online y su santa madre, parecía que el tiempo se me echaba encima.
Pero ahora que las aguas parecen estar tranquilas, espero que disfrutéis de las vacaciones y tengáis un sorbo de dulce verano y "libertad" con algunos capítulos que iré subiendo a lo largo de estas semanas.
Con ayuda de diosito, y de que no se me vaya la inspiración. Espero que podamos vernos pronto sin ningún percance, y esta vez en serio.
Todos los comentarios sobre teorías, dudas, palabras de cariño y odio aferrimo ante mi tardanza y mi actualización, serán recibidas.
Espero con ansias leeros chicos/as.

Próximo capítulo: La voz de mis sueños.