Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a JAnnMcCole. Yo solo traduzco.
Capítulo veinte
"Vivir en los corazones que dejamos atrás es no morir." ~Thomas Campbell
BELLA
Esto no era sobre mí, ni sobre Charlie. Sin embargo, una pequeña parte de mí se sentía culpable de que no haya hecho algo así para él. Jamás había visto a tantos irlandeses en un mismo lugar que no sea en Irlanda. Incluso algunas personas de mi lado estaban aquí. Solo habían pasado dos días, pero algunos habían volado justo a tiempo para llegar hoy. Otros habían conducido las dos horas de Chicago hacia el memorial que se encontraba frente al río. Era hermoso, a nuestro alrededor solo se podía ver verde y un pequeño río azul.
Sentada frente a la mesa más cerca del borde del precipicio, observé la enorme foto de Carlisle que se encontraba al lado del podio. Era el día de verano para esto, las nubes escondían al sol, pero seguía siendo lo suficientemente cálido y el viento se había calmado como si también quisiera ser respetoso.
—Siempre lo amaré. Él siempre será el hombre que espero ser —terminó Jasper, dando un paso hacia atrás y Alice lo abrazó y lo besó antes de subir. Era la primera vez que no la veía usando tacones.
—Hola —dijo ella al micrófono—. Muchos de ustedes me conocen como Alice Cullen, esposa de Jasper. Carlisle y yo no éramos muy cercanos. Por supuesto, él era amable conmigo, me hacía reír… hacía a todos reír sin siquiera intentarlo. Él tenía una doble naturaleza en él; en un momento tenía esta habilidad de congelar a toda una multitud, y al siguiente te olvidabas de quién era. Tenía mucha vida dentro de él, tanta que casi te olvidabas que podía morir. Personas como él deberían vivir para siempre. Debería vivir para ver a más nietos, más peleas, más amor. Me gusta pensar que lo hará, que nos está viendo ahora mismo hablar sobre él con un bol de palomitas acarameladas en su regazo porque sigue teniéndole miedo a que Esme se entere que tienen extra mantequilla y sal.
Se escuchó un chillido en nuestra mesa y eché un vistazo para encontrar a Esme riéndose y llorando envuelta en los brazos de Emmett.
—Carlisle Cullen era único y el mundo es un lugar oscuro sin él. Jamás lo olvidaremos. —Se secó las lágrimas y volvió a la mesa. Jasper se puso de pie y la envolvió en un abrazo, besando su frente.
Emmett se puso de pie y se dirigió hacia donde Alice había estado, con una botella en sus manos. Sentí a Edward tensarse a mi lado como si no estuviera seguro de qué pensar al respecto. Colocando mi mano sobre su muslo, él colocó las suyas sobre la mía.
—Sigo sin tener palabras —anunció Emmett—. Para algunos de ustedes, puede que no sea una sorpresa. Jamás he sabido qué decir o dónde estar o qué hacer. Simplemente seguía las órdenes de mi padre y esperaba, rogaba, que lo estuviera haciéndolo sentir orgulloso. No se puede negar el hecho que mi padre y yo teníamos nuestros problemas, los desafío a encontrar a un padre e hijo que no los tengan. Pero sabía que le importaba. Muchos hombres en su posición no tienen el tiempo de ocuparse de sus hijos como él lo hacía. Pero siempre se aseguraba de chequear lo que hacía cuando podía. Él pensaba que no sabía que todas las mañanas, antes que siquiera salga el sol, iba a verme. Desde que los ocho años y hasta que cumplí dieciocho… sí, dieciocho y yo no era un pequeño adolescente, él iba a mi cuarto y solo me hablaba sobre su día, sobre la mierda que hacía. Siempre esperaba esos momentos pequeños cuando la puerta se abría y me entristecía cuando se cerraba.
Bajó su cabeza, asintiendo como si le estuvieran diciendo qué contar, pero sabía que intentaba obligarse a ser fuerte.
—Cuando tenía catorce años, él fue herido gravemente y perdió a un amigo. Cuando mejoró y volvió del funeral de su amigo, una vez más vino a mi cuarto, se inclinó contra el marco de la puerta y dijo «No planeo morir pronto, hijo, pero por si alguna razón eso pasa, les conviene hacer un festín como vikingos y despedirme como un maldito rey. Oh, y no puedes dejar que tu madre sepa que hice trampa para que saliera conmigo y que maté a su pescado… pero asegúrate que esté bien muerto antes de decírselo.»
Poniendo los ojos en blanco con una sonrisa en mi rostro, Edward rio a mi lado; por supuesto que Carlisle diría algo así.
—Lo sabía —murmuró Esme, sacudiendo su cabeza incluso aunque las lágrimas seguían cayendo. Me preguntaba si alguna vez se detendrían.
—Por él. —Emmett levantó la botella y tomó un trago que enorgullecería a todos los vikingos. Todos tomaron un trago, incluso Edward, que tomó la botella y comenzó a beber.
—¡Por él! —gritaron todos.
Edward se paró y se acercó a su hermano. Se abrazaron por un momento antes de colocarse detrás del micrófono. Parecía simplemente mirarlos a todos.
—Deartháireacha, deirfiúracha, máithreacha, teaghlaigh. —Hermanos, hermanas, madres, familia. Habló en irlandés y después, para mi sorpresa, cambió a italiano y dijo—. Famiglia allargata —Familia extendida—, gracias por venir. Siempre he sabido que mi padre era muy importante para muchas personas. Sin embargo, ver esto es gratificante. Muchos de ustedes dejaron todo para simplemente estar aquí por respeto, amor, y seamos honestos, un poco de miedo.
Hubo algunas risitas.
—Pero grandes hombres deben ser temidos y mi padre fue un gran hombre. Incluso sus defectos eran increíbles. Ya no está y me encuentro observando unos zapatos tan grandes que solo pueden pertenecerle a un gigante. Estamos aquí porque de alguna forma él descubrió la forma de unirnos a todos. Irlandeses, italianos, no importaba. Haz el trabajo a toda costa. No hay nada que pueda decir sobre mi padre que ustedes no sepan. Tengo historias que se remontan a treinta años atrás, desde el primer momento que me dejó caer de niño hasta cuando me forzaba a casarme con una italiana… la más brava de todas.
Quería golpearlo con una pala, pero eso solo probaría su punto. Esme se inclinó hacía mí y tomó mi mano, dándole un apretón.
—Él me dijo que todo lo que hiciera como el líder de una familia no era solo para mí, o mi familia directa. Era para asegurarme de que todos seamos fuertes, que hay alguien que no solo le importa nuestra herencia, sino que les recuerda a las personas que sin importar donde estén, si necesitan ayuda, pueden venir a nosotros. Le debo toda mi fuerza a él y la usaré para asegurarme que el hombre responsable de esto arda.
El "¡salud!" se sintió como un relámpago.
EDWARD
Todos nos sentábamos en silencio dentro del estudio de nuestra casa con shots de dos botellas de un brandy de noventa años que Emmett consiguió.
—¿El nombre de su primer coche? —preguntó Jasper.
—Hennessy —murmuré, tomando mi trago, pero Jasper me bloqueó.
—Error. Era Finola, ¿de dónde sacaste Hennessy?
Miré a Emmett, esperando a que me respaldara.
—Dijiste su primer coche, el cual fue una camioneta que el abuelo le dio cuando cumplió dieciséis, no el primer coche que se compró después de casarse. —Emmett rio, tomando dos tragos.
—Alcánzame mi premio. —Sonreí, tomando el trago mientras él ponía los ojos en blanco.
—¿Alguna vez les dio el discurso sobre ser un mejor hombre o solo era especial para Emmett? —nos preguntó Emmett.
Jasper gruñó, echándose hacia atrás en su asiento.
—Ese discurso. Ni siquiera me metía en la mitad de los problemas que ustedes dos…
—¡Putas mentiras! —le grité—. Simplemente jamás fuiste descubierto, maldito bastardo. Comparado con las cosas que hiciste, Emmett y yo éramos unos santos.
Emmett resopló.
—¿Alguna vez metiste a dos chicas en tu cuarto solo para ser interrumpido en la mitad del acto por tu padre?
—No —dijimos Jasper y yo al mismo tiempo, pero él simplemente asintió.
—¿Qué hizo? —preguntó Jasper.
—¿Cuántos años tenías? —Eso era todo lo que quería saber.
—Tenía diecisiete y fue la noche que mamá tuvo su baile de Navidad. Había dos chicas encima de mí. Lógicamente que estaba muy emocionado, y todo estaba yendo genial hasta que papá entró. Su rostro se desencajó, me dedico su mirada inexpresiva y simplemente se fue. Yo, siendo el idiota que era, terminé e hice que se fueran. Al momento que entró, me olvidé lo que intentaba decir, pero en resumen, le dije que tenía necesidades. Me dijo que era un idiota, que estaba plantando mi semilla en mujeres que solo querían el dinero de la familia. Que ser un hombre no se trataba de satisfaces mis necesidades, sino de asegurarse que las necesidades de todos a mi alrededor sean satisfechas. Si no entendía eso ahora, entonces era un idiota que terminaría pagando pensión alimentaria por el resto de mi vida. Él lo terminó diciendo «dúchate, hueles a desesperación».
—Síp, ese fue el discurso que me dio. —Jasper rio.
—Nop, jamás tuve un problema —mentí, inclinándome contra mi silla.
—Sí, claro, sabes que te conocemos antes que Bella, ¿cierto? Te acostaste con todo lo que tuviera piernas. Estoy sorprendido que papá no te haya…
—Agh, cállate. —Me estremecí, pero asentí—. No quiero pensar en las mujeres antes de Isabella. Mayormente porque creo que ella tiene oídos en este cuarto y me pateará el trasero luego. Era como si papá supiera cómo iba a ser la cosa entre los dos. Estoy agradecido que me haya presionado incluso cuando me opuse.
—¿Te opusiste a casarte con Bella? —Emmett preguntó, asombrado—. Siempre pensé que eras el buen soldadito y hacías todo lo que te pedía.
—No, de hecho, estuve enojado de que tú te casaras con alguien que querías mientras que yo estaba atrapado con una italiana que ni siquiera conocía. Peleábamos sobre ello a menudo y finalmente acepté, lo que me dirigió a que me acostara con cualquiera. Creo que él lo toleró porque ya no estaba molestándolo.
Emmett sacudió su cabeza, frunciendo el ceño y tomando otro trago antes de hablar.
—Él me dijo que no me casara con Rosalie. Dijo que ella no era la mujer que necesitaba. Y me enfadé, le dije que se apartara y que era feliz. Tuvimos una gran pelea y demandé que me dijera si le importaba en absoluto o si quería que me quedara solo y amargado toda mi vida… él sacudió su cabeza y se dio la vuelta. Aquí estoy, años después, deseando haber cerrado mi maldita boca y haberlo escuchado. Ahora, su muerte cuelga de mi cuello.
—¿Tu cuello? —Se estaba culpando de esto.
—Tú mataste a Rosalie —murmuró Jasper, sirviéndonos otro trago.
—La maté, pero también la traje a esta familia. Lo peor es que estaba cegado por ella. Jamás pensé que se volvería así. Si no me hubiera casado con ella, ella no hubiera ayudado a ese maldito bastardo y papá podría seguir estando aquí.
—Desearía dejar esto sobre tus hombros, hermano —susurré, respirando profundo y sacudiendo mi cabeza—. Y a pesar de tu declaración sobre Rosalie, no fue tu culpa. Fue la mía. Yo tomo responsabilidad de ello; cuelga alrededor de mi cuello y solo del mío. Orlando me llamó menos de una hora antes de que padre fuera asesinado. Encendí fuego bajo su culo y él estalló.
Hice una pausa, bebiendo otra vez antes de pararme.
—Si piensa que esto acabó, o que estoy en el piso e incapacitado para pelear, está jodidamente equivocado. Voy a volver y no me detendré hasta que muera de la peor forma.
Colocando mis manos sobre sus hombros, me acerqué.
—Descansen un poco, hermanos, porque comenzamos de nuevo mañana.
Antes de volver a mi cuarto, me detuve en el de mi madre. Esperaba que estuviera en la cama, pero ella estaba sentada en el suelo rodeada de fotos, prendas de bebé, sombreros, y juguetes. Estaban por todos lados y ella los observaba lentamente. Al escucharme, levantó la cabeza y sonrió, estirando una mano para que me uniera a ella. Esquivando todo, llegué a los pies de su cama y tomé asiento en el suelo, a su lado. Lo primero que ella medio fue una foto mía de muy pequeño.
—Él tenía miedo de aplastarte. —Rio—. Pero, entonces, lo miraste y jamás te quiso soltar.
Tragando lentamente, miré a otra foto de Emmett y yo. Él me cargaba con una expresión de asombro en el rostro.
—No sabes esto, pero soy una acaparadora… una acaparadora limpia, pero una de todas formas. —Levantó el atuendo que estaba usando en la foto antes de echar un vistazo alrededor del cuarto—. Guardé muchas cosas porque tu padre me lo pidió. Cada Año Nuevo, él decía que engañaba a la muerte y que sabía que algún día ésta lo atraparía.
—Me dijo que no creía en la muerte. Que tenía un plan.
Ella puso los ojos en blanco y resopló.
—Mentiras. Pensaba en ello a menudo y se preocupaba que no seas lo suficientemente grande cuando muriera. Estuvo cerca de ella muchas veces, pero dijo que solo tenía que sobrevivir hasta que tú tomaras el mando. No como consecuencia de su muerte, sino de que estuvieras listo. Él fue metido en esto y quería que lo eligieras.
—No se sintió como una elección. —Jamás conocí algo que no fuera esta vida. Él me había entrenado para esto.
—Si realmente no quisieras esto, él se hubiera hecho cargo de nuevo. Se hubiera concentrado en Emmett o en Jasper. Todo lo que tenías que hacer es decírselo, pero él sabía que eras diferente. Tenía mucha fe en ti. A veces venía diciendo que sentía que te había arrojado por un acantilado y observaba cómo los hombres se inclinaban a tus pies.
Lo que explicaba por qué habíamos visto mucho El Rey León cuando éramos niños. Ella sacó una pequeña caja musical debajo de la cama. Abriéndola, ella sacó una carta.
—Cada año, tu padre les escribía una carta nueva por si acaso. Le pedí que guardara las viejas, pero las quemaba. Mientras más vivía, sus sentimientos y sus pensamientos cambiaban y quería que tuvieran su mejor y última versión. Escribió esta hace unas semanas cuando Bella le pidió nuevas identidades para todos nosotros. —Colocó la carta en mi mano.
La miré.
—¿Te escribió una?
—Sí, pero no estoy lista para leerla aún. —Sonrió con tristeza antes de tomar otra pila de fotos.
—¿Leerías esto conmigo?
Ella sacudió su cabeza y besó mi mejilla.
—Ve a leerla con tu esposa y tu hijo, Edward.
—Mamá, prométeme que no…
—¿Me mataré? —Arqueó una ceja y frunció el ceño—. No puedo, tu padre me hizo prometerle que jamás lo haría sin importar lo mal que me sienta… maldito.
Las lágrimas volvieron a aparecer en sus ojos.
—Probablemente diga eso de nuevo en su carta. Con mi suerte, viviré hasta tener ochenta.
Besando su frente, la abracé con un brazo.
—Ethan va a necesitar a su abuela. No tiene otros abuelos… sin presión.
Ella rio y me abrazó fuerte antes de soltarme.
—Está bien, ve, no quiero quebrarme ahora mismo.
Se secó las lágrimas y volvió a sus fotos.
—Te amo, mamá —le dije cuando me puse de pie.
—Lo sé, también te amo —respondió cuando me acercaba a la puerta. Saliendo, cerré la puerta y me topé con dos criadas.
—Encárguense de que alguien la escuche en una hora y hasta que se apaguen las luces o hasta que no escuchen nada más. Luego, échenle un vistazo —ordené. Confiaba en mi madre, solo que no en su estado y no iba a enterrarla también. Podía enojarse conmigo si quería, pero preferiría prevenir que curar.
Me dirigí hacia mi cuarto y entré a tiempo para ver a Bella alimentar Ethan su compota de manzana. Me acerqué y me senté a su lado.
—¿Puedes leer esto mientras yo termino de alimentarlo?
Ella asintió mientras intercambiábamos la compota y la carta.
—¿Qué es? —preguntó ella mientras la abría.
—Una carta de mi padre —dije, sonriéndole a Ethan.
Ella no dijo nada más.
—Edward, si me mataste, te perseguiré por el resto de tu vida.
Me reí. Por supuesto que él comenzaría así.
—Imbécil.
—Y no me digas «imbécil», es irrespetuoso.
Me detuve y eché un vistazo por encima de su hombro. Ciertamente, allí estaba. Incluso en la muerte sabía mi próximo movimiento… No estaba seguro de si debería estar furioso sobre esto.
—Las cartas de los demás siempre me fueron fáciles, excepto la de tu madre y la tuya. Quizás es porque puedo ponerme en los zapatos de los dos. Entiendo la presión que sientes ahora sobre tus hombros, lo pesado que es cada paso que das ahora. Y entiendo cómo se siente no tener un padre al cual recurrir. Me he pasado la vida estando allí para ti; dándote las herramientas que necesitas para lograrlo sin mí. De hecho, una de esas herramientas fue Isabella… y sí, la estoy llamando herramienta, un arma, tu pierna con la cual apoyarte cuando necesites ayuda. Sabía quién era, sabía que ella manejaba a su familia, sabía que Charlie estaba muriendo. Fue una de las razones por la cual te presioné para que te casaras. Por mucho que hubiera sido bueno firmar la paz con los italianos, me importaba más que ustedes estuvieran emparejados equitativamente. Ese es realmente el secreto para lograrlo, tener a alguien a tu lado dispuesta a luchar por ti, a morir por ti, a matar por ti… así que no me arrepiento de haberles mentido a los dos. Los he observado con gran maravilla y asombro. Jamás he visto un par tan igual, tan enamorada, y tan demente. Esta es la mejor carta que jamás he escrito porque sé ahora sin dudas que ya no me necesitas.
Eso no era verdad.
—Duele, o al menos más vale que duela un poco, malcriado, porque también me duele. Estoy orgulloso de ti. Te amo mucho y quiero que cuides de tu madre. Quiero que te detengas y respires, que tengas un momento para ti todos los días. Quiero que recuerdes de reír, de ser feliz. Quiero que recuerdes a tu esposa y tu hijo, y las vidas que deseas que tengan. Pero todo eso pasará después que te deshagas de Orlando. Extirpa a ese maldito y asegúrate que nada de esto vuelva a ocurrir. Lamento que esto no sea más largo, pero tus cartas jamás lo son. Jamás quiero que te preocupes por mí. Adiós, hijo.
Eso fue todo. Ella dobló la carta y observó a Ethan mientras él se lamía los labios. El dolor seguía allí, pero la rabia lo eclipsaba.
—Mañana comenzamos de nuevo —le dije.
—Mañana —concordó.
