Algún día, en algún lugar (Someday, Somewhere).
Los personajes de Candy pertenecen a sus respectivas autoras K. Mizuki y Y. Igarashi. Ésta es una historia construida con la única intención de esparcimiento, sin fines de lucro, casi toda pertenece a mi imaginación, sin embargo, reconozco que hay pasajes de libros que he leído por aquí y por allá, como aquel que da nombre (en inglés) a esta historia.
Si desean subir esta historia a otro portal, por cortesía háganmelo saber, y por favorrrrr siempre citen al autor en la historia, recuerden que es un trabajo no pagado y el reconocimiento es lo único que pedimos.
Capítulo 27: Regreso a Londres.
Nueva York, época actual
Había un aura especial que rodeaba a ese hombre. Como un imán atraía las miradas del público hacia él; nadie pestañeaba cuando él salía a escena.
Aunque había dejado atrás los roles protagónicos que ahora pertenecían a las estrellas jóvenes del momento, era imposible que no acaparara la cámara segundos después de que con voz profunda recitara con firmeza los diálogos de aquella obra clásica.
A pesar de ser un hombre entrado en años, su misteriosa varonil presencia seguía haciendo suspirar a toda la sociedad inglesa y americana.
– Tu bisabuelo es increíble.
Blake sonreía lleno de orgullo. Entre los tesoros de su madre se encontraban aquellas viejas cintas que mostraban a Terry actuando sobre el escenario, que cuando era niño solía ver una y otra vez.
– Lilly... ¿piensas marcharte?
La sonrisa de Lilian se borró de su rostro y sintió una repentina tristeza. Ella misma le había dado vueltas a ese asunto una y otra vez.
Los vacíos en la historia estaban llenos, el manuscrito de Terry debía ser terminado y publicado, y ella debía terminar los asuntos que dejó Candy y los de su propia vida que habían quedado en pausa cuando Blake entró en su vida como un vendaval que la arrastró a Nueva York.
– Tengo una misión que cumplir, ¿lo recuerdas?
– ¿Es solo esa la razón por la que piensas volver a Londres? Aquí tenemos editoriales fantásticas...
– Mi jefe me matará si además de estas vacaciones pagadas cedo el manuscrito de Terrence Graham Grandchester a una editorial americana, ¿no lo crees?
– Podríamos intentarlo, así si logro salvarte no tendrías ningún argumento para dudar que soy todo un caballero.
– ¿Si logras salvarme? Eso no suena nada confiable, creo que me atendré al plan original.
– ¿Sigues pensando en vender el cottage?
– No quisiera hacerlo Blake, pero no puedo tener dos propiedades para mí y mi compañero imaginario. Nos basta con mi apartamento en Londres.
– ¿Compañero imaginario, eh?
– No creerás que una mujer joven e inteligente como yo permanecerá soltera toda la vida, ¿verdad? – dijo Lilian en tono burlón – Estoy bromeando por supuesto, de entre toda la gente tú mejor que nadie entiendes la soledad.
Blake no dijo nada más, era cierto que él mismo pensaba que el mejor camino era la soledad.
Los días pasaron casi volando hasta poco antes de la primavera. A Lilian le hubiera gustado ver cómo el invernadero de Julia se llenaba de rosas Dulce Candy, pero no podía quedarse más tiempo. De lo contrario, la inevitable partida se volvería más difícil.
Durante este tiempo había disfrutado de las pláticas en el desayuno con Ryan Hartman que prefería levantarse un poco más tarde que su mujer y su hijo que eran aves de la mañana. Para cuando él terminaba su café, su esposa e hijo ya se habían hecho cargo de numerosos pendientes. Lilian era igual, prefería dormir un poco más y enfrentar los pendientes después de su English Breakfast.¹ Nunca había sido fan de encargarse de problemas recién levantada.
Blake le había llamado perezosa incontables veces, y aún cuando, gracias a una mirada de advertencia de su madre había dejado de importunarla, su sonrisa burlona le seguía repitiendo el mismo mensaje. Lilian solía hacerle muecas y una vez le había mostrado la lengua haciéndolo reír a carcajadas frente a los rostros atónitos de sus padres. El no solía mostrar su alegría tan abiertamente, si algo sabía controlar ese chico, eran sus emociones. A veces les parecía que la presencia de Lilly le había inyectado la espontaneidad que no había vivido hasta ese momento, y a Julia le parecía fantástico.
Por su parte, las tardes con Julia eran sus favoritas, ella solía charlar de Candy y de Terry, de las visitas al Hogar de Pony, de los viajes a Londres... y de Blake. Su madre podía hablarle horas del pasado, pero Lilian era la única que conocía su presente.
Julia miraba con asombro cómo su hijo pasaba más tiempo en la casa familiar del que nunca pasó, ni siquiera en las fechas especiales. A pesar de haber regresado a dormir en su propio departamento, procuraba llegar a tiempo para la cena y había dejado los pendientes fuera de los fines de semana para poder visitarlos. Lo había visto quedarse dormido sobre una manta en el jardín el día en que Lilian organizó un picnic para celebrar que ese día por fin había salido el sol después de semanas nubladas. Los vio reír a carcajadas después de no haber logrado sacar un solo acorde del viejo piano, o bien, mientras se burlaban de las fotografías de la ex Duquesa de Grandchester asemejándola a un cerdo, o al intentar bailar un viejo vals sin lograr coordinarse lo suficiente como para no pisarse los pies.
Y más de una vez, vio a ambos mirarse apasionadamente mientras recitaban los viejos diálogos de las obras de Shakespeare.
A Julia se le rompía el corazón de solo pensar en la inminente partida de Lilly, por lo que no dejó de plantar indirectas para tentarla a quedarse indefinidamente. Hasta que llegó la mañana de su vuelo y notó que nada había funcionado. Parada frente a la entrada estaba lista para partir, con sus dos maletas y un viejo bolso retacado de documentos.
Esa última mañana que Lilian despertó en Nueva York se había prometido a sí misma dos cosas: número uno, no llorar frente a los Hartman, sabía lo sensible que podía ser Julia y si comenzaban a llorar jamás se lo perdonaría; y dos, irse sola al aeropuerto o de lo contrario el punto número uno jamás sería capaz de cumplirlo. Lloraría como en un drama de telenovela y luego se sentiría avergonzada.
Apretando los labios y respirando con dificultad comenzó por agradecerle a aquella hermosa pareja el tiempo y la hospitalidad que le brindaron.
– Lilly, ¿estás segura de que no puedes quedarte? Estaríamos felices de recibirte todo el tiempo que quieras quedarte.
– Julia querida, en verdad extraño mi cama, esa es la única razón para marcharme.
– Es el peor pretexto que he escuchado. La traeremos hoy mismo si ese es el problema – contestó el señor Hartman guiñándole un ojo a su mujer.
– Esa pobre cama debe haber tenido las vacaciones de su vida, estaba trabajando horas extra por culpa de esta dormilona.
– Blake, ¿ni siquiera el día que me marcho me darás un poco de paz? Aunque digas lo contrario sé que me extrañarás.
– De eso nada... – murmuró él.
– Ya está bien, ¿llevas todo contigo, Lilly? Sería una pena que un olvido te hiciera bajar del avión.
Ambas rieron y abrazándose fuertemente se despidieron en silencio. Lilian le extendió la mano al señor Hartman, pero éste la tomó por el brazo y le dio un par de palmadas en la cabeza estrechándola contra su hombro; ella había mantenido la entereza hasta ese momento en el que sintió el afecto de un padre, algo que nunca antes experimentó.
Viéndola luchar contra el sentimentalismo Blake la empujó hacia la puerta.
– Vamos ustedes dos, ella solo se marcha a Londres, volverá en menos tiempo del que creen. Después de todo está perdidamente enamorada de mí.
Lilian se preparaba para decir algo pero él la abrazó cubriendo su boca para evitar que dijera una sola palabra.
– Llevaré a esta chica a su casa, no me esperen para cenar.
Ambos padres sonrieron y abrazados agitaron su mano desde la ventana hasta que el coche salió de la propiedad.
– Blake, yo en realidad no necesito que me acompañes al aeropuerto, ya he abusado suficiente de tu tiempo y sé que eres un hombre ocupado que... ¿me estás escuchando, maleducado?
Blake no despegaba la mirada de su teléfono y estuvo enfocado escribiendo varios mensajes hasta que llegaron a la terminal aérea. Al bajar y poner las maletas de Lilian en el suelo, ella notó que había una tercera.
– Blake eso no es mío, me parece que el chofer se ha confundido.
– Ya sé que no es tuya, esa maleta es mía.
– ¿Vas a viajar?
– ¿Tú qué crees?
– Pero tú tienes un avión personal, qué haces en esta zona del aeropuerto.
– Cuando viajo por placer, jamás uso el avión de negocios.
– ¿Vas a viajar por placer? ¿¡Tú!? – dijo ella burlándose. – ¿Y a dónde viajarás?
– Lilian, ya te lo he dicho. Te llevaré a casa, eso es lo que un caballero hace.
– Pero mi casa...
– Preguntas demasiado, anda ya o perderemos el vuelo. Te llevaré hasta la puerta de tu casa, fin de la historia.
– ¡Mañana es lunes! ¿Qué no piensas ir a trabajar?
A empujones Blake la llevó a documentar el equipaje, luego la guio a la sala de espera y en menos de un pestañeo, ya estaban en sus asientos en camino a Londres.
– Hey, por qué...
Blake había guardado silencio todo ese tiempo. El tipo de silencio que le decía que dejara de pedirle respuestas que él no estaba dispuesto a dar. Así que ella se acurrucó en su asiento y tomó el borrador del manuscrito de Terry para comenzar a señalar algunos cambios. No se dio cuenta en qué momento cerró los ojos y se quedó profundamente dormida; la noche anterior, pensando en cómo despedirse de los Hartman, no había cerrado un ojo en toda la noche.
– Eres como un koala Lilian – dijo él al notar que se tallaba los ojos para despertar.
– No recuerdo haber dormido abrazada a ti para que digas eso.
– Duermen veintidós horas al día, solo despiertan para comer y asearse. Casi igual que tú – dijo Blake dándole la vuelta al diario que leía sin interés. – Y definitivamente si estuvieras abrazada a mí, no estarías durmiendo. Quizás eso es lo que necesitas.
– ¿Mmmm?
– Alguien que te mantenga despierta por las noches, aunque eso solo te haría dormir aún más en el día.
– Podríamos intentarlo, quizás tú logres mantenerme despierta también durante el día.
– Lilly, si dices bromas sin el tono adecuado podría pensar que estás hablando en serio.
– ¿Quién está bromeando? Podemos intentarlo en cuanto lleguemos a casa – dijo ella levantándose de su asiento rumbo al baño sintiendo como los latidos de su corazón retumbaban en sus oídos.
El resto del viaje fue una tortura para Blake, cuando ella regresó del baño, se sentó y siguió leyendo como si no le hubiera arrojado una granada antes de levantarse de su asiento, ¿y ahora no decía nada?
Él no sabía si era mejor guardar silencio y seguirla obedientemente a su casa, después de todo ella le había hecho una clara invitación. Pero si le había tomado el pelo y estaba jugando sería un verdadero desastre.
Cuando bajaron del avión y tomaron su equipaje Blake decidió hacer exactamente lo que había planeado, la llevaría a la puerta de su casa y después... después... ¿después? Le daban ganas de darse un golpe por generar expectativas, la llevaría a la puerta, cargaría sus dos maletas hasta su piso y luego se iría en el mismo taxi al Savoy con todo y su equipaje.
El recorrido rumbo a casa de Lilian siguió en la misma tensión, la primera vez que ella escuchó su voz fue cuando él le indicó al chofer que diera vuelta y entrara en la estrecha calle que conducía a su departamento, sin embargo éste se negó alegando que la calle era demasiado estrecha por lo que Blake le pidió a Lilly que se adelantara, el iría tras ella con su equipaje.
Ella bajó del auto pensando que Blake se tomaría unos minutos para decirle al taxista con su peor voz de gruñón que había perdido toda oportunidad de lograr una propina. Con la cabeza metida en eso caminó los metros que la separaban de la puerta de su edificio, sacó las llaves de su bolso y cuando estaba por abrir escuchó una voz muy familiar.
– Lilian...
– ¿John?
– ¿Me puedes explicar dónde diablos has estado todo este tiempo?
– Lo haría pero me parece que no es de tu incumbencia – dijo ella recordando que si John y Blake se encontraban sería un desastre. Lo último que él había sabido es que su ex prometido había vendido información falsa a la prensa y eso había empañado la reputación de sus bisabuelos. De ambos. Pero John no tenía idea de toda la historia, él seguía creyendo que Candy había sido la amante escondida de Terrence, el gran actor y director de Broadway. Ni siquiera sabía que habían tenido un hijo, y que Blake era el bisnieto legítimo de ambos.
– El que hayamos peleado no da por terminado nuestro compromiso, cariño. ¿Cuántas peleas hemos tenido en todos estos años? – dijo John tratando de dulcificar el tono, bien sabía que darle órdenes a Lilian era algo que no funcionaba.
– Quizás no fui clara John, hiciste algo que no podría perdonar; me heriste al tratar de dañar la imagen de mi abuela.
– Lilian eso es cosa del pasado, ni siquiera la sociedad lo vio como algo relevante. Te puedo asegurar que en este momento nadie se acuerda ni de su nombre. El desliz de Candice, – que por cierto ni siquiera llevaba la misma sangre que tú como para que la llames "abuela"– no tiene relación contigo. Era la única manera de hacer que Hartman te tomara en serio, ¿o no fue eso lo que conseguimos?
– John tus medios para conseguir la atención de la gente son bastante mezquinos, hazte a un lado, obstaculizas mi camino. Lastimaste a una familia buena y amable.
– ¿Ahora crees que los Hartman son tus grandes amigos Lilly? No seas ingenua, jamás podrían ser amigos de gente como nosotros. Tú no conoces tu apellido legítimo, ni siquiera sabes quién fue tu padre, y crees que con eso los descendientes de la aristocracia inglesa te contestarán la llamada... Eres muy ingenua, tú y tu "abuela" solo tienen en común ser huérfanas, ¿o es que su ejemplo como "querida" te parece suficientemente digno como para seguir sus pasos?
Lilian lo miró sin poder creer lo que había dicho. Al principio pensaba que sería bueno que Blake se tomara todo el tiempo que necesitara para regañar a ese taxista ingrato para alejarlo de esta escena, pero ahora le urgía que regresara o destrozaría a John con sus propias manos.
– Bien, pues mi depravada "abuela solo de nombre" y yo claramente no somos dignas de ti, así que por qué no te largas de una buena vez y dejas de hacerte el tonto; tú y yo terminamos. Si antes no te había quedado claro, pemíteme reconocer mi error por no decirlo con una fórmula a prueba de cínicos. Tú y yo no tenemos relación.
– ¿Así que prefieres terminar conmigo solo por no poder reconocer que esa mujer era una oportunista? Los Hartman sin duda te darán una patada en el trasero en cuanto les des ese manuscrito y luego tratarán de enterrar esa retorcida historia junto con tu carrera literaria. No vengas a buscando mi ayuda cuando eso suceda. Esta es tu última oportunidad.
– John nunca he sido una persona violenta, pero tú estás a punto de cambiar eso. Jamás te volveré a contactar ¡Vete!
John la miró con indignación, no podía creer que la mujer que había tenido a su lado echara por la borda una relación por salvar la reputación de una mujer que ni siquiera era de su familia. Respiró profundamente pensando en pedirle una disculpa, después de todo esa mujer estaba muerta y con no volver a tocar el tema sería suficiente; cuando vio a Blake Hartman parado a unos metros de ellos.
– Algo en el fondo de mi ser lo sabía. Quizás no seas familiar de Candice White pero vaya que has logrado emularla a la perfección ¿Dejó descritos los pasos a seguir para ti en su diario? ¿O es que los leíste en ese intento de manuscrito cursi? – dijo con una amarga voz. Si bien John no estaba locamente enamorado de esa mujer, era aquella que había elegido. Al menos hasta ese momento en que su orgullo terminó hecho pedazos.
– ¿De qué hablas? John estoy cansada, ve a ver a un psiquiatra que te pueda ayudar.
– Veo que prefieres ir a formarte a las largas filas de amantes que debe tener Blake Hartman. ¡Piensas repetir la patética vida de esa mujer!
– ¿¡Patética!?... – era inútil, ese hombre jamás la entendería. – Creo que me encantaría, de hecho desde la primera vez que vi a Blake supe que prefería a alguien que podía despertar en mí sentimientos tan intensos, a la pobre comodidad en la que tú vives. Así que por favor, déjame llevar la vida impúdica que dices que he elegido. Nada me gustaría más que ser tan afortunada como lo fue Candy, y si para ello debo seguir sus pasos hacia la perdición, en este mismo momento llamo a Blake Hartman para que me enseñe una cosa o dos. Y de Candy, qué te parece si te muestro lo bien que me entrenó para pelear contra los maleantes, eso sí que lo aprendí de ella.
La postura amenazante de Lilian obligo a John a retroceder, ninguna mujer valía la pena para que él apareciera entre los artículos de chismes del diario de la ciudad al estelarizar una pelea callejera. Su carrera política era más importante que cualquier otra persona.
Sin decir nada más se dio la vuelta, maldiciendo a ambos en su cabeza.
Lilian cerró fuertemente los ojos, no le gustaban nada los enfrentamientos. Una vez que su corazón se calmó, abrió los ojos, tallándolos como un acto reflejo y lo primero que vio fue a Blake de pie, mudo frente a ella.
...
En el momento en que el chofer del taxi se negó a llevarlos hasta la puerta del edificio de Lilian, sin saberlo acabó con el sensato plan de Blake. Cuando le pidió a Lilly que se adelantara a abrir la puerta, lo hizo con la intención de convencerlo para que lo esperara unos minutos mientras ayudaba a la chica a subir sus maletas hasta el primer piso, pero el hombre se negó nuevamente. Debía llegar a tiempo a cenar o su mujer lo abandonaría... o al menos eso fue lo que le dijo a Blake que fue incapaz de convencerlo de aguardar por él y llevarlo al Savoy.
Con sus planes hechos trizas, tomó el equipaje y se dirigió hacia la puerta del edificio. Era domingo por la noche, conseguir un taxi sería muy difícil. Perdido en sus pensamientos, a lo lejos vio a Lilian y a un hombre joven hablando.
En un comienzo pensó que era un vecino o un amigo, después de todo ella ni siquiera tuvo tiempo de avisarle a sus amistades cuando partió intempestivamente hacia Nueva York con él en plena época de fiestas. No quería ser grosero e interrumpirlos, pero cada minuto que se hacía más tarde le complicaba aún más el hecho de encontrar un transporte.
Siempre rentaba un auto para él pero en esta ocasión pensó que sería incómodo aparcar frente al edificio de Lilian y que ella se sintiera presionada a dejarlo subir. Si entraba en ese lugar estaba seguro de no poder contenerse y eso no era propio de él. Si su madre hubiera escuchado sus pensamientos lascivos, estaba seguro de que lo arrastraría de una oreja fuera de ese departamento para proteger del peligro la castidad de la dama.
De pronto, la voz del hombre resonó en toda la calle.
"... crees que los Hartman son tus grandes amigos Lilly? No seas ingenua, jamás podrían ser amigos de gente como nosotros. Tú no conoces tu apellido legítimo, ni siquiera sabes quién fue tu padre."
¿Quién rayos era ese tipo y por qué hablaba como si conociera a su familia y el pasado de Lilian?
"... tú y tu "abuela" solo tienen en común ser huérfanas, ¿o es que su ejemplo como "querida" te parece suficientemente digno como para seguir sus pasos?"
¡Iba a golpear a ese tipo! ¿Quién se creía para hablar así de ellas? Soltó las maletas y estaba por correr hacia ambos cuando la firme voz de Lilian lo detuvo.
"Bien, pues mi depravada "abuela solo de nombre" y yo claramente no somos dignas de ti..."
Ese tipo debía ser sin duda el inútil oportunista que había filtrado la información sobre la pareja.
Espera un momento, ¿Lilian la había llamado depravada?
El intercambio de palabras siguió, hasta que el desagradable sujeto fijó su mirada en él y pudo ver cómo la indignación bullía por sus ojos arrancando una nueva tormenta de palabras hirientes.
Blake estaba listo para darle un puñetazo por insinuar que su bisabuela y Lilian eran mujeres de "cascos ligeros". Pero las palabras de ésta última lo detuvieron en seco
"Creo que me encantaría, de hecho desde la primera vez que vi a Blake supe que prefería a alguien que podía despertar en mí sentimientos tan intensos..."
Después de escuchar su nombre seguido de esa frase su cerebro solo registró algunas partes de información.
"... por favor, déjame llevar la vida impúdica que dices que he elegido. Nada me gustaría más que ser tan afortunada como lo fue Candy"
¿Impúdica?
Le encantaría llevar ese tipo de vida con ella, de hecho cualquier tipo de vida que ella quisiera llevar... pero con ella.
Sin decir una palabra más el villano abandonó la escena, y fue entonces cuando lo miró con los ojos enrojecidos y él soltó las maletas para correr hacia ella y abrazarla con fuerza.
Hasta que uno de ellos comenzó a reír.
Notas:
¹ English Breakfast es un té negro, de intenso de sabor y aroma. Es muy rico, se los recomiendo.
Agradecimientos:
Hoy pensaba ponerle fin a la historia, pero simplemente mi cabeza no me dejó de dictar palabras que tuve que leer mil veces antes de hacer esta actualización. Ya saben que mis musas se ponen caprichosas y por momentos me retiran la palabra así que después de días en blanco, desde el miércoles no he parado de escribir, borrar y reescribir este capítulo.
Sé que alucinan a John pero con sus comentarios me di cuenta de que no había dejado bien claro que la relación terminaba y quise atar este cabo suelto antes del último capítulo. Siempre he creído que una historia no se puede apresurar, sin duda es más compleja que los Días del Colegio y Destino, mis otras historias. Espero ahora sí esté lista para recibir el final en la siguiente entrega que me daré prisa en comenzar aprovechando que el trabajo a marchas forzadas ya se detuvo y que las musas decidieron seguir en cuarentena conmigo.
A todas mil gracias por tomarse un momento para comentar:
Tete: bueno pues sí, Alexander quería realizar su sueño y Andy y Terry no iban a impedírselo, aunque en el fondo él lo que quería era devolver su matrimonio a sus padres y protegerlos de cualquier amenaza. Tendrán su final feliz 😉
Torpe: Ya me ayudarás a saber si me queda algún cabo suelto. Digamos que en cuanto a contacto entre Candy y su nieta sí hubo, igual que con Terry, quizás no de una manera abierta, pero no sé si te ha pasado que cuando compartes un secreto las conexiones entre quienes lo saben se hacen fuertes, es como hablar sin palabras, eso quise reflejar para los descendientes de Candy y Terry. Besos desde la CDMX hasta donde te encuentres.
Analilit: Qué bonita casualidad que encontraras tu nombre en esta historia. Fue el primer nombre que elegí, luego batallé con el de Blake; pero el de Lilian simplemente me encanta, es dulce pero a la vez tiene fuerza. Te prometo que me daré tiempo de subir algo a Wattpad, curiosamente es el primer foro donde empecé a leer. Cuídate mucho también.
Guest: Gracias por las flores que le echas a este fic. Un honor, muchas gracias.
Susysen: Vas a encontrar historias hermosas en este foro, hay maravillosas escritoras aquí. Gracias por los cumplidos. Abrazos hasta Guatemala y bienvenida a fanfiction. Te va a encantar leer aquí.
Australia77: Dear, I was seriously thinking in you when I wrote this chapter. Is about John… and I could not get you out of my head and that you are going to be incredibly angry with him. But that is over. Last stomachache here and now hope just for the best. Hugs!
Audry Paola: gracias por tu comprensión, a veces se complica la vida y los espacios que hay el cansancio me fulmina la creatividad. Pero al fin lo logré, espero que lo disfrutes.
Grace: Siempre queremos más, a mí me pasa lo mismo cuando leo una historia. Creo que eso es lo que nos anima a seguir escribiendo, a lo mejor no en la misma historia, pero sí a crear muchas más. Esta historia me ha gustado por ser distinta a la historia tradicional, espero la sigas disfrutando.
Villa: Ya me dirás en la próxima entrega si se merece un epílogo jajaja ya estoy tramando un final explosivo que genere más incógnitas, quién sabe, igual tendré que escribir una segunda parte. Saludos para ti.
Yelani: Qué bonito comentario, quise reflejar justamente eso, no es el amor tradicional pero sí es un amor fuerte, intenso y perdurable. Siempre me dieron la impresión de que esa pareja no necesitaba a nadie alrededor, Candy y Terry siempre crearon su mundo aparte ellos dos y me fui por esa línea para crear esta historia. Espero esas mariposas se queden mucho tiempo, no hay nada más bonito que una historia que te las hace sentir.
Gladys: Así es, felices a su manera, pero siempre felices que ya suficiente drama tuve con el anime. Besos linda, me encanta seguirte leyendo por aquí.
Paolita27: Ay ahora sí que te he fallado mucho con el ritmo de actualización, esto del trabajo en casa es diez veces más intenso, pero creo que lograré acabarla con buen ritmo.
Kamanance: Sí, creo que es inevitable con una historia que toca el pasado y los secretos familiares, que haya momentos de tristeza. Yo pienso mucho en Phambe, debe estar desesperada por leer, con lo mucho que le gusta eso y comentar, pero confío en que un día nos de la sorpresa de volver. Cuídate mucho, abrazos desde CDMX.
Ster star: Sí, sí, sí a todo lo que dices jejeje, bueno a Annie, Archie, Patty y Tom no los quise ingresar, un secreto ya con tanta gente sería muy difícil de ocultar. Dejé justo una pequeña pista a la idea de que la hermana Lane y Pony supieran, y es que no quise que ningún descendiente de Candy y Terry dejara de visitar el Hogar y la colina de Pony. Esa fue en realidad la razón. Gracias linda por tus palabras. Abrazos.
Letty Bonilla: Ahora me fui contestándoles de las más recientes a las que comentaron al principio, y es que siempre eres de las que lee y comenta primero. Muchas gracias, Letty. Para saber justo esa respuesta al por qué Candy adoptó a Beth llegaremos al capítulo final 😉 Dios te bendiga a ti también y cuide mucho a tus seres queridos.
Estas semanas han sido muy tristes para mucha gente, abrazo a todas las que han tenido malas noticias, que la esperanza no se nos acabe. Estamos en la parte fea, pero ya saldremos de ésta, mientras ayudémonos pasando momentos bonitos. Las abrazo con mucho pero mucho cariño desde aquí hasta donde ustedes están como siempre.
ClauT
