Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?


Acto II: Adolescencia (Infierno)

Escena 19: Cuestión de familia.

- ¿Que sucede con ustedes dos, chicos? - Luffy miró a sus hermanos con tristeza.

Podía parecer distraído y un idiota, y es que en verdad lo era, pero habían muchas cosas que simplemente el no podía dejar pasar, especialmente aquellas que concernían a las personas que quería, a sus nakamas, a sus hermanos.

Había algo en Ace y Ler, a pesar de sus sonrisas, de sus gestos, de sus palabras, a pesar de que todos podrían admirar la relación que ellos reflejaban, que no estaba del todo bien.

Luffy conocía tanto a sus hermanos que sabía, había algo que estaban intentado esconder fingiendo normalidad. Pero esos dos eran todo excepto normales. Y el, desde que eran niños, lo sabía bien.

No solo eran los sonrojos de Ace ni que Ler se quedaste muda. Ni los besos que reclamaron ser robados por el otro. Era algo más entre los dos, que al estar siempre a su lado, el podía notar. Como si en aquella burbuja que habían creado como familia, el ambiente fuese totalmente diferente cuando los envolvía a ellos.

Luffy amaba a Ler como su mejor amiga, como su hermana. Ella era parte de si mismo, a dónde viese, en cualquier momento, ella estaba allí, físicamente o en su corazón. Del mismo modo lo estaba Ace, lo estuvo y estaría Sabo. Y por ello no podía verla con otros ojos, no con los que Ace la miraba y ella a su vez, lo miraba a él.

- ¿De qué hablas, Lu? - Ler le puso una mano en el hombro al menor, este se la sacó de encima de forma molesta, arracandoles una exclamación de sorpresa porque el nunca había sido intencionalmente agresivo o indiferente con ninguno de los dos.

- Luffy...- Ace trató de imitar a la chica pero este los interrumpió.

- Callense los dos. No quiero escucharlos- dijo molesto, con el rostro serio, escasamente visto en el- no quiero escuchar nada más que la verdad.

- ¿Qué verdad?- Ler se llevó una mano al puente de la nariz y se dio la vuelta para evitar verle, porque de otra forma cedería antes sus ojos transparentes y puros, que drenaban de ella cualquier mala intención o encubrimiento, sacándole de encima el disfraz de sus mentiras.

- Se que ustedes se encontraron hace años en este mar. No tengo problema con eso, ni con que se hayan acostado- Ace abrió la boca tratando de decir algo, Luffy continuó- todos sabíamos que iban a terminar así si no es que ya lo habían hecho cada que se quedaban solos...

- Está bien, Luffy, pero eso no...Espera, ¿Quienes son todos?- el pecoso se detuvo viendo al muchacho patalear.

Los 3 habían crecido pero no habían dejado de ser caprichosos y tremendamente imprudentes. Lo que Ley y Ace nunca consideraron al crecer es que Luffy tambien lo hizo y que cada vez era más consiente de todo.

Ignorando la pregunta, el muchacho continuo:- Pero hay algo que está mal, ¿Qué es lo que no se y tratan de esconderme tan inútilmente?...- ya no parecía estar tan molesto, si no, decepcionado- aunque el mundo esté contra nosotros...

- Nosotros estaremos juntos contra el mundo.- completaron los otros dos, con la vista clavada en el suelo. Luffy tenía esa capacidad de hacerlos felices y conectar con el en un instante, pero también de recordarles que estaban muy lejos de lo que habían prometido ser.

Siempre juntos.

Ambos levantaron la cabeza y cruzaron una mirada para luego dirigirse al chico de sombrero de paja. Ninguno quería decirle nada, no porque el no fuese a comprenderlo, ni si quiera porque creían que era algo ajeno a el. Se trataba de lo injusto que sería ponerle encima una carga de la que el nunca quiso ni hizo nada para hacerse cargo.

Los errores que cometieron estaban condenandolos y el menor no debía seguir ese camino. En nada le beneficiaria saber que probablemente en aquel mar, el volverse a ver se convertiría en una promesa rota, porque el había llegado unos cuantos años tarde a la fiesta que harían con ellos.

Luffy no merecía tener sobre sus hombros el peso de un pecado que no cometió, de una vida que realmente no había empezado a vivir. No cuando su aventura recién estaba iniciando y ellos sentían que se les terminaba la suya.

Pero no querían mentirle, no a el. Y no lo harían porque con cualquier elemento, por más mínimo e inútil que fuese, Luffy sabría que hacer. De alguna manera el siempre sabia que hacer porque nunca se rendía. Y ellos, por el, tampoco iban a hacerlo.

- ¿Y si todo fuese a terminar pronto, Lu?- Ler fue la primera en hablar.

- El mundo es más complicado de lo que creíamos cuando éramos niños- explicó Ace lentamente, sabiendo que como un infante, siempre creyó que la vida había sido injusta, una mierda para personas como ellos, pero que al crecer, solo se puso peor.

- ¿Porqué?...- preguntó el menor más abierto a la posición de los otros dos en tratar de explicarle sus actitudes y temores, que el no podía entender del todo, pero que percibía en su corazón, que siempre latiria en su misma sintonía.

- Vas a encontrar muchas cosas en tu camino, a conocer muchas personas y a vivir muchísimas aventuras. La vas a pasar muy bien, Lu...Pero puede que vayas a llorar igual.

- Y tal vez no podamos estar juntos hasta entonces.

Luffy se cruzó de brazos y miró al cielo reflexionando las palabras de los mayores. Incluso el sabía que en algún momento iba a pasarla mal, estaba preparado. El perder a Sabo fue un golpe con todas las fuerzas del mundo en la cara, pero que sintió dentro de su pecho, recordándole que la vida giraba a toda velocidad sin detenerse por nada ni nadie, y a el solo le quedaba disfrutar de aquel emocionante viaje sin que nadie le dijese que no podía hacerlo.

Comprendía, de alguna manera, que siempre quiso ser libre porque el abandono y olvido lo hacía sentirse esclavo de su situación. El quería cambiar eso de tal forma que dónde estuviese, en cualquier lugar del mar, pudiese considerarlo su hogar porque se trataba de un sitio seguro para ser el mismo y no volver a serlo solo.

- ¿Hay alguna razón por lo que piensen eso? ¿Es eso por lo que están preocupados?

- Solo que tú estas avanzando demasiado rápido, te está tomando menos tiempo de lo que nos tomó a nosotros... Para ti el golpe podría ser más fuerte- Ler acercó nuevamente la mano al pecho de Luffy, temerosa de la reacción que tuviese porque un nuevo rechazo le partiría el corazón. Pero el no dijo nada, no hizo nada mas que permitirle sentir su inquietud a través de su palpitar.

- Es nuestro deber como hermanos sentirnos preocupados, pero tienes que saberlo siempre...- el pecoso también se acercó, envolviendolo con un brazo como si fuese otro cálido refugio que solían crear y darse en su infancia.

- No importa donde estés, Lu, o donde estemos nosotros, ni con quién. Vamos a protegerte y se que tú harás todo para protegernos.

- Pero aún si uno falta, tienes que ser valiente. Hasta el final.

Luffy se tragó el nudo en la garganta que se le había formado ante las palabras de sus hermanos. Sus ojos se encontraban cristalizados y el cuerpo le tembló. Aun así, les brindó una sonrisa característica de su ser encantador y confiado. Pero no estaba de cerca ni tranquilo. Lejos de aliviarlo, sentía aún más la presión en su pecho desde que los vio por primera vez después de años.


-Tienes que salir de aquí, Lu- exigió ella al llegar hasta el. Ambas respiraciones agitadas, cuerpos heridos y miradas llenas de preocupación.

Luffy llegó hasta allí por la fuerza, saltando todos sus obstáculos hasta que se dio de lleno con un mundo completamente distinto.

- No voy a irme sin ustedes...Tengo que salvar a Ace- repuso el, apretando los dientes y mirando en dirección a su hermano, en la lejanía. El joven se notaba cansado y evidentemente herido, casi haciendo llorar a Ler por su mal y no el que ella ya padecía.

En los planes de Ler, su pequeño y desastroso hermano menor no había sido tomando en cuenta. Así que al salir de su shock inicial, ir a buscarle y mantenerle a salvo se volvió su prioridad, pero ni aún habiendo sido parte de la Marina podía ir contra toda ella. Esa imposibilidad les estaba pasando factura.

- Lo se, se que quieres hacerlo, pero si no te mantienes con vida, no nos verás sobrevivir tampoco- le explicó ella, poniéndole las manos en los hombros para obligarlo a verle-...Todos quieren tu cabeza, Lu, porque tienes un mejor futuro del que Ace y yo tenemos...No pode...

- ¡CÁLLATE!- gritó de repente, saltando por los aires en un segundo para evitar un ataque que ni siquiera ella pudo preveer. Cuando regresó a su lugar, la miró con la decisión que le caracterizaba- Dije que no voy a irme hasta que todos estemos a salvo, y lo voy a hacer.

Ler resopló furiosa, cansada y resignada. No sabía si podía aguantar más. Tenía ganas de tirarse al suelo y morir pisoteada por la multitud en Marineford o por las heridas que ya tenía, pero ver a Luffy dispuesto de esa manera, a arriesgarlo todo, hasta su vida, le hizo preguntarse si ella en verdad había arriesgado lo suficiente.

Quizá no.

Quizá suficiente era hasta que no existiese posibilidad alguna porque ella o ellos hubiesen muerto.

Suspiró con fuerza sabiendo que siempre fue incapaz de dejar a Ace, que era incapaz de dejar a Luffy y aquello significaba solo una cosa: Llegarían hasta el final de aquella guerra, aunque su resultado fuese el peor de los escenarios para ellos.


-Parece que le gustas al cocinero- el pecoso miró con reproche a la chica, quién alzo las cejas recelosa y entornó los ojos.

Cualquiera que lo conociese de verdad sabía que las sonrisas que le había dado al joven rubio eran falsas y amenazantes, pero su apariencia encantadora y su comportamiento educado impedía que alguien lo notase. Para Ler era evidente conociéndole tan bien como lo hacía, habiéndolo visto comportarse como un perfecto caballero y después actuando como un patán, precisamente con ella.

Ya no tenía ese resentimiento por las cosas que se hicieron, pero cierta incomodidad e incertidumbre aún seguían allí, buscando colarse en el exterior para obtener las respuestas de porque queriéndose tanto, se hicieron tanto daño. Ler llegó a creer a veces que los celos esporádicos de Ace eran solo una fachada para hacerla sentir bien y querida, pero lejos de ayudarle, le convirtió en una persona aún más insegura y desconfiada hacía el.

- No le gusto yo, le gustan las mujeres, en general- devolvió ella viéndolo de la misma forma. Ace bufó- al menos con el podría tener suerte en ese aspecto...- el hizo una mueca que obligó a la marine a sonreír ampliamente, porque el molestarse de esa forma no se sentía tan extraño como el quedarse solo los dos una vez más sin la complicidad íntima que habían desarrollado antes de joderlo todo.

- Eres una mierda, Ler.- y ella no se sintió ofendida.

- Si, bueno, gracias. Tú también- y a el le agradó que ella le respondiese igual.

- Tienes suerte de ser preciosa hasta los huesos, ese humor tuyo es de un viejo, feo y amargado.

- Te recuerdo que crecí con uno, Ace. Con varios, de hecho...- el chasquido que la joven escuchó tenía un origen desconocido. Quizá la lengua de el, sus huesos, o el cuello que giró absurdamente rápido para volverla a ver.

- Como lo siento por el cocinero. Pobre tonto enamorado- escupió aún más molesto, la joven lo percibió en el cambio de temperatura al que estaba tristemente acostumbrada debido a lo tremendamente volátil que era el y lo molesta e irritante que era ella. Aún así, se rió largo rato con suavidad.

- ¿Crees que Shanks haya pensado lo mismo de ti?- preguntó la marine, atizando el fuego de la fogata que habían armado en la nada. Ace incremento las llamas para molestarla mientras lo hacía y solo entonces ella lo miró mal.

Ya habían tenido tiempo para hablar de forma tranquila acerca de sus emociones, decisiones y relaciones sin que uno golpease al otro o hiciera un escándalo público. Habían madurado, al menos lo suficiente, para tomarlo con calma, sabiendo que no eran dueños del otro y que realmente nunca se debieron nada.

-¿Que era un tonto ingenuo? Si, creo que no quiso decírmelo de forma directa pero me advirtió que no debía meterme contigo - confesó cruzandose de brazos pensativo para luego endurecer el gesto y murmurar- aunque el hijo de puta tenía otras intenciones también...

- No deberías haberlo hecho. Tienes que admitir que habrías vivido más tranquilo.

- Definitivamente no debería haberlo hecho, pero sabes que la tranquilidad no me atrae, lo mío es lo prohibido. Soy un pirata después de todo- respondió con la coquetería que le había valido su reputación. Ler apoyó su rostro en una de sus manos, admitiendo internamente cuanto le gustaba verlo actuar de esa manera - tal vez él tuvo la culpa de incrementar mi interés por ti.

- Tendré que desquitarme con el entonces- comentó la chica riendo. El pecoso no se unió a ella, por el contrario respiró hondo como si contuviese las ganas de decir o hacer algo más.

Un silencio los envolvió.

- ¿Te trata bien? - preguntó finalmente, con más dificultad de la que le habría gustado aceptar. La marine lo miró directamente a los ojos, desnudando ante el lo que pensaba y sentía ante aquella pregunta, recordándole que ya habían hablado de ello. El asintió lentamente- eso es bueno...Yo...Eh...Tu te lo mereces.

Ler dudó un momento antes de hablar, insegura de que responder, pero decidió esforzarse al notar el valor del chico para decir aquello. Portgas D Ace siempre fue orgulloso y posesivo con lo suyo, pero finalmente había tenido que aceptar que Ler no lo era. Al menos, ya no.

- Yo ya tuve muchas cosas buenas en mi vida- dijo mirando en dirección a Luffy, quién se encontraba tirado en el suelo unos cuantos metros abajo junto a su tripulación después de otra persecución- demasiadas- agregó mirándolo a el- tal vez si merecía un poco de felicidad, pero no un final feliz.

Y tenía razón.

El asintió, pensativo. El ruido del viento y el movimiento de la arena los rodeo por un largo rato nuevamente.

- Aún así, cuando todo esto termine...Podríamos visitar a la vieja Dadan, ya sabes, probablemente no lo admita pero sé que le hacemos falta.

La joven no quiso decirle que los ojos se le habían cristalizado, que su voz se había quebrado un poco y la sonrisa que le daba, a penas podía mantenerse sin temblar. Entonces decidió devolverle la sonrisa, aún cuando era consciente de la lágrima solitaria que le recorría la mejilla a ella, porque Ace le estaba ofreciendo una tregua, una posibilidad de esperanza en un futuro dónde los dos siguiesen caminando sobre la misma tierra, y quizá, impredecible como era el destino, haciéndolo juntos.

- Va a matarme por desaparecer tantos años. ¿No crees? No sé si sea un buen plan.- hacerse la difícil era la única manera de evitar echarse a llorar, pero realmente era ella quién mataría por ver a aquella mujer otra vez.

"Te extraño tanto, haha".

Que patéticos se debían haber visto los dos, pensó la marine, ya que últimamente ambos se encontraban demasiado sensibles, rompiéndose fácilmente al tacto en el lugar y momento correcto, como ese.

- Oh no, estará más que feliz cuando vea que ambos volvimos. Tu como una dama o lo que intentes fingir ser...- Ler rodó los ojos, arrancando una sonrisa sincera a Ace- y yo como un perfecto caballero.

- Ni tú te crees eso- aseguró riendo.- tu lo que eres es un perfecto idiota.

- Lo cierto es que si- confesó el uniéndose a sus carcajadas- pero ella no tiene porqué saberlo.

- Bah, no le importará. Siempre fuiste su favorito.

- ¿Te refieres a Lu?

Ella hizo un puchero gracioso y se cruzó de brazos: - Admite que eres los ojos de Dadan, te cuidó desde que eras solo pecas. Te adora.

- Lo se, solo no quería presumir - confesó él riendo, echando un brazo sobre los hombros de ella, sin embargo, al sentir su tensión se retiró- ya sabes, porque eras su menos favorita.

- No sé si existe tal cosa, Ace. - ignorando aquel incómodo momento, la marine respondió como si nada.

- Pues no se puede decir que te odiaba, pero tampoco eras yo - engreído como siempre, alzó el mentón y le guiño un ojo- o Luffy, o Sabo. Te tenía cierto recelo por ser una chica y tener que cuidarte más que a los tres juntos.

La mierda de reino que tenía lugar en la Isla Foosha era una de las razones por las que Dadan siempre fue más ruda con Ler, llegando a limitarle tantas cosas como le fue posible, hasta hacerla ver como una villana a veces. Pero algunos sucesos le demostraron no solo a ella, si no también a los chicos, que hacerle caso en ciertas ocasiones era asegurar su supervivencia e integridad física y mental.

- Pobre, estoy segura de que solo quería verme crecer como una chica normal, que volviese a la villa y me casara con algún pescador. Era a la que más fe le tenía- afirmó ella apoyándose en sus rodillas, encogidas hasta tocar su pecho al pensar en su infancia y lo mucho que la mujer dió por los cuatro. Ace suspiró pensadolo también, notando que ella nunca dejó de verse delicada y pequeñita.

- Le dará un infarto cuando sepa que eres más bien un demonio - la chica bufó por lo bajo y se cruzó de brazos caprichosamente- y que estás saliendo con un Emperador del Mar. Mira que fuiste la única que no quería ser pirata y le aseguraba mantener la cabeza sobre su cuello, pero terminaste saliendo con unos cuantos.- El la miraba de reojo, sopesando hasta que punto era algo llevadero para ella. Entonces la vio sonreír levemente.- tienes un pésimo gusto por los hombres.

- Y tu- devolvió ella con el rostro serio pero mordiéndose la lengua para no reír. Ace la miró molesto nuevamente- sigues siendo extremadamente sensible, eh...

- Es que tú eres una rompe bolas extrema, nena- contestó el, entrecerrados los ojos.

Ler lo miró, sus ojos llenos del coraje que el había adorado tanto, con una sonrisa pequeña pero sincera, el rostro levemente sonrojado, como cuando eran solo ella y el y no un mundo entero entre medio.

- Hace mucho no me llamabas "nena".

- Hace mucho no tengo el derecho de hacerlo.


"Me es triste admitir que la mejor versión de nosotros existió hasta que nosotros mismos dejamos de existir juntos.

Quizá el alejarnos y hacernos pedazos siempre fue necesario para que al tratar de repararnos, pudiésemos mejorar.

Fue hasta ese entonces que me di cuenta cuan egoístas fuimos, cuánto daño nos hicimos declarandonos un inmenso y eterno amor que nos duró muy poco tiempo, que fue más turbulento que agradable y nos convirtió en enemigo del otro.

Tal vez de haber sido más maduros, habríamos aceptado que no era necesario estar juntos para que pudiésemos terminar de tal manera. Si no nos hubiésemos atado, la responsabilidad, los celos y la culpa que sentimos por el otro no nos habría corrompido tanto, y quizá de haberlo hecho, no habría actuado sobre nuestra relación como lo hizo porque no existiría una entonces.

Creo que arrancamos la flor antes de que floreciera porque temiamos que alguien la robara y como consecuencia de tomarla entre nuestras manos, es que en nuestras manos esa flor murió.

Nos adelantamos y ahora me doy cuenta que tanto lo hicimos. Tal vez habríamos podido reír más tranquilos, a sabiendas que íbamos a estar juntos algún día porque de casualidad decidimos que ninguna parte ni persona en el mundo era como nosotros, pero descaradamente lo quisimos probar todo, recorrerlo todo, sin soltarnos de las manos.

Y solo hoy que lo hemos arruinado es claro.

La visión roja a desaparecido y yo te veo mejor.

Te veo caminando en una dirección totalmente opuesta. Y no con la posibilidad de encontrarnos otra vez porque así es la vida de inesperada, no. Vas caminando por allí porque finalmente aceptaste, como yo, que hay caminos que no deben volver a recorrerse.

Y nosotros no debemos volver."