* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.
Capítulo 25
Inesperado
El pastel de chocolate amargo había quedado delicioso, a Hyakkimaru le gustó mucho. Todos me recibieron con alegría a pesar de haber llegado tarde, Hyakkimaru agradeció que estuviera a su lado. Me presentó ante su madre como su novia, cuando supo esto la amable mujer me atrapó en un fuerte abrazo y me hizo sentir más que bienvenida, pude causarle una buena primera impresión.
Todo había salido bien al final, Hyakkimaru en verdad se veía contento en su fiesta. A pesar de esto, no podía sentirme feliz, esto era porque aún tenía muy presente en mi cabeza lo que había visto al entrar al parque cerca de la mansión Kagemitsu: Hyakkimaru y Dororo abrazándose tiernamente. Después se separó de mi prima y frotó su frente con la de ella en una muestra dulce de cariño, nunca había hecho eso conmigo.
Esto me dejó tan sorprendida que por un momento no supe cómo reaccionar, mi pecho se vio embargado de dolor y me fue imposible moverme por unos segundos. Finalmente decidí fingir que no había visto nada, me acerqué a ellos para ver su reacción. Apreciar sus rostros nerviosos cuando se percataron de mi presencia fue una mala señal.
¿Hyakkimaru me estaba engañando con Dororo? Esa idea pasó por mi cabeza por un momento, pero deseché esa posibilidad al instante. No quería desconfiar de ellos, mi amada prima era incapaz de lastimarme de esa manera, y Hyakkimaru era tan respetuoso que estaba más que segura que nunca se atrevería hacerlo.
A pesar de poder estar segura de que no estaba siendo engañada, lo cierto es que podía notar que las cosas entre ellos habían cambiado. Desde hace semanas atrás, había podido notar que Hyakkimaru aprovechaba cualquier oportunidad que se le presentara para poder estar con Dororo. En la fiesta esto se hizo más notorio aun, apenas me descuidaba él se escabullía para ir a hablar con mi prima.
Lo había notado, pero una parte de mí se negaba a querer admitirlo: había un lazo sumamente especial que los unía. No era un lazo de amistad, era uno más profundo, uno que los hacía entenderse a la perfección, comprenderse tanto que asustaba. Solo podía ver con pesar, como a pesar de que Hyakkimaru parecía disfrutar tanto a mi lado, Dororo compartía un lazo aún mucho más especial con él de lo que lo hacía conmigo.
Si en ese momento yo me hubiera rendido, estoy segura que hubiera sido lo mejor para ellos. Soy una tonta por haber sido tan egoísta, por haber lastimado tanto a los dos. Por desgracia no soportaba la idea de perder a Hyakkimaru, lo amaba tanto que simplemente no podía renunciar a él sin pelear primero.
— "Si no soy capaz de competir con el lazo que Dororo tiene con él, entonces debo crear un nuevo lazo. Debo darle a Hyakkimaru lo único que Dororo nunca será capaz de darle".
Pensé decidida mientras observaba como los dos reían juntos dulcemente a lo lejos.
¿Es posible estar enamorado de dos personas a la vez? Era una pregunta que no me dejaba tranquilo desde lo acontecido en la fiesta. Habían pasado dos días desde entonces y sentía mi mente como si fuera un ovillo de lana enmarañado incapaz de desenredarse.
Mis intentos por alejarme de Dororo habían fracasado en la fiesta. Lo había intentado, pero fue imposible, la alegre jovencita era como un pequeño imán que siempre terminaba atrayéndome a ella irremediablemente.
Si esto era así ¿entonces que debía hacer? ¿Debía cortar con Mio para estar con Dororo? Apenas pensaba esto el estómago me dolía de preocupación ¿era correcto cortar con tu novia para estar con alguien más? No era infeliz con Mio, a ella también la quería y apreciaba, pero Dororo simplemente no podía salir de mi cabeza, me estaba torturando.
¿Entonces debía estar con las dos al mismo tiempo? No, claro que no, esa era una opción estúpida. No quería ser como mi padre, un hombre cruel e hipócrita que se aprovechaba de su poder para estar con mujeres. Yo no era un canalla, no era un hombre infiel, de ninguna manera iba a lastimarlas de esa manera.
Además… ¿Por qué daba todo por hecho? ¿Qué siquiera me aseguraba que Dororo me correspondía? Éramos amigos, probablemente solo me veía como eso. Si de alguna manera cortaba con Mio y le decía a Dororo mi sentir, me iba a rechazar, incluso arruinando de esa manera nuestra hermosa amistad.
También estaba el problema de su edad. Ella tenía catorce y yo dieciocho, no había mucha diferencia, pero… ¿pensarían que era alguien malo si me fijaba en una menor de edad? ¿Y si asustaba a Dororo por esto? ¿Esto me hacía un acosador pervertido? No quería que pensara eso de mí. Dororo era como una pequeña y hermosa perla muy valiosa que debía ser protegida con cariño y esmero. Estaba tan convencido de esto que incluso yo mismo no me consideraba digno de ella.
Entre todas estas reflexiones llegó un agregado más a la ecuación: mi hermano menor. Taho me lo había dejado bien claro, él estaba perdidamente enamorado de ella. Si se consideraba a Taho en todo, esto solo lo empeoraba. Dejar a Mio para irme con su prima lastimando a mi hermano menor en el proceso… Eso solo me haría el ser más despreciable del mundo.
No importaba que tantas vueltas le diera al asunto, la conclusión siempre parecía apuntar a lo mismo: aceptar mis sentimientos por Dororo era lastimar a todos.
— "No quiero lastimar a nadie, pero… la pequeña Dororo simplemente se niega a irse de mi cabeza ¿Qué puedo hacer?"
Pensé sumamente deprimido mientras esperaba a que Mio saliera de la escuela. Ya que ese día lo tenía libre del trabajo decidimos salir en una cita para festejar mi cumpleaños a solas. Ese día le tocó el servicio por lo cual debía esperarla, eso por desgracia me hizo perderme en todas esas reflexiones que lastimaban mi corazón. Así fue hasta que una nueva idea llegó a mi cabeza:
— "La solución a esto es Taho… Si Taho y Dororo están juntos todo estará bien. Taho es un buen muchacho y la ama profundamente, por lo cual él tratará a Dororo como se merece. Los dos serán felices juntos y yo por mi parte podré concentrarme en mi relación con Mio… Sí, es la solución perfecta".
Por donde se viera, parecía ser lo mejor, por desgracia esto no me hacía feliz. Aun así, decidí hacer mi tristeza a un lado y concentrarme en este plan. Rápidamente saqué mi móvil y comencé a escribirle a Taho por LINE en lo que Mio terminaba sus pendientes.
Hyakkimaru: Hola, Taho.
Tahomaru: Hey hermano… ¿Qué pasa?
Hyakkimaru: ¿Ya fuiste a recoger a la pequeña Dororo a su escuela?
Tahomaru: ¡Sí! Ahora mismo vamos camino a su casa. Me quedaré un rato con ella pues me pidió que la ayudara con su tarea de algebra (*´▽`*)
Hyakkimaru: ¡Perfecto! Aprovecha para estar un buen rato con ella ( ̄∇ ̄)
Tahomaru: … ¿Qué?
Hyakkimaru: Ya sabes… Trátala bien, se amable con ella, hazle saber lo importante que es para ti (ノ´∀`)
Tahomaru: ¿Y ahora que mosca te picó? Diablos hermano, a veces eres tan raro… Deja de molestarme (¬_¬)
Hyakkimaru: Y tú deja de ser tan lento. No puedo creer que los días sigan pasando y aun no le hayas dicho a Dororo lo que sientes (  ̄^ ̄)
Tahomaru: ¡No es tan sencillo como crees! Ocúpate de tus cosas y yo me ocupo de las mías ¿quieres?
Hyakkimaru: Solo quería darte un consejo…
Tahomaru: … Bien, bien, de acuerdo. Lo tomaré en cuenta, gracias.
Hyakkimaru: Nos vemos al rato.
Tahomaru: Si, hasta al rato.
Suspiré con frustración desaprobando lo testarudo que podía ser mi hermano menor a veces. No podía más que esperar que tomara en cuenta mis consejos. El tiempo continuó pasando mientras Mio y yo fuimos a un restaurante a comer algo para celebrar.
Por más que lo intentaba, no podía concentrarme en Mio. La ansiedad al no saber qué había pasado con Taho y Dororo no me dejaba tranquilo ¿se le habría confesado ya? ¿acaso ya eran novios? Si, sin duda eso era lo mejor, por desgracia pensar que eso llegara a pasar encogía mi corazón de dolor.
Le había prometido a Taho que no iba a volver a interrumpirlos, por desgracia no pude evitarlo. Volví a sacar mi móvil rápidamente y decidí esta vez enviarle un mensaje a mi pequeña amiga. También decidí hacerlo pues la plática de Mio sobre la exhibición a la que había ido me parecía aburrida, y simplemente no podía dejar de pensar en Dororo.
Hyakkimaru: Hola, pequeña Dororo (^▽^)
Dororo: ¡Hola, Hyakkimaru! (^ω^)
Hyakkimaru: ¿Qué tal? ¿Qué estás haciendo?
Dororo: Estaba terminando mi tarea de álgebra
Hyakkimaru: ¿En serio? ¿Ya no se te dificulta resolver los problemas como antes?
Dororo: Je je je, pues la verdad es que si, un poco ( ̄□ ̄) Pero Tahomaru me ayudó explicándome algunas cosas (⌒▽⌒)
Hyakkimaru: Taho es muy bueno con los números… ¿sigue por ahí?
Dororo: No, se fue hace como una media hora
Hyakkimaru: Ya veo…
Dororo: ¿Y tú que haces? ¿No se supone que ahora estás con Mio?
Hyakkimaru: Si… Pero Mio fue al tocador y la estoy esperando. Dime… ¿Qué tal te fue hoy en la escuela?
— ¿Hyakkimaru?
Escuchar a Mio de pronto me sorprendió tanto que casi se me cayó el móvil de las manos.
— ¿Si? ¿Qué pasa?
Le pregunté con cierta inseguridad. Mio se mostró un poco descontenta por unos segundos, sin embargo, al continuar lo hizo con una leve sonrisa:
— ¿Está todo bien? Has estado escribiendo en tu móvil ya por un buen rato. Te contaba algunas cosas, pero no parecías escucharme.
— S-sí, lo siento. —Respondí tratando de hablar con naturalidad—. Me estaba escribiendo con Taho, al parecer faltan algunas cosas en la casa y me pidió que llegara a comprarlas de regreso.
— Ya veo. Sí que eres un hermano mayor muy responsable.
Ver como Mio me sonreía dulcemente solo me hizo sentir mucho más culpable de lo que ya me sentía. Primero le había mentido a Dororo diciéndole que Mio no estaba conmigo al momento de escribirle, y ahora le mentía a mi novia. Me sentí como una persona sumamente despreciable, no podía seguir así, debía darle un punto final a todo eso.
— "Seguro se estaba escribiendo con Dororo…"
Pensé sintiendo una opresión en el pecho al notar el nerviosismo en su rostro mientras guardaba el móvil en su mochila. Las cosas solo estaban empeorando, si mis suposiciones eran ciertas entonces Hyakkimaru ya había comenzado a mentirme, tenía que jugar mis cartas lo más pronto posible.
Impulsada por este pensamiento y viendo que ya había terminado de comer, continué hablándole con cariño:
— Bueno, ya que terminamos esta deliciosa comida ¿Qué te parece si vamos a que escojas tu regalo?
— ¿Mi regalo? —Preguntó ladeando su cabeza confundido.
— Si, voy a darte un regalo por tu cumpleaños. —Respondí con dulzura.
— Pero, me hiciste toda esa deliciosa comida y también el pastel, no es necesario otro regalo. —Puntualizó apenado.
— Solo quiero lo mejor para ti. —Insistí levantándome de la mesa y tomando su mano con cariño—. Vamos, Hyakkimaru… ¡estoy segura que te gustará!
Me sentí sorprendido cuando nos detuvimos en la entrada de "Si Bemol", mi tienda favorita de música. Mi corazón latió con fuerza al ver que Mio entraba en la tienda, en efecto esa era nuestra parada. La seguí en silencio mientras un enorme entusiasmo se apoderaba de mí.
Llegamos a la sección dedicada enteramente a guitarras. Mio se detuvo delante de mí y mostró una radiante sonrisa para después decirme con alegría:
— Muy bien. Hyakkimaru, escoge el pedal que tú quieras.
— ¿Un nuevo pedal?
— ¡Si! Voy a comprarlo para ti, este será tu regalo de cumpleaños.
— Pero Mio, son muy costosos. —Exclamé con incredulidad.
— No te preocupes por eso. —Mio se acercó para tomar con cariño mis manos, continuó con ternura—: Tengo ahorrado algo de dinero, y por eso puedo darte este regalo tan especial. Recuerdo que hace semanas me dijiste que querías uno nuevo, así que déjame hacerte este regalo.
— Mio, en verdad no es necesario…—Insistí avergonzado. Claro que lo deseaba, pero en verdad eran costosos, me hacía sentir incómodo que me diera un regalo así.
Mio me abrazó con fuerza en un intento por tranquilizarme y convencerme, el cálido tacto de su cuerpo contra el mío me hizo cerrar los ojos con satisfacción.
— Sé que este regalo te hará feliz… Por favor Hyakkimaru, déjame hacerte feliz.
— Mio…—Susurré su nombre con dulzura mientras bajaba mis manos para abrazarla por la cintura. Nos separamos para mirarnos cara a cara. Perdiéndome en sus hermosos ojos castaños le respondí con suavidad—: De acuerdo, pero solo con la condición de que después me dejes regalarte algo igual de espectacular.
— Está bien.
Me respondió entre risitas tiernas sumamente conmovida. Acorté la distancia entre nosotros para atrapar sus labios contra los míos. Cuando nuestro beso terminó, Mio bajó lentamente su mano hasta mi cintura, acariciando mi abdomen en el proceso. Se acercó a mi oído y me susurró con una voz baja pero que sonaba inusualmente coqueta, fue una voz que hizo que mi pulso se acelerara:
— Esto no es todo, Hyakkimaru. Este fin de semana, también quiero darte otro regalo muy especial.
Era sábado un poco antes de que anocheciera. Reía dulcemente mientras veía todas las fotografías de la fiesta sorpresa de Hyakkimaru que Tahomaru había subido al Instagram de Rainbow Tears. No podía creer que ya había pasado una semana desde entonces, en verdad los días transcurrían en un abrir y cerrar de ojos.
Escuchar de pronto unos ruidos en la sala me hizo girar mi cabeza con atención, me dirigí a la puerta de mi habitación y pude ver a Mio tomando su cartera y guardándola en su bolsa. Mi prima llevaba puesto un hermoso vestido de una pieza color azul cielo algo corto, le llegaba a mitad de los muslos. Había escogido unas zapatillas de tacón alto, mientras que llevaba un discreto, pero agradable maquillaje a juego. En verdad se veía espectacular.
— Vaya Mio nee, que linda te ves.
La halagué con sinceridad. Al escucharme se sobresaltó y volteó a verme inusualmente nerviosa. Aunque este comportamiento me pareció extraño, continué hablándole con tono travieso:
— ¿Acaso vas a salir con Hyakkimaru?
— ¡No, claro que no! —Gritó exaltada, mientras movía su cabeza de un lado a otro, su rostro estaba sonrojado—No voy a verlo esta noche. Yo… voy a ir a trabajar.
— ¿Tan tarde? —Pregunté frunciendo mis cejas con extrañeza.
— S-sí. —Mio alisó su falda con sus manos en un ademan inquieto—. Hoy tenemos un evento de venta nocturna en la tienda, y por eso pidieron mi ayuda.
— ¿Van a pagarte horas extras?
— Claro, siempre lo hacen. —Aclaró con una pequeña sonrisa.
— ¡Oh bueno, entonces no hay problema! —Aprobé levantando mi dedo pulgar.
Mio mostró una triste sonrisa al continuar con un tono sospechoso:
— Dororo-chan, estos eventos suelen durar un buen rato, por lo cual es probable que regrese hasta muy tarde… No es necesario que me esperes despierta.
— ¿Estás segura? A mí no me molesta esperarte.
— Si, no te preocupes. No está bien que te desveles tanto, así que duérmete temprano ¿de acuerdo?
— Bueno, si tú lo dices…
Me encogí de hombros fingiendo desinterés para no preocuparla. Mio me miró tristemente por unos cuantos segundos para después darse la media vuelta rápidamente, tomar su bolso y encaminarse a la puerta.
— Me voy ya, nos vemos.
— De acuerdo, ve con cuidado y mucha suerte.
Mio salió de la casa mientras yo no podía dejar de pensar en su extraño comportamiento. Trató de aparentar calma, pero la conocía a la perfección, más bien estaba nerviosa ¿pero por qué? Lo del evento en la tienda de ropa donde trabajaba también me pareció fuera de lo común. Anteriormente ya habían tenido ese tipo de eventos en la tienda, pero nunca tan noche.
Esto me dejó intranquila pero finalmente decidí confiar en ella y distraerme con otras cosas. Iba a estar sola por un buen rato, por lo cual, eso significaba que podía sacar provecho de eso. Rápidamente tomé mi móvil y comencé a buscar el número de Hyakkimaru en mi lista de contactos.
— "Voy a invitar a Hyakkimaru a que venga a ver una película conmigo".
Pensé sintiendo a mi corazón latir velozmente en mi pecho. No había problema ya que Mio iba a estar ausente un buen rato. Era deprimente que solo pudiera aprovechar ese tipo de situaciones para poder estar a solas con él, pero había dejado de importarme ya desde hace un tiempo.
Lo sabía perfectamente, mi amor por Hyakkimaru no era correspondido y era más bien imposible, pero si cuando menos podía compartir esos momentos sencillos con él era más que suficiente para mí, solo estar a su lado como su fiel amiga me bastaba. Contuve la respiración mientras escuchaba como el móvil pitaba intentando comunicar la llamada.
— Hola, pequeña Dororo. —Escuché su voz a través del móvil.
— ¡Hola, Hyakkimaru! —Lo saludé alegremente como siempre—¿Cómo estás?
— Bien ¿y tú?
— Excelentemente bien, como siempre. —Escuché su baja risa, lo cual hizo a mi corazón enternecer—. Acaba de pasar algo inusual, Mio nee acaba de salir a trabajar.
— ¿Trabajar?
— ¡Si! ¿Puedes creer que en su trabajo hagan eventos de venta tan noche?
Tardó algunos segundos para responder con una voz baja e insegura:
— Si, es muy extraño…
— En fin, no me apetece estar aquí sola y aburrida un sábado por la noche, por lo que…—Cerré los ojos y me esforcé para hacer los nervios a un lado—¿qué te parece si vienes al departamento para ver juntos una película?
Más cosas extrañas seguían pasando. Hyakkimaru tardó demasiado tiempo en responder, fue tanto así que tuve que volver a hablarle con confusión al no escuchar su respuesta:
— ¿Hyakkimaru? ¿Sigues ahí?
— Eh… Sí, estoy aquí. Lo siento mucho, pero esta noche no puedo. Yo… Debo estudiar para un examen parcial muy importante que tendremos este lunes.
— Oh, ya veo…—No pude ocultar la decepción en mi voz.
— Discúlpame, Dororo… En verdad, lo siento mucho, pequeña Dororo.
Insistió con desesperación.
— Tranquilo, no te preocupes. Solo es una película, no es para tanto. Yo entiendo que debes estudiar.
— Sí, claro… ¿por qué no invitas a Taho? Estoy seguro que si tiene tiempo libre le encantará ir contigo.
— Eso suena como una buena idea.
— Muy bien, entonces…
— ¿Debes irte ya?
— Si, pero… Dororo, yo…
— ¿Si?
Hubo un prolongado silencio hasta que volvió a hablar con arrepentimiento:
— No, nada, olvídalo. Nos vemos luego.
— Muy bien, hasta luego ¡suerte en tus estudios!
Forcé una voz alegre para después escuchar que había colgado la llamada. La sonrisa en mi rostro se desvaneció al instante mientras dejaba caer distraídamente mi móvil en el sofá. No llamé a Tahomaru, obviamente lo de la película era una excusa, lo que en realidad deseaba era estar con Hyakkimaru.
No tenía caso deprimirme, después de todo, debía entender que Hyakkimaru tenía también sus cosas que hacer, no podía esperar que siempre pudiera estar conmigo cada vez que yo quisiera ¿Quién me creía para manipular su tiempo así?
Por desgracia no solo me sentía triste por eso, la forma en que capté su voz en la llamada también me pareció muy extraña. Se escuchaba tan desesperado y frustrado ¿Por qué me había hablado de esa forma? Sus angustiadas disculpas volvieron a resonar en mi cabeza, era como si un niño hubiera sido regañado después de haber hecho algo incorrecto.
Pensé de nuevo que no tenía por qué disculparse de esa manera solo por no poder acompañarme a ver una película. Por supuesto, no había forma en que adivinara que esas disculpas tan desesperadas que me acababa de dar no eran por no poder ver la película conmigo, sino por lo que iba a hacer con Mio horas más tarde esa noche.
A pesar de todas las preocupaciones que traía rondando en mi cabeza logré irme temprano a la cama. Logré dormir unas cuantas horas hasta que a Yoru se le ocurrió que era divertido usar mi estómago como un trampolín. Desperté de pronto al sentir que mi travieso felino saltaba por mi estómago para impulsarse y llegar hasta la parte de arriba de mi armario.
— ¡Agh! ¡Yoru! ¡Te he dicho que no hagas eso!
El mencionado tan solo me dirigió una mirada indiferente mientras comenzaba a lamerse su pata. Maldiciendo a lo bajo y sobando mi estómago, decidí que lo mejor era tomar un poco de agua fresca para después intentar dormir de nuevo.
Salí de mi habitación y al voltear a mi derecha sentí a mi sangre helarse. La cama de Mio estaba vacía, todavía no había llegado.
— "¿Qué hora es?"
Un nudo comenzó a formarse en mi garganta cuando vi que el reloj de mi móvil indicaba que eran ya las dos de la mañana. Me tapé la boca comenzando a respirar con agitación, ya era muy tarde ¿en dónde estaba mi prima? El evento en su trabajo no había podido terminar de madrugada, por lo cual ella ya debía estar en casa ¿acaso le había pasado algo malo?
Intenté no perder la compostura, debía mantenerme tranquila para poder pensar con claridad y saber lo mejor por hacer. Comenzaba a repasar varias posibilidades en mi mente cuando escuché unos lentos pasos subir por las escaleras de fuera. Rápidamente me asomé por la ventana, pero al ver a las personas que subían sentí como si un cuchillo se clavara en mi pecho: eran Mio y Hyakkimaru.
Tomados fuertemente de la mano ambos subían las escaleras con sumo cuidado, era como si quisieran hacer el menor ruido posible. No quería que me vieran, por este motivo me alejé lo más pronto posible de la ventana y me dirigí a mi habitación. Permanecí pegada a la pared cerca de la puerta para poder escuchar.
La puerta del departamento se abrió, se escuchó el leve golpeteo de los altos tacones de Mio al entrar. Al parecer Hyakkimaru no entró, pero unos ahogados y bajos suspiros me dieron a entender que se estaban besando apasionadamente en la entrada.
— Muchas gracias por esta noche. —Escuché a Mio susurrar con dulzura.
— Yo debería decir eso. —Respondió Hyakkimaru embelesado—. Después de todo fue mi regalo de cumpleaños. Gracias Mio, te quiero.
Hubo una breve pausa en la que al parecer volvieron a besarse, no podía más, iba cayendo lentamente al suelo, sentía un desagradable nudo en mi estómago. Hyakkimaru volvió a hablar con voz baja y cuidadosa:
— Es tarde ya, me voy para que puedas dormir.
— Es imposible que pueda dormir después de lo que acabamos de hacer.
Confesó Mio con timidez. Ambos rieron tiernamente en voz baja, Hyakkimaru respondió con cierta vergüenza:
— Aun así, debes intentar descansar. Nos vemos luego.
— Si… Avísame cuando llegues a casa, por favor.
— Está bien, buenas noches.
— Buenas noches Hyakkimaru, te quiero.
La puerta cerró mientras sentía como todo a mi alrededor se desvanecía. No se necesitaba ser un genio para comprender lo que acababa de pasar: Mio y Hyakkimaru habían pasado la noche juntos.
Me fue imposible salir de cama temprano la mañana del domingo. Al abrir los ojos miré el reloj en mi habitación el cual indicaba que eran ya pasadas las once de la mañana. Agudicé el oído, pero no pude percibir ningún sonido proveniente de la cocina ni de la sala, eso quería decir que mi prima tampoco se había levantado.
— "Claro… ¿Cómo se va a poder despertar temprano después de lo que hizo anoche? Después de todo, ella fue la afortunada que perdió su virginidad con Hyakkimaru".
Pensé con frustración tomando mi sábana y cubriéndome completamente con ella. Cerré mis ojos y apreté fuertemente mi mandíbula para contener mis lágrimas, ya no quería hacerlo, ya no deseaba llorar más por él.
Además, sabía perfectamente que no tenía derecho a sentirme de esa manera. Mio y Hyakkimaru eran novios, estaban en una relación estable, por este motivo tenían el derecho de pasar su tiempo juntos como ellos desearan. Aun así, aunque podía comprenderlo eso no era lo que más dolía, más que herida me sentía traicionada ¿por qué demonios tuvieron que mentirme?
Mio me había mentido al decirme que se iría a trabajar, Hyakkimaru por otro lado había inventado la excusa de sus estudios. Al recordar esto las lágrimas que tanto me esforcé en contener salieron irremediablemente de mis ojos perdiéndose en mi almohada. Nunca creí que me iban a engañar de esa forma ¿por qué lo habían hecho? ¿quisieron mantenerlo como un secreto? ¿no deseaban que nadie se enterara que se habían acostado? ¿o acaso lo hicieron para no herirme?
— "¡Con una mierda! ¡No son más que unos mentirosos y traicioneros! —Grité internamente mientras me quitaba las sabanas de encima con fuerza—¡Ya no me importa lo que hagan! ¡Lárguense y tengan sexo tanto como quieran, idiotas!
Me di un baño rápido para después tomar mi cuaderno de dibujo y salir de casa, no me molesté siquiera en comer algo para almorzar, lo único que sabía es que no podía seguir en el departamento.
Ese día regresé a casa hasta las cinco de la tarde. Dibujé y deambulé de un lado a otro hasta cansarme. Mio tan solo me mandó un corto mensaje preguntándome donde estaba y si estaba bien, le respondí con un seco sí y que necesitaba un rato a solas para dibujar. No respondió nada, tal vez intuyó lo que había pasado, no me importó, en realidad ya todo me daba igual.
Esa noche cenamos casi en completo silencio solo cruzando algunas palabras de vez en cuando. La mirada de culpa de Mio no desapareció durante todo el rato que estuvimos juntas hasta que nos fuimos a dormir.
Conforme los días siguieron pasando el enorme enojo que sentía pasó a convertirse en una profunda tristeza al darme cuenta que Hyakkimaru no había hecho ningún intento por comunicarse conmigo. Rainbow Tears se había tomado un tiempo de descanso de los ensayos y las presentaciones para que Saburota pudiera enfocarse en el asunto de las disqueras, por este motivo, no había ninguna excusa para vernos.
Aun así, me pareció muy extraño no recibir ningún mensaje suyo por LINE. Anteriormente me enviaba cuando menos uno diario para conversar de cosas cotidianas, compartirme algún vídeo musical o imágenes graciosas de animales, pero ya estábamos en jueves, y no había hablado de nuevo con él desde lo de su mentira del sábado.
Como de costumbre, Tahomaru me acompañaba de regreso a casa tras salir de la escuela. Él me hablaba de miles de cosas, sin embargo, mi cabeza estaba en otro lado, una profunda tristeza se seguía apoderando de mi corazón mientras más pensaba en todo lo que había pasado.
— "Aun así… ¿Por qué Hyakkimaru debería tener la obligación de hablar conmigo? ¿Qué demonios espero? ¿Qué se disculpe por mentirme y acostarse con su novia? No tiene que hacerlo, ya que solo somos amigos"
Pensé sumamente frustrada. Tal vez me sentía de esa forma por lo que había pasado en la fiesta, por ese fuerte abrazo que me había dado, y por juntar su frente con la mía de esa manera tan dulce. Siendo sincera, por un breve momento llegué a pensar que las cosas habían cambiado, me atreví a pensar que ya no me veía solo como su amiga, pero lo del sábado me regresó de golpe a la realidad.
— "¿Y qué demonios esperabas, Dororo tonta? ¿Qué Hyakkimaru se enamorara de ti? ¿Qué mágicamente te diría: ´En realidad me di cuenta que te amo a ti, ya no quiero estar con Mio´? Tú fuiste la que estuvo de acuerdo con eso, de seguir amándolo a pesar de todo. Debería sentirme feliz de que las cosas entre Mio y Hyakkimaru vayan tan bien, eso lo sé, pero simplemente no puedo… ¡no puedo hacerlo!"
Me detuve de golpe bajando la vista, hice unos esfuerzos casi sobre humanos para no llorar. Lo que menos necesitaba era que Tahomaru me viera en ese estado tan miserable. Estaba a punto de rendirme cuando observé que este se paraba frente a mí.
— Oye, Dororo…—Me llamó suavemente.
— S-si… ¿Qué pasa? —Pregunté esforzándome por sonar tranquila.
— ¿Tú sabes por qué no se puede discutir con un DJ?
Sin ser capaz de comprender el significado de su inusual pregunta levanté los ojos hacia su rostro, al hacerlo pude ver que este me mostraba una enorme sonrisa.
— No, no lo sé. —Respondí insegura.
— Pues porque siempre están cambiando de tema.
Por donde se viera ese era un pésimo chiste, aun así, en esos momentos en que mi alma se encontraba tan destrozada esta decidió aferrarse de lo que pudiera para recuperarse, lo cual resultó ser ese mal chiste de Tahomaru. Cuando menos me di cuenta las ganas de llorar desaparecieron por un momento y comencé a reír en voz alta.
— Eres un tonto. —Le dije aun sin ser capaz de calmar mi risa—¡Ese es un pésimo chiste!
— Lo sé, pero logró el cometido de hacerte reír. —Respondió con ternura—. Prefiero verte sonriendo a que estés triste.
Mi corazón dio un vuelco al escuchar sus palabras, mi risa también cesó al instante. Nos miramos a los ojos por unos cuantos segundos hasta que la tristeza me invadió de nuevo, motivo por el cual volví a bajar mi rostro, sintiéndome decepcionada de mi misma. Dándose cuenta de que no era capaz de hablar de nuevo, Tahomaru me dijo con angustia:
— ¿Es que acaso nunca vas a poder dejar de sufrir por mi hermano?
Me volví a mirarlo incrédula, Tahomaru por su parte me sostuvo unos ojos preocupados. Siendo incapaz de seguirle la conversación decidí hacerme la desentendida:
— No sé de qué hablas…
— Estás enamorada de mi hermano, y verlo con Mio te sigue lastimando.
Escuchar eso fue como si un nudo se desatara en mi corazón. Sin esperarlo mis labios comenzaron a temblar al tiempo que unas gruesas lágrimas resbalaban por mis mejillas.
— No digas tonterías…
Respondí con voz entrecortada. Sabía que era inútil seguir fingiendo tras mi reacción, pero la verdad era que no podía evitar seguir intentando ser fuerte, seguir queriendo mantener ese balance entre los cuatro. Vi de reojo a Tahomaru desaprobar mi testarudez negando lentamente con su cabeza antes de volver a hablar:
— Puedo imaginar porqué te volviste a sentir tan triste, yo también me di cuenta de lo que pasó entre ellos el sábado pasado. Ellos… pasaron la noche juntos.
— ¿Qué te hace pensarlo? —Pregunté con dolor.
— Mi hermano salió tarde esa noche, ni siquiera se molestó en decirme a donde iba. Ya que su habitación está al lado de la mía, pude escuchar que entró a ella a altas horas de la madrugada. Como es tan distraído, incluso se le cayó la tarjeta del hotel del bolsillo y la vi en el suelo a la mañana siguiente.
Escuchar eso me hizo sentir que mi corazón se partía en miles de pedazos. Si una ilusa parte de mí se había aferrado a una pequeña posibilidad de que no había pasado nada entre ellos esa noche, las palabras de Tahomaru me lo confirmaron irremediablemente. Siendo incapaz de contenerme por más tiempo tapé mi rostro con mis manos y comencé a llorar en silencio.
— Dororo, debes superar a mi hermano. —Susurró Tahomaru con dolor.
— ¡No puedo! —Grité con angustia aun con mi rostro cubierto por mis manos—¡Lo he intentado muchas veces, pero simplemente no puedo!
Tahomaru tomó mis manos suavemente para bajarlas, al continuar hablándome con preocupación no las soltó:
— No puedes seguir lastimándote de esta manera…
— ¿¡Y a ti que más te da!? —Solté sus manos para llevar mis brazos a mis costados, ladeé mi rostro aun sintiendo como no podía dejar de llorar—¿Qué demonios te importa si sufro por un amor no correspondido? ¡Esto no debería importarte!
— ¡Claro que me importa! ¡Tú me importas y mucho!
Nunca había escuchado que Tahomaru alzara la voz de esa manera, se oía tan impotente y frustrado. Fruncí los labios sin saber que responder, de nueva cuenta tomó mis manos con fuerza, aun así, no volví el rostro. Continuó hablando con cierta inseguridad:
— Yo sé lo mucho que duele un amor no correspondido, por esta razón no quiero que sufras… No soporto que sufras…
— Tahomaru…
Lo llamé débilmente, regresando mi rostro vacilante. Nos miramos fijamente a los ojos por unos segundos hasta que retomó la palabra:
— Dororo, por favor, no sigas aferrada a ese amor imposible. Debes dejar de lastimarte a ti misma, mirar a tu alrededor y darte cuenta que hay muchas otras personas… Date cuenta que hay más personas que te quieren, te aprecian y harían cualquier cosa por ti.
— ¿Y qué tal si no soy capaz de hacerlo? —Pregunté con voz temblorosa, aferrando más sus manos contra las mías—¿Qué tal si lo intento, y aun así no soy capaz de olvidar a Hyakkimaru?
— Entonces inténtalo conmigo—respondió suavemente al tiempo que soltaba mis manos para sujetarme delicadamente de los hombros—. Déjame hacerlo, dame la oportunidad de demostrarte que yo nunca te lastimaré como él lo ha hecho.
Tahomaru acercó lentamente su rostro al mío y el tiempo se detuvo. El frío viento de otoño que anunciaba la llegada del invierno sopló alrededor de mí, aun así, no pude percibirlo. Esto se debió a toda la calidez que Tahomaru transmitió a mi corazón con ese acto tan inesperado.
La respiración contenida, mis ojos abriéndose con sorpresa, labios suaves e inseguros aun así deseosos posándose sobre los míos. Así es como recuerdo mi primer beso, así es como recuerdo el beso que Tahomaru me dio.
Continuará
