Capítulo veintiocho: Lo que nos hace falta
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"¿Te digo lo que es la libertad para mí? No tener miedo"
-Nina Simone
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Sintió que su compañero despertaba de la inconsciencia, lo escuchó gemir antes de rodar e incorporarse. Su piel comenzó a palidecer hasta retomar su bronceado natural, sus garras y cola se fueron y sus ojos volvieron a su color café habitual.
-…Harry, eres tú. -balbuceó.
El cuerpo de Tomoyo seguía siendo sujetado por Amads con cuidado sobre su pecho, acunándola protectoramente.
-Sí. -sonrió el mago- Estaba por la zona y pasé para saludar… -bromeó- ¿Qué sucedió esta vez? -asintió hacia la joven en sus brazos, su tono preocupado y serio- Dime lo que sucedió. -pidió con cortesía practicada.
El árabe observó a los alrededores, tomó buen detalle de lo que habría sido su campo de batalla. Luego, observó a la niña sobre su regazo.
-Estuve cerca, pero Kaios se escapó. -gruñó- Logré arrancarle un brazo… -acarició su muslo derecho- Él casi se lleva mi pierna. -siseó.
-No vi ningún brazo por los alrededores. -negó- Seguí el desastre y la sangre, casi ni doy con ustedes. -se explicó.
-Desgraciado. -siseó- Seguramente se lo llevó, tal vez lo recupere en el lugar de donde lo sacaron.
-La barrera es una red ahora -le informó, tratando de obtener más respuestas- La energía de Tomoyo está sobre toda Arabia, ¿qué fue lo que sucedió?
Los ojos oscuros del caballero se engancharon con sus zafiros eléctricos, pura y llana confusión mezclada con la preocupación latente.
-…corrí hacia ella cuando Kaios comenzó a retorcerse en el suelo, ella estaba arrodillada y tenía la vista desenfocada. -le comentó- Lloró algunas lágrimas de sangre, dijo que no podía mover su cuerpo y la tomé entre mis brazos para llevármela. -explicó sus intenciones- Me di la vuelta, Kaios estaba tambaleándose hacia nosotros y… tengo todo en blanco a partir de allí. -balbuceó- ¿Cuánto tiempo llevamos idos? -inquirió, preocupado.
Observó su reloj, hizo algunos números rápidos.
-Melek habló con ella hace dos horas. -estimó- Yo llegué hace unos cuarenta minutos, tal vez menos. -ofreció.
-¿Qué pasó con los almacenes? -se apresuró a preguntar- ¿Kaios fue allí? ¿Tenemos problemas?
El árabe intentó incorporarse de su asiento en el suelo, una muesca en su rostro y un gemido salido de los labios de Tomoyo le hicieron creer al mago que no era una buena idea.
-Quieto ahí. -ordenó rápidamente- Melek lo tiene controlado, deberías saberlo mejor que yo. -casi bromeó- Pero están ocupados, ustedes inconscientes y nadie podía liberarse para darme una mano.
-Tsk. -rodó los ojos- Sí, debería saberlo mejor… -asintió, rendido- Sin embargo, estoy despierto y seguro que puedo ponerme en marcha. -sus ojos se iluminaron- No sé qué sucedió, pero no soy un alfeñique. ¡Agh!
No pudo detenerlo la segunda vez, se tambaleó un poco y, luego, le regaló una sonrisa torcida cuando demostró su punto.
-No sé si debamos moverla… -intentó de nuevo.
Amads observó la carga en sus brazos, rastros de lágrimas carmesí aún sobre sus pálidas mejillas lo hicieron dudar.
-¿Y si necesita ayuda y estamos aquí perdiendo el tiempo? -quiso sonar rudo, pero sólo preocupación fue lo que oyó Eriol- Tal vez es cansancio o, tal vez, sí jodió todo al no detenerse a tiempo. Eriol… ¿alguna vez la viste llorar sangre? Porque, créeme, yo no. -agregó, nervioso.
-…no, yo tampoco. -admitió- Está bien. -su círculo mágico apareció debajo de sus pies- Si aún tienes energías, puedo canalizarte y llevarnos justo con Sila.
Los ojos amatistas de Amads refulgieron con un brillo renovado, todavía tenía fuerzas para seguir.
-Toma lo que necesites, vaquero. -asintió- Pero déjanos en una sola pieza, eh. -advirtió.
La energía de Tomoyo seguía pululando por la atmósfera, era liviana y reconfortante, casi podía sentir un aroma dulzón si se concentraba. Podía sentirlo, la huella mágica de Tomoyo abrazando la espesa y picante energía huella demoníaca de Amads. Tomó lo que necesitaba y el círculo comenzó a extenderse debajo de los tres.
-Quédate quieto. -advirtió- Nos moveremos.
El círculo mágico comenzó a moverse, casi como si fuera un corazón latente. Chispas volaron, Eriol dibujo el camino hacia su destino y, tres segundos después, llegaron en una sola pieza.
-Wow… -se rió Amads- No volveré a jugar contigo, Harry. -negó, divertido.
Oyeron pisadas, dos de los niños más grandes acompañaban a Sila, ambos armados y listos para saltar a la acción.
-¡Eriol, Amads! -se adelantó la mestiza- ¿Qué sucedió con Tomoyo? -inquirió, tomando su muñeca con cuidado y estudiando su pulso, no perdió el rastro carmesí desde sus ojos- Amín, Onur, llevémosla a la enfermería. -ordenó- Amads, tú tienes sangre en tu ropa. -frunció el ceño- ¿Estás herido también?
-No te preocupes… -le cedió su reina a Onur, el chico la tomó con cuidado y asintió, asumiendo el cargo de tan valiosa carga- Algo cansado, pero bien.
Sila ya estaba dando órdenes al otro muchacho, en modo doctora, segura de que nadie más que Tomoyo necesitaba su atención. Eriol no perdió la forma en que el caballero se sostenía con ayuda de la pared, él había tomado lo poco que le quedó de su pelea para llegar allí.
-Tómalo con calma, vaquero. -bromeó mientras pasaba un brazo por debajo de sus omóplatos y le ofrecía sostén- Te llevaré a tu habitación, deberías descansar.
-Tsk, descansar es lo último en mi lista. -negó. Sin embargo, no despreció su ayuda- Omar tenía razón, nada de todo lo que hicimos hoy valió la pena si Kaios sigue aquí para fastidiarlo todo. -gruñó de camino por las escaleras, un paso a la vez- Tengo que cazarlo y terminar lo que empecé.
-Estarás vivo, pero no tienes energías. -le recordó- Serás la presa si sales ahora, no el cazador. -el árabe frunció el ceño, pero no pudo negar sus palabras- Si le arrancaste un brazo, no tendremos que preocuparnos por él hoy. Había mucha sangre, debió buscar ayuda.
-Con los almacenes siendo reventados, necesitará un nuevo agujero. -asintió- No puede salir, todo el maldito mundo puede sentir la red que tejió Tomoyo… -llegaron al primer piso, comenzaron el camino hacia el segundo- Está atrapado, como una maldita rata herida.
-La red no nos da nada si Tomoyo no está aquí para darnos aviso de ella. -bufó, frustrado- Tendrán cuidado hoy, pero mañana, si no ven que algo sucede, la cruzarán sin temor.
-Tsk… Tendrías que haberla visto. -negó, una sonrisa presionaba en las esquinas- Toda terca, toda esa energía siendo expulsada de su cuerpo… Kaios estaba furioso, no le agradó nada verla.
-Puedo imaginármelo. -asintió- Tomoyo quiere esto, lo quiere más que nada y no parará hasta conseguirlo.
Llegaron al piso donde se hallaba la habitación de Amads, lo condujo hacia su puerta.
-Cuando recuperes algo de energías, date un baño y ve a la enfermería. -mencionó el mago- Te traeré algo de comida y agua.
Abrió la puerta, Amads se dejó caer sobre su catre con un gemido sordo.
-Tengo que volver a la azotea, tengo que vigilar que nadie intente entrar. -le recordó- Enviaré a alguien para que te avisen cuando Melek esté de vuelta. -sonrió antes de darse la vuelta, dispuesto a salir.
No esperó por un agradecimiento, nunca esperó nada de Amads salvo por que resguardase a Tomoyo. Ambos amaban a la misma mujer y ella los quería también, tendría que acostumbrarse a la presencia del otro por el tiempo que les quedase.
-…gracias, vaquero. -murmuró el árabe justo antes de que se cerrara la puerta.
…
Él reconoció el consultorio de Alan de inmediato, él todavía conservaba aquél cuadro que retrataba el Valle de las Plumas de las memorias de los Pilares pasados. Había sido una terapia durante el embarazo, en los tiempos libres en los que Luciana no los perseguía, y ella le había regalado aquel primer cuadro a Alan en sus controles con Jonás. Olía a alcohol, lejía y laurel.
-¡Alan! -llamó Matt.
Había sido un movimiento arriesgado cruzar directamente hacia la casa de Alan, Gia seguramente rastrearía el agujero. Sin embargo, Matt no tenía muchas opciones ahora mismo, ella tampoco.
-¿Qué sucede aquí?
Las luces se encendieron, lo observó vestido en unos pantalones de chándal grises y una camiseta blanca de algodón desgastado por el tiempo. Su cabello oscuro desordenado, sus ojos chocolate en medio de una bruma del sueño. Estaban en Atlanta, Estados Unidos, y debía ser de madrugada ya que ninguna luz del astro rey se filtraba por la ventana abierta.
-…Alan, lamento esto. -advirtió ella mientras se acomodaba mejor dentro de su pobre manta roída.
-Ángel. -reconoció, sorprendido- Pero… -lo observó a él, debía estar confundido de verla a su lado cuando, meses atrás, él le informó de su deceso- ¿Qué significa esto?
-No tengo mucho tiempo, tampoco… muchos en quien confiar. -admitió a duras penas- Alan, vine a pedirte un favor muy importante. -cerró los ojos, inhaló hondo- Necesito… que cuides a Ángel por unos días.
-¿Qu- ¡Pero- negó, incrédulo.
El doctor la observó, sus párpados a medio cerrar dejaban entrever sus cuencas vacías. El estado de su cuerpo, la escases de cubierta; habían irrumpido en medio de la madrugada y sin pedir permiso. Qué modales, nada propio de ambos.
-No tengo mucho tiempo, debo volver con Jonás. -explicó velozmente- ¿Podrías prestarme un teléfono? Y algo de ropa para ella.
Alan pestañeó una, dos, tres veces antes de asentir. Volvió sobre sus pasos, trajo consigo su celular y una camiseta junto con unos pantaloncillos cortos.
-No tengo nada más que le quepa, lo siento. -se disculpó, aún algo atontado por la situación.
Él negó, agradecido. Alan se dio la vuelta y él tiró de la manta de su amada. Colocó las manos de ella sobre el borde de la camiseta, ella siguió el resto. Él se agachó, tomó un pequeño tobillo y, luego, el otro. Ella se apartó de su toque para sujetar los cordones de la cintura.
-…yo puedo. -gruñó- Haz tu llamada.
Estaba enojada, no hacía falta ser un genio para saber el porqué. Intentó tomar su mano, ella retrocedió dos pasos.
-Ángel… -rogó él.
-Esto no va a funcionar, te estás equivocando. -fueron las palabras de ella- No, Matt.
-¡Va a funcionar! -negó, algo enfadado- Es un milagro, no lo dejaré pasar esta vez. No.
Sus dedos se deslizaron por los números, esperaba recordarlo correctamente y que no haya cambiado de número. Esta era, con creces, la última oportunidad para su pequeña familia.
Un tono, dos tonos… tres, cuatro tonos.
-¿Quién es?
Él pudo respirar.
-Soy yo. -se presentó- Necesito que apuntes una dirección, ven lo más pronto posible… -pensó bien cómo decirle aquello- Sucedió algo, algo… increíble. Y necesito que me ayudes.
…
No fue un sueño reparador, ella sabía que no podía bajar la guardia con Kelian allí y la amenaza de una aparición de Gia en cualquier momento. Fue… como un desmayo, se desmoronó en la cama mientras su guardián vigilaba su sueño. Brillante, un halo fantasmal rodeaba su figura casi transparente ahora que ya no poseía un contenedor para él.
-¿Qué vas a hacer ahora? -inquirió Yue cuando ella abrió los ojos de repente, se sentó con prisas y tomó una inhalación brusca.
-…Marco está muerto, Tania rumbo a Inglaterra y Kelian debe tener órdenes. -cubrió su rostro con ambas manos, necesitaba pastillas para el dolor de su herida- Shaoran se irá con él.
-¿Tú crees…? -inquirió, esta vez con algo de temor- No, él…
-Sí, él sí. -negó ella- No por Gia, él se va a ir con Kelian… Él es su mentor, no querrá ver a nadie más ahora. -rodó los ojos- Creo que por fin entendió dónde es que se está metiendo.
Aguantó la respiración, intentó mover el cuello y la acción le costó un alarido de dolor.
-¡Sakura! -se despertó Kero.
-Agg… es-estoy bien. -chilló- Hay… que irnos.
-¿Irnos? -ladró el peluche- ¡Sigues herida, nos están buscando!
-Peor quedarse con los lobos vestidos de corderos. -siseó Yue- No podemos quedarnos aquí… Sakura tiene razón.
No había traído nada con ella, no tenía ni dinero ni ropa o pasaporte. Si cruzaba la puerta ahora, herida, sería un blanco fácil. Necesitaba recuperarse, necesitaba obtener información y necesitaba estar en un lugar verdaderamente seguro y confiable. Aquella casa de seguridad de Gia estaba fuera de discusión, jamás estaría segura allí.
-¿Irnos? No tenemos dónde ir. -le recordó el guardián del sol- No tenemos amigos, tenemos cientos de enemigos y en Gia no podemos confiar… no tenemos nada. -escupió con enfado- Mira al mocoso, está perdido él también. ¡Todos nosotros!
Era verdad, ella no pudo negar sus palabras.
-…vamos a casa.
Todos se voltearon ante la carta Esperanza, emergiendo del pecho de Sakura.
-Volver a casa nos hará bien, volver a casa siempre nos hace bien. -dijo, sonriente- Señora… ¿Podemos volver a casa?
-Espe…ranza.
Sakura quedó sin palabras, la había tomado por sorpresa. Volver a casa, ahora, jamás pasó por su cabeza. ¿Cuándo fue la última vez que estuvo allí, que vio a su padre? Tomó un mechón de su cabello, había crecido tanto, habían pasado tantos meses. ¿Podría reconocerla su padre? Toya ciertamente no ignoraba su pasar, pero su padre parecía querer ignorar gran parte de ello.
Observó a Kero.
-Yo… no lo sé. -suspiró el guardián- Nos están siguiendo.
-Nos seguirán siempre. -le recordó Yue.
-¡Tenían un cegador! -bramó, nuevamente alterado- Esto es en serio, la querían matar esta vez.
Con esto, todo el mundo volvió a callar.
-Volvamos a casa. -insistió Esperanza.
La mirada de Sakura insistió en el peluche, Kero y ella jamás habían sido tan unidos antes. Ella necesitaba su opinión, necesitaba que fuera su brújula. No confiaba en sí misma, no confiaba en sus propias elecciones respecto a cosas tan importante como la seguridad de su familia.
-…Gia vigila la casa, vigila a tu familia. -le recordó, dudoso- No sólo por seguridad, ella también sabrá si vamos.
-Ella nos encontrará, de todos modos. -insistió Yue- Kelian obtuvo lo que ella buscaba, herida no le eres útil… Vámonos, también dices que se llevarán a Shaoran de aquí.
Llevó un pulgar entre sus dientes, mordió con incertidumbre. ¿Ir o no ir? Ambos tenían razón. Entre volver o no volver, ¿cuál era la peor opción?
…
Ella no disfrutaba particularmente Oceanía, el continente olvidado no poseía mayores movimientos y jamás sucedía nada importante allí. Ni siquiera recordaba al señor de aquellas tierras, aunque sí sintió la presencia de esbirros y un siervo. Se movió con soltura, siempre teniendo los cuidados y atenciones pertinentes.
-La bruja quedó temerosa. -mencionó el demonio zorro- Olía a miedo, nervios y preocupación cuando se marchó.
-Eso está bien. -le restó importancia ella- El miedo la mantendrá alerta, la preocupación la tendrá lista cuando llegue el momento…. -se acomodó sus lentes, casi no bajaba la vista del cielo despejado- Si está alerta estará viva, estará a salvo. -dio por finalizado el tema allí.
-…tú también olías a preocupación, Luciana. -murmuró, tenso.
"-¿Él alguna vez te mencionó que quería que fueras la madre de sus hijos? -preguntó Luciana, dejando helada a Sakura- Porque… a mí siempre me dijo que era perfecta para darle herederos… Pero luego te atrapó a ti también, así que…"
-Brrrr.
El zorro arrulló bajo mientras se refregaba contra su mano, buscando una caricia que ella no ofreció.
-Luciana… -la llamó, sabiendo que habló de más.
-Haz un perímetro, te llamaré si te necesito, Fuuma. -ordenó, levantándose de su asiento sin importarle su compañero sobre su regazo.
El zorro aterrizó sobre sus cuatro patas, orejas replegadas sobre su cabeza y con la cola entre los cuartos traseros. El demonio se marchó, la frialdad que la rubia expedía no era disimulada y él prefirió acatar las órdenes antes que hacerla enfadar aún más.
Luciana sabía que, el día que Aaron volviera a poner un pie sobre la tierra, ella y Sakura tenían sus destinos sellados. Tomoyo también, las tres. Incubadoras las tres, armas de alto calibre en manos de un asesino experto; un caos asegurado.
Ahora tenía órdenes, ahora tenía una soga atada al cuello y de ella dependían la vida de varias personas inocentes.
Su abuelo,
Sus hermanos,
…el alma de su madre y la paz de su difunta gemela.
Ellas, vivas, tampoco estaban a salvo.
Abrió su chamarra, sacó un paquete de cigarrillos y tomó uno. Encendió la punta con su dedo índice, percibió un cambio en la atmósfera- leve, pero un cambio en fin. Comenzó a caminar, sus ojos al cielo, mientras seguía con su misión.
Un día no estaría la soga, un día Aaron no existiría y ella sería libre. Un día… ella podría morir en paz
...
Cuatro días más tarde, Camille despertó de su sueño de seis días. El sol estaba saliendo, un amanecer cálido en el desierto. Kamuy estaba pescando en el río, en el valle, mientras que Alvar sobrevolaba el desierto, su mar infinito de arena.
Fue Tabitha quien recibió a la bruja de su letargo.
Un chapoteo, una bocanada de aire, la respiración agitada de quien no ha utilizado sus pulmones correctamente. El cuerpo de Camille flotó sobre el agua helada del acuífero. La rubia se incorporó de su lugar en el suelo, sobre sus dos piernas humanas, se acercó a la orilla y la llamó.
-Bruja. -dijo, sorprendida- ¡Bruja!
Camille abrió los ojos, su cuerpo volvió a hundirse de repente y Tabitha se lanzó sin dudar a las aguas cristalinas y heladas. El frío cortó como cientos de navajas, la cueva estaba sumida en la oscuridad y más aún el fondo del acuífero. La loba se impulsó, siguió el sonido de sus latidos como un sonar. Las burbujas salían de la boca de la bruja, se estaba ahogando. Tomó su muñeca, tiró hacia arriba y la arrastró hacia la orilla. La matriarca del desierto salió primero, la sacó del agua y palmeó su mejilla.
-¡Bruja, reacciona, bruja! -ordenó.
Camille tosió y escupió el agua fuera de sus pulmones, la loba le dio su espacio y comenzó a escurrir su largo cabello.
-Estás despierta, eso es bueno. -observó.
La pelirroja se dejó caer de espaldas al suelo, sus respiraciones irregulares y aceleradas. Su piel estaba helada por las bajas temperaturas del agua, sus pupilas dilatadas y su ropa adherida a su cuerpo como una segunda piel. Se veía frágil, se veía indefensa y, a los ojos de Tabitha, se veía igual que antes de sucumbir al sueño profundo. ¿Qué había ganado la bruja con todo aquello?
-Buscaré a mi tonto hijo, espera. -ordenó.
Sin embargo, la mano rápida de la bruja se aferró a su muñeca, impidiendo su ida.
-…llévame a la puerta. -pidió en un murmullo- Ahora.
Entre cerró los ojos ante su petición, curiosa.
-Tengo que buscar a los gatos, llévame a la puerta. -volvió a pedir.
-¿Sabes dónde están los gatos? -inquirió de inmediato, todo el mundo quería que aparecieran de inmediato- ¿Dónde?
La bruja se incorporó, su cuerpo pesaba por el agua aferrada a él y su ropa, así que sus movimientos eran lentos.
-La puerta. -repitió- Tengo que llegar a la puerta.
Kamuy no estaba y su esposo podría matar a la bruja si la veía en aquel estado deplorable y frágil. El halcón estaba fuera, él siempre rondaba por el desierto y solía posarse sobre su hogar en los momentos que la manada estaba dentro o alejada. Su hijo cazaba solo en los últimos días, pero otro grupo había salido temprano. Había una reunión entre los ancianos de la manada, eso sería en la cámara principal. Si salía en ese momento del acuífero, sólo encontraría cachorros jóvenes y hembras preñadas y recién parturientas en su camino, muy pocos machos.
No tuvo que pensarlo más, su hijo encontraría su rastro de inmediato.
-…sube. -le ordenó mientras su piel de rompía y su pelaje color arena de la más blanca cubría su cuerpo lupino.
Ambas estaban empapadas, pero el sol se encargaría de calentar sus cuerpos. Fue rápida en los pasajes de la cueva subterránea, sus patas golpearon el suelo con fuerza y nadie interrumpió su paso. Sus ojos y orejas captaron cada miembro de la manada, evitó todos los que pudo y se movió por los pasajes más desolados cuando pudo. Cuando tomó la salida al Este, cuando el sol se cernió sobre su cabeza, apresuró el paso. Se sumergieron en el Desierto, el gran mar arenoso del Sur las recibió con calidez y fueron libres.
-¿…cuánto tiempo? -la oyó balbucear.
-Seis días, hoy es el séptimo. -le informó- Estuvieron siempre cerca de ti, ambos tontos.
-Sí… los sentí cerca de mí. -la bruja se aferró a su pelaje, su cuerpo comenzó a calentarse de a poco- ¿Regino?
-El alfa del Sur no estuvo contento contigo dentro de su fuente de agua, pero mi hijo y él discutieron cada día al respecto. -fue franca. Después de todo, su hijo era más combativo desde que se convirtió en caballero y, luego, con la llegada de la bruja- Mi hijo te estima. -le dijo lo obvio- ¿Lo quieres? -demandó saber.
-Kamuy es… lo más importante, de lo poco que me queda. -fue su respuesta sincera- Señora, su hijo me salvó la vida, me dio de su sangre y me ofreció un hogar…
Tabitha olfateó la salinidad de las lágrimas, la sinceridad en su confesión.
-Bien. -asintió, todo aquello era obvio para una madre atenta como ella- Será mejor que no lo traiciones, serás mi presa si lo haces.
Ella era la señora del Sur, la matriarca de los lobos del Desierto y aquellos títulos no eran en vano; era una loba, era una depredadora y una asesina. Pero, sobre todo, era una madre, y ese era su título más fiero.
Faltaban tres kilómetros cuando oyeron el graznido del halcón, Alvar. La loba no ralentizó su trote, no le dio ventaja, pero él las alcanzó sin problemas. Descendió en picada, el gran halcón voló unos metros por sobre la loba.
-¿A dónde se dirigen? -inquirió, curioso. La loba sabía que aquel tono indistinto, sin dejar filtrar emociones ni interés en demasía era natural en el hijo del jefe de los halcones. Aquel pichón de halcón había demostrado sus sentimientos con acciones, pero no dejaría entrever nada más.
-Alvar, estás aquí… -la bruja estaba contenta, la loba olfateó su cambio de ánimo- Tengo que ir… la puerta del Este.
-¿La puerta? ¿Te irás? -inquirió y planeó más bajo, a metros del suelo.
Faltaba poco para llegar al valle, el halcón no se podría permitir un vuelo tan bajo donde los árboles lastimaran sus alas. Captó el rastro de su hijo, pronto él encontraría el de ellos y les daría alcance.
-Tengo… que llegar a la puerta, a una puerta. -respondió, esta vez algo más incierta- Tengo que encontrar el camino, voy a encontrar el rastro.
-…puedo llevarte. -ofreció, Tabitha supo que requirió de toda la fuerza de voluntad del halcón el pronunciar tal oferta. Temeroso, ella olía un leve rastro de temor. Tal vez pensaba que la bruja se marcharía del Zoológico. Pobre, otro tonto enamorado de una joven bruja.
-La señora Tabitha se ofreció. -rechazó ella- Tu padre podría enfadarse, será mejor que… te mantengas alejado de mí ahora, Alvar.
Agrio, ella olfateó la tristeza y amargura en la hembra.
Los árboles estaban allí, el halcón tuvo que elevar su vuelo y oyó suspirar a la bruja. Él no se alejaría, pero mantendría su distancia ante el rechazo.
Escuchó un trote furioso a un kilómetro a su derecha, su hijo las había encontrado. Ralentizó el paso, lo detuvo justo a tiempo, Kamuy apareció en la línea de visión de Camille.
-¡Cami, Madre! -casi las embistió, había ido a toda marcha y frenó de golpe- ¿Qué sucede? ¿Por qué huyen? -disparó las preguntas mientras olfateaba los alrededores, la observó a los ojos en cuanto olfateó al halcón- ¿Qué está sucediendo, madre?
-Tranquilízate, niño tonto. -ordenó- La bruja necesita ir a la puerta más cercana, sabía que nos darías alcance.
-¿Mi padre?
-Nos escabullimos. -respondió Camille- Voy a buscarlos, tengo que encontrarlos.
Con esas palabras, Tabitha volvió a la carrera. Kamuy la siguió con facilidad, la sombra de Alvar no estaba muy lejos de ellos.
…
Era extraño, era anormal estar todos allí reunidos para el desayuno. Sakura con su cabello largo, como nunca antes, suelto y brillante, tan hermosa. Bebía su jugo de naranjas mientras cortaba una porción de budín para el peluche adormilado. Su hijo mayor estaba leyendo el periódico, habían realizado reformas en la sala de pediatría del hospital de Tokio, él ansiaba graduarse y trabajar allí. Él, un simple padre amoroso, contento con tenerlos allí junto a él.
Toya iba a retirar los puntos de sutura esta tarde, el cuello de su hija se mantenía vendado y con pomadas para infecciones. Ella había llegado una mañana sin avisar, cansada y herida, sin nada más que su persona y aquel ser que parecía un peluche animado. Volvió a sus vidas, pero él sabía que tenían el tiempo contado y pronto marcharía lejos de él. Todos se habían marcado, todos tan jóvenes para lanzarse al mundo sin paracaídas. Shaoran había vuelto a China, su departamento estaba vacío y de nuevo para ser alquilado, él observaba el cartel en su balcón cuando iba al supermercado los jueves. Sonomi lo llamaba los sábados al mediodía, ella estaba trabajando en una nueva campaña publicitaria, su empresa había desarrollado un nuevo juguete y estaba buscando un contrato para lanzarlo en todas partes. Tomoyo y Eriol seguían lejos de Japón, tan lejos que la tía de sus hijos tenía un mínimo contacto y prefería atarearse en el trabajo hasta tarde. Incluso la señorita Kaho se había despedido del pueblo, ella que había comprado una linda casa en los lindes del bosque. Y Sakura, la pequeña Sakura volvía herida a sus brazos.
-¿Por cuánto tiempo te quedarás con nosotros, hija? -hizo la pregunta, alguien debía hacerla en voz alta. Seguro que Toya ya lo sabía, pero no se lo diría de buenas a primeras.
-Yo… mmm. -dudó, incluso su hermano detuvo su lectura y la observó- No lo sé, todavía no tengo nada que hacer. -explicó y todos entendieron que no iba a dar detalles de lo que hacía cuando se marchaba- Lo siento, papá… -le sonrió, a penas una mueca triste- Sé que es una… situación horrible, lo siento. Soy una mala hija. -se disculpó- Pero trato de hacerlo mejor cada día, lo juro.
-Hija… -negó- No eres una hija mala, sólo… una jovencita con mala suerte. -ofreció- No podemos controlar el destino, a la vida… sólo vivirla lo mejor que podamos y ya. -rió, una risa suave- Te quiero, los amo a los dos. -su hijo lo observó, sus ojos oscuros e intensos sobre él- Y eso es algo que jamás va a cambiar.
Fushitaka se levantó de su asiento, besó la frente de su hija y palmeó la espalda de su hijo. Se despidió de la foto de su esposa y se marchó al trabajo.
…
Las lágrimas de Gia cayeron sobre París en forma de granadas.
"El Palacio de Eliseo fue bombardeado esta mañana, ha sido un año duro y lleno de actos terroristas para Europa", mencionó la reportera en un francés apresurado. "A pocos días de las explosiones y de varios apagones, el sitio emblemático donde el primer ministro llevaba a cabo sus juntas y labor como tal, fue dejado en ruinas. Los muertos suman veintitrés, todavía buscan señales de sobrevivientes… pero la esperanza es poca."
Shaoran cerró la laptop, observó a Kelian beber de su té con paz. Estaba helado, gélido, en aquella parte de la vieja Rusia. Ambos estaban envueltos en telas y pieles, una cabaña con chimenea en un pueblo alejado de ciudades más pobladas y pavimentada.
-¿Quién estaba en el Palacio cuando cayeron las granadas? -inquirió, curioso.
-Ningún humano, si preguntas por ello. -dijo- Al menos, ninguno inocente. -se corrigió al instante- Tampoco Mirko o su siervo, pero sí el falso Primer Ministro. No ha salido por la prensa, deben estar buscando otro cambia formas para reemplazarlo y evitar el caos en el país.
-Aún no me has dicho qué tomamos de los túneles. -insistió- Ni qué hacemos en Rusia, ni por-
-Son todas preguntas peligrosas. -le advirtió, serio al respecto- ¿Estás seguro de querer tener el peso de toda esa información contigo? -rodeó su taza con amabas manos, aún con la chimenea se sentía un frío terrible y sus guantes se estaban secando luego de haber salido de caza- Soy un hijo de Gia, ella es mi madre y mi lealtad está con ella hasta la muerte. -entrecerró los ojos, Shaoran intentó sostener su mirada, pero falló en la último segundo. Él no podía mentir, eso era malo para el estilo de vida que llevaban- Marco murió por ella, él y cada uno de nosotros da su vida por ella. Tú y Sakura, en cambio, son como perros callejeros junto a una jauría de lobos. Son extraños, son forasteros que intentan encajar pero no pueden. -frunció él ceño, él se lo había advertido a Gia- Sakura es un perro solitario en un mundo lleno de alianzas, de jaurías rabiosas y ansiosas de derramar sangre. Está sola, tampoco confía en nadie, pero prefiere arriesgarse con nosotros a desangrarse para ellos. -le dio un sorbo a su té, odiaba tener que hablar tanto pero en aquella ocasión era necesario. El cachorro de lobo necesitaba entenderlo- Tú, en cambio… -se encogió de hombros- Te recogí, eras un cachorro perdido, mojado, abandonado… Conozco tu historia, sé quién eres. -le confesó.
Shaoran, azorado con toda su diatriba y la emoción a flor de piel, estalló. Los nervios, la duda, el miedo y la sensación de estar perdido, de no reconocerse en el espejo… era una olla a presión, él explotó.
-¿Soy igual que tú, Kelian Rolvsson? -inquirió en tono desafiante, llamándolo por el nombre que había descubierto- ¿Y quién eres, eh? -se carcajeó sin gracia- Asesino, espía, niño de mami y espadachín; todo en uno. Tal vez compartamos rasgos, pero no me conoces, no somos iguales.
Kelian le dio otro sorbo a su té, su pulso ni siquiera se disparó antes las palabras ni el tono en que las escupió. El niño buscaba el conflicto, buscaba un escape violento y él no se lo daría.
-Nací es Agder hace casi veintitrés años. -mencionó mientras dejaba a un lado su taza vacía, se incorporó de su asiento- Eso está en Noruega, un país reconocido por su paz, seguridad y riqueza. -rodeó a Shaoran, se instaló a un lado de la chimenea- Mi clan era uno de los tres clanes principales de magos del país, magos y hechiceros con inicios en los dioses de nuestra tierra. Mi madre biológica murió al darme a luz, era el único heredero y mi padre era demasiado anciano para buscar un heredero más. -los leños se quemaron, la madera se movió y las chispas sonaron en el silencio desolador- Tenía siete años cuando intentaron asesinarnos para tomar nuestra posición social, como si eso robara la magia que corría en nuestra sangre. -se rió, burlón- Nadie se opuso, todos se quedaron allí para ver la cacería, para apreciar la masacre…
La fiebre combativa en Shaoran mermó un poco más con cada palabra, con el relato de la vida de Kelian.
-No eran humanos, no había humanidad en sus actos. -gruñó- Yo estaba gravemente herido, estaba muriendo lentamente debido a una herida en mi estómago. Una daga envenenada, mi padre había recibido la mayoría de los ataques y yo había logrado huir. -observó las llamas basta que sus ojos dolieron- Madre me encontró, yo esperaba la muerte y ella vino a mi rescate.
Recordaba aquél día claramente en su mente… Creyó que era el fin de todo, pero sólo fue el comienzo.
-Habían provocado un incendio, seguro para desaparecer la evidencia de la masacre y cubrir sus huellas. -compartió su hipótesis- Gia me encontró, el techo se estaba viniendo abajo.
"-Pobrecillo pequeño. -lamentó- Han hecho todo lo posible para intentar acabar con tu vida… -acarició su mejilla manchada con carmesí- Aún así, todavía respiras.
Aquél ser tan extraño caminó por sobre los escombros, debajo del techo en llamas y junto a los cadáveres de sus difuntos familiares y guardianes. Brillaba con luz propia, su toque era cálido y aquello no se debía a las llamas. ¿O es que estaba alucinando debido a la pérdida de sangre.
-Y todavía vives. -continuó diciendo- Mi niño… tu fuerza supera la expectativa de tus enemigos, yo haré que cada uno de ellos se arrepienta de haber levantado sus armas contra ti.
Extendió la mano que no descansaba sobre su mejilla en su dirección, su palma abierta y desnuda.
-Ven conmigo, mi pequeño. -ofreció- Nada podrá dañarte otra vez, lo prometo"
-Me llevó lejos, me ayudó a sanar y me dio un hogar, una familia. -dijo, agradecido- Me ayudó a fortalecerme, me enseñó a sobrevivir.
-…te convirtió en su espía y asesino, eso no es ayuda. -murmuró entre dientes, asqueado ante la idea- No es distinto de lo que Aaron hizo con Luciana, de lo que le hizo a Sakura.
-Te equivocas. -negó con devoción- Ella me dio una razón para vivir, no una cruz que cargar o una maldición que sufrir. No, ella me dio una razón para levantarme, un credo para rezar.
"-No importa el camino, Kelian. -le espetó ella mientras lo ayudaba a equiparse para su primera misión de espionaje- Lo importante es llegar a la meta, sea cual sea el camino. -sus grande ojos color de la tierra lo observaron con pasión- Llegas a tu destino, cumples tu misión, vives tu vida y te levantas al día siguiente al pie del cañón, luchas para mantenerte allí. -espetó, acalorada- Todos elegimos seguir viviendo, la idea de morir nunca jamás será una opción… vamos a ser los últimos sobre la tierra, seremos los que sobrevivan. "
-…todos elegimos vivir. -explicó- Morir no es una opción, por eso luchamos para seguir vivos, para seguir aquí.
Las palabras lo golpearon con una fuerza sobrenatural, le pesaron porque él conocía la veracidad en aquellas palabras, en las vidas de conocidos y amigos.
-Le tenemos miedo a la muerte, por eso jamás seremos libres. -trató de hacerle entender.
Su boca se secó, no pudo decir nada al respecto.
-Aaron tiene a un doctor humano trabajando para él en lo más profundo y alto de sus filas, recibe órdenes directas de él. -explicó luego de unos minutos- Ingeniero, genetista… una pieza clave en los siervos mejorados, y quién sabe en qué cosas más.
-…el doctor. -repitió, los engranajes funcionando en su cabeza.
"-Los informes que tengas sobre el doctor. -dijo Sakura- Quiero todo lo que tengas sobre él. -se inclinó hacia adelante, hacia Paz, ojos tenebrosos- Y cuando digo todo, quiero decir todo. -dejó bien en claro- A cambio, yo le entrego la ruta del Aviario a la alianza. -hizo una pausa- Tienes veinticuatro horas para decidir, estaré esperando en el lugar donde me encontraste. -informó mientras se levantaba de su asiento sin dirigirle una segunda mirada al resto de la mesa- Hasta pronto"
-Jheremaia Talmud, el doctor. -continuó hablando el mago, sin ahondar en la respiración acelerada y ojos idos de Shaoran- Lo que tomamos de París fue uno de sus laboratorios, el cual mantenía oculto en uno de los pasajes secretos que custodiaba Mirko, señor de Europa.
-¿…por qué estamos en Rusia? -sentía que recobraba el habla, le era difícil respirar- ¿Cuál es nuestra misión?
Y Kelian volvió a tomarse su tiempo para hablar.
-Oímos que el doctor se está escondiendo aquí, bajo la protección de Yona, señora de Rusia. -reveló al fin- Nuestra misión es secuestrarlo, sin importar qué.
Sin importar la muerte de quién, fue lo que Shaoran leyó entre líneas.
-¿Serás un perro callejero o serás un lobo de la manada? -inquirió con seriedad- Por qué es ahora cuando te puedes arrepentir y dar marcha atrás, no habrán segundas oportunidades.
…
La red era eficaz, era todo lo que había esperado y más. Se sentía… Dios. Los sentía, sentía a todos allí presentes y aquella sensación la llenaba de una forma extraña, nueva, que descubrió le gustaba.
El primer día ella no pudo dormir, no con tantas sensaciones y percepciones nuevas. El segundo, comenzó a tomar notas, a llevar un registro. El tercero, colapsó en su escritorio. Sila le recomendó tomar distancia de la red, que no ahondara tan profundo ya que aquello absorbía más y más energía suya, desgastándola de inmediato.
Había tomado notas de los almacenes que no habían notado antes, Melek y Omar organizaron redadas y desmantelaron los lugares. El rey de Arabia pareció tomarlos con más seriedad luego de ello, las carpetas, informes y registros de los movimientos que orquestaban Ana y sus hombres les fueron entregaron luego de desbaratar el último almacén.
Todavía no había rastro de Kaios, seguramente se mantenía lejos de Arabia y sus fronteras, Ana era la señora con más presencia en África y poseía muchos aliados en las tierras vecinas, su siervo seguro residía en una de ellas.
Era el cuarto día, ella seguía las indicaciones de Sila y se dedicaba a seguir las fronteras, que nadie saliera o entrara sin su permiso. Lo hacía desde su habitación, todavía necesitaba concentrarse y aquello le daba la oportunidad de meditar y reponer la energía que gastaba en la red.
Alguien golpeó su puerta, un movimiento de su muñeca bastó para abrir la puerta desde la alfombra que ocupaba en el suelo junto a su cama.
-…adelante. -murmuró.
Amads y Eriol se adentraron, su amado llevaba algunas hojas en su mano y su caballero los brazos cruzados sobre el pecho, su ceño fruncido.
-¿Qué sucedió? -inquirió, sospechosa.
-Encontré algo muy extraño mientras revisaba las pilas de archivos que envió el rey. -le comentó, ceñudo- Se realizaron reservaciones de hotel para el embajador de Arabia en Bolivia, él o ella y cinco acompañantes. -le tendió los documentos- Están fechadas para dentro de dos días, con un estimado de dos días de residencia con posibilidad de extenderse…
Tomoyo observó los papeles, pero a penas y los leyó antes de volver y observar a Eriol.
-¿Por qué es importante esto? -sacudió los papeles, haciendo alusión- Lo importante ahora son seguir los movimientos dentro del país, los movimientos de los seres sobrenaturales. La política internacional del país aún no es de importancia extrema, tenemos asuntos dentro que tratar aún. -frunció el ceño- ¿Qué hay en Bolivia que sea tan importante?
-Tomoyo… -habló Amads- No existe un consulado árabe en Bolivia, dulce. Por lo tanto, no existe embajador tal.
-…¿qué? -inquirió, aún más perdida- Entonces… -observó a Eriol en busca de respuestas.
-Busqué los datos del embajador y sus supuestos acompañantes. -dijo el mago- Crucé los nombres con la lista de esbirros que tenemos, dos de ellos surgieron. No está el nombre del embajador o embajadora, no hay registros. -negó- Llamé al hotel, habrá una fiesta en el lugar, algo así como un carnaval, dijeron.
-Llamé a unos amigos en México. -habló su caballero- América del Sur se está calentando, dulce… Yo creo que algo está a punto de suceder allí, en Bolivia. -señaló los papeles en su mano- Y Ana podría, o no, estar allí. -compartió su hipótesis.
Ana, ella aún quería encontrarse con Ana. Quería advertirle, quería desafiarla cara a cara y, llegado el caso, sacarla del juego.
-No me puedo marchar de Arabia. -les recordó con pesar- No puedo, la red es muy compleja y no estoy de segura de poder mantenerla desde fuera. -se lamentó- No me quiero involucrar en los asuntos fuera de África aún, no puedo cubrir todos los flancos… no soy tan fuerte, no tenemos tanto poder ni recursos.
Ambos jóvenes se observaron, la realidad era aquella. Acababan de obtener el control del país, el rey los estaba observando de cerca y comenzando a tomarlos en serio. Los mestizos de Melek no eran miles, pero los pocos cientos que poseía bajo su cuidado ayudaban a mantener la situación. Tomoyo era quien tiraba de los hilos, no podía marcharse y dejarlos a la deriva.
-Tú no irás solo, Amads. -intervino ella antes de que el árabe pudiera sugerir la idea- Y tampoco tenemos refuerzos disponibles para enviar contigo. -cerró los ojos, inhaló profundamente- …me temo que no podremos seguir esta pista.
-¡No! ¿Cómo dices? -se quejó de todas formas- ¿Tan cerca de Ana? -tiró de sus cabellos, se quejaba aún sabiendo que era la decisión correcta- …carajo.
-Es la dolorosa verdad, no podemos ocuparnos de los asuntos del exterior si queremos tomar Arabia… -suspiró Eriol, igualmente decepcionado- Algún día, Ana volverá aquí y podremos resolver los asuntos que nos conciernen. -asintió para sí mismo.
Ella bajó la mirada, quería tanto poder crear un agujero y aparecer en Bolivia, encontrarse con Ana, arrebatarle Arabia de sus manos como corresponde… pero no, ella estaba en el camino correcto y había llegado a buen puerto oyendo las voces en su cabeza.
-La sangre de Ana debe derramarse en Arabia, no hay otra forma de tomar sus tierras con todas las de la ley. -murmuró aquella presencia junto a su oído, Amads la estaba observando con ojos precavidos, escuchando con atención- La red también es una jaula para nosotros, nos queda esperar y jugar bien nuestra cartas…
Luego, la sintió adentrarse, fundirse con su cuerpo y tomar posesión de el.
-En pocos días habrá un nuevo caballero, Ana no podrá tapar el sol con un dedo y vendrá a nosotros. -dijo, ambos hombres pidiéndola oír en ese momento, de aquella manera- Arabia es nuestro hogar ahora, es donde nosotras levantaremos los cimientos de una nueva era. El Instituto sigue subestimándonos, pero vienen tiempos duros, las alianzas serán decisivas… -cerró los ojos, sujetó su cabeza, un dolor punzante en su sienes.
-¿Qué sucede ahora? -ladró Amads- ¿Qué le haces?
-Tomoyo, ¿qué tienes? -se preocupó Eriol.
-Tengo un… muy mal presentimiento. -les confesó- Espero que tengamos el tiempo de nuestro lado, todavía debo aprender a dominar la red antes que-
-¿Antes de qué? -inquirieron, al mismo tiempo, Amads y Eriol.
Los ojos de Tomoyo brillaron, un espasmo repentino sacudió su cuerpo, alarmando a sus acompañantes.
-…antes de que él llegue.
Estaba débil, su contraparte se desvaneció dejándola más agitada que antes. Cerró los ojos y se recostó en su cama, aún atenta en la red.
-Vas a necesitar recuperar tus energías si vas a tomar otro caballero, Tomoyo. -la reprendió el árabe, arropándola- Tienes cinco días, y ya no hay lunas rojas que canalizar… -se lamentó.
-Tenemos… el Valle de la Pluma. -murmuró ella, sorprendiéndonos a ambos- Tengo que hablar con Evan.
-El cielo no nos abrirá sus puertas, nuestro alianza con Paz es de papel. – le recordó el mago- Humo y espejos, apariencias. Si Ángel fuera aún el Pilar, tal vez… -negó- Un Pilar sigue órdenes.
Pese a sus bien dadas observaciones, los ojos de Tomoyo se posaron sobre los oscuros ojos de Amads.
-¿Y qué es… lo que necesitas del Valle? -realizó la pregunta, sabiendo que tendría que ir por ello sin importar qué.
-¡Amads! -chistó el mago- Evan pudo habernos ayudado antes, pero las alianzas que se tendieron en ese entonces ya casi no significan nada. -gruñó- Estaríamos debiéndole un favor a Evan, al Cielo… ¿Acaso se olvidaron lo que le hicieron a Ángel? No son de fiar.
Amads se mordió la lengua, pasó una mano por sus cabellos y dio vueltas como un león enjaulado.
-¿¡Y en quién sí podemos, Eriol!? -espetó, fiero- ¡La red es todo lo que tenemos ahora y Tomoyo va a necesitar energías para convertirte! -le hizo ver- ¡Maldición! ¡Incluso para luchar si Ana intenta poner un pie aquí! -escupió- ¡En ese entonces teníamos a Luciana y a Kamuy, inclusive Camille!... Eso parece varias vidas atrás ahora mismo… -bufó.
Se quitó las gafas, pasó una mano por su rostro, cansino. Todos estaban demasiados atareados, demasiados tensos, demasiados consumidos en aquella nueva etapa. Amads y Melek eran los más expertos acerca de cómo funcionaba un país desde las sombras. Él, un ex siervo de allí, y ella, una mestiza a la cual utilizaron para complacer a los grandes señores que tenían en control. Eriol, como Clow, siempre se había mantenido alejado de los humanos, también de otros seres sobrenaturales. El mago fue nómade, a penas y compartiendo aventuras con otros magos y brujas, demasiado desapegado de lazos como tal. Tomoyo poseía las viejas memorias de su padre, a penas útiles para manejar un país. Pero todos ponían voluntad y las mejores intenciones, todos querían lo mejor para todos.
-Necesitamos lágrimas de ángel. -hizo ver ella- Purificaremos con ella una fuente de agua, canalizaré lo que sea que logremos conseguir para esa fecha y rezaremos por que sea suficiente…. -suspiró- Las tomaré directamente, si es que Ana aparece. No se me ocurre nada mejor. -confesó, rendida.
Lágrimas de ángel, Eriol recordaba que con una sola de ella se podría purificar cualquier veneno. Su uso no solo se restringía a la medicina, también lo aplicaban a la armería. Podías fundir las lágrimas con cualquier metal y obtener un arma que hiera de muerte a un demonio. Se utilizaba en la magia para canalizar energía, pero sólo en la magia blanca. Purificar el agua con lágrimas ayudaría a Tomoyo en la conversión, con el alma y cuerpo puros el ritual sería más eficiente.
-Reventamos una decena de almacenes, ¡algo bueno tendremos que tener para canalizar! -gruñó, nervioso- Las lágrimas, por otro lado… -dudó.
-No creo que hayan ángeles en la tierra, ¿verdad? -intentó él, anticipando la respuesta.
-El Valle de la Pluma y el Pantano de la Cruz no son planos ordinarios, no cualquiera puede cruzar la puerta y acceder a ellos. -explicó el ex siervo- Incluso el gran Aaron pagó un gran precio cuando forzó su entrada al Valle, Sakura tampoco paseó por allí sin antes sangrar algo. -chasqueó la lengua- Podríamos intentar hablar con Luciana.
Tomoyo llevó una mano hacia su pecho, hacia el colgante que su prima le había obsequiado. Luciana irrumpió en el Valle para hurtar varias de las armas que le otorgó junto con el, todas custodiadas por pertenecer a los antiguos Puen Tums.
-Camille tampoco sería una mala opción, ella ya no está con Paz y la alianza. -recordó, esperanzado.
-Luciana está siendo vigilada, ¿no te has dado cuenta de su forma de actuar? -sonrió sin diversión alguna- Obediente, accesible, leal. -enumeró- No es libre, ya no.
-Camille parece serle leal al Zoológico. -observó Eriol entonces- ¿Qué tan probable sea que ella tenga en su poder dichas lágrimas? -observó al caballero, expectante. Tomoyo también observó en aquella dirección, su caballero parecía compartir una extraña camaradería con la bruja negra, él podría saber más que ella.
Él se frotó la barbilla, trabajó duro en ello y trató de recordar todo lo que sabía de Camille y el Zoológico. Sabía que la bruja no guardaba lazos en la tierra, ni hogar ni familia a la cual volver. Aunque su estadía en el barrio francés debía contar para algo, contactos y mercados de brujas, quizás en su natal Francia. Claro que en el Zoológico no habría nada de ello, las bestias poco y nada apreciaban del mundo terrenal; Camille debía ser la excepción más grande del último milenio.
Luego de pensarlo bien, compartió su resolución.
-Si hay lágrimas de ángel en la tierra, ella tiene que saber dónde y cómo obtenerlas. -suspiró.
-La odisea será llegar a ella. -especuló el mago.
Pero Tomoyo no pensaba lo mismo. Sin embargo, estaba demasiado cansada para hablar y cayó en las brazos de Morfeo.
…
Estaba dilatando el encuentro, ella amaba tenerla nerviosa y a la espera. En estado de vigilia, saltando ante cada ruido y siguiendo cada sombra en la oscuridad. Pero no, Sakura no le temía a Gia, tampoco le tenía respeto o lealtad. No, sus caminos eran similares y se habían aliado por conveniencia, ninguna confiaba en la otra totalmente.
No, ella no tenía miedo.
…se repetía aquella frase todos los días, porque la verdad era que la santa madre era peligrosa, letal y no quería ser su enemiga.
Estaba en el bosque, colgada boca debajo de una rama en un gran árbol. Había tenido aquél horrible cosquilleo toda la mañana y no quiso arriesgarse a que la santa madre apareciese en su casa. No, suficiente con tener a su gente vigilando la casa. Las cartas habían salido de su sello, todas ellas querían estar allí cuando Gia hiciera su gran entrada.
-¿Aún podemos confiar en que va a ayudarnos, ama? -inquirió Viento.
-O en que aún protegerá a su familia, señora. -se sumó Agua.
Viento, Agua, Esperanza y el resto de las cartas se posicionaron sobre las otras ramas de los árboles adjuntos. Flexionó su abdomen, se incorporó sobre la rama y observó hacia arriba, a sus cartas.
-En lo único en que podemos confiar es en que Gia se está manteniendo a la cabeza en esta carrera. -respiró profundo, exhaló con cuidado- Estaremos con ella, al menos hasta que deje de ser la primera en esto.
Oscuridad asintió, Trueno bufó pero no dijo nada, Veloz meció su cola con aburrimiento pero asintió.
-Ama, estamos con usted. -le recordó Bosque.
-Y estaremos con usted siempre que lo necesite. -agregó Fuego.
Los escalofríos aumentaron. Tomó asiento, sus piernas colgando de la rama del árbol mientras la santa madre aparecía en un remolino de hojas verdes. Su nueva apariencia madura le daba un cierto aire de alta alcurnia, con rasgos afilados y su siempreviva mirada. Sus ojos, los ojos marrones de Gia, hablaban de más.
-… si es el cordero negro de esta familia: Sakura, la maldita. -sonrió de lado- ¿Te hice esperar demasiado, hija?
Meció sus piernas, adelante y atrás, no iba a darle el gusto.
-Kelian dijo que vendrías. -mencionó, ignorando aquel título que no poseía para nada- París fue un caos, llamamos bastante la atención.
-Dejaron bastantes cadáveres, también. -siseó- No importa, todo estaba previsto. -negó de inmediato, casi como arrepintiéndose de su anterior comentario- Kelian me informó acerca del ojo de Marco, jamás me imaginé que estuviera lesionado de aquella manera. Tania ciertamente estaba al tanto, tomé medidas al respecto.
Un castigo, asumió la bruja. ¿Cómo castigaba mamá a sus niños? Ciertamente tenía curiosidad al respecto.
-¿Sanaron tus heridas? -la observó con atención, evitando tomar importancia de sus numerosas cartas alrededor de ambas- Ese cegador iba a por ti, esa sí que no la vi venir. -rió, divertida en realidad- Lo robaron del Infierno solo para ti, princesa. -sonrió con labia- Impresionante.
-¿Quién ordenó robarlo? -fue directa, no iba a disimular la necesidad de saberlo- ¿Lo tomaron para asesinarme?
-¿Sabes…? -pero ciertamente no le responderían sin antes jugar con ella, ¿dónde estaría la diversión para el espíritu?- La última vez que alguien robó algo del Infierno se llevaron piedras preciosas, oro y plata fundidos con el fuego del averno. -aleteó sus dedos a su alrededor- Nadie lució mejor esas joyas que Nadia, un bello anillo.
"-Ella era hermosa. -aceptó Paz- Pero Nadia tenía la mente dañada y perturbada, aquellas cualidades habían atraído a Aaron de inmediato. -hizo una pausa- También le costaron muy caro.
Sakura observó aquello ojos esmeraldas, aquél rostro querubín era adornado por una larga cabellera dorada; si no fuera por la sangre en sus mejillas y en lo que quedaba de su vestido morado, Sakura hubiera jurado que era una princesa sacada de un cuento de hadas.
-Estuvieron juntos por más de un siglo, Aaron jamás volvió a ser visto solo. -siguió contando- Nadia y Aaron parecían estar soldados, uno nunca iba a algún lado sin el otro. ¿Reconoces esto, Sakura? -inquirió mientras señalaba un bosquejo hecho a mano"
-El anillo de Nadia, claro… -cerró los ojos, maldijo por lo bajo- Entonces, fueron órdenes de Aaron.
-Estoy vigilando a Pía, la están dejando fuera de la jugada. -agregó con placer- Enviaron a un peón, Jairo, mejor conocido como el tiburón de tierra. ¿Lo conoces?
Desvió la mirada, torció los labios en una mueca pero asintió de todos modos. Jairo visitó Papúa Nueva Guinea en una ocasión, en aquel entonces era Micah quien le instruyó las órdenes. Ella tomó nota de la máscara ocultando la parte inferior de su rostro, Aaron le había ordenado que le enseñara su rostro desnudo antes de irse.
-Jairo es un asesino de primera línea, Aaron rara vez le permitía a los otros señores hacer uso de sus servicios… -informó la madre- Aún no sabemos de quién recibió la orden de traer al cegador, sólo que Mirko no dudó en aceptar la ayuda luego de tu actuación junto a la Torre. -torció una sonrisa peculiar- Tengo una misión para ti.
Entonces, ella saltó al suelo. Aterrizó en cuclillas, sus pies a penas e hicieron ruido.
-Un misión en solitario, supongo. -comentó, observándola a los ojos, frente a frente- No tengo compañero.
-¿Puedes culparme? -ladeó su rostro, su sonrisa culpable abierta- Te di uno y lo espantaste.
-¿Yo lo espanté? -inquirió, desafiante.
-…supongo que no puedo culparte sólo a ti. -aceptó, juguetona- Aaron también tuvo algo que ver. Después de todo, él te hizo un monstruo. -sonrió- No es tu culpa haberlo espantado de tal forma, de tal manera. -se mofó- No te preocupes… yo me haré cargo, como siempre.
Apretó sus dientes, dio un paso al frente.
-Quieta, perra. -siseó, divertida ante la imagen desafiante ante ella- No son pocos los cambios que está atravesando ese cachorro, yo mejor que nadie sé qué necesita. -sacudió su cabello lejos de su hombro, su otra mano se poso en su cadera- Shaoran tiene mi marca, él es un hijo mío aunque te duela.
-Lo haces para molestarme. -negó- ¡Lo utilizas porque lo quiero! ¡Eres igual que Aaron, cortada con la misma cuchilla! -retrocedió, su sangre comenzó a hervir- Lo hiciste mi compañero para endurecerlo, nos encomendaste volar París para manchar sus manos con sangre inocente. ¿Hace cuánto tiempo lo has planeado? Porque todo parece estar saliéndote a la perfección, Gia. -dio tres aplausos, lanzó una carcajada sardónica- Bravo.
Realizó una pequeña reverencia, sonrió mostrando todos sus dientes y se dignó a reconocer la presencia de sus cartas. Las observó a todas, sus ojos escanearon cada rama en la que ellas se posaron detrás de la bruja.
-…te voy a agradecer que dejes de encomendarle cartas a mi hijo. -mencionó luego de un tiempo- Esperanza está aquí, así que ¿dejaste a Yue a cargo de Shaoran nuevamente? -negó, divertida- Eres una niña de Aaron, deja de ilusionar a mi niño. Su historia de amor es imposible, Julieta. -pidió mientras le daba la espalda- Prepara una maleta, te vas en dos horas.
…
