No eran novios. Se repitió. No eran novios.

Edward suspiró retrocediendo al sentirla tensa. Pero no soltó su rostro.

- Sé que no me has dado una oportunidad, aún. Entiendo porqué. Pero si empezamos otra vez... desde cero...

- Edward... - empezó a detenerlo.

- No jodere esta oportunidad. Sé que es difícil para ti confiar en mí pero te juro que seré fiel, te respetaré y dejaré que vayamos a tu ritmo.

- No necesitamos estar juntos para ser padres.

- No quiero estar contigo por eso. - le aseguró. - Tú me gustas, lo digo en serio.

Bella no podía creer en sus palabras, no sólo por la pésima imagen de hombre mentiroso que tenía sino porque Edward nunca se mostró realmente interesado en ella. Durante los meses que compartieron, Edward había sido un patán con ella en muchas ocasiones. Recordaba claramente su primera vez. El había estado muy impaciente por quitarle la virginidad, había movido todas sus fichas para hacerla caer, cuando al fin ella cedió él ya estaba muy sediento de su cuerpo y prácticamente llego a su orgasmo un par de minutos después de entrar en ella. Confundida le preguntó qué había sucedido y él en lugar de avergonzarse le aseguró que debía agradecer que se viniera rápido porque sino la habría partido en dos por las ganas acumuladas que le tenía. Cuando su cuerpo se recuperó Edward pudo prepararla y llevarla al primer orgasmo que tuvo en su vida. El sexo se volvió en algo bueno y casi adictivo cuando Edward la acostumbró a un ritmo frenético que sólo un adolescente irresponsable podía llegar a tener. Sexo en su habitación, sexo en la escuela o en su vieja camioneta. Sin embargo, eso era un secreto. Nadie sabía que se veían a escondidas o que Bella era la culpable de esas marcas rosadas que Edward tenía en el pecho o que él ya tenía una caja de condones a su disposición en la mesa de noche de ella. En la escuela no se miraban o se hablaban más que por pequeñas notas que enviaban a escondidas así que el cobrizo no tuvo ningún problema en coger con otras a sus espaldas e incluso empezar a salir con Tanya Denali luego de años en los que sólo se besaban en fiestas y mandaban indirectas. Bella muy engañada por el creciente enamoramiento que sentía no podía creer en los chismes, ¿cómo Edward se iba a coger Sarah Evans en el receso si Bella le había hecho una mamada en su camioneta cuando llegaron temprano a la escuela? ¿Cómo Edward iba a cogerse a Julia Forbes en las duchas de gimnasia si él había estado con Bella en el armario del conserje antes de entrar a esa clase? Tan engañada estaba que cuando notó ciertas marcas en el abdomen y muslos de Edward no se cuestionó quién las hacía, para ella sólo ella era la dueña de su cama. Fueron meses haciendo el papel de pobre tonta enamorada hasta que los mareos y náuseas empezaron, luego de eso la realidad la golpeó duramente. Edward Masen sólo la buscaba por sexo.

Al estar en silencio Edward tuvo que continuar.

- ... Te propongo ir lento. Salgamos. Citas. Ya sabes... - se rascó la nuca nervioso. - Si tú quieres, claro.

Bella suspiró. La antigua ella. Esa que estaba muriendo por salir a flote, renacer, gritaba emocionada dentro de ella. Esa antigua Bella se emocionaba cada vez que él en medio de su desfachatez le robaba un beso porque quería llevársela a la cama o cuando en clases le daba miradas y sonrisas que ocultaban promesas. Esa antigua Bella fue la que le creyó cuando le dijo que era importante para él y que no era un simple coño fácil de tener. Esa Bella murió cuando vio su espalda alejarse de ella luego de decirle que estaba embarazada.

- No creo que sea buena idea. - admitió seria. - No debemos confundir nuestra relación, es lo mejor que podemos hacer por el bebé. Nosotros no funcionamos.

- ¿No? - repitió él. - ¿Cómo puedes saber que no funcionamos? No lo hemos intentado. Al menos no como novios, éramos buenos juntos... nos divertíamos mucho y tú...

- Porque tú eres tú y yo soy yo.

Su conclusión no fue suficiente para él así que sin miedo se acercó a besarla. Bella quiso huir pero él la atrapó entre sus brazos. No la soltó hasta que estuvo seguro que ella estaba temblando.

- Nosotros dos somos esto.

- Un beso...

- Es una prueba de que sigues sintiendo algo por mí.

- ¿Qué?

- Bella, yo te gustaba. Quizás no estabas enamorada pero si te gustaba. Lo sé por como me tratabas y como te sentía cuando estábamos juntos.

- Era porque no te conocía realmente.

- Bueno yo si te conocí. Y me gustas. - admitió él sin liberarla de la prisión de sus brazos. - Empecemos de nuevo.

- No, ahora te conozco y sé que no serás fiel, tú no conoces esa palabra. No me expondré a tus engaños. Además a quién engañamos somos muy diferentes.

- Puedo ser fiel. Te lo aseguro. Nunca he tenido novia, lo más cercano a tenerla fuiste tú.

- Te recuerdo que lo tuyo con Tanya es por mucho un ejemplo de una relación, tóxica pero relación en fin.

- No le pedí que sea mi novia.

- Bueno en ese caso Tracie, fue mucho más cercana a ti que yo. Si salías con ella, prácticamente era tu novia.

Edward la soltó para sobarse el rostro.

- No sabes lo que dices. Yo contigo era yo. Si fui un patán en muchas oportunidades pero sólo contigo he compartido cosas muy personales.

- Edward...

- Puedo ser fiel. - repitió. - Te contaré todo y si quieres puedes tener acceso completo a mi teléfono.

- No me atrae una vida donde esté revisándole el teléfono a mi novio para sentirme segura...

- Con el tiempo verás que no tienes nada de que preocuparte. Es cuestión de tiempo por eso quiero demostrártelo de todas las maneras posibles. Sé que no eres esa clase de chica que pierde el tiempo con chicos como yo... siempre lo supe. - respiró hondo para tranquilizarse. - Pero me gustaba mucho lo que teníamos antes. Ya sabes no todo era hacerte el amor... las noches de películas o cuando curabas mis heridas luego de los partidos...

- ... Para que puedas ir a las fiestas de celebración y te cogieras alguna animadora. Mientras yo esperaba mi turno. - bufó recordando. - No pasaré por eso de nuevo.

Edward se apuró por continuar.

- Tú cuidabas de mí y luego cuando me empezaste a ignorar, me di cuenta lo mucho que me hacías falta.

- Recuerdo que tú también me ignoraste bastante bien, no parecía hacerte falta. Denali estaba ahí para ti cada vez que tenía la mala suerte de verte.

Edward se tiró de los cabellos otra vez, un poco desesperado.

- Te extraño. No tienes idea de cuanto me cuesta sentir tu molestia e indiferencia todos los días. - admitió sincero. - Se mi novia, por favor. Te juro que seré todo eso que tú necesitas a tu lado. Me esforzaré para que te enamores de mí. En serio seré otro, prometo citas y abrirte la puerta del auto. Te daría regalos pero nuestros ingresos son para el bebé... - suspiró mirándola. - Sé que no soy tan buen partido cómo Jacob... que entre los dos quizás él ganaría pero yo sé que puedo demostrarte que él no te va querer como yo.

Sus palabras la sorprendieron completamente. Sin duda eran palabras que movían su corazón adormecido por meses de decepciones. Quería ceder porque aún tenía una parte de su corazón interesada en él.

- Edward. - se quejó adolorida por la situación.

- Vamos, Bells... - insistió sin rendirse. - Danos esta oportunidad. Te cuidaré y seré fiel. Por favor, te necesito conmigo.

Bella se quedó muda unos segundos por lo que Edward en medio de la desesperación se acercó a besarla. Fue suave y tierno, nada brusco y pasional.

- No sabes todo lo que siento cuando te beso. - admitió él suspirando. Sin embargo, Bella quiso decirle que él no tenía idea de todo lo que ella siempre había sentido cuando la besaba.

Edward se refugió en su cuello dejando pequeños besos.

- Dime algo, nena. Di que sí.

Era un boleto sin garantía. Salía destruída o ganando. Era jugarse todo por el todo. ¿Valía la pena? ¿Edward lo valía?

El cobrizo la tenía entre sus brazos cuando una fuerte patada en su vientre los hizo saltar a ambos por la impresión.

Sorprendidos se miraron a los ojos. Nunca había sentido un movimiento así de fuerte de parte del bebé.

- Hey... - Edward acarició su vientre. - Tranquilo, sólo estoy hablando con mamá.

Ella era mamá, recordar eso la puso alerta. Su hijo dependía de ella y si ella salía lastimada entonces él también. Edward no lastimaría a su hijo intencionalmente. Parecía muy preocupado por su bienestar desde que decidió ser padre.

- ¿Qué dices, cariño? ¿Los tres contra el mundo? - le propuso con una sonrisa que no revelaba la profunda pena que sentía al verla dudar tanto.

Bella asintió suavemente.

- Los tres contra el mundo.

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Actualización!!! Ya merecían una pronto por tanta espera, lo siento. Soy de escribir dramas y momentos así son difíciles para mí.

Quedo super atenta a sus comentarios. Leo todos y me motiva cada uno de ellos.